Aquella tarde no podía dejar de pensar en Daniel, me la pasé tirado en mi cama pensando en su voz, ni siquiera comí pues aún seguía con esa sensación de mariposas que ya no aguantaba más y que me estaban matando por dentro, me imaginaba su rostro y su voz acercándose y repitiendo mi nombre. Ése día lo único que quería era que ya fuera la hora de irme a la escuela, era raro pues nunca deseaba que llegára ese momento, pero ahora lo único que quería era volver a verlo y ese momento llegó.
A la mañana siguiente mi despertador sonó a las 6:10 a.m, me bañé, me vestí lo más rápido que pude, con mi corazón latiendo a mil por hora ansiosamente. Cuando al fin llegué lo primero que hice fue buscar entre el barullo de la gente a mi amado Daniel, no lo pude encontrar y me dije: ”pues ni modo, en el receso será” y así fue… A la hora del receso salí como gato perseguido por un perro y me dirigí exactamente a la cancha en la que habían jugado futbol el día anterior. Pero no lo vi. Decepcionado, me senté malhumorado en la misma banca donde el maldito balón me había destrozado el cráneo. ”Ni hablar” me dije, y me levanté dirigiendome a la cafetería, no llevaba ni 10 pasos cuando en eso escuche su bella y hermosa voz. Me paré en seco y giré rapidamente mi cabeza hacia atrás. Éra él!!! Ahora sólo venía con dos amigos, bromeando y riendo a la vez. Mi corazón se aceleró y como siempre me quedé con la bocota abierta viéndolo pasar. En eso, el logró percatar mi fija mirada y me vió. Me volteé rápidamente avergonzado y esperé a que se alejára con sus amigos. Cuando pasaron, volví a voltear y fue ahora él el que volteó hacia atrás viéndome de nuevo. ”Trágame tierra” me dije, y como si nada hubiera pasado, me alejé lejos de ahí.
El receso terminó y todos tuvimos que ir a formarnos fuera de nuestros salones, tiré en el bote de basura un envase de refresco y me fui a formar. En el camino, lo volví a ver, ésta vez venía caminando sólo, ya no voltée y me seguí derecho pero de reojo yo logré ver que él me veía, aceleré el paso y pude llegar rápidamente a mi grupo. El segundo periodo de clases fue el más aburrido de todos, yo aún seguía con la vergüenza de lo que había sucedido, pero aún así no podía dejar de olvidar ese momento.
A la hora de la salida yo como siempre me dirigí hacia la puerta principal, listo para irme a mi casa que quedaba a unas pocas cuadras de ahí, me estaba acercando a la salida cuando en eso sentí un estirón del brazo y me empezó a jalar, voltée y era él!!!! -”¿Qué pasa? ¿Porqué me jalas?” – le pregunté. -”Sígueme”-me díjo sosteniendome del brazo. Mi corazón dió un vuelco y vi que nos dirigíamos hacia los baños. Cuando entramos noté que él volteaba para todos lados asegurándose de que no hubiera nadie, se puso enfrente de mí y me dijo: ”Sé que está mal, lo siento mucho pero no puedo dejar de pensar en ti”.
Mi corazón latió violentamente y siguió diciendo: ”Desde ayer que te vi no he dejado de pensar en ti” ”Me gustas mucho”.
Él cerro los ojos y empezó a acercarse a mi boca, yo asustado y confuso lo empujé y le dije: ”¿Qué te pasa?”. No supe porque yo había reaccionado de ese modo y él me dijo: ”Perdóname es que me gustas mucho, y sé que yo a ti también”.
Yo un poco más calmado le dije: ”¿Y cómo sabes eso? ¿Tienes pruebas?” y el me respondió: ”Si! Desde el primer día en que nos vimos supe que había amor entre nosotros”. Mis piernas estaban temblorosas, comencé a sudar, y la sensación de mariposas aumentaba más adentro de mí. No esperé más y me lancé hacia su boca violentamente, dandonos un beso que duró horas, sus labios eran suaves, carnosos y jugosos, su lengua era húmeda y sabrosa, después de habernos succionado hasta la última gota de saliva, separamos nuestros labios con un fuerte chasquido. Los dos respirabamos agitados y él me dijo la frase que siempre estuve esperando: ”¿Quieres salir conmigo?”. Yo estaba a punto de desmayarme y sin perder ni un segundo por supuesto le respondí que si. (Continúa en la 3a parte)…