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Le di su Premio

Hola amigos soy Nidia trabajo como secretaria en un centro de estudios superior y le di a un alumno por ser muy aplicado una recompensa que ni él mismo se esperaba. 

Diego, así se llama el muchacho que ha sido el mejor amante que he tenido en mi vida, tiene 24 años, un pene grandísimo y muy grueso; yo por mi parte no estoy nada mal, tengo 40 años, pero mis tetas siguen en su lugar y mi culo como es grande vuelve locos a los chicos que ahí estudian, pero solamente a Diego se lo entregué, ya que él también me miraba siempre con mucho deseo. 

Yo siempre lo he notado pero preferí no decir nada ya que siempre es bueno guardar respeto, no puedo negar que deseaba y soñaba con que su verga entrara en mi vagina y también en mi culo y me trataba como una perrita mientras me bombeaba toda. 

Hasta que un día me decidí, fue el último día de sus clases en el centro de estudios, él había venido a hablar conmigo referente a sus papeles, entonces decidí provocarlo, iba de un lado para otro, enseñándole mi trasero, había ido con falda ese día para mostrar también mis piernas, entonces decidí hacer algo para mostrarle a Diego mi culo en toda su dimensión, para que se fuera calentando para nuestro encuentro sexual que ocurriría momentos más tarde, encuentro que ni él mismo sabía que ocurriría, así es que boté unos papeles adrede para tener que recogerlos y al estar esparcidos, le mostraba más tiempo mi culo para que lo deseara con más ansias de lo que ya lo hacía, y eso hice, noté que Diego me miraba con mucho placer y al despedirlo segundos después vi que su miembro estaba duro como piedra, lo cual me excitó muchísimo y me puso aún más caliente que de costumbre. 

Entonces no pude esperar más y como 10 minutos después fui a buscarlo a su aula, lo hice salir y le dije que le iba a dar una sorpresa que la dirección le había dado por ser un buen alumno, entonces Diego no dudó en acompañarme, entramos a la oficina en que le dije que se encontraba su obsequio, ahí le dije que se sentara en la silla y le pedí por favor que cerrara los ojos ya que era una sorpresa, él aceptó mi pedido y una vez que lo hizo, empecé a desnudarme, me quité la blusa, mi falda y por último mi brassiere, tenía mi calzón, pero quería que Diego me lo quitara; entonces me acerqué a él desabroché su pantalón y vi por fin su grande y hermosa verga, era una delicia para mis ojos y una vez afuera, le hacía la paja lentamente para que no se corriera, me acerqué a sus labios y lo besé, con gran emoción noté que me correspondía, entonces me senté en sus piernas, sus manos recorrían cada parte de mi cuerpo con gran pasión y yo estaba como loca por que me penetrara, cogí sus manos e hice que me cogiera de las tetas, le encantaba jugar con ellas, acerqué mis pechos a sus labios y los empezó a lamer y a chupar con desenfreno. 

Sus manos llegaron a mi culo que todavía lo cubría mi calzón, acerqué de nuevo mis labios a los suyos, y antes de terminar el beso Diego me dijo: Creo que ya puedo abrir los ojos ¿no, Nidia?, al escucharlo hablarme así me calentó aún más de lo que ya estaba y cuando abrió los ojos su primera expresión fue: Estás riquísima, mejor que todas las chicas que estudian aquí; lo miré a los ojos y lo besé de nuevo, parecía una colegiala cuando estaba a su lado, entonces miré su pene y comencé a bajar suavemente. 

Al llegar a su miembro, lo tomé entre mis manos, lo acaricié y me lo metí a la boca, le di una mamada como nunca en mi vida porque nunca lo había hecho, ni en la suya porque me dijo: Nidia es tu primera vez mamando una verga ¿verdad?, asentí con la cabeza ya que no quería sacar su verga de mi boca, y me dijo lo haces como una experta que rico la chupas no pares, se la seguí mamando y antes de que se corriera me dijo: Nidia, yo también quiero probar el jugo de tu conchita, yo sonreí y me puse de pie, Diego se acercó a mi, se puso de rodillas y me quitó el calzón, vio mi vagina y me dijo sonriendo es muy linda tu conchita y me la besó, yo me estremecí, me abrió un poco las piernas y me lamió la rajita, abrió mis labios vaginales y jugó con mi pepita, entonces me jaló a mí hacia el suelo colocándome sobre él e hicimos un 69 de lo lindo. 

Él chupaba mi conchita en toda su extensión, yo chupaba su pene con cierta dificultad porque era muy grande, hasta que luego de un momento sentí un nuevo placer, su lengua recorría el agujerito de mi culo y yo ardía en placer, tanto que me vine y le di de tomar mis jugos que él tanto deseaba, al momento que Diego también me daba de su lechita calentita. 

Yo necesitaba de su pene dentro de mi vagina y se lo hice saber diciéndole: Diego, hazme tuya de una vez, tú eres el único que me puede apagar el fuego que llevo por dentro, él se sonrió entonces me volteé, me arrodillé, tomé su verga y la acomodé lentamente en mi conchita, quería sentirla en toda su dimensión y una vez que la tuve toda dentro de mí, di un gemido de placer. 

Diego era un perfecto amante, mientras yo estaba sobre él, me acariciaba todo el cuerpo, y yo meneaba las caderas para sentir como me poseía cada centímetro de su verga, de rato en rato se sentaba y me chupaba los pechos y me daba besos en la boca los cuales yo correspondía con mucho gusto, y con alaridos de pasión. 

Cambiábamos de posiciones por momentos, yo de espaldas a él, luego me echó sobre el suelo de costado y él colocándose atrás de mí me penetró con todas sus fuerzas, hasta que me dijo para hacer la posición del perrito ya que le agradaba mucho y además me dijo que quería ver mi culo mientras me follaba, yo accedí a su petición sin saber lo que me esperaba una vez que estuviera en esa posición. 

Diego me enterró su verga de una sola, yo lancé un gemido que lo excitó mucho y comenzó a bombearme la vagina de una forma frenética, por lo cual yo entré a la dimensión de orgasmos múltiples, me llegaban uno tras otro, creo que hasta me desvanecí un momento y cuando volví en sí, Diego continuaba bombeándome la conchita pero ya más despacio, y empezó a meterme los dedos en mi culito, yo lo dejaba hacerlo sin imaginar lo que él tenía en mente, cuando después de 10 minutos más de bombeo, descargó su lechecita en mi vagina, yo lancé una gemido de placer extremo mientras que de su pene seguía brotando leche, llenándome toda. 

Quería llevarme su pene a mi boca para tomar más lechita, pero cuando sintió que estaba sacándome su verga, me cogió de las caderas con más fuerza, y me dijo: todavía no acabo; y así sujetándome firmemente de las caderas, sacó su pene de mi vagina y la dirigió en la entrada de mi culito, al notar que yo quería escapar de él, me dijo: Nidia, no sé si lo has hecho antes o no, pero tú me dijiste que eras mi premio, así es que puedo hacer lo que me plazca, además no te preocupes no te haré daño. 

Pero Diego, le dije, por ahí nadie me la ha metido, soy virgen por ese hoyito. Mejor aún, me dijo, ahora tu culo quedará marcado con mi semen y será solamente mío. Al oír eso solo me quedó decirle que hiciera lo que quisiese conmigo, porque ahora yo era suya. 

Entonces comenzó a ablandar mi agujerito punteándolo con mucha fuerza, y haciendo fuerza aún mayor para que entrara, yo soltaba algunas lágrimas que aún no sé si eran de alegría por perder la virginidad del culo o de temor de que un pene tan grande me entrara por atrás porque podía hacerme daño. 

Cuando de pronto la cabeza de la vergota de Diego comenzó a entrar en mi cola, yo grité de dolor ¡sácala, me duele mi culo, me duele mi culo no ya no por favor!, le dije, pero él no paraba y siguió metiéndola centímetro a centímetro, hasta que por fin sentí que sus huevos tocaron mi cuerpo, yo continuaba llorando y él empezó a bombear muy despacio, pero al sentir mis quejidos se detuvo, me hizo voltear la cabeza y me dio un largo beso en los labios; mientras tu huequito se acostumbra a mi verga, me dijo, yo sonreí, y luego de un momento comenzó a bombearme la cola despacio, y cada vez iba aumentando más y más el ritmo del bombeo, hasta que mis quejidos de dolor se convirtieron en gemidos y gritos de placer. 

Diego me bombeaba el culo de una manera deliciosa, y yo disfrutaba cada bombeada que me daba; más, sigue, no me la saques, soy tuya Diego sólo tuya, gritaba, mientras él me decía: lo sé, Nidia, lo sé. 

Luego de 30 minutos de estarme dando por el culo, Diego se vino dentro de mí, tenía toda mi cola llena de leche y yo brillaba de felicidad, y Diego me dijo: ahora este culo me pertenece y me dio una palmazo en las nalgas; sí, es todo tuyo, cada vez que quieras meter tu verga en mi culo yo te lo daré con mucho gusto, respondí yo. 

Y así yo caí rendida al suelo y él se tiró sobre mí porque aún tenía su verga metida en mi cola y una vez que salió la tomé entre mis manos y la comencé a chupar con emoción mientras que le decía que él era de ahora en adelante mi único hombre, el único que quería que me cogiera, y el único que me iba a follar. 

Así fue como acabó esta aventura que aún recuerdo con mucha emoción, ya que fue cuando perdí la virginidad de mi colita y además porque todavía sigo siendo la mujer de Diego porque cada vez que viene al instituto me folla y siempre me pide que le de mi culito y yo se lo doy siempre, ahora ya se acostumbró mi culo a su pene así es que ahora es mucho más sabroso el sexo con Diego, porque como lo dije antes ahora él en mi único hombre, el único que me folla, con el único que yo disfruto plenamente y es la única verga que quiero comerme y que me coma. 

Adiós, espero que les haya gustado mi relato, hasta la próxima, besitos a todas las vergas y conchitas, que lo hayan leído. 

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Un comentario en “Le di su Premio

  1. Nidia, me la culiaria a cada momento, l÷astima que sea tan perra y ya se lo ha dao a todo el instituto..ers comidilla de todos

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