Hola.
Soy Julián. Hace tiempo les relaté cómo hice mía a Cindy en la casa abandonada. Luego este relato no pasó y el tercero fue “Pretendiendo olvidar a Cindy”.
Como la segunda parte no pasó se las cuento nuevamente.
Les recuerdo que en aquellos años maravillosos yo era gerente de una tienda departamental y Cindy era una supervisora de cajas. Lo nuestro era muy secreto porque las relaciones amorosas entre el personal estaban prohibidas (Y más aún si se trataba de un gerente).
Cindy iba a renunciar a su empleo, ya que por cuestiones familiares tenía que irse a vivir a otra ciudad. La noticia me tomó por sorpresa, me enfadé con ella y dejamos de frecuentarnos. Sucedía que era muy especial para mi, significaba mucho y no entendía por qué tenía que marcharse.
Recuerdo que una noche, cerramos la tienda y nos despedimos el Jefe de Seguridad y yo, cada quien por su rumbo. Yo tomé una calle semioscura hasta llegar a un pequeño parque ténuemente iluminado (Era mi camino de todos los días). Cuando, desde una banca del parque, escuché una voz femenina que me llamaba por mi nombre. Como iba sumido en mis pensamientos, no pude evitar sobresaltarme; me detuve abruptamente y miré hacia donde escuché aquella voz inconfundible. Era Cindy envuelta en una gabardina negra de lana que le cubría hasta las rodillas.
- Te estaba esperando, pensé que te habías ido por otro lado – Me dijo.
Le sonreí nervioso, me dirigí hacia ella y me senté a su lado, sin decir nada.
- ¿Cómo estas Julián?
- Bien, trabajando como siempre.
- Quiero decirte algo
- Yo también. Escucha Cindy, no me gusta estar disgustado contigo, te extraño…
- Mañana me voy al medio dia…
- ¿Qué dices? ¿Por qué no me lo habías dicho?
- Recuerda que estamos peleados
- Quisiera pedirte que no te vayas, rogarte que te quedes, pero entiendo que nuestras vidas tienen que tomar rumbos distintos.
Sin decir más, en un arrebato de pasión, nuestro cuerpos se estrecharon con fuerza. Ella me sujetó de los cabellos y me besó con todas sus fuerzas, yo la abracé y mis manos recorrieron su espalda. Institntivamente su mano temblorosa comenzó a deslizarse por mi entrepierna hasta tocar mi pene que ya tenía rato endurecido. Comenzó a acariciarlo por encima del pantalón con mucha fuerza. Yo comencé a abrirle la gabardina dejando al descubierto una blusa escotada color verde pistache. Mientras ella me bajaba el zíper y acariciaba mis partes (Yo la ayudé, porque su mano, demasiado temblorosa, era imprecisa), yo le besaba y mordía el cuello, bajando hasta donde el escote. Terminé de abrirle la gabardina y mis manos se deslizaron por debajo de su blusa hasta tocar sus pequeños pero hermosos senos: Cindy comenzó a estremecerse mientras su mano ajercía mayor fuerza y ritmo sobre mi miembro.
Algunos transeúntes cruzaron cerca y no nos quedó otra que separarnos.
- Vamos a nuestro rincón, a la casa abandonada – Murmuró ella con ansiedad.
- No creo aguantar a llegar hasta allá, está demasiado lejos, y me estoy muriendo por hacerte el amor – Le contesté
- ¿Qué propones¿ – Me preguntó ella.
Sin decir palabra, la tomé de la mano y avanzamos dos cuadras hasta llegar a un motel que yo ya había ubicado (No piensen mal, era parte de mi camino). Fue un martirio para ambos la ansiedad que nos embargaba. Ya dentro del cuarto explotamos; nos dejamos caer sobre el sofá y comenzamos a besarnos con extrema pasión. La despojé de la blusa y de la gabardina y ella me quitó el saco, la corbata, la camiseta y la camisa. Mis manos apretujaban sus endurecidas tetas. Cindy se abalanzó sobre mí y comenzó a besarme el cuello, mi tórax, mi abdómen hasta llegar allá abajo. Nuevamente la ayudé a quitarme el cinturón y a bajarle el zíper. Me sujetó el miembro y su dedo pulgar recorrió el glande hasta hacerme gemir. Y comenzó a darme una impresionante chupada, yo sólo atinaba a acariciarle su castaña cabellera. Con cuidado me fui bajando el calzoncillo y el pantalón hasta quedar totalmente desnudo, pero ella no dejaba de chupármela. Me acomodé bien en el sofá y abrí totalmente mis piernas para que ella no tuviera ningún obstáculo. Sus manos apretujaban mis testículos mientras sus sensuales labios se deslizaban con singular maestría por mi pene.
- Quítate el pantón y la pantaleta y luego continúas – Le susurré, ya que yo sólo la había desnudado de la cintura hacia arriba.
Con prontitud Cindy se despojó del pantalón pero no de la pantaleta y nuevamente clavó su rostro entre mis piernas. No hubo parte que no me acariciara. Desde mis muslos hasta mi entrepierna, mi ano. Los pelos de mis testículos quedaron mojados de su saliva, y mi pene mezclaba mis líquidos preseminales con su saliva y su sudor.
Cuando sentí que me venía, la levanté de los hombros y le dije: – Es mi turno.
Cindy no opuso resistencia, se echó hacia atrás, recargó su espalda al posabrazos opuesto al mio y abrió sus piernas hasta donde pudo, como invitándome a entrar a sus territorios.
Me inqué frente a ella, la sujeté de los tobillos yc omencé a besarle sus pantorrillas, mientras una de mis manos comenzaba a acariciar su vulva por encima de la pantaleta. Los bien recortados pelos de su vagina se traslucían por la tela de la pantaleta, ya que a estas alturas estaba totalmente humedecida. Me fuí acercando a su rinconcito, mis manos apretujaban sus delgados muslos, hasta que mi cara estuvo frente a su preciosa vulva. Cindy se estremeció cuando mi boca rosó sus labios vaginales, en tanto que mis manos la sujetaban de las nalgas. No le quité la pantaleta, sólo la hice un lado hasta que sus rosados labios vaginales y su precioso vello púbico color castaño claro quedó a merced mía. Ella comenzó a temblar y a balbucear cuando mi boca comenzó a juguetear con su clítoris, mientras con una mano sujetaba la pantaleta y con la otra le acariciaba su terciopelo púbico. Cindy me sujetó de los cabellos y apretujó mi cara contra sus partes.
Por un momento me separé de ella, le levanté las piernas y le fuí deslizando su pantaleta blanca de algodón con diminutas flores, hasta dejarla totalmente fuera. Era una prenda sexy, pero ahora era un estorbo.
Ya totalmente despojada de ella, Cindy me abrió nuevamente sus piernas y yo me quedé unos segundos a contemplar el hermoso paisaje que tenía frente a mi.
- Eres realmente hermosa – Le susurré.
Y es que enfrente mio tenía a la chica de mi vida, completamente desnuda. recostada sobre en posabrazos del sofá, un rostro hermoso que dibujaba una sonrisa de éxtasis, de ensueño, un bellísimo par de senos blancos, pequeños; unos pezones café claro, con aureola pequeña, bien paraditos y endurecidos. Un precioso ombligo perdido en un blanco y liso abdomen.
Cindy abría temblorosa sus piernas, dejando totalmente expuesta ante mi su vulva de ensueño, cubierta con un tercipelo castaño bien recortado, sus humedecidos labios vaginales emanaban pasión, aprisionando un pequeño y rosado clítoris ansioso de ser acariciado. No pude aguantar más y me sumergí en ese paisaje de sexo, mi lengua recorrió desde su ombligo hasta su ano, pasando por su monte de venus. Con mis dedos separé sus labios vaginales para que mi lengua llegara lo más profundo posible.
- Ya no aguanto más – Gumió ella, estremeciéndose en un temblor incontrolable.
No la hice esperar más, me separé de ella pero seguí de rodillas, la sujeté de las piernas e hice que mi pene se paseara por su vulva y entre sus labios, impregándola de los líquidos preseminales que tenían rato presentes. Con lentitud me dirigí a su orificio y comencé a penetrarla, poco a poco, hasta que mi miembro logró llegar hasta el fondo. Cindy comezó a gemir mientras mi pene entraba y salía de sus entrañas. Yo no pude evitar sentir el inmenso placer que esto me causaba. Unos minutos depués tuve que sacar mi pene, que se vacío sobre su entrepierna. Ella se impregnó el semen por todos sus rincones. Yo había gritado de placer, pero era tanta mi exitación que mi miembro seguía en pie de guerra. Mi Cindy estiró su mano para acariciarme y se dio cuenta de esto; no dijo nada, sólo se incorporó y se puso d rodillas sobre el sofá y me dijo: “DAme otra chupada mi amor, la mehor de mi vida”.
Me tumbé boca arriba deslizándome hacia abajo de ella, que permanecía de rodillas en el sofá, hasta que mi cara quedó debajo de su entrepierna. Mis manos se deslizaron por su cadera mientras mi lengua revoloteaba por sus labios vaginales. Cindy se agachó hasta que su bellísimo rostro quedó frente a mi endurecida verga. Una de sus manos se apoyaba en el sofá mientras la otra oprimía con furia mis testículos, en tanto que su boca hacía desaparecer mi miembro.
Yo por mi parte, acariciaba sus nalgas y las separaba para que mi lengua pudiera alcanzar su precioso ano y abrirse paso por entre sus rosados labios vaginales. Ambos gemíamos de placer. Sin querer rodamos del sofá y caímos a la alfombra. Ahora era yo quien estaba arriba y ella debajo de mí. Mis manos separaron sus dilatados labios asomando su clítoris que de inmediato fue víctima de mis labios y de mi lengua, que lo aprisionaron hasta que Cindy no pudo contener un alarido de placer. Ella, debajo mío me separaba las nalgas para besarme todo el ano, el esfínter y mis testículos, que quedaron a merced de ella, mi pene quedó fuera de su alcance pues la erección hacía que quedara a la altura de su cuello, y sus tetas. Ella se percató y sujetó sus tetas para con ellas acariciar todo el cuerpo del pene y hasta el glande. Yo también me estremecía de placer.
Después que ella alcanzó por enésima vez un orgasmo, nos pusimos de pie acariciándonos y besándonos. Yo la sujeté de la cintura y la volteé para que quedara de frente al sofá; Cindy entendió la acción, se sujetó del sofá y se agachó, expondiendo ante mi su precioso culo, unas nalgas estrechas, hermosas, dejando asomarse unos totalmente dilatados, escurridos y velludos labios vaginales. Me coloqué de rodillas acariaciando sus nalgas y separándolas para poder lengüetear su ano. Introduje mi mano derecha entre sus piernas para frotarle su vulva y en el regreso introducir mis dedos en su raja. Me coloqué de pie, la sujeté de la cintura y le dejé ir toda mi virilidad. Sólo se escuchaban nuestros gemidos y el golpeteo de mis testículos en sus nalgas. Cindy estiraba su mano por debajo para acariaciarse el clítoris mientras mi pene entraba y salía de su intimidad. No pude soportar más la presión, apenas pude sacarle mi miembro y le rocié de semen sus nalgas hasta su espalda baja. Me derrumbé sobre la alfombra, desvanecido de placer. Quizás sólo pasaron unos segundos, no lo sé, el desvanecimiento me aturdió, cuando sentí que el cuerpo desnudo de Cindy se deslizaba sobre mi, sus labios besaban mi tóraz, sus manos estaban en mi cintura, subió hasta quedar cara a cara, mi semicaido pene quedó aprisionado entre sus muslos. Abrí los ojos, la miró, sonreímos.
-Eres increíble – Le dije somnoliento. Mi chica besó mi nariz, mordió mis orejas y me dijo al oído: Nos quedan pocas horas juntos. Se incorporó y caminó hacia una mesa alta tipo bar que estaba en el centro de la habitación, rodeada de dos bancos altos. Había una jarra de cristal con agua y dos vasos, se sirvió y tomó lentamente. Silenciosamente me puse de pie y la alcancé, la tomé por la cintura y la senté sobre uno de los bancos altos, nos besamos, mientras una de sus finas manos sujetó mi caído pene para darle vida nuevamente. Este no se hizo del rogar, a los pocos segundos mi glande brillaba nuevamente. Cindy me sujetó de la cabeza, yo la tomé de la cintura, nos seguimos besando, su vagina opuso cero resistencia y se habrió plenamente para dejar entrar una vez a más a mi ansiosa verga. La forma del banco (alto, pequeño, redondo, sin respaldo) permitió una penetración plena, total. Volvimos a gemir, volvimos a temblar, volvimos a sudar. Ambos gritamos de placer cuando, sin lograr retirarme de ella, eyaculé en su interior. Me derrumbé nuevamente sobre la alfombra (No llegamos a utilizar la king size), en tanto que Cindy se acostó entre mis piernas lamiendo mi escurriente y endeble verga. El pacer era brutal pero poco a poco me quedé dormido.
Cuando desperté, el sol comenzaba a somarse. Estaba solo en la habitación, tendido en el suelo, cubierto por un cobertor. De inmediato me incorporé y paseé por toda la habitación, ella no estaba, Cindy se había ido. Un sentimiento de tristeza me invadió, mis ojos se humedecieron. Mientras me vestía miré que junto al vaso que aú tenía unas cuantas gotas de agua, había una nota mano. Era de Cindy. La tomé y leí: “Julián, eres el hombre de mi vida, gracias por la noche más maravillosa que pueda tener, una noche inolvidable. Siempre tendrás un lugar muy especial en mi corazón. Tu mujer para siempre… Cindy”
Nunca más volví a verla, ni he vivido lo que viví con ella. Pero la vida tiene que continuar….
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Me encanto, que ganas d haber sido yo, te pasaste!