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Obligada a Hacer Strip Tease en el Cabaret de mi Tí­o III

Hola, mi nombre es Julieta. Voy a contarles algo que me paso en unas vacaciones a los 21 años, cuando me fui a Mar del Plata. Ese verano organicé todo para irme de vacaciones con dos de mis mejores amigas. Sin embargo, como ellas tenían menos días de vacaciones que yo, yo decidí irme de vacaciones dos días antes que ellas y luego nos encontraríamos en la ciudad balnearia.
Al igual que en mi viaje a España, hecho dos años antes que este, hago todos los preparativos para partir y el 31 de diciembre ya tengo todo listo. Paso el Año Nuevo en familia, pero muy ansiosa y deseando que llegasen mis queridas vacaciones.

El 1ero. de diciembre tomo el micro y salgo hacia Mar del Plata. El viaje en micro fue bastante largo. El micro era bastante viejo y paró en varios lados. Cuando no pinchó una goma fue por un problema mecánico, pero la cuestión es que tardó casi 8 hs. en ir de Buenos Aires a Mar del Plata.
Finalmente, llego a la terminal. Mis ansiadas y esperadas vacaciones con amigas estaban por empezar. Aunque claro ellas vendrían dos días después.

En la terminal bajo del micro bajo y voy en seguida a tomar un taxi. Pues el equipaje que llevaba era muy pesado para una chica como yo. Aunque claro, quería llevar toda mi ropa, no quería que me faltara nada. Ese verano, quería ser una diosa total en la playa.
Llego al edificio, que yo no conocía, ya que lo alquilé por teléfono y fotos desde Buenos Aires. Y realmente era un muy lindo edificio con departamentos múltiples y casas en la planta baja, que pertenecían a la misma estructura de departamentos. El nro. del departamento era el 03. Entro y la verdad que por dentro era muy muy lindo. Bien decorado, con muy buen gusto. Colores claros, muy ameno.
Era primero de enero, y obviamente el edificio parecía medio vacío. No todos los vacacionantes habían llegado aún. Todo parecía bastante tranquilo. Sin embargo, al otro día llegan unos chicos de Rosario. Eran unos cinco en total y habían alquilado el departamento de al lado al mío y de mis amigas, el 04.

La primera vez que me crucé con ellos fue cuando yo estaba volviendo de la playa al mediodía para comer en la casa. Tenía puesta una bikini amarilla muy diminuta y erótica, y la verdad que esos chicos no pudieron dejar de mirarme. Podría decir que los dejé bien calientes. Incluso creo, aunque no llegué a escuchar muy bien que me gritaron algunas obscenidades. Realmente, me desnudaron con la mirada, es más me cogieron con la mirada.
La verdad que los dos primeros días fueron bárbaros. El primer y segundo día de playa, hubo un sol total, calor, arena. Dos días de playa magníficos. Uno de esos días, uno de los cinco chicos rosarinos el más lindo de los cinco y podríamos también decir que el líder de la banda, me tira onda. Se me acerca y me dice un piropo malísimo: “Si la belleza fuera pecado, vos no tendrías perdón de Dios”. La verdad que me reí pero de lo malo que era el piropo y al chico no le gustó nada. Se sintió herido en su orgullo y ante sus amigos, que se rieron a carcajadas de su fracaso. Por lo bajo, mascullaba: “Ya vas a ver”. Más tarde sabría que se llamaba Kevin. Y la verdad que más allá, de ser muy malo hablando con chicas, estaba muy bien formado, era muy musculoso y lindo de cara, alto y parecía bien dotado.
Al tercer día a la tarde al volver de la playa estaban esos chicos algo tomados en el hall de la entrada del edificio. Yo paso entre el medio de sus lascivas miradas, que me recorren de arriba abajo, desde pies a cabeza, pero deteniéndose especialmente en mi culo y en mis dos hermosas tetas. Cuando estaba por introducir la llave en la cerradura de mi departamento, siento dos fuertes brazos que me agarran por detrás, me empujan un poco y me meten en su casa, en e departamento 04.
Sin mediar palabra, el que me agarro por la espalda me tapa con una mano la boca y con otra los ojos. Enseguida viene otro y me venda los ojos y me amordaza la boca para que no gritara.

Yo estaba vestida esta vez con sandalias, un pareo, una remera ajustada blanca y una bikini color lila. Ni bien puse mi primer pie en el departamento de ellos, el pareo ya me lo habían arrancado y tirado por ahí. Se acercó un tercer chico y sentí como con una tijera, cortaba mi remera blanca, dejándome ante ellos solamente en bikini. El primero de ellos en hablar fue Kevin y dijo: “Hola bombón, soy Kevin y la verdad no me gustó para nada como me trataste en la playa. Podríamos habernos hecho buenos amigos de entrada, pero vos lo elegiste así”. Yo estaba en estado de shock, no entendía en absoluto lo que estaba pasando. Enseguida interviene otro de los chicos, Eduardo y dice: “Tranquila, está un poco enojado por lo de ayer, pero no te preocupes, que vamos a pasar unas hermosas vacaciones todos juntos …”.
Se acerca nuevamente Kevin (los nombres de los tres chicos que faltaban eran Juan, Gastón y Pedro y tendrían todos ellos un promedio de 24 / 25 años) y me desabrocha el corpiño y luego me baja la bombacha de la bikini. Quedo desnuda ante ellos, que se quedan un rato en silencio, contemplándome. Hasta que Kevin le hace una seña a Eduardo, que era el que me mantenía fuertemente sujeta por detrás y este me hace inclinar 90 grados, en la mesa en que comían. Todo esto a la vez que yo no veía nada, y sólo podía emitir débiles gritos, ya que estaba amordazada. Kevin, comenzó a darme los chirlos en la cola, más fuertes que había recibido en vida. A tal punto, que cuando terminó me quedó toda la cola enrojecida. Luego, le dijo a Juan y a Gastón: “Llévenla arriba”. 
Así fue como me dejaron 5 días atada por las muñecas y los tobillos, desnuda y con los ojos vendados en una de las piezas del primer piso de la casa. No me hablaban, no me decían nada. Yo no sabía que pensar. De vez en cuando venía alguno y me tocaba un poco las tetas, o el culo, pero eso era todo. Ni siquiera me daban de comer o de tomar. Al cuarto día cuando sube uno de los chicos le empiezo a preguntar que era lo que querían de mí. Tanto le insistí o le fastidié, que agarró mi propia tanguita, me la metió en la boca y me amordazó nuevamente. Así pasó un día más en la oscuridad total. Mientras tanto, yo escuchaba como esos chicos iban y venían hacia y desde la playa. Ellos estaban realmente disfrutando sus vacaciones.
Al quinto día de estar encerrada, ya tenía mucha hambre y mucha sed, sube Juan y me pregunta: “¿Querés disfrutar las vacaciones divirtiéndote con nosotros’”. “Sí” digo yo sin dudar, ni pensar. Cualquier cosa era mejor que la situación en la que me encontraba. “Tengo hambre y sed” le dije. En eso subía Pedro, que había escuchado y dice: “Así que tiene sed la putita”. “Traéla para abajo” le dice a su amigo. Así desnuda y vendada en los ojos como estaba, me llevan al piso de abajo y me sientan en la cabecera de la mesa. Me acercan un vaso a los labios y yo empiezo a tomar agua. No habré llegado a tomar medio vaso de agua, cuando de repente me sacan el vaso de la boca y Kevin dice: “Bueno, este medio vaso de agua, es toda el agua que vas a tomar en quince días. A partir de ahora y hasta que terminen tus vacaciones, el único líquido que vas a tomar, es nuestro semen”. Los otros se reían y gritaban cosas. Acto seguido, uno de ellos que no sé quien fue, me pone su pija en la boca. Me quedo inmóvil un segundo, pero luego instintivamente empiezo a chupar. Chupo, chupo y sigo chupando hasta que Kevin me agarra del pelo, me hace lamerle los huevitos, lo que lo calentó demasiado y luego vuelvo a chuparle el pene y al poco tiempo acabó en mi boca. Su semen, fue como una caricia en mi garganta, una sensación de alivio única a la terrible sed que tenía en ese momento. No se si fue un acto de inconciencia o qué, pero luego de esto, no tuve mejor idea que decir: “Tengo más sed”. Enseguida, Eduardo me puso su pija en la boca y tuve que darle una buena mamada. Lamí su pene, muy lentamente. El me agarraba de la cabeza, del pelo y me hacía tragar su verga hasta el fondo. Yo abría la boca lo más que podía y chupaba, y utilizaba mi lengua para darle la mayor cantidad de placer posible para extraer un buen trago de leche que me calmara totalmente la sed. Seguí chupándole el tronco de su pene, aunque por momentos me iba a sus testículos, que lamía una y otra vez y eso lo calentaba mucho a Eduardo. Cada tanto el me decía: “Mirame perra, mientras la chupas” o me decía “¿Te gusta, no? ¿La pija te encanta, no?” y yo lo miraba sumisamente y le hacía que sí con la cabeza ya que sino lo hacía el me agarraba fuertemente de la cabeza y el pelo.

Finalmente, le extraje una buena cantidad de leche. Luego de Eduardo, no tenía más sed, pero ello no impidió que Juan, Gastón y Pedro, en ese orden, me pusieran sus calientes vergas en la boca y arrojaran todos ellos sus calientes líquidos masculinos dentro de mi boca.
Una vez que me hube sacado la sed, me acordé de que tenía hambre y dije: “Tengo hambre”. Saciados momentáneamente de sexo, ninguno hizo el chiste fácil del tipo vas a comer salchicha o chorizo. Me dieron de comer un puré muy rico y luego un plato de arroz muy bien condimentado. Cuando lo terminé uno de los chicos se acerca con una banana y dice: “Bueno, es la hora de comer la fruta”. Pela la banana y me la mete en la boca. Yo le digo: “Gracias, pero no tengo más hambre”. Gastón, montó inexplicablemente en cólera y dijo: “Parece que la señorita no tiene más hambre, pero como decía mi abuela hay que comer fruta. Juan traéla para acá”. Juan me empuja hacia un sillón que tenían al lado de un ventanal que daba al pasillo del edificio y me ponen en cuatro. Luego, me introdujeron la banana pelada por el ano. Empezaron a empujar y sacar, empujar y sacar, empujar y sacar, empujar y sacar con la banana. Mientras todos se divertían y gritaban cosas, Gastón cada vez me metía la banana por el culo más rápido y más fuerte. La fuerza y la velocidad que le imprimía al movimiento me estaban haciendo estallar el culo. Estallar de placer por suerte. Ese extraño artefacto, me arrancó uno de los orgasmos más placenteros de toda mi vida y uno de los cuáles más flujo vaginal salió de mi vagina.
Yo pensé, ingenuamente, que luego de todo lo que les había hecho, me iban a dejar ir a la playa y pregunté: “¿Hoy vamos a ir a la playa, no?”. Kevin me responde: ”No. Todavía no vamos a ir a la playa. Hoy a la noche, como no tenemos ganas de ir a bailar nos vamos a quedar acá y te prometo que van a empezar tus vacaciones”.
Nuevamente me llevaron a la pieza de arriba y me dejaron desnuda y atada.
Cuando se hizo de noche, los chicos volvieron de la playa. Se bañaron, comieron, en fin, hicieron todas las cosas que uno hace cuando se va de vacaciones y vuelve de la playa. Luego de comer, tipo a las 23:30 hs. viene uno de los chicos a la habitación dónde yo estaba, deja algo en la cama de al lado y me desata. Y se va. De abajo escucho que uno de ellos grita: “Sacate la venda de los ojos. Ponete la ropa que te dejamos en la otra cama y bajá”. Era un traje de enfermerita sexy. Tenía el clásico gorro, zapatos blancos, medias blancas largas hasta las rodillas, corpiño con triangulitos blancos, bombachita blanca y una falda muy corta (casi ridícula podríamos decir, ya que me quedaba medio culo afuera). No me gustaba la idea de vestirme así para ellos, pero no tenía mejor opción si pensamos que había pasado 5 días completamente desnuda. Finalmente, me visto y bajo por la escalera.
Cuando me asomo y empiezo a bajar la escalera, los chicos me aplauden y me gritan: “Diosa!”, “Potra!”, “Yegua!” y otras cosas lindas al principio. Cuando termino de bajar ellos estaban sentados en sillas formando una ronda, me hacen entrar al medio de la ronda y ahí empezaron los manotazos. Me tocaron el culo como nunca en mi vida, me apretaban las tetas, en fin me manosearon toda un buen rato. Sentía como me tocaba las tetas, algunos las apretaban muy fuerte como si quisieran hacerlas explotar, otros las masajeaban suavemente, otros se enfocaban en jugar con mis pezones. Lo mismo con el culo, algunos me daban palmaditas, otros me hacían caricias, pero todos me toqueteaban. Cuando se sacaron un poco las ganas de toquetearme, no faltó uno que dijera: “Enfermera, me duele acá” señalándose su miembro viril. “¿Por qué no me cura?” Desde ya que curarlos significaba chuparles el pene hasta que me acaben en la boca o en el mejor de los casos pajearlos. Una vez que “curé” a Gastón y a Juan, Pedro pone música de Strip Tease (creo que era un tema de Britney Spears primero y luego vino un tema de los ochenta) y me hacen bailar para ellos en el medio de la ronda. “A ver cómo te vas desnudando” dijeron algunos. 
Y así empecé a bailar para ellos al ritmo de la música. Me agachaba moviendo la cola. Me meneaba, me acercaba y me alejaba de ellos. Primero me saqué el gorro de enfermera y me solté con gesto sexy el pelo. Todo mientras de fondo la música seguía sonando e invitaba al baile sexual. Luego me saqué con un movimiento de pies los zapatos y como jugando le pedí ayuda a dos de ellos para que me sacasen las medias. Cada prenda que me iba sacando era con ayuda de ellos. Gastón, me ayudó a sacarme el chaleco. Pedro me desabrochó la camisa. Eduardo me “arrancó” de un tirón la pollera. Quedando en bombachita y corpiño blancos bailé un rato más para ellos evitando que me dejaran desnuda rápidamente. Les bailaba de manera muy sexy. Estaban al palo. Y es en ese momento, cuando me veo de refilón en un espejo, bailando ante esos chicos y me sentí toda una diosa griega. Afrodita, la diosa del amor. Me sentaba alternadamente en cada uno de ellos, sintiendo todas sus anatomías, frotándome con ellos. Y yo me sacó el corpiño, porque el corpiño no me gusta que nadie me lo saqué. Las tetas son algo muy personal para la mujer y es ella quien debe decidir cómo, cuándo y fundamentalmente a quién mostrárselas. En este raro momento, aunque ya las habían visto, yo les quise regalar a esos chicos mis tetas al desnudo.
Luego de regalarles mis tetas, Kevin que estaba detrás se acercó y muy despacio me fue sacando la bombacha. Jugueteando con ella. Me la dejo un buen tiempo a mitad del culo, mientras yo bailaba para ellos y luego me la sacó del todo, dejándome completamente desnudita. Ellos se desvistieron también, bajándose primero los pantalones y Kevin fue el primero en agarrarme y atraerme para sí. Me hizo sentarme arriba de él y me empezó a coger fuertemente. Subía y bajaba, cerrando los ojos y gimiendo. Una y otra vez. Los otros no se acercaron nos respetaron. Yo estaba sentada arriba de Kevin y sentía como su dura verga entraba bien dentro mío. Entraba desde la vagina pero se elevaba erecta por dentro casi como si quisiera salir por mi garganta. La sentía bien dura y bien adentro. Y sus movimientos, el subir y bajar arriba de él, era algo realmente hermoso. Sabía cómo moverse y yo cómo montarme en él. Cerraba los ojos y gemía muy muy fuerte, mientras él por momentos ponía sus dos manos en mi culo y por momentos me sujetaba con sus dos manos las tetas. Me encantaba como me tocaba. Su pene tenía la fuerza de un toro y sus manos la suavidad de una flor. Jugaba con mis pezones, me pasaba la mano por la raya del culo, me tocaba el clítoris, en fin, estaba y recorría todos aquellos rincones de mi cuerpo que me daban placer. Verdaderamente disfruté esta vez con Kevin hasta que el acabó dentro mío. Yo había acabado 3 veces. Una vez que hubo terminado, Kevin se retiró y me dejó en manos de los otros chicos. Una verdadera lástima ya que algo en aquel chico empezaba a gustarme.
Eduardo estaba algo cansado y se fue a dormir. Pero los otros tres, Juan, Gastón y Pedro me llevaron hacia el sillón . En el sillón primero se recostó Pedro de costado, encima de él me pusieron a mí y del otro costado, casi de frente a mí se puso Juan. Pedro me metió los dedos en la boca, buscando saliva y luego me los metió en el ano. Probó con dos y tres dedos y luego atrás vino su miembro. Era muy muy grande. Insoportablemente grande. Desgarrador. Juan de frente me embistió por la vagina. El tercero en discordia, Gastón me puso la pija en la cara primero, paseándome sus huevos y su pene por la cara y luego me la metió en la boca. Yo tenía que doblar el cuello para poder chupársela. Así fue como los tres, simultáneamente, cada uno a su ritmo, pero todos con mucha intensidad y vigor sexual me hicieron una triple penetración. Me cogieron, me cogieron y me cogieron. No me daban descansado. Los tres empujaban con sus pijas con mucha fuerza. Yo estaba más que excitada. Tanta pija para mí sola. Tanta buena verga para mí sola. Aparte me tocaban por todos lados. Disfrutaban realmente de mi cuerpo y eso me encantaba y me hacía sentir muy bien. Me hacía sentir deseada y una perra en lo sexual. La situación, aunque rara, me excitaba muchísimo. Me vine varias veces. Tener esos tres machos para mí (y dos más). A los cuáles les gustaba y los excitaba. Con lo cuál me dejé coger como una buena señorita y puse todo mi esmero en la chupada que le di a Gastón. Este último fue el primero en venirse. Una vez más se vino sobre mi cara y mis tetas. Esta vez no me obligó a tragar su leche, fui yo quién pasándome el dedo por las tetas, me metí algo de su semen en la boca. Los otros dos seguían dándome a su ritmo. Duramente. Pedro me apretujaba las tetas con una fuerza demencial y Juan me penetraba y me penetraba sin parar. El sillón, cuyas patas eran de madera, hacían un ruido característico acompañando el movimiento. Pac Pac Pac. Me seguían dando pija por el ano y por adelante, hasta que acabaron sincronizadamente los dos al mismo tiempo, lo cuál me produjo una de las sensaciones sexuales más placenteras del mundo y creó la mejor que había experimentado en mi vida para ese entonces. Doble semen dentro de mí.
Al otro día. Eduardo: “¿Ché, la casa está sucia no? Le pregunta a Kevin. “Sí, la verdad que esto es una mugre” le contesta él. Al igual que el traje de enfermerita del día anterior, esta vez habían conseguido un traje de mucamita sexy. Juan sube a mi habitación y dice: “Limpiate toda la casa. Que brille”. A mi no me molestaba limpiar, de hecho en mi casa, muchas veces ayudaba con la limpieza, lo que iba a ser imposible era limpiar, mientras me miraran, me tocaran el culo, me hicieran agachar reiteradamente a buscar cosas, etc.. Que fue lo que finalmente pasó. Empecé lavándoles los platos y lo primero que hicieron fue venir de atrás y subirme la pollera dejándome en tanga a la vista. Yo seguía lavando los platos sin hacerles caso, pero volvían a venir y me pegaban nalgadas en la cola con la mano. Cuando se aburrieron de tocarme el culo con la mano, me pegaban las nalgadas con un palmeta que habían por ahí. Un poquito se les fue la mano, porque la colita se me enrojeció, aunque no me dolía.

Terminé de lavar los platos, me volví la falda a la posición correspondiente y continué por pasar una escoba al piso. Lo que empezaron a hacer aquí, fue tirar papelitos al suelo para que me agachara a recogerlos. Siempre los tiraban cerca de ellos para que me agachara y pudieran verme la tanguita o bien manotearme el culo. Por ejemplo, Juan tiró un papelito al piso y dijo: “Juli, acá hay un papelito”. Yo voy y me agachó para juntarlo y ahí él me mete la mano bien metida en el culo. Yo junto el papelito y sigo limpiando.

Agarro la ropa sucia de todos y la pongo a lavar en el lavarropa y limpio algunas otras cosas de la casa como la heladera y la cocina.

Por último, cuando ya había terminado con la limpieza general de la casa, me voy a limpiar el baño. Entro y cierro la puerta. Empiezo juntando ropa sucia de ellos que habían dejado tirada por ahí, paso un secador primero y luego preparo un trapo para pasar. De repente siento que la puerta se abre, entran los cinco desnudos y abren la ducha. Con lo cuál todo mi trajecito de mucama sexy se empieza a mojar rápidamente. El traje se pega aún más al cuerpo y mis formas de mujer se ven resaltadas. Los chicos no pudieron aguantar y entre los cinco me sacaron la ropa en un segundo. En menos de cinco segundo me dejaron desnuda nuevamente, frente a ellos cinco también desnudos en la ducha, que estaba prendida. Y así nos bañamos todos juntos. Bah, yo una ducha necesitaba y me bañé sin hacer nada, ellos se encargaron de pasarme el jaboncito por todos los lados necesarios. Aunque ciertas partes de mi cuerpo, no sé porque las limpiaron una y otra vez. No se cansaban de limpiarlas. Mis tetas, por ejemplo, creo que cada uno me las enjabonó, limpió y enjuagó a su manera, lo mismo con mi culito y ni hablar de mi conchita, que permanentemente tenía una mano encima. No perdían oportunidad tampoco, de alternadamente, apoyar sus miembros contra mi cola y frotarse un poco, o contra mi concha y hacer un pre-aviso de que esas pijas querían entrar por esos lados. Me apoyaban sus pijas en el culo, sin llegar a penetrame. Me enjabonaban, me tocaban. Me acariciaban la concha y llevaban mis manos hacia sus miembros. Me hacían acariciarlos en sus partes más íntimas. Yo les acariciaba los huevitos y dejaba que ellos me bañaran. También hubo mucho sexo en la ducha. Varias penetraciones, me hicieron arrodillar y mamar, también me penetraron uno por el culo y otro por la boca y así se fueron saciando de sexo, pero de ese momento lo que más recuerdo fue la última penetración. Nuevamente Kevin fue el último en quedar y pasamos un momento hermoso los dos solos bajo la ducha, con el agua acariciando nuestros cuerpos. Kevin me levantó en sus fuertes brazos, me puso contra una de las paredes de la ducha y empezó a cogerme con mucha pasión, yo literal y sensorialmente no tocaba el piso. Kevin me estaba haciendo llegar a otra dimensión, me estaba haciendo excitar muchísimo. Yo con mis piernas me “abrazaba” a su cuerpo y el embestía con toda su masculina potencia. Me sentí muy perra en ese momento y lo disfruté mucho. Lo pija entraba a pleno, en un 100 %, yo me elevaba un poco de su cuerpo y volvía a caer y su miembro se introducía profundamente dentro de mi. Kevin acabó dentro mío con mucha fuerza, dejo mucho semen en mi interior en esa ocasión.

Luego dos de ellos volvieron y me secaron con una pequeña toalla, toqueteándome todavía más.
Siguieron cumpliendo sus fantasías (aunque no voy a contarles todas ellas en este relato ya que se haría muy muy largo). El tercer día con ellos a la noche, me disfrazaron de colegiala. Al cuarto día de porrista y al quinto de Gatúbela. Básicamente pasó lo mismo que cuando me disfracé de enfermerita o de mucamita. Me miraron un buen rato, luego me hicieron “entretenerlos” un poco, me desvistieron y me cogieron y re-cogieron una y otra vez hasta el hartazgo.

Luego supe que lo de los cinco disfraces correspondía a uno por cada uno. Cada uno había elegido y cumplido la fantasía que más le gustaba.
Así fueron transcurriendo los días, mis vacaciones en la playa se transformaron en vacaciones puramente sexuales, sin playa. Al día 13, tenía mucha sed y le digo a Eduardo “Eduardo, tengo sed. Te puedo hacer un pete”. Hastiado y agotado de sexo, al igual que los demás me dice: “Ahora, no dentro de un rato”. Lo mismo ocurre con Gastón, Juan y Pedro. Cuando me acerco a Kevin, y le pido a él un poco de semen para tomar, el responde lo mismo. Yo le digo: “Kevin, por favor dejame tomar un poco de agua, tus muchachos están secos”. Kevin, se enoja una vez más y dice: “Ah, con que no podemos satisfacerte. Bueno, entonces vas a tener que satisfacerte vos misma” Agarran una bombachita que había usado unos cuantos días, y que tenía algo de transpiración y también húmedades femeninas. Simultáneamente calientan agua en un jarro de metal y me hacen un “Té de Tanga”. Riéndose, preguntaban: “¿Está rico perra? La próxima vez vas a pensar dos veces, antes de siquiera insinuar que nuestro semen no te alcanza ni es suficiente”
No se si fue por estar tanto tiempo desnuda, pero la zona de la vagina se me había empezado a irritar. Un día les pido que me dejen usar aunque sea una bombacha pero me dicen que no. Me lo niegan rotundamente, hasta que uno de ellos se enfurece y dice: “Te dije que bombacha hoy no. Lo que vas a usar hoy nada más es una remera de Rosario Central”. Y me visten con una remera de Rosario Central y nada más. “Aguanten Central” grita uno y luego los demás se suman y empiezan a cantar canciones de cancha arengando a Rosario Central. Para avergonzarme más Pedro no tiene mejor idea que llevarme a hacer las compras así como estaba. Me dan mis ojotas y Pedro y Eduardo me llevan al supermercado. Si bien la remera era larga y la gente no me veía ni el culo, ni la vagina, yo sabía que no tenía nada más puesto que esa remera de fútbol y eso me causaba mucha vergüenza y cierto escalofrío. Encima parece que ese día a Pedro y a Eduardo, que no creo que en sus casas hicieran muy seguido las compras, se les ocurrió comprar de todo. Estuvimos un buen rato en el supermercado y caminamos bastante por la calle peatonal. En un momento pasamos por la feria artesanal hippie del lugar y Pedro se quería comprar un collar pero no le alcanzaba la plata. Empieza a regatear con el joven artesano hasta que le dice: “Vos dame el collar que yo quiero, que te voy a mostrar y dejar tocar algo que va a ajustar la diferencia de precio que hay entre nosotros”. Sin que la gente que estaba mirando otros puestos se diera cuenta, me hace pasar dentro del puesto del joven hippie y levanta la remera de Rosario Central, dejando mi culo al aire delante del artesano. Este se queda anonadado, enmudecido y Pedro lo saca de tal estado diciéndole: “Dale, tocalo, si tenés ganas”. Así fue como Pedro consiguió el collar que quería a muy bajo precio. Después de todos estos percances, fuimos caminando hacia la casa.
Los últimos dos días por fin me llevan a la playa. Kevin es quien me da la buena noticia de la siguiente forma: “Preparate bien que hoy y mañana vamos a ir a la playa”. Me puse contenta de verdad. “Toma ponete esto” me dice a la vez que me da una tanga negra, perdón un hilo negro. De lencería, micro, micro, prácticamente era una tira para cubrirme la cola. No me dan sostén y si me dan una remera blanca muy delgada. Vamos al balneario y puedo decir que por cómo me habían vestido, media playa se volteó para mirarme. Más de un problema de parejas habré generado ese día, más de un marido reprendido por sus esposas.
En la playa, hicimos lo que cualquiera hace en la playa, tomar mate, tomar sol, jugar a las cartas, al tejo, a la paleta, etc.. Tipo 15:15 de la tarde Juan dice: “Bueno, llego la hora de ir al mar” y vamos todos para el agua. Nos metemos todos juntos, jugueteando en el agua y salpicándonos. El problema fue al salir. La delgada remera blanca toda mojada dejaba transparentadas mis tetas. Prácticamente no había diferencia entre tener la remera puesta y estar en tetas. Esto los chicos lo habían hecho a propósito. Varios hombres que pasaron caminando o corriendo por la orilla del mar me gritaron cosas, o paraban para mirarme.

Lo peor fue cuando se acercó un viejo de unos 65 años muy baboso que escuché que les preguntó a uno de ellos: “¿Chicos, cuanto me cuesta un rato con la putita?” Por suerte los chicos le dijeron que no estaba en venta y que no era una puta. El día de playa fui lindo en cierto modo, superada la incomodidad y vergüenza que me generaba la forma excesivamente sexy en que habían vestido y que hacía que no pudiera estar tranquila un minuto disfrutando de la playa sin atraer lascivas miradas masculinas.

Volvimos a hacer esas cosas que uno hace en la playa y se fue pasando la tarde. Al atardecer, ya siendo casi de noche en la playa, ellos quisieron sacarse fotos para guardar de recuerdo y me pidieron que por favor me sacara la remera. Y me dijeron que si me sacaba fotos con ellos, sin remera en la playa para que ellos tuvieron de recuerdo esa noche me llevarían a bailar. Como no pasaba casi nadie ya a esa hora por la playa y tenía muchas ganas de ir a bailar y dado que ya me habían re contra visto desnuda, yo accedí. Me dejé sacar la remera y nos tomamos muchas fotos con la cámara digital de Gastón. Debo haber aparecido en muchas fotos siempre en tetas. Cuando entro más de noche, los chicos se pusieron densos, insistieron mucho y finalmente me hicieron sacar la bombacha de la bikini y sacarme fotos completamente desnuda en la playa. Me saqué varias con todos, algunas individuales con cada uno y otras típicas como, arriba del puesto de vigía de los guardavidas.
A la noche, y esta fue la única vez en estas vacaciones, me llevaron a bailar. Me hicieron vestir muy trola con botas de cuero negras hasta la rodilla, falda negra de cuero cortísima, remera ajustada y ropa interior de lencería muy sexy. Fuimos caminando por la peatonal hasta el boliche, hicimos unos 45 minutos de cola en la puerta y finalmente entramos. En el boliche pasamos un muy buen momento, bailamos mucho, había muy buena música y tomamos mucho, pero mucho alcohol. Lo cuál produjo que los chicos se sobreexcitaran demasiado. Y a diferencia de otras veces, esta vez no tenían que salir a conquistar mujeres por el boliche. Cada uno de ellos cinco tenía una “novia” a su disposición, yo. Con lo cual iban y venían, me convidaban de sus tragos, me llevaban un rato a los reservados. Con cada uno de los chicos que íbamos a los reservados, tomábamos mucho alcohol y nos manoseábamos ambos. Ellos me toqueteaban toda. Un poquito se zarparon, hubo alguno que me chupó las tetas en el boliche y otro que me metió los dedos en la concha. Aunque confieso que yo también los tocaba por debajo del pantalón. A Gastón, le hice una buena paja estando dentro del boliche. Algunos que estaban dentro del boliche pensaban: “Esta es re trola”. O eso es lo que yo supongo que pensarían por como miraban. Pero no sólo me llevaban a los reservados de a uno o de a dos para entretenerse conmigo. Cuando surgían ratos de bailar en la pista, allí también me manosean toda y lo peor que delante de toda la gente, haciéndome quedar como una verdadera puta. Eduardo en un momento no aguanto más y me llevó al baño, y este fue el último encuentro que tuve con alguno de ellos. Yo hubiera preferido que hubiera sido con Kevin, pero bueno fue Eduardo quien me pegó la última cogida de las vacaciones. Como les decía, me llevó al baño del boliche. Sin que nos vieran, nos metimos en uno de los inodoros y ahí Eduardo como desesperado me bajó la remera y el corpiño dejándome con las tetas al aire. Me las tocaba como un desesperado, como un loco. Luego me subió un poco la pollera y me bajó la bombachita hasta las rodillas y ahí mismo me empezó a dar. Primero me dio y me dio por la vagina primero, pero sin llegar a acabar. Yo sentía como su lindo pene me penetraba y eso sumado al lugar, me excitaba mucho. Aparte como me tocaba, tan desesperado. Yo por momentos no podía aguantar gemir un poco, estabamos tan calientes que no nos importaba nada, que nos descubrieran, solo queríamos terminar con un orgasmo para cada. Antes de descargar toda su leche dentro de mi vagina, Eduardo saca su pene, me hace dar vueltas poniendo las manos contra la pared y me empieza a dar por el culo. Bombea y bombea. Embiste y embiste, con ritmo y constancia sin parar un segundo y mientras con su mano derecha me da cachetadas en el culo y me dice: “Dale Juli movete”. Yo aprieto mi culo lo más que puedo para hacerlo gozar al máximo y llevo su otra mano hacia mis tetas, para que me las toque desesperadamente como estaba haciendo antes. El seguía palmeándome las nalgas y diciéndome cosas sucias. “¿Te gusta que te lo rompan, no?”, “Que lindo culito, es increíble”. Y seguía penetrándome una y otra vez sin cansarse. Sentí que mi culo iba a explotar, pero antes explotó él y descargo toda su leche dentro. Fue una sensación hermosa. Luego sacó su miembro de mi ano y me tiró algo de semen en la cola. Y por último cuando algo todavía quedaba en su miembro, me dijo: “Limpiame … con la boca”, y yo me agaché y tragué la leche que quedaba en su pija. Luego de esto, nos vestimos, esperamos que no hubiera nadie en el baño, nos arreglamos un poco y nos fuimos. Seguimos divirtiéndonos en la pista principal del boliche y cuando terminó la noche, nos fuimos a desayunar a un bar y luego nos fuimos a dormir a la casa.
Al otro día, luego de esa noche de boliche, ellos ya debían partir para Rosario. Terminadas sus vacaciones, cuando se fueran yo pensé que me iban a dejar ir. Pero no, el día anterior habían comprado en el centro un par de esposas. Me dejaron esposada a la cama de un brazo boca abajo y desnuda. Abrieron la puerta de la habitación del primer piso, me saludaron y se fueron. Nunca más los vi.
Al día siguiente, con el cambio de quincena, vienen a pasar sus vacaciones al departamento 04 3 tipos de unos 35 años cada uno. Pasado el efecto sorpresa, de llegar a una casa y encontrar una hermosa rubia desnuda y atada a la cama, hablan entre ellos y deciden que yo iba a tener unos quince días mas de vacaciones …
 
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7 comentarios en “Obligada a Hacer Strip Tease en el Cabaret de mi Tí­o III

  1. ¿Cuando van a publicar “Obligada a hacer strip-tease en el cabaret de mi tío IV” ya que es una de las mejores series que he leido? Espero muy interesado el proximo capitulo de “Obligada a hacer un strip.tease…”

  2. hola me agrado tu relato solo me quede con ganas de que entraran a tus dos amigas para que te acompañaran en tu aventura solo que no aparecieron pero bien me gusto

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