Hola, soy Carmelo, tengo 53 años y soy de Puerto Rico. No acostumbro salir desde que comencé mis estudios postgraduados y, ahora que me gradué pensé que salir a compartir con mi concuñado y algunos de sus amigos no sería mala idea. Eran, aproximadamente, las siete de la noche y la barra donde estos comparten los viernes la cierran a las ocho (8:00pm). Nos tomamos unas cuantas cervezas y sin darme cuenta dieron las 8:00 y noté que el dueño de la barra cerraba las ventanas, fue entonces que decidí ir a una barra cercana, pero me fui sólo. De momento no pensé en detenerme allí, pero vi algo que me llamó la atención y no quería perder la oportunidad de verlo de cerca. Era un joven bastante robusto, un poco pasado de peso y bien parecido que hablaba con un amigo en la puerta de la barra. Entré y pedí una cerveza, mis ojos no dejaban de mirar aquel monumento, pero de repente se despidió de sus amigos y se fue. No era de este pueblo y lo acompañaba otro joven, menos apuesto que mi gordito. Me quedé con los deseos de conocerle, pero, esto no termina aquí.
En el grupo que compartía con aquel joven había un hombre mayor, algunos 50 años, gordito bien distribuido y con un bulto que al verlo me impresionó. No era muy alto, pero se notaba que tenía algo bueno debajo de la ropa. Después de varias horas allí el hombre se acercó y me preguntó si podía usar la silla que yo tenía al frente, le dije que no había inconveniente y se sentó cerca de mí.
Wao, pensé tantas cosas para poder entablar una conversación, pero no fue necesario, ya que entre sus amigos había un señor mucho mayor que él y cantaba a capela canciones del ayer. Todos le aplaudimos y comentábamos lo bien que lo hacía. En eso mi hombre me comentó que cuando ese señor era joven cantaba con un trío de voces y guitarras y que aún conservaba su bonita voz. Fue entonces que aquel viejecito decidió marcharse por que su hijo le apresuraba. Me estaba quedando cada vez más a solas con mi gordito. Cada vez que le miraba a los ojos me detenía para que notara que me gustaba. Él también me miraba de la misma manera. Entre las charlas que tuvimos me torné un poco suelto de manos y cada vez que podía le tocaba en los hombros. Hubo un momento en que el levantó su brazo para tomar un sorbo de su cerveza y mi mano quedó pegada del mismo, aproveché para con mis dedos juguetear con los vellos de su brazo. Mi hombre no se inmutó y seguimos hablando de distintos temas, especialmente de sexo con mujeres, que yo no avalaba, pero le seguí su juego. Hablaba de que necesitaba que alguien le regalara una pareja de gallo y gallina para comenzar una crianza en su nueva casa. Su casa estaba a medio terminar y se la entregarían dentro de dos semanas. Yo le comenté que yo tenía una crianza de gallinas y que si las buscaba yo se las regalaba. De inmediato me dijo que cuándo podía pasar a buscarlas y yo le dije que cuando quisiera. Me sugirió que las buscáramos en ese momento, pero yo le dije que no podía porque mi esposa estaba durmiendo y no quería llegar con personas a esa hora.
Dentro de la conversación, que no era entre nosotros únicamente, porque se unió otro señor que se había quedado sólo en su mesa y decidió acercarse, surgió el tema de la impotencia sexual, y el dueño de la barra ofreció un remedio. La cáscara de Almácigo Rojo hervida servía como una Viagra. Mi gordito dijo, “a mi me hace falta porque no se me para” yo le interrumpí y le dije, “cómo es posible que un hombre tan joven como usted tenga ese problema” me dijo que la diabetes y la presión arterial alta le afectaron su funcionamiento y ya no podía sostener relaciones. En un momento pensé que había estado perdiendo mi tiempo, pero la atracción era tan grande que en mis adentros me decía que no importaba, que aunque fuera flácido tenía que tener aquel bulto que tanto me había llamado la atención. En eso le interrumpí y le dije, “hace mucho rato que estamos hablando y no nos hemos presentado, yo soy Carmelo”, él me respondió, yo soy William y nos dimos las manos. Continuamos la conversación y él me dice, “¿me acompañas a buscar cáscara de Almácigo Rojo?”. De inmediato le dije que sí, y él seguía insistiendo en que fuera con él a buscar el dichoso árbol, y yo seguía diciéndole que sí. Ya iba viendo que su intención era salir a solas conmigo. Estuvimos allí hasta que dieron las 11:30pm y el dueño de la barra comenzó a cerrar ventanas y puertas. Mi amigo, o sea, mi gordito, mi hombre, William, me invitó a seguir a la próxima barra que cerraba muy tarde en la madrugada. Nos acompaño aquel otro señor que se había unido en nuestra conversación.
Una vez allí nos tomamos una cerveza y nuestro auto-invitado se retiró a hablar con otras personas que se reunían fuera de la barra. Ahora nos quedamos completamente solos. William me preguntó que cómo le parecía su amistad y sin pensarlo le dije que le consideraba un ser especial porque tenía un ángel muy agradable. Volvió a insistir, ¿pero, te agrado?, sí, le respondí, ¿Te gusto?, claro que sí, le dije. Volvió a preguntarme “¿te gusto como hombre?, síííííííí’, le dije sin pensarlo. Me dijo, ¿que hacemos?, pues vamos a tu casa, le dije, pues ya sabía que no estaba habitada. Me dijo, sígueme. Y le seguí hasta su casa. No entramos porque el sitio es tan solitario que nos quedamos frente a ésta. No dudé en abrazarme a él y comérmelo en un beso que comenzó nuestro momento de pasión. Mi mano se me fue hacia su paquete que era enorme, y estaba parado. Le dije “me mentiste al decirme que no se te paraba”, y me dijo que no quería ilusionarme hasta que se diera el momento. Yo le pregunté que si yo le había gustado y me dijo que durante toda la noche se daba cuenta de mis miradas, y que él también sentía lo mismo.
Ya dejamos de hablar y empecé a vivir aquel cuerpo que tanto me gustó y que se desnudaba para dejarme disfrutar de aquel pecho velludo, su panza bastante pronunciada y aquel descomunal animal que colgaba en su entrepierna. Es muy grueso y largo, su tronco es mucho más grueso que los que yo había visto en toda mi vida. Me arrodillé y me metí aquel hermoso glande en mi boca, casi no me cabía, lo fui tragando poco a poco hasta que lo pude meter completo en mi boca, que delicia, me moría por hacerlo y se me dio. Sus huevos son redonditos y muy duros. Besé toda su extensión y traté de meterme sus huevos a mi boca, pero no me lo permitió. Seguí mamando aquel manjar que me sabía a la gloria. Ya me desesperaba por tener su leche en mi boca, pero me dijo, creo que no me voy a venir porque hemos bebido mucho y se me está bajando. Entonces me incorporé y volví a besarlo, esta vez más apasionado y con mi mano le masturbaba, se le puso muy dura y gemía de placer, en eso descargó en mi mano y bajé a buscar el néctar que tanto había deseado. Logré tragarme bastante de su sabrosa leche y luego le besé y me masturbé para completar aquel momento de placer que no sé si volveré a vivir. Lo que les cuento pasó anoche. Le di mi número de celular, pero no sé si me llamará. Estaré esperando porque me prometió que en nuestro próximo encuentro quería metérmela toda. Eso espero y que sea pronto, les contaré si sucede.
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Hola me gusto el relato pero mas me gustaria tu, o que lo pratique con migo. Soy de bayamon y tu.