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Esther

Esta historia me ocurrió allá por el año 1988, aquí en Montevideo y que nunca me animé a contarle a nadie.

En esa época tenía yo tres años de casado y mi esposa tenía dos amigas de su infancia, Esther y Ana. Ana se había casado un año antes que nosotros y Esther estaba por casarse.

Una noche de diciembre de 1988, mi esposa invitó a Ana y a su esposo y a Esther y novio a cenar a nuestra casa. Faltaban unos quince para que Esther se casara y el motivo de la invitación era hacerle como una especie de despedida.

Era una noche muy calurosa, primero llegaron Ana y su esposo y al rato Esther y su novio.

Esther es morocha, de pelo lacio largo algo por debajo de sus hombros, muy bonita de cara y un cuerpo bastante apetecible (buenos pechos y buena cola) y  de profesión enfermera.

Cuando llegaron tomamos un aperitivo y luego nos sentamos a la mesa a cenar. Durante la cena me llamó la atención las miradas picaronas que Esther me hacía. Yo pensé: No puede ser que esta me esté dando filo delante de su novio y de sus amigas, una de ellas mi esposa.

Terminamos la cena y nos sentamos el living, yo en el sofá, Esther en un sillón frente a mí, mientras el novio de Esther y el marido de Ana hablaban de no sé que cosa y Ana y mi esposa estaban en la cocina.

De repente, como haciéndose la acalorada, Esther se levanta su pollera por arriba de sus rodillas y abre sus piernas, de forma que podía ver su entrepierna, donde se le notaba claramente su bombacha blanca que traslucía la sombra oscura de sus vellos pubicos. Esther al darse cuenta que yo tenía mi mirada clavada en su entrepierna (era imposible resistirse), atrevidamente y casi con malicia, abrió más sus piernas y me miró con una sonrisa pícara como diciendo: ¿te gusta lo que ves?.

Esta situación debe haber durado un tiempo que fueron segundos, pero que para mí fueron como horas, donde mi excitación y mi pene subieron como resortes. Totalmente turbado me levanté y me fui al baño, donde no pude evitar hacerme la paja más impresionante de mi vida, unos masajes a mi miembro duro y la leche me brotó a borbotones.

Me repuse, me lavé la cara y volví a la reunión pero las miradas picaras de Esther continuaron toda la noche.

Esa noche casi no pude dormir y para colmo mi esposa estaba con su período así no pude sacarme la excitación que tenía, pero no estaba dispuesto a dejar la cosa así, y entonces al otro día a eso de las 10 de la mañana llamé a Esther a su casa.

La encaré de entrada y le pregunté sobre lo ocurrido la noche anterior y al principio se hizo la tonta, pero cuando le dije que después de su espectáculo con la pollera me tuve que ir al baño a masturbarme, se rió y luego de hablar un rato del tema  me reconoció que yo le atraía desde que me había conocido siendo novio de mi esposa y que quería tener algo conmigo antes de casarse y que no encontró mejor forma, pero por lo que veía le había dado resultado.

Quedamos para encontrarnos esa tarde a las cuatro, antes que entrara a trabajar al hospital a las seis de la tarde, de forma que teníamos dos horas para hacer el amor en un hotel.

Convenimos una esquina de Montevideo no muy transitada para encontrarnos y la pasé a buscar. Cuando arrimé el auto a una parada de ómnibus la vi a ella, tenía puesta una pollera amplia por debajo de sus rodillas, de color claro estampada, y una blusa blanca y lentes de sol. Subió al auto y arranque rápidamente para un hotel cercano, ambos estábamos algo nerviosos, así que hablamos poco durante el trayecto que duró unos 5 minutos.

Entramos a la habitación y casi inmediatamente la abracé sin darle tiempo a nada y nos besamos mientras mis manos acariciaban su espalda y bajaban hasta su cola, metiendoselas por abajo de la pollera para acariciarle la cola por arriba de su bombacha.

No pude resistir más y con las ganas que tenía de la noche anterior, baje mi cabeza hasta su entrepierna y le besé la concha por arriba de su bombacha, que era de color beige tipo bikini, de Lycra. Ella no se resistió sino por el contrario, abrió sus piernas para facilitar mi tarea mientras me acariciaba la cabeza. Con mi cabeza entre sus piernas, chupé su concha como loco, primero por arriba de su bombacha y luego se la corrí hacia un costado la sumergir mi boca y mi lengua entre sus labios carnosos y húmedos y chupar su clítoris. Después la di vuelta y le besé su cola mientras le bajaba su bombacha y mordisqueé sus nalgas hasta separárselas algo y pasarle la lengua por su ano. Le resaltaba sus nalgas blancas con su ano rodeado por un halo de piel oscura y los pliegues que irradiaban como un sol, cerrando su orificio. Después de esto volví a subir y veo que Esther ya se había sacado la blusa y el soutien y entonces le besé sus enormes tetas, chupándole sus pezones duros con una gran areola oscura.

Me saque toda la ropa y estando ya ambos desnudos nos acostamos en la cama. Yo me puse boca arriba con mi pene duro como poste y Esther lo toma en sus manos y delicadamente lo empieza a lamer y chupar como toda una experta. La pongo encima de mí en posición de “69” y le chupo su concha y su culo, mientras ella chupaba mi pija.

Entonces Esther toma la iniciativa, se da vuelta y se coloca arriba mío, metiendose mi pija en su concha, comenzando una cabalga frenética, hasta que exploté dentro de ella llenándola de semen, mientras ella tuvo por menos dos orgasmos seguidos. Puede decirse que ella me cogió a mí.

Luego este primer polvo, ella se quedó acostada arriba mío y ambos descansamos unos minutos, mientras tanto yo aproveché para acariciarle su cola y hurgar delicadamente con mi dedo dentro su ano, cosa que pareció gustarle así que seguí unos minutos más.

No levantamos y la coloque en 4 patas y comencé a besarle sus nalgas y lamer su ano. Con la sábana limpie de su concha de restos de semen de mí eyaculada anterior y se la lamí nuevamente.

Para ese entonces mi pene estaba duro de nuevo y le hice una penetrada a su concha para lubricar mi pene con sus jugos vaginales y le penetré el orificio del culo muy suavemente pero hasta el fondo. La cogí aumentando la fuerza de mis arremetidas paulatinamente hasta que ella tuvo un orgasmo muy fuerte y entonces mientras que decía entre gemidos que le rompiera el orto, le acabé el segundo polvo en el culo.

Al terminar ella se acostó boca abajo en la cama y yo le seguí el movimiento permaneciendo arriba de ella, sin sacarle totalmente la pija del culo, besándole la nuca y las orejas. Comencé a moverme nuevamente y al no sacarle pija del culo, ella me la apretaba por lo que tuve una nueva erección rápidamente. La cogí por culo hasta acabar un tercer polvo (segundo anal), mientras ella disfrutaba con un orgasmo muy pero muy fuerte.

Después de eso bajé y me acosté al lado de ella, que se quedó como estaba boca abajo y nos quedamos dormidos abrazados como veinte minutos, al cabo de esto nos despertamos sobresaltados por ella tenía que ir a trabajar, pero por suerte aún había tiempo, ambos estábamos muy felices y satisfechos y habíamos disfrutado mucho, nos bañamos, nos vestimos y la llevé al trabajo.

Luego que Esther se casó, continuamos con estos encuentros durante unos dos años, hasta que ella quedó embarazada, luego de lo cual, si bien continuamos la amistad hasta hoy día, no volvimos a tenerlos nuevamente.

Hoy ella tiene dos hijos y yo dos hijas, ambos seguimos casados y somos muy felices en nuestros matrimonios, pero a mí siempre me quedó la duda (y la tendré hasta el fin de los tiempos), si ese primer hijo de Esther es mío o de su esposo.

Espero que le haya gustado mi relato y si desean hacerme algún comentario mi correo es mariom1959@hotmail.com.

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8 comentarios en “Esther

  1. ! Déjate de fantasear, esas cosas no pasan ! Señores lectores todavía
    creen en los Reyes Magos ?

  2. yo si le creo …..de pasar si pasa y mas todavia, mas calientes que eso……si o no…….el que diga que no que tire la primera piedra

  3. la verdad si te creo las amigas de la pereja siempre se meten con uno y la verdad es lo mas exitante

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