Para aquellos lectores que no me conozcan, les sugiero que lean mi relato anterior “Me estoy transformando en lesbiana” que fuera publicado en www.gemidos.com.ar hace ya varios meses. Creo que leyendo primero ese relato, entenderán mejor el por qué de éste. Allí cuento cómo tuve mi primera experiencia lésbica con dos amigas, Mariana y Alejandra y la manera en que esta última (Ale) me iniciara analmente, con un consolador negro atado a su cintura, no sin hacerme sufrir humillaciones y mucho dolor esa primera vez. Todo ello sin perjuicio que igual disfruté horrores de esa experiencia y la repetí, después, varias veces. Siempre yo en el rol pasivo y siendo Alejandra muy experimentada, adoptaba ella un rol sumamente activo y posesivo conmigo. No me gastaré en describirme físicamente, ya lo hice en ese primer relato, al igual que describí detalladamente a ambas amigas mías (preciosas las dos y ellas dicen que soy bonita, por mis ojos claros, lindas piernas y una muy buena cola, que fue iniciada por Alejandra). Soy docente, tengo 29 años y vivo en Buenos Aires.
De todos modos, tampoco acepté fácilmente toda esa experiencia casi “forzada”(al menos la primera vez) a la que me había sometido Alejandra y por ello, durante meses, fue rondando en mi cabeza la idea de vengarme de alguna manera y poder recuperar mi autoestima, ya que, por algún tiempo, me transformé en una especie de “juguete sexual de Ale”
Así es como me fui metiendo en este mundo fascinante de la bisexualidad femenina y, tras derribar muchas barreras sicológicas, propias de una educación muy represiva, con el tiempo me fui comprando todos los juguetes sexuales que se puedan imaginar, los cuales fui probando en persona.
Incluso me compré un consolador gigante, realmente enorme y brutal y creo que lo compré más como todo un símbolo fálico que por otra cosa. El sólo hecho de observarlo me daba escalofríos; me excitaba mirarlo con sus venas perfectamente dibujadas y su enorme cabezota, su cuerpo de goma flexible y el peso que significaba tenerlo entre las manos hacían que me mojara toda. Un pene más de un burro que de un hombre pero absolutamente fascinante. Desde luego que, más allá que me encantan las mujeres, un hombre apuesto y la idea de un buen pene, hoy me vuelven loca…..y pronto volveré, a lo mejor, a tener experiencias con hombres (si bien nunca tuve una experiencia anal con ningún hombre, sólo con mujeres). Tal es el cambio profundo que se operó en mí, tras haber sido una mojigata durante años. Creo que soy una típica bisexual, con cierta preferencia a las mujeres.
Les contaba que probé todos mis juguetes conmigo misma, muy pequeños algunos, otros medianos y un par casi grandes y siempre termino penetrándome la cola. Es una fijación que me ha aparecido, desde que Alejandra me iniciara analmente. Incluso, en un arranque de coraje y fuertemente excitada, una siesta en mi departamento, mientras miraba una película porno con mucho sexo anal (unos negros con unas vergas increíbles!!!!) tomé el “monstruo” (mi consolador gigante) y logré, con mucha dificultad, meter la cabeza y un poco más en mi ano…….. y por lo cual estuve caminando con las piernas abiertas y dolor en mi cola por dos días seguidos. El sólo recordarlo me hace sentir un cosquilleo en el vientre. No lo volví a intentar….tal vez algún día lo haga, si me transformo en una experta anal. Lo que sí no puedo negar es mi tremenda atracción por este descubrimiento, que ha sido ser penetrada analmente y los profundos y largos orgasmos que alcanzo (hasta ahora, sólo por consoladores, con mujeres o masturbándome yo misma, nunca con un hombre…pero estoy cerca de ello, ya les contaré)
Del mismo modo, a raíz de mi primer relato, muchos lectores comenzaron a escribirme (hombres y mujeres) y así fue como me puse en contacto con Francisco. Este último me invitó a leer un relato de él sobre sexo anal, que me puso como loca (“Daniela, Diosa Anal”….en esta misma página web ). A mí que tanto me gusta ahora el sexo anal, honestamente me hizo estallar la cabeza, realmente recomiendo su lectura e incluso consultarlo a Francisco, él es muy cordial y dispuesto a enseñar……cada cual sabrá hasta dónde llegar con él.
De allí saqué varias ideas y técnicas de dilatación, de higiene previa, diferentes posiciones y juegos preliminares, lubricantes, cuales juguetes utilizar para excitar, cuales para dilatar y cuales juguetes y cómo usarlos para provocar orgasmos maravillosos.
Obviamente, este Francisco es un obsesivo divino por el sexo anal, es todo un experto y mediante correos, primero, y Chat después, me fue enseñando muchas cosas que no sabía o que simplemente intuía.
Hemos tenido con Francisco un encuentro formal, no fuimos a la cama todavía….casi; tal vez sí la semana que viene y prometo contarlo en ese caso. Incluso fue él quien me propuso tomar esta revancha con Ale, que paso ya a contarles y quien después me alentó a volcarlo en un relato, aprovechando mi inclinación y facilidad de redacción.
Muchas de las cosas que le hice a Ale ese sábado por la noche, me inspiré en ese relato y en las sugerencias de Francisco, quien es realmente una persona atrapante, culto, simpático, muy buen mozo y, por las fotos que me ha enviado por mail…..con una dotación maravillosa…pero todo eso lo contaré otro día, si es que termino en la cama con él.
Planeada mi venganza hasta en los más mínimos detalles, llamé a Alejandra un jueves, para que viniese a mi departamento (donde vivo sola) para el sábado siguiente. Desde luego ella se mostró encantada de mi invitación y las propuestas que me sugería por teléfono casi me hacían temblar las piernas…
La cuestión es que Ale se apareció en mi departamento como a las 9 de la noche de ese sábado, muy puntual. La muy yegua se vino con un abrigo largo, negro y debajo le veía las medias negras y tacos aguja altísimos (tras que ella es bien alta). Se había puesto un perfume que me excita mucho (First, riquísimo) y se había maquillado como una verdadera puta. Verla parada en el vano de mi puerta, me cortó la respiración, en ese momento mil cosas se me cruzaron por la cabeza y hasta dudé si había sido una buena idea invitarla…pero el desafío estaba lanzado y ya no podía dar marcha atrás.
Me sonrió con ese gesto entre burlón y lascivo y directamente me tomó la cara con ambas manos besándome como el más fogoso novio.
Yo me había puesto una falda cortita, aprovechando que a ella le gustan mucho mis piernas y mi cola, ex profeso no me había puesto medias y la tanga se me metía toda en la cola y al sentirla así, sobre mi esfínter, ya me excitaba. Una camisa blanca, bastante abierta dejaba ver mis pechos, y más que no me puse corpiño. La calefacción del departamento la había puesto yo bastante alta, bien podría haber estado desnuda en ese momento (era pleno invierno).
Cuando Ale me besó, me metió la lengua en la boca y me tomó la cola con ambas manos, por debajo de la falda; me apretó y estrujó las nalgas, clavándome sus uñas de gata hasta casi hacerme doler, mientras me las abría hacia los costados. Yo en ese momento, me dejé hacer y me entregué mansamente, no debía ella sospechar de mis planes. La dejaba hacer, dejaba que ella tomara la iniciativa y respondí a sus caricias pegándome a su cuerpo y mordisqueándole los labios.
Enseguida Ale se separo de mí y se quitó el abrigo………¡¡¡¡Debajo estaba desnuda!!!! o casi; se había puesto corset con portaligas que le dejaba los pechos al aire y una tanga minúscula, negra con vivos rojos le daba ese toque de perversión que a ella tanto le gusta. Debe haber visto mi cara de admiración, porque se sonrió malévolamente y se dió la vuelta, mostrándome esa hermosa cola, alta, parada y dura que tiene, de tanto gimnasio, con la tanga negra (un hilo a decir verdad) totalmente metida entre sus nalgas. Estiré una mano y la acaricié, primero la espalda, luego bajé por sus nalgas y después le metí las manos entre ambas piernas (por detrás) y acaricié su vulva…ya estaba mojada.
Después de esos mimos preliminares, descorché una botella de champagne (de las dos que tenía preparadas) y serví sendas copas; ya había puesto un CD con música muy suave y nos acomodamos en un sofá . Ale tomó casi de un trago la primera copa y me pidió le sirva otra. Aproveché y bajé las luces de las lámparas, quedando casi en penumbras, apenas un par de velas perfumadas, puestas sobre la mesa del living, nos iluminaban.
Así estuvimos tiradas ambas en el sofá, tomando champagne y comiendo bocaditos dulces, mientras ella me iba desvistiendo, hasta dejarme solamente con la tanga mientras ella seguía con su atuendo de prostituta fina que tanto me excita. Muchos besos, caricias en zonas íntimas y promesas de erotismo que me hacía en mi oreja, mientras me mordisqueaba el lóbulo, me lamía el cuello o me mordía la nuca (que me vuelve loca).
Yo seguía sirviéndole champagne y luego abrí la segunda botella…. por mi parte, yo no había terminado aún mi segunda copa.
Viendo que ya Ale estaba bien “alegre” por el champagne y yo me sentía bastante desinhibida, me arrodillé delante de ella (Ale estaba casi tirada sobre el sofá) y le quité la tanga. Como siempre, estaba cuidadosamente depilada ( al igual que yo, costumbre que ya se me hizo constante). Besé su boca, sus pechos y bajé por el vientre plano y gimnástico que tiene. Comencé a besarle el pubis y fui bajando hasta su entrepierna….Ale estaba fascinada, nunca se lo había hecho yo a ella (sí a Mariana) y me tomaba de los cabellos y me acercaba a su vagina.
Comencé a pasarle la lengua muy despacio, primero por sus labios vaginales y luego por toda su vulva, que tiene la particularidad de tener labios pequeños y perfectos, parece casi una nena. Me entretuve en su clítoris, que enseguida se hinchó tremendamente, mientras le metía dos dedos en su canal vaginal, acariciando hacia arriba su punto G.
Ale se mojaba toda y su flujo se mezclaba con mi saliva, me tironeaba de los pelos, me refregaba la cara contra su vagina y me incitaba a que siguiera lamiendo, chupando y mordisqueando, mientras me decía obscenidades terribles. Su perfume de hembra me erotizaba muco, una de sus cualidades distintivas…se moja enseguida y le chorrea flujo de su concha.
No quería que tuviera un orgasmo, buscaba enloquecerla, hacerla desear, hacerla implorar…esta vez me tocaba a mí llevar el control de la situación.
Me aparté de ella y la hice dar vuelta, quedando Alejandra de rodillas en el suelo, con el torso apoyado en el sofá y yo arrodillada detrás suyo. No tuvo necesidad de pedirme que le lamiera la cola, porque ya estaba yo metida de cabeza entre sus nalgas, y le hacía lo que habitualmente me hace ella a mí, las abría con ambas manos mientras le pasaba la lengua por el ano….un ano bellísimo, nunca había reparado en él. Rosado, delicado, más bien abierto, ni un solo pelito, sin pliegues…exquisito.
Ale comenzó a gemir y a decirme barbaridades como “puta, así me querías chupar el culo, No?” y se abría ella misma las nalgas, mientras se inclinaba más hacia adelante y levantaba su cola. Le metí la lengua en su ano, jugué con ella en su interior y luego le metí suavemente el dedo mayor, cuidando de no lastimarla con mis uñas largas. Simplemente lo mojé previamente en su vagina y el dedo entró limpiamente en su recto. Era la primera vez en mi vida que uno de mis dedos, entraba en un orifico anal que no fuera el mío y me resultaba una novedad hermosa. Su recto tibio se abría y cuando mi dedo entraba me lo apretaba y soltaba, realmente Alejandra demostraba tener un control de su esfínter admirable.
Alejandra gimió y comenzó a moverse; ella hacía fuerzas y se metía más profundamente mi dedo hasta el final, así que directamente comencé con dos dedos y ella se volvió loca. Los metía y sacaba, rotándolos lentamente, tal como me enseñó Francisco en sus mail. Me había cuidado de limar las uñas para que no tuvieran aristas y nunca uso anillos en mis manos, así que jugaba alegremente en su recto, entrando y saliendo y yo misma me los metía en la boca para ensalivarlos más aún y saborear ese culo maravilloso.
A su vez, sentía como mi vagina se humedecía y mi propio ano latía ansioso por la excitación del momento, dado lo novedoso de la experiencia que estaba teniendo.
Alejandra me decía, “putita, te hacías la mosquita muerta, la que tenía vergüenza y flor de turra eras” , después agregó, entre gemidos “yo venía con la idea de romperte el culito y veo que me lo quieres romper Vos a mí” …….me aparté de su cola, toda llena de mi saliva y mientras miraba su esfínter rosado y dilatado ya, le contesté con toda dulzura “Para nada…no te lo quiero romper..pero sí me gustaría poseerte analmente”. Mentiras…por dentro ardía de deseos de desfondarle el culo con mi juguete gigante y hasta el momento, todo iba de maravillas.
Le quité toda la ropa (medias, zapatos, corset y la dejé totalmente desnuda, jadeante y excitada. Yo me quité la tanga, me paré frente a ella y le pedí que me pase la lengua por mi concha un poco. Su lengua experta enseguida me puso a mil, pero no quería perder el control de la situación. Así que pronto le dije “acompañame al baño” ¿Al baño? preguntó Ale extrañada….sí, le repliqué…te quiero dejar bien limpia por dentro, como Vos me decías que debía hacer conmigo misma…se rió a carcajadas, tomó otro sorbo de champagne y me dió un beso. La ayudé a incorporarse, estaba ya bastante borracha.
Entramos al baño, con ella trastabillando y la hice sentar sobre el borde de la bañera, con las piernas hacia fuera y con su cola hacia adentro. ¿Qué me vas a hacer? Me preguntó…”una enema”, le contesté con total naturalidad (había tomado la idea de la enema del relato de Francisco y después él me insistió con eso)…”.te quiero bien limpia…profundamente limpia”, le agregué.
Me dijo que ella siempre acostumbraba a hacerse una enema cuando salía con hombres y que si bien esa noche no se la había hecho, estaba muy limpia. No le hice caso y desenrosqué el duchador de mano del flexible (así me las hago yo), enjaboné bien la punta del flexible y abrí suavemente el agua caliente, mezclándola con la fría para que no queme. Me mojé dos dedos, los enjaboné mucho y se los metí en la cola, ella se deleitaba y sacaba más su cola hacia atrás. Le quité los dedos del ano y le metí el flexible….entró fácil, no menos de 15 cm…..le di un poco más de fuerza al agua….¡¡¡Despacio!!!! gritaba Ale y le salían borbotones de agua por los costados del flexible……bajé la presión del agua y se quedó tranquila….sentía cómo le entraba el agua en su vientre y ella se fue relajando.
Así la tuve un rato hasta que no aguantó más y le quité el flexible del recto….de inmediato despidió un largo chorro de agua hacia atrás mientras se reía a carcajadas y, efectivamente, se había lavado internamente muy bien previo a venir, porque el agua salió impecable y se escurrió por el desagote de la bañera. Igual, ese acto de hacerle la enema, además de relajarle y dilatarle más el ano (yo lo había probado conmigo misma) también me dio cierto control sobre ella y era ya la primera perversidad que le hacía, como para comenzar con mi venganza.
Se secó (la ayudé, de la borrachera que tenía no se podía tener en pié) y nos encaminamos a mi cuarto.
Allí vino la segunda sorpresa para Ale….de mi cajonera, saqué varias cintas de raso negro que había comprado…..¿Qué es eso? preguntó entre risas…te voy a vendar los ojos y te voy a atar en la cama, le contesté (otra idea robada a Francisco, mi ídolo total).
Se echó a reir, se sentó al borde de mi cama y me dejó hacer, mientras decía “mirá Vos, la mosquita muerta”
Primero le vendé los ojos….me dijo Francisco que eso genera una gran fantasía y quien está vendado se siente más a merced del otro. Luego la recosté y le até ambas manos a los barrotes del respaldo de mi cama (que es de bronce, al igual que el de los pies, mucho más bajo).
Ale estaba totalmente laxa y entregada, me dejaba hacer a mi antojo, mientras me decía, medio borracha ¿Me vas a romper el culito? Sí mi amor le contestaba yo…y por suerte no podía ver mi expresión de gozo anticipado.
Cuando le hube atado las manos al respaldo, la giré y la dejé boca abajo…..un cuerpo que es una escultura, la muy puta se mata en el gimnasio. Entonces le separé las piernas y comencé a atarla de los tobillos a los pies de la cama, a ambos extremos de los barrotes de bronce…¿También me vas a atar las piernas,? preguntó….quedate tranquila le dije…esto es un juego. Se dejó hacer.
Así la tuve, tendida boca abajo, abierta completamente y, para finalizar, le puse una almohada debajo de su vientre…con lo cual su espectacular cola quedó totalmente abierta y expuesta a mis más perversas intenciones.
“Ya regreso” le dije y salí para el baño (no demores, me decía Ale). Allí había dejado abierta la canilla del agua caliente, salía casi hirviendo. Junté agua en un recipiente grande de plástico y lo llevé al dormitorio. Saqué de la misma cajonera mis juguetes (incluyendo la gran verga de goma), que son macizos, no con vibro y los metí en el agua para que tomen buena temperatura (así lo hago conmigo misma, de lo contrario me resultan un tanto fríos) y dejé todo al lado de la cama, muy a mano.
Me coloqué el arnés de cintura que sujeta a los consoladores y abrí un pote de gel que se llama “´Caricias Íntimas” y tiene la particularidad que aplicado sobre la piel se siente bien caliente…todo esto lo fui descubriendo en el catálogo que me dieran en el sex shop la primera vez que fui.
Me incliné sobre Alejandra, le besé la nuca, la espalda y fui bajando hasta su cola. Le abrí más las nalgas con las manos y le dejé caer un hilo de mi saliva sobre el orificio anal. Su esfínter se veía más rosado aún y más abierto, me excitó mucho esa visión. De nuevo comencé con mi lengua a jugar en su esfínter y éste, probablemente por la excitación de Ale y por la enema previa, estaba tan relajado que prácticamente entró casi toda mi lengua en su recto.
Ale bramaba de excitación y me pedía que no la haga desear más, que hacía una hora estaba esperando para que la penetre analmente; ella decía…”que le rompa el culo”…y efectivamente..eso era lo que pensaba hacerle…rompérselo en el más preciso sentido del término.
Me incorporé un poco en la cama, estiré una mano y tomé el consolador “normal”, si bien es grande, dentro de los que se pueden llamar “normales” Uno de color carne, macizo, de unos 20 cm x 4,5 cm, lo sequé con las sábanas (estaba bien caliente el látex), lo fijé en el arnés de cintura, le pasé abundante gel y también le metí mucho gel en la cola a Alejandra. Su ano brillaba, abierto y ya rojo. Le apoyé la cabeza del pene de goma y empujé hacia adentro…cuando hubo entrado la cabeza y un poco más y Alejandra comenzaba a deleitarse con esta penetración, gimiendo como una gata en celos…..me dejé caer con todo el peso de mi cuerpo sobre ella. El consolador entró hasta la base, donde se ensancha y se adhiere en el arnés…sentía las nalgas de Ale y el calor de su ano en mi vientre.
Ale dió un grito y me dijo “despacio, bruta, me lastimas y además eso quema” . En ese momento me acordé cuando Alejandra desfloró mi ano y la manera en que ella se había puesto boca arriba, haciéndome sentar sobre ella, dándole yo la espalda. Y recordé la manera en que me tomó del cabello y me dio un tirón hacia atrás y hacia abajo para hacerme caer sentada y cómo se incrustó en mi recto, hasta la base, ese consolador negro que tenía ella puesto y la forma en que se reía de mis gritos de dolor y mis pedidos de que cesara porque me hacía doler muchísimo, mientras ella empujaba para arriba y me penetraba salvajemente.
Entonces me clavé más contra su cola, tan profundamente como pude, quería que le entrara hasta el fondo ese pene de goma, de apreciable tamaño.
Alejandra gritaba y me insultaba, así que le puse una almohada debajo de su cara y ella comenzó a morderla desesperada, mientras yo entraba y salía de su ano de una manera brutal…en ningún momento quise ser suave y delicada…quería hacerla sufrir y esto recién comenzaba….lo mejor estaba aún por venir. Alejandra aullaba y yo me retiraba un poco y castigaba sus nalgas con tremendos cachetazos…ya tenía la cola toda roja. Le apoyaba otra vez el consolador en su ano y la penetraba con rudeza, bombeando rápido y profundo, quería que gozara, pero también quería que le doliera mucho; deseaba verla sufrir un poco, por todo lo que me había hecho sufrir ella a mí la primera vez y, encima, se reía a carcajadas y se burlaba de mis lamentos.
Me di cuenta que Ale, a pesar de todo, estaba comenzando a gozar y ahora se movía conmigo, mientras sus gritos habían pasado a ser gemidos de gran placer…así que paré con mi sodomización y le saqué el consolador de la cola…..¡¡¡No pares gritaba Ale!!! tranquila, le contesté…esto recién comienza…y una sonrisa se dibujó en mis labios…vaya si lo estaba disfrutando….
Hija de puta, gimoteaba Alejandra, me haces doler, me maltratas y encima me quieres dejar con las ganas………no mi amor, le dije al oído, no te vas a quedar con las ganas, te lo prometo…
Le desaté ambos tobillos (no así las manos) y la hice arrodillar en la cama, quedando en cuatro patas y con la cabeza apoyada en la almohada (siempre sin quitarle la venda de los ojos). Los pies bien abiertos, las rodillas separadas, la cintura arqueada, las tetas casi rozando la cama y su culo muy abierto y expuesto, hacia atrás y hacia arriba…era una visión de una lujuria total. Su esfínter ya estaba muy abierto y rojo, todo brillante por la cantidad de gel que le había puesto y su vulva chorreaba un líquido viscoso.
Entonces volví a atarle los tobillos (así arrodillada) y los amarré a ambos costados de la cama…necesitaba inmovilizarla completamente y a su vez dejarla muy abierta para lo que venía. Ale me dejaba hacer y estaba absolutamente entregada, clamando por más verga de goma en su ano.
Cuando la tuve así, en cuatro patas y bien atada a mi cama, cambié rápidamente el consolador mediano por “El Monstruo” como yo le digo, que estaba también muy caliente por haber estado en el agua casi hirviendo largo rato. Lo sopesé con las manos y miré su tamaño atemorizante…..35 cm de látex flexible pero macizo, sus venas bien marcadas, la cabeza ancha y claramente diferenciada del tronco y muy grueso cuerpo, de 7cm de ancho en la parte de adelante y 8 atrás (lo he medido cuidadosamente) Lo fijé en el mismo arnés y debí tensar las correas, porque el peso lo hacía colgar hacia abajo….un monstruo enorme, cabezón, con las venas totalmente dibujadas, una réplica más digna de un burro que de un hombre. Color rosado claro y con la cabeza hermosa; dan ganas de metértelo en la boca y tenerlo horas; , es como un monumento al pene. Lo tomé con ambas manos (mis dedos no lo abarcan con una sola mano) y se lo arrimé al ano, ya muy abierto de Ale. Todavía estaba bien caliente el látex, por haber estado casi una hora en el agua y no iba a esperar que se enfríe. Cuando Alejandra sintió eso, se puso como loca e intuyó que algo muy fuerte venía..pero la había atado muy bien. ¿Qué me vas hacer, hija de puta? gritaba Ale y se revolvía en la cama, tratando de zafar de sus ataduras.
Así que no tuve más remedio que darle una soberana paliza, con muchas cachetadas en su cola, que se enrojeció más aún y, como seguía gritando, la amordazé con una remera mía….A través de la venda de los ojos, comenzaron a salirle las primeras lágrimas y yo, lejos de conmoverme, me ensañaba más aún.
Le pasé gel al monstruo que colgaba entre mis piernas; mucho gel, no porque temiera hacerle doler (esa era mi idea), sino porque quería asegurarme que entrase lo máximo posible en su ano. Después casi le metí el pomo de gel en el recto a Alejandra y lo apreté como si fuera una enema. El gel le salía por el esfinter y corría por la piernas, y ella seguía allí, en cuatro patas, con sus nalgas abiertas, atada, vendada y amordazada, vociferando a través de su mordaza no sé qué cosas inentendibles.
Le apoyé el consolador en el ano y comencé a hacer fuerzas…no entraba toda la cabeza y Ale se revolvía de dolor…en ese momento se iluminó mi mente con un idea. Me paré al lado de ella y le quité la venda de los ojos para que vea qué era lo que le iba a meter en su cola (quería asustarla). Alejandra abrió los ojos enormemente y casi como suplicando (imagino, porque no entendía lo que me decía, al estar amordazada), con los ojos llenos de lágrimas movía la cabeza como diciendo NO.
No le hice caso, me ubiqué detrás de ella y sin el menor miramiento, le apoyé la cabeza del monstruo en su cola y empujé con fuerzas para adentro. Entró raudamente la parte de el glande y Ale gritó como loca, aún amordazada se la podía escuchar, si bien bastante apagada.
Comencé a moverme despacio tratando de hacer entrar un poco más de ese tremendo consolador en su recto. Metía un centímetro y lo sacaba, lo metía de nuevo y empujaba un poco más. A cada empujón mío, Alejandra me correspondía con un aullido; yo estaba muy excitada y había entrado en un frenesí de erotismo, lujuria y perversión. No me importaba nada en ese momento….estaba violándola analmente….lo había deseado eso desde la primera vez que ella me desflorara el ano, había soñado con, literalmente, romperle el culo a Alejandra y verla llorar, sufrir e implorar, como le había implorado yo a ella, vanamente, mi primera vez.
Finalmente decidí completar mi faena y llevar mi esperada venganza hasta el extremo. Comencé a hacer más fuerza y ya no me importaba el evidente dolor de Alejandra, debía hacerle sentir “mi juguete” muy adentro suyo. Poco a poco fui metiéndome más, ya tenía casi la mitad adentro. Su esfínter estaba estirado, casi blanco y yo me regocijaba mirando hacia abajo, mientras la sostenía firmemente de las caderas y bombeaba despacio pero implacable. Finalmente y viendo ya que su ano parecía de goma y se adaptaba también a este monstruo, me retiré un poco, casi hasta dejar solamente la cabeza dentro de su cola y empujé con todo mi cuerpo; esa tremenda verga de goma entró hasta el fondo. Los 35 cm x 8 cm se deslizaron dentro del recto de Alejandra, haciendo un ruido sordo, por el lubricante que desbordaba de su esfínter mientras Alejandra profería gritos desesperados, aún amordazada.
Ya no eran gritos apagados, eran aullidos y eso me excitaba más aún. Comencé a bombear suave, lento pero profundamente. Sacaba casi todo el consolador de su cola y lo metía nuevamente de un solo movimiento, ya esta vez sintiendo que llegaba a sus entrañas y que hacía tope contra mi bajo vientre. Así estuve un largo rato, disfrutando, deleitándome, ensañándome con la cola de Alejandra, hasta que me di cuenta que esta puta malvada estaba gozando de semejante sodomización!!!!
Ella comenzó a tener espasmos tan fuertes, que casi parecían convulsiones. Su vientre se contraía y movía espasmódicamente, su esfínter apretaba al consolador y yo estaba pegada a sus nalgas, no me retiraba de ellas, al contrario, seguía empujando como si pudiera enterrarle más aún mi monstruo de goma.
No sé cómo, pero Ale se quitó de la boca la remera que la amordazaba y en lugar de gritar, gemía como una loca, mientras apretaba con sus manos los barrotes de la cama y mordía la almohada; parecía que la había poseído un demonio…y me di cuenta que estaba acabando como una tremenda puta…le chorreaba de su vagina un líquido viscoso y con fuerte olor. Su esfínter se movía hacia fuera y hacia adentro y con él tenía el consolador atrapado como una garra, yo no podía moverlo. Sus espasmos se sucedieron durante más de dos minutos, incluso despidió de su concha un chorro que parecía orín o algo por el estilo, hasta que por fin se fue calmando.
Giró su cabeza con la cara empapada en lágrimas y sollozando me pidió que se la saque….así lo hice…..se la saqué de un tirón y volvió a gritar y llorar…tal vez esa era la última perrada que le hacía.
Alejandra se dejó caer, como estaba, en cuatro patas, con la cabeza sobre la almohada y yo me tiré para atrás. El consolador colgaba de mis piernas, todo manchado en gel y algo de sangre. El esfínter de Alejandra estaba abierto de tal manera que parecía un oscuro orifico, un túnel herido, que se seguía abriendo y cerrando en espasmos.
De su orificio anal le caía gel mezclado con sangre…..efectivamente, le había dado con el gusto..le había roto el culo, para usar sus mismas palabras..o, como una amiga lectora me insinuara…le había partido el orto.
Me quité el arnés con el consolador gigante, me recosté de costado en la cama, flexioné una pierna, me lubriqué la cola con gel y me metí en mi propio ano el otro consolador más normal, el que usara primero, hasta el fondo del recto y casi de un golpe, mientras gritaba y gemía como loca, estaba con un nivel de excitación extremo. También yo quería hacerme doler un poco, estaba descontrolada. Me masturbé frenéticamente, casi me arañaba el clítoris con una mano, me metía tres dedos en la concha y con la otra metía y sacaba el consolador de mi propio culo, con tal fuerza como no había hecho nunca antes, hasta que tuve mi propio y violentísimo orgasmo. Mordí fuertemente el colchón para que mis gritos no se escucharan por todo el edificio y comencé a lamer el Monstruo de Látex que acababa de sacar del culo de Alejandra. Lo chupé, como si chupara la verga de mi amante, mientras mi ano se abría y cerraba en espasmos y sentía en mi vientre fuertes convulsiones.
Esa noche había alcanzado un nivel de terrible excitación y creo que fue más por toda la faena anterior, con la lujuria, lascivia y perversión manifestada que por mi posterior masturbación.
Así nos quedamos ambas, tendidas en la cama, una a un costado de la otra, jadeando aún, suspirando y gimiendo suavemente. De a poco nos fuimos relajando y volviendo a la normalidad.
La cama quedó hecha un desastre, si hasta debí cambiar el colchón. Se había manchado con gel, con flujo, con sangre, y hasta un poco de agua de la enema que a Alejandra le salió del culo, después de mi brutal cogida, más todo el orín o flujo no lo sé, que largó como un chorro a último momento, esta yegua de Ale.
Me quité el consolador que había quedado en mi recto, apretado contra el colchón y acaricié la espalda a Alejandra…….”puta pervertida” , me dijo y yo me reí largamente
Ambas habíamos quedado a la miseria, con los cabellos revueltos y mojados de la transpiración, igual que nuestros cuerpos húmedos, pegajosos, nuestros culos abiertos y ardiendo, largando gel y las conchas y piernas todas mojadas de flujo………había sido una verdadera orgía.
En todo el dormitorio flotaba ese olor a sexo tan particular.
La desaté y ella se volcó de costado, como en posición fetal, tenía evidentes signos de dolor, pero creo que le dolía más su ego que el ano. Le alcancé una toalla para que fuera a bañarse, me puse mi bata y fui a calentarme un café. Estaba paladeando, disfrutando mi dulce y largamente esperada venganza.
A partir de ahora, Alejandra habría de respetarme, de eso ya no me cabían dudas.
Al rato salió Alejandra del baño con el pelo mojado, me dijo “pedime un taxi” y así lo hice. Se vistió y como toda despedida, desde la puerta de mi casa, me dijo “sos una guacha hija de puta, sos más degenerada que yo”
Le tiré un besito mientras le sonreía y le guiñaba un ojo y ví cómo se encaminaba hacia el ascensor, caminando con dificultad, con las piernas abiertas y con visible dolor.
No la volví a ver y tampoco me llamó por mucho tiempo; pero sí le contó a Mariana lo que le hice, porque Mari me llamó a los dos días y me dijo….” Celi, no puedo creer que seas tan perversa, pero me encanta que le hayas dado una lección a Alejandra” y se reía como loca….me preguntaba..¿Gritó mucho? ¿No me lo pensarás hacer a mí? Me decía bromeando. Pero me había ganado el respeto de ambas, ya no seria su conejito de indias.
Al mes nos amigamos con Alejandra y ahora nuestros encuentros entre las tres son más “equilibrados” y ya no soy yo quien solamente recibe un consolador en el ano pidiendo clemencia, sino que todo lo hacemos con mucha delicadeza, cariño y amistad. Por supuesto hay un pacto de no atar a nadie en la cama, de no lastimarnos y ni hablar del “monstruo” con el cual Alejandra no quiso saber nada más.
Sí está interesada Mariana en El Monumento a la Verga (me lo ha contado como una confidencia), pero con mi firme promesa de ser muy suave, delicada y sólo si yo también me presto a ello. Digamos que vamos a intentar rompernos mutuamente nuestras colas. Cuando lo logremos será otro relato más.
La última confesión para mis amigas lectoras…..escribiendo esto me he mojado toda y más sabiendo que lo van a leer y excitarse, como ya me confesaran con el relato anterior. Comencé a escribir en tanga y con una remera y, en medio de la escritura, busqué mi consolador “normal” y hace horas que lo tengo muy metido en mi ano. Cada tanto me muevo en la silla para mantener mi colita “feliz” No veo la hora de completar el relato y quitármelo, ya tuve dos orgasmos tremendos…no aguanto más. Creo que esta noche la llamo a Mariana o a Alejandra…..o a las dos, no sé
Ahora sé que soy una degenerada completa y capaz también de la mayor perversión. Mentiría si no admitiese que en este momento y ahora, no he fantaseado con poseer así, con ese consolador gigante, a otra mujer pero sin hacerle daño y sin violencia….no para verla sufrir sino para verla gozar como la buena puta que seguramente somos todas en el fondo…y para que también me lo hagan a mí, con maestría y paciencia…..realmente, un día quiero saber qué se siente al tener el monstruo empujándote las entrañas y abriéndote el ano salvajemente.
Pero primero debo tener más experiencias anales, de lo contrario no lo lograré.
Lo que le hice a Ale, fue literalmente una violación anal…así me sentí y así quería que fuera. Las siguientes serán distintas……..
La semana que viene iré a tomar un café…y tal vez algo más, con Francisco…..por ahora no lo sé. Me ha convencido, parece todo un caballero y a él le debo gran parte de la consumación de mi venganza y mi autoestima muy mejorada. Tal vez adquiera con él la maestría anal que necesito.
Espero que a mis amigas lectoras les haya gustado. Besitos.
Celina
celina-arismendi@hotmail.com