Archivo por meses: junio 2007

Yamilé

Yamilé, ese era su nombre, un nombre exótico y la vez hermoso, sugerente, cálido.
 
Recuerdo perfectamente la primera vez que la vi, era un miércoles lluvioso y frío, yo trabajaba como cada mañana en el despacho y Marta, mi secretaria, me comunicó que había una mujer en la sala de espera que deseaba hablar conmigo. Le dije a Marta que me diera cinco minutos y que luego la hiciera pasar.
Ante mí apareció una joven de belleza arrebatadora, no era solo que tuviera un cuerpo espectacular, ni que fuera tremendamente atractiva de cara, tenía un algo especial, como un halo, su forma de moverse, sus gestos, su mirada, su dulce y musical voz cubana, todo en ella era mágico y seductor.
 
Hola buenos días, mi nombre es Jesús, ¿en qué puedo ayudarla? – Dije mientras la miraba profundamente a los ojos.
Buenos días, me llamo Yamilé García y necesito los servicios de un abogado, unos amigos me recomendaron su bufete.
Muy bien, dígame de qué se trata y veremos a ver que es lo que se puede hacer.
 
El asunto no era muy complicado pero llevaría algún tiempo solucionarlo, se trataba de una herencia que había recibido y una reclamación presentada por un pariente suyo que se entendía perjudicado. Acepté el caso, le informé de cuales eran mis honorarios y le solicité que al día siguiente me entregase toda la documentación de que ella disponía, como así hizo.
Durante una semana no volví a verla, mantuve reuniones con el abogado de la otra parte, revise el testamento y le expuse mi opinión al juez. Volvimos a vernos una tarde en la que yo le expliqué las actuaciones que había llevado a cabo y cual era mi impresión respecto al tiempo que tardaríamos en tener un resultado definitivo.
Una vez terminada nuestra reunión la invité a tomar un café y ella aceptó, charlamos y nos contamos un poco de nuestras vidas, era cubana aunque llevaba ya 15 años viviendo en España, era profesora de Inglés en una conocida academia y por lo que yo entendí era soltera.
Es extraño como pueden desarrollarse los acontecimientos, durante toda nuestra charla no dejamos de mirarnos a los ojos, como si tras de ellos hubiese un abismo en el que quisiéramos estar. Con la conversación y el embobamiento que yo tenía, unas gotas de café mancharon mi pantalón, ella rápidamente pidió un poco de gaseosa y un paño al camarero y me frotó con él. La mancha estaba sobre un muslo cerca de la rodilla (para nada en un lugar “comprometido”), sin embargo notar sus manos sobre mi pierna hizo que se me erizara la piel y que un ligero escalofrío corriera por mi columna.
Quizás ella lo notó, o quizás solo fue un impulso, pero el caso es que sin darme cuenta ella me estaba besando, y a mí me parecía como lo más normal del mundo. Pagamos y salimos del local, la agarré de la cintura y esta vez fui yo quien la besó apasionadamente, nuestras lenguas se unían y enlazaban con frenesí, exploraban las bocas, mezclaban nuestras salivas.
 
¿Quieres venir a mi casa?
No sé si podré aguantar tanto – dijo con una pícara sonrisa.
 
Cogimos mi coche y pusimos rumbo a mi piso, pero Yamilé como había dicho antes no podía o no quería aguantar hasta llegar a casa. Sus manos acariciaron mi entrepierna, sobándome una y otra vez, hasta que notó como comenzaba a tener una erección bajo los pantalones. Me bajó la cremallera y desabrochó los pantalones, su mano acariciaba ahora mi sexo por encima de mi ropa interior y hacía que mi erección fuera en aumento. 
Pero ella quería más, lo quería todo, y lo tomó. Su mano se introdujo bajo mis boxer y atrapó mi pene excitado y duro. Sacó mi sexo de los calzoncillos y se quedó mirándolo unos segundos. No es que tenga un pene enorme, pero tiene unas proporciones más que aceptables.
 
Es hermoso, me gusta y es mío! – dijo mirándome a los ojos.
 
Sonreí, sus manos comenzaron a acariciar toda mi polla, y poco a poco comenzaron una lenta y maravillosa masturbación. La sensación era maravillosa, sus manos resbalaban por todo mi pene, acariciando el glande y bajando hasta la base, jugando con los testículos, lentamente al principio y poco a poco aumentando el ritmo de la masturbación. Estaba en la gloria, pero debía de concentrarme en conducir. 
 
Tengo hambre! – dijo de forma muy graciosa.
 
Sin darme casi cuenta agachó su cabeza hasta mi entrepierna y sus labios rozaron mi glande, luego su lengua lo rodeó y jugó con él, después sus labios atraparon todo mi glande mientras éste en el interior de su boca era agasajado por una lengua húmeda e inquieta. 
 
Dios mío, eres increíble, una hermosa diablilla que me vuelve loco!!
Jajaja, y eso que aún no he empezado a enloquecerte!!!
 
Su boca subía y bajaba por toda mi erecta polla, su saliva empapaba mi pene e incluso mojaba mis testículos, su lengua daba lametones que me hacían gozar como nunca antes había experimentado. Me volvía loco. 
Tuve suerte y al lado de mi casa encontré un sitio para aparcar.
 
Hemos llegado cielo, subamos.
Te ha salvado la campana! Jaja, con el hambre que tengo quería acabarme el helado.
Jajaja, no seas glotona, tenemos todo el tiempo del mundo.
 
Entramos en el ascensor y coincidimos con un matrimonio que vive dos pisos encima de mí, yo me situé al fondo, Yamilé delante de mí un poco de lado y los vecinos pegados a las puertas. Decidí que ahora era yo quien quería ser un diablillo. Poco a poco puse mi mano en la cintura de Yamilé y la fui poco a poco bajando hasta su turgente culito. Acaricié esa hermosa redondez sobre la tela de su ajustada falda, ella dio un ligero respingo pero mantuvo la compostura ante mis vecinos, mi mano siguió bajando y se introdujo bajo la falda acariciando sus braguitas, separando éstas e introduciendo mis dedos entre sus labios vaginales, los noté húmedos, viscosos, turgentes, ardientes. 
Yamilé mientras se mordía los labios para que ningún sonido saliera de su garganta.
Mis dedos continuaban hurgando su intimidad, explorándola, excitándola, penetrándola y masturbándola lentamente. Retiré mi mano y mirando a mi hermosa criatura olí su perfume más íntimo, derramado en mis dedos, y luego me llevé estos a la boca para saborear su esencia. Ella me lanzó una mirada llena de fuego, una mirada que exigía que mi mano volviera a las profundidades de su entrepierna, pero ya no podía ser, llegamos a mi planta y el ascensor de detuvo. Nos despedimos de mis vecinos y sin decirnos nada caminamos hasta la puerta de mi casa, la abrí y entramos.
 
¿Te apetece tomar algo? – le susurré al oído.
¡Sí! ¡a ti! – dijo con aquellos ojos brillantes y encendidos.
 
La atraje a mí por la cintura, la estreché entre mis brazos con pasión y la bese con auténtica lujuria. Su mano bajó y apretó mi paquete, la tomé en brazos y la llevé a mi habitación. Lentamente se fue desnudando ante mí, con una sutileza y sensualidad increíble, yo mientras también me quitaba la ropa.
Los dos completamente desnudos, contemplándonos mutuamente durante unos segundos, observando en silencio cada centímetro de la piel del otro, silencio que rompimos al besarnos, uniendo nuestros cuerpos en un abrazo de brazos y piernas, acariciándonos la nuca, la espalda, los muslos. Dedos que desean descubrir, bocas que se desean explorar, pieles que se desean unir, sensaciones, sabores, olores…
Lánguidamente nos fuimos recostando sobre la cama, besaba sus labios y su cuello, de su garganta salían pequeños gemidos, quería más….. mi boca bajó hacia sus pechos, hermosos, jugosos y puntiagudos, mi lengua lamió el derecho, acarició dulcemente su aureola dejando un rastro húmedo a su paso, jugó con un pezón tremendamente excitado, mis labios se apoderaron de él, lo absorbieron, como una vuelta a la niñez intentando extraer la leche materna, su respiración y sus gemidos se volvieron más acelerados. Repetí las caricias en su otro pecho. 
Su mano tiró dulcemente de mi cabello y me hizo abandonar sus pechos, volvimos a besarnos, a mezclar nuestras salivas, a luchar con nuestras lenguas. Nuevamente mi boca bajaba por su cuello, esta vez no se detuvo en sus pechos, pasó entre ellos y se detuvo en su vientre, besándolo, lamiendo con deleite las proximidades de su precioso ombligo, empapándolo, penetrándolo lentamente con mi lengua, notando las contracciones que ella experimentaba con cada caricia de mi lengua.
Bajé mi rostro a las profundidades de sus piernas, comencé besando suavemente sus muslos, mis manos acariciaban los rizos ensortijados de su bello púbico, el olor de su sexo era penetrante, atrayente, aproximé mis labios a su sexo y recorrí con mi lengua sus labios vaginales, empapándolos, separándolos poco a poco, su vulva sonrosada era un imán para mí, lamía con pasión, con deleite, con locura… Mi lengua la penetraba en círculos, sus jugos comenzaban a fluir, uniéndose a mi saliva, su clítoris ya muy excitado me llamaba para que le prestara la dedicación adecuada, mis labios se apoderaron de él, muy suavemente, mi lengua lo martirizaba dulcemente a la vez que mis dedos la penetraban, su orgasmo se aproximaba muy veloz, aumenté el ritmo de penetración de mis dedos, mi lengua lamía con velocidad su clítoris… de pronto estalló, el orgasmo se apoderó de ella, sus flujos viscosos empaparon sus nalgas.
Levanté la vista y la contemplé, con los ojos cerrados, mordiéndose el labio inferior, con la frente perlada de gotas de sudor, las mejillas encendidas… era la mujer más hermosa sobre la faz de la tierra.
Abrió los ojos, me miró.
 
Ven, bésame – dijo en un susurro.
 
Obedecí, nuestras bocas se unieron de nuevo durante unos minutos, rodando ambos sobre la cama.
Se colocó sobre mí, sentada sobre mi vientre, notaba la humedad de su sexo sobre mi piel, era la criatura más sensual que había visto nunca.
 
Ahora me toca a mí hacer que disfrutes.
Estoy en tus manos, me entrego por completo a ti.
 
Se bajó de encima de mí, sus delicadas manos tomaron mi pene ya excitado, lo acariciaron con dulzura y muy despacio su boca se apoderó de mi polla, me volvía loco, sus labios y su lengua se enseñaban con mi glande, mi pene estaba tieso y duro como una roca. Su mamada era increíble, lamía todo el tronco de mi sexo, chupaba con deseo mi glande y era capaz de introducir prácticamente la totalidad de mi polla en su boca, sus manos masajeaban mis testículos… me estaba llevando al clímax. Estaba a punto de correrme.
 
Cielo, voy a terminar – dije entre jadeos.
Mmmmmmmm – esa fue toda la respuesta que obtuve.
 
Y lo que tenía que suceder sucedió, estallé dentro de su boca y ella no dejó que prácticamente nada de mi semen se escapara. Jamás ninguna otra mujer me había hecho gozar tanto con el sexo oral, ella lo hacía con deleite, con una pasión y un dominio increíbles.
Se recostó a mi lado, nos acariciamos tiernamente, dejando que nuestros cuerpos se relajaran y descansaran un poquito, al cabo de un par de minutos se levantó de la cama y fue al cuarto de baño.
Apareció unos segundos mas tarde, se apoyó sensualmente en la puerta.
 
¿Preparado para otro asalto?
Por supuesto, acabamos de comenzar! – le dije sonriendo pícaramente.
 
Gateó sensualmente sobre la cama hasta colocarse sobre mí, nos besamos lascivamente, notaba el calor de su sexo sobre mi vientre, su humedad, mi sexo comenzaba a dar muestras de excitación.
 
Mmmmmm, parece que algo empieza a crecer entre nosotros dos! Jaja.
Jajaja, pues al parecer sí! Jaja.
 
Sus manos tomaron mi ya más que excitado pene, lo acercaron lentamente hacia su sexo y comenzó poco a poco a pasarlo sobre sus labios vaginales, acariciándolos, frotando mi polla sobre ellos y consiguiendo que éstos se fueran entreabriendo poco a poco a la vez que se humedecían tremendamente. Nuestra excitación era máxima, tenía unas enormes ganas de penetrarla pero no quería demostrarlo, quería que fuera ella quien me lo pidiese, nuestros gemidos eran cada vez más profundos y subidos de tono. 
Acercó su boca a mi cuello, me besó, me lamió con desesperación mientras mi pene la masturbaba como si de su mano se tratase, acercó su boca a mi oreja y me susurró en un gemido:
 
Dios mío, hazme el amor, no puedo aguantar más sin sentirte en mí, mmmmmm.
 
Acerqué mi polla a la entrada de su empapado sexo, muy lentamente la comencé a penetrar, introduje tan solo mi glande y me quedé quieto, quería que notara nítidamente como cada centímetro de mi sexo horadaba su interior, con una tremenda parsimonia la penetré centímetro a centímetro, su desesperación y ansia iban en aumento.
 
Másss, máaasssssss, todaaaaa.
Tranquila cielo, tranquila, tenemos todo el tiempo del mundo para disfrutar.
 
Mi pene por fin la penetró por completo y durante unos segundos me mantuve en una absoluta quietud en su interior, para después, y nuevamente muy despacio, salir centímetro a centímetro de su tremendamente lubricada vagina.
Cuando mi polla estaba a punto de salir de su sexo la penetré completamente con un golpe de cintura y comencé a penetrarla a un ritmo duro y frenético.
 
Ahhhhhhh, ssiiiiiiiii, massss, masssss.
 
Volví a alterar el ritmo de mis embestidas, ahora el ritmo era acompasado, uniforme.
 
Dios mío, eres maravilloso, no te detengas nuncaaaaaaaaaa.
No mi vida, tú eres la maravilla, me absorbes, me exprimes, y me encantaaaaaaa!
 
Nuevamente aumenté la velocidad de mis penetraciones, cada vez más rápidas, más profundas, mas duras, sus uñas se clavaban en mis hombros, sus gemidos eran roncos, ahogados, como si se quedase sin respiración. Sus dientes mordían su labio inferior, el sudor nos cubría por completo, arroyaba por su espalda. Dios, era el mejor polvo de mi vida, así estuvimos durante no sé cuanto tiempo, cambiando los ritmos y la fuerza de las penetraciones, impidiendo que nuestros cuerpos se acostumbraran a una frecuencia establecida, a veces mi mano se colaba entre nuestros cuerpos y masturbaba su clítoris tremendamente duro a la vez que la penetraba, otras veces mis manos bajaban por su espalda hasta su hermoso culo y lo amasaban, lo pellizcaban, lo azotaban sin rudeza, incluso en alguna ocasión alguno de mis dedos se colaba entre sus nalgas e intentaba penetrarla analmente.
El clímax se acercaba, la crispación era máxima, las venas del cuello de Yamilé se veían tremendamente hinchadas, el sudor lo empapaba todo, el orgasmo se aproximaba como una locomotora sin frenos…… y de repente una tremenda humedad empapó mi sexo, Yamilé había estallado, sus fluidos viscosos, calientes y olorosos me empapaban y yo ya no podía más así que me dejé ir, la inundé, creo que nunca antes había experimentado un orgasmo tan devastador, por unos segundos fue como si el tiempo se detuviera y la tierra dejara de rotar.
Los dos, desmayados, exhaustos y entrelazados nos acariciamos como si fuéramos unos gatitos para unos minutos después abandonarnos a un ligero y reparador sueño.
 
Mi relación con Yamilé duró un par de años en lo que se podría considerar una relación normal y otros dos años de forma intermitente como si de un par de amigos especiales que se reúnen de vez en cuando para disfrutar de la vida se tratara, luego el destino nos separó y ya no hemos vuelto a vernos, aunque siempre estará presente en mi memoria.
 
 
P.D.: Para cualquier opinión o pregunta, o simplemente para charlar, bien por e-mail o en el msn el_suspense@hotmail.com

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Un Hogar Completo (XVIII).. Rosy y los obreros

En este capítulo comentamos como, después de un accidente, Mario es testigo de excepción de las andadas de su criada mayor, Rosa, la de cuerpo voraz y edad adulta.
Tal y como había anunciado, había entrado al semi-retiro, o sea trabajaba aún menos que antes.  Así podría dedicar más tiempo a mi cuido personal, y a compartir más con toda la gente que se había convertido en mi círculo de amigos dada la llegada de Rosa a mi casa.
Una de las primeras actividades a las que me avoqué, fue la compra de una casa que estaba al otro lado de mi cuadra, con la que compartía linderos de fondo de patio (como quien dice espalda con espalda), era un terreno chiquito, con una casa pequeña, pero bonita; (para aquellos que conocen San José saben que en el oeste puedes encontrar una casa de un millón de dólares a la par de una de diez mil, y a la par de un sembrado de tomate!!).  Esta casa era parte fundamental de mi plan de solución definitiva para el perenne problema de las criadas o domésticas.  Una vez adquirida, traje arquitectos y obreros de construcción para la necesaria remodelación, la cual incluía un portón que comunicaba ambas propiedades.  En una que va y otra que viene, fui a “inspeccionar” la construcción del segundo piso (como si yo supiera algo de obras civiles!!), el resultado primario de dicha “inspección” fue una caída desde 3 metros, con las consiguientes quebraduras de tobillo (enyesado por tres semanas) y muñeca izquierda (otras tres semanas de escayola).  El lado bueno del asunto es que la inmovilidad forzada me permitió tomar unas vacaciones de mi ajetreada vida, y el lado malo es que pasé en silla de ruedas al menos dos semanas.  Aunque tengo que admitir que me divertí como enano jugando por todo el segundo piso con mi silla de ruedas.
Obviamente, todo mundo desfiló por mi habitación a saludarme, desde mi gerente Rodrigo, hasta mis amigas y amigos; incluyendo a la familia de Rosa, Gladys, su hermana y su madre, con la que me había echado el último polvo antes de este accidente, y la grata sorpresa de Adelia y su hermano Ramón, con quien ella ya convivía en términos maritales.  Igualmente grato fue recibir las llamadas de mi hermana Lidia y su marido, mi sobrinita querida y su hermano, y mi tía favorita, una vieja loca que tengo como 9 mil años de no verla.
La verdad, fue un descanso, aunque mis habituales amantes (Rosa y su hija Mayra, y Gladys mi estimada rata de biblioteca) decidieron que no estaba en condiciones de recibir siquiera una mamada de misericordia;  se desvivían cuidando de mi, como nunca nadie lo había hecho.  Gracias a estos mimos, para el final de la segunda semana de convalecencia estaba muy saludable y descansado, pero estaba que me cogía solo de las ganas de tener sexo.
En esas estaba yo mirando por mi ventana de mi habitación (en segundo piso) hacia la piscina, en un mediodía extrañamente soleado y caluroso,  en el mes de agosto, cuando la lluvia llega puntualmente a la 1.30 de la tarde, cuando observé la curiosa escena de mi criada bañándose en la piscina, ¡en horas de trabajo!!!.  Rosa, que recién se había teñido el pelo rubio,  estaba con un vestido de baño bikini tipo hilo dental (colaless), de tela sintética que se transparentaba bastante al mojarse, o sea, aparte de alguna arruguita por acá y allá, se veía soberbiamente putona.  La vi acercándose a la pileta con andar de diosa veterana (deliciosa mujer de 50 años), como dando espectáculo.  En esas observaciones estaba yo, cuando entra en mi habitación Ángela, mi criada, que era la antítesis de Rosa, baja, culona, tetona, buenas piernas, media gruesa, pero sin rollos; pero más santulona que la Madre Teresa; usaba el uniforme de trabajo de su gusto: blusa de botones y falda por la rodilla.
“Mario, ¿qué mira?, vea que acá le traigo el almuerzo”, dijo poniendo la vianda sobre una mesita y acercándose a mi,  observando el show que daba su compañera de trabajo.  “Eso es lo que quisiera almorzarme yo!!”, le dije señalando a la ninfa cincuentona de la piscina.  “Mhja…  esa perdida, seguro lo hace para alborotar a los empleados de la construcción”.  
Y no se equivocaba.
Antes de poder responderle a Ángela, se acercaron a la piscina dos obreros que, extrañamente no participaban del almuerzo con sus compañeros en la construcción vecina, sino que prefirieron la sombra del árbol de mango que, majestuosamente, reinaba en el jardín, desde las cercanías de la piscina.  
Las frases gordas no se hicieron esperar:  “Ayyy doña Rosa, ¿todo eso es suyo?”, “Doña Rosa, de haber sabido que usted estaba mejor que su nieta ni la vuelvo a ver a la chiquilla”, “Doña Rosa, ¿no necesita que le hagan un trabajito?, en la casa digo… jaja”, “Doña Rosa, venga y la seco con la lengua”,  “Usted está para comérsela, con todo y bikini, aunque después tenga que cagar la tela”, y cosas por el estilo.  Rosy, hacía que no los escuchaba, pero lo hacía, y prueba de ello es que no dejaba de exhibirse, entraba y salía de la piscina, moviendo su delicioso culo al subir las escalinatas de la pileta, se sacudía el pelo, se separaba con las manos la tela del hilo dental del culo, en general los tenía ya locos a los dos muchachos.
“Que puta que es!!”, dijo Ángela, “mire como ya se les puso dura la cochinada a esos degenerados” me dijo, señalando la entrepierna de los obreros, que ya se estaban toqueteando sus vergas.  Ese comentario no hablaba muy bien de la castidad de Ángela, puesto que de seguro tenia rato de estarles viendo las pingas.  “Ya me voy…” dijo finalmente, con voz un poco temblorosa.  “No, quédate y me haces compañía, quiero ver en qué termina este asunto”.  Ella me miró y haciéndose la indiferente, me dijo “si usted lo pide, pero esto no puede terminar en otra cosa que no sea el pecado y la lujuria” (no se ustedes, pero a mi las palabras “pecado y lujuria” me suenan tan bien).  Dicho eso, volvió a mi lado, y se quedó de pié exactamente junto a mi, que estaba en mi silla de ruedas; por mi mente pasó… “si quisiera tocarle todo ese rico culo me queda perfecto”, pero nada más fue un pensamiento.
Abajo en la piscina, Rosa hizo la parte culminante de su acto de seducción.  Tomó su toalla, se la puso alrededor del torso, y con diestros movimientos de manos se sacó ambas partes del bikini y las tiró al suelo, recostándose en una tumbona y recogiendo una pierna; de tal forma que se mostrara uno de sus muslos, a los muchachos que la sabían totalmente desnuda bajo la tela.
Mirandolos al otro lado de la piscina, los llamó y les dijo… “Muchachos, ¿no quieren venir a hacerme compañía?”.  Ni locos ni tontos ambos brincaron a su lado, donde pude observarlos claramente; uno de ellos se llamaba Carlos, era delgado, blanco y de estatura media, el otro era Jefry, más bajo y moreno, un poco gordito, ambos debían andar entre los 18 y 20 años.
Al llegar junto a ella, mi criada Rosa les dijo “ustedes son tremendos, ¿serían capaces de hacerle esas barbaridades a una mujer que podría ser su abuela”.   Jefry, que era más salido y dicharachero, se agarró la verga sobre la tela del pantalón, y le dijo “Doña Rosa, si mi abuela me parara el garrote como usted lo hace, ya hace tiempo me la hubiera cogido, a la vieja puta esa!!!”.   Rosa soltó una carcajada y estirando la mano le agarró la verga, que se notaba paradísima bajo la ropa del chico, diciéndoles “entonces ¿Qué esperan?, les quedan veinte minutos antes de volver a la obra!!”.
Carlos, que ya se había acuclillado frente a ella con la esperanza de ver algo, se vió recompensado cuando Rosy simplemente se desató la toalla y abrió las piernas, haciéndole el gesto inequívoco de que empezara a chuparle el chochito.  En menos de medio minuto ya había empezado la acción.  Jefry parado junto a ella, le ponía su pene en la boca desesperada de Rosa, mientras Carlos se deleitaba de mamar semejante manjar rosado; muy similar al de una chiquilla adolescente (hoy en día doy fe de que lo tiene igual de rico que su nieta).
“Vieja chocha, coma picha, que eso es lo que está pidiendo desde hace rato”, decía Jefry mientras se movía hacia delante y atrás, penetrando con su corto pero grueso pene a la boca de Rosa.  Al rato ella soltaba la verga, y lo masturbaba con fuerza, diciéndoles a los chicos.  “Ricoo  que rico, mámeme el coño cabroncito, que después se lo va a coger todo…  tráigame esa verga, que quiero chuparle hasta los huevos maricón”.  Y seguía en el proceso de mamada.
Ángela, de pie a lado mío, susurraba de cuando en cuando “Que puta…  que puta!”, como censurando a su compañera en la piscina; pero cuando miré hacia arriba, pude ver una cara más de envidia que de censura, así como el inconfundible sudor e hinchazón de labios que delatan a una mujer excitada, amén de que se le marcaban ya los pezones, bajo su brassier horrible y su blusa no menos espantosa.  “Aja…!!!  Con que la vieja cabrona se calentó” pensé yo para mis adentros, sabiendo que esta era la oportunidad de oro, para calentar de una vez por todas a esta mojigata de buen culo y prominentes tetas, no importa que tuviera 60 años, esta enana estaba para cogérsela.
“siiii  cómame el coño, cabrón chupa más, que ya me vengo playo de mierda, me vengoooo” decía Rosa, mientras Carlos aceleraba la mamada, haciéndola perder el ritmo de la otra mamada, la que estaba recibiendo Jefry.  “Ahghgdhghghgahgh, siiiiiii masssss ahghghghg” gritó, mientras se arqueaba del orgasmo en la cara de Carlos.  
Sin esperar mucho, el muchacho se quitó la ropa, y sin pedir permiso se recostó hacia delante, metiéndole su largo bate en la empapada vagina.  “ayyyy siiiii… métamela cabrón métamela…”,  y mientras era cogida, aceleraba la mamada, no fuera que se le bajara la verga al gordito dicharachero.
“Chupe puta, chupe verga, que eso es lo que quiero…  abuela puta!!!” decía uno, mientras el otro solo le decía “tome abuelita, tome picha por puta…  tome picha por puta!!”
Dos o tres minutos estuvieron en semejante movimiento, mientras en el segundo piso yo hacía mi movida: descarada, pero suavemente estiré mi mano, agarrando la pierna de Ángela desde atrás, posando la palma de mi mano en la parte interna de la pierna, empecé a subirla y bajarla suavemente, en una caricia con las yemas de los dedos, desde la parte de atrás de la rodilla, hasta más arriba de medio muslo.  Al sentir la caricia, Ángela me volvió a ver, nuestras miradas se encontraron, su cara tenía un gesto de disgusto y lujuria, no dijo nada, simplemente volvió a su vista a la escena de la piscina, pero cambió el peso de las piernas, abriéndolas, siempre de pié, pero abriéndolas unos cuantos centímetros, lo cual era la confirmación de que le gustaba lo que veía y lo que sentía, y de que quería más.
Abajo, ya Jefry había tomado el puesto de penetrador y le metía su gruesa verga a mi doméstica hasta los huevos, mientras que Carlos se hacía mamar la pinga. 
“Toma vieja puta, ¿estaba falta de verga?…  toma por perra!!” decía el gordito, sin detener la penetración salvaje, como si fuera la primera y ultima vez que cogiera en su vida.  Carlos se agachaba y le apretaba las tetitas deliciosas a Rosa, diciéndole cosas en voz baja que no podían ser menos que frases sexuales del mismo calibre.
La mujer no se quedaba atrás, y sacando de su boca el tesoro que no quería soltar, les decía “Maricones, asaltaviejas, ¿querían coger?, van a ver lo que es una cogida, maricones!!”, y procedió a chuparle los huevos a Carlos, que solo acató a volver la cara al cielo y a poner los ojos en blanco “Siiiii  abuelita, siiii que rico mama, mi amor”.
Después de un momento, ella se separó de ambos, sentó a Carlos con las piernas abiertas en la tumbona, y poniéndose de cuatro patas siguió la mamada, “deme desde atrás negrito, no pare de darme verga, que me estoy regando”; no había terminado de decirlo cuando el grueso instrumento juvenil estaba penetrándole la vagina, como si fuera una máquina de coser.
Carlos, parecía no aguantar más, así lo anunció, sin embargo Rosa tenía otros planes “no papito, usted se riega cuando yo quiero y como yo quiera.  Negro, cambie de lugar con Carlos; usted flaco, agarre ese bronceador de ahí y me lo empieza a poner en el culo, cuando ya esté bien embarrado, me mete un dedito y luego el otro, si lo hace suavecito va a ver que rico la pasa”.
Los dos jóvenes se miraron el uno al otro, sorprendidos y encantados, “Esta cabrona abuela de veras quiere picha!” dijo Carlos, mientras se ponía abundante bronceador en los dedos, procediendo a masajearle el culo; “Noooo, mi hermanito, que este es el mejor polvo que me he echado en mi vida, esta vieja loca sabe sus cosas!!” le respondió su colega obrero.
En el preciso instante en que le tocaban el culo, sonó un trueno poderoso y se dejó venir la lluvia, en forma de un soberbio aguacero, que los terminó de empapar en menos de un minuto.  A partir de ese momento tanto Ángela como un servidor perdimos la capacidad de escuchar algo más que los gritos de Rosa, cuando le estaban metiendo dos dedos en el culo.  Sin embargo la lluvia le añadió un toque de sensualidad salvaje a la escena que me hizo sentir aún más fuerte mi propia erección.
Rosa acercó al borde de la tumbona al cuerpo de su gordito amante, y procedió a sentarse en dicha pingota, mientras por señas le decía a Carlos que no parara de suavizarle el culo, que aprovechara el movimiento para hundirle más los dedos en los intestinos.  El agua bajaba a chorros por los tres lascivos cuerpos, mientras que Rosa movía el pelo de un lado al otro, no para sacudirse el agua, sino porque su excitación la había llevado a un nuevo orgasmo.
Yo no podía soportar más la erección y traté de sacarme la verga de mi pantalón corto con la única mano que podía mover, por lo que solté la pierna de Ángela para tratar de hacerlo; pero era tal la excitación que no lo lograba, ella se percató de que dejé de tocarla y miró hacia abajo, para darse cuenta de lo que yo hacía; sin decir nada, y con el ceño fruncido, se agachó y liberó mi pene de su encierro, pude ver que se había soltado varios botones de la blusa y que su sostén estaba desacomodado, señal inequívoca de que se estaba toqueteando las tetotas. Me dio un par de sobadas de pinga antes de ponerse de pié de nuevo; solo que esta vez, apenas se puso de pié, abrió mucho más las piernas y tomó mi mano, poniéndola en donde había estado anteriormente.  Yo aproveche que la escena de abajo era cada vez más excitante, y finalmente subí mi mano hasta su coño, el cual pude sentir por primera vez.  
Tenía unos labios grandes que se sentían acolchados por el calzón de abuela que usaba, y un clítoris que debía ser grandote, puesto que se sentía bajo la tela.  Al sentir mi mano invadiendo su entrepierna, Ángela soltó un gemido calladito, aprobando el avance de mi mano; y cuando sintió a mi mano tratando de hacerse lugar para llegar a su peluda panocha, simplemente se metió las manos bajo la falda y se sacó el calzón con facilidad y en  silencio, sin siquiera quitar la vista de su compañera de trabajo, permitiéndome masturbarla con plena libertad.  Yo volví a verla hacia arriba y cuando nuestras miradas se encontraron le dije secamente, “sácate las tetas, para que te las toques tranquila, quiero verte manoseándote las tetas”, ella me miró, con la misma cara de enojo, pero procedió a abrirse la blusa completamente y a quitarse el brassiere, continuando sus pellizcos y manoseos en semejantes ubres, lo que le producía unos gemidos ahogados bastante excitantes.  Al ver las tetas al aire, decidí mejorar la masturbación, penetrándola desde mi posición con un par de dedos, mientras con el pulgar le tocaba la entrada del culo, sin penetrarla.  En resumen, la vieja Ángela estaba entregada a la lujuria y al pecado; tal y como yo quería.
Abajo la escena estaba a punto de llegar a su acto culminante, donde Rosa no paraba de ensartarse una y otra vez la verga del obrero, gritando sandeces, mientras le hacía señas al otro de que la penetrara en el culo, en esa misma posición.
Carlos se acomodó detrás de ese delicioso culito,  y empezó a penetrarla.  Conforme iba desapareciendo su larga picha en el ano de la zorra, ella iba disminuyendo sus propios movimientos, al sentirse cada vez más llena de picha por todos su huecos.  Sus gritos los ahogaba la lluvia, pero sus gestos lo decían todo, se estaba acercando inexorablemente al éxtasis final.  Carlos gritaba cosas inaudibles, mientras aceleraba el ritmo de la enculada, al tiempo que Jefry solo se dejaba montar por la zorra y le apretaba una y otra vez los pechitos hermosos.  La acción tenía que terminar pronto, los tres rostros eran una obra de arte sexual; los gestos y gritos anunciaban orgasmos por doquier.  Y así sucedió.  Gracias a tantos orgasmos que le he dado a Rosa, pude reconocer los gestos de ahogo y los ojos totalmente abiertos de su orgasmo, aparte de que se tiró para atrás, clavándose ambas pingas con todas sus fuerzas.  Inmediatamente Jefry, espoleado por el orgasmo de su amante, empezó a brincar y a temblar incontroladamente, dando signos de alivio, cuando le inundó la vagina de leche a mi amiga.  Poco después Carlos, seguro más veterano en las lides, sacó su verga del pequeño culo, y poniéndose de frente a Rosa le ofreció la verga; no más ella la tomó en sus manos, cuando el semen empezó a salir a borbotones de su pene, manchándole toda la cara a la abuela lasciva y dejando caer parte de su leche encima de su amigo, que para ese momento tenía una cara beatífica.
Observando que se acercaba el momento, hacía un minuto yo había acelerado mis masturbaciones a la vagina de Ángela, la cual, apenas observó salir el semen de Carlos, empezó a gemir en susurros, y cerró sus piernas, atrapando mi mano dentro de su vagina. “Ahhhhhhh  siiiiiiiiiiii”, fue solo un susurro, que dejó ir toda la tensión sexual acumulada desde hace quién sabe cuántos años.  Al separar sus piernas pude liberar mi mano, acariciándole el culo, sabiendo que en pocos días iba a cogerme a esta beata sesentona.
Ella, sin decir nada, se puso el sostén, se acomodó las tetas y la blusa, y cuando estuvo segura de que se veía igual que cuando entró a la habitación, me miró, y vio mi pene erecto, rebosando de liquido preseminal, dando pequeños brinquitos de la excitación que tenía.  Se agachó, me agarró la verga, y metiéndosela en la boca, me dio una mamada súper suave de diez segundos, al cabo de los cuales le eyaculé abundantemente y sin parar por espacio de un minuto; se la tragó toda y siguió lamiéndome la verga hasta que la dejó limpiecita.  Luego la volvió a poner en su sitio, y me dijo “para que vea que soy agradecida, y que puedo hacer lo mismo que esa otra”,  dijo señalando hacia donde estaba Rosa,  “lo que pasa es que yo no soy una puta, como ella; pero hasta las mujeres decentes tienen sus momentos de debilidad”, y se volvió a traerme el almuerzo que estaba más que frío.  En ese momento miré hacia la piscina y ya no quedaban más rastros del suceso, que las dos partes del bikini de Rosa, tirados con donaire.
La misma Rosa, entró en ese momento, con un paño en el cuerpo y con otro secándose la cabeza.  Ángela se levantó diciendo “voy a ir a calentar esta comida, más tarde se la traigo… me avisa cuando quiera almorzar”, y al pasar junto a su compañera de trabajo le espetó por lo bajo “puta!!!”, saliendo dignamente por la puerta.
Rosa y yo estallamos en carcajadas incontenibles ante el exabrupto de la mojigata.  “Mario, perdón, no sabía que ella me iba a ver; yo quería que me vieras vos; que has estado tan falto de sexo, pobrecito, mi intención es que te masturbaras riquísimo viéndome; jeje, aunque bueno, también tenía días con ganas de que esos dos idiotas me dieran verga!!”.
“Tranquila, no te preocupes, yo lo arreglo, solo no le hagas caso a ella, va a estar unos días furiosa contigo”, le dije.  “Ayy Mario, lo que pasa es que esa vieja quiere que le metan una pinga hasta adentro, eso es todo”, dijo mientras salía, para toparse en plena puerta a Gladys quien de inmediato preguntó, “¿Quién quiere picha, Rosy?”, habiendo escuchado la última parte de la conversación.  “Esa zorra mojigata”, dijo Rosa saliendo a vestirse y continuar sus labores al frente del mantenimiento de la casa.
Mi amiga Gladys, aprovechando que no tenía clases esa tarde, decidió visitar a su amante lesionado, Se veía desastrosa, venía empapada hasta los huesos, con la blusa de uniforme empapada y pegada a sus deliciosos pechos de niña treceañera, se notaban los pezones parados, duros y oscuros a través de la tela mojada.
Gladys me besó, me tomó las manos y se las puso en su mejilla, en un gesto de cariño que me encanta; pero sus agudos sentidos le hicieron percibir el aroma de jugos de vaginales en mi mano derecha, sin preguntar nada se agachó a mi entrepierna y olisqueó el semen.  Levantándose de un salto se me encaró y me dijo en tono de regaño: “¿No quedamos en que mientras convalecías no ibas a coger con nadie?!!, cabrón desconsiderado!!!, ¿para qué putas te cuidamos tanto, si nunca haces caso?!!!  Una aguantándose las ganas de coger, para que te repongas bien y me salís con esta mierda!!”; de veras se había enojado.  “Suave, no dispares, ya te cuento”, y procedí a darle la historia completa; al final de la cual, me ayudó a acostarme a hacer la siesta, y mientras se desnudaba para acompañarme me dijo, “Si quieres cogértela yo tengo una idea que puede funcionar”.  Se acostó desnuda bajo las cobijas y dándome un beso me dijo, “¿no te importa que me masturbe, es que me dejó caliente esa historia?”.  Yo le sonreí  “claro amor, esta es tu cama; por cierto, creo que tengo a la persona perfecta para iniciarte en el sexo lésbico, tal y como me lo pediste, va a tomar un par de semanas más, pero ya no busques más, solo ten paciencia y confía en mí”, le dije y me volví de lado, para dormir mi merecida siesta, lo último que recuerdo escuchar fueron los gemidos de mi amante adolescente, mientras obtenía su, igualmente merecido, orgasmo.
La historia la seguiré en el siguiente capítulo, les parece?

Saludos, si quieren me pueden escribir a Cotico: tico6013@yahoo.com

 

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Cuando tu amigo tiene una mama sexy

Hola, mi nombre es Roberto, pero mis amigos me dicen Tito.

Bueno, lo que les voy a contar ahora es una historia real, y cuando digo real es que es real. He estado leyendo algunos otros relatos y hay algunos que son realmente fantásticos, aunque muy entretenidos y graciosos a la vez.

Tengo 18 años recién cumplidos, y esto me paso más o menos en Septiembre del año pasado.

En el colegio nos habían pedido hacer un trabajo en grupos sobre recursos tecnológicos y servicios y no se que otras tonterías mas, y, como casi siempre, quise ser con un amigo, Ricardo, debido a que su mama (40 años), que estaba separada, estaba riquísima y me volvía loco de tan solo mirarla, y siendo con el tendría una oportunidad de por lo menos insinuármele.

Bueno, acordamos juntarnos un sábado en la tarde en la casa de Ricardo, lugar perfecto para intentar por primera vez en mi vida algo.
Por fin llegó el sábado.

Se suponía que yo tenía que llevar la información que nos habían entregado en clases a cada grupo, pero la deje en casa, adrede, ya que quería tener la mayor cantidad de posibilidades para tirarmela.

Llegue como a las 3 de la tarde a casa de Ricardo. El me estaba esperando con todos sus materiales listos sobre la mesa del comedor. Le pregunte por su mama y me dijo que estaba en la cocina por si la queria ir a saludar mientras Ricardo arreglaba todo para empezar.

Fui caminando lentamente hacia la cocina, me tome mi tiempo, ya desde la distancia alcanzaba a oler esa fragancia que tanto me gustaba de ella. Cuando entre a  la cocina, ella estaba sentada en la mesa de diario tomando un vaso de jugo y trabajando en su computador. Llevaba puesto una bata de dormir, por lo que supuse que no se habia bañado aun, y que lo haria después, algo muy bueno para mi plan.

No quitaba los ojos del computador, por lo que hice mucho ruido para que levantara la vista. Desde el angulo en el que estaba se le alcanzaban a ver esos lindos pechos con los que habia estado soñando por mucho tiempo.

Se levanto y me dio un caluroso saludo de beso en la mejilla, con el que yo intente de acercar lo mas posible mis labios a los suyos.

Se volvio a sentar en el computador y en eso entra Ricardo preguntandome donde habia dejado la información  para terminar el trabajo. Yo le dije como preocupado que la habia olvidado en casa. Me mando un par de insultos y dijo que iria el a buscarlos, ya que era mas rapido y volveria antes.

Se me olvido decirles que mi casa queda a mas de 30 minutos en bici, por lo que pasaria mas de 1 hora antes de que volviera.

Ricardo se fue apresurado y me dejo solo en casa con  Daniela (su mama). Mi plan iva a la perfeccion.

Unos segundos después de que Ricardo ya se habia ido, me sente al lado de ella y le empece a meter conversa sobre el colegio, que nos faltaba poco para la fiesta de graduación, etc… mientras miraba cautelosamente esas lindas tetas que tenia, que eran asi como el tamaño perfecto para una mano, ni muy grandes, ni muy chicas, eran las que a mi mas me gustaban por lo menos.

Al parecer, como ustedes sabran se dio cuenta. ¿Por qué sera que las mujeres siempre se dan cuenta cuando las miran?

Comprendio que la estaban mirando mucho, y para escapar de mis ojos, dijo que tenia que ir a bañarse. Se paro para irse y me hiso cariño suavemente en la cabeza diciendome que era todavía un chico muy travieso. Esto definitivamente me puso a mil.

Se fue en direccion al baño, y mientras salia de la cocina, pude ver como, descaradamente se levantaba la camisa de dormir y dejaba descubiertas sus lindas nalgas blanquitas, sin si quiera mirame, tan solo rió un poco. Esta mujer si que tenia un culo de ensueño.

Sabia que esta era mi oportunidad, se me habia insinuado hacia 2 segundos, mostrandome su bello culo, estaba seguro, pero no se porque, me quede sentado en la mesa de diario asi como esperando algo.

Me puse a ver el reloj que estaba colgado en la pared mientras escuchaba como esta yegua prendia la ducha. Ya habian transcurrido como 10 minutos desde que Ricardo se habia ido.

Debia actuar ahora, ya que esta era mi oportunidad, y no tomarla ahora si que seria algo de un pobre estupido.

Me levante y fui caminando decidido hacia el baño. Daniela, para sorpresa mia, la habia dejado entreabierta, algo que nunca antes habia visto que lo hiciera.

Abri un poquito mas la puerta y ahí estaba ella, duchandose y jugando con la ducha telefono entre sus nalgas. Con una mano se tocaba los pechos  y piernas, y con la otra sostenia la ducha telefono, la cual pasaba por su lindo anito y por su conchita depiladita.

Esto ya era el colmo, estaba parado ahí, justo afuera de obtener lo que queria, y no me atrevi, por lo que me empece a masturbar.  Me baje los pantalones y saque mi polla que ya estaba roja, asi como si me hubiera estado masturbando por largo tiempo. Con mi mano derecha comence frotarme la polla, y con la izquiera por mientras me masajeaba un poco el ano, un lugar que me encantaba (no piensen que soy gay por lo del ano, ya que muchos hombres se sienten realmente excitados al frotarse el ano).

Ella estuvo largo rato mirando de vez en cuando hacia la puerta entreabierta, y mas o menos como después de unos 5 minutos donde estuve masturbandome afuera, me dijo que entrara, ya que necesitaba a alguien que le enjabonara la espalda, ya que tenia los brazos adoloridos por el gimnasio.

Por fin, entre!

Ahí estaba ella, desnuda con sus lindos senos y su escultural figura mirandome. Cabe decir que su conchita estaba buenisima, y que tenia todo un culazo.

Me pidio que me desnudara para que no mojara mi ropa y pudiera entrar con ella.

Cuando entre a la ducha roce su culito con mi pene y toque con mi mano su conchita. Por fin ese culito y esa conchita ivan a ser mios.

Se puso de espaldas a mi y me paso el shampoo para que la enjabonara. Me fije que habia empezado otra vez a sobarse entre sus piernas son sus lindas manitos.

Apegue lo mas que pude mi pene en su culo y de repente la empujaba duramente para que sintiera la clase de polla que tenia detrás. De la nada ella se dio vuelta y me dio un largo beso en la boca, donde aproveche para agarrarle el culo y para sobarle la conchita con mi polla, que ya tenia unas ansias desesperadas de entrar. Me empezó a besar el cuello y rapidamente bajo hasta el pene. Le dio unas lamidas y luego se lo metio entero en la boca.

Con una mano acariciaba mis testículos y con el dedo indice de la otra, buscaba mi ano en mi culo. Yo por mientras tocaba sus senos y pensaba en lo que haria Ricardo si me viera asi con su madre.

Cuando estuve casi a punto de terminar, le dije que parara, y que queria meterle mi polla en su conchita.

Ella me dijo que mejor que no, ya que no tenia condon y no queria arriesgarse. Entonces le dije que me dejara romperle el culito.

Ella me miro media asustada y me dijo que hace mucho tiempo que nadie se lo metia por el culo. Le dije que no temiera y que iva a disfrutar.

Ella accedio, pero me pidio que antes yo hiciera algo por ella, por lo que ella se puso de espaldas y yo acerce mi boca a su conchita, la cual empece a besar y a meterle mi lengua mientras acariciaba su clítoris con mi nariz.

Después de un rato dandole sexo oral, tuvo un orgasmo con unos gemidos que de seguro hasta Ricardo los escuchó.

La verdad es que yo nunca en mi vida lo habia metido por el culo, pero según lo que hbia aprendido en algunas películas porno, decidi hacerlo.

Le pedi a Daniela que apoyara sus piernas en mis hombros. Yo por mientras con mis dedos iva haciendo espacio en su ano para que cupiera mi polla.

Estuve un par de minutos dilatandole el ano hasta que me decidi y lentamente (según ella me lo habia pedido) le fui metiendo mi polla.

Me di cuenta de que su ano apretaba mucho y ella gemia no se si de dolor o de placer.

En una de esas, decido y se la empiezo a meter como furioso mientras toco sus lindas tetas, ella grita y gime, y cuando estoy por acabar le saco la polla del ano y la froto contra sus tetas mientras de ésta salen litros y litros de leche que chorrean por sus tetas, y que llenan su boca. Se la tomo todita.

Acerco mis labios a los suyos, que todavía estan llenos de leche, y mientras con una mano froto su clítoris, la beso con un beso muy tierno que sellaria una vida sexual que perduraría.

Después de eso nos lavamos un poco, y justo cuando habiamos salido del baño, Ricardo entra a la casa apurado con todos los materiales que a mi se me habían “quedado”.

Por suerte Nos habiamos secado el pelo con secador y no parecía como si estuvieramos mojados, por lo que Ricardo no sospecho nada.

Que habria hecho si me hubiera descubierto.

Hace como 2 meses que no veo a Daniela, pero tenemos prometido que la proxima vez que nos veamos me va a dejar meterselo por la conchita, ya que la segunda vez que nos vimos, solo nos dimos un poco de sexo oral.

Después les cuento mi aventura en su conchita.

Saludos.

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El hechizo del toro

En una de esas frescas mañanas, montado con gran majestuosidad sobre su robusto alazán, se hallaba el fiel capataz abocado a lograr concretar el servicio que un recio toro overo debía realizar sobre una vaca en celo. Sentada sobre un viejo y grueso tronco que desde largo operaba a guisa de banco, ubicado al costado del potrero en que maniobraban hombres y animales, se hallaba la joven estanciera Marcia Paula contemplando aquel cuadro que, en realidad, había visto pasar muchas veces ante sus pupilas, sin que nunca le atrajera especialmente, como para decidirse a examinarlo in extenso. El diligente capataz, que se sabía observado por los ojos más bellos del mundo, dirigió a su patrona un natural saludo colocando el mango de su fusta próximo al ala del sombrero y luego prosiguió con sus tareas en pro de la aproximación de ambos animales.

     La atención de Marcia Paula, concentrada en un principio en su amante, fue derivando poco a poco, y cada vez con mayor intensidad, hacia la acción de la cópula de los animales. Se gratificó contemplando la gallarda estampa del overo semental y todas las piruetas, correrías y cabriolas que la exuberante testosterona le inducía a realizar como prolegómenos del apareamiento.

     Una vez que el toro hubo olfateado los humores de la hembra, se hizo ostensible que entraba en estado de franca erupción y, después de hacer trepidar el suelo con sus patadas, aradas y carreras, y de hacer vibrar el aire con sus sonoros bufidos, comenzó a soltar la majestuosa verga, la que en contados segundos se halló presta para el servicio, como un inmenso ofidio tropical arborícola dispuesto a saltar sobre su presa. Marcia Paula, al contemplar aquel miembro, no pudo evitar que un escalofrío le recorriera el cuerpo… una suerte de sensación ambigua, originada en una controvertible mistura de placer y de pavor.

     La embravecida bestia, en su aparatoso y grotesco cortejo, recorrió a toda velocidad un par de veces la periferia que marcaba la cerca del estrecho potrero, disparando coces a diestra y siniestra. Su magno apéndice se bamboleaba y agitaba a tenor de su loca carrera y, esporádicamente, incorporaba a esos movimientos sus propios estertores de deseos.

     De pronto vino a detenerse, cercado de por medio, como paralizado por un rayo y con extraña e incomprensible espontaneidad, frente a la patrona de la estancia. Luego de unos instantes de total inmovilidad en que quedó como pasmado contemplando profunda y curiosamente a la princesa, bajó y levantó sucesivamente su astada testa con la suavidad de un saludo; luego concluyó por mantenerla en alto y emitió un inefable bufido que sonó como el clamoroso viento de un heraldo. Realizó acto seguido algunos corcovos, efectuó un par de grotescos meneos y balanceos, giró dos o tres veces alrededor de sí mismo… y después de patear briosamente el piso prosiguió con su enfática danza.

     Marcia Paula quedó azorada ante el extraño «parate» del animal en medio de su efervescencia, lo cual vino a robustecer aquel singular estremecimiento que en ella se despertara unos momentos antes. ¿Qué hecho, residente en ella, pudo haber llamado la atención del overo como para que alterase de tal manera sus brutales manifestaciones, pasando olímpicamente de la furia portentosa a una increíble y fugaz actitud de cuasi contemplación?… ¡Qué conducta tan extraña!… Mas, ¡oh!, ipso facto se le presentó nítidamente la escena de niña, cuando un malhumorado toro la corrió y, una vez que ella hubo tropezado y caído, se limitó a acariciarla con su hocico.

     Aunque perpleja por todo ello, tampoco dejaba de observar con golosa contemplación lo atinente al toruno miembro copulador, en los momentos previos al apareamiento. Así, seguía con particular delectación su agitado bailoteo en concordancia con la furiosa carrera del toro, que aún daba por el potrero algunas vueltas enloquecidas. Al momento de montarse sobre la vaca, observó Marcia Paula cómo aquel miembro adquiría una posición casi horizontal y, en medio del frenesí del macho en su rítmico avance hacia la hembra, le vio oscilar pesadamente hacia arriba y hacia abajo, dando la impresión, por momentos, de que fustigaría la propia panza de la bestia… A raudales derramaba la escena la sensación del furioso anhelo que embargaba a ese protagonista principal, en la afanosa búsqueda de la morada que habría de saciar su ancestral voracidad por comunicar vida a la vida.

     Al contemplar tan impresionante cuadro, previo al natural apareamiento de aquellas bestias, la patrona se puso a temblar de emoción, sin saber a qué atribuirlo. En contados segundos más, ambos animales se hallaban en plena acción de cópula. Presa de una indecible excitación, la princesa se puso de pie y haciendo un sustancial esfuerzo para disimular su estado, saludó a Ramón y a la peonada con las manos. Tratando de alejarse lo más rápidamente posible de aquel teatro, prosiguió su caminata por los campos.

     ––Parece, Don Ramón, ––dijo el peoncito José–– que el overo ha reconocido a la patroncita y se decidió a hacerle un cordial saludo.

     ––¿Cómo diablos ––apuntó otro integrante de la cuadrilla–– pudo haberse frenado de tal manera en medio de la calentura?

     ––Se ve que quiso rendir un justo homenaje a la hermosura de la niña ––interfirió un tercero––. Está claro que la ha reconocido… Después de todo ella es la dueña de la estancia.

     ––No creo que el overo sepa distinguir tanto ––arguyó otra voz––, pero si de algo estoy seguro es que a don Melitón no le hubiera hecho tanta fiesta. ¡Claro que el overito ha visto la belleza de la niña!… y le ha querido dedicar unos momentos de mirada engualichada.

     Rosauro, un veterano que ya doblaba largamente el codo de los cincuenta, colocó la punta del mango de la fusta en la parte frontal del ala del sombrero y lo corrió hacia atrás, descubriendo gran parte del enralecido cráneo.

     ––No es la primera vez que ocurre esto ––dijo con voz grave y en tono de autorizada sapiencia campera––. Yo mismo he visto algo parecido hace más de veinte años, cuando la princesa era niña. La corrió un toro dentro de un corral; ella se cayó de bruces y ninguno de los que observábamos dábamos ya dos centavos por la vida de la pequeña. Sin embargo, el toro se limitó a tocarla con el morro y, ¡cosa tan extraña como la de hoy!, se aquietó totalmente… Más… diría que se comunicó con la niña, pues ésta acabó acariciándole con su manita el testuz y entonces el toro se meó de gusto. Conclusión, que es como si se hubieran hecho amigos… y la princesa salió del trance sin el más mínimo rasguño.

     ––¡Ohhh! ––exclamaron todos, asombrados.

     Ramón se limitó a sonreír ante esas ocurrencias y en ningún momento emitió opinión sobre el asunto, dando la sensación de que prestamente deseaba acabar con los comentarios. En consecuencia, sin dejar de sonreír y de asentir, instó a la cuadrilla a la prosecución de las tareas.

ATISBOS TAURINOS
     Días después, la exultante y más que satisfecha patrona de la Estancia La Soya daba rienda suelta a sus apetencias literarias y se dedicaba a buscar en la biblioteca de la mansión alguna obra para prodigarse unos momentos de relajante lectura. No estaba segura de cuál sería el tema que por aquellos momentos interesaría a su ánimo: quizás algo de historia, o alguna leyenda, o, tal vez, deseba recitar algún escogido poema de entre la pléyade que allí existía.

     Mientras recorría en su nutrida biblioteca los estantes de libros de todos los formatos, dimensiones y colores imaginables, iba pensando, con un dejo de resignación, cómo en este particular aspecto de la vida se presentaba la «gran diferencia» entre ella y su amante. Ella era, a todas luces, un espíritu cultivado, que dedicaba largas horas a la lectura, en tanto que su Ramón…

     «Bueno -se decía, haciendo gala de su natural amplitud de espíritu-, ¡zapatero a tus zapatos!… Pero no puede dudarse de las relevantes cualidades de mi Ramón como ser humano. ¿O es que su hombría de bien, lealtad y nobleza no han de tomarse en cuenta? Además, cuestión de no menor importancia, realiza su trabajo a la perfección y es sumamente inteligente en la resolución de las cosas prácticas. Es, ante todo, un hombre práctico… Y si se analiza su personalidad en cuanto a su capacidad de la relación humana, hay que concluir, definitivamente, que se sabe hacer querer por la peonada, porque tiene seguridad en sí mismo y un natural respetuoso para con todos; y esto es cosa independiente del nutrimento libresco. Más bien ha de creerse lo contrario: el excesivo alimento en tal sentido contribuye a dotar al individuo de cierto arrogante fariseísmo.»

     En tanto que estaba sumida en estos tan sustanciales pensamientos, sus irresolutos dedos hojeaban un libro que acababa de sacar al azar y, al pasear la vista por el índice, encontró un título que llamó poderosamente su atención: ‘La reina y el toro’. Sin saber por qué, se le redoblaron los latidos de su corazón. Llena de la más extraña ansiedad, se fue a sentar en un mullido sillón… y comenzó a buscar la página del capítulo correspondiente.

     «¡Flor de coincidencia es ésta!… -murmuró-… Veamos: los otros días, observando el apareamiento del enorme overo aquel, que me dejó absurdamente impresionada, ¡como si hubiera sido la primera vez en mi vida que contemplara tal hecho!; después, el extraño «parate» de la bestia en medio de sus furibundos retozos, para observarme con inefable mirada; y ahora, de los estrados de la cultura, se me aparece un capítulo de este libro con tan insinuante título… En fin, veamos de qué se trata.»

     Mas tenía clara noción de que su curiosidad iba más allá de la meramente literaria. Se sentó cómodamente sobre el sofá, puso algo de música melódica a baja intensidad, se sirvió una copa de whisky y se sumergió en la lectura.

     Leyó reconcentradamente, deteniéndose con frecuencia al fin o en medio de frases y párrafos. Por momentos, ponía sus ojos en el cielorraso y meditaba profundamente las palabras. A veces, las repetía remarcando sus sílabas… Y así se estuvo más que absorta en la lectura de aquella narración.

     Al concluir, una media hora después, se quedó pasmada. Se recostó sobre el sofá, puso el libro, aún sostenido por su mano, a un lado del cuerpo y nuevamente clavó la estática mirada en el cielorraso. Luego, entrecerrando los ojos, comenzó a regurgitar en su mente todos los conceptos, hechos y razones que había captado en aquella lectura y a enhebrar las vivencias que le habían suscitado; y así dio nuevamente rienda suelta a sus tumultuosos pensamientos:

     «¡La reina Pasífae!… ¡Que se apasionó por un toro!… ¡Por una maldición del dios del mar!… E hizo construir por Dédalo una vaca artificial para que el toro la poseyera… ¡Bueno… bueno!… ¡Esto sí que ya no ha de considerarse casualidad! ¿Por qué habría de ocurrirme tan precisamente a mí, y en esta especial circunstancia por la que atravieso, el que se me cruce una historia de tal tipo?»

     Al recordar la escena del toro, el tenor de sus movimientos y la intensidad de su mirada para con ella, sintió una erupción que la llenó de voluptuosidad y de espanto. Pensar que la imagen de esa escena la había perseguido con porfiada tenacidad, prodigándole, cada vez, un regusto de misteriosa sensualidad, de cosquillosa incitación a lo prohibido. Y ahora, como por un juego del azar, ¡viene justo a caer en sus manos esta bendita historia de Pasífae, la esposa del rey Minos y madre del Minotauro!… ¡Es cosa de no creer la concatenación de estos acontecimientos! Es como… si alguna potencia superior estuviera dirigiendo sagazmente los hechos de la vida de Marcia Paula hacia… ¿Hacia dónde?

     Retomó la lectura del libro y, al proseguir husmeando por los entresijos del volumen, encontró, bastante más adelante, otro título que lucía: ‘El Toro y la princesa’. Se trataba de una alusión a la pasión amorosa que la inocente virgen Europa, la hija del rey Agenor, había despertado en el máximo dios del Olimpo, el Supremo Júpiter o Zeus. Sin más, volvió a los anaqueles de su biblioteca y tomó La Metamorfosis de Ovidio; hojeó nerviosamente sus páginas… y finalmente se puso a recitar:
     No bien se reúnen ni moran en un solo sitio/

     la majestad y el amor; la gravedad del cetro dejada,/

     aquel padre y rector de los dioses que con fuegos trisulcos/

     tiene armada la diestra; que con el ceño el orbe sacude,/

     la faz de un toro se viste y, a los novillos mezclado,/

     muge, y en tiernas hierbas hermoso pasea./
     Marcia Paula, ahora sonriente, reflexionó:

     «Tal parece que el poderoso Jove, el padre y rector de los dioses que lleva el arborescente rayo en la diestra y que con su solo ceño sacude al mundo, adolece del muy humano pecado del adulterio. El majestuoso Júpiter, hermano y esposo de Hera, la vengativa y celosa diosa de los bellos brazos, se viene a enamorar de la princesa Europa, como tantas veces lo había hecho con otras mortales. Decide, pues, poseerla, transformándose en un hermoso toro blanco provisto de un par de breves cuernos que ostentan la transparencia de la gema. Y asume entonces una expresión dulce y pacífica para ganar la confianza de la tímida virgen.»

     «¡Dulce y pacífica!», se repitió. Y recordó el «parate» del overo y su extraña y densa mirada.

     La princesa de La Soya echó un buen trago de whisky en su boca para aplacar la aridez que había ganado su garganta y, a continuación, volvió sus ojos a la lectura, para seguir declamando de esta suerte:
     Su color es de nieve a la cual ni los vestigios del duro/

     pie pisaron, ni ha disuelto el Austro lluvioso./

     Músculos yerguen sus cuellos; la papada cuelga a sus hombros;/

     cuernos, en verdad, parvos; mas pudieras jurar que están hechos/

     a mano, y más que una pura gema, son transparentes./

     Amenazas, en su frente, ningunas, ni luz formidable;/

     la paz, su rostro tiene. La de Agenor nacida se admira/

     de que tan hermoso, de que combates ningunos amague;/

     mas aunque suave, temió tocarlo primero./

     Pronto se acercó, y alargó flores a las cándidas bocas./

     Goza el amante y, mientras viene el placer esperado,/

     besos da a las manos; apenas ya, apenas lo restante difiere./
     La princesa no pudo ahora evitar recordar el incidente, cuando pequeña, con aquel bravo toro que furiosamente la persiguió en el corral, mientras Sebastián Toranzo la traía de vuelta del bosquecito.

     «Amenazas, en su frente, ninguna» -repitió con alto tono declamatorio-… ‘La paz, su rostro tiene’… ‘Besos da a sus manos’… Según todo el sentimiento de mi recuerdo de niña, el toro que me persiguió, diría, me trató de idéntica manera, como si fuera una mascota de mi propiedad. Recuerdo muy claramente con qué complacencia recibió la caricia que le prodigué en el testuz.»

     Un impensado escalofrío recorrió su cuerpo. Lo aplacó con un nuevo trago de licor. Luego volvió al análisis de su lectura.

     «Y finalmente -prosiguió- la hija del rey Agenor, sobre las espaldas del transmutado dios y tomada de una de sus manos en un cuerno y depositada la otra sobre el divino lomo, es transportada por el amantísimo toro por sobre las ondas del océano y… termina éste dando satisfacción a su lujurioso anhelo… ¿Cómo?… Mas he aquí, en este segundo caso, que el toro toma la iniciativa y es el propulsor de la unión carnal. ¡Claro que se trata nada menos que del más poderoso de los dioses del Olimpo!»

     Y prestamente se quedó imaginando cómo, por influjo de los divinos poderes, puede una bestia de tal naturaleza tomar conciencia de un acto de amor con una mujer y, desde una visión pragmática, cómo pudo realizarlo. ¿De qué medios se habría valido Dédalo para ejecutar su obra?

     Finalmente, despojándose de las ensoñaciones en que se había sumido, volvió a la realidad y se fue a preparar otro whisky. A continuación abrió nuevamente las compuertas a las turbulentas aguas de su mente:

     «¡Maldita sea mi suerte que hace que el pensamiento del toro me persiga como mi sombra! Cada vez que así ocurre percibo como una dilatación de mi ‘vacío’. Es como si… como si… estuviera efectuando un llamado. Es menester, Marcia Paula, que erradiques definitivamente tales ideas de tu alocada cabeza… O terminarás por enloquecer…

     »¿Cómo habría logrado la vehemente Pasífae introducirse dentro de la bendita vaca?… Para nada debe resultar tarea fácil elaborar el artificio necesario para posibilitar físicamente tan especial apareamiento, ni mucho menos el conseguir meter semejante engaño en los tuétanos del animal.

     »Al fin de cuentas… ¡oh, Marcia Paula!, no te hallas sola en este fatídico síndrome del ‘vacío’ del que eres víctima. ¿Qué dios del mar, del aire, de los campos, de los montes, del sol, de las tinieblas, o del mismísimo Averno me lo habrá insuflado a mí? ¿Por qué me persigue, casi implacablemente, la imagen de aquella enhiesta y descomunal verga taurina? ¿No me dicta a cada instante mi aterrada razón las razones de tamaño desafuero? ¿No tengo acaso más que suficiente con el amor de mi Ramón y con su admirable lampalagua?

     »Será menester, Marcia Paula, que hagas todos los esfuerzos necesarios para eliminar de tu aterida mente aquellas dos exóticas imágenes: la enorme verga de la bestia y la intensa mirada a ti dirigida. Al fin, la magnitud de su miembro no es otra cosa que una manifestación de la naturaleza, y que está acorde con su función y con la complexión de la especie de que se trata. Tú lo ves descomunal sólo porque lo humanizas y crees que…

     »Tú tienes a lampalagua que es, por añadidura, el apreciado apéndice de un bello ser de tu propia especie, el cual está provisto, además, de una pléyade de dones que confieren belleza a su alma. ¿Qué más puedes pedir?…

     »¿Y qué tal si resultaras perdidamente enamorada de… un toro; de lo cual por momentos tienes serios barruntos? ¡Tal como le ocurrió a la esposa del rey de Creta, la profunda Pasífae!… ¡Puaj!… ¡Todos los caminos conducen al infierno!… Dentro de un cuero de vaca: ¡qué ridículo!… Y para colmo, después venir a parir un ser monstruoso, fruto de tal unión… Eran verdaderamente imaginativos estos griegos. Pero en realidad, por tal peligro de embarazo… no hay cuidado… ¡Dios… qué dimensiones las de aquella verga! Es como… un palacio de chocolate: alegra la visión de la escena, pero puede matar de indigestión…»

     Con la policromía de un caleidoscopio pasaban por sus laceradas mientes tan extraños y contradictorios pensamientos que, por momentos, la sumían en el deleite y, en otros instantes, le insuflaban un torrente de pavor… Nuevamente sintió que su garganta ardía. No encontró nada mejor que apagarla con otro trago de whisky…

     Poco después, bajo el narcótico efecto del alcohol, la princesa acabó por sumirse en un sueño, en el mismo sofá en que se hallaba. Sin darse cuenta, los libros que tenía entre sus manos fueron a parar a la silenciosa y mullida alfombra y, en una suerte de disipada duermevela, se le presentó una densa escena onírica.

     Así, se vio en un teatro, sentada en una butaca muy próxima al escenario. Sabía que había allí congregada una gran cantidad de espectadores, pero la presencia de los demás era difusa. Una vieja, ¡muy vieja y contrahecha!, con una fortísima inclinación hacia delante y con todas las apariencias de una bruja medieval, era el único actor que se presentaba en la escena y estaba a la sazón iluminada por un potente halo de luz rosada. El desagradable personaje se apoyaba sobre un arborescente bastón, en tanto que con cascada y antipática voz descerrajaba un monólogo cuyas razones no entendía, o dejaba indolentemente que se escurrieran con toda libertad por la atmósfera del lugar. Entrecortaba su estentórea peroración con risas gélidas y cínicas… La forzada espectadora comprendía que aquel basilisco no podía sino ser un espectro malévolo.

     De repente, aquel actor esperpéntico se dirigió a ella con escasamente contenida furia y en tanto que la increpaba con duras palabras, iba agitando convulsivamente su bastón, que no dejaba de señalarla. Y vio entonces que aquel báculo tomaba la forma de la inmensa verga de un toro, a la que ella observaba con atónita mirada…

     Acto seguido, apareció un segundo halo de luz, blanca esta vez, que iluminó el palco principal del teatro. En él se hallaban dos mujeres de singular belleza: una de aspecto maduro, la otra con todos los signos de la doncellez. Ambas se pusieron de pie y recibieron una fuerte ovación.

     ––Yo soy la profunda reina Pasífae ––exclamó la primera.

     ––Yo me llamo Europa ––dijo la segunda–– y soy la princesa hija del rey Agenor.

     De inmediato retomó la palabra la arpía del escenario y, siempre apuntando con su transmutado bastón a Marcia Paula, vaticinó:

     ––¡Tú, la hija de Aranda y Puig, deberás pronto compartir el palco!… Y te convertirás en cofrade de esas mujeres del bestialismo…

     Entonces la princesa despertó raudamente y se mantuvo aún unos cinco minutos recostada, profundamente impresionada por la naturaleza del sueño. Luego, venciendo alguna dificultad para mantener el equilibro, fue a colocar los libros en el estante de la biblioteca. Mientras se golpeada la cabeza con la palma abierta de la mano en un intento de aventar las brumas del horroroso sueño, se dirigió afuera. Allí se encontró con el capataz que acababa de regresar, sin haber desmontado aún, de su visita a lo de don Zoilo.

     ¡Qué enormes deseos de echarle los brazos al cuello, como lo haría una novia corriente!… ¡Qué hermosa estampa gasta sobre su alazán!…

LA PRIMERA CITA
     Una de esas mañanas de sus comunes paseos por la estancia, se hallaba Marcia Paula profundamente cavilando sus cuitas y necesidades cuando al doblar por la esquina de uno de los potreros descubrió precisamente a la asaz desenvuelta Adelita.

     Llevaba ésta un aparatoso peinado, con el renegrido cabello muy ensortijado, abultado y revuelto, en una suerte de composición que destilaba gran sensualidad. Una parte de sus sedosos mechones caían sobre la rosada faz, en deleitosa armonía con los graciosos hoyuelos de sus mejillas y el brillante fulgor de sus ojos azabaches. Había depositado en sus labios una gruesa película de carmín, ampliando la incitante boca más allá de sus límites naturales y exagerando así la voluptuosidad que de ellos escapaba. Lucía en su talle una ajustada y breve falda y cubría su torso con una blusa muy suelta que, a partir de la punta de sus pechos, caía con la verticalidad de una cortina, cuyo ostensible alejamiento del ombligo ponía harto de relieve la generosa causa que provocaba tan insinuante separación. Total que la apetecible criada venía produciendo, en la medida en que circulaba por veredas, calles y callejas de la estancia, la momentánea parálisis de la tarea de quien la observara pasar, sea hombre o mujer.

     Esta estampa de la criada, rutilante y sensual, mucho molestó a Marcia Paula.

     —Buen día, patroncita, ¡dichosos los ojos que la ven! —saludó la jocunda niña.

     —Hola, Adelita… Por lo que veo hoy te has dedicado a emperifollarte sobremanera ––apuntó la princesa, con voz que olía a tedio.

     La moza se llevó coquetamente la palma de la mano a su cabellera, segura de haber causado una acendrada impresión en la patrona.

     ––¿Vio el peinado que me hice hoy?… Me he lavado con el mejor champú que conseguí en Villa del Buey.

     Marcia Paula rápidamente cambió el tema:

     ––Decime: ¿sabés si a esta hora ya ha llegado don Melitón desde la ciudad? Acordate que lo estamos esperando.

     —No, patroncita… No ha llegado hasta el momento. Y claro que sé que lo estamos esperando. Hace un ratito nomás que le estuve plumereando el escritorio que él usa cuando se llega por acá. Pero no se preocupe que don Melitón estará al llegar. Hortensia se halla preparando unos ñoquis al tuco que es para él exquisito almuerzo. Parece que la negra tiene un arte especial con esa comida. No bien meta el pie en la casa pegará el grito para que yo le cebe mate…

     Marcia Paula frunció el ceño…

     —Bueno, podés dedicarte a tus otras cosas —apuntó—, que esta vez el mate se lo voy a cebar yo; tengo que conversar con él. Hay muchas novedades en la estancia desde la última vez que se llegó por aquí.

     —¡Le juego que no va a poder ser, patroncita! A don Melitón le gusta que le cebe los mates yo… ¡Ya va a ver!

     —¿Ah, sí?… ¿Y se puede saber qué diablos tienen tus mates? ¿O creés que yo no sé cebarlos tal como a él le gustan? —replicó Marcia Paula, algo picada por la imprevista afectación de la niña.

     —No… es que… don Melitón se muestra muy a gusto cuando yo le cebo los mates… —se despachó, muy desenvuelta, la quinceañera—. Ya en varias ocasiones me ha elegido especialmente a mí en lugar de las otras criadas: ni la Tatiana, ni la Luciana… Él es muy tierno conmigo y se ha aficionado a que le cebe yo los mates. ¿No lo ha notado Ud. acaso?

     Ahora la patrona comenzó a maliciar dónde se hallaría el meollo de aquella cuestión, pues ya había descubierto síntomas afectuosos en las miradas que últimamente su padre dirigía a la mocosa. Y algo le empezó a musitar que el «look» que presentaba la criada estaba emparentado con la visita de su padre.

     ––¡Claro que no había notado tal cosa! ––Respondió, fastidiada–– ¿Y me podrías decir qué clase de afición te muestra don Melitón?

     ––Bueno, a él le gusta… tocarme.

     La princesa, ahora bastante más irritada, se mordió los labios y guardó un rato de silencio; luego inquirió:

     —¿Ajá?… ¿Y se puede saber dónde te toca?

     —Siempre me dice que estoy «lindaza»… Me aprieta los cachetes y los muslos… También me da chirlitos y pellizconcitos en la cola…

     Marcia Paula tragó saliva.

     —¡Está claro! Seguramente que después de tales masajes has de encontrar los glúteos suficientemente relajados como para sentarte a descansar cómodamente.

     No por inocente la criada dejó pasar la pulla de su patrona; por el contrario, con connotaciones socarronas, prosiguió:

     —Muchas veces se le ocurre a don Melitón «pesarme» las tetas; en los últimos tiempos es lo que más hace. Entonces siempre repite lo mismo: «¡Qué ubre magnífica para hacer la felicidad de nuestros mamones!… »

     —¿Ah, sí?… ¡Conque tenemos ahora que don Melitón se nos viene a aficionar a los pesos y medidas!… ¿Qué es eso de «pesar» las tetas?… ¿Qué clase de balanza usa?…

     —Pues, está claro: ¡las manos!, niña… ¡las manos!… Sencillamente que me pone sus manos por debajo de las tetas, las levanta y luego, mirando pensativo al cielo, consulta con vaya a saber qué balanza que dice que tiene en su interior y a continuación canta el peso que tienen.

     Marcia Paula contempló nuevamente las insinuantes puntas frontales de su criada… El tono bermellón ya se había enseñoreado casi totalmente de su rostro, mas trataba de contenerse. Así, prosiguió:

     —¿Y qué peso suele encontrar para tus tetas? Me imagino que, dada la frecuencia de esas operaciones, no debe variar mucho de una ocasión a otra, por lo que seguramente no es indispensable tanta reiteración del pesaje.

     —¡Qué sé yo!, amita. Lo único que le puedo decir es que… ¡el patrón es tan «jodón»!… Se le ocurre decir cualquier cosa: «Hay aquí varios kilos… Alcanza para amamantar a un parvulario»… y cosas por el estilo.

     —¡Vaya original manera de sopesar ubres y de sacar especiosas conclusiones! ––susurró entre dientes la patrona. Luego, autoritaria, espetó a la criada––: Pero, por lo que veo, tampoco vos mostrás remilgos a la hora en que deberías escurrir el bulto. ¿Nunca fuiste capaz de arisquear un poco tu humanidad a la mano traviesa?

     —Niña: ¡recuerde que se trata nada menos que del patrón de la estancia!…

     Marcia Paula observó una vez más los voluminosos pechos de su criada, que, debajo de la blusa y desde siempre, dejaban adivinar su total soltura, y quiso indagar acerca de la etapa a la que arribaría la singular operatoria paterna.

     ––Decime, ¿te toma el peso por encima de la blusa, o…?

     ––Al principio sí. Pero ya en las dos últimas veces me hizo desabrochar la blusa y… «A ver, mocosita -me dijo- sacá las ubres afuera que con esa tela de por medio no puedo trabajar con precisión». Entonces se puso detrás de mí y me calzó las tetas con sus manos y se puso a levantarlas que era un contento.

     ––¿Y vos no le dijiste nada?… ¡Desvergonzada!

     ––¡Amita, por favor! No me trate así… ¿Cómo defraudar de tal forma al patroncito de «LaSoya»?

     ––Bueno, bueno… ¡Está bien!… ––replicó Marcia Paula.

     Entonces estuvo a un tris de preguntar a la Adelita si las tales manipulaciones de sus aguerridos senos no habían pasado a mayores… Pero, considerando ya la inconveniencia de seguir adelante y ante el resquemor de ahondar aún más la indignación que la poseía, optó por poner punto final a aquella conversación. Empero, reflexionó: «¡Lo único que faltaba!… ¡Viejo verde de mierda!… Se ve que con mi copetuda madrastra, que va ya camino a la posesión de la majestad del pergamino, no le alcanza.»

     Estos molestos pensamientos introdujeron en ella una gran melancolía. Mientras así cavilaba, impensadamente se halló frente a un potrero con animales y se apoyó sobre el cerco. Y allí, ¡oh caramba!, precisamente, estaba el toro overo… y tan próximo al cerco, que se hallaba al alcance de la mano. El animal rumiaba en medio de la más apacible calma, con esa típica languidez vacuna que se presenta como rayana en la estulticia… Casi se diría que ni notó la compañía de la patrona, o que lo tomó con bovina naturalidad.

     Ella lo tocó por su costado, primero con la punta de los dedos dando al grueso pellejo unas cuantas rastrilladas. Sin inmutarse mayormente, el animal se limitó a efectuar un ligero sacudón de la piel en la zona del contacto con las uñas… y siguió rumiando con la mayor tranquilidad.

     Luego, con la palma de la mano, comenzó a acariciarlo suavemente, lo que pareció ser del agrado de la bestia, puesto que la llevó a recostarse contra la cerca.

     Marcia Paula no tuvo dudas de la aceptación de las caricias y se comenzó a instalar en ella la seguridad de que haría buenas migas con el animal.

     Sin dejar de masticar y ya rascándose contra el cerco en evidente actitud de satisfacción, el toro volteó su enorme cabeza y se puso a contemplar a la princesa que no cesaba de pasarle su mano, ahora por el lomo. Ella recordó la circunstancia del apareamiento, cuando el toro la miró de manera extraña; sólo que ahora proseguía rumiando indolentemente y su mirada era del tipo bobo.

     Luego, se animó a pasar adelante y comenzó a acariciarle la testa… En consonancia, oyó al toro emitir armoniosos y suaves bufidos de satisfacción…

     Como instigada por un sortilegio que ardía en lo recóndito de su ser, la patrona le empezó a hablar:

     —Parece ser, overito, que te agrada la caricia de tu dueña. En realidad no eres tan bravo ni arisco como te hace todo el mundo… Por el contrario, eres un verdadero mimoso… No sé por qué causa te has instalado en mí… Y ahora te comportas de una manera asaz complaciente… Tanto, que has conquistado mi cariño… Siempre estás en mi camino, ya en imagen, ya en presencia física, como en este caso.

     Saltó audazmente el cerco y se puso al lado mismo del toro y, en tanto que no cesaba de acariciarlo, le hablaba con extrema dulzura.

     ––Dime, «Mimoso», ¿qué te llevó, mientras te revolvías en el inicio de tu apareamiento la vez pasada, a frenar tan en seco tu desordenada furia?… ¿Qué potencia insondable determinó que te fijaras en mí y me contemplaras como pasmado por unos instantes?… Quisiera descifrar los códigos de tu cargada mirada.

     »¿Sabes?: mientras era niña uno de tus congéneres me persiguió con la mayor destemplanza y yo caí al piso. Él me olisqueó y, ¡caso prodigioso!, en contados segundos se convirtió en mi amigo y comenzó a acariciarme como él podía hacerlo: con su húmedo hocico refregando sutilmente mi cuerpo. ¿Tuve, acaso, el don de transmutar su bravura en ternura? ¿No está ocurriendo otro tanto contigo?…

     La bestia le aproximó el corpachón y comenzó a restregarse cariñosamente contra ella, al par que extendiendo su cabeza emitía suaves berridos de satisfacción. Pese a que, para sus parámetros de corpulencia y de conducta, era palmario que lo frotaba con sutileza, no dejaba de percibirlo como grotescos aunque afectuosos empujones el grácil cuerpo de la patrona.

     Y tanta era la confianza que ella había ganado que en ningún momento sintió miedo a que la bestia se vuelva agresiva.

     —He aquí, Mimoso, que según estoy viendo vamos a convertirnos en amigos… Grandes amigos… Así como vi gran amistad entre Hebe y Sultán y la Lucinda y El taba.

     Luego volvió a saltar el cerco y reanudó su marcha en dirección a las casas. Al poco trecho se detuvo y giró su cabeza hacia atrás para volver a despedirse de su nuevo amigo. El toro ya no rumiaba, no hacía sino contemplarla como arrobado, y ella tuvo la sensación de que había un dejo de melancolía en la expresión de la bestia.

     Depositó, sonriente y escénica, un beso en la ahuecada palma de la mano y lo sopló en dirección a ella.

     Con extraño sincronismo el animal emitió un suave mugido y, abandonando su estática posición, dio una vuelta con corcovos alrededor de sí mismo… Luego volvió a su rutinaria tarea de masticar.

     Marcia Paula reinició la marcha hacia el casco y finalmente, sin darse cuenta, remató así en su magín:

     «¡Ah, reina, reina! ¿Cómo te habrías arreglado para inducir a un toro a que te ame envolviéndote en un cuero de vaca? ¿Acaso sería ello posible? No digo resistir el desaforado volumen del miembro del toro (sintió un escalofriante regusto al pensar en ello), porque quizá eso se pueda dosificar adecuadamente; mas lo que resulta muy difícil de imaginar es el artificio al que hay que recurrir para ajustar tan disímiles conformaciones corporales, y mantener engañado al animal… Después de todo, estoy segura, el ancho de su miembro no es problema… No lo fue el de El Taba para la Lucinda, según lo vieron mis propios ojos… Y la cantidad de él a introducir se puede controlar: la cuestión es buscar la forma de arrimarse o separarse, según convenga… y ¡allí sí que no habría ‘vacío’ que no se pueda colmar!…»

     Se encontraba voluptuosamente sumida en estos pensamientos cuando vino a caer en la cuenta de que otra vez la toruna escena se había presentado en su tablado. Claro que esta vez…

     «Ese overo, ese toro, Mimoso, ¡oh, demonios, cómo vino a cruzarse en mi camino!… Parecía complacido ante mis caricias. Y yo…»

     Todo lo cual fue motivo para que comenzara a reprocharse denodadamente y tratara de nuevo de arrojar por la borda tales ideas, tan descabelladas cuan voluptuosas… Mas, serios barruntos asolaban su ser.

EL CABALLO DE LA INSINUACIÓN
     Poco después Marcia Paula se encontró en preparativos para ir de compras en compañía de Hortensia a Villa del Buey, el pueblo próximo a la estancia. Subieron ambas al vehículo «cuatro por cuatro» y poco después la patrona entraba en el almacén de ramos generales del vasco don Francisco Goycoechea, a quien todos conocían como don Pancho y también, según es usual por estas latitudes al referirse a todo nacido en la Madre Patria, como «el gallego».

     A la entrada del enorme local le llamó poderosamente la atención la presencia de un cuerpo de escultura representando un formidable caballo percherón. Nunca antes lo había visto. Se trataba de una magistral artesanía en escala natural, sobre la que el comerciante había colocado, en exhibición, diversos arneses para la venta. Aparecía ante la sensible mirada como una verdadera maravilla de sutil arte campero que, a no ser por la inmovilidad, se había de tomar por un ejemplar de caballo absolutamente real. Y allí se encontraba precisamente la belleza que emanaba de tal obra: la inefable sensación de vida que ponía en el espíritu del observador.

     Marcia Paula, en extremo deslumbrada, se detuvo unos instantes y le golpeó con sus nudillos, para venir así a comprobar que la pieza era simplemente un muy bien logrado armazón de madera, recubierto por la piel del caballo que representaba, excelentemente curtida. Sus ojos de vidrio parecían realmente naturales y en cuanto a sus crines, lo eran realmente; todos sus detalles hacían sentir la exquisitez y escrupulosidad de las apreciaciones morfológicas que sobre ellos había derramado el artista… Total que el conjunto ofrecía una notable sensación de verosimilitud de vida y era, a no dudarlo, una obra maestra de taxidermia.

     —Parece que a la preciosa moza de La Soya le interesa esa belleza —exclamó desde el interior, elevando su ibérica voz, un sonriente y amable Don Pancho, que desde largos minutos aguardaba el ingreso de la princesa a su negocio. Al hombre ya se le habían iluminado los ojillos, pues se trataba nada menos que de uno de los más importantes clientes de la casa.

     —¡Es realmente maravilloso este caballo!; destila vida por todos lados —repuso ella––. ¿Quién es el genio que se muestra detrás de tan bella obra?

     —¿Vio?… Pareciera que le falta sólo poder moverse y relinchar. Me costó mis buenos pesos, pero no es que el artista que lo hizo sea muy exquisito para cobrar, sino que realmente es una obra muy trabajosa. Y él es tan dedicado a su arte, que no trabaja si no lo hace con la perfección de los teutones. Éste que ve, niña Marcia, está hecho de tablillas de madera pero, según me lo dijo don Otto -que es su artífice-, ya está reemplazando ese material por el plástico duro, con lo que piensa llegar a formas más perfectas.

     —¿Cómo dice usted, don Pancho, que se llama ese artista?

     —Otto Friedrich Salinger. Por acá le decimos, como no podía ser de otra manera, «el alemán». Como todos estos germanos es muy parco de boca; al revés que nosotros, los «gallegos». Tampoco vive en el pueblo, sino en un paraje bastante metido en los campos, para el lado del este. Allí tiene su residencia, su chacra, su taller, su depósito y todo aquello que necesita para su vida y su labor. Allí da rienda suelta a sus chifladuras. En realidad no se gana la vida con estos trabajos; las malas lenguas dicen que recibe una muy buena pensión de su país de origen; lo cual, parece ser que está emparentado con su ascendencia directa a un gran oficial de la armada alemana de la última guerra; quiero decir, lisa y llanamente, que su padre fue importante oficial de los nazis. Fue sobreviviente de la ‘Batalla del Río de la Plata’ y resultó ser uno de los internados en la Argentina.

     »Pero volviendo al caballo, debo aclararle, niña, que esa maravillosa pieza está hecha con listones de madera de las dimensiones adecuadas y retorcidos convenientemente para disponerlos a la forma que se necesite dar según su ubicación; y el trabajo del cuero es una obra maestra de un taxidermista de gran nivel, como lo es nuestro lacónico amigo Otto. A mí me gusta decir que se trata de una réplica del Caballo de Troya… De hecho, pienso bautizarlo como el Caballo de Troya de Villa del Buey.

     —¿Caballo de Troya? —replicó, sorprendida, la princesa— ¿Qué sabe Ud., Don Pancho, del Caballo de Troya?

     —¡Ah, querida señora Aranda y Puig! Sé que el primitivo Caballo de Troya era una construcción de madera de los griegos que sitiaban la ciudad de Troya. Por supuesto que era enorme pues, según dicen, alojó muchos soldados en su vientre. Pretendía ofrecer engañosamente un emblemático reconocimiento al coraje con que Troya se había defendido del sitio y venía a insinuar la intención del sitiador de abandonar la contienda. En realidad, no era más que una gran estratagema que le costó muy caro a la ciudad sitiada. No creo que tuviera la sutileza del que está en mi entrada.

     »Mas digo que tienen un parecido… y es sólo por el hecho de tener ambos la panza vacía.

     Y lanzó don Pancho una sonora carcajada en la seguridad de haber logrado un chiste de buen calibre. La princesa contenía en sí una muy escasa cuota de humor, ya que había quedado muy impresionada y pensativa acerca de aquella escultura; así que siguió a don Pancho en la hilaridad con el fingimiento estrictamente necesario a que obliga la cortesía. Y luego le entregó un pedido que llevaba por escrito, una larga lista de artículos, productos y enseres, y le solicitó que preparara tal recado para el día siguiente en que mandaría una camioneta para su retiro.

     «El gallego» leyó ávidamente la lista para fijar con una ojeada veterana el monto de la operación.

     Luego ella se despidió del comerciante y, al llegar a la salida, se detuvo nuevamente frente al caballo. Pasó su mano por el lomo, entrelazó las crines entre sus dedos y aplicó nuevamente dos golpecitos con sus nudillos. Se puso a mirarlo por los cuatro costados y luego determinó escrutarlo por debajo. Después de dar varias vueltas alrededor de aquella escultura, se dijo:

     «¡Con la panza vacía!… ¡Caballo de Troya!… ¿Por qué no… Vacuno de Soya?»

     Sintió de inmediato un voluptuoso flujo que como un chorro de miel fluía por su columna vertebral.

     «¡Claro, claro! -se repitió-… ¡Es una idea subyugante!… ¡Es una verdadera iluminación!… ¡Don Otto!: es obvio que he encontrado mi Dédalo…»

     Y se quedó como aturdida contemplando aquella pieza hasta que, pocos minutos después, vino a su encuentro la mulata Hortensia que había quedado en otro negocio para adquirir vituallas de despensa. Con sus ojos muy abiertos, que mostraban ese agradable contraste entre el azabache de sus pupilas y el níveo resplandor del resto de sus globos, dijo la criada:

     ––¿Vio, patroncita, qué cosa más real?…

     ––En efecto… Vámonos ahora, negrita.

     La princesa permaneció pensativa mientras conducía la camioneta de regreso a la estancia, en tanto que la mulata hablaba hasta por los poros.

     «¡Un vacuno! -reflexionaba-. Un robusto vacuno… ¡Un Vacuno de Soya!… Un vacuno como emblema de nuestro establecimiento y… ¡con el vientre vacío! Al igual que el Caballo de Troya… Con la entraña vacía, pero portadora del poder… ¡Qué magnífico apoyo me viene a presentar esta contingencia!… ¡Oh, en verdad que se trata del caballo de la insinuación!… Más, ¡diría que es el caballo de la iluminación!…»

FRENTE A FRENTE
     Era el atardecer de una brillante jornada, varios días después de una nefasta noche de amor insatisfecho con su amante Ramón, en que ella volvió a sentir su maldito «vacío». Fue el día del quicio de los amores de Marcia Paula con su capataz.

     Y era un magnífico atardecer, típico de las majestuosas pampas argentinas. El Sol se estaba llamando a retreta. Ningún espectáculo, como la puesta en la Pampa, puede compararse a la belleza de la inmersión del Foco del Mundo en el anchuroso océano del cosmos… habida cuenta de la inmensa horizontalidad del prado.

     El disco del Astro, de rosácea enormidad y menguada incandescencia, luego de tocar tangencialmente a la infinita línea del horizonte, comenzaba a verse tronchado por su polo inferior… Instantes después, las fauces etéreas de aquella insondable rectitud, habían devorado ya un segmento de su círculo.

     Salvaje horizonte pampero de rectitud perfecta e infinita. Tan impresionante como la del océano, se vislumbra como la línea que se genera por la intersección de aquella planísima y verde llanura con el azul manto del cielo… Rectitud inmaculada, que parece configurar el diseño del lejano pliegue con que el firmamento, que se aleja por sobre nuestras cabezas hacia el Poniente, es devuelto a nuestros pies en un plano de puro verdor y frescor de Pampa.

     Desde su apabullante inmensidad, la majestuosa Luminaria de la Vida iba entonces derramando por sus alrededores una rosada aura de bellos y caprichosos efluvios.

     Y así, en tanto que los apolíneos y rubicundos rayos herían alguna que otra ambigua nube, perezosa y dispersa, parecía poner un toque de arrobadora policromía en los dominios del señorial dorado de aquel paradisíaco atardecer.

     No existe, en verdad, espectáculo de mayor esplendor y exuberancia por estos escasos rincones del hemisferio sur del planeta, que la escena en que el inefable heraldo llama a las ceremonias del diario descanso del Astro Rey.

     Vete ya, a reposar… ¡oh, munificente Apolo!…, que por la opuesta banda del Levante será también presto llegada la hora del bostezo de la Pampa, cuando vibren los viscosos clamores de las trompas del nuevo rosicler…
     Ya el paisanaje y peonada de la Estancia La Soya se hallaban aquietados en sus casas y una densa y reposada calma se esparcía por campos y potreros. La Pampa se había llamado a silencio. Decenas de pequeñas columnas de humo, portadoras del apetitoso aroma y del crepitante son del churrasco, se elevaban, danzarinas, en torno de las casas. Sonaban guitarras y charangos mezclados a voces, casi siempre melodiosas… por momentos alcoholizadas.

     En tal circunstancia, una grácil y escurridiza figura femenina se desplazaba próxima a uno de los corrales… con la elegancia y flexibilidad de una gacela, con el sigilo de una pantera y con el ansia que sólo la voracidad es capaz de poner en el ánimo.

     Caminaba con la mirada fija, sin abandonar su aire cauteloso, y lanzando a veces una mirada perdida en lontananza sobre la infinitud de la fugaz llanura. Su paso era elástico, lento y maquinal, pero firme. Parecía, por momentos, que nada de lo que le rodease tuviera importancia. Pero todo en ella denotaba resolución, intrepidez, temeridad. Marcia Paula, que de ella se trataba, enfundada en su sencillo conjunto jean de pantalón y chaqueta, se deslizó por la parte inferior del cerco e ingresó a un pequeño corral en el que se hallaban varios animales vacunos, entre ellos, el que andaba buscando.

     ¡Oh, caramba!… ¡Qué extraña coincidencia!: el mismo corral que más de veinte años atrás fuera teatro del incidente con un fiero toro que la persiguió por un buen trecho… y con el cual acabó haciendo amistad…

     Ahora se encontró con aquel overo que, poco tiempo atrás, había visto aparearse y cuya deleitosa imagen tanto la había perseguido. En un principio la bestia mostró los clásicos signos del nerviosismo de su estirpe bravía ante lo que aparecía como una invasión de su territorio, se agitó en algunas vueltas alrededor de sí mismo y, dando pruebas de su natural vehemencia, fustigó el suelo con varias patadas. Plantada imperturbable frente a él, con la firmeza de un audaz coloso, la princesa susurró:

     —Mimoso, ¿acaso no me conoces?… ¿No recuerdas que hemos hecho un pacto de amistad?…

     Como por arte de encantamiento la movediza bestia se aquietó y quedó como pasmada. Lanzó una profunda mirada a quien se había colocado frente a ella, reiterando, casi en todos sus detalles, la increíble conducta inquisitoria de la anterior ocasión del apareamiento… y se fue aproximando mansamente a su dueña.

     A la princesa no le cupo duda de la reiteración de esa singular mirada y creyó ver que ella poseía algún sesgo sobrenatural.

     Se colocó a un costado de su enorme cuerpo, próxima a la cabeza, comenzó a acariciarle la robusta cerviz y luego, acercándose a su oreja, le siguió así hablando:

     —No sabes, querido amigo, cuánto tengo que sufrir… No he podido borrarte de mi mente y de mi pasión desde que te vi montar sobre aquella vaca. No he logrado destruir la imagen de tu preciosa verga, cuya visión forma parte de los sueños de mis noches y de la satisfacción de mis más preciados anhelos. Es mi conclusión que sólo ella será capaz de colmar mi «vacío». Este maldito «vacío» que está en permanente ampliación y que no sé dónde ha de acabar. Cuando encontré a Ramón me regocijé ante lo que creí que era el fin de mis cuitas. Pero no fue así: su bien conformada y robusta lampalagua ya no alcanza a refrigerar el ardor de este infierno mío y, tengo para mí, que dentro de la varonil estirpe ha de haber muy escasa ocasión de hallar otra igual. Ahora te toca el turno a ti, mi gentil Mimoso, para que acudas en ayuda de tu ama. Nos separa, no tanto las dimensiones de nuestros conjugados instrumentos de amor, cuanto la formidable muralla de las especies. Nuestras conformaciones no se avienen con el motivo de mis desvelos. Es como el ansia del sapo de convertirse en buey. Es como la inútil apetencia venusiana del eunuco. Tú tienes un peso varias veces mayor que el mío, pero el fabuloso anhelo que me posee y la frondosa pasión que a ti me empuja, han acuciado suficientemente los intríngulis de mi mente para que, mediante la industria de mi parte y un poco de paciencia por la tuya, logremos unirnos en un acto de amor. Creo haber hallado al redivivo Dédalo que construirá para ti una hermosa y coqueta vaquita, en la que podrás entrar huroneando sus entrañas como lo hiciste con aquélla de la vez pasada. Y yo, mi colosal Mimoso, ¡te estaré esperando!…

     Mimoso se había quedado muy quieto y en una actitud tal que parecía entender las palabras de Marcia Paula. Realizaba suaves y rítmicos movimientos con su cabeza, hacia arriba y hacia abajo, que mostraban bien a las claras el gusto que recibía de las caricias de aquellas delicadas manos, y que, por añadidura, hacía pensar que estaba dando una enfática señal de afirmación a las palabras de la patrona.

     Ella sintió como que la comunicación de ese algo inefable, que es el ánima de toda cosa viva, quedaba establecida con el enorme animal. Como tocada por un impulso incontenible, se arrodilló a continuación a la vera del toro y vio que estaba soltando parte de su miembro copulador. Arrebatada por el mismo tipo de éxtasis que había experimentado ante su primitiva visión, puso su mano sobre aquel aparato y comenzó a acariciar la zona genital del majestuoso toro; el órgano emergió entonces, en toda su plenitud. Marcia Paula estaba repitiendo las acciones que vio realizar a Lucinda Fonseca con El Taba, el ruano de su establo.

     —¡Ah, tú, «lampalagua» colosal!… Eres quien habrá de doblegar al maldito enemigo de mi «vacío». Eres enorme y por momentos me llenas de zozobra… de voluptuosa zozobra. Mas lo que dictan mis instintos es que habrás de prodigarme un acto pleno de amor… ¡Oh, tú, magnífica amiga!… ¡Te has dignado ponerte de manifiesto ante mis ojos a instancias de mis anhelos y de mis caricias!… ¡No puedo sino pensar que ello es espléndido augurio de lo que será!… ¡Qué enorme eres!… Te siento ya en el hervor de mis entrañas y sé perfectamente que no sólo he de poder contigo, sino que serás una fuente irradiadora de dicha insuperable.

     En medio de éstos pensamientos, dictados por las furias de la incontenible pasión de que estaba poseída, tomó con ambas manos a aquel miembro, lo atrajo hacia sí, y comenzó a besarlo con gran exaltación. En consonancia, el toro alzó suavemente su cabeza y emitió un par de tenues bufidos de satisfacción, dejando en el ánimo de Marcia Paula pocas dudas de la gustosa recepción que prodigaba a tan sentidas caricias. Se mantenía inmóvil y, por momentos, agitaba suavemente su testa hacia arriba y hacia abajo mientras proseguía con sus musicales bufidos de gusto. Parecería que Mimoso aspiraba el decodificado aroma de la perfumada flor del amor. Así lo entendía, al menos, la pasión de esta moderna y rediviva versión de Pasífae.

     Luego, Marcia Paula se levantó y se colocó exactamente frente a la testa del animal y, sin dejar de acariciar su cerviz, prosiguió hablándole con dulcísimo tono:

     ––Te diré, querido Mimoso, que por momentos me embarga la convicción de que eres Zeus… ¡Sí, efectivamente!… Creo que eres el supremo dios del Olimpo y que has ordenado poner en mí, tu princesa Europa de la Argentina, este deseo incontrolado, porque tú también te hallas apasionado. ¿Qué otra cosa he de pensar a partir de tu calma tierna, de tus miradas profundas, del regocijo que mis caricias te procuran, y de todos esos signos que ante mí has mostrado?…

     Ante la seráfica quietud del toro recordó los versos de Ovidio:

     ––Amenazas, en su frente, ningunas, ni luz formidable;/ la paz, su rostro tiene.

     En tanto que así susurraba, la princesa continuaba depositando repetidamente sus labios entre los peligrosos cuernos y, en determinado momento, notó que el toro, bajando la temible cabeza, empezó a olfatear con fruición su zona de entrepiernas. Lo tomó ahora de las astas como de un manubrio.

     —¡Así está bien!, amigo mío… ¡Así está bien! —musitó, arrobada— Así como yo te conozco a ti, es importante que tú me conozcas a mí. ¡Huele!…¡Huele el aroma de la hembra!… Así, Mimoso, las cosas van a ir mejor…

     »Goza el amante y, mientras viene el placer esperado,/ besos da a las manos; apenas ya, apenas lo restante difiere/…

     »Pero tú, ¡oh amoroso Zeus!, besos estás dando, que no a las manos sino al propio sexo de tu Europa…

     Sintió que la bestia resoplaba entre sus piernas y, en medio de su exacerbada imaginación se creyó muy próxima a un orgasmo.

     Ya la noche había entrado a apretar en toda su espesura, cuando la ambigua y extraña mezcla de humano y bovino, en que por entonces parecía haberse convertido Marcia Paula, se despidió de su nuevo y eminente amigo.

     —Adiós, Mimoso… hora es ya que parta. Nos volveremos a ver.

     Allí, en su hipersensibilizada imaginación, creyó percibir que, ante la despedida, el toro daba síntomas de tristeza… Y nuevamente sintió que la hería su penetrante y misteriosa mirada.

     Con la piel erizada por la voluptuosa sensación de lo prohibido, quedó Marcia Paula harto convencida de que acababa de sellar un pacto de amor con el singular overo; y a partir de este momento no tuvo dudas de que sus anhelos habrían de encontrar la consiguiente satisfacción. Concentró su imaginación en tal objetivo y descontó toda objeción.

     «Sé que lo habremos de conseguir -pensaba mientras marchaba hacia el casco-. Ya no me cabe la menor duda: si soy Pasífae, él es la divina ofrenda de Neptuno; si soy Europa, él es la configuración del mismo Zeus. Acabamos de refrendar un exótico pacto… Pero es obvio que alguien deberá ayudarme: ¿quién sino el mismo Ramón?»

     Y en su sigiloso regreso a la mansión, no dejó de percibir la lejana algarabía que las voces de las casas ponían en el aire, fruto indudable de la avanzada churrasqueada, generosamente regada con el elixir de la vid.

INICIO DEL PROYECTO
     Durante largos días, después de la noche del quicio de sus amores, no se vieron los amantes de esta increíble historia. Parecía que cada una de las partes actuaba tratando de evitar a la otra, en una suerte de paradójica, tácita y común determinación.

     Marcia Paula, acuciada por las incontrolables furias de la pasión que le embargaba y que, según estaba a la vista, ya se había declarado sin ambages, se hallaba enfrascada, con enfermiza fruición, en la tarea de imaginar y diseñar, primero en el pensamiento y luego a través de bocetos y croquis, lo que sería la obra cumbre de una figura escultórica y que quedaría para la antología de la Estancia La Soya: encomendaría al maestro alemán, Otto Friedrich Salinger, concebir y ejecutar una pieza parecida a la que observara en lo de don Pancho, pero en la figura de una robusta y sensual vaca, cuyo vientre se encargaría de contenerla a ella en la disposición adecuada para poder copular con su Mimoso. La conspicua potencia de tan recalcitrante obsesión, le prestaba poderosas alas para llegar a la firme convicción de que tal empresa sería del todo posible.

     «Si el Caballo de Troya -pensaba- pudo engañar a los habitantes de Ilión, es obvio que mi Vacuno de Soya pueda hacerlo satisfactoriamente con Mimoso. Aunque debe desconfiarse más de los ancestrales instintos del animal, que de la estúpida y orgullosa predisposición de aquellos hombres que, defendiendo su bastión, creyeron, en vista del legado del enemigo, haber ganado una guerra.

     »No está precisamente en la intención de la Naturaleza el permitir el acoplamiento de especies diferentes, siendo ésta, al parecer, una de sus leyes más inflexibles, aunque casos se conocen. Será menester pues recurrir al arte o industria, que es la manera en que la inteligencia del hombre ha logrado vencer en muchas ocasiones los férreos dictados de aquélla: tampoco figuraba entre sus leyes elementales el que el hombre pudiera volar; sin embargo…

     »Por otra parte albergo la absoluta convicción de contar con la complacencia de Mimoso, el marido al que será necesario engañar y de cuyos embates, furia y entusiasmo será menester cuidarse muy bien. Pero estoy segura de que es posible conseguirlo.

     »Pero ahora urge algo más importante: convencer a Ramón para que consienta en ayudarme a lograr el propósito… ¿Cómo hacerlo?… En fin, hablaré con él.»

     —Te estaba extrañando, malvado —dijo en tono sumamente cariñoso, una vez que lo tuvo a su lado— Vení, tengo algunos lindos bocados para recrear nuestros estómagos.

     Después, ella se sirvió una medida de Whisky y ofreció una gaseosa cola a su cuasi abstemio capataz. Dijo entonces:

     —Yo sé muy bien, mi querido Ramón, que la última vez que estuvimos juntos las cosas no fueron del todo como eran de desear y que, presa de gran nerviosismo, no me he comportado con vos. Con toda humildad te pido que sepas perdonarme. Pero es que hay algo que vos no podés ignorar, que es superior a mis propias fuerzas, y que me lleva de vez en cuando a esos dislates. Quizá pensés que lo único que quiero de vos es a tu lampalagua; pero sin negarte el aprecio que le tengo a ella, eso es sólo parte de la verdad. Y la verdad es que te has convertido en una importante y nutritiva raíz de mi vida, no sólo por los invalorables servicios de lampalagua, sino fundamentalmente por tu hombría de bien, por la maravillosa lealtad que sabés prestar a quien está a tu lado y, por lo que presumo, a todo cuanto te rodea en la vida.

     —No ha de ser para tanto, niñita, —replicó el capataz, candorosamente turbado—. Usted sabe que la quiero y que, como ya le prometí, haría cualquier cosa por mitigar el mínimo sufrimiento que tenga o pueda tener.

     Marcia Paula se abrazó fuertemente al recio pecho de Ramón y en medio de sentidos suspiros le comenzó a acariciar muy tiernamente. Cuando vio que un par de lagrimones emergían de los preciosos ojos, el maleable corazón del capataz quedó casi achicharrado. Luego murmuró:

     ––¡No sufra, niña!… Yo estoy a su lado y le ayudaré en cuanto me sea posible.

     Con estas palabras, pronunciadas con especial énfasis y sabiamente recalcadas, el sagaz Ramón le estaba dando pie para que Marcia Paula entrara en confianza y terminara por explicitar aquello que él ya conocía a la perfección, a través de los servicios de la curandera Ña Flora. Después de todo, entendía las dificultades por las que ella pasaba para comunicarle sus tan particulares vivencias.

     ––¡Ay, Ramoncito!… Desde hace un tiempo se ha incrustado en mi pecho un anhelo que puede aparecer como descomunal. Hay una idea fija que ronda mi mente y que me ha sido insuflada por no sé que desgraciado destino… Y hasta que no intente obedecer sus dictados no habrá paz en mí. Pero, a decir verdad, me avergüenza profundamente el hacerte participar de tales ansias… Mas, ¿a quién sino a vos, puedo pedir la ayuda que necesito?… A vos, precisamente, que ya te hallás al tanto en parte de mis cuitas.

     ––¿Se refiere, amita, a lo de la otra vez? ¿Acaso al hecho de que quedó Ud. insatisfecha de…?

     ––Así es, mi Ramón… El caso es que yo… —susurró mirando al piso con la mejilla aún pegada al pecho del capataz— yo creo que para apaciguar y llenar mi «vacío» interior, necesito… este… me refiero a que me parece… que debiera probar de aparearme con un toro… ¡Creéme, por Dios, mi amor!… ¡Es algo que me viene de afuera… que es superior a mis fuerzas, a mi voluntad y a mi inteligencia!… ¡Es un algo inescrutable e irrefrenable!…

     Y cuando hubo vomitado tan embarazosa confesión, tomó algo de distancia de él y le miró profundamente a los ojos esperando en vano las manifestaciones de espanto de Ramón y el rasgado de sus vestiduras. Pero tal no aconteció, lo cual, pese a que contaba con la prudencia y templanza con que él tomaba todas las cosas de la vida, no dejó de llamarle la atención. Por su parte, el fiel capataz también se había dispuesto esconder el conocimiento previo que acopiaba del asunto, para no afligirla más, y habiendo tomado conciencia de la extrañeza de la princesa por su tibia reacción ante la noticia que le daba, resolvió fingir un tanto de sorpresa en la emergencia.

     ––¡Niña!… ¿Me puede repetir lo que ha dicho?

     ––Sí, que siento la imperiosa necesidad de aparearme con un toro…

     —¿Pero cómo es eso, niñita?… ¿Cómo puede albergar en su pensamiento tan extraña idea? ¡Usted y el bruto son dos cosas totalmente diferentes, patroncita!… ¿Cómo hará usted, delicada criatura de la especie humana, para enfrentarse con esa masa de músculos dotada de gran fuerza y, para colmo, de bravura? Pero, mi hermosa amita, ¿no le va a destrozar todo el vientre, caso que pudiese concretarse tal despropósito?

     —No, Ramón, no… vos por ahora no entendés. En primer lugar te recuerdo que, según lo dice el poeta mayor de nuestras pampas, el delicado hombre es el único animal que llora, pero es el que se los come a todos. Luego te hago saber que el toro no deberá montarse sobre mi endeble físico, ni tampoco será del caso pensar en introducir todo su miembro en mi vientre; yo… deberé poder graduar adecuadamente la porción necesaria… es decir, una vez que la verga se halle toda en el interior de una… vaca artificial.

     Ahora Ramón mostró verdadera extrañeza y vio que, aparte de que tendría elegido al marido (según se lo aportaran la arpía Ña Flora, la curandera), su ama había ya elaborado un plan de acción, el que daba la sensación de que se hallaba bastante refinado… Era evidente que ella había conversado largamente con la idea acariciada. No por nada era cuasi arquitecta. Y comenzaba a hallar una plausible explicación del anterior retiro de la princesa.

     —¿Y cómo se puede hacer tal cosa? —respondió, intrigado.

     —Fabricaremos una vaca de madera o de plástico duro recubierta por un cuero muy bien aderezado, es decir un perfecto trabajo de taxidermia, y yo me acomodaré en su vientre vacío. El conjunto deberá tener la suficiente resistencia y estabilidad como para soportar el cuerpo y las embestidas del toro; tendrá que tener un orificio muy bien diseñado en la parte que corresponde al genital de la vaca por donde ha de pasar la verga; y finalmente habrá que diseñar en el interior una plataforma y los dispositivos indispensables como para que yo pueda desplazarme con la mayor soltura que sea posible obtener. Tengo el nombre del increíble artista que puede realizar tan maravilloso trabajo. ¿Has visto acaso la representación del percherón que hay en la entrada de los almacenes de don Pancho Goycoechea en Villa del Buey?

     —¡Sí que lo he visto!… Ahora creo que voy entendiendo. Es realmente una pieza de sorprendente naturalidad esa que me menciona. La hizo don Otto, el gringo chiflado.

     —Así es, mi Ramón. Pues que el alemán fabrique, en lugar de un caballo, una vaca, y como no es posible pensar que yo realice personalmente tal encomienda, es aquí donde entra una parte importante de los servicios tuyos. Debés ponerte en contacto con don Otto y encargarle la tarea; nosotros podemos proporcionarle el cuero, ya que tenemos muchos. Arreglá el precio y todos los detalles, y por sobre todas las cosas la solución debe ser rápida.

     —Pero, mi patroncita, hay muchas cosas importantes a considerar antes de iniciar nada —replicó Ramón—. Y la primera de ellas es saber si será posible engañar a la bestia. No se olvide que estas atracciones amorosas están regidas por vaya a saberse que estímulos, que sólo pueden venir de las cosas vivas y de la misma especie. ¿Cómo haremos para inducir a un toro a que se monte sobre una escultura de vaca y a que pase su miembro por un agujero mentiroso? Y supuesto que lo consigamos, ¿cómo retenerlo en tal postura cuando entre a percibir el enorme vacío en que aquél queda inmerso y sienta la falta de fricción de las naturales paredes del conducto de la vaca?

     —Ya he pensado largamente en eso, mi perspicaz capataz. Y es ésta, con todo, la más indescifrable incógnita que nos queda por develar. Al principio pensé en ponerle primeramente una vaca de verdad y en celo y, cuando la bestia ya excitada entre a dar esos rodeos y vueltas que acostumbran antes de aparearse como ya vimos hacer, quitarle de la vista la vaca por algún procedimiento idóneo y poner rápidamente en su lugar la vaca artificial. Si esto se hace en los momentos previos al apareamiento propiamente dicho y con la adecuada oportunidad, es casi seguro que el toro no se va a andar con averiguaciones de último momento y lo tendremos prestamente arriba de la falsa vaca. Pero en realidad tal operación es bastante complicada, porque requeriría la colaboración de una verdadera cuadrilla, y no es el caso pensar en ello. Por lo tanto nos correremos el riesgo de que el toro acuda efectivamente a subirse por sí mismo sobre la vaca falsa.

     »De toda esta maniobra sólo estaremos enterados vos y yo, por lo que la realizaremos en horas de la noche en el corral chico del sur, que está en el otro campo, bien al oeste de la propiedad y bastante más allá de la vaguada y, por lo tanto, muy alejado y fuera de los ojos indiscretos. Actualmente no se usa tal corral. Pienso que debemos llevar al animal «adecuado» para este menester, y que no es otro que el que realizara el servicio cuando ambos estuvimos juntos observando la escena. Estoy segura que este animal querrá montarse de inmediato.

     —Tal parece, niña Marcia, que es como si hubiera concertado tan desigual matrimonio con el overo.

     —Y… a los fines prácticos y de la consumación de este proyecto deberemos pensar de esa forma —replicó ella—. Debemos asumir como que el marido ya está apalabrado.

     ––¿En verdad piensa que sería posible convencer al overo de que se monte sobre una pieza quieta, sin vida? ¿Cree Ud., patrona, que no se ha de percatar del engaño?

     ––Existen leyendas, querido Ramón… existen leyendas… Es posible que tengan fundamentos. Pero yo quiero decirte que no lo debés tomar a broma: es creíble que haya mucho de cierto en la base de tales narraciones. Yo te aseguro que el overo ha de comportarse como excelente novio en nuestro caso… —Y agregó en tono sonriente y con estilo de broma––: Hasta tiene su apodo. Se llama «Mimoso».

     —¡Está bueno… está bueno… Mimoso se llama el overo!… ¿Sabía Ud. que es uno de los más bravos y ariscos que hay en la estancia? Por mi parte, aunque tenga otro nombre de más miel que ése, he de cuidarme muy bien de ponerme en su camino.

     »Por otra parte, no será posible, mi patroncita, encomendar semejante artesanía a ese gringo grandote de don Otto sin que termine enterado del objetivo último de su obra, pues ésta ha de ir, a todas luces, más allá del gusto artístico que despierte el observarla. Aparte de dotarla de gran naturalidad (que por lo visto no va a resultar difícil de lograr por la habilidad del gringo), deberá considerar las cuestiones de la resistencia de esa estructura y de cuidar muy bien que se mantenga en pie ante las embestidas de la bestia; y, lo que es también de la mayor importancia, diseñar una suerte de hábitat para que usted, niñita, pueda desenvolverse con la comodidad en la que parece haber puesto sus miras. Total que don Otto Salinger también va a quedar enterado de este entuerto, y entonces ya seremos tres.

     —No cabe la menor duda de que el hombre no va a lograr un diseño acabado si no es en conocimiento de la función que ha de cumplir su pieza. Pero como se trata, según he podido averiguar, de un personaje hosco, bilioso y misantrópico, que tan sólo es capaz de amar su arte, es seguro que no se va a transformar en un centro difusor de la noticia. Así que no debemos preocuparnos mayormente por esto y confiar en su espíritu retraído y gruñón; por otra parte, él no tendrá por qué enterarse de quien es el destinatario último de su artificio, aunque lo sospeche, puesto que vos no se lo dirás. El verdadero problema ocurriría si hubiere menester de convencerlo de que acepte la propuesta de fabricar la vaca; en este aspecto tengo algún poco de duda. No vaya a ser que se le ocurra que no quiere saber nada por algún tipo de prejuicio o por lo extraño que le resulte el pedido…

     —Bueno, no creo que sea para tanto; por lo que sé, el hombre no es dado a gazmoñerías. Aunque si resuelve decir que no, será muy difícil convencerlo con razones de dinero. No debemos en tal caso levantar el monto a ofrecer porque esto no haría más que obstinarlo en su determinación, según el conocimiento que tengo de su carácter; antes bien, tendremos que insistir y cargar las tintas en la belleza que su obra pueda proporcionar, tanto por la maravilla que su vista ofrezca, como por la perfección acabada del funcionamiento que se espera y del éxito que se obtenga de ella.

     —¡Eso es hablar con inteligencia! —Replicó, maravillada, la princesa de la Estancia La Soya—. No me canso de sostener, pese a las ralas dudas de que te hablé, que el alemanote va a agarrar el convite. Tenés, Ramón, que manejar la cuestión con el tacto necesario, en el que confío inmensamente. Y con un poco de suerte habremos de contar en breve tiempo con nuestro «Vacuno de Soya».

     El entusiasmo y exaltación de la princesa iban in crescendo, pues ya para esos momentos se mostraba totalmente desinhibida y, como había ocurrido siempre, clavaba sus profundas y expresivas pupilas en las de su capataz.

     —Bueno, bueno, mi amita, me ha terminado convenciendo de la posibilidad de tal apareamiento, aún cuando no es de mi gusto. Sólo quiero que usted se cuide mucho y que salgamos todos con bien de esta emergencia. Mañana mismo me pondré en camino para ver a don Otto. Creo que le llevaré una media docena de cajones de buena cerveza, presente que esa gente suele agradecer muy especialmente y que para el caso puede contribuir a distender de entrada esa cara de vinagre que siempre usa.

     —Mucho te agradezco lo inmensamente bueno que sos para conmigo. Esto es algo que toda mi vida recordaré con gratitud infinita.

     —Me voy, patroncita, —apuntó el capataz—; mañana iniciaré la gestión sin falta… Pero antes me gustaría decirle algo más: si no ha considerado dónde podrá caber toda esa masa de carne del overo dentro de usted. Pienso que por más “vacío” que haya en su vientre no es posible consumar tal situación; sencillamente, pistón y émbolo se hallan en muy diferente escala.

     —Claro está, mi capataz, que allí yace el mayor misterio de todo. ¿Pero no conocés en nuestro medio la historia de El Taba y la Lucinda, que anda por todas partes?

     —Pues, no —contestó él— El Taba es uno de nuestros padrillos caballares. Y también conozco a la Lucinda, la esposa del Olegario; pero nunca nadie me ha deslizado algún comentario en el aspecto al que usted apunta.

     —Ocurre que te tienen por muy serio y la gente piensa que esos comentarios no te caerían del todo bien… Pues, te hago saber que se dice que caballo y dama suelen sostener recios apareamientos y con culminaciones más que satisfactorias para ambos.

     —Lo que es, yo… esa historia no me la trago.

     —No me gustaría seguir adelante con este tema; mas te digo, Ramón, que le preguntés al Gervasio Angulo, el del establo, si te interesa conocer sobre la cuestión. Si él decide hablar, podrás enterarte de ciertos asuntos… Yo tengo absoluta confianza en la veracidad de ello… y no digo más.

NUEVOS AUSPICIOS
     Por esos días, pues, la futura moradora de la estatua que se inmortalizaría como el «Vacuno de Soya» y transgresora en ciernes de los lindes biológicos del amor, visitaba en sus corrales al ingenuo y expectante novio. Como poseída de una suerte de narcosis en su andar de zombi, caminaba sin reparar -casi- en las condiciones de sus alrededores y sin cuidarse mayormente de sustraerse a cualquier eventual observador. Sólo atendía a las garantías mínimas de no hallar movimiento de persona alguna por tratarse del inicio de la noche y por reputar que los paisanos estarían ya reparando fuerzas en sus respectivas casas y muy atentos a la inexcusable cena de asado criollo.

     Al ir, pues, al encuentro de su Mimoso, denotando una seguridad en sus pasos que hubiera puesto los pelos de punta al eventual observador de la escena, la bestia se aquietó de inmediato y corrió a colocarse a su vera. Casi, se diría, con la misma simpatía y alborozo con que lo hace el can con su dueño cuando ha estado cierto tiempo alejado de él.

     No de otra forma entendía Marcia Paula estas conductas sino como una profunda compenetración que iba más allá de la normal lealtad canina, pues ella sentía a la perfección que ambos estaban atrapados en la inefable urdimbre de la atracción del sexo. Si bien para nada podía explicar tal fenómeno, ella pretendía «saber» a ciencia cierta que su apareamiento con el toro era cosa descontada.

     —Pronto… muy pronto —volvió a susurrarle al oído— habremos, Mimoso, de tener himeneo. Yo estoy haciendo para ti una preciosa y robusta vaca para que la puedas amar como te mereces. Ella habrá de esperarte muy quedamente, y tú te subirás sobre ella. No te preocupes si no se mueve mayormente… que su amor va por dentro y tú recibirás las satisfacciones que son debidas a tu parte. Por favor Mimoso: ¡No te niegues!… ¡Compórtate como el divino amador con la bella Europa!… Yo sé que me entiendes… Si estas palabras no llegan a un cerebro que pueda decodificar sus significados, sé a ciencia cierta que su influjo llega a tu bravo corazón de macho… Sé que tú comprendes bien lo que deberás hacer. No me vayas a fallar y pasa por alto la quietud de tu amada vaquilla. No puedo ofrecerte inicialmente el estímulo de una hembra de tu especie, de carne y hueso, como había pensado en un principio. Pero sé que cumplirás conmigo… porque has entendido…

     Y el toro hacía oscilar su testa hacia arriba y hacia abajo con suaves movimientos, que en la afiebrada mente de Marcia Paula sólo implicaban señales de asentimiento.

     Acto seguido, se colocó a un costado de la bestia. Poseída entonces por el síndrome de Europa y, expoliada aún más por su innata afición a montar, no dudó en saltar sobre el lomo del animal. Éste la recibió con una actitud imperturbable, muy lejos de lo que cabría esperar del humor de tal estirpe en parecidas circunstancias. A ella no le extrañó tal comportamiento… ¡No esperaba otra cosa!… Se recostó sobre la robusta cerviz y aproximando sus labios a la oreja, susurró: «… Osó la virgen regia, asimismo,/ sin saber a quién oprimía, sentarse en la espalda del toro…» Luego, ambos permanecieron muy quedos durante varios minutos…

     Tan pronto como hubo desmontado, quedó al costado y se puso a observar la región genital del toro. Allí pudo ver que nuevamente la bestia daba muestras de empezar a soltar su miembro. Recibió grandísimo gusto por tal hecho y volviendo a aproximarse a la inmensa testa e incentivada por tales augurios, continuó:

     —En todos los casos me demuestras, que te hallas enamorado de mí, como lo estuvo el tonante Jove de la virginal princesa Europa. Aquel omnipotente y lascivo dios se vistió de ti cuando la hermosa e inocente hija del rey Agenor se hallaba entregada a sus bucólicos juegos, y engañándola con su nívea cobertura y con su inesperada mansedumbre, logró poseerla. Tú te muestras igualmente, ¡oh, Mimoso!, tan tierno y apacible como aquella divina aparición taurina, pero no has de portar a tu amante sobre tus lomos a través de las ondas, como lo hizo aquél con la hermosa Europa, sino que ésta que aquí te habla, no virginal a los hombres pero sí a tu recia casta, te estará esperando sobre sus propios y protegidos lomos. Esos lomos que han de ser responsables de soportar tu peso y tus estertores de amor, mas que han de dar paso a la parte noble de la relación hacia una entraña en donde el arcano mora.

     »Si hubo lugar y tiempo para que la taurina forma del supremo dios del Olimpo deseara ardientemente a una bella princesa, ¿por qué no habrá de haberlo para que la princesa de La Soya retribuya esa pasión por un hermoso individuo de tu belicosa raza?… ¡He ahí, el eterno péndulo del destino!… Europa fue engañada por su amante; Marcia Paula ha de procurar engañar al suyo. Mas sólo en las apariencias, en las formas externas; pues en todo caso lo que te espera no es sino la voraz pasión de una hembra que, al igual que Jove, ha osado transponer los límites de la especie.

     »Y en la incandescente entraña de la hembra estaré esperando con todas mis ansias el refrescante bálsamo de tu hechizada verga; y sé, a ciencia cierta, ¡oh mi buen Mimoso!, que podré absolutamente contigo y con toda tu bravura y envergadura…

     Luego, como lo hiciera en la anterior ocasión, se arrodilló colocándose junto a los genitales. Y viendo que el inmenso órgano reproductor se había lanzado a la sazón al exterior cuan largo era, lo tomó con ambas manos y se deleitó sopesándolo, mientras le llevaba sutilmente hacia arriba y hacia abajo.

     En tanto que ella recorría con sus manos aquel instrumento con el que pensaba domeñar su «vacío», Mimoso parecía haber entrado en una suerte de éxtasis. Casi, se diría, que era la personificación del propio Zeus. «No eres -susurró la bella-, como el miembro del jorobadito, que resultó literalmente engullido, para sorpresa de su dueño. Tú eres mucho mayor, como corresponde a la complexión de tu especie. Pero estoy segura que has de seguir la misma suerte de aquél.»

     Luego la princesa se colocó nuevamente frente a la cabeza de la bestia hallándose completamente «mojada» por la excitación que la vista y el manipuleo de la verga le habían proporcionado y, en un rapto verdaderamente orgiástico, hizo descender un tanto sus jeans y su trusa y, poniendo en contacto con el aire su acuoso sexo, condujo hacia allí las narices del toro, tomándole decididamente la cabeza de las peligrosas astas. El animal olfateó con especial fruición y luego se puso deleitosa y delicadamente a resoplar sobre la famélica vulva. Las tibias y húmedas corrientes de aire que de su hocico fluían parecían tomar cuerpo en su intensidad, procurando una inigualable caricia a la región pubiana de Marcia Paula. Luego comenzó a lamerle la entrepierna con su áspera lengua. Por momentos, creía enloquecer de placer; mas, finalmente, aquello resultó demasiado estímulo que la obligó a alejarse del hocico de Mimoso.

     Ahora… su convicción de la hechizante atracción que ejercía sobre el animal era total.

     Cuando ella, dando fin a aquella demencial conjura, comenzó a alejarse del lugar, el toro la siguió con paso cansino y al quedar contenido por la cerca empezó a emitir sutiles bufidos, como lamentos de despedida… Con lo cual no era sino dable presumir que también el redivivo Jove había emprendido la transgresión de la barrera biológica de la especie…

     Durante los días que aún restaban para la entrega de la obra de Don Otto, la patrona realizó varias visitas más al toro con escenas de igual tenor. En una de esas ocasiones le pareció ver un bulto a la distancia con la conformación de alguien que gateaba alejándose rauda y sigilosamente de las inmediaciones del corral, pero pensó de inmediato que se trataría de un ternero o un perro grande. En realidad, extrañamente, las medidas de sigilo para no ser descubierta en esas instancias no le preocupaban, al parecer, mayormente.

     Al final se incrustó definitivamente en su espíritu la seguridad de que el animal se aparearía sin duda alguna. Mas no por ello dejaba de considerar la importancia de las cuestiones prácticas: sabía que los primeros segundos o minutos eran cruciales y que ella debería actuar con harta presteza… Estaría en la rapidez con que se desenvolviera, el que su Mimoso no perciba el abismo interior de los primeros instantes, luego de que su miembro atraviese las siliconas de la ficticia vulva. Entonces le recomendaba al oído tener la paciencia suficiente.

     (…)

     Continuará con «Coronación de la Pasífae de las Pampas»

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My sweet teacher

Pues mi relato me sucedió hace como dos años, con un maestro, no me da clases pero va en la escuela donde yo estudio.

Voy en una escuela pequeña donde mi papa trabaja; es el subdirector y da clases de historia en 6to semestre.

Tengo 16 años de edad & no soy tan alto pero no tan chaparro; bueno un año iba a empezar y pues el año pasado había renunciado  el maestro de educación física  como por la mitad del año por X cosa y las clases de educación física estuvieron siendo libres.

Yo gradué ese año de la secundaria  y pues como la escuela esa también tiene prep.  pues hay me quede aparte que hay trabaja mi papa una semana antes de que empezaran las clases yo estuve en la escuela hay nomás con mi papa, porque no me quiso dejar solo en la casa, ya que mi mama no estaba porque se había ido a Tijuana a visitar a mi hermana que aya estaba estudiando la universidad; yo estaba aburridísimo hay en la escuela y estaba sentado cerca de la entrada y  pz nomás estaba hay viendo pasar a la gente, en eso entra un señor joven de unos 25 años de edad súper guapo; para mi. Era algo morenito un poco mas alto que yo, fornido y velludito y traía puestos unos lentes obscuros con el armazón rojo; casi se me salio la baba al ver a ese muñeco que iba entrando ¡¡a mi escuela!! Después que paso frente a mi, pude ver su trasero, mmm tenia mucho de donde agarrar, vi que entro a la dirección y luego salio y se fue, aah! Deje caer mi cabeza en la mesa y empecé a fantasear con el, definitivamente estaba enamorado; el lunes que entramos a clases lo vi hay en la puerta con su uniforme de maestro; es que en la escuela donde voy los maestros llevan uniforme. Casi me moría al saber que lo vería todos los días que estuviera en esa escuela, no tenia ni idea de que clase iba a dar, pero por lo menos lo vería.

A los de 1er sem. Nos dieron a elegir un taller, una clase dif. Que cada quien elige, yo elegí pintura, porque la música no me gustaba, ingles menos, música ya sabia mucho, y educ. Física no me llama la atención, soy delgado por naturaleza =).

Al día siguiente que por primera vez teníamos nuestra clase optativa me awite mucho; Sergio, que así se llamaba era el maestro de educ. Física, ese día llevo un pantalón blanco y delgadito delgadito que se le podía notar el bóxer negro pegadito que traía puesto que le hacia mucho bulto; bueno para no hacerla tan larga, me hice su amigo muy muy amigo y pues un día que mis papas salieron a Tijuana yo no quise ir me dijeron que esta bien que me quedara =), en la casa y si me daba miedo podía quedarme en la casa de Sergio, que vivía solo; mis papas ya sabían que me llevaba muy bien con el, Sergio me había contado mucho de su vida, que había tenido una hija y que pues su hija se quedo viviendo con su mama porque no le habían dado la tutela a el por un problema; se había divorciado;.

Bueno pz yo estaba muy contento porque me iba a quedar con Sergio ese fin de semana en la noche. Mis papas se fueron y al rato llego Sergio en su carro, se bajo un rato a la casa y ah!! Venia súper, unos shorts muy cortitos como una cuarta debajo de la entrepierna y una camisa pegadita con un letrero de “sex instructor” ya se la había visto puesta antes pero en ese momento me calentó muchísimo, yo traia unos jeans negros de tubito y una camisa roja y encima un sweater, regularmente andaba vestido así, pues soy un emOxRocker! Y esas cosas.

— no tienes calor así vestido?.- me pregunto Sergio.

— le dije pues la verdad un poco.- le respondí riéndome

— pues que esperas para cambiarte, ponte algo cómodo y ligero aqui no tienes que impresionar a nadie.- me dijo, pues la verdad no me interesaba impresionar a nadie, pero accedí a cambiarme.

— OK, bueno me voy a cambiar, esperas aquí o quieres venir al cuarto?.- le pregunte.

— mmm pues te acompaño al cuarto.- me dijo con una sonrisa.

   Me dirigí al cuarto y el se quedo un momento tomando agua en el comedor, yo, ya en el cuarto me empecé a quitar toda la ropa que traía encima, solo me quede en un bóxer pegadito, negro que tenia una calavera en el trasero, me iba a poner unos shorts y otra camisa que le quedara, pero de repente sentí una mano en mis nalgas que se empezó a pasear por ellas!, me gire y pz era Sergio el único que estaba en la casa!

— Donde los compraste?- me pregunto… rayos! Solo fue eso!.- pensé yo.

— pues en una tienda del centro, luego te digo donde.-

— sale!

Termine de cambiarme y estuvimos un ratillo en la sala y  después nos fuimos en su carro.

El shorts se le subía mucho y se le miraba tremendo bultote que de vez en cuando se tocaba, según yo se lo miraba despistadamente, y en una de las vueltas que dimos Sergio dio un frenon y  yo aprovechando que nos habíamos echo para su lado bruscamente le agarre la verga que casi al instante se éxito, deje mi mano ahí mientras los dos reíamos, después la quite cuando supuestamente me di cuenta.

Llegamos a su casa y pues tenia “sky” y me puse a ver tele con el, después jugamos un poco de x-box.

Y en la noche me propuso jugar “verdad o castigo” un juego donde si eliges verdad, te pueden hacer una pregunta sobre lo que sea de ti y si no respondes te vaz quitando una prenda, y si eliges castigo pues te ponen un castigo!… así que empezamos a jugar el empezó y me dijo verdad o mentira, yo le dije que verdad, según yo no tenia nada que ocultar me pregunto varias preguntas e hice varios castigos y el también, también ya casi no teníamos ropa, ambos estábamos en boxers y hasta que una de sus preguntas fue así.-

—  has tenido sexo con chicas?

—  no… .- le respondí

— y con chicos… recuerda que tienes que decir la verdad.

— hamm si … .- le respondí apenado

— sabes hay algo de mi que no te conte, me divorcie porque mi esposa me encontró teniendo sexo con otro hombre, y eso mismo les dijo a los jueces para que no me dieran a la niña, que creo fue lo mejor.

— en serio, le dije

— si y sabes me gustas mucho.- y se acerco a mi y me beso, yo lo rodee con mis brazos y empeze a jugar con su lengua y la mía, me bajo los boxers y empezó a lamer desde el cuello hasta llegar a mi verga de unos 19 cm de tamaño, me encanto, ya antes alguien me la había echo pero nadie como el, beso mis huevo y mi ollito, eso me éxito demaciado que gemia de placer.

— te gusta?

— si!! Ah ah!!

— pues a mi me gusta mas!!

— ah! Ah!!.

El seguía lamiendo y yo retorciendome de placer después de un rato el me cargo a la cama y subio mis piernas a sus hombros y con mi ollo ya dilatado me metio su vergota de unos 26 cm., realmente la tenia enorme y hermosa, la cabez rosada y gruesa y algo werita y de aspecto delicioso, me la metia y sacaba con tanta cadencia, nunca nadie antes me la había metido, y me dolio mucho al principio, pero como mi ollo ya estaba dilatado, no tanto como normalmente sucede, y así estuvo un rato hasta que se corrio dentro de mi, su pene salio algo falcido de mi y yo aproveche para mamar aquel manjar, la chupe como un niño a un dulce, sabia lago saladito pero delicioso para mi, probe su semen, y el limpio mi ollo tragandose sus propios mecos (semen) después lo bese apasionadamente y me dijo al oido quiero que me robes la virginidad de mi culo,

Eso me éxito y empeze a chuparle el ollo hasta que se dilatara, el gemia de placer y yo disfrutaba de aquel delicioso ollo, de vez en cuando paraba y le decia te amo tanto;

Después de un rato me grito andaa!! Metemela yah!!

Ya no aguanto, así que se puso en 4 y yo hice mi primer intento de meterle mi verga, cosa que no pude porque el olito se cerraba y abria, hasta que por fin pude empeze a meterselo y sacarselo una y otra vez con mis manos en sus caderas y después subiendolas pasandolas por aquellos hermosos musculos de hierro.

Así estuvimos la noche hasta la mañana que nos levantamos y nos bañamos juntos, nos abrazamos durante un rato y también nos besamos mucho el me masturbo y yo a el, tome de su semen como agua dulce y el de el mio!

Lo amo tanto!!

Después de ese día, lo haciamos cuando podía, a veces les decia a mis papas que me iba a quedar con un amigo, pero me iba con el a tener buen sexo, al terminar el curso el se fue de vacaciones peor me dijo que alomejor no volvia y yo llore y el también! Nos mensajeabamos todos los días pero de una a otra no me respondio, el me había dejado los lentes obscuros de armazon rojo, y yo los usaba todos los días!! Y una semana antes de que empezara el nuevo curso, el llego me entere un dia antes y me fui en mi carro por el, en cuanto lo vi fui corriendo a abrazarlo, no lo bese porque había mucha gente y ya me dijo que se le había acabado el credito y por eso no contestaba pero que me amaba mucho, y ya en el carro nos besamos y esa noche la pasamos juntos y pues somo novios en secreto yo lo amo y el me ama!!

 

Mi correo es speed.0ver@hotmail.com agréguenme si les gusto mi relato! =)

O ponganme comentarios

 
 

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El orgasmo de mi vida

Hola amigos, esta historia es de hechos reales que me sucedió hace algunos meses, el mejor orgasmo de mi vida.

Todo comienza cuando la hija de la hermana  de mi esposa, o sea  mi sobrina empezó a crecer, cuando yo la conocí tenia apenas 10 años, una niña como cualquier otra, al pasar los años esta jovencita se convertía en una mujercita, no tan espectacular ni voluminosa pero a los 14 ya empezó a germinar esos peoncitos y un culito pequeño y respingón que me empezaba a despertar instintos no conocidos en mi.

Soy médico de profesión, de 33 años, esta fijación por mi sobrina de 15 empezar a turbar mis sentidos y estar presente en el acto sexual con mi mujer, cerraba los ojos e imaginaba que estaba tirándome a mi sobrina.

Lejos estaba en que mi sobrina aceptara una relación libre conmigo; su educación era de las mas  conservadoras, así como de toda la familia de mi mujer; por otra parte yo empecé a planear como inaugurar ese bello culito de mi sobrina puesto que mi preferencia sexual es el sexo anal, una relación sin penetración anal para mi es un acto incompleto. Tenia planeado el dormir a mi sobrina  para lograr desvirgarla; mas no había oportunidad, hasta que después de 7 meses una noticia alentó mis deseos, era la fiesta de quince años de mi sobrinita y cuando ella se acercó a mi casa a comunicarme que su fiesta seria en un mes, yo le dije Te daré el mejor regalo que hayas soñado, ella sonrió dulcemente sin imaginar siquiera los deseos ardientes que tenia de cogérmela por ese culito pequeñito y durito.

Lo planee todo en la casa de mi cuñada viven 5 personas, mi cuñada, su esposo, sus tres hijas lili la quinceañera, joset, de 5 años y una bebe de 2 años, debido a la gran distancia que hay entre mi casa y la de mi cuñada era dicho que mi esposa mi hijo de 3 y yo nos quedaríamos  a pernoctar en esa después de la fiesta esta era mi oportunidad, así que me conseguí con la facilidad de mi profesión un potente tranquilizante en gotas, solo tendría una oportunidad de lograrlo.

El día de la fiesta todo bien, el regalo, un celular muy moderno el cual lleno de felicidad a mi sobrinita, luego la recepción, el brindis,  el  baile, etc., durante la fiesta no bebí  en absoluto argumentando un malestar estomacal. la verdad era que deseaba estar lo mas sobrio posible es mas me fui a dormitar por un rato durante la fiesta; a eso de las 4 de la mañana todo se acabo la despedida de los últimos  invitados y retorno a la casa de m cuñada que esta a unos pasos de el local de la fiesta, al llegar a su casa mi cuñada con sus hijas menores totalmente dormidas junto con el mío fueron puestos en una habitación, mi esposa dormiría con su hermana, puesto que el esposo se había retirado a continuar la fiesta en otro lugar como yo lo había imaginado y no llegaría por lo menos hasta la noche, mi sobrina en su habitación y yo en el sofá, esta demás decirles de las pocas habitaciones de la cas de mi cuñada.

Bueno al llegar de inmediato prepare un té en una jarra donde agregué las gotas del tranquilizante, lo suficiente como para que quedaran inconscientes por 6  horas en las que no despertarían ni con un baño de agua fría, ofrecí la bebida a mi mujer, mi cuñada y por su puesto mi sobrina, pero en el vaso de mi sobrina agregue un par de gotas mas, ellas las bebieron sin el mayor reparo, el estar un poco bebidas ayudo a que no sintieran el sabor solo lili objetó en decir tío te falto ponerle un poco de azúcar, yo sonreí y pensaba dentro de un rato te pondré azúcar.

Las gotas demorarían 20 minutos en hacer su efecto total, tiempo en el que cada una se fue a su habitación esos 20 minutos se convirtieron en interminables para mi, al fin al llegar el momento entre en acción me levante de mi lecho, el sofá, y me dirigí en busca de mi mujer y mi cuñada, dejaron la habitación abierta por si uno de los chicos despertaban, moví lentamente a mi mujer y no tenia ningún signo de respuesta lo mismo hice con mi cuñada y  nada las moví bruscamente tampoco obtuve respuesta empecé a manosear a mi cuñada aprovechando el momento y no hizo un solo movimiento es mas aproveche para tocar su culo por debajo de su pijama e intentar introducir mi dedo en su ano el cual entro con toda facilidad la muy puta. Luego me dirigí a la habitación de mi   sobrina, la habitación no tiene seguro interior por una regla de la casa punto a favor mío, en mi mano tenia un tubo de lubricante para lograr mi cometido, al entrar a su habitación la encontré  atravesada en la cama con su pijama un short pequeño y una blusa con tirantes al parecer por el trajín de la fiesta y la dosis del tranquilizante la derribaron antes que lograra acomodarse en las cama. Seguí el mismo procedimiento la moví con temor, me temblaban las manos y sentía un nudo en la garganta, no hubo respuesta, la moví mas para colocarla bien en la cama y tampoco llevaba el mas profundo de los sueños, le saque la ropita, tenía un interior blanco con blondas de niña y no traía brasier, pude ver esos pechitos al fin, pequeñitos recién botaditos con la areola clara y el pezón no bien definido, mi pene tuvo una erección inmediata y brutal tanto así que tuve que bajarme el interior por que me producía dolor, no perdí tiempo y empecé a probar esos senos tenia la piel saladita por el sudor, pero eso aumento la delicia de sus pezones entraba cada uno de sus senitos en mi boca mientras la sujetaba por las caderas, luego pase a admirar esa vaginita con bellos finos y escasos que delicia metí mi nariz para percibir el aroma pues nunca antes había tenido una conchita de 15 añitos lo mínimo que tuve fue una de 17, era todo un espectáculo flexione sus piernas para poder apreciar mejor esa vaginita y allí estaba rosadita con los labios cerraditos y al abrirlos pude ver su himen prueba de la inocencia de mi sobrina; empecé a lamer su vagina desde abajo hasta arriba que delicia, que sabor algo inimaginable amigos lo lamia como si fuese algo empalagado de miel, lo lamí hasta que no sentí la lengua, quería penetrarla pero sabia que no debía romper ese himen puesto que despertaría muchas sospechas a la niña, al satisfacer mi lengua tenia que satisfacer mi pene el cual esta que quería explosionar, voltee a mi sobrina y tuve frente a mis ojos ese culito redondito cogí cada nalga con mis manos y sentí algo nunca experimentado unas nalgas ni duras ni blandas  eran perfectas al tacto las apretaba y las separaba para poder ver ese agujerito el cual estaba totalmente cerradito sus pliegues eran totalmente intactos esta niña  nunca tuvo un estreñimiento por la forma del borde del ano. No pude mas coloque una almohada debajo de la pelvis para que así empinara mas el culo y así quedase a disposición, coloque lubricante en su anito con mi dedo y logre romper las barreras de la inocencia,  su anito apretaba mi dedo índice así que puse un poco mas de lubricante  e introduje mas en el agujerito, logre dilatar un dedo, así que procedí con  las normas , dos dedos, estaba ajustado al inicio nada que un poco mas de lubricante no solucione, hasta  que al fin no quise dilatar con tres dedos por que estaba impaciente, así que me desnude por completo  la monte, coloque  lubricante en mi pene, apunte bien la cabeza  fue un poco difícil porque aun estaba cerradito, hasta que logre colocar la punta y empezó la penetración  ALGO INDESCRIPTIBLE tendrían que probarlo, sentí como me ajustaba todo el largo  conforme iba entrando un apretón como si fuese con una mano delicada desde la cabeza hasta la base sin dejar espacio alguno de ser ajustado, lo introduje todo mi pene hasta el fondo lo tuve allí por unos minutos y luego comenzó el bombeo que no duro mucho por la fuerza de la excitación explote como una manguera de bomberos un orgasmo increíble el mejor de toda mi vida mis manos cogían el cuello de lili y la empujaba contra mi ella no hacia gesto de dolor solo respiraba lentamente, poder ver como salía el semen por el ano rebalsaba a chorros no se donde me salió tanto semen pero no saque mi pene seguí adentro  besando el cuello de lili tocando su espalda sintiendo su aroma, hasta que de inmediato tuve otra erección así que a empezar de nuevo esta vez  quise variar coloque a lili de costado con una pierna estirada y la otra recogida que delicia, luego la eche de espalda coloque sus piernas en mi hombro y seguí dándola por atrás podía coger y estrujar sus pechos, luego la volví a voltear boca abajo la coloque con las piernas flexionadas, como el perrito pero como estaba dormida tenia que ayudar a coger fuerte de sus caderitas, sus muslos se apoyaban en su vientre y sus pechitos en la cama estire sus brazo y quedo con el culito empinado, perfecto me paré encima de su culito y la penetre sin contemplaciones como ajustaba mi pene no pude mas y tuve mi segundo orgasmo brutal hacia como 5 años que no tenia dos polvos  al hilo, mis piernas me temblaban y caí rendido en la cama  luego de un pequeño descanso con besos en todo el cuerpo de lili, procedí con la limpieza de las pruebas del delito, con mi  pañuelo limpie el ano de mi sobrina el cual estaba lleno se semen y sangre los pliegues del ano  estaban ya separados introduje el pañuelo con mi dedo hasta el fondo del ano para limpiar en lo posible todo los restos de semen,  saque el edredón que estaba sucio y lo lave en la partes manchadas luego la tire a un costado debajo de la cama coloque a lili dentro de la cama y la cubrí con una sabana le di un ultimo beso de despedida en la boca y me retire de la habitación, luego me dirigí a la habitación de mi cuñada  y estaban profundamente dormidas, volví a apretar las nalgas de mi cuñada, habían pasado dos horas que les di la bebida con el tranquilizante, así que supe que no despertaría, mi cuñada estaba al borde de la cama así que la jale de sus caderas y baje su ropa interior y empecé a acariciar esas nalgotas que también me atraían, tuve otra erección y no desperdicie la oportunidad madre e hija en una sola, la coloque bien yo parado al borde de la cama  ella de echada de costado con en culo fuera del borde, y la penetre no sentí ningún ajustón pero tenia el pene adolorido por la faena anterior pero medí el gusto de coger el culo de mi cuñada la santurrona , eyaculé fuera pero solo una gota mi sobrinita se había encargado de dejarme seco, le subí la ropa y me fui a acostar con lacar de felicidad y mi corazón empezó a latir mas lento, llevaba pulsaciones mayores de 100,.
Los niños despertaron a eso de las 11 de la mañana, los tuve que atender yo por que  las madres no despertaban, llego mi suegra y me ayudo, a eso de las doce mi suegra despertó a sus dos hijas, mi esposa y mi cuñada, tenían una cara, mi sobrina despertó a las 4 de la tarde, no la despertaron por que supusieron que el trajín previo y la fiesta la dejaron exhausta, al despertar llamo a mi señora quien es enfermera y le hizo un comentario que le dolía al ir al baño, mi señora me lo comento y lo dije que será algo de escaldadura por la situación de la fiesta y etc., un palabreo de medico,  le recomendé una crema y  no paso nada mas los días pasaron y no hubo mayores comentarios, por mi parte tenia un poco de temor el cual fue pasando con los días así como el dolor en el pene que me duro cuatro días, al ver ahora a mi sobrina  LA RECUERDO DESNUDA A MI DISPOSICION Como esas muñecas inflables recuerdo cada rincón de su cuerpo y planeo otra vez un encuentro similar, pasa por mi lado vestida con un short corto meneando el culito sin imaginar ni en sus sueños que ese culito fue mío.
 
 
 
 

 

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Amor de Ascensor

Amor de Ascensor

Todo empezó un lunes, eran las 14:30 aproximadamente, yo a esa hora suelo volver a mi casa del instituto. Siempre la misma rutina, aparco la moto, ascensor, casa y comida… pero ese dia ocurriria algo, ese dia tendria un encuentro en el ascensor.

Sonia es mi vecina, me la solia encontrar a esas horas en el ascensor, suponia que venia de recoger a sus niños del colegio, ya que siempre iva con ellos, y siempre compartiamos el ascensor. Era una mujer bastante guapa, tenia un cabello castaño ondulado y corto, la melena le llegaba por los hombros. Tenia unos ojos marrones y grandes preciosos. Su boca era pequeña, pero al mismo tiempo graciosa, al igual que su voz, alguna vez la oí hablar con sus hijos y tenia una voz suave y dulce. Sobre su edad, pues no la sabia, aparentaba haber entrado ya en los 40 años y si tenia mas de veras que no los aparentaba. Su cuerpo… me gustaba, son de esas siluetas que ves y no puedes evitar imaginar desnuda, o con otra ropa mas sexy, aun asi vestia ropa que no estaba nada mal. Tenia unas curvas que me causaba una impresion en el pecho tremenda. Sus pechos eran grandes, supongo que tendria una talla 95 aproximadamente (nunca supe mucho de estas cosas) su fina cintura se encogia ante la llegada de sus hermosas caderas, pues estas eran anchas, y eso me daba mucho morbo.

El lunes volvi de clase, aparque la moto, y me fui a abrir la puerta del portal, entonces me percate de su presencia, vestia una camiseta de tirantes blanca y unos pantalones baqueros oscuros, todo un premio para mi vista, aunque admito que en un primer momento no me fije mucho en ella, o por lo menos de la manera que lo hice luego. Les abri la puerta cordialmente con una media sonrisa en mi cara, me dieron las gracias y entraron en el ascensor, hasta ahi todo normal, pero casi llegando a mi piso, algo ocurrió. Quise cojer mi mochilla que la habia dejado en el suelo y todavia no me explico como pero me tropece y me cai al suelo, que vergüenza,
-¿estas bien? me pregunto la mujer.
y yo aun en el suelo rojo como un tomate no se me ocurrio decir otra cosa que – si, tranquila, si lo he echo a proposito – me agarre a una barandilla que habia en el costado del ascensor, quise buscar apoyo en la otra mano y sin se consiente de donde se dirigiria, la alcé hacia un lado esperando un punto de apoyo. Lo mas vergonzoso viene ahora, cuando por fin me habia levantado me di cuenta de que ese segundo punto de apollo era el culo de mi vecina… no lo pasé peor en mi vida, los niños se reian, comprensible en ellos a su edad, y ella tenia una expresion de estar aguantandose la risa. Una vez sali del ascensor y se cerro la puerta de este pude oir como se rieron con mas intensidad, que ridiculo.

Al dia siguiente volvi de clase a la misma hora que siempre, no me queria encontrar con ella, no sabria con que cara mirarla, todavía me sonrojaba al pensar en lo que paso ayer. No tube suerte, en cuanto entre en el portal alli estaba ella y sus dos niños esperando el ascensor. No hubo mas palabras que un timido “hola”, entramos en el ascensor, yo me puse delante de ella mirando hacia la puerta, ella estaba detras, (asi al menos evitaria meter la para otra vez). Todo iva bien, son apenas media minuto lo que tarda el ascensor en llegar a mi piso, pero se me hicieron eternos. De repente empece a sentir algo, empece a notar como un leve cosquilleo detras mio, en mi trasero, no sabia explicarlo, era como si me estubiese pasando un dedo despacio por mi nalga. El ascensor paró, un “adios” y me fui. Ya en mi casa estube pensando sobre que era aquello que note, en un principio crei que era ella, pero pronto recapacite, seria todo demasiado bonito, lo mas seguro esque me estaria rozando con su bolso o con cualquier otra cosa, aun asi no pude evitar a mi imaginacion que hiciese su trabajo, a habia cambiado mi forma de verla, ahora me parecia la mejor mujer que habia visto jamas, y cuando me quise dar cuenta ya estaba masturbandome fantaseando con ella.

Miercoles, hoy salí una hora antes de clase, lo que me sentó muy mal, ya que ahora tenia muchisimas ganas de encontrarme con ella y si me iva una hora antes a casa no coincidiria con ella en el ascensor. Asi que me fui a un bar desde el que se ve mi edificio, me tome una cerveza, y cuando vi a lo lejos que ya llegaba la mama con sus niños, pague la cerveza y me puse rumbo al portal, llegamos casi al mismo tiempo. Su hija pequeña me abrió cordialmente la puerta, -gracias! – respondi con una sorisa. estaba nervioso, no sabia por que, pero cada vez me gustaba mas, me gustaba su olor, su colonia, juraria que es la misma que usaba mi primera novia. esperabamos el ascensor, yo estaba detras de ella, “me encanta ese cuerpo” no dejaba de pensarlo, hoy vestia bastante juvenil, llebaba una sudadera de cremallera amarilla, de la seleccion brasileña si no me equivoco, dejaba bastante a la imaginacion, pues no se la notaba mucho la figura con eso, en cambio de cintura para abajo me excito muchisimo, llebaba unos pantalones ajustados de deporte, azules, eran muy ajustados, se le notaban dos lineas que le atravesaban sus generosas nalgas, eran sus braguitas. Nos metimos igual que ayer en el ascensor, ella detras de mi, pronto volvi a notar ese cosquilleo en mi trasero, me quise volver y ver si era ella, pero algo ocurrió que no me dejo ninguna duda, ese cosquilleo de supuestamente un dedo se convirtio en una mano abierta que se poso sobre mi nalga izquierda. Me encanto, esaba excitadisimo, ayer mismo imaginaba esta situacion como un sueño de los que nunca se cumplen y sin embargo… ahi estaba ella. Quise hacer algo para saber que era correspondida, extendi mi mano para tocarla a ella poco a poco, pues no querian que los niños se enterasen, estos por cierto estaban entretenidos con una maquina de juegos. Mi mano flotaba en el aire esperando entrar en contacto con su hermoso trasero, pero… el ascensor paró, ¿porque no seria mas rapido?, mire a sonia de reojo antes de bajarme, tenia la cabeza agachada, pensé que se pensaba que habia metido la para, no se sentia correspondida, cuando sali por la puerta la mire y la dije mirandola a los ojos, – hasta mañana – no hubo respuesta por su parte.

Menuda semana, ya era jueves, no habia dejado de pensar en ella, se habia clavado en mi mente y no salia. Pense que lo que deberia hacer hoy era entrar yo en accion, queria tocarla, me moria por ella, tenia todo el rato ese nudo en el estomago, solo queria que llegase la hora del ascensor. Cuando llegue Sonia estaba con sus hijos tambien buscando en su bolso la llave de el portal. Me quede impresionado, hoy vestia una camiseta de tirantes azul y una falda blanca que la llegaba hasta mas abajo de las rodilla. hacia un poco de viento y la falda se adaptaba a la figura de sus piernas… dios, me corriria ahi mismo del gusto. me apresure a donde estaba ella diciendo – tengo yo llaves espera.
– ah, gracias- respondió con una amplia sonrisa. Entramos en el ascensor, esta vez me di prisa y me puse yo atras de el todo, ella como si averiguase mis intenciones se puso delante de mi de espaldas, por fin lo iva a conseguir, mire su culo desde arriba, esa falda fina mostraba dos nalgas preciosas, estaba escitadisimo, pero cuando estaba apunto de cerrarse la puerta otra persona llegó, que rabia ¿porque me tiene que pasar esto? en un principio pense que se me habia cortado el rollo, pero en seguida vi que no, pues ahora habia una persona mas en el ascensor, por lo que ella se echó hacia atras apresurandome contra la pared. el bulto de mi pene erecto en mis pantalones entraron en contacto entre sus dos nalgas, yo empujaba un poco, me encantaba, y ella tambien seguia el juego moviendo ligeramente su trasero. Casi llegando a mi piso la toque el culo, no pude evitarlo, estaba blandito como habia soñado, mi ereccion era brutal, no se como lo disimularia al llegar a casa. El ascensor paró, sali y antes de que dijese nada me dijo ella – hasta mañana –  yo conteste con una sorisa enorme en mi cara – hasta mañana si. llegue a mi casa entre en el baño y me mastubre.

Viernes, el ultimo dia de clase, y supongo que el ultimo dia de la semana que me la encontraba. Hoy lucía unos pantalones vaqueros claros, los mismos que los del miercoles si no me equivoco. y una camiseta ajustada blanca. entramos en el ascensor, yo lo hice primero y me puse igual que el dia anterior, queria volver a repetir esa experiencia. Pero para mi defeccion ella se puso al lado mio y no enfrente de mi, pense que ya no queria seguir con ese juego, que habia sido solo un calenton, pero mis pensamientos les rompio sentir su mano, estaba acariciando la mia, hizo como si me quisiese cojer de la mano, “que romantica” pensé con una sorisa, pero en realidad me estaba pasando un papel, una nota. La coji y me la guarde en el bolsillo. ¿Que seria? ¿que pondria? estaba ansiosos por leerla, cuando sali me despedi con un “hasta el lunes” pero ella en cambio me dijo “o hasta luego”.

Me quede confuso, lo primero que hice cuando llegue fue encerrarme en mi cuarto para leer la nota, en esta ponia:
“Si te apetece ven esta tarde a mi casa 7ºB, ven a las 19:00 y di que vienes a arreglar el ordenador. Besos cielo”
esto no podia estar pasando, era la cosa mas feliz que habia en ese momento sobre la tierra, me habia invitado a su casa, no me lo podia creer, aunque habia algo que me preocupaba y no se porque no lo pensé antes, ella seguramente tenia marido, de ahi lo de “di que vienes a arreglar el ordenador” pero bueno, una oportunidad asi no la iva a dejar pasar.

La hora al fin llegó, se me habia echo eterno, yo me meti en mi papel de informatico, me llebe un pequeño bolso con unos CDs y cables, por si acaso. Sali de mi casa y en un momento me presente en el 7ºB.
ding dong
– hola – dijo el hijo de Sonia.
– hola – dije nervioso – vengo a arreglar el ordenador, ¿esta tu mama?
ella aparecio tran una puerta – si, mira, pase a esta habitacion -.
Su aspecto era… inesperado, vestia una bata o albornoz no muy sexy pero que tenia su punto morboso. Entre en la habitacion y me dije que esperase un segundo, fue donde los hijos que estaban jugando en el comedor y la oí decir ” ahora no molesteis que tenemos que arreglar el ordenado y no puede distraerse” seguidamente se dirigió a la habitacion, entró y cerró la puerta con con llave.
– hola –  me dijo con un tono timido.
– buenas tardes señora, ¿que problema tiene con el ordenador? – bromeé
Ella se rió, hubo una pausa y habló – esto para mi es complicado, te invite aqui con… malas intenciones – los dos soreimos –  pero me temo que no va a poder ser – continuó –  por lo menos no hoy, pues le dije a mi madre que cuidase hoy de los niños pero no a podido venir, y con los niños en casa…-
– te entiendo – dije mirando al suelo- hice una pausa, solo esperaba que se lanzase, que conformaba con un beso, sus hijos no se enterarian – ¿entonces me tengo que ir? – pregunté.
ella se echo la mano a la cabeza y suspiró fatigada como si algun pesamiento la atormentase, de repente abrió la boca como si quisiese hablar pero no dijo nada y se acerco. me abrazo por el cuello, yo hice lo mismo y pose mis manos sobre su cintura.
Me miró a los ojos y dijo – no se que es lo que tienes, pero en mi vida vi nadie que me hubiese excitado tanto como tu
Me quede sin palabras. de repente nuestros labios se acercaron hasta que nos fundimos en un beso, Dios! era hermosa, besaba bien, estaba buena, estoy soñando pensaba. Yo fui echando mi mano hacia su culo, no me queria ir sin tocarle, ella respondio de igual manera. A medida que nos besabamos nos ivamnos calentando mas, empezabamos a respirar mas fuerte. yo empece a meter mi mano hacia su coño, era complicao, pues tenia el albornoz puesto. De repente nos paramos y nos miramos.
– si segumos no creo que pueda parar – dije –  lo siento, no depende de mi, no me puedo controlar.
nos seguimos mirando como si estubiesemos adivinado nuestros pensamientos, sabiamos que si nos volviamos a besar no podriamos parar, habria que llegar hasta el final. Aparte un poco la mirada de sus ojos y mire su cuerpo, el albronoz se le habia desatado y podia ver la ropa que llebaba debajo, un liguero, braguitas y sujetador negro, joder, era una musa, estaba buenisima, suspire fuerte la mire a los ojos y dije.
– no puedo, no puedo irme
ella me empujo contra la pared y me abrazo, yo aprobeche para quitarle el albronoz, ahora no nos besabamos ni nada, estabamos abrazados, yo manoseaba con violencia sus nalgas, mientras con la otra mano tocaba sus senos, ella sobaba mi paquete que estaba a punto de reventar. estaba esperando una señal, algo que me dijese, ahora te la puedes follar.
– ¿cuanto tiempo tenemos? pregunté
– una hora, no! un poco menos – ella se aparto un poco de mi y sobandome aun en pene me dijo – no hagas ruido porfavor.
ya esta, me la voy a follar, nos volvimos a vesar, ahora mas apasionadamente, mientras nos quitamos la ropa, ella me desnudo primero, no dejaba de pasar sus manos por todas las partes de mi cuerpo. Yo la quite las bragas y incite a que se apollase con las manos en la mesa. empeze a lamerla el coño, estaba empapado, ella respiraba fuerte, estaba aguantando los gemidos. me levante y la meti dos dedos mientras buscaba un preservativo, ella se percató y me dijo que no hacia falta, que estaba operada, esto es el paraiso, empece a penetrarla, muy lentamente, queria sentir en mi pene cada parte de su coño, esta ardiendo, cuando llegue al fondo empuje con todas mis fuerzas, y ya empezo todo, tenia ante mi a mi vecina con un liguero super sexy, con mi pene penetrando ese grandioso culo y de fondo las voces de sus hijos, joder, no podria ser mas feliz. empezaba a acelerar el ritmo, y la mesa empezo a dar golpes, ella se dio cuenta y me dijo que me sentase en la silla, encantado obedeci, se sento encima de mi pene dandome la espalda, pronto llevavamos otra vez el ritmo sin tantos ruidos. yo la manoseaba las tetas mientras trotaba encima mio, despues baje a sus caderas, su culo bailaba al son del sexo, no pude evitarlo y la empece a azotar, hasta que me corri, no quise abisarla, queria que disfrutase, aun asi no tardo mucho en correrse asi que no me dolio mucho.

Se echo encima de mi.
– muchas gracias de verdad –  me dijo – hacia tiempo que no difrutaba tanto, pero ahora te debes ir, entiendelo.
– lo entiendo, y se que te sonara… infantil, pero esto a sido muy especial para mi, nunca imaginaras cuanto
– no es infantil – dijo ella soriendo – es precioso.
yo me sonroje – se que no querras pero quiero decirtelo – hice una pausa – quiero repetirlo, algun otro dia, no se…
– si, yo tambien, no te vas a librar de mi tan facilmente -rió.

Me vesti y me fui a casa. ahora llebo una bonita relaccion con sonia, dos o tres veces por semana los padres de sonia se lleban a sus hijos a pasear y entonces ella me llama, y por supuesto, nuestros juegos en el ascensor entraron a formar parte de la rutina diaria

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Como quiero que sea mi primer experiencia travesti

Desde que escribí mi primer relato, me he preguntado varias veces como quisiera que fuera mi primer experiencia travesti, hasta ahora no lo he podido conseguir pero publico una imagen de lo que me gustaría que sucediera en esa primera ocasión, para ver si alguien de aquí se anima.
Les quiero decir que soy de cuerpo más o menos pequeño por lo que al vestirme de mujer podría ser que no me vea tan mal, pero hay un detalle, tengo mucho vello, quizás eso para muchos no sea un problema, pues depilarse es fácil. El problema es que no quiero hacerlo solo, me gustaría que alguien que ya tuviese algo de experiencia me ayudara por que hay zonas que me da un poco de miedo depilar yo solo,  eso serviría tal vez para que aquel que se animara me conociera un poco más antes de iniciar nuestra experiencia. También me gustaría que me ayudara a hacerme un lavado, para tener mi culito bien limpio para recibir sus embestidas. Otro problemas es que yo no tengo ropa de mujer propia,  me gustaría que me facilitaran un poco de ropa para el momento que sea muy sexy, ya saben pantaletas, ligueros, sostén, (si se puede, con relleno), zapatillas, una falda, una blusa,  maquillaje y tal vez una peluca. Eso para que al transformarme me sienta más linda.

Hay otra cosa, quizás sea raro pero me gustaría tener esa experiencia con otro travesti, por que no me sentiría igual si fuese solo un hombre que no este vestido como yo, o por lo menos eso siento ahora, quizás lo haría con un hombre tal cual, pero depende de que tan caliente me sienta, bueno no lo descarten… pero me gustaría empezar así.

Bueno después de esa introducción probablemente aburrida, quiero contarles como quiero que sea. Me gustaría contactar con esa persona por el internet, y después de un poco de charlas, quedarnos de ver en algún lugar, ya sea en su casa un hotel o cualquier otro lugar más o menos privado. Cuando estemos en ese lugar, me gustaría que me ayudara a depilarme, y a maquillarme, pero que después me deje ahí solo para poder vestirme tranquilamente, ya sea en el baño o en algún cuarto en el que me pueda quedar solo, pues disfruto bastante ese paso, y es el que me enciende. Mientras tanto esa persona puede preparar el lugar para hacerlo más cómodo o vestirse también.

Al momento de salir me gustaría encontrarme con esa persona, y charlar un poco, beber alguna copa hasta que el momento sea irremediablemente sensual. Quiero que sea alguien con experiencia por que soy un poco sumisa cuando me visto y me gustaría que me dijera como quiere que le hable, como quiere que me quite la ropa  si prefiere quitármela; si quiere que saboree su pene de un manera suave o fuerte, quiero que cuando lo haga me tome de la cabeza y me indique el ritmo que le satisfaga, quiero que me diga en que posición ponerme y que me coja como quiera, que me hable como si fuera una puta, que me haga suya. También quiero que se meta mi miembro en la boca y me lo mame, pero siempre siendo esa persona la que lleve la batuta, quiero cojerla como si fuese una orden que debo obedecer, como si en ese momento yo fuera su esclava. Por ultimo después de una gran sesión de placer quiero que sentir su semen en mi cara y saborearlo, mancharlo yo también en la cara de mi líquido y besarnos nuestros rostros para compartir el sabor del sexo bien hecho. Lo que sucederá después de eso no lo se, tal vez no bañemos y repitamos un poco, después cada quien tomará su camino como si hubiese sido un encuentro entre desconocidos. No lo sé, tal vez nos volvamos a ver.
Bueno así mas o menos he visualizado mi primer experiencia travesti, si alguien se anima puede escribirme a mi correo mbaez123@gmail.com. Soy de México, de preferencia envíen una foto para que la comunicación sea más rápido más rápida

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Desnuda y manoseada en la clase de inglés

Mi nombre es Julieta, pero me dicen July y les voy a contar lo que me pasó en una clase de inglés, en el mes de septiembre del año pasado.

Antes que nada, voy a describirme para que puedan imaginarme. Tengo 16 años, el pelo largo y marrón oscuro, tengo ojos celestes, soy muy voluptuosa, siendo mis medidas 100-60-90, tengo muy buen culo y mediré 1,70 mts. Soy muy muy linda. No es que yo lo diga, todos me lo dicen. Mis familiares, mis compañeros de colegio, mis profesores, etc..

Era un día jueves de septiembre y voy a mi clase de inglés que comenzaba a las 18:00 hs.. Mi profesora de inglés se llama Adriana, tendrá unos 35 años y es muy moderna en sus métodos de enseñanza. En la clase somos 3 en total: yo y dos chicos. El nombre de uno de ellos es Carlos y el del otro Maxi. Son atractivos aunque nunca ninguno de los dos se me insinuó, ni me invitó a salir. Ellos también tienen 16 años. Tal vez sean un poco tímidos para hablar con chicas. Igualmente yo tampoco nunca le tiré mucha onda a ninguno. Ya que yo inglés me lo tomó muy en serio. Iba a estudiar.

Estaba vestida de la siguiente forma: zapatillas y medias blancas, una falda corta tableada y de color azul, una remera rosa escotada que dejaría ver buena parte de mis senos, si no fuera que arriba de ella tenía un liviano sweater lila, y por dentro ropa interior muy sexy, también de color rosa.

Ese día llego a la clase, como todos los jueves. Nos saludamos todos, nos sentamos, abrimos nuestras carpetas y miramos hacia el frente, a nuestra profesora para comenzar la clase.
Ella dice: “Bueno, la clase de hoy es sobre ROPA Y PARTES DEL CUERPO HUMANO. Vamos a hacer una clase muy práctica y didáctica para que sea divertida y esto no se lo olviden más. Ya que las partes del cuerpo son tantas, y hay tanta variedad de ropa, que con los aburridos métodos tradicionales esto es muy difícil de aprender”.
Ella continúa diciendo: “A ver July, por favor pasa al frente”. Yo me paro y voy hasta el pizarrón. La profesora mirándome primero y luego mirando a mis dos compañeros dice: “Hoy vamos a hacer un juego. De preguntas y respuestas”. Uy Que Bueno!!! Pensé yo, me encantan los programas de televisión sobre preguntas y respuestas. Además soy muy buena contestando, en general cuando veo un programa en la tela, sé muchas de las respuestas.
Carlos, que era un chico muy inteligente; ansioso, pregunta: “¿En qué consiste el juego?”. Y la profesora comienza a explicar: “July va a pasar al frente. Yo voy a señalar una ropa de las que tiene puestas y ustedes van a decir el nombre en inglés. Si aciertan ella se la tiene que sacar”. Me encantan las competencias y además me considero más inteligente que Carlos y Maxi con lo cuál me salió naturalmente preguntar: “¿Y si ellos no aciertan que pasa?”. Quería saber cuál era la prenda para ellos por no acertar. La profesora me dijo: “Si ellos no aciertan, no pasa nada, se van a perder de aprender esta clase y les voy a dar más tarea para el hogar”.
Y así comienza el juego. La profesora señala primero un pañuelo que tenía puesto en el cuello y mis compañeros dicen al unísono: “Kerchief” con lo cuál aciertan y yo me saco el pañuelo y lo dejo en el escritorio.

Luego la profesora señala una cinta para el pelo que me recogía el cabello. Maxi no la sabía, pero Carlos dice: “Girdle”. Yo tomo mi cinta para el pelo y también la dejo sobre el escritorio de la profesora. La verdad que el pelo suelto me hacía mucho más sexy. Me hacía una chica con una actitud más sexy.

En tercer lugar la profesora, mira hacia abajo y señala mis zapatillas. Nuevamente Carlos responde primero y dice: “Shoes”. Me saco las zapatillas y quedo descalza. Por suerte era primavera y el piso de baldosa, sin alfombrar del Instituto no estaba frío como habitualmente lo estaba en otoño e invierno.

Una vez que me saco las zapatillas, la profesora señala mis medias blancas y le da la oportunidad a Maxi de responder esta vez. Maxi dice: “Socks”, con lo cuál acierta. Yo me doblo un poco, casi en una posición de 90 grados y me saco muy despacio las medias. Hasta ahora la verdad que el juego era muy entretenido y didáctico. La profesora tenía razón. Seguramente ya estaba por terminar. La profesora toca con su mano la manga derecha de mi sweater y una vez más Carlos responde primero: “Sweater!!” Yo me lo saco siguiendo las reglas del juego y pienso que el juego había ya terminado y que empezaríamos ahora la clase tradicional con los libros, la carpeta y las tareas. Pensaba que el juego iba a terminar, porque ya sólo me quedaban la remera y la pollera. En eso escucho la voz de la profesora que dice, sorprendiéndome sobremanera: “Ahora viene la pregunta Comodín. Ustedes eligen chicos: Remera o Pollera”. “Primero remera, luego pollera” responden ellos. Yo no entendía, pensé que les iba a preguntar como se decían en inglés y listo. La profesora toca con su dedo pulgar e índice mi remera. Maxi inmediatamente responde: “T-Shirt”. Sin que yo me de cuenta la profesora queda a mis espaldas y me va sacando muy suavemente la remera rosa que tenía puesta. Sin darme cuenta, o en una especie de estado de inconsciencia, yo levanto mis brazos y dejo que ella me saque la remerita, quedando en corpiño rosa y falda azul nada más. Mis pezones estaban muy erectos y mis grandes senos parecía cómo que quisieran liberarse del corpiño. En cierta forma, aunque sin saberlo, comenzaba a excitarme.

Luego, la profesora que estaba parada al igual que yo pero apoyada sobre su escritorio, vuelve a tomar entre sus dos dedos mi pollera, como había hecho antes con la remera. En el intento me levanta la pollera un poco y los chicos alcanzan a ver el inicio de mi bombachita rosa. Maxi, responde: “Miniskirt”. Yo me quedo inmóvil. Realmente no se había pasado por la cabeza que la profesora pretendiera que me sacara la pollera. Pasan dos minutos en los que nos quedamos todos en silencio, hasta que Adriana lo rompe diciendo: “Dale July, sacate la pollera, te estamos esperando”. Ella se da cuenta de mi vacilación y nuevamente en el instante en que yo dudo, ella se me acerca por atrás, me desabrocha la pollera, baja el cierre y luego me la saca, arrojándola a un costado y dejándome en bombacha y corpiño; en tanga y sostén.
Que momento. Si bien iba todos los veranos a la playa y desde los 13 que usaba biquini y los hombres me miraban, esta situación era algo diferente. Ahí estaba yo. En la clase de inglés en bombachita rosa y corpiño rosa, ambos muy sexys con delicadas terminaciones de encaje y puntillas. Mientras dos chicos me miraban lascivamente todo el tiempo. La profesora Adriana se mantenía indiferente, como si la situación fuera lo más normal del mundo.
La clase continúa. La profesora señala con su dedo índice el corpiño, tocándome una teta. Carlos responde: “Soutien”. La profesora me mira y me dice: “Dale no nos hagas perder tiempo como con la pollera” y yo me saco el corpiño e intento taparme los senos con las manos. Cosa imposible, ya que mis tetas son tan grandes, que se me escapaban de las manos. Lograba taparme los pezones, pero la mayor parte del resto permanecía afuera.

Estaba solo con mi tanguita rosa puesta. La profesora tira del elástica de mi bombacha y Maxi dice: “Thong”. Acierta, pero yo me quedo parada en bombachita y tapándome las tetas con las dos manos. No me podía sacar la bombacha ya que tenía las dos manos ocupadas. La profesora dice: “A ver Maxi la podés ayudar”. Y Maxi se acerca al pizarrón se agacha y me baja bruscamente la bombacha con sus dos manos. Yo atino a taparme la concha con la mano derecha, mientras con la izquierda me tapo ahora las dos tetas (o mejor dicho, lo intento sin conseguirlo) e instintivamente apoyo el culo contra la pared, para que no me lo pudieran ver. Me quedo así un rato, mientras los chicos me miraban con mucha líbido y la profesora se tomaba su café.
Cuando la Prof. Adriana termina su cafecito dice: ”Bueno, ahora chicos, vamos a empezar con la parte dos de la clase: Partes del Cuerpo Humano”.

Mientras tanto yo estaba desnuda y muerta de vergüenza ante mi profesora y mis dos compañeros. Nunca había estado desnuda ante alguien que no sea una amiga o mi madre (cuando era más chica), es más era virgen.
Lo primero que pregunto, aunque no por frío, ya que estábamos en primavera fue, al tiempo que voy agarrando mi ropa fue: “¿Me puedo vestir?. A lo que la profesora responde rotundamente y haciendo un gesto negativo con la cabeza: “NO!!!. El juego todavía no termino y a los tres les falta bastante por aprender. Sino no van a pasar la prueba final del año, ya que estos temas los tomo”. 
Mientras tanto, mis compañeros me miraban lascivamente, estaban realmente muy excitados. Era probablemente para ellos, la primera vez que veían a una mujer real desnuda. Ellos tenían mi misma edad, 16 años, y de seguro también eran vírgenes.
Prof. Adriana: “Bueno el juego, ahora es parecido. Yo voy a nombrar partes del cuerpo de Julieta y ustedes tienen que decir el nombre en inglés. Pero cómo ahora, July ya no tiene ropa para sacarse, vamos a hacer lo siguiente: si aciertan pasan al frente y tocan la parte del cuerpo que adivinaron”. Los chicos no lo podían creer. No podían creer lo que estaban escuchando y la cosa buenísima que estaban por vivir. Yo tampoco lo podía creer. Aunque mi situación sin duda era muy diferente a la de ellos.
Así va transcurriendo la segunda parte del juego en la que la profesora comienza nombrando partes de mi cuerpo como oreja, nariz, manos, pies, brazos, piernas, etc.. Carlos y Maxi van respondiendo cada uno lo que sabe. Pero siempre Carlos lleva la delantera como el que más respuestas correctas tuvo.

En un momento mi profesora me señala las tetas y mis compañeros muy excitados y exaltados gritan: “Tits” Ambos aciertan, pero Maxi lo había gritado un poco antes. Con lo cuál la profesora dice: “Maxi, es tu turno”. Maxi pasa al frente con un poco de vergüenza al principio y me agarra una teta con cada mano, las aprieta muy muy fuerte, casi haciéndome doler (se notaba que no tenía mucha experiencia en el tema). Las masajea, las amasa, pareciera como si no quisiera dejar de tocármelas nunca. Recién deja de hacerlo cuando la profesora dice: “Bueno, listo Maxi, ahora vamos con otra”. Se me acerca me levanta los dos brazos, me hace girar y apoyar las manos en lo alto del pizarrón. Me pone su mano en el vientre y me empuja hacia atrás haciéndome sacar cola. Con una regla larga que ella usa me pega en la cola despacio y pregunta: “¿Cómo se llama esta parte del cuerpo?”. Carlos grita: “Ass. That is a really good ass”. “Correcto” dice la profesora y Carlos sin perder un minuto, pasa al frente a recibir su premio. Yo me quedo inmóvil en la posición que estoy, pero Carlos me da vuelta, para que me lo mire de frente se me acerca, quedando cara con cara y me toca el culo con sus dos manos. Lo manosea un rato largo, incluso pasa su dedo mayor por la raya en dos o tres oportunidades. Finalmente antes de irse me hace girar, se agacha y me da un beso en la nalga derecha. Y luego se para y me da una fuerte palmada.
Yo ya veía venir lo que se venía y no me gustaba para nada la idea. Todo tiene un límite. Yo no soy una cualquiera, una putita, una remera. Esto ya había llegado demasiado lejos, yo no iba a permitir que me tocaran la vagina.

Estaban con esos pensamientos por mi cabeza, cuando de repente, se abre la puerta del aula y entra ni más ni menos que el Director del Instituto. El Sr. Ricardo López Cuarstein. Un hombre de unos 55 años de edad. Alto, como de 1,90 mts., fornido, calvo y canoso. Entró con su cara seria y siempre formal. Saludó a todos con un “Hola” general y luego se sonríe me mira de arriba abajo y me dice: “Hola Julieta”. Yo le respondo: “Hola”. Al principio pareció sorprendido y luego le preguntó a Adriana: “Ah, están haciendo la clase de ropa y partes del cuerpo, No?”. A lo que Adriana responde afirmativamente. “Bueno sigan así, me parece muy bien” dijo él sin dejar de mirarme ni un minuto y posando su mirada en mi conchita. Antes de irse del aula dice. “Adriana antes de que se vayan, vení con July a mi despacho”. Adriana responde “OK” y la clase continúa.
La profesora con esa regla que tenía en la mano de 40 cm. me da un golpecito rápido y suave en la vagina y señala a Maxi. Maxi instantáneamente responde: “Pussy” y se apresura a pasar al frente. Es ahí donde yo digo basta. Me pongo firme y digo: “Nadie me va a tocar la vagina”. Adriana con cara de sorprendida dice: “Me imagine que esto podía pasar. No todos los alumnos tienen la misma predisposición para estudiar y colaborar. Mira Maxi y Carlos lo bien que están trabajando y lo mucho que están aprendiendo en esta clase”. Adriana hace una pausa y luego continúa: “Carlos vení ayudame. Agarrala”. Acto seguido, Carlos me agarra desde atrás de los brazos, inmovilizándome. Luego la profesora se agacha y me separa las piernas y por último viene Maxi y pasa su mano derecha un largo rato por mi vaginita.
Una vez terminado esto, pensaba que todo esto había terminado y estaba recogiendo mi ropa para vestirme, cuando Adriana dice: “No, espera que la clase todavía no terminó. Ahora vamos a hacer la segunda parte, todavía nos quedan 30 minutos de clase así que tenemos que apurarnos. Ahora vamos a ver ropa y partes del cuerpo del hombre. Pero como la ropa es bastante similar te pregunto a vos Julieta ¿Cómo se dice pantalón en inglés y cómo se dice calzoncillos?”. Yo que sabía la respuesta contesto: “Trousers and underpants”. La profesora dice: “Correcto. Carlos, Maxi vengan acá al frente y sáquense los pantalones y los calzoncillos”. Con la velocidad del rayo ellos llegan hasta el frente, al lado de dónde estaba yo, se bajan pantalones y calzoncillos de manera conjunta quedando sus enormes pijas al aire. La verdad que estaban los dos muy bien dotados. A simple vista puedo decir que una mediría unos 25 cm. y la otra unos 22 cm. 
La profesora muy entusiasmada dice: “Muy bien chicos. Muy bien. Muy buen trabajo han hecho hoy, pero todavía falta. A ver Julieta ¿Cómo se dice pene en inglés?. Yo sabía la respuesta, pero dudo un instante antes de responder porque no me parecía correcto ni de señorita tocarle el pene a esos chicos. Finalmente respondo: “Penis”. “Muy bien” dice Adriana, “Veo que habían estudiado mucho para esta clase. Bueno July, cuando ellos acertaron, tocaron la parte del cuerpo que acertaron, pero ellos son dos. Así que vení acá”. Voy al lado de la profesora y esta me dice: “Arrodillate”. Me arrodillo y ella dice: “Vengan chicos, acérquense”. Los chicos se acercan y estaban ya sumamente erectos, sus vergas eran enormes y estaban a la altura de mi cara. Adriana: “Bueno, como Carlos fue el que más respuestas correctas tuvo, te vas a meter en la boca el pene de Carlos y lo vas a empezar a chupar. Maxi, que también estuvo muy bien se merece un segundo premio, así que vas a agarrar la verga de él con una de tus delicadas manos y le vas a hacer una buena paja”.

Carlos no me da tiempo a reaccionar y me pone la pija en la cara. No sólo eso, me agarra la cabeza y me la acerca hacia su pene. Abro la boca y empieza a chupársela. Más que una mamada, podría decirse que me estaba cogiendo la boca y no yo chupándosela a él. Mientras tanto con mi mano izquierda le estaba haciendo a Maxi una paja que jamás se va a olvidar en su vida. Seguramente que fue la mejor de su vida. Chupo y masturbo a uno y otro respectivamente durante unos quince minutos. Y fue bastante, pero a la edad que tenían, y siendo para ellos la primera vez, se vinieron con todo. Una catarata de leche en mi cara, en mi boca, en mis tetas y lo que más nos molesta a las mujeres, en el pelo. La leche no paraba de salirles de sus pijas. Y yo no paraba de tragarla mientras los miraba desde abajo arrodillada.
Terminado esto, yo pensé que la clase había terminado y que me podría ir a mi casa, pero no fue así. La profesora me acerca una toalla para que me saque la leche que tenía por todo mi rostro y mis pechos. Una vez hecho esto dice preguntándoles a Carlos y a Maxi: “¿Chicos, ustedes quieren más? Por que la verdad que esta clase han trabajado muy bien y se merecen un premio”. Carlos pregunta: “¿Y cuál sería el premio?”. La profesora responde: “El premio es July. Pegarle una buena cogida a July”. Todo esto sin preguntarme nada, ni tener consideración sobre mi consentimiento o no. Adriana me trataba como si realmente fuera una cosa, un objeto, un premio que ella podía repartir a su antojo para dos alumnos de su clase que habían tenido un buen desempeño.
La profesora nos dio un vaso de agua a cada uno que todos tomamos y repetimos una vez. Ya que era primavera y teníamos sed. Por ser jóvenes, en menos de diez minutos, ya estaban listos para la acción sexual otra vez.
“July a ver vení acá y ponete en cuatro. Como una perrita. Vos Maxi vení de adelante, que July te va a dar una buena mamada como le dio a Carlos. Y vos Carlos, a vos te toca lo mejor. Vos le vas a dar por la colita. La conchita no, porque se la dejamos al Sr. Director” dijo Adriana. Inmediatamente los chicos se acercaron. Yo me estaba poniendo en cuatro, pero ellos estaban tan tan desesperados que pareció como si me obligaran. Maxi se me puso delante con su enorme verga. Yo empecé a masturbarlo y chuparle la cabeza de su miembro. Pero él enseguida me tomó de las dos manos y me hizo que le agarrara el culo. Me agarró fuertemente de la cabeza con su mano derecha y me hizo chuparle su pija cada vez más fuerte. Mientras tanto Carlos se mojaba la mano con saliva y me introducía dos dedos en el ano para ir dilatando la zona. Una vez que mi ano se dilato un poquito, Carlos embistió con toda su fuerza masculina. Bombeó y bombeó. En un principio sentí mucho mucho dolor, pero luego el dolor se transformó en placer. Era un verdadero toro.
Finalmente, Maxi me acabó en la cara, una vez más y Carlos me acabo dentro del culo. Por eso, luego cuando me paré, me chorreaban por el cuerpo los fluidos sementales de Carlos y Maxi.
Una vez más creí que la clase había terminado. Realmente no había entendido eso de “(…) se la reservamos al Sr. Director”. La profesora Adriana dice: “Muy bien chicos, Carlos y Maxi se pueden ir”. Los chicos se visten, agarran sus mochilas y una vez que terminan de armarlas la profesora levanta del piso mi bombacha y mi corpiño y dice: “Para vos Carlos que fuiste el que mejor desempeño tuvo, llevate este recuerdo”. Y le arroja mi tanguita que Carlos agarra en el aire. El la toma con sus dos manos, la estira y dice: “Es bien chiquita” y me mira al mismo tiempo como si fuera la más puta del mundo. Luego la profesora arroja mi corpiño a Maxi y le dice: “Maxi, esto es para vos. Para que te lo lleves de recuerdo”. Maxi toma el corpiño, lo mira y lo guarda en su mochila. Me quedo yo a solas con Adriana en el aula desnuda y encima no tenía ropa interior para ponerme. Adriana toma una campera de jean larga que ella siempre usa y que estaba colgada en el respaldo de su asiento y me dice: “Tomá ponete esto”. “Así sin nada” le pregunto yo. “Sí” me responde y luego de que yo me pongo su campera de jean ella me arropa, cerrándomela y me dice: “Bueno ahora vamos a ir a ver al Director, que te quiere ver”. Es así como descalza y sólo con la campera de Adriana como vestimenta, mientras ella estaba vestida por completo atravesamos el largo patio descubierto que al fondo daba al despacho del Sr. Director. Llegamos y Adriana golpea. Desde adentro se escucha: “Adelante, pasen por favor”. Las dos entramos. Director: “Veo que ha sido una clase muy interesante la de hoy. Adriana me gustaría charlar con la alumna a solas por favor”. Adriana: “OK. Igualmente yo ya me iba. Hasta mañana”. Adriana comienza su camino para irse y me pide la campera. Yo dudo un instante y el Director dice: “July, dale a Adriana su campera, total acá estamos en confianza”. Yo me saco la campera y vuelvo a quedar nuevamente desnudita por completo. Esta vez frente al Sr. Director. Adriana dice: “Chau July, nos vemos el jueves”.
Adriana sale de la habitación y el Director dice con voz suave y calma: “Acercate por favor”. Voy y me paro al lado de él que estaba sentado en su sillón. Me recorre con la vista, me toma de la cintura y luego rápidamente baja sus manos hacia mi culo que acaricia y sujeta con firmeza y me acerca hacia él. Rápidamente se baja y se saca los pantalones y calzoncillos y luego con la mano derecha vuelve a tocarme y sujetarme del culo. Como si no quisiera que me escapase y con la otra, con la mano izquierda me toca delicadamente las tetas. Hace que me siente encima de él, mirándolo y a la par que me sigue tocando las tetas y el culo con sus dos enormes manos comienza a besarme en la boca. Cosa que Carlos y Maxi no habían hecho. Me hace subir y bajar, es decir cabalgarlo. Al ser un hombre mayor, costo mucho más para él acabar. Me cogió de esta forma (yo arriba y el abajo) unos treinta minutos y cuando terminó me acabó adentro una vez más. Por suerte no estaba dentro de mi período fértil y tanto el Director, como Carlos y Maxi eran gente muy sana.
Me salgo de encima y el Director me dice: “Bueno July, te podés ir, has estudiado mucho por hoy, te felicito”. Me doy vuelta para irme y me da una palmada en la nalga. Cuando estoy saliendo por la puerta el Director me dice: “Nos vemos el jueves próximo, en la próxima clase” …

Salgo del despacho del Director, vuelvo desnuda al aula de clases recojo mi ropa, me visto y vuelvo a mi casa sin bombachita y sin corpiño. Y pienso: espero que mi madre no se de cuenta de que me falta el conjunto de ropa interior rosa que ella me regaló para mis quince años.
Y así terminó la mejor clase de inglés que tuve en mi vida. En la que más aprendí y una que nunca, pero nunca voy a olvidar.
 
julieta_s24@hotmail.com

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Mujer solitaria

Hola, soy MAX espero que se acuerden de mi, y bueno ahora la historia que traigo a contarles es cuando es como conoci a una mujer casada de 26 años y como fue que nuestros cuerpos terminaron haciendo el amor incontrolablemente…
Todo comenzo en la universidad, le preste a un amigo mi latop para que checara su msn y empezo a platicar con una muchacha ahi, no se por que la vdd me dio curiosidad y me grabe el correo en la metne y luego cuando se fue el lo agrege, dias despues la note que si me habia aceptado para estar en su msn empezamos a charlar y a charlar de muchas cosas me conto que estbaa casada con 2 hijos y que su relacion esta pasando por un mal momento.
bueno el caso es que salio el tema del sexo, y no podia dejar pasar esta oportunidad asi que le dije que me gustan tener relacion con las casadas y mujer maduras. ella empezo a preguntarme cosas cachondas y demas cosas hasta el dia que me invito a su casa un dia que su marido se fue lejos a trabajar.
Llegue temprano a su casa, nos dimo el beso de bienvenida y luego platicamos un rato, nos empezamos a besar y a besar, ella se subio arriba de mi, y yo la agarraba sus grandes nalgas y se las apretaba, me di cuenta que era muy quejona y le empeze a besar el cuella y las tetias hermosas que tenie entonces ella viraba los ojos de lujuria de placer, entonces se bajo y puso de rodilla y empezo a jugar con mi bulto que se notaba con el pantalon, lo saco lentamente y me lo empezo a chupar de manera lenta y delicisosa, jugaba con su lengua con toda su boca, m,mmm que rico placer sentia en ese momento.
de pronto ella se metio a su cuarto y me dijo que la esperara unos minutos, entonces ella salio con un baby doll donde se le tomaba todo, se veia divina la mujer que rica se sentia cuando la miraba y se acercaba a mi despacio y con cara de placer…entonces me habia bajado el pantalo y tenia mi pene bien parado delante de ella, se sento en mi pene y empezo a moverse de manera insacible, se empezo a kejar de manera rica y bella, le empeze a levmntar su baby doll hasta que kedo totalmente desnuda delante de mi, se kejaba y kejaba rico rico,,,ahhhh si si, sigue asi…mm que rico, luego me dijo ahora de perrito por favor y se puso en posicion y me dijo ahora ya por favor, y se lo metio con rapidez y ella casi casi lloraba de tanto placer que sentia asi estuvimos un buen rato hasta que le dije ya mero me vengo….entonces ella me respondia vente no importa,,,kiero llevarme algo de ti dentro de mi….entonces cuando ya no pude mas descargue toda mi leche dentro de ella..
luego ella y yo nos sentamos juntos adescarsar y claro que me dijo que esperaba no sea la ultiam vez, que rico nos sentimos en ese moemtno..
Espero que les haya gustado…. vico_virux21@hotmail.com   
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