Lu, el nene que quería ser nena

Una mañana en la que Susana despuntaba su nuevo hobby en internet, se encontró con un clasificado que le provocó un deja vu:

“Me llamo Luciano, pero siento que soy Luciana, porque siempre me gustaron los hombres bien masculinos. Tengo 18 años, soy pasivo y afeminado, y quiero conocer hombres que me traten como a una hembrita caliente. Soy delgado, bajito, lampiño, de piel muy suave, colita gorda y parada, bien de nena. Tengo rasgos femeninos, labios carnosos y hasta voz aflautada. Me gusta usar lencería y ropa que destaque mis atributos traseros. Me calienta que por la calle los hombres me miren con ganas de cogerme, y si bien he chupado alguna que otra pija, tengo muy poca experiencia por la colita y me gustaría que algún macho me saque las ganas”.

Susana tuvo la sensación de que Luciano era lo que buscaba y le envió un mail:

Hola Luciano…perdón, Luciana. Me llamo Susana y soy mujer, pero igual te escribo pues desde hace algún tiempo tengo el morbo de llevarle a mi marido una personita como vos para que se saque las ganas, ya que él tuvo muchas fantasías con travestis y chicos afeminados, aunque sospecho que aún las tiene. Me excita mucho que una nenita como vos goce con la pija de mi marido, que es un experto culeador. Te cuento que nunca quise tener sexo anal hasta que el empezó a chuparme la cola, cosa que le encanta hacer. Así me fue calentando hasta que un día le pedí que me la metiera y fue cuando descubrí un mundo nuevo de calenturas. No creas que me gusta verlo con otras mujeres, pero sí me excita ver como se saca las ganas de cogerse a un putito (no te ofendas, lo digo con cariño). Bueno, espero me respondas. Un beso.

La respuesta no tardó en llegar:

Hola Su!: Gracias por escribirme! Me ha gustado muchísimo lo que me contaste y te envidio! Qué gusto debe ser tener a un macho así que se desviva por hacerte la cola todo el tiempo… mmmmm… qué rico! Me calienta mucho la idea de ser el putito (no me ofendo, me encanta que me digan así) que le entregués a tu marido. Quiero ser la nena muy sumisa de un macho calentón que se quiera dar el gusto con mi culo. Te adelanto que no tengo mucha experiencia por atrás porque las veces que me han intentado coger me ha dolido y he pedido que me la sacaran, así que sólo me han puerteado, pero sí he chupado varias pijas y te juro que me muero por sentir una en mi cola. Te mando unas fotos para que veas lo linda que soy jijijiji… besos!

Cuando Susana vio las fotografías no tuvo dudas de que había encontrado al putito ideal. Luciano era delgadito, morochito, con una cara que delataba su homosexualidad por los rasgos femeninos. Constató que no había exagerado ni mentido sobre su cuerpo, pues era delgadito, menudo y su cola, no muy grande, era redonda y pulposa. No tenía vellos, por lo que estimó que consumía hormonas y que se depilaba. En una de las fotos se lo veía arrodillado y con las manos apoyadas en el suelo, levantando su cola, que apenas cubría con una bombachita. No pudo dejar de imaginar a Augusto atrás de ese mariquita, bajándole la tanga para hundirle la verga hasta los testículos. Mientras pensaba eso se mojó y sin pensarlo fue al baño de su oficina, donde se masturbó sintiendo la tibia agua del bidet acariciándole su caliente vagina.

Del intercambio de mails Susana pasó a chatear con Luciano, manteniendo largas charlas en las que elogiaba las proezas sexuales de Augusto, especialmente cuando de sexo anal se trataba, como también describía la forma y sabor de la pija de su esposo. Esto hacía calentar mucho a Luciano, que pedía fotos del hombre en cuestión. Esto llevó a Susana a incluir una cámara de video cuando mantenían relaciones, cuidando de que el lente no capturara los rostros, sino los cuerpos de ella y su esposo. Entre los archivos que Luciano recibió había muchas fotos de la pija de Augusto, en algunas aparecía dormida y en otras bien erecta, a veces con una mano femenina, la de Susana, agarrándola por el tronco, en otras se podía apreciar la boca de la mujer recibiendo la mitad del grueso pene, notándose cómo por el tronco corrían gotas de saliva de la mamadora.

A Luciano le gustó aquella verga gorda y venosa, se le mojó la cola de sólo imaginarla intentando meterse en su ano estrecho y apenas puerteado. Recordó a su compañero de escuela, Sergio, al que todos los sábados por la tarde le chupaba la pija hasta que lo hacía volcar y rememoró la ocasión en la que, más caliente de lo normal, lo dio vuelta y se la quiso meter. Sintió gusto cuando la punta logró traspasar la argollita, pero luego dolor cuando el glande pechaba para meterse y la acoplada se truncó. También le vino a la memoria el tipo del cine porno al que le hizo una intensa mamada pero que no quiso acabarle en la boca y que terminó llevándolo al baño. El hombre, un degenerado de aquellos, lo quiso culear sin forro y sin preámbulo alguno, incluso hasta se mostró violento e intentó sodomizarlo por la fuerza, pero pudo escapar aprovechando que otros habían entrado al baño para coger y el frustrado violador prefirió evitar problemas y lo dejó ir. En las oscuras plazas hizo también de las suyas, chupando pijas a desconocidos y hasta bajándose los pantalones detrás de algún árbol, siempre frustrándose el ingreso de las vergas por las nulas dilatación y lubricación de su hoyo. Mientras pasaba el tiempo, Luciano tenía más y más ganas de que un macho alzado se abotonara en su ojete y lo hiciera sentir muy hembra. En otro de los videos que le envió Susana se la observaba en 4 y con su marido culeándola. No se veían las caras, pero sí la pija cuando desaparecía entre esas nalgas turgentes y se oían los gemidos de ella y los jadeos de él.

Una noche en la que Augusto salió para comer un asado con sus amigos, Susana marcó el celular que Luciano le había pasado en una de las conversaciones. El putito se emocionó al escuchar a su amiga por primera vez.

-         ¿Y tu marido?

-         De asado con unos compañeros del trabajo. ¿Qué hacías?

-         Miraba los videos y fotos que me enviaste.

-         ¿Te han gustado?

-         Muchísimo, me re calientan… ¡no sabés cómo te envidio!

-         Y hacés bien, porque no imaginás el placer que siento con esa verga. ¡Se mueve tan bien!

-         ¿Nunca te dolió?

-         Creo que la primera vez un poco, pero la calentura que tenía era tanta, y el placer que sentí tan intenso, que cualquier molestia que pude haber tenido desapareció al instante.

-         ¿Y te acaba adentro?

-         La mayoría de las veces sí… me encanta sentir su volcada abundante y caliente, como una enema espesa… después me da mucho placer cuando me siento en el inodoro y me sale de a poco… incluso a veces sigo evacuando su esperma al día siguiente. Pero también sucede que cuando está por acabar me la saca, entonces me doy vuelta y él se la soba fuerte hasta largarme chorros en la cara, en las tetas y en la boca.

-         ¿Y te tragás su leche?

-         ¡Claro! Es riquísima, sabe a yoghurt caliente.

-         Me hacés calentar mal, Su… nunca he tragado leche, sino que cuando terminan de acabar la escupo, pero… creo que me tomaría toda la de tu marido.

Susana había comenzado a pasarse un dedo por el ano, que estaba mojado y caliente. Al otro lado del teléfono, Luciano hacía lo propio.

-         ¿Te estás tocando? –preguntó ella.

-         Sí, me paso la yema del índice en la colita… está hirviendo.

-         ¿Y no te masturbás?

-         No uso mi pito sino para hacer pis, y hasta me siento, odio hacerlo de pie.

-         ¡Sos una princesita!

-         Jijiji… así me siento… una princesita muy puta.

-         ¿Y cómo sentís placer?

-         Cuando chupo una pija siento placer en todo mi cuerpo y a veces me vuelco, pero sin que se me pare. Pero estoy segura que teniendo una verga en la cola me haría llegar a unas volcadas tremendas sin necesidad de tocarme. Me muero por ser culeada… me muero de ganas…

-         A ver, Lucecita… ¿te gusta que te diga así? A ver… haceme escuchar como te chupás los dedos… imaginá que te metés la pija de mi marido en esa boquita golosa.

Al escuchar los primeros chup chup… Susana también se metió un dedo en la boca y lo chupó. Se imaginaba al putito acostado boca abajo, con la cara hacia un costado, chupándose todos los dedos de una mano.

-         ¿Te gusta, princesita… te gusta la pija de tío Augusto?

-         … mmmmm… sí…. Me encanta…

-         ¿Están bien mojados los deditos?

-         Mmmm… sí… chorrean mi babita…

-         A ver… abrite de piernitas y buscate el agujerito de la cola con esos dedos…

Susana iba haciendo las mismas acciones que le indicaba a Luciano, pero un poco más adelantada, ya que su mayor entró hasta la mitad en su ano cuando le dijo:

-         Ahora, muñequita, relajá la colita y meté de a poco un dedito… no hagás fuerza… sentí como te entra de a poco… así… así…

-         Mmmmm… ay… sí… está entrando… el culito lo está chupando y lo va metiendo…

-         Así haría mi marido… así… metiéndotela de a poco para que te duela lo menos posible… y seguro que antes te chuparía u buen rato el ojete para que se te abra, mojádotelo con abundante saliva para que la pija pueda deslizarse…

Luciano, con la cola levantada, metía cada vez más su dedo, hasta que logró entrarlo todo.

-         ¡Entró todo… Su, me metí todo el dedo!

-         ¿Sí? Qué bien, pero la pija de Augusto es 10 veces más larga y gorda que ese dedito…

-         Ay… con la calentura que tengo ahora te juro que me bancaría que me taponara con esa garcha… ay… sí… veo en el video como te la mete y me estoy haciendo pis de calentura… quiero que me ensarte… que me la ponga hasta los huevos… que me rompa bien el orto…

Susana se sentía poderosa al haber logrado llevar a tan alto grado de calentura al putito y ese poder la hacía calentarse de un modo indescriptible. Tuvo un orgasmo mientras Luciano movía el dedo en su culito y de pronto lo oyó liberar un gemido fuerte y largo.

-         Me hiciste acabar –dijo algo exhausto el mariquita-. Me enchastré todo.

-         Yo también me volqué entera, me calenté mucho.

-         ¿De verdad me entregarías a tu marido?

-         Claro que sí… y vos… ¿te dejarías hacer de todo con él?

-         Te juro que sí… se me moja el culito de imaginar que me producís y me llevás adonde él está, para que me trate como a una trolita.

-         Me siento una reina que busca complacer a su rey… a un rey que es tan macho que tiene resto para sacarme las ganas y también para atender a otras calentonas… me pajearía como loca viendo a mi hombre sacudiéndote en la cama hasta llenarte ese culo virgen con su semen.

Las charlas se sucedieron en otras ocasiones y cada una de ellas sumaba calentura a Susana y a Luciano. Un día ella decidió pasar a otro nivel para no dejar que otro desvirgara a la marica. Así fue como tras algunas averiguaciones pidió conferencia a Luciano:

-         ¿Conocés Rio Escondido?

-         Sí, he ido con mi familia a bañarnos por ahí varias veces.

-         Hay unas cabañas metidas en un campo, se llaman El Remanso, ¿ te suena?

-         Sí, está cerca del pueblo, pero nunca fuimos.

-         ¿Te gustaría pasar el próximo fin de semana allá?

-         ¡Uh, sí! ¿Por qué me preguntás?

-         Porque con Augusto vamos a ir el viernes y regresaremos el domingo… te invito a que vayas para hacer lo que hemos estado fantaseando.

-         ¿Este fin de semana?

-         Sí, quiero entregarte ya mismo a mi macho.

-         Pero… no tengo plata y…

-         Hacete cargo del viaje que no es mucho. En la terminal del pueblo habrá un remise esperándote para llevarte a las cabañas. Yo dejaría una paga para vos el viernes y el sábado. El domingo quiero tener a mi hombre sólo para mí.

-         ¿Lo puedo pensar?

-         Sí, claro… pero decidite pronto para hacer los arreglos.

Esa misma tarde, Susana recibió un mail de Luciano:

Hola, Su! Ya medité tu propuesta y acepto! Me muero de ganas por estar con tu macho dándome por el culo, quiero que me entregués a él para ser su putita y así regresar a mi casa con el ojete abierto y lleno con su leche. Ya tengo mi pasaje a Río Escondido. Llegaré el viernes a las 11.

La respuesta de Susana fue inmediata.

¡Qué bueno que aceptáste, princesita! Acabo de alquilar las cabañas… la nuestra será la 6 y la tuya la 7, seremos vecinos. Apenas llegués a la terminal habrá un remisero esperándote con un letrero con tu nombre escrito. Te traerá a El Remanso. Apenas llegués nos conoceremos y fijaremos las pautas, pues todo implica un pequeño teatro.

Susana se regocijó tras enviar aquel mail. Se sintió muy morbosa y la sonrisa perversa que se vio en el espejo la hizo sentirse otra. Confirmó entonces que no le preocupaba en realidad si su marido mantenía o no sus viejas fantasías, sino el hecho de entregarle a un putito desesperado por ser desflorado por un experto, y su esposo lo era. Lo sentía tan macho, tan calentón, que le daba gusto compartirlo con quien necesitara saciar el hambre de sus agujeros. Alguna vez, al borde del climax, lo había imaginado sentado en una plaza, con la pija hinchada apuntando al cielo, y una hilera de putitos, travestis y mujeres mal cogidas esperando su turno para sentarse en esa verga y sacudirse hasta tener intensas volcadas. Se mojó al pensar en todo eso y pensó en masturbarse, pero decidió prorrogar ese juego solitario para finiquitar con los detalles del fin de semana.

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