Archive for September, 2007

Hechizo de amor

Tuesday, September 25th, 2007

Gustavo Sebastián Macías se introdujo entre las blancas y perfumadas sábanas de la cama. Dado que la noche era algo fresca, se tapó, asimismo, con una delgada colcha de lana. Estaba definitivamente nervioso. Su corazón latía como si se tratara del furibundo redoble de algún bélico tambor y parecía querer escapar, enloquecido, de la perenne prisión de su tórax.

     Con sus veintitrés años, en la flor de la juventud y como tantos otros, tenía especial predilección por todo lo atinente al denominado «bello sexo».

     Nunca había sido un extraordinario amador, si ello habría de medirse por su potencia sexual y por sus dotes de conquistador, de lo que él se lamentaba profundamente, especialmente cuando escuchaba, embelesado, las maravillosas aventuras donjuanescas que algunos de sus compañeros narraban y que más se desarrollaban en los jactanciosos escenarios de mentes frondosas y libidinosas, que en la realidad de los hechos. En cambio, sí era posible calificarle de tal suerte, si se tomaba en consideración la exuberancia de su idealizada imaginación amatoria y de las emociones que entonces su corazón le suscitaba. Pues, Gustavo Sebastián era dado en extremo a idealizar la condición de la mujer; vivía pensando en ellas: amándolas, sirviéndolas, acariciándolas, entregándoles lo más puro y querido de su acervo.

     En resumidas cuentas, la vida sentimental de Gustavo Sebastián le había deparado una serie de experiencias de mayor o menor satisfacción. Muchas de las de tipo sexual, eran de carácter frustrante: alguna que otra chiquilla de voluble temperamento y de imaginación infantil y devastadora; las relacionadas con aquellas prostitutas que sólo atinaban a instar la pronta conclusión del acto, en su avara predisposición por no diluir la «producción» del día, y otras por el estilo.

     Por otra parte, en varias ocasiones, había tenido problemas con la erección de su miembro viril, que se negaba al comportamiento adecuado en circunstancias críticas, si bien de manera contingente, de forma tal que siempre lo pudo atribuir a algún tipo de cansancio físico o mental o, más generalmente, a su temperamento incorregiblemente nervioso. Pero como en las más de las ocasiones, ese órgano había respondido bien, fue echando sus fallos en olvido, asiéndose a la conclusión que, como en todas las cosas relativas a los avatares humanos, también en la emergencia sexual había que contar con triunfos, derrotas y, según como se quiera mirar, uno u otro «a medias».

     Mas, Gustavo Sebastián poseía una envidiable particularidad: gozaba entre sus camaradas de merecida fama de estar dotado de un miembro viril de generosas dimensiones, mentas éstas que procedían desde la época de su adolescencia, en que se había hecho acreedor a tal renombre. En efecto, por aquellos tiempos solía intervenir en esas típicas contiendas, juveniles y jaraneras, conducentes a determinar el pene de mayores dimensiones entre los integrantes de la varonil cofradía… y siempre había resultado ganador. Era, en efecto, poseedor de uno de notable envergadura, hecho que le había prodigado cierto orgullo durante aquella época de su vida, pero que ya había echado en sano olvido.

     Ahora Gustavo Sebastián contemplaba con inusual admiración a la escultural y sensual Sofía. Se hallaba en el departamento de ella… Y la cama en que yacía era la de ella… Y se preguntaba cómo había ido a parar allí.

     Con toda parsimonia, dando muestras de total seguridad en sí misma, iba ella despojándose de sus prendas, a las que prolijamente acomodaba en una silla.

     Tenía alrededor de treinta años y era portadora de una belleza realmente esplendorosa, lo que ponía una cuota adicional de nerviosismo en las melindrosas mientes de Gustavo Sebastián.

     En efecto: en su casi adolescente inseguridad, se preguntaba cómo era posible que Sofía haya puesto sus ojos justamente en él… Siempre la había visto pasar, con su ondulante e insinuante andar… Provocando entre sus cofrades ondas de generalizada admiración, jadeos y profundos silencios, en medio de densas y escrutadoras miradas, inflamadas de ardientes deseos. Y jamás se le había ocurrido pensar que podía llegar a ser acreedor a semejante bocado.

     «Es que Sofía… ¡es realmente bella!», no se cansaba de repetirlo…

     Rostro angelical en el que, frente a su lujuriosa expresión general, se dibujaban rasgos de candorosa inocencia. Pechos redondeados y ubérrimos cuya armoniosa y suelta oscilación con el andar de gacela de su portadora, provocaba enajenantes delirios. Caderas de formas insinuantes que sabían menearse en acompasado contrapunto con los carnosos glúteos. Pantorrillas admirablemente contorneadas que sólo pudieron ser fruto de algún celestial artesano venusiano. Pies diminutos, quizá algo fuera de escala con su estampa de portentosa majestuosidad. Su voz, más bien de tono grave, fluye en una suerte de hilvanados suspiros y como entonando beatíficos himnos de amor. Sus cabellos, negros, lacios y sedosos, constituyen una incontrolable insinuación a la tersa caricia de la palma. Su piel, ¡ah, su piel!… sólo creada para aspirar sensual fragancia en besos arrobadores… ¿Para qué seguir? Era obvio que por este camino Gustavo Sebastián acabaría por enloquecer…

     Por todos aquellos atributos, gozaba Sofía de merecida fama en esos alrededores. A la hora de mentar las delicias del bello sexo (lo cual ocurría con frecuencia artera en aquella grey juvenil), ella era la referencia obligada que presidía, cual summa summarum del símbolo sexual, toda otra consideración. Demás está decir que, en forma simétrica a esas edulcoradas apreciaciones masculinas, se deslizaba insidiosamente una caterva de recelos por parte de muchas competidoras que veían dramáticamente opacar sus atractivos, ante la presencia intempestiva de la bella.

     ––¿Por qué a mí?… ¿Justo a mí?… ¿Sólo a mí?… —se repetía, temeroso, Gustavo Sebastián.

     Desde muy joven se había conformado a una consciencia escasamente gratificante de su ego. Creía, en efecto, que su convencional figura varonil no era precisamente de esas que arrancan suspiros de los pechos femeninos, aunque tampoco debía considerarse mal parecido. De estatura superior a la normal y de complexión más bien robusta, Gustavo Sebastián entendía que esas favorables condiciones de su apariencia, no alcanzaban para equilibrar la escasa cuantía de aquellas otras, capaces de ejercer influjo en las mujeres y que, según él reputaba, se hallaban muy en las medianías de su ser.

     ¿Acaso le interesaría a Sofía el hecho de su inminente graduación en la Escuela de Arquitectura? Decididamente, ¡no!; sus contactos previos con ella le llevaron, en forma casi inmediata, a la conclusión de que los mundos de lo intelectual y de lo artístico eran ilustres desconocidos en el ser de Sofía. Ni siquiera había mostrado barruntos de perseguir, a través de una relación ventajosa, el bienestar económico y las comodidades que en tales condiciones el mundo suele prodigar. Sofía era, antes que nada, la encarnación de la Diosa Venus…, la consubstanciación del sexo y la lujuria… y, según lo sospechaba Gustavo Sebastián, había en ella más de un enigma que le intrigaba y que le resultaba muy difícil de desentrañar.

     ¿Por qué, pues, le había elegido a él?… ¡Él, que no había realizado el mínimo intento de seducción! No porque no ansiara los favores de aquella codiciada criatura, sino porque tal objetivo no enrasaba con su debilitada autoestima. De cualquier modo que fuere, lo cierto es que Sofía lo había elegido a él, en medio de la sorpresa general de sus compañeros y de la envidia poco disimulada de quienes, poseídos por ínfulas de galanes, creían ostentar mejores títulos para el caso.

     Por aquellos signos inequívocos que toda mujer sabe poner de manifiesto para comunicar sus deseos y elecciones, Sofía extrajo para sí a Gustavo Sebastián Macías del varonil conjunto de suspirantes admiradores, con la facilidad con que se saca una carta de la baraja o como se elige un plato de comida en un bien surtido restaurante. El joven Macías, alelado, enajenado, entontecido a ultranza, no hizo más que cumplir los designios de la bella y, debido a su naturaleza gentil, obvió toda ostentación ante la incrédula y resentida mirada de sus cofrades.

     Y ahora, unos días después, se hallaba en el departamento de ella… en la cama de ella… ¡a la espera de ella!… Que, con toda parsimonia, continuaba en la insinuante tarea de despojarse de sus prendas y de acomodarlas en la silla, con exasperante prolijidad.

     Finalmente, Sofía, la bella Sofía, vino a quedar tal como su madre la arrojó al mundo, sólo que con las modificaciones que le endosaron las tres décadas que transcurrieron y a las que sólo los más sofisticados poemas pueden dar cumplido canto…

     Erguía, algo alejado de la cama, su cuerpo esbelto y escultural.

     Su piel, un tanto morena, era del todo tersa y suave, tal como lo había vislumbrado el azorado Gustavo Sebastián al otear, en sus primeras salidas con ella, las superficies del cuerpo que normalmente se llevan descubiertas.

     En su estudiada exhibición, levantó ella sus brazos colocando las palmas de sus manos en la parte posterior de la cabeza y, lanzando al joven una penetrante mirada rezumante de lascivia, acabó por realizar un gracioso movimiento de contoneo, al par que giraba sutilmente sobre sus pies con el objeto de completar la exposición de su maravilloso cuerpo en los 360 grados de su circunferencia.

     Macías, estático, permanecía deslumbrado.

     Mas no pudo evitar un nuevo gesto de admiración al observar la lujuriante y sedosa negrura de su monte de Venus. Quedó pasmado. Jamás en su vida había contemplado una espesura venusiana de tan hirsuta belleza, en la que se adivinaba la sedosidad de su contextura.

     «Sólo le falta -pensó- el contacto con mi propia piel… Prodigarle la contenida caricia, para agregar el adicional de voluptuosidad en la percepción de la sutileza y tersura de tan inédita vellosidad.»

     Luego de esta excitante escena de presentación, Sofía se introdujo en la cama dispuesta a iniciar la acción.

     El joven dirigió incontinenti su mano, ávida de la preconcebida caricia, hacia aquel foco velloso, antesala de la cámara del amor, y, tal como lo había imaginado, recibió una salvaje descarga de deleite: la región estaba ya impregnada de un oleoso humor de incitante aroma.

     Instantes después, ella desplazó algo abruptamente la sábana y la fina manta que cubrían sus cuerpos y las arrojó a un costado, directamente al piso, quedando en consecuencia, ambos al descubierto.

     Comenzó entonces a acariciar el miembro masculino de Gustavo Sebastián -que se hallaba acostado sobre su espalda- ya con sus delicadas manos, ya con su anhelante boca. Demostraba en ello una ostensible maestría.

     Entonces el joven tomó contacto con una realidad que había escapado a su percepción: con horror, vino a comprobar que, como ocurriera en algunas otras ocasiones, su miembro se negaba a una erección digna de la circunstancia. Si bien no había permanecido inerte y casi seguramente le permitiría consumar el amor en ciernes, Gustavo Sebastián estaba lejos de quedar conforme con el grado de afilamiento que su herramienta estaba adquiriendo, pese a las incitantes caricias que el experto arte de la Venus le prodigaba.

     —¡Otra vez, estos malditos nervios me están traicionando! —dijo con un excusante susurro.

     —Ocurre que esta ‘cosa’ que posees —replicó la bella—, es de generosas dimensiones. Y cuando es así, no es de extrañar que sean lentas y perezosas. Y corres el peligro, pequeño Gustavo, de dejar sin sangre suficiente a otras partes del cuerpo —agregó en tono sonriente y algo exagerado, no pudiendo disimular su ostensible glotonería.

     Como la exhalación del lampo, la luz se hizo en la mente del joven.

     —¡Ahora todo está claro! —Reflexionó—; Sofía se ha llevado de las mentas acerca de las «generosas dimensiones» de mi hoy atribulado miembro viril. Y es evidente que semejante hembra ha de tener un especial requerimiento al respecto, digno de su condición apabullante…

     Y así era en efecto. Aquella fama había filtrado los muros de lo que no era otra cosa que una divertida competencia entre un grupo de amigos jaraneros y que, según pensaba Gustavo Sebastián, quedaría confinada en el reducto de esa grey. Ahora… ¡todo resultaba aclarado!: la bella Sofía, la codiciada Venus, le había elegido precisamente a él por la fama de su híper-dimensionado atributo… De lo cual ahora volvía a tomar conciencia y, sin poderse explicar el por qué, sintió que un flujo de incipiente terror le atravesó todo el cuerpo.

     Entretanto, la apasionada Sofía continuaba con sus sutiles y variadas caricias al semi-indolente miembro de Gustavo Sebastián que, muy despaciosamente, iba ganando envergadura. Pero al final, después de una insistencia más o menos prolongada, pareció arribar a un cierto grado de erección, negándose obcecadamente a pasar más allá de ese punto.

     Sofía le miró en forma inquisitiva y le sonrió comprensivamente. Él permanecía algo humillado y bajó la vista.

     —No te preocupes, pequeño Gustavo —apuntó ella—. No es más que un pequeño guijarro en el camino. Pronto lo habremos de solucionar. Confía en mí y en ti.

     Y prestamente saltó de la cama y desapareció de la habitación por una estrecha puerta, que hasta ese instante había pasado desapercibida para el joven. Quedó algo extrañado por tan inopinada retirada. Empero, tras un breve lapso, ella regresó al lecho portadora de una hermosa pluma de ave, que lucía blanca en su base y azulada en el suave extremo.

     Sin pronunciar palabra alguna, volvió a acostarse poniendo su torso casi perpendicular al cuerpo de Gustavo Sebastián. Aplicó un fresco y húmedo beso a su vientre y luego fue a apoyar su mejilla sobre él, mirando hacia su verga. De tal suerte, la cabeza de Sofía venía a interferir la visión de Macías hacia el caprichoso miembro.

     Comenzó nuevamente a acariciar a éste, a besarlo, a lamerlo, al par que pronunciaba palabras y organizaba frases entre dientes, en medio de ininteligibles susurros.

     Luego empezó a frotarlo lenta y sutilmente con la pluma…

     De todas las formas imaginables… Siguiendo una línea recta, comenzando desde la base hacia el romo extremo y volviendo a iniciar en otro punto de la base, cubriendo así todos los segmentos posibles de su circunferencia. Con movimientos de sentido contrario al anterior. En ocasiones, desarrollaba otros de forma helicoidal, circunferencial, toques singulares, frotamientos y golpecitos, en un sinfín de direcciones, etc.

     Las plumíferas cosquillas iban abundante y sabrosamente acompañadas y combinadas con caricias de carácter convencional y, asimismo, de… extraños e inquietantes susurros invocadores.

     Gustavo Sebastián Macías comenzó a percibir una gratificante y relajante sensación de paz y levedad.

     Sintió incrementarse la picazón del deseo en sus genitales y en su cuerpo todo, y un regocijo inesperado se plantó en su pecho, aventando mágicamente sus ancestrales temores de apocamiento…

     La sedosidad de aquellos cabellos cuyos mechones lamían su vientre, le provocaba un maravilloso y complementario cosquilleo…

     Luego, cuando ella hubo levantado la cabeza y le quedó restablecida la línea de visión a su sexo, sencillamente no pudo dar crédito a sus ojos perplejos…

     Su recalcitrante miembro viril aparecía ahora enhiesto, ostentando la dureza del mármol… Tal como si se tratara de un poste de quebracho empotrado en la tierra…

     Con una coloración púrpura y heterogénea, vino a descubrir que nunca antes lo había observado de tal envergadura… ¡Tenía la absoluta sensación de que se hallaba, a ojos vista, incrementado su ya dilatado y afamado volumen original!

     Lo tentó con su mano y lo encontró, esta vez sometido al juicio del tacto, tan voluminoso y tan férreo, que no dudó en admitir que el hecho configuraba una suerte de maravilla y que era la primera vez que se hallaba en tal disposición.

     Como a su vez percibió en sí un grado de excitación inicial excepcionalmente bajo, tuvo la sensación que se hallaba muy distante de la eclosión del orgasmo, pese a que su miembro se hallaba regiamente humedecido por el viscoso néctar de la caricia bucal prodigada y por efecto del lubrificante humor que, cual magma ardiente, surgía desde sus propias entrañas.

     Por ello pensó, con profundo regocijo, que a la sazón había acrecentado notoriamente su potencia sexual, en el ara del inminente acto de amor que habría de compartir con la hembra más bella de la tierra…

     ¡Su júbilo no conocía límites!…

     Ahora Sofía, la rutilante Sofía, se colocó a horcajadas sobre Gustavo Sebastián…

     ¡Lucía bellísima!…

     Arrojó sobre él una mirada cargada de lascivia, al par que depositaba suavemente sus asentaderas sobre la palpitante ingle…

     Colocó el rígido miembro entre sus piernas obligándole a voltearse y haciéndole emerger por detrás de sus nalgas casi horizontalmente…

     Tanto Gustavo Sebastián como Sofía se solazaron con la reacción de resorte de aquel prisionero que, cuando ella se lo permitía, retomaba su recalcitrante verticalidad…

     Luego, rebatiéndolo ora hacia delante, ora hacia atrás, comenzó ella a frotarle suave, laxamente, con la comisura de su sexo… Retrocediendo y volviendo fue dejándolo todo impregnado del aceitoso humor…

     El joven sintió el agridulce sabor de aquel ancestral impulso, que es heraldo de la penetración.

     Se resolvía en una suerte de mini-orgasmos.

     Percibía la dureza de su miembro ansioso, cual anhelante espada, presta a clavarse en la tierna carne…

     ¡Casi le desesperaban los voluptuosos prolegómenos de la bella!…

     Sofía le acarició tiernamente sus cabellos y le dirigió ahora una mirada iluminada.

     Luego… tomó delicadamente entre sus manos el desaforado y enhiesto miembro.

     Gustavo Sebastián percibió la discrepancia de temperaturas: aquella mano le transmitía una deliciosa frescura, en tanto que el apéndice de su cuerpo parecía hallarse al infrarrojo, irradiando un cuasi exacerbado calor… ¡Fruto seguramente del voraz anhelo!…

     ¡Ah, que bello contraste térmico!…

     Sofía hizo hocicar el romo extremo sobre los también tibios labios de su barbado sexo.

     De repente, se detuvo, haciendo coincidir el glande con su región vestibular y, luego de unos segundos de jadeante gozo, se sentó abruptamente…

     Se penetró con la ligereza de una saeta… En un santiamén…

     Apretó con todo su peso la ingle del joven… Echó su bonita cara hacia el cielo… Blanqueó sus ojos, poniendo en exilio sus negras pupilas… Y desinfló su pecho en un estremecedor suspiro de voluptuosidad…

     ¡De cuánto placer le había embargado aquella ansiada y cuasi fenomenal penetración!…

     Gustavo Sebastián apreció entonces la sabrosa cautividad de su miembro.

     Percibió cómo la dilatada periferia escrutaba, acariciante, el tapiz de la palpitante y cálida entraña de aquella hembra feroz…

     Por momentos, lo sentía como disolviéndose en un atrapante vacío… cuasi anestesiado… ingrávido… Tal parecía como si su excesiva dureza y rigidez conspirase contra su sensibilidad.

     Mas en medio de tan sensual vivencia no pudo dejar de pensar en la fenomenal dimensión que aquél había cobrado a expensas de… ¡la pluma!

     Y, al contemplar el aún estático vientre de la Venus, comenzó a preguntarse dónde estaría inmersa tan descomunal masa…

     ¿Cómo era posible?… Medía con la mirada aquel vientre… ¡Inadmisible imaginar!… ¿Qué será del saco encargado de cobijar al embrión humano?

     Vislumbró, quizá en tono alegórico, aquellas simas del planeta cuyos fondos son desconocidos.

     Y, por idénticas razones, quedó más que impresionado por la alucinante voracidad con que Sofía literalmente le engulló. Sin la más mínima precaución… ¡con semejante tamaño!… ¿Artificiosamente ganado?… Pensó: «cualquier otra amante, por fogosa que fuera, habría adoptado seguramente algún recaudo. Se habría tomado su tiempo… de una mínima adaptación.»

     Aún permanecía en sus pupilas la imagen del inédito grosor y largura que había adquirido su verga, previo a su increíble inmersión… Aún receptaba en su mano la vívida impresión del palpitante e inusitado volumen, que aquella carne había adquirido al socaire del sortilegio de Sofía.

     ¡Y pensar que ella!… Nuevamente echó una calculadora mirada a su vientre. ¡Y pensar que ella lo había devorado con increíble rapidez!…

     Entretanto, la hermosa Venus, se hallaba muy alejada de los oficiosos pensamientos de Gustavo Sebastián.

     Ella estaba en lo suyo: en la demoledora tarea de extraer hasta el tuétano del gozo que la circunstancia le deparaba… y del volumen y fibra del masculino ariete que, orondamente, señoreaba en sus entrañas.

     Ora se apoyaba sobre sus rodillas, ora, sobre sus manos. Y de esta forma, a veces elevando su cuerpo, a veces presionando firmemente contra la ingle del joven, comenzó la ejecución de la más florida y exótica danza de amor que imaginarse pudiera.

     Por momentos imprimía a sus caderas un movimiento circular horizontal, en uno u otro sentido.

     Luego otro de óvalo, en sentido vertical, obligando al varonil miembro a recorrer la aterciopelada vaina. Así, al separarse venía a dejarlo casi totalmente a la intemperie, para luego, cuando su extremo llegaba al vestíbulo de su sexo y corría el peligro de perder su dirección de retorno a la deliciosa profundidad, introducirlo abruptamente en toda su extensión.

     Esto hacía suspirar a Sofía, en medio de inusitadas exclamaciones de gozo.

     En circunstancias, componía esos dos movimientos, horizontal y vertical, como si no se decidiese por ningunos de ellos… o, haciéndolo por ambos a la vez…

     Con lo cual provocaba una suerte de alabeada reptación, que no hacía sino favorecer el íntimo contacto en la frotación de las amorosas áreas… La imagen que proyectaba entonces, era la de unos desplazamientos oleosos, viscosos.

     Otras veces, era víctima de un violento frenesí que le obligaba a rozar espasmódicamente la parte anterior de su sexo contra la cara superior del inserto órgano viril… Con grandísima gula aprovechaba su dilatada longitud para estos menesteres.

     En otras ocasiones, comprimía sobre él las paredes de la amorosa vaina. Luego, reteniéndolo así aferrado, aplicaba un tierno y enérgico apretón retirando suavemente las caderas hacia arriba… Tal como si, sádicamente, pretendiera arrancarlo de su raíz.

     A esta acción le seguía el aflojamiento general y, al dejar caer nuevamente su cuerpo, una profundísima penetración… con exteriorizaciones de indefinible gozo por ambos lados.

     Las generosas masas de sus bellísimos pechos participaban activamente de la chispeante danza.

     Sus enhiestos pezones aparecían ligeramente curvados hacia el cielo.

     Cual maravillosa y subyugante escena, sus formas redondeadas e insinuantes bailoteaban en una suerte de contradanza…

     Con movimientos que semejaban el desplazamiento de una onda en un medio viscoso, se alzaban y caían, caprichosos y descompasados, al son de las cadencias generales de la danza.

     Entretanto, las turgentes y aguzadas puntas de sus pezones, dibujaban en el aire exóticos arabescos.

     Gustavo Sebastián se veía extasiado… Embelesado por efecto del cuadro que la actividad de Sofía le brindaba… y completamente hechizado de la belleza y habilidad de aquella diosa del amor.

     Las sensaciones que recibía a través del contacto directo, piel a piel, no eran de menor cuantía que la de la maravillosa visión que el cuadro le ofrecía…

     En el que la incomparable belleza de Sofía formaba parte principal… ¡Oh, felicísimo impacto de la gratificación psicológica!…

     Toda esta danza había dado comienzo con un ritmo más bien lento y parsimonioso.

     Paulatinamente iba entrando en un nervioso crescendo, en la medida en que la excitación de la Venus ascendía e ingresaba en aquel umbral que se halla en la antesala de la crisis, del deleite máximo.

     Había transcurrido alrededor de media hora desde que el majestuoso ariete de Gustavo Sebastián irrumpiera en la penumbra de la acolchada gruta de Sofía. El joven amante, exultante, se hallaba aún lejos del predecible final. Sentía que podía controlar maravillosamente su excitación, en aras a prodigar el máximo de placer a la hembra voraz…

     A veces, temía, por lo que reputaba como una pérdida de sensibilidad a expensas de la tremenda rigidez de su verga… Por momentos se le representaba como una barra de acero de materia extraña a su ser.

     ¡Eso sí que podía llamarse potencia sexual!…

     En otras circunstancias, con tan sólo una escasa proporción del vapuleo a que estaba siendo sometido, habría llegado brusca e incontrolablemente al fatídico orgasmo, dando todo por terminado… ¿En virtud de qué agradable sortilegio se incrementaría ostensiblemente las dimensiones de su miembro, su capacidad de erección, su grado de control sobre la siempre inconstante excitación y, en resumidas cuentas, su potencia sexual?

     Sabía, de una manera cierta, que en general el macho y la hembra de la especie humana poseen aptitudes diferentes con respecto al camino a recorrer en la consumación del acto carnal. No llegan ambos de idéntica forma a beber en la fuente del placer final, con el notorio ejemplo de la diversa velocidad con que los amantes acceden a él. Compatibilizar esas diferencias es precisamente tarea de un arte que encierra a su vez una sofisticada técnica… O, quizá en su caso, ¿del sortilegio? Nuevamente, una escalofriante corriente de miedo le atravesó el pensamiento; pero la desechó de inmediato volviendo a poner toda su alma en la hermosa vivencia de la hora.

     Para estos momentos, la danza de la galopante amazona estaba adquiriendo un ritmo asaz frenético, casi alocado.

     Sus contorsiones se habían reducido casi estrictamente al espasmódico frotar de su «punto nervioso», el mágico tetoncito de la máxima sensibilidad.

     Por sus agitados vaivenes, cortos y de gran frecuencia, alternados de vez en cuando por otros lentos y largos, Gustavo Sebastián conoció que el umbral de descarga crítico de la diligente amante, se hallaba muy cerca.

     Calculó que el amoroso acople llevaba alrededor de cuarenta minutos…

     ¡Y aún se encontraba en perfectas condiciones de controlar su excitación… pese al ajetreo a que la feroz hembra lo sometía!

     Y así, definitivamente, advino a ésta el supremo goce del orgasmo…

     Se recostó entonces sobre el pecho del joven…

     Comenzó a emitir violentos jadeos y huracanados suspiros…

     Ahora su «punto nervioso» rozaba con verdadera fruición, por momentos alocadamente, sobre la base del enorme miembro, a la sazón totalmente alojado en sus entrañas…

     Plantó luego sus labios y dientes en el hombro izquierdo del yacente amante y, cual potente bomba de vacío, comenzó a succionar su carne…

     Finalmente, sucumbió ante la violencia de la crisis…

     Aprisionó al joven con sus muslos y rodillas como un cepo…

     Estalló en lamentos…

     Hincó sus dientes…

     Clavó sus uñas…

     Por momentos creyó Gustavo Sebastián que no habría de sobrevivir a tan efusiva descarga…

     Ella se hallaba convertida en una sensual trituradora… infernal máquina del placer.

     La duración de aquel orgasmo pareció excesivamente prolongada a Gustavo Sebastián, quien al fin de cuentas resistió estoicamente con el más admirable éxito. Después, la venusiana Sofía se calmó prestamente.

     Ambos se soltaron; sus músculos se relajaron… mas para nada ella abandonó su posición de amazona.

     Rápidamente el joven echó de ver que se trataba de un provisional período de descanso. La bella permanecía recostada sobre él. Sus palpitantes pechos apretados al tórax. Sus bellas piernas y rodillas presionando sobre su montura, para mantenerla aherrojada… Su tibia morada alojando íntegramente al siempre enardecido y señorial pene.

     Esporádicamente, realizaba un tenue movimiento de caderas, muy lento y especioso. En él, apretaba suave y cálidamente la periferia del inmerso miembro, con el objeto de mantener viva la llama de su propia excitación, ahora amortiguada por imperio del explosivo orgasmo. Asimismo, lo que le era de importancia capital, comprobaba si la trabajosa y sofisticada erección del órgano masculino se mantenía en pie… ¡Y en verdad que gozaba de todo su esplendor!…

     Al cabo de unos cuantos reparadores minutos, Sofía comenzó a mostrarse nuevamente activa.

     Enderezó su cuerpo colocándolo en la primitiva posición de jinete… Y reinició su anterior actividad.

     Echó nuevamente su rostro al cielo levantando su maravillosamente tallado mentón.

     Entonces, sus sedosos cabellos cayeron rectilíneos, mostrando un ligero espaciamiento sobre la espalda… Oscilaban con un pendular chispeante, sugestivo, irreverente.

     Sus ensoñadores ojos, entrecerrados por la voluptuosidad, blanquearon en un caldo omnipresente de sopor.

     Comenzó a gesticular con rostro en un concierto visual, mohinesco y voluptuoso… Así, proyectaba como una roseta anular sus labios hacia afuera cual si estuvieran ansiosos de algún sonoro beso, y, a continuación, los retraía con énfasis, configurando ahora una lujuriante sonrisa… Todo ello salpicado por el esporádico y rítmico entrar y salir de la rosada y juguetona lengua…

     Cuidando asimismo de incluir la debida profusión y combinación de todas las figuras de su tan nutrida cuan sabrosa danza, sólo modificó los tiempos asignados a los diferentes ritmos.

     Ahora, la fulminante ascensión del nivel de excitación al de los umbrales previos al de crisis, exigía, sin más, el mantenimiento del frenesí y el frotamiento enérgico y casi permanente de su diminuto punto sensitivo…

     Y así se lanzó, enloquecida, a la búsqueda de su segundo clímax.

     Tras los estertores del mismo y luego de una mesurada pausa de aliento, puso proa al inicio de un tercer ciclo…

     Como era de esperar, sucesivamente, se iba endosando los placeres de una serie de orgasmos, denotando un grado de insaciabilidad que bien se avenía con su rutilante estampa de vampiresa.

     Gustavo Sebastián llegó a perder la cuenta de la cantidad de estos ciclos… quizá seis, siete… Pero lo cierto es que ya había comenzado a impacientarse, debido principalmente al escaso estímulo que recibía a través del cuasi anestesiado miembro. Mas estaba cierto de que no había perdido la más mínima porción de su rigidez.

     Con preocupación, nuevamente se preguntaba por la falta de avance de su excitación. ¿Llegaría finalmente a alcanzar el orgasmo? A esta altura de los hechos, la repetición de los estímulos de igual naturaleza e intensidad, como lo eran la visión de la bella amazona ejecutando su danza y las caricias prodigadas a sus caderas, piernas y pechos, había ya erosionado su interés. Ahora, sabía que necesitaba urgentemente obtener un escape a ese interregno, es decir, requería ir en busca de su propio clímax.

     Sofía, dándose ya por satisfecha y con algunos signos de cansancio, tomó plena conciencia de la situación e invitó a su amante a cambiar de posición. Así, pues, levantó su cuerpo lo suficiente como para desalojar de su interior al estoico órgano y se acostó sobre su espalda a la espera de recibir a Gustavo sobre ella, en la más convencional postura del amor que se conoce.

     Abrió sus piernas exponiendo ampliamente su sexo.

     Ahora sí, el joven, después de penetrarla nuevamente, sintió el contacto de todo su cuerpo.

     Estaba claro: no era lo mismo que cuando ella jineteaba sobre sus caderas. Luego de cruzar los brazos sobre su espalda, percibió la gratificante sensación psicológica de la posesión de la hembra. Con ello, su dormida excitación vino abruptamente a ponerse nuevamente de pie.

     Bastaron unos pocos movimientos de vaivén para que se presentaran las mil delicias de un deleite intenso… Intenso y prolongado.

     Percibía cómo en cada uno de aquellos espasmos que le impulsaban a la estocada profunda, vomitaba un torrente de líquido seminal irrigando generosamente la entraña femenina.

     Estuvo largos minutos aferrado crispadamente a Sofía, en medio de enloquecedores jadeos y suspiros.

     En ese paroxismo, buscó afanosamente fundir su boca en los carnosos labios de la Venus…

     Mas, ¡qué contrariedad!… halló que ella había girado desmesuradamente su cabeza hacia un costado alejándola de la ansiosa boca…

     Aún bajo el exasperante influjo de la crisis, tuvo la sensación fugaz de que escatimaba el beso. Máxime cuando ella, tomándole la cabeza con ambas manos, la llevó sobre su hombro izquierdo.

     Así, en tanto que oprimía fuertemente su cabeza, la mantenía de tal suerte cautiva…

     ¿Será que así se procuraba mayor placer?… O, tal vez: ¿no estaría retaceando la húmeda caricia de los besos?… Recordó que en ningún momento le había besado en la boca.

     Finalmente, cuando se hubo calmado, se retiró y se dejó caer de espaldas al lado de la satisfecha Sofía.

     Habían transcurrido alrededor de una hora y media desde el inicio del que le resultaba el acto de amor más maravilloso de su vida. Le invadió una tibia sensación de relajación, que hacía vibrar sutilmente todas las células de su cuerpo. Su miembro perdió rápidamente su increíble volumen y erección, para retornar a la condición que le era habitual.

     De repente, una idea poderosa se incrustó en sus mientes, un pensamiento que le insinuaba que Sofía había manipulado a su voluntad los estímulos de él… de acuerdo a sus propios intereses. Pues, ¿cómo explicar el nivel relativamente estático de esos estímulos durante la casi totalidad del tiempo que demandó el acto, para, después que ella se mostró satisfecha, producirse un incremento explosivo de su intensidad y que, en contados minutos más, desencadenó su clímax?

     Sin proponérselo mayormente, acabó asociando esta idea a la operatoria de la inefable pluma. Asimismo, comprendió que a ésta debía atribuir las dimensiones excepcionales que su miembro viril había adquirido, en los prolegómenos del coito y lo que ya, decididamente, reputaba como escamoteo de los besos en la boca.

     Nuevamente… una fugaz sensación de angustia, un desasosiego que pugnaba por desalojar su Ser de su cuerpo, le erizó la piel. Luego… se durmió profundamente.

     Mas no por mucho tiempo. Apenas había alcanzado a reparar algo de las energías consumidas cuando, entre sueños, sintió un leve cosquilleo en su zona genital. Despertó sobresaltado en medio de la tenue iluminación indirecta de la habitación, que al parecer nunca había sido apagada.

     Observó nuevamente la nuca de Sofía que se mostraba esporádicamente, por entre los espacios que dejaban los compactos haces de su tersa cabellera de azabache. Percibió el peso de aquella cabeza sobre su vientre.

     ¡Horror!… la insaciable Venus otra vez manipulaba su sexo con una concentrada acción, combinando caricias, palabras… y el sutil frotamiento con la dichosa y extraña pluma.

     Tembló… ¡No podía creerlo!… Miró al reloj: las cuatro de la madrugada. Habría descansado alrededor de tres horas… tan sólo.

     Pensó con toda razón que, luego del ajetreo a que había sido sometido antes, no se hallaba en disposición de tentar siquiera una nueva escaramuza sexual, aunque sea complementaria y de cuantía menor. Pues, en rigor, al despertar comprobó que su miembro se hallaba atrincherado en la más inocua y apacible flacidez.

     Pero… ¡Cuán equivocado estaba!…

     Poco a poco fue notando un cambio de temperamento en él.

     Como por influjo de una potencia irresistible, volvió a ser poseído por virulentos estímulos…

     Al término de unos cuantos minutos de amorosos y sutiles manejos, la celestial Venus los dio por concluidos retirando su cabeza del vientre de Gustavo Sebastián.

     Y… ¡horror!… Nuevamente pudo observar su viril miembro.

     Su primer impacto hizo que girara intuitivamente la cabeza hacia un costado.

     ¡No le era permitida su visión sin una profunda perturbación del ánimo!…

     Su miembro del amor aparecía, en efecto, erecto y desafiando al cielo como una monumental pirámide, rígido como un asta de bandera, duro como un trozo de acero y, por sobre todas las cosas, colosalmente voluminoso… Hasta creyó ver que sus dimensiones eran superiores a las que detectara en su anterior acción.

     Acto seguido la hermosa hembra, conduciendo siempre su actividad inmersa en su característico laconismo, depositó la pluma maravillosa en el cajón de su mesita de luz. Extrajo de ella, asimismo, una crema lubrificante y se dio a la tarea de untar profusamente su apetecido ariete que ahora aparecía algo seco…

     Y, a continuación, de idéntica forma a como lo hiciera unas horas antes, se puso a horcajadas sobre el aún anonadado joven.

     Haciendo gala de la misma gran voracidad que antes había mostrado, se penetró en uno o dos segundos en toda su profundidad, hasta hacer descansar su cuerpo sobre el de su amante.

     Prestamente, ambas ingles quedaron fusionadas en una suerte de cálido y apasionado beso pubiano.

     Ahora Gustavo Sebastián recibió un gratificante estímulo, que dio por tierra con todos los reparos que su intuición y sentido común le habían susurrado…

     Se dispuso a gozar nuevamente de los placeres que devendrían de la inminente función…

     Hasta olvidó que la había imaginado breve y complementaria ya que, por la evaluación que hacía en relación con la reverdecida libido, por la controlada sensibilidad de sus estímulos y por el grado sumo de erección alcanzado, reputaba sin lugar a dudas que se hallaba nuevamente en plena posesión de una inusitada potencia sexual, y que, en consecuencia, el próximo acto amoroso sería abordado con todo énfasis y como una acción principalísima.

     Y así fue, en efecto.

     Una reiteración de las escenas antes vividas: la prolongada cabalgata de Sofía, su contorsionada y sabrosísima danza, sus orgasmos enloquecedores, el cambio de postura amorosa y el clímax de Gustavo Sebastián con igual intensidad y duración.

     Él sólo creyó ver algunas diferencias: le pareció que el número de orgasmos de Sofía había sido superior al de la primera vez y que el tiempo total insumido en este segundo acto también había sido mayor al anterior.

     Por otra parte… ¡qué gran lástima!, no había conseguido robarle un sólo beso de amor, pese a que en esta ocasión los había buscado con mayor determinación.

     Concluida la exótica y fenomenal noche de amor y habiendo retornado rápidamente a la normalidad, Gustavo Sebastián Macías, presa de una inefable sensación de irrealidad, se vistió con gran prontitud y, pretextando una evidente tardanza a los compromisos que le esperaban muy temprano por la mañana y acuciado en rigor por una fuerza irresistible que le impulsaba a huir de aquel escenario, salió del departamento de la bella con una celeridad que pudiera alcanzar niveles ofensivos para con la dueña de casa. Estampó un castísimo beso sobre su sien y se despidió con un «chau amor».

     —Hasta pronto —respondió ella con una cariñosa y enigmática sonrisa.

     Y cerró la puerta del departamento.

amatoria bello diosas flor gustavo imaginacion juventud orgasmos sexo sofia amatoria bello diosas flor gustavo imaginacion juventud orgasmos sexo sofia

De vergas lechazos y mi culito desgarrado

Tuesday, September 25th, 2007

por fin me decidì a probar una verga de verdad, cansado de solo verlas
y desearlas en las peliculas porno.
me fui  a un teatro de porno en el centro y me sentè de una en la fila
de atras, los nervios me estaban matando; de repente un tipo se sienta
a mi lado y me mira fijamente, yo no volteo a verlo, me siento
aterrado; apagan la luz y entonces su mano se apoya en mi rodilla; me
quedo petrificado, incapaz de moverme, el lo tomo como una aceptacion
y en menos de lo que canta un gallo ya me ha soltado el pantalon y
tiene mi polla entre su mano; me toma una mano y me la lleva hasta su
entrepierna; siento por primera vez una verga gorda en mi mano; le
abro el pantalon y empiezo a juguetear con ella, un liquido espeso
sale a gotas de su polla y yo las esparzo por su cabeza, es suave, el
tipo se retuerce, lo goza; de repente las luces!!, nos tapamos como
podemos y a los pocos segundos las apagan de nuevo, es incomodo, todo
el mundo te mira, finalmente siento como su polla palpita en mi mano
una,dos tres veces; terminò demasiado pronto, yo me demoro mas, le
gusta pajearme, lo hace lento y luego rapido, me retuerzo y aullo;
uff!!. agg, uhmm. mi leche sale disparada y el tipo se va con ella, yo
quedo alli tembloroso y con ganas de màs…

la siguiente vez fui a un teatro menos concurrido, no prendian las
luces, la oscuridad total, me paro al final de las escaleras y siento
como alguien me toca las nalgas, otra vez paralizado y cuando me doy
cuenta mis pantalones estan en el piso y un tio me recuesta una polla
dura y palpitante contra ni culo, se sintiò raro, me daba miedo
-Agachate..
no pude el miedo no me dejò. el empujaba y me dolia; de pronto alguien
mas frente a mi me colocaba una polla gorda en mi mano, por instinto
lo pajee y el otro excitado resbalando su polla entre mis nalgas se
venia sin que apenas hubiera podido disfrutar su verga…aun no me
atrevia a mamar y mi culo seguia virgen; no por mucho.

regresè esta vez dispuesto a todo sin ningun tipo de verguenza; fui a
un rincon y enfoquè con una lampara… habia alguien sentado sin
pantalon una cosa grandota se hallaba descansando sobre su pierna y de
inmediato me agachè, y se la toquè, se fue poniendo dura y su cabeza
creciò aun màs; parecia un hongo y su tallo era venoso y duro; no lo
soportè mas, me lo metì suavemente a la boca, mis labios jugueteabna
con su cabezota, mi lengua recorria de arriba abajo, y me lo metia
hasta el fondo de mi garganta, hasta donde llegaba por que no me cabia
todo; lo debia estar haciendo bien por que esa verguisima palpitaba en
mi boca, y el tipo se apretaba a mi cara, con sus manos me cogia la
cabeza y me hacia tragar su polla.

me volteè dispuesto a probar esa cosa en mi culo, mas con curiosidad
que otra cosa, estaba seguro que no me entraria esa bestialidad en mi
estrecho culito,me la sobè una y otra vez, tratè de meterla pero nada,
de nuevo el dolor y la sensacion de que era demasiado para mì; el tio
estaba arrechisimo, bramaba tras de mi y me cogia las nalgas, me
apretaba la cintura y trataba sin exito de penetrarme; me agachè hacia
las bancas del frente y notè en la penumbra otro tipo sentado delante
mio tocandose su polla; me dediquè a èl , se la mamè con vehemencia,
era dura y grande, y tenia un olor particular, me la gocè toda,
mientras èl se levantaba de su silla intermitentemente, follando mi
boca y yo chupaba, lamia, mordisqueaba; me olvidè por completo que
atras de mi un toro trataba de culiarme hasta que sentì como esa
bestia me la empujaba sin piedad, mi culito se abriò, sentì como se
desgarraba y esa pollota enorme,venosa,cabezona y dura se me metia
hasta el fondo..
-agghh..
-te duele?
-ss si.. uff
-esto es lo que querias no? ahora aguanta!!
empezò a culiarme suave, entraba y salia, nunca habia sentido algo
asi; me habia metido en el culo palos de escoba, mangos de todo tipo
de herramientas,botellas, pero nunca una verga de verdad y era
completamente unico, distinto, indescriptible.

seguì mamando mientras me culeaban sin piedad ahora mas fuerte, yo
trataba de zafarme mientras lloraba pero de atras me tenian las manos
agarradas mientras me empujaban esa pollota hasta el fondo, podia
sentir sus bolas golpeando mis nalgas y mi cabeza era sostenida desde
el frente contra un polla cada vez mas palpitante que de repente
explotò en un rio de leche caliente; la sentì un mi lengua, en mi
paladar, en toda mi boca; se me saliò por entre mis labios y esa verga
hinchada en mi boca que no se retiraba me estaba ahogando; me la tuve
que tragar y luego si sentì como esa verga se ponia ahora blanda
aunque conservaba su tamaño.

de pronto el de atras empezò a azotarme las nalgas con palmadas y a
darme clavo como loco
-agg; urghh; ahhh!!! que rico culo que rico!! toma toma mi polla!!
-ahora veràs perrita!!
inmediatamente me volteò de manera brusca y me arrodillò frente a èl
mientras su polla estaballaba sobre mi cara; no alcancè a meterla en
mi boca y el primer chorro reventò contra mi cara; los otros me los
tirò en la boca; se me desbordaba; era tanta que me parecia increible;
a pesar de que tragaba, se me salia por las comisuras de los labios;
le lami los huevos , le chupè de nuevo la verga hasta dejarla limpia y
se fueron mientras yo me quedaba a alli tirado en el piso culiado
salvajemente,tembloroso; con la cara chorreada de leche.

Despues de eso cada noche un ardorsito en el culo no me dejaba dormir;
yo le echaba la culpa a los parasitos hasta que por fin fui al medico
y al examinarme me dijo que tenia desgarres multiples externos e
internos; me dio vergûenza por que el sabia a que se debia sin
preguntar; pero no me censurò; solo me dijo que debia usar un
lubricante…
mi historia con el medico es otra luego la sabran..

les gustò? escribanme a ulises123@caliescali.com

cine culo desgarrado gay leche lubricante porno teatro cine culo desgarrado gay leche lubricante porno teatro

Perdi mi virginidad en mi curso

Tuesday, September 25th, 2007

Hola como están, recién entre a su pagina el día de hoy y la verdad m aprecio interesante, además yo tuve una experiencia a mi parecer cómica, la historia trata de cómo perdí mi virginidad, fue un día en el colegio a mis 13 años de edad, yo m llamo Steffany soy española, barcelonesa puedo decir q soy bonita por q m lo dicen todos soy alta de 1.81 actualmente tengo 17 buen cuerpo lo q mas m gusta son mis ojos, la historia es esta a mis 13 yo era una chica estudiosa y un día m quede hasta tarde haciendo un trabajo con un compañero de curso el tenia 15 yo estaba adelantada 2 años eran como las 22 hrs. Mis padres ya sabían q no llegaría a mí casa por después tenia q ir donde mi amiga a estudiar pero la cuestión es esta al acabar el trabajo con mi amigo estaba cansada, por el esfuerzo q hicimos, solo tenia puesto una camisa y falda aparte de medias y zapatos, típico uniforma de colegio, m había sacada la chaqueta y la corbata por el calor q sentía m quede sentada en un asiento, pude notar q mi amigo estaba nerviosos por estar solo conmigo a esas horas, además el colegio estaba vació, solo estaba el conserje pero teníamos permiso de quedarnos hasta altas horas, m dormí un rato por q estaba cansada al despertar como en 10 min. vi q mi amigo estaba tocando mi intimidad tenia sus dedos enzima de una tanguita q tenia, siempre fue algo llamativa, el m vio y se avergonzó mucho yo m senté y m puse a pensar y la verdad en ese momento empecé a segregar mis fluidos al parecer m gusto eso q hizo, fui donde el y le dije q si quería podía tocarla pero si el m dejaría tocar su pene, el aun avergonzado accedió, se bajo el pantalón y lo vi, primera ves en mi vida lo tuve entre mis manos era duro como m dijeron y grande lo mire y comencé a masturbarle y el boto su leche en mi cara muy rápidamente, la verdad sentí un poco de asco pero sabia rico y le dije si lo podía volver a hacer el m dijo q si pero q le deje tocar mi vagina, accedí sin pensarlo m senté en una mesa, el se agacho a m la vio estaba mojada, la toco luego la beso m hizo unas cosas increíbles a pesar d q era virgen el también, y la verdad una sensación hermosa m llego no supe q era pero ahora se q fue un orgasmo, entonces m levante le dije q ahora quería su lechita y m dijo q ya entonces le masturbe otra ves, pero esta ves tardaba y como el uso la boca yo pensé e hice lo mismo estuve nací un rato hasta q se vino esta ves fue mas leche q antes era rica m la tome toda, luego m pare y le dije q nos fuéramos q ya era tarde pero el m dijo q m lo quería meter a mi vaginita, yo lo pensé como 3 min. Y le dije q esta bien pero yo quería estar arriba para q lo hagamos como yo quiero el ese momento vino m saco mi camiseta todo mis pechos los beso todavía tenia mi faldita esa no m la saco le gustaba así, fuimos a la mesa del profe lo hice recostar ahí, y m subí encima de el, agarre su pene y m lo metí en mi vaginita completamente mojada, m dolió al principio pero luego el dolor paso y se volvió placer  entonces comencé a subir y bajar sobre su pene el apretaba mis pechos le dije q m avisara cuando este por acabar para q no descargue adentro de mi, así lo hicimos unos 5 min. Fue excitante tuve como 2 orgasmos mas y el dijo q ya se venia saque su pene de mi vagina y rápidamente comencé a chupárselo quería mas lechita y otra ves se vació en mi boca hay como m gustaba su leche, rápidamente m subí otra ves sobre el m metí su pene y le dije q quiero otra mas, el dijo q estaba cansado ya no podía, la verdad m importo eso y yo comencé a hacerlo otra ves esta ves lo hice mas rápido otros orgasmos m siguieron el m dijo q ya se venia otra ves, pero esta ves quería q acabara adentro de mi, quería sentir su leche adentro de mi y acabo adentro ya muy cansado se durmió casi ese mismo instante, yo súper satisfecha m eche enzima de el y tan bien m dormí todavía tenia su pene adentro de mi vagina así nos dormimos, hasta q fueron las 7am y todavía seguimos así, nos asustamos los 2 ese momento m levante m senté en una mesa q arregle la faldita y le dije q si le gusto, el estaba desesperado por cambiarse, yo estaba tranquila mientras lo veía y m dijo q le gusto mucho y recién m propuso q sea su novia y yo acepte, acabo de cambiarse y m dijo q m apurara yo lentamente m fui poniendo el resto de mi ropa mientras el arreglaba el trabajo q hicimos la noche anterior y nací fue como perdí mi virgidad fue chistoso por q al día siguiente al comenzar clases nos confundimos de camisas el por muy apurado se puso la mía y no lo noto, y todos nos preguntaron, q hicimos la noche anterior, hay fue chistoso, bueno esa es mi experiencia tengo muchas mas soy una chica muy viciosa haber si se las digo, si m quieren conocer para q vean como soy agreguen mi msn steffany_76246@hotmail.com para comentarios tan bien y cosas así o si simplemente quieren ser mis amigos, bueno luego estaré contando otras de mis aventuras q por si acaso son parecidas

curso pene vagina virginidad curso pene vagina virginidad

El sabor a mujer

Tuesday, September 25th, 2007

Que tal , es la primera vez que escribo.Queria compartir con ustedes un gusto bastante particular el dar placer me encanta hacerlo.

Para empezar me voy a presentar me llamo Eduardo tengo 22 años vivo en la ciudad de Montevideo Uruguay lo que se refiere de cómo soy interiormente y principalmente al sexo soy re liberal ya he probado casi de todo algunas las sigo practicando como el sexo oral en las mujeres mas conocido como el cunilingus actividad que le tomo bastante tiempo a la hora de hacer la previa y así como también otros lo he hecho una sola vez y nunca mas , pero hay que probar.Para arrancar de una vez contare como empecé con este gusto.

Tendría 14 años todavía era virgen y era muy curioso , tenia una vecina de mi edad a la que llamare Claudia ella ya no era virgen y éramos amigos la verdad que me atraía un poco.Una noche quedando en casa que era muy común que ella estuviera en mi casa o yo en la de ella ya que nuestros padres se conocían desde hace mucho tiempo ; tarde de la noche me dijo que  no podía dormir porque no se sentía bien se vino conmigo a mi cama así la abrazo como inocente y después de varios minutos el que empezó a sentir cosas fui yo , ella lo noto enseguida ya que se empezó a mover como queriendo algo , me empezó a preguntar que me pasaba y yo le dije que nada al estar yo abrazado hacia ella sentía mi pija en sus nalgas ella a pesar de su edad ya tenia muy bien formado su cuerpo y su mente también porque enseguida empezó a demostrarmelo.Su mano se corrio hacia atrás y toco la punta de mi pija que para ese entonces ya estaba que explotaba , me dijo que si quería calmarme y yo le dije que si , a esta altura ya sabia lo que iba a pasar , se dio vuelta y me bajo el pijama inmediatamente metió su boca ahí y que sensación la sentía húmeda y caliente ella bajaba y subía su cabeza y de vez en cuando me miraba yo no podía mas era la primera vez que tenia algún tipo de contacto con una mujer , sin previo aviso decargue todo el semen en su boca quede quieto por un minuto sin reaccionar aturdido ella se levanto fue al baño no me dijo una palabra y se acostó en su cama.Yo todavía no reaccionaba no entendía nada.La noche paso y así una semana mas , ella estaba rara conmigo yo a ya me había dado cuenta lo mal que estube.Una tarde me decidí ir hablar con ella había llegado a la casa su madre estaba saliendo me dijo que ella estaba durmiendo pero que la despertara porque tenia mandados que hacer , yo ahí vi la oportunidad de por lo menos remediar el fiasco que había hecho un mujeron me quiso iniciar y yo ni siquiera le dije algo lindo.Abro la puerta y ahí estaba ella durmiendo ya no lo pensé la llame desde la punta de la cama Claudia Claudia se despierta me mira y hace que sigue durmiendo yo empiezo a hacerle cosquillas en los pies y empiezo a subir mis manos por sus muslos ella nota lo que hago y se deja hacer le digo que vamos a estar bien me agarra y me tira contra ella me da un beso de lengua infartante yo le sigo la corriente me aparta y entendiendo lo que quiere como que estuviéramos conectados me meto debajo de sus sabanas estaba nada mas que con una tanguita ,primero empecé a recorrer sus piernas con mis dedos después ya fueron besos apoyaba los labios y después ya le daba pequeñas lamidas que se iban acercando por el interior de los muslos a su tan deseado lugar , instintivamente los dos sacamos la tanga ya nada se interponía acerque mi cara para acomodarme lo mas que pude y me invadió aquel aroma a mujer  le voy metiendo la lengua suave y rigurosa por el costado de sus labios ella se abre del todo de piernas me abrazo en cada una de ellas queda atrapada en mi , después mucho mas suave paso la lengua bien por su rajita ella lleva las manos a mi cabeza para apretarme y yo la sujeto , le doy un soplido se retuerce con la ayuda de una mano separo uno de sus labios y meto mi lengua lo mas adentro posible empiezo un sube y baja ahora me concentro en su clítoris con la punta de la lengua me dedico a masajearlo y de tanto en tanto lo aprieto despacio con mis labios bien mojados de mi saliva y sus jugos que ya estaban empezando a salir ahí me empiezo a descontrolar , quiero tomar ese jugo meterme cada vez mas adentro y no solo que le sigo el masajeo de su clítoris sino también mis manos ya están arriba en sus tetas ella sierra las piernas y me sofoca me encanta , acelero el ritmo de los lenguetazos y finalmente se viene entre que se sigue retorciendo le doy  unas cuantas lamidas mas pero esta vez largas recorriendo de abajo arriba aprovechando para que cada gota quede en mi boca subo y nos besamos prueba  sus propios jugos hablamos y me dice que quiere hacer lo mismo conmigo pero con la condición que pruebe yo mis jugos.Asi fue como empecé  atener el gusto por el sexo oral hoy le dedico en lo real una media hora hasta que adormezca la piel.Continuara pq esa ya es otra historia , a partir de ahí nada mas fue igual me gusto tanto que cada vez que podía hacia sexo oral.Espero que lo hayan disfrutado y espero sus opiniones chicas asi seguire contado historias como estas.Si quieren contactarme y tener una experiensa virtual de esto y mucho mas porque para el sexo como lo dije antes no le digo no a casi nada ,  mi mail es detodomasss@hotmail.com.

chicas clitoris oral rajita sexo tetas chicas clitoris oral rajita sexo tetas

Compartiendote

Tuesday, September 25th, 2007

Somos un matrimonio bastante grande, abuelos ya. Mi nombre es Rodolfo, tengo 51 años y, pese a cierta barriguilla, me mantengo bastante en estado. Mi mujer se llama Patricia, tiene 49 años, una tetas envidiables ye está más apasionada que nunca.

   Hace un año, nuestro matrimonio no atravesaba el mejor momento. La menopausia de Patri le había hecho perder su natural lubricación y había olvidado, en algún recodo del camino de la vida, su histórica libido. Esto –aunque es ajeno a nuestro asunto- provocó una infidelidad de mi parte, que trajo como consecuencia mi expulsión del hogar y una posterior e inolvidable reconciliación. Hasta ese momento, Patri se resistía bastante a entregarme su cola, alegando un dolor importante , aunque –para ser honesto- debo contar que en varias oportunidades eyacule en sus intestinos. Luego de nuestra traumática separación comenzó a darme su culo más asiduamente, hasta que comenzó a gozar locamente cada penetración anal. Empezamos, además, a gozar de la compañía de algunos aparatitos. Compramos, en primer término, un vibrador de unos 15 cms. , al que llamamos Chiquito y que fue acogido por Patri con gran beneplácito. Se lo devoró de mil formas y por todos sus orificios. Para que se deslice más ágilmente dentro suyo lo vestíamos con un bien lubricado condón. Se hizo habitual que Patri fuera objeto de dobles penetraciones; Chiquito en su concha y mi pija en su cola causaron su delirio en largas noches de múltiples y prolongados orgasmos. Introducimos, luego, una segunda variante: tras ser penetrada por el vibrador y humedecida su concha por los movimientos de “nuestro amigo”, yo  –no sin esfuerzo-, metía también mi miembro en su vagina  poniéndola loca de calentura y sacándole sus gemidos más sonoros.

   Vio la luz, entonces, la época más maravillosa de nuestra sensualidad. Cogíamos a cualquier hora y en cualquier lugar de la casa. Mi pija entraba alternativamente en su concha y en su culo, follando hasta que sus agujeros enrojecían o hasta que el dolor de mi prepucio me dictaba el “basta”.Las tetas de Patri se balanceaban incesantemente ante mis constantes embestidas y su cara iba tomando, cada vez más, el inequívoco aspecto de “cachonda adicta al sexo total”.

   Entre polvo y polvo comenzaron a presentarse grandes ratones. Pensé en lo delicioso que sería ver a mi mujer penetrada por otro hombre, escucharla gemir al ritmo de otra pija . No tardé en hablarle de eso y ella –si bien me trató de loco en un principio- empezó a compartir mis fantasías. Poco a poco, mis imaginarios compañeros de penetración de uno a ser dosy luego varios más.  Patri se acostumbró a gozar de interminables veladas sexuales en las que era repetidamente cogida –frecuentemente sodomizada- por Chiquito, por mi y por un nuevo consolador de grandes dimensiones, al que bautizamos como Papuchi.

   La necesidad de algún encuentro en el que vergas de carne y hueso reemplacen al plástico apareció en nuestras vidas. Muchas veces, mientras nos masturbabamos mutuamente, le relataba como sería una escena en que varios hombres la hicieran suya, ocupando todos sus orificios y bañando de semen todo su cuerpo. Estas narraciones llenaban su sexo de jugos y la transportaban a exquisitas acabadas con solo imaginarse a entera disposición de una serie de machos calientes dispuestos a darle y darle durante horas.

   Así, llegaron nuestras vacaciones en una hermosa isla del sur de Brasil. Allí, en una cabaña alquilada y lejos de las preocupaciones cotidianas, cogimos hasta el hartazgo, con el infaltable aporte de nuestros amigos de siliconas y de nuestros entrañables ratones.

   Un día, tras una no muy larga discusión, decidimos concurrir a un balneario nudista del lugar, Praia Galetha. Era un día algo nublado pero caluroso, cuando llegamos a esa playa sde aguas frías, enmarcada por un acantilado en el que la erosión dibujó algunas cuevas de considerable tamaño.

   Seleccionamos un lugar donde ubicarnos y yo me despojé de toda mi ropa, mostrando un miembro que –por el stress de la nueva situación- no mostraba su aspecto más tentador. Patri, incomoda por los numerosos curiosos vestidos que pasaban permanentemente por el lugar, no se desnudó totalmente y solamente accedió a hacer topless, dejando al aire sus sensacionales senos. Esto bastó como para que los hombres desnudos que pasaban por nuestro lado voltearan para mirarla y mostraran el crecimiento casi instántaneo de sus vergas.

   Luego de permancer un rato tomando mate  y gozando del poco sol que las oscuras nubes dejaban filtrar, notamos que un hombre depositaba sus pertenencias a escasos metros de nuestra posición. Tendió su toallón sobre la arena y se quitó el short, dejando a la vista un maravilloso miembro que, aun en estado de semireposo, se presentaba un fino bocado para cualquier mujer con sangre en las venas. Patri no se mostró ajena a ello y su rostro comenzó a mostrar ese inconfundible rubor típico de las mujeres cuando principian a calentarse. Si bien yo me hice el desentendido, noté que el recién llegado no sacaba sus ojos de las tetas de Patri  y que su pija ya mostraba señas de estar entrando en erección, acusando recibo del atractivo de mi querida esposa. Invité entonces a Patri a meternos en el mar, a lo cual ella accedió sin dudarlo.

   Mientras jugabamos con las primeras olas, Patri me dice: -“Viste el tipo que se acostó a nuestro lado?…me encanta esa pija en reposo sobre sus muslos. En realidad, me estoy mojando bastante”-. La miré a los ojos y le pregunté: -“Te gustaría que te haga el amor?. Creo que este tipo ni se puso allí por casualidad y que el tamaño de su pija indica que no le sos indiferente…es más, creo que tus tetas lo tienen loco”-. Me miró con una amplia sonrisa, como si le estuviera dando la mejor de las noticias y señaló: -“su pija también me pone loca, pero no sé, en realidad no me animo a…”- Un trueno y el inmediato aguacero que se desató le impidieron terminar la frase. Corrimos hacia nuestra ropa, la tomamos y continuamos nuestra carrera hacia una de las cavernas del acantilado para protegernos de la lluvia y…!vaya casualidad!…el motivo de nuestros desvelos era nuestro único compañero en ese improvisado refugio. Era un joven de unos 35 años, de cabello corto castaño claro, estatura media y una considerable dotación que no había perdido su consistencia.

   Tras un primer momento de cierta incomodidad, decidí romper el fuego diciendo: -“Qué mala suerte, qué día del demonio!”-, tras lo cual me persenté: -“Soy Rody y ella es Patricia, somos argentinos”-. El asintió con su cabeza y respondió en un portugués bastante comprensible:-“Eu seu Wilson e moro o Sao Paulo”-. Agregó que pedía disculpas por estar totalmente desnudo. Yo vi allí una luz de esperanza en ver cumplidas mis fantasías y le dije que debíamos ser nosotros quien nos disculparamos ya que no estabamos en sus mismas condiciones pues lo correcto sería que Patri se quite su tanga para quedar todos desnuditos. Mi esposa me fulminó con su mirada, pero luego…sorpresivamente se fue quitando despacito su tanguita sin separa su mirada de los ojos de Wilson. El brasileño se tomó su tiempo para mirar la bien depilada conchita de Patri, luego su vista se detuvo en los erectos pezones de mi mujer para finalmente susurrar: -“Delicia”-.

   La verga de Wilson tornaba a tomar dimensiones más que notables y los ojos de mi mujercita no lograban abstraerse de ella. Pensé entonces en qué podía hacer para ayudarlos a darse todo el placer que parecían reclamar y sólo una c osa se me ocurrió, una excusa que no por obvia y vulgar dejaría de ser eficaz. Dije, entonces: Qué estúpido, olvidé mi reloj tirado en la arena, corro a buscarlo. Ya vuelvo”-.

   Salí de la cueva y caminé un rato por la playa. La furiosa lluvia que se había desatado ya se había transformado en una inofensiva llovizna. Hice tiempo para permitir que algo se iniciara en aquella cueva.

   Pasados 7 minutos, medidos por el reloj que, en realidad, llevaba envuelto en la remera que colgaba de mi brazo, volví a la caverna.

   Cuando puse un pie en ella, no pude más que llevar una mano a mi pija. El espectáculo que se presentaba era hermoso. Patri y Wilson estaban estrechamente abrazados y se besaban apasionadamente. La lengua de él entraba en la boca de ella que la recibía y la retenía entre sus labios y las monumentales tetas de mi amada se refregaban contra el bien formado torso masculino . Las manos de Wilson se hicieron dueñas de las tetazas de Patri y su boca bajo hacia ellas como para querer libar del elixir anhelado. Comenzó entonces a besarlas desesperadamente e introducir los rebozantes pezones en su boca, sin hacerles faltar el suministro de lengua que ella parecía suplicar. Chupaba uno…y después el otro…los amasaba y los sorbía. Mi esposa gemía y gemía, mientras su mano se apoderó del arma letal del paulista y comenzó a mecerlo muy lentamente. Me miró como pidiéndome disculpas, yo le sonreí y la levanté el pulgar en señal de autorización. Se arrodilló entonces y engulló ese magnífico ejemplar de pija. Pasó su lengua, reiteradamente, de la base a la cabeza, lubricando todo el tronco con su espesa saliva. El solo murmuraba: -“shupa tudo…tudo o pau”- Ella acariciaba sus huevos y se tragaba toda la pija haciéndo desfallecer de placer a su ocasional amante.

   De pronto, él la tomó de la mano y la puso de pie. Suavemente, la recostó contra la pared de la caverna y la levantó por las piernas colocando su cabeza entre ellas. Muy tiernamente, comenzó a acariciar con la punta de su lengua el clítoris femenino, mientras los pezones de mi querida Patri eran oprimidos por las manos de su amante. Ella gemía como una loca y gritaba: -·dame toda esa lengua amorcito, chupamela así que soy toda tuya, dame más lengua …damela toda”- El no se hacía rogar y le enterraba la lengua en la concha, mientras sus dedos cambiaban de destino  acariciando y vibrando en las puertitas del culo de mi amada. Ella, sin soltar aquella pija soñada, deliraba de gusto y tenía su primer orgasmo: -“Estoy acabando, guachito mio, no dejes de mover esa lengua, damela toda…si…la quiero”- y apretaba sus piernas como para que la lengua de su machito se le quedara a vivir adentro.

   Cuando las convulsiones de Patri cesaron, se paró y –en gesto de agradecimiento por tan gloriosa mamada- besó tiernamente los labios de Wilson. Luego, se puso de rodillas, tomó la vergota entre sus manos y dijo:-“ Ahora quiero beberme toda tu lechita, hermoso”- y comenzó a pajearlo violentamente. Luego, cesó el fenético movimiento y la introdujo en su boca todo lo que pudo iniciando un tránsito envolvente de su lengua `por el rojo glande. Por momentos detenía el movimiento, por momentos se la comía toda y luego reiniciaba la movida, incrementando los gemidos de su deseada pareja. La verga ya despedía sus primeros jugos. Wilson gritaba: _”Shupame pau..tudo”- y tomaba con sus manos la cabeza de Patri  para hacer llegar su verga hasta la garganta de mi putita hermosa. –“Tuda mi leite para vocé, garotinha”- decía e incrementaba el movimiento de sus caderas, enterrando su garrote en lo más profundo de Patri. De pronto Wilson comenzó a temblar, se escucharon los gemidos de Patri parcialmente disimulados por la tranca que estaba degustando, y torrentes de leche  se vieron asomar de los labios de mi tierno amor. Ella, solícita con su amante, trataba de tragarse toda aquella generosa ración, pero su boca no alcanzaba y el excedente chorreaba por su cuerpo, mientras se veia relamiendose de gusto. Wilson, enarbolando su verga como trofeo de guerra murmuraba: -“ Gustoso…gustoso…tuda mi leite para vocé argentina bela, agora quero sua buceta”-.

   Ambos se pusieron de pie, se abrazaron y comenzaron a comerse la boca. Los labios de Wilson empezaron a teñirse con el blanco de su propio semen, con el color de la leche que aun emanaba de la boca de mi mujercita. Se besaban, se acariciaban, se mimaban como una pareja de tiernos novios. Yo, mientras tanto acariciaba mi verga haciendo grandes esfuerzos para no acabar, ya que presentía que la mejor parte estaba por venir.

   Y la realidad me da la razón una vez más. Wilson toma a Patri por la cintura y monta la pierna derecha de ella sobre una roca, levantando su culo hasta ponerlo a la altura de su verga. Acaricia suavemente las caderas de mi hermosa dama, e introduce dos dedos en su vagina iniciando en exquisito mete y saca. Patri gime…me mira fijamente a los ojos y, a pesar que quiere evitarlo, gime con su mejor cara de puta. El acerca la cabeza de su palpitante animalito a la conchita de mi Patri…la frota contra su clítoris mientras sus manos se aferran fuertemente a las inflamadas tetas de mi dueña. Un grito de ella me lleva a bajar nuevamente la vista hacia su sexo. ¡Cómo la están cogiendo, mi hermosa!…Su concha está totalmente llena. Una verga enorme, lubricada  y palpitante se mueve muy dentro de lla provocandole los mejores suspiros. Patri está a mil, su cabeza gira y sus labios buscan la boca del macho que la enloquece con sus bravías embestidas. Su lengua se encuentra con la del paulista y cintura se mueve frenéticamente hacia atrás obligando a su concha a ir incesantemente en busca de aquella verga que la somete y la subyuga. La siente adentro…mi pobre amor…muy adentro, taladrando sus entrañas, convocando a todos sus zumos, haciendola hembra…más hembra que nunca.

   º”Dame pija, hermoso mio, la quiero, me vuelve loca, me encanta…me estás matando. Cojeme, no dejes de moverte sentime…,mi concha caliente es solo tuya”-. Patri no da más. Quiere acabar temblando sobre la hinchada pija de Wilson. Me mira..ve como me pajeo y abre grande su boca en un gemido interminable. Sus ojos se muestran extraviados, está cabalgando sobre la pija que siempre soñó, está llamado a todos los duendes del orgasmo para que la hagan, al menos por unos segundos, la putita más feliz del universo. Y, finalmente, llega. Y Wilson, llega. Y se abrazan fuerte e intercambian sus liquidos. Y la pija de él se entierra más fuerte que nunca en sus estertores postreros. Y ella delira de lujuria, y eso me encanta. Y la leche de él en se vuelca en sus entrañas y se siente muy mujer, muy de Wilson, muy poseída, muy bien cogida. Y yo me acerco a ellos y descargo mi leche sobre las tetas de mi hermosa. Ella apenas me mira…y lo besa como una novia enamorada, Ellos se abrazan…ellos se besan…ellos se tocan mientras mi semen baja por el cuerpo de mi esposa. El, Wilson , en español le dice:-“Ahora quiero tu culo mi amor, quiero hacerte, cosita, el culo”-. Ella le toma la manos y mirandolo, embobada, a los ojos, le reponde:-“Hoy solo toda tuya mi amor, podés  pedir lo que quieras, podés poseerme de todas las maneras. No quiero que dejes de cojerme…no quiero”-.

   Para mi, ya era demasiado. Para un solo día. Me interpuse entre ellos y dije:-“Si quieren seguir disfrutandose pueden hacerlo, pero no ahora, en otro momento. Mañana podemos reunirnos en nuestra cabaña y vivir toda una noche de sexo. Esta vez también yo voy a participar. Mañana, Patri, vas a tener dos vergas de carne y hueso muy adentro. Vas a gozar como la hermosa puta que sos. Mañana va a ser un día inolvidable.

   Nos fuimos entonces. Pero antes, ellos se abrazaron y se besaron. Primero tiernamente y luego enredando sus lenguas. Ella dijo: -“Hasta mañana, te espero”-. El le respondió: -“Adios, te deseo:”-. Nosotros, nos tomamos de la mano y caminamos por la arena rumbos a la salida con la alegría de una fantasía cumplida y la perspectiva de nuevas delicias para los sentidos.

 

abuelas cola Compartiendote concha mujer patricia abuelas cola Compartiendote concha mujer patricia

Mi tia Paola

Tuesday, September 25th, 2007

Soy Martin, vivo en Buenos Aires, y esta historia ocurrio ya hace un

par de años. Mi tia Paola vive en la localidad de Glew, al sur  de la

provincia de Buenos Aires. Y durante años ella fue mi mas inalcansable fantasia…Esta es nuestra historia.
   Solia ir a visitar a mis primos,a pesar de lo largo del viaje,  solo como una excusa. Recuerdo ver siempre a mi tia en fiestas familiares, con esos vestidos de generoso escote, y esas caderas sensuales que hacian las delicias y el deseo de mas de uno en cada evento. Yo era el consentido de mi tia Paola, siempre me subia a su regazo, me apoyaba la cabeza contra sus pechos y me acariciaba el pelo con cariño. A partir de los 12 años, esa costumbre comenzo a excitarme, a hacerme sentir deseos de lamer esa piel y probar ese perfume que me volvia completamente loco…

Y fue a esa corta edad que comenzaron mis visitas, cada vez mas asiduas, solo para estar

cerca de esos sensacionales pechos y ese culo fantastico. Esta

situacion

se dio por años, desde mis 12 años hasta los 23 fantasee con mi tia y

me

entregue a desenfrenadas masturbaciones imaginando todo lo que seria

capaz de hacerle de tenerla una noche para mi.

Recuerdo en especial una tarde de octubre, en la que me dio fiebre estando de visita en su casa. Ella me dio los cuidados de rigor, una píldora antifebril, reposo y paños humedos en la frente.

Tenia yo 16 años y mi tio no estaba en casa. Mis primos dormian arriba y yo en el sofa de la sala en la planta baja.

Tia Paola paso la noche atendiendome. Yo miraba su camisón semi transparente, a traves del cual se mecian un precioso par de tetas con pezones de enormes aureolas oscuras.

La erección debió durarme toda la noche.

Ella me cambiaba los paños y me daba besitos en la frente, mientras sus pechos se bamboleaban ante mi cara…era una sensacional y muy caliente situación.

En un momento mi tia, mientras me ponia un paño humedo en la frente y tomaba mi temperatura con un termómetro, apoyo al descuido su mano cerca de mi muy erecto miembro. Creo que contuve la respiración esos celestiales momentos en que duró aquella escena. Tia Paola debio darse cuenta de mi ereccion pues retiro su mano de inmediato y me sonrio algo nerviosa. Se levanto y me dijo

-te traere algo fresco martu…debes hidratarte…

La vi irse con esa tanguita enterrada en su hermoso culito y casi acabo alli mismo.

Volvio con jugo de naranjas y para darme de beber, se sento a mi lado y me ayudo a incorporarme abrazandome con dulzura.

Bebe todo mi martu, ya la fiebre esta cediendo…

Poco a poco bebí todo el vaso , al terminarlo Tia me apoyo en su regazo y me pidió que tratara de dormir un poco.

Apoyado en esos pechos di rienda suelta a mis mas oscuros deseos y la imagine teniendo sexo conmigo, pidendome mas, poseida de deseo, chupando mi pija con voracidad…

Pero solo soñaba por la fiebre y al despertar mi tia dormia a mi lado, con su boca pegada a mi cara.

No resisti la tentacion y la bese, lo cual la desperto inmediatamente, sobresaltada me miro y me dijo:

-Martu! Estas mucho mejor veo…!

-Perdon Tia – respondi

-es que soñaba… -trate de justificar mi proceder.

-No hay problema Martu…estas en la edad de la revolución de las hormonas y lo entiendo. Pero no lo digamos a nadie si? Será nuestro secretito.

Y sonriendome me besó nuevamente y se fue a preparar el desayuno.

Pasaron años de aquel hecho y no volvimos a estar en otra situación igual, pero nunca olvide ese beso.

Y estaba seguro que ella tampoco.

Paola era una mujer tranquila, exhuberante, simpatica, a la que mi

tio, por su adiccion al alcohol, no atendia como ella merecia.

  Pasabamos tardes tomando mates los dos sentaditos uno frente al otro

en el patio trasero de su casa, yo comiendole los pechos con la mirada

y saboreando su saliva de la bombilla. Ella me retaba porque queria que

yo llevara una novia y se la presentara, me decia:

   -sobrino cuando vas a venir con una chica? me imagino que a tus años

debes andar rasguñando las paredes no?

  Yo la miraba y le contestaba

  - Y si tia…a veces ando re caliente…que se le va a hacer!

  Ella sonreia y lo dejaba alli, pero un dia, una tarde en la cual mi

tio estaba de viaje y mis primos en un campamento, la historia, por fin, cambio.

  Ella me recibio con una remerita corta que dejaba ver su ombligo y

sus pezones duros asomaban pidiendo guerra, tenia un short de jean

ajustado por el cual escapaban sus nalgas …

  -Tia estas para el infarto !!!-le dije mientras nos saludábamos

  -Si no fueras mi tia…-exclame mirándola con picardía.

  Ella se sonrojo y me dijo

  -Hay Martin!!! las cosas que decis che…si soy una vieja

  Yo me hice el enojado y mientras ella terminaba de cerrar la puerta,

la abrace y le dije

  - Vos no sos una vieja Paola, sos una hermosa mujer, no vuelvas a

decir eso por que me enojare!

  Ella sonrio y me abrazo con fuerza y me susurro al oido

  -te gustan las maduritas sobrino?

Recorde el beso que años atrás nos dimos. Mi pija se endureció inmediatamente.

  Pero solo sonrei y le guiñé un ojo, luego le pregunté

  -Que raro vos vestida asi !!! esperabas a alguien?

  -A vos te esperaba Martu-me dijo sonriendo y tomando mi mano

Me sonrojé. La miré bastante nervioso.

  -Vamos a tomar algo fresco-agrego y me llevo a la cocina.

  Alli me conto del viaje del Tio y el campamento de mis 2 primos, y me

confesó que tenia ganas de que yo fuera a visitarla para acompañarla

esos dias.

  -Entonces me esperabas de verdad!!! Que bueno Paola! Yo también tenia

ganas de verte!- le dije entusiasmado

  -Seguro la vamos a pasar muy bien..-dijo con voz sugerente

  -Queres que vayamos de compras asi tenemos provisiones para el fin de

semana?- me pregunto.

  -Si claro, te acompaño, pero dejame darme una ducha antes

  -okey, vaya y apurese que me voy a cambiar este disfraz de

gata!!!-exclamo a pura carcajada

  Ella fue hacia el dormitorio, yo hacia la ducha, entré al baño, me

saque toda la ropa y me di cuenta que no habia toalla disponible, solo

una bastante humeda; me envolvi en ella de la cintura para abajo y fui

a

pedirle una a mi tia.

  Entre al dormitorio y la encontré en tanguita y con los pechos al

aire, ella se sobresaltó y se cubrió con las manos, sonrojándose levemente.

  -Perdoname Paola…es que no habia toalla seca y yo…-dije sin

sacarle los ojos de encima.

  -Hay Martin…pareciera que nunca viste a una mujer medio

desnuda…me pones nerviosa!!!

  -Y vos a mi ni te cuento-respondi y me mordi la lengua…pense que me

habia propasado en mi comentario, pero Paola se acerco a mi y dandome

un beso en la mejilla me dijo:

  -Martu…te gusto?

Nunca habia logrado olvidar aquel beso, y alli estaba frente a mi, casi desnuda e insinuandose…

-Toda la vida me has gustado Pao…nunca olvide nuestro beso…

Respondí nervioso y excitado.
  No se si para ese entonces ella ya habia notado la erección

descomunal que yo tenia, o si mis nervios la llevaron a deducir mis

deseos, lo

unico cierto es que no pude decirle mas, solo me limite a tomarla del cuello

con

suavidad y besarla en la boca; que me recibió abierta, con su lengüa

jugueteando con la mia afiebradamente y apretando su cuerpo contra el

mio

con fuerza. Mis manos volaban por su cuerpo, que se estremecia ante mis caricias. Visitaron su espalda, sus nalgas, escalaron sus pechos y buscaron su ya humeda conchita…

  Fue un beso maravilloso, y duro varios minutos, al cabo de los cuales

ella comenzo a jadear y me pidio:

  -Llevame a la cama y haceme tuya Martu

  La levante en brazos sin separar sus labios de los mios, y caimos

juntos en la cama.

  -Hace tiempo que fantaseo con esto- me dijo entre lengüetazos…

  -Yo hace años sueño con hacerte el amor Paola-le respondi mientras

apoyaba mi miembro, aun con la toalla encima, sobre su conchita, que

todavia escondia su pequeña tanga.

-ay Martu…la tenes grande y dura – murmuró mientras la tanteaba con sus manos a traves de la tela.

-Damela Martin…La quiero toda!!!

  Ella me acarició el pecho, me fue besando las tetillas, y me susurró

  -Por fin esta Verga es mia!!! Hace rato que no tengo una como la

gente!!!

  me saco la toalla a los tirones, desesperada…

  Y se la metió lentamente en la boca…

  Ahhhhhh fue sensacional, yo miraba mi miembro perderse en esa boquita

carnosa y me estremecia de placer, ella clavo sus ojos en los mios

mientras me fellaba como una verdadera PUTA, y eso me enloquecia…Su

boquita se cerraba sobre el glande con suavidad, mientras retorcía la

lengüa como una serpiente acorralada en su cubil.

  Sus jadeos, su cabello desordenado, su culo en esa diminuta tanga (

que se notaba empapada) y su mirada me harian perder la razón. Debia

darle a mi tia Paola un poco de su propia medicina…

  -AHHHH lauraaaaaa….yo tambien quiero chupartelaaaaa-le rogué.

  Sin soltar mi pija se dio vuelta ofreciendome la vulva en mi cara.

Practicamente le arranque la tanguita en tres zarpazos, y disfrute la

vista solo unos pocos segundos antes de comerme la concha que mas habia

deseado en mi vida. Hasta ese momento me habia encamado con tres

boluditas que mucho no sabian. Un olvidable Pete ( asi llamamos a la

mamada en argentina), y una vez un culo

(casi bah, porque se la enterre y me obligo a sacarla a los gritos), lo

demas habia sido

siempre ponerla y chau.

Pero mi tia Paola era una mina hecha y derecha,

que sabia bastante, no porque mi tio la supiera satisfacer o coger muy

bien, sino porque ( como ella misma me contaria mas adelante ) leia muchas historias eroticas y ( a escondidas )

miraba peliculas pornográficas.

  Era mi primer 69, y fue espectacular, le enterre la lengüa entre los

labios mayores y subi hacia el clitoris, al sentir sus temblores y

alaridos cuando masajeaba con la punta de mi lengüa ese botoncito,

acelere

mis lamidas, lo cual la puso totalmente loca, gemia, jadeaba, gritaba,

se encorvava,temblaba, estaba gozando de manera desenfrenada, y en eso,

yo, que con sus alaridos me calente aun mas, senti que ya no podia mas

retener esa leche que durante años espero por mi tia.

  -Paolaaaaa voy a acabar-grite

  Ella me clavo las uñas en las nalgas y aceleró sus movimientos al

mismo tiempo que gritaba:

  -ahhhhh….ahhhhhhh….yo…tambien…ahhhhhhhhh ….siiiii…dame

toda …ahhhhh ….toda tu lechita….ahhhh

  y con un estremecimiento que nunca olvidare, mi poronga, endurecida y

fuera de control, lanzó largos chorros de caliente semen en su garganta

casi en simultaneo con su acabada, que hacia temblar su vagina en mi

boca. Lami su culo que, casi imperceptiblemente, se abria y cerraba en

sintonia con sus violentos espasmos. Ella gemía descontrolada,

  Sentia su lengua saborearme y chupar con fuerza, mientras decia:

  -MMMMMM….siiiiiiiii…que rico!!!! ahhhhhhh

  yo la escuchaba y sentia desmayarme ante tanto placer, mi lengüa se

hundia en su culito cada vez mas, dilatandolo y ensalivandolo con

insistencia..

  -ayyy Martu!!! me queres hacer el orto tambien?! me gritó empujandome

cada vez mas el culo en mi cara

  -Paola, a partir de ahora soy tu dueño, y vos mi dueña-conteste con

la voz enronquecida…

  -Siiii papito…haceme lo que quieras mi amor- me grito lamiendome

los

huevos y aun temblando

  -Me trague toda tu leche, y jamas habia hecho algo asi…-confeso

lamiéndose los labios con satisfacción

  estábamos re-calientes y todo el tiempo que demoramos en concretar

nuestras fantasías estaba siendo recuperado con creces. La lechada que

añeje por tantos años recién asomaba a lo que seria el mas salvaje fin

de

semana de nuestras vidas.

  Mi lengua no dejaba de perforar su culito con ansias y ella me

limpiaba la Pija con una dedicacion alucinante.

  Mi miembro que no se habia ablandado del todo se estaba endureciendo

otra vez y entonces…

  FIN DE LA PRIMERA PARTE

  MARTIN

  ESCRIBIME!

   martinxy@yahoo.com.ar tengo una historia que

podemos protagonizar juntos

calientes incesto paola tia calientes incesto paola tia

Sexo en gimnasia

Tuesday, September 25th, 2007

Esta es una historia real, tan real que me pasó a mí en persona luego de una clase de educación física en uno de los más importantes y prestigiosos colegios de la República Argentina…

  Todo comenzó un viernes a la mañana, eran las 8 cuando sonó el despertador, me levanté de un salto, me fui a duchar y tomar mi desayuno para irme a gimnasia

   El profesor era Mauricio Ricco, y como su apellido lo indicaba estaba riquísimo, era un hombre de unos 41 años de edad, pelo corto tipo militar, de imagen ruda y masculina, 1.80 de altura, con carácter bastante estricto, pero eso si… con un cuerpazo que los de 20 quisieran tener… unos pectorales que parecían inflados, unos brazos sólidos como el acero y unas nalgas paraditas, en el punto justo. Eran el objeto mas codiciados por varias jóvenes y uno que otro hombre…

  Generalmente en sus clase nos mataba, no literalmente, de cansancio, nos hacia correr mucho, practicar mucho deporte, era mas que nada dictadura estar en ellas…pero por ver ese culo y ese pecho velludo a través de su camisa ajustada y desprendida lo que me pidiera…

  Después de las clases nos retirábamos e íbamos a las duchas para cambiarnos e irnos a clases… mientras él se encargaba de llevar todo el material utilizado al sótano del colegio… Tenia que bajar 2 escaleras, pasar tres puertas y finalmente depositar todo en un cuarto húmedo al que todos llamábamos ‘’La Madriguera’’…

   Un viernes por la tarde, luego de la clase de gimnasia me ofrecí a ayudarlo a cargar todo el material, la verdad que era pesado, pero con ese físico que cosas no habrá levantado…Mientras el iba delante mío marcándome el lugar donde dejar las cosas, yo iba detrás suyo sin perder detalle de ese culito que me tentaba cada vez mas… era un manjar pocas o, creo, nunca antes devorado…

   Mientras dejaba las cosas una pila de elementos se me cayó encima, lo que me llenó de polvo el rostro. Ricco solo atinó a limpiarme la cara con sus grandes y monumentales manos, me estremecía cada vez que sus dedos, sus manos, su respiración entraban en contacto con mis sentidos…

   Terminada la labor subimos de nuevo y mientras lo hacíamos hablábamos un poco, como si empezáramos una amistad…Durante la semana no hice mas que pensar en su cuerpo, en su mirada, en la forma en que me trataba,