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Un Hogar Completo (XVI).. Rosy sale del convento

Continúa la narración de cómo llegaron a mi casa Rosy y su familia, y de todos los deliciosos eventos involucrados alrededor del tema.
Hacía menos de una semana que se habían llevado a Rosaura, la chica de pelo de fuego, que ofició de segunda criada por un par de meses; y ya estábamos en la búsqueda de una substituta.  Cuando, un viernes en la noche llegué a casa después de pasar un día ajetreado, me encuentro con Rosy en mi casa; extrañamente ya eran pasadas las seis de la tarde, y ella siempre salía volando entre las 5 y las 5.30.  De entrada nomás me informó que me tenía dos noticias, una buena y otra mala.  La buena es que había encontrado una segunda empleada que, ella creía, nos iba a durar bastante; se llamaba Ángela, Doña Ángela, de 60 años, bajita, tetona y medio gordita, muy calmada y tranquila.  Era lo que Rosy describió como “Una vieja santulona, beata y mojigata; pero bien recomendada”.  Dicho nuevo miembro del personal estaría empezando a trabajar desde la semana siguiente. La mala noticia es que Rosy quería dejar la casa limpia y reluciente, así que se había robado a Raquel y a Gladys de sus clases, para que la ayudaran, y que el asunto no estaba cerca de terminar, que ellas esperaban tener todo reluciente para las 8 o 9 de la noche, así que salí por un trago al bar de un amigo acá al oeste de la ciudad. Como a las 8 pm, me llamaron al celular: “Mario, ya terminamos, quedó reluciente la casa, nos estamos muriendo de hambre, así que si no viene con comida mejor quédese a dormir en la calle jajaja; ahh por cierto, nos vamos a quedar a dormir acá hoy”  
Cuando llegué a casa, 45 minutos después, me las encontré en la mesa de la cocina, ya bañadas, esperando la cena, la cual atacaron vorazmente.  Yo me senté placidamente a tomarme otro trago frente al televisor en la sala y, mientras en NatGeo una águila se merendaba un conejito, las viejas hablaban hasta por los codos, yo solo podía escuchar frases como “no puede ser!!”, “Que bárbara mi abuela, ¿cómo se le ocurre?” y demás expresiones de asombro.  Al poco rato las vi desfilar hacia la sala, y me di cuenta que no usaban ropa de ellas, me imagino que porque no planeaban quedarse a dormir, la cosa es que Rosy venía con una remera que uso yo para dormir, que le queda como bata, dejando ver sus torneadas piernas de abuela cincuentona y sus pechitos aún respondones; Raquel andaba con una camiseta de tirantes que yo usaba cuando iba al gimnasio y que nunca había vuelto a ver, hasta esa noche, y que dejaba ver el nacimiento de sus nalgas y sus pechos de quinceañera y Gladys andaba con una de mis camisas blancas de vestir, con las mangas arrolladas y varios botones sueltos, permitiendo adivinar las formas de su bonito cuerpo de chiquilla de trece años; todas sin ropa interior y sin más que las camisas o camisetas; provocando un espectáculo de semidesnudez precioso.  
“Mario, venimos a acompañarlo”, dijo Raquel, sentándose con las piernas cruzadas, mostrándome brevemente un poco de los pelos de su adolescente vagina, que yo aún no conocía.  
“Si, es que les iba a contar una parte de mi vida y quería que usted la escuchara también; que usted me ha dicho que le encantan mis anecdotaza” Dijo Rosy mientras tomaba la botella y servía un trago para cada una de ellas, haciéndome el refill del mío.  “Excelente!!!”, así pasamos una noche divertida… dime…”  dije yo, mientas le hacía campo a Gladys en el sofá.
“Bueno, esto fue como tres años después de vivir en el convento, yo ya tenía 18 años y Mayra estaba por cumplir tres años….
A pesar de vivir relativamente bien en el convento, no quería que Mayra creciera en ese lugar, además de que yo quería hacer mi vida, ganar mi dinero, no se..  volar… ¿me entienden?.  Así que le pedí al padre Sebastián que me ayudara a salir de ahí y acomodarme un una buena casa, lo cual hizo con mucho gusto, y poca gana… jaja, porque se había acostumbrado a las tardes de sexo que a veces compartíamos.  Dos semanas después estábamos entrando mi hija y yo a casa de Don Laureano; finquero reconocido de Cartago, que vivía en la capital.  Su casa quedaba en un barrio bien, era de esas casas antiguas con patio central, oscuras pero de salones grandes.  En ella vivían el Señor, de cómo 60 años, alto y delgado, fibroso, campechano y simpaticón; su esposa, seria, pero no antipática, rellenita de cómo 45 años; su hijo mayor Laureano junior, de cómo 25 años, igual que su padre de delgado y alto; y Gerardina, conocida como “dinita”, de uno o dos años menos que yo; adicionalmente, otras dos criadas, hablantinas y dicharacheras.
A los pocos días de estar en mi trabajo, era, para mí claro, evidente que la llegada de una joven a la casa, y madre soltera para peores…
“¿Porqué para peores, Rosy?”, preguntó Gladys, mientras tomaba mi mano y, subrepticiamente, la ponía sobre uno de sus pechitos de niña.
“Ay mija, eso fue, déjame ver…..  en 1973,  cuando eso una madre soltera era poco menos que una prostituta, alguien con quien se podía tener sexo libremente, porque de fijo se sabía que no era señorita.  No es como ahora chiquillas, que todas pierden el virgo a los 13 y a nadie le importa.”  Dijo Rosy, explicándole a las muchachas.  “Bueno…” continuó la cincuentona… mientras subía sus piernas al sillón, mostrando descuidadamente sus bonitas piernas a los demás.
Desde los primeros días vi que el señor Laureano se ponía inquieto y muy atento en mi presencia, y su hijo se alborotaba todo; luego me daría cuenta de que ellos esperaban tener sexo conmigo desde que me contrataron.  Debido a esa inquietud y atenciones, decidí tratar de no estar nunca en presencia de su señora, para evitar disgustos de familia que pudieran terminar conmigo de patitas en la calle.  Además, luego de pensarlo por varios días llegué a dos concusiones, la primera era que esta era una excelente oportunidad para mejorar mi situación económica, y dos, que me moría de ganas de coger con don Laureano, tan alto y patricio, a pesar de sus modales de carretonero.  Así que en ese momento se decidió el tema, los Laureanos serían mi camino a una vida mejor, dejando de lado la pobreza e ignorancia a la que estaba predestinada para mi debido a mi condición de campesina y madre soltera.
Poco después de esa decisión se presentó la situación propicia para que Don Laureano me soltara los perros.  Cada cierto tiempo mandaba a su esposa de vacaciones, ya sea a la finca, o donde las familiares de ella, o lo que fuera.  Ese fin de semana, los hijos también se habían ido para Puntarenas (una playa cercana) de paseo; así que solo quedaba Don Laureano y las tres mucamas.  Como a las ocho de la noche, pasa por mi cuartito y, cerciorándose de que mi hija estuviera ya dormida, me dice el viejo verde… “Rosita, no quiere acompañarme a tomarme un traguito, para matar el frío y la soledad, no ve que hoy se fue todo mundo!”.  Para mis adentros yo me dije… “ya empezaste viejo sátiro… ni que fuera tonta me creo que por casualidad te quedaste solo”, pero solo le dije, agachando la cabeza sumisa “si, Don Laureano, ya voy a acompañarlo, con mucho gusto”.   Como ya era fuera de mis horas de trabajo, me quité el uniforme de mucama y me puse una enagua larga muy sencilla, y una blusita blanca igualmente sencilla (perfecta pinta de campirana tonta), además de sacarme el brassiere, que la verdad no necesitaba, porque desde que la niña dejó de mamar pecho, habían retomado su tamaño normal (32a+). 
Cuando llegué a la sala, ya sonaba un bolero de Los Panchos en el tocadiscos, y el señor estaba sentado en su sillón, bien acomodado; yo entré y sumisa le serví su traguito de Chirrite (aguardiente clandestino de alta graduación y totalmente transparente), se lo acerqué con la cara agachada, y el se puso de pié, me tomó con su mano de arriero, me levantó la cabeza y me dijo, el muy pervertido, “Pero niña, levante la cabeza, usted es preciosa, es un ángel, y los ángeles andan con la cabeza levantada, tome, sírvase un traguito y se sienta y conversamos”, con un gesto de sátiro, que hasta que se me moja la entrepierna todavía, solo de recordarlo.  “Si señor, lo que usted diga”, dije sentándome en el sofá y mostrándole mi sonrisa, de veras que yo era una preciosura en esa época, créanme.
El sesentón se sentó a mi lado y empezó a preguntar cosas mías.  Que mi vida, que lo de mi hija, y todas esas vainas, ¿no?; el asunto es que conforme yo hablaba él se me acercaba, hasta que me puso la mano en el muslo y poco a poco me subió la falda.  Yo estaba en una calentura increíble, y al señor  se le mostraba ya el bulto de su verga bien parada.  Cuando tocó piel yo le dije sorprendida “Don Laureano… Compórtese!!!”, más coqueteándole que en regaño, así que él se estuvo quieto un ratito, hasta que volvió al ataque, esta vez lo dejé llegar hasta mi entrepierna, apenas me tocó el calzón lo paré y le dije “Don Laureano, usted es un abusado, dígame.. ¿qué es lo que quiere?” dije más seria, pero no enojada.  Mi patrón puso cara de “sátiro a la salida del kinder”  y me dijo…  “ Ay Rosa, es que usted me tiene loco, y yo quiero montarla, pero ya!!, mire como me tiene…” dijo mientras tomaba mi mano y me la ponía sobre el pantalón, donde se podía sentir claramente su verga de unos 20 centímetros,  larga, pero no gruesa, por dicha.  “ay don Laureano, yo no soy una de esas, a mi me gusta usted, pero no soy una de esas”, le dije mientras le apretaba la verga, haciéndole saber que yo tenía tantas ganas de coger como él.  No se en qué momento se sacó la verga sin quitarse la ropa, me recostó y me abrió las piernas, y mientras trataba de sacarme el calzón a la brava, me le quité y me puse de pié.
Ante su cara de asombro le dije, jugándome el todo por el todo… “No, don Laureano, yo no soy una vaca que la monta cualquier toro; no me trate como si fuera una vaca, yo creí que usted era un caballero, ahora veo que no sabe tratar a las mujeres”, obviamente se enojó cuando le dije eso, pero antes de que descargara su furia le dije:  “vea, yo quiero acostarme con usted, más aún, usted nunca ha echado un polvo como el que le voy a echar yo, nadie le va a hacer sentir lo rico que yo puedo hacerlo sentir, y si no me cree, pregúntele al Padre Sebastián; pero así no, a mi me trata como una mujer, no como una vaca; y si insiste agarro mis petates y mañana mismo me voy!!!”, di media vuelta y me fui para mi cuarto.
Más tarde en la noche se escuchaban los gritos de la Nanda, una de las criadas, mientras el señor se la cogía salvajemente.  Eso me alegró montones, porque conmigo se quedó con las ganas.  Pues dicho y hecho, hice una maleta pequeña que dejé en el pasillo en la madrugada, a la par de mi puerta.  A las 6 de la mañana en punto estaba el señor tocándome la puerta… “Rosa,  quiero disculparme por lo de anoche, es que uno es un bruto de campo y pudo más las ganas que el cerebro”.  Yo me acerqué a el, le di un beso suavecito y dulce en le boca y le dije suavecito al oído…  “Hoy en la noche encierre a las otras criadas, y me espera, bien bañadito, a las ocho en punto igual que anoche, y va a ver que rico don Laureano; esta noche vas a echarte el mejor polvo de tu vida; pero será a mi modo”, “Bueno, como usted quiera chiquita…” respondió sumiso el señor…  y agregué mientras le daba la espalda… “ahhh.. por cierto, yo también soy de campo y no me porto como yegua, así que eso no es excusa; ahora déjeme trabajar porque sino el jefe me corre..jaja”.
Esa noche, lo escuché encerrar a mis compañeras, y decidí ponerme ropa parecida a la del día anterior, salí con el aceite mennen en la mano y le serví el trago, me senté de una vez en sus piernas y empezamos a hablar; conforme conversábamos me fue metiendo la mano bajo la enagua, mientras yo me acercaba a el y le daba besitos en el cuello y en la boca, sin parar de conversar; luego me puse de pié y lo levanté, y le dije…  “¿qué tal si nos aligeramos un poco la ropa?”, mientras le desabrochaba la camisa, une vez con el torso desnudo, lo empecé a acariciar y a besarle las tetillas, mientras el de pié levantaba la cabeza y empezaba a respirar duro.  Luego le saqué la faja y le bajé los pantalones y los calzoncillos,  acariciando su pene que ya miraba al cielo con su único ojo sediento de vagina.  “Recuéstese en el sofá y  abra las piernas”, le susurré al oído.  Una vez acostado pude ver no solo su verga en todo el esplendor, sino su cara de lujuria incontenible…  “¿No se va a quitar la ropa Rosy?”, dijo preocupado…  “No, tontito, todavía falta rato para eso…” y me agaché agarrándo su verga y empezando a darle besitos, mientras lo masturbaba lentamente…  “¿qué va a hacer muchacha!!?” preguntó más sorprendido… (recuerden que eran los principios de los setentas, casi nadie hacía el sexo oral); “tranquilo, esto le va a gustar”, dije metiéndome la verga en la boca y empezando la mamada de su vida… “ahahghagh   que riiiiiiiiicoo  chiquita, que rico hágamelo más…..” empezó a decir, mientras yo seguía subiendo y bajando la cabeza sobre esa pinga.  “Yo había escuchado de esto, pero nadie me lo había hecho nunca!!!, esta chirotísimo (buenísimo)”.  
¿qué quieren que les diga?, me lucí, le hice una mamada que hasta el padre Sebastián hubiera considerado buenísima.  Don Laureano se retorcía en el sillón, gemía suavecito diciendo… “muy bien güila, que bueno…  no pare, siga chupándome la pilinga, chupe rico mi chiquita…  uyyy  de veras que usted es una zorra de siete suelas… siga chupando…”, y yo seguía con toda mi habilidad, hasta que sentí que ya estaba a punto de eyacular.  Saqué de mi boca su precioso y veterano pene, y lo besé seductoramente, jugando con su lengua, mientras le agarraba el pene con la mano.  Luego me levanté y le dije… “Don Laureano, ahora va a ver usted el cuerpo que lo va a hacer feliz por el resto de su vida…” y empecé a desnudarme lentamente, me quité la blusa y luego la falda; a el se le veía en la cara las ganas incontenibles de agarrarme y violarme, pero se la aguantaba.  Yo por mi lado estaba deseando sentarme en esa verga, así que una vez que me desnudé me acerqué a él y me senté encima de su verga, me la puse en la entrada y le dije. “¿Listo señor?”.  “Siiiii dele zorrita, mátese sola…” y de golpe caí sobre su pene.  Les juro que estuve a punto de tener un orgasmo ahí mismo, sin siquiera moverme, esa pinga me llegó hasta las entrañas, y estaba tan falta de picha, que me sentí en la gloria; le puse las manos en el pecho y empecé a levantar y bajar mi cuerpo sobre la verga de mi patrón, mientras el me decía cosas como zorra, puta, jodida, y demás vainas a las que yo solo le respondía… “Te encanta verdad hijodeputa, te encanta cogerte una muchachita, sátiro, métamela sátiro hijodeputa”.  Al poco me saqué la verga, y lo quité de donde estaba, poniéndome de cuatro patas recostada al apoyabrazos del sillón, “siga papacito, métame ese vergón con ganas”;   él no se hizo esperar y empezó a empujar sin pausa, diciendo palabras soeces, mientras yo alcanzaba el aceite y me empezaba a poner poquito a poquito en el culo, metiéndome el dedito poco a poco; apenas toqué mi culo con el dedo aceitado sentí venir mi primer orgasmo en semanas; fue fuerte y repentino, que apenas me dejó continuar el polvo; yo me volví y se lo dije… “me riego viejo verde…  me riego por tu pinga, dame más,  no pare viejo sátiro!!!”.  Cuando don Laureano observó lo que estaba haciendo preguntó azorado…  “Rosita, ¿qué hace?… ¿para qué se toca el culo?”  yo no sabía si reirme o qué, pero este señor no sabía lo que era un verdadero buen polvo.  “tranquilo patrón, que le va a encantar, créame!!”.  Y seguí yo empujando mi cuerpo hacia atrás penetrándome sola ese trozo de carne.  Cuando ya me sentí lista la saqué un momento de mi vagina y abrí más las piernas para darle un mejor ángulo y le dije…  “Laureano, métamela en el culo, métala sin miedo…”.
Jaja… seguro se me olvidó decirle que lo hiciera despacito, porque el cabrón la empujó de un solo guamazo, hasta los huevos.  Casi me mata, pero yo tenía que aguantármela, mientras el patrón repetía como loco “uyyy que apretadito que está,  que apretadito que está,,  siii”, en un metesaca cada vez más frenético me provocó el orgasmo más fuerte de la noche, el viejo se movía como una máquina que entraba y salía de mi culo a velocidad enorme… “siiii  viejo sucio…  me regaste otra vez sátiro de porra…”.  Cuando apenas me estaba recuperando el viejo aceleró aún más anunciando su inminente orgasmo.  “ohhhh  me riego carajillla zorrraaaaaa… ahhhgahgahghghaghgh”, decía mientras me la clavó hasta el fondo y me  llenó el culo de esperma, caliente espeso y amarillento; él cayó reclinado sobre mi, jadeando como perro. 
Así estuvimos por un rato, no se, cinco minutos, ya con el aire recuperado nos levantamos, yo me fui para mi cuarto y él se fue para el de él.  Solo me dijo “gracias, nunca había hecho estas vainas tan ricas, gracias muchacha!”, yo solo le respondí con un beso en la mejilla y diciéndole al oído “cuando quiera lo repetimos…  usted me dice…!!”.
Y así fue, por las semanas siguiente por lo menos una vez por semana le daba su ración de vagina, no mucho, pero tampoco poquito, lo quería tener en el punto.  Luego de un año, ya la esposa sospechaba, así que lo paré en seco y le dije:  “vea mi viejo, yo a usté lo quiero, pero no voy a causarle un disgusto a la Señora, que tan bien me ha tratado.  Me voy de la casa, si usted quiere seguir conmigo, vamos a tener que hacer cambios serios en este asunto!!”.
No me lo van a creer, pero un mes después de esta conversación ya estaba yo acomodada en una casita humilde en Desamparados, si, humilde pero propia!!!, don Laureano me había regalado la casa, y seguía visitándome con frecuencia, también me daba dinero para poder sacar los estudios secundarios en un colegio nocturno, y para medio mantener a Mayrita, yo también hacía trabajos, que te digo, que limpiar acá, planchar ropa allá,  pero estaba más holgada que antes; y era libre de hacer lo que quisiera, solo tenía que atenderlo una vez por semana.  Con el tiempo su hijo Laureanito se casó por lo que hubo de incluirlo en el paquete, a sabiendas de su padre, también tenía sexo con Laureanito, el cual me ayudaba también en la crianza de Mayra.  
Pero eso no duró mucho, a los tres años mi patroncito se murió, lo mató una patada de un caballo, al muy bruto.  Con eso me quedé sin ingresos, porque Laureanito vendió todo en la ciudad y se fue para la finca con la Señora y con su esposa.  Solo me quedó la casa…  aunque de vez en cuando Gerardina, la hija menor pasaba por mi casa, y me ayudaba un poco, con plata del marido.  La pobre estaba tan mal atendida que me decidí a iniciarla en el sexo entre mujeres…  le encantaba, y lo hicimos por años, ella llegaba de “visita” y nos pegábamos unas cogidas de madre!!!;  hasta que con los años dejamos de vernos; hoy el marido es magistrado y probablemente ella no se acuerde de su primer amante jeje…  esa es toda la historia.
Para el momento del final de la historia, Gladys ya me estaba masturbando por encima del pantalón, mientras yo le acariciaba sus pechitos preadolescentes;  Raquel estaba probablemente al borde del orgasmo, y Rosa ni hablar, cada vez que rememora sus andanzas termina cogiendo con la primer pinga que le pongan por delante o masturbándose como loca.  Yo me levanté anunciando la hora de ir a dormir, lo cual complació mucho a Gladys, que esperaba tener su sesión de sexo antes de diez minutos.
Al levantarse  Raquel encaró a su abuela y le dijo vehementemente “Abuela, con respecto a lo que dijo hace un rato…yo todavía soy virgen!  Y tengo quince ya!”, a lo que la veterana le respondió en broma dándole una nalgada a su deliciosa nieta de cabellos de oro “bueno no joda, además, usted es virgen solo porque a Mario, acá presente, no le ha dado la gana comerse ese quesito todavía, cállese y vaya duerma…”  La regaño su abuela, haciéndola sonrojar hasta el último de sus cabellos.  Yo le hice un gesto a Raquel para que dejara pasar la “broma” de su abuela, aunque los cuatro que estábamos ahí sabíamos que ese virgo estaba predestinado a ser cosechado por un servidor, en el momento adecuado.  Momento que se acercaba aceleradamente.
Antes de ir cada uno a su habitación asignada, les informe:
“Chicas,…  dos cosas.  Uno, desde la otra semana voy a trabajar solo medio tiempo, así que pasaré más tiempo en casa, y mucho lo resolveré desde acá o con visitas de Rodrigo, mi administrador.  Y dos…  esta les va a gustar…  los técnicos que vinieron ayer instalaron un sistema de circuito cerrado en la casa, así que voy a poder ver desde mi habitación o desde el estudio todo lo que pasa en toda la casa”…   “Mario!!!  Que morboso!!!”, reclamó Rosy.  “No se preocupen, vamos y les muestro donde están los switches de apagar y encender la cámara, así que si están cogiendo en un cuarto y no desean ser vistas solo apagan la cámara y ya; pero si quieren que las vean solo las dejan encendidas”…  “Que bueeenoooo” dijo Raquel…  “esto va a estar divertido…”  dijo Gladys.
Ya en mi cama, y después de una deliciosa sesión de sexo con mi querida Gladys, encendí el CTV y pudimos ver tanto a Raquel como a Rosy masturbarse en memoria de la anécdota que Rosa nos había compartido.  Antes de dormir, se vuelve mi niña amante y me dice “Mario, he estado pensando mucho en esto… me gustaría probar el sexo con una mujer… ¿podrías ayudarme a escoger a la persona correcta?, es que quisiera que fuera especial, ¿si?”.  “Ok, mi pequeña, déjame pensarlo, ¿si?”  le dije tratando de no pensar en nada, debido al cansancio y el sueño que estaba por volcarme.  Así, ella se dio vuelta, apagó la lámpara de noche y solo dijo “bueno, cuando quieras; por cierto….  mi madre quiere conocerte!!!”.  Y déjeme decirles mis amigos, se me fue el sueño en un instante…jaja.  ciertamente lo último que esperaba era tener conocer a la madre de mi amante de apenas adolescente de trece añitos.  Aunque resultó una excelente idea después de todo.
La historia la seguiré en el siguiente capítulo, les parece?

Saludos, si quieren me pueden escribir a Cotico: tico6013@yahoo.com
 
 

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2 comentarios en “Un Hogar Completo (XVI).. Rosy sale del convento

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