Archive for marzo, 2007

Amigo con derechos

Jueves, marzo 22nd, 2007

Hola, mi nombre es Damian esta historia se desarrolla a mis 20 anos de edad, hace 4 anos atras conoci un chico de nombre Jose, la primera vez que lo vi me parecio un chico muy simpatico, de 1.78 piel como dorada, cabello rubio dorado, su contextura gruesa tenia muy buen cuerpo, lo primero que me pregunto era que si vivia en el misma area que el le dije que si como a 2 millas, el en ese momento estaba escuchando musica me presto sus audifonos para que escuchara, durante el tiempo que pasabamos en el transporte el me hablaba como si nos conocieramos de hace mucho tiempo, me empezo a hablar de sus mujeres (automaticamente asumi que no era gay), pasaron los dias, seguimos conversando y saliendo yo muriendo por el por cuanto deseaba estar con el en su cama, varias veces note que el man estaba bien equipado alla abajo, como que no usaba ropa interior asi que se le marcaba cada centimetro de su linda verga, un dia yo estaba bien exitado y lo deseaba muchisimo, ya anteriormente le habia tirade indirectas pero el como que se hacia el desentendido, hasta que un dia el me pregunto que si yo era gay, le dije que si, y el me pregunto que si le atraia, le dije que mucho, pero hasta alli llego todo, el me dijo que no tenia problemas con eso pero que el no era gay, la cosa fue que un dia me dijo que se habia quedado solo en casa ya que su familia se habia ido al interior del pais, y que si podia ir   asu casa a ver peliculas que habia alquilado, le dije que estaba bien que pasaria a las 10 pm, llegue a su casa el estaba en short y sweeter, estabamos conversando de todo un poco, vimos la pelicula, todo iba bien, despues el me dijo que fueramos a la parte de atras de la casa a converser en la hamaca, eso estaba totalmente oscuro, de a milagro lo veia a el, el se acosto en la hamca y yo en un banco cerca de el, empezamos a hablar de todo un poco, hasta que el me volvio a tocar el tema del ser gay, me pregunto que si tenia pareja, al cual le dije que NO, y que si ya lo habia hecho con otro hombre   y le dije que si, el me pregunto que como era eso, que si me gustaba, bla bla bla bla despues de un rato de hablar del tema, con disimulo vi que el se tocaba la verga por debajo del pantalon como si se masturabra, me quede frio y el me pregunta que si me atrevia a mamarle la verga que el queria experimentar como seria estar con otro hombre, con disimulo extendi mi mano para tocarsela, gran sopresa mia cuando senti semejante mastil super gruesa, y larga, media como 15 pulgadas suavemente me la lleve   ala boca y empeze a saborear un pene tan sabroso, cuando mi boca toco su verga el suspiro y eso me exito mas, emepeze a jugar con el lentamente, esa verga sabia tan rica, tenia algo que me volvia loco, tenerlo todo para mi, despues le dije que major seria en su cuarto mas comodo, nos fuimos a su cuarto alli el se desnudo al igual que yo y pude ver su verga bajo la luz, inmensa dura, gruesa, era toda una escultura era perfecta, el se acosto y empeze a mamar como nunca disfrutando de tan rica verga, despues no aguante mas y e pedi que me penetrara el dudo en el momennto, pero lo convenci el busco unos condones y lubricante, me lubrico a mi y a su verga me puse en 4, y el me metio un par de dedos par ir dilatando poco a poco, despues el puso la punta de su verga en mi culito, y moviendose suavemente empezo a metermelo, de mi exitacion no senti mucho dolor, es mas mi culo se abria a su paso, pedia mas, hasta que mi culo se trago toda esa verga yo mismo quede sorprendido, y asi el empezo a moverse mas y mas rapido, el y yo estabamos arrechos a mil por hora, hasta que despues de un par de minutes me dijo que se iba a venir, saco su verga de mi culo y del gusto me meti la verga en mi boca y el se vino chorros y chorros riquisimos de semen que salian de el, me los trague todos, al igual que yo me vine, quedamos tendidos en la cama y aun arrechos por mas, asi lo volvimos a hacer, y ahora desde ese dia cada vez que podemos lo hacemos, aun el cuando esta con su novia me tiene a mi ya que dice que es mucho mas rico sentir un culito presionando su mastil.

Asco por el pene

Jueves, marzo 22nd, 2007

Mientras estudiaba pololeaba con un mecánico que tenia un taller cerca del liceo y quien fue el primer hombre en mi vida, yo tengo 16 años, siempre nos subíamos a una micro en reparación y en el asiento de atrás lo hacíamos hasta que un día me pidió que se la chupara y no lo hice por que me daba asco, y eso empezó a darnos problemas porque siempre insistía y terminábamos peleando en ves de pololear, en el liceo tenía un profe súper bueno que siempre estaba dispuesto a escuchar los rollos de los alumnos y alumnas y cuando me vio mal se acerco y le conté mi problema ya que no podía contárselo a mis padres, el me empezó a orientar que si no podía abtenerme yo me tenía que cuidar para evitar enfermedades y un embarazo no deseado y eso o sea todo y paso a ser mi confidente y una tarde me pidió que lo acompañara a acampar junto a otra compañera y aceptamos, pero cuando llegue al terminal de buses mi compañera no llegó y para no desfraudarlo le dije bueno vamos solos, la idea era pasar el rato conversando tranquilos sin interrupciones.
Cuando llegamos al lugar a orillas de un río instalamos la carpa luego saco unos sándwich mientras el se preparo una piscola y me dice que yo solo tomaré bebida y como estaba helado y sentía frío insistí en que me diera pisco, al final lo convencí pero me cayo mal y quise vomitar y salgo de la carpa y me metí al agua y el me dice no mojes tus ropas y me saque los pantalones y los deje en la orilla, al final cuando me sentí mejor seguimos así en la carpa y el también se saco los pantalones para que yo me sintiera cómoda.
y seguimos con mi tema que era el problema con mi pololo y el asco que me producía lo que mi pololo me pedía y no se como se dio la conversación que me quito el asco y  comencé a chupársela a mi profe y el me enseño todo en dos horas o tres pero todo todo y me encanto como me penetró por todos lados y me chupo por todos lados igual que yo a él.
Mi pololo ahora se sorprende de lo que le hago lo dejo loco, al principio sospechaba de mi profe pero yo le digo como puedes imaginarte que me metería con un weón viejo porque tiene 45 y es gordito, pero es tan buen profesor.
A mi compañera le conté lo que se perdió y no lo podía creer ella también esta pololeando pero es virgen.
Y me pidió que convenciera al profe para hacer una clase pero solo los tres y el profe incrédulo acepto.
Cuando llego ese día el profe no llevo pisco sino puras ideas y cuando entramos a la carpa el y yo nos sacamos la ropa al tiro y ella dijo están locos y el profe le explicó que era un señal de confianza con ella.
Y le empecé a chupar su piquito al profe que a todo esto no pasa los trece centímetro pero hace unas de maravillas, luego pasamos al sesenta y nueve y mi compañera que tiene 17 se empezó a sacar la ropa sin que nosotros insistiéramos y quedo en pelotita y el profe me dijo guíala y yo toda una profesora le enseñe desde como tomar los coquito y como comer ese pedazo de carne y luego el profe se la chupo a ella y se dio cuenta que era virgen , entonces el profe le dijo que no se preocupara ya que el no le gusta penetrar a las virgenes que es mucha la responsabilidad y que eso lo tenía que entregar ella a quien realmente amara y no por pura calentura al final el profe nos hizo sentir unos orgasmos ya que terminamos siendo un trío igual que las tripe x.
Realmente es súper entretenido ir a ese liceo ojala siempre esté mi profe que realmente enseña lo que a nosotros nos interesa.
Ha me estaba acordando que hay una loquita que sigue al profe pero el profe no la pesca porque según el es muy chica, tiene 15 pero un cuerpazo, quizás que cuando cumpla los 16 el profe le enseñe como apagar la velita, de el si.

Voyeurismo y actuación

Miércoles, marzo 21st, 2007

Cuando comenzó a cursar el tercer año de sus estudios secundarios, Marcia Paula se encontró con que su compañera de habitación, Irene Dangelis, acababa de ingresar al colegio proveniente de otro establecimiento. Se trataba de una chiquilina de dieciséis años, hija de un industrial, de baja estatura, algo rechoncha y de piel muy pigmentada, especialmente en el rostro. Dudosamente atractiva, tenía, empero, la costumbre casi maníaca de referirse asiduamente a temas de sexo en todas sus versiones. Y lo hacía con tal sutileza y gracejo que inspiraba una profunda simpatía en sus camaradas, quienes en ocasiones se desternillaban de risa con sus ingeniosas ocurrencias. Ni que decir que era la campeona de cuentos y chistes relativos a tal materia.

A los pocos meses de convertirse en la compañera de pieza de Marcia Paula y en tanto que la natural consubstanciación de camaradería entre ambas elevaba su nivel, Irene comentó, una noche, a su amiga:

—Todas mis compañeras me consideran muy apegada a las cuestiones del sexo y no pocas veces piensan que fabulo. En verdad que no se equivocan demasiado, pero en esta ocasión te pido que atendás bien a lo que he de decirte, pues es rigurosamente cierto: si lo deseás podremos observar el jueves por la noche una función de sexo escasamente ortodoxo.

—¿Sexo no ortodoxo? —Inquirió Marcia Paula con expresión de curiosidad— ¿Me podés explicar de qué se trata?

Debido a la propensión de Irene por tales temas, comenzó a sentirse tentada por la risa.

—Sencillamente que te haré presenciar cómo se hacen los amores una mujer y un perro: la estereotipada señorita Hebe se las ha con Sultán, la mascota del colegio, al que nuestras compañeras han bautizado «canis lupus».

—¿La señorita Hebe Berta?… ¿La preceptora de segundo?

—Efectivamente… Cuando le corresponde cumplir su servicio nocturno en el colegio, a una determinada hora después de la cena, desaparece del entorno por un buen rato, llevando de paseo al perro por los patios del edificio y, según lo he visto yo misma, se pierde por los aposentos y locales en donde se halla el lavadero general. Allí, en un depósito lleno de ropa vieja, trastos y cosas, tiene lugar la función.

—¿Asegurás que vos la viste con tus propios ojos?… ¿Cómo se entiende que hiciste para pasar desapercibida por ella?

—¡Ah!… Querida. Tengo la fórmula para llegar hasta un puesto de observación a través de una gran ventana-balancín cenital ubicada próxima al cielorraso del ambiente, que tiene los cristales opacados por falta de higiene, pero deja ver con bastante claridad hacia el interior del local. Lo más destacable de la cuestión es que, como se halla por encima de los focos de luz y a favor de los reflejos que los cristales provocan hacia el interior del ambiente, no es posible, mínimamente, la observación desde adentro; condición que he verificado personalmente antes de observar nada. Yo te diría que ella ni está enterada de la existencia de tal ventana. Ésta da a una terraza llena de trastos y el antepecho se halla más o menos a un metro y medio sobre aquélla. Hay allí una mesa vieja, medio deshecha, que he adosado a la pared.

»El único inconveniente es que la visión no es de mucho detalle. La preceptora suele asumir distintas direcciones en sus posturas y, a veces, ¡maldita sea la claridad de la escena para un observador tan condicionado como es el que se halla tras aquella ventana!

—O sea que te subís a la mesa y podés observar con total discreción lo que ocurre en el interior de la habitación, sin temor a ser descubierta.

—Así es… y a la terraza accederemos con una escalera de albañil que se halla permanentemente apoyada sobre una de sus paredes. Hay que llegar hasta el patio de servicio del sitio destinado al lavadero.

—¡Caray! ¡Que lo tenés estudiado todo! Mas, ¿conocés también a qué hora tiene lugar la cita?

—Bueno… Después de la cena nos haremos una llegada hasta la casilla de Sultán; si no está allí, simplemente nos dirigimos al lavadero y nos ubicamos en nuestras posiciones. Verás que no tardarán en concurrir al teatro de sus reuniones.

»Asimismo, podrás comprobar la excitación del perro, que tal parece conocer a la perfección la acción que devendrá y da la sensación que manifiesta gran gusto por ella; yo diría que es un animal muy lujurioso.

—¡Vaya con tus apreciaciones!… No podés con tu genio.

Marcia Paula quedó asombrada por las expresiones de Irene y, aún con algo de dudas, tuvo que admitir que no era posible que estuviese fabulando, pues se hallaban a tan sólo dos días de su imprevista invitación a la terraza.

—Y… ¿consiguen hacerlo sin problemas? —Inquirió—. «Canis lupus» es un manto negro de inusual envergadura y posee una gran vitalidad; es obvio que se halla muy bien alimentado. Debe pesar alrededor de sesenta kilos.

—Ya lo verás… ya lo verás… Y te asombrarás con las manifestaciones de placer de ambas partes y de las dimensiones del apéndice de Sultán.

Sin saber por qué la juvenil Marcia Paula entró en estremecimiento; un extraño y agridulce flujo corrió por su médula; su periferia vibró en «piel de gallina».

—Francamente —apuntó—, nunca pensé que nada que no fuera perra podría hallarse en las ansias sexuales de un can macho. En la estancia de mi padre he presenciado innúmeros apareamientos de animales y, entre ellos, los de perros; claro está que siempre se trataba de tamaños comunes, inferiores al de un ovejero. No me parece que el apéndice de sus machos baste para satisfacer a una mujer…

—¡Que no; con Sultán te equivocás rotundamente!…! Te repito: tiene una verga enorme. Por otra parte, no todo sería cuestión de dimensiones, querida Marcia; el montaje y los preámbulos también cuentan… Además, se escapa a tu consideración una cuestión de la máxima importancia: Hebe y Sultán se aman; él está entrenado para amarla.

—¿Se… aman? ¡Qué cosa más extraña estás diciendo!

Irene hizo un sintomático silencio y luego, levantando el dedo admonitorio, apuntó:

—Existe un verdadero cariño, una extraordinaria afinidad entre ambos. Yo me he extasiado en numerosas circunstancias contemplando las jubilosas manifestaciones de Sultán en presencia de Hebe. Y en cuanto a ella, que normalmente se muestra como una estatua de piedra para con sus congéneres, te diré que se lee en sus ojos (y en su rostro todo), las delicias que le provoca el perro… ¡Si vieras el placer enorme que recibe cuando le acaricia la vulva con su larga lengua!

—¡Es cosa de no creer!

—En cuanto a los goces de sus acoplamientos y los diferentes pasos y acciones que éstos imponen, me libra de todo ulterior comentario el hecho de que los veás con tus propios ojos, como, espero, ocurrirá el jueves.

Concluida la cena en la fecha prefijada, ambas amigas salieron en conjunto con todo el grupo de alumnas por la galería maestra, desde la cual cada uno tomaría la dirección de sus respectivos dormitorios. Cuando la mayoría se hubo dispersado, ellas se escurrieron disimuladamente por una galería lateral y desde allí fueron a dar al patio principal que, a la sazón, se hallaba desierto. En medio del mayor sigilo llegaron hasta el sitio en que se ubicaba la casilla de Sultán. Desde mucho tiempo atrás había allí un letrero que rezaba «canis lupus».

—Tal como te previne —manifestó Irene—: ni Sultán, ni la soga de nylon y el collar se hallan aquí… Obviamente la amante señorita Hebe debe estar paseando al perro por los patios… o, quizá, ya camino del lavadero. Será preciso que nos apresuremos.

Marcia Paula esbozó una sonrisa cómplice advirtiendo la seguridad con que se conducía Irene y cómo se avenían los hechos con sus prevenciones.

En uno de los sitios más recónditos de aquel patio se encontraron con una doble puerta de rejas cuyas hojas estaban tomadas con una corta cadena fijada con un candado. Marcia Paula miró a su amiga en actitud inquisitiva.

—Normalmente la cadena no está puesta durante el día —aclaró Irene con total tranquilidad—; habrá que trepar y saltar la puerta.

Tarea que para nada significaba un obstáculo para dos adolescentes muchachas quinceañeras. La altura de la puerta era de dos metros y presentaba varias barras transversales: escalarla y pasar al otro lado era cosa de niños.

Cuando hubieron arribado al patio de servicio de la zona del lavadero surgió el primer inconveniente no previsto: la escalera no se hallaba en su sitio usual. Alumbrándose el camino con una pequeña linterna que portaban fue menester que realizaran una prolija inspección por los borrosos costados del patio. Finalmente, al cabo de una búsqueda de diez minutos, lograron ubicarla en un recodo. La transportaron hasta la pared de acceso a la terraza de observación y de inmediato se hallaron en la revuelta azotea. La desvencijada mesa que serviría de plataforma a las observadoras en ciernes se hallaba exactamente debajo del balancín, pues Irene nunca se había preocupado en transportarla hasta el sitio en que la halló por vez primera, ya que conocía el hecho de que la terraza no era usualmente visitada.

—Aún no han llegado —apuntó Irene—… no se ve destellos de luz en el balancín.

Mientras se hallaban a la espera de los actores, Marcia Paula comentó a su compañera:

—No me explico cómo, a tan escaso tiempo de ingresar a este colegio, has adquirido tan diestro manejo de estos recovecos que, tengo para mí, es seguro que pocos conocen. Además, ¿cómo pudiste tomar conciencia de la relación de la señorita Hebe y nuestro enorme manto negro?

Irene sonrió pícaramente y mientras golpeaba la coronilla de su cabeza con el índice encorvado, arguyó:

—Inteligencia, querida… ¡Inteligencia!… Para serte franca: Servicio de Inteligencia. En realidad, antes de ingresar a este colegio, una ex alumna me lo comentó todo. La relación entre el perro y Hebe data de un par de años atrás. La fulana hasta me dibujó un croquis del camino que conduce a esta ventana cenital.

—¿De manera que no bien ingresaste ya pudiste saciar tu curiosidad?

—Así es. Estuve aquí varias veces.

En ese momento se encendió la luz del interior del local y apareció ante la vista de Marcia Paula un ambiente muy amplio y de utilidad diversa. Mayoritariamente parecía oficiar de depósito de algún moblaje de recambio; había varios pupitres antiguos, escritorios radiados, viejas máquinas eléctricas de calcular, algunos roperos, un sofá de dos cuerpos, etc. Asimismo mostraba servir de reservorio de ropa vieja, colchonetas arrolladas, cojines antiguos de diverso cuño, de prendas y trapos a la espera del lavado… y otros. La resolución final de tal escenario no era otra cosa que el desorden.

Muy tiesa en su andar de hielo, Hebe cerró la puerta que le dio acceso al ambiente trabándola con un cerrojo. Y, tal como su compañera le había informado, comprobó Marcia Paula que la actitud del can era la antítesis de la de la mujer: sumamente excitado, jadeante y con un buen tramo de su lengua colgando de su boca, no cesaba de expresar su jolgorio mediante enormes brincos, giros alrededor de sí, cortas carreras en círculo y, lo más destacable, un intensísimo meneo de la cola que bien podría propinar un fuerte latigazo a todo aquello que encontrara en su derrotero.

Prestamente la señorita Hebe, con tenues susurros y caricias en su cabeza, lo calmó como por arte de magia, aunque no atenuó su constante acezar. Era más que evidente el dominio de mando que ella ejercía sobre el animal.

Ambas observadoras se hallaban hechizadas en su precaria atalaya y se dispusieron a seguir atentamente el desarrollo de los acontecimientos. La visión, un tanto opacada por el estado de los cristales, era, empero, muy amplia y lo suficientemente clara.

Lo primero que hizo la inefable preceptora fue fijar la argolla con la que remataba la soga de Sultán a una gruesa grapa de soporte (seguramente antigua fijación de algún ya no existente artefacto) que presentaba un tramo vertical. Allí fue a ensartar la argolla y como se hallaba a considerable altura con relación al can, resultaba para éste imposible zafar de ella. Así acotó Hebe la zona de influencia de las efusiones del perro.

La preceptora vestía una blusa de uniforme, una amplia falda estampada que le llegaba a media pantorrilla y calzaba unas muy sencillas zapatillas de lona color carne. Dejó a un costado un bolso que traía colgando de su hombro mediante una correa. De inmediato llevó sus manos al costado derecho de su cintura y en un abrir y cerrar de ojos desprendió el broche que cerraba su falda; ésta se desprendió según su directriz y vino a configurar un trozo de tela plano y cuadrangular, pues simplemente se arrollaba en torno a su cintura. Se vio que no llevaba bombacha.

Marcia Paula no pudo menos que sorprenderse de la admirable estampa que presentaba su cuerpo. «Es muy bella —susurró—; ningún atildado varón dudaría en considerarla una apetitosa amante. ¿Te diste cuenta con qué rapidez quedó en condiciones de accionar? Fijate que ni siquiera se quita la blusa ni las zapatillas.

Entretanto el perro entraba en estado de desesperación y se pasaba la mayor parte del tiempo parado sobre sus patas traseras y sostenido del cuello por la tensada soguilla de nylon.

—Mirá la gran altura que despliega —musitó Irene—. ¿Ves que me asistía razón cuando te advertí que se trataba de un perrazo descomunal?

Marcia Paula asintió con un imperceptible movimiento de cabeza.

—Mirá… Ahora está despuntando su roja verga; cuando salga toda te vas a sorprender de nuevo.

La preceptora extrajo del bolso un par de pequeñas fundillas de tela gruesa que oficiaban de guantes de las patas delanteras del perro. Se las colocó y las prendió con sendos broches que dichas fundillas poseían, operación que Sultán aceptó extendiendo, anhelante, sus miembros anteriores y con un aire de gran gusto.

—Verás —explicó Irene a su amiga—: así cuida que los espolones del animal no la arañen… El abrazo de Sultán, cuando se halla poseído, es muy fuerte.

Acto seguido Hebe se reclinó sobre el respaldar del viejo sofá dejando sus pies en el piso. Abrió las piernas y comenzó a masajear su sexo en tanto que ondulaba cadenciosamente la pelvis. El can, que se hallaba enfrente de ella, no cesaba de agitarse y de emitir cortados aullidos que sonaban gozosos. La cuerda estaba tan tensa que parecía querer cortarse.

Al cabo de unos diez minutos, la mujer se levantó y libró a Sultán de su collar. Inmediatamente volvió a su anterior posición dejando su sexo bien expuesto; sus labios, muy separados en el ecuador, aparecían como dos rosadas medialunas que se besaban en sus extremos. Ni corto ni perezoso, Sultán fue a meter su hocico entre ambos. Se percibió claramente que el frío de su nariz produjo un estertor en la señorita preceptora. De inmediato el perro comenzó a realizar un meduloso lengüeteo de todas las áreas genitales.

En un principio aquella húmeda e intensa caricia vagaba erráticamente por toda la región, pero después de un cierto tiempo ella le tomó la cabeza y tal pareció que comenzó a monitorizarla con la increíble consecuencia de restringir la acción de la lengua casi exclusivamente a la zona clitoriana. La señorita preceptora no hacía sino manifestar ostensibles signos de placer, en tanto que Sultán obedecía ciegamente.

—Parece que el pichicho ha recibido riguroso entrenamiento —comentó Irene con gran regusto—; él «sabe» dónde debe atacar para procurar el máximo efecto.

—Es indudable que su maestra Hebe ha logrado pleno éxito en tal materia —dijo Marcia Paula. Y a continuación se le cruzó por la mente que ante similares estímulos el can no repararía en la identidad de la persona de su contraparte.

—Pero, atención —dijo Irene—, que Hebe ya se halla próxima a paroxismo… Aún te resta observar el segundo capítulo de esta obra.

Y, en efecto, la señorita Hebe, transfigurada y dulcificada por el deleite, explotó en un sonoro orgasmo cuyas manifestaciones y contracciones parecieron eternas a las jóvenes curiosas.

Luego, cuando la intensidad del estímulo que el perro no se cuidaba en detener sobrepasó la capacidad de recepción del sistema nervioso de Hebe, ésta apartó bruscamente la cabeza de su sexo, lo cual logró con bastante dificultad, pues Sultán no era fácil de convencer. Finalmente volvió a fijarlo al soporte de la pared.

Ahora Hebe se recostó íntegramente en el diván, cerró los ojos y pareció decidida a relajarse. El perro, por su parte, también se calmó un tanto.

—Parece que esto es todo —comentó Marcia Paula—. Está claro que Sultán posee las armas y la maestría como para realizar un sabroso sexo oral para la señorita Hebe. Creo que ésta lo ha gozado en todo su esplendor.

—Pero, querida Marcia, ya te he advertido que hay un segundo capítulo en esta presentación. Tené paciencia y aguardá unos instantes más.

Y, en efecto, alrededor de diez minutos después, Hebe, la amante preceptora, extendió una colchoneta sobre el piso, se arrodilló sobre ella en posición de banco y, después de colocar a mano una toalla que había sacado del bolso, comenzó a masajearse el sexo al tiempo que meneaba la cadera. Se había ubicado con el trasero hacia el can, pero fuera de su alcance. Nuevamente una afiebrada exaltación atacó al animal y comenzó a emitir lastimosos quejidos de desesperación y angurria.

Cuando ella consideró que la temperatura se hallaba a punto se levantó raudamente, liberó a Sultán de su collar y volvió con toda ligereza a tomar su anterior postura. Ahora bajó el torso apoyándose en los codos dejando así su trasero en el pináculo de la posición y, entreabriendo las piernas, expuso su sexo de una manera olímpica.

El enloquecido can dio varias vueltas alrededor de ella en tanto que la perruna verga emergía, oscilante, de su funda.

A continuación se colocó por detrás de Hebe, incrustó el hocico en su sexo y, al igual que antes, comenzó a lamer con firmes lengüetazos toda la región genital.

De repente Hebe dio un palmetazo en el piso acompañándolo de una especial oscilación de la pelvis y de un imperativo «¡arriba!». E inmediatamente Sultán se montó sobre la preceptora con la verga enhiesta y oscilante en busca de su destino. Se podía observar claramente que el tallo, tramo inicial del pene, estaba constituido por una masa bulbosa de forma troncocónica con un notable ensanchamiento en su empalme con la ingle, una suerte de volcán de cuya boca emergía, como un estilete, el rosado, brilloso y regular apéndice con su puntiagudo extremo.

—¡Caray! —se asombró Marcia Paula—. ¡En verdad que es enorme para un perro de su tipo!… Se ve muy hambriento a ese instrumento; así lo delatan su vibración y avance. Y parece tener la rigidez de un cartílago.

—¿No te lo había advertido? —Enfatizó Irene. Hay que verlo cuando lo saca, pues crece desmesuradamente en el interior de la vagina. Luego, en contados minutos, desaparece dentro de su funda como por arte de magia sin que llegués a preguntarte dónde lo ha metido.

Hebe pasó su diestra por entre sus piernas, hacia atrás, y tomando sutilmente el apéndice del can fue a ubicarlo en el vestíbulo de su vagina. Sultán dio entonces un tremendo topetazo y así, en un santiamén, mujer y perro se hallaron brillantemente copulando. El perro se había adosado apretadamente al cuerpo de la preceptora, aferrándolo poderosamente con sus manos y su espalda describía una curva de increíble belleza.

—¡Es sorprendente lo que estoy viendo! —se pasmó, una vez más, Marcia Paula. Y se vio tan poseída de inefable excitación que los pelillos de su nuca se le erizaron.

El can realizaba sus impulsos de vaivén con inusitada frecuencia, poniendo de manifiesto el gran frenesí que le embargaba… el cual no era de menor calibre que el meneo de la señorita preceptora.

Al ritmo impreso por el gran perro todo el conjunto oscilaba hacía atrás y adelante en medio de suspiros, jadeos, cortos aullidos y lamentos de gozo. La lengua del can sobresalía desmesuradamente de su hocico y de ella manaba abundante baba.

De repente, habiendo transcurrido tan sólo unos pocos minutos del inicio del acoplamiento, Sultán se desmontó, acción que no pareció inquietar a Hebe. Con el pene en virulenta erección, emitiendo una intensa y caleidoscópica iridiscencia por la acción de un líquido viscoso que lo envolvía y aun babeando un hilillo del mismo, dio un par de vueltas alrededor de ella. �?nterin Hebe no cejaba de masajearse. Luego el can tornó a montarse sobre su espalda y de un único y certero topetazo la penetró raudamente, reiniciando así su afiebrado vaivén.

—Si algo me ha llamado la atención hasta el momento —susurró Irene— es el acierto del perro al volver a montarse. Esto es cosa que realiza varias veces en cada sesión y nunca le he visto errar el chuzazo, pese a la rapidez con que acomete su blanco.

—Nunca supe que los perros se desmontaran mientras realizan el acoplamiento, por lo que deduzco que Hebe lo ha de haber entrenado específicamente en tal sentido. Por otra parte, es obviamente de impulsos un tanto erráticos este perro… ¡Qué bárbaro! ¡Le dio tal empellón a Hebe en su trasero que poco faltó para que la acostara de vientre!

—No es de temer tal —dijo Irene—. Ella bien aguarda la contingencia y siempre se halla convenientemente plantada en su defensa.

Ahora Sultán anuncia la inminencia de su clímax. Estira, extático, la cabeza hacia delante y desacelera su agitación. Toda la parte posterior de su cuerpo entra en estertóreo frenesí y sus patas traseras golpetean nerviosa y alternativamente sobre el piso.

Finalmente se desencadena su paroxismo y, extrañamente, el de Hebe le sigue casi en simultaneidad. Ella parecía haber graduado convenientemente su masajeo para que así acaeciese.

Ambos se llamaron a reposo quedando, estáticos, íntimamente acoplados y gozando de los efectos del orgasmo hasta arrancarle la última partícula de deleite. Acto seguido el can, completamente tranquilizado, se desmontó y quedó quieto junto a su dama, dando una clara sensación de relajación. Su miembro copulador ahora aparecía de tan inusual tamaño que puso espanto en los ojos de Marcia Paula. Su base bulbar era de tal envergadura que la princesa se negaba a creer que habría estado en el interior del inicio de la vagina de la preceptora.

—¿Puede concebirse que tal ‘prenda’ haya quedado dentro —dijo a su compañera, señalando aquella masa de carne.

—Según lo tengo aprendido —repuso Irene— ese bulbo aumenta de volumen paulatinamente a lo largo del acoplamiento y al final es retenido por la vagina de la perra que lo cierra por detrás; he ahí el origen del abotonamiento.

Mientras así discurrían, Hebe tomó la toalla que tenía a su lado y la puso entre sus piernas para absorber el semen que manaba abundantemente de su aparato genital. De esta guisa se recostó en la colchoneta y se tomó un breve descanso.

Luego, en un santiamén, se colocó la desplegada falda arrollándola sobre su cintura y fijando el broche. Puso el collar al perro, que aún mostraba su verga inflamada pero en evidente retirada, quitó los protectores guantes de sus manos y después de apagar la luz salió del local.

Con el mayor de los sigilos ambas adolescentes regresaron a su dormitorio, encomendando al Cielo el no hallar persona alguna en su derrotero. Sabían que la preceptora de turno se hallaría ocupada, al igual que ellas, en la tarea de eludir miradas indiscretas mientras dejaba el perro en su cucha. Y únicamente una preceptora de turno era quien podría, eventualmente, realizar una última inspección por los patios y circulaciones del colegio, antes que se abata sobre él el pasado manto del sueño de la noche. Pero, evidentemente, en aquellos precisos instantes, Hebe no estaba para esos menesteres.

Caminaron adosadas a las paredes de las galerías, con paso nervioso y rápido, y sin intercambiar palabra.

Pronto se hallaron en sus camas, de espaldas, con las manos en la nuca y los brazos abiertos hacia los costados de la cabeza. Contemplaban el cielorraso con los ojos desmesuradamente abiertos, fruto de sus ánimos impresionados por el espectáculo que acababan de presenciar.

—¿Te diste cuenta del tamaño impresionante de la verga? —Irrumpió Irene después del prolongado silencio—. Nunca había pensado que el «aparato» de Sultán tendría tamaña dimensión. Es… realmente colosal: rojo como una llamarada y puntiagudo como lanza. ¡Y qué tallo piramidal! ¿Dónde guardaría en su seno tal «bicho»?

—Como no puede ser de otra manera, haciendo gala de la fama que te supiste ganar, querida Irene, te has detenido a lucubrar sobre esta especialísima sesión de sexo no ortodoxo. Me parece que te complacés en exceso con el acto de Sultán y Hebe

—¡Claro que sí! Me excita sobremanera.

Marcia Paula sonrió con un sobrador gesto de aprobación.

—Ya me había dado cuenta de ello —apuntó—. ¿Acaso querrías ocupar el lugar de Hebe?

Le siguió un significativo silencio. Luego:

—Definitivamente, ¡sí! Creo que puede lograrse fácilmente; pues si se siguiese la misma operatoria de la preceptora, no es razonable pensar que Sultán se niegue a asumir su misma conducta… ¡Claro que sí! El perro le ha de dar para delante, repitiendo todas las acciones a las que su instinto le motive, con el agregado de los matices que Hebe le ha enseñado con relación a la contraparte.

—¿Y te animarías a soportar semejante mole da carne en vos?

—¿Y cómo lo soporta la señorita preceptora?… ¿Y de tan buen grado?

—Bueno, tenés que tener en cuenta que se trata de una casi cuarentona y que ya se halla suficientemente distendida. A ella tal aparato la colma totalmente, según hemos visto. Pero no es tu caso; el de una niña de quince años.

—¡Con mayor razón! ¿No tenés entendido, también vos, que cuando la persona es más joven posee mayor elasticidad?

La princesa optó por encogerse de hombros por toda respuesta.

—Decime —prosiguió Irene—, ¿vos no sentís lo mismo?

Marcia Paula, que se hallaba a la espera de tal tipo de pregunta, experimentó nuevamente un extraño escalofrío que le fluyó por el cuerpo y le puso «piel de gallina».

—En realidad lo que vi esta noche me aterra: pero es precisamente porque también a mí me excita. Sin embargo, al revés de lo que vos deseás, no se me ocurre vivir esa experiencia. Le tengo… cierto temor.

—¿Te diste cuenta, por otra parte, que el perro se desmontó después de su clímax y que quedó totalmente liberado? Quiero decir que no permaneció «abotonado» como ocurre con la hembra de su especie. Es obvio que el asunto no funciona así cuando se trata de una mujer.

—¡Claro que me fijé en tal detalle! Cuando salió de la vagina su verga se hallaba muy dilatada; pero es obvio que la contraparte no rige.

—¡Uyyy!… ¡Cómo deseo intentarlo!… ¿Me… ayudarías, Marcita?

—Bueno… Talvez. Pero es tarde ya; ¿por qué no dormimos?

Los siguientes quince días fueron de febril actividad en la expandida imaginación de Irene Dangelis y, asimismo, de su puesta en marcha para conseguir satisfacer aquel creciente deseo. Visitaba permanentemente a Sultán, le llevaba bocados y le acariciaba con grandes muestras de cariño. El perro estaba acostumbrado en realidad al conjunto de las adolescentes del alumnado, profesores y personal de servicio; en estos dos últimos casos se trataba mayoritariamente de mujeres. Todas le mimaban y, consiguientemente, carecía absolutamente de agresividad; por el contrario, se había desatado en él un ansia lujuriosa para con las mujeres. Por ello, en cuestión de dos o tres días, ya mostraba tratamientos preferenciales para con Irene.

Marcia Paula seguía paso a paso la relación que su compañera de pieza estaba construyendo con Sultán, aunque no con todos los detalles. La amiga le exponía los adelantos que verificaba a pasos agigantados. Una noche, en esas conversaciones de últimas horas del día, previas al descanso, Irene comentó:

—Realmente la talla de Sultán equipara a su proverbial mansedumbre. Te diré que él parece entender a la perfección mis deseos e intenciones; de modo que, según pienso, se halla a punto para la instancia final.

—¿Tan rápidamente has llegado a esa conclusión? —inquirió Marcia Paula.

—Verás: recibe mis caricias con gran deleite. Al principio me limitaba a sobarle el lomo y la cabeza. Pero ayer, mientras se hallaba sentado, comencé a cosquillarle con las uñas el bajo vientre: dejó entonces de acezar, bajó un tanto la cabeza y entrecerró los ojos dando cabales muestras de hallarse embargado. En cuestión de un minuto apareció el puntiagudo extremo de su pene con su sonrojada tonalidad.

—Bueno… eso constituye un avance importante.

—No pude contenerme y comencé a acariciárselo; pronto mostró su órgano cuan largo es. ¡Ah, qué maravillosa sensación, Marcita!… Puse ambas manos sobre él y no me cansé de palparlo y sobarlo; estaba caliente y algo untuoso. Sultán quedó estático como un monumento de bronce. En un momento tuve deseos de besarlo, pero en verdad algo me inhibió y de inmediato me puse de pie. El perrazo hizo lo propio y acto seguido se pudo a olfatear mi sexo con vigor e insistencia.

»Sin pensar que podría ser blanco de alguna mirada, dejé ingresar su cabeza al interior de mi pollera y deslizando la bombacha le ofrecí lisa y llanamente mi genital al desnudo. El colocarlo ante sus narices y comenzar él el más deleitoso lengüeteo que jamás sintiera, fue todo uno. ¡Quedé electrizada, Marcita!…

—¡Oh! Eso significa que ha comprendido el mensaje a las mil maravillas. No debe haber realizado Hebe, en un principio, tareas muy diferentes.

—En definitiva, sin excesivos preparativos ni prolongadas aproximaciones eróticas, la salsa se vio en su punto justo; ahora es llegado el momento de pasar a la acción directa. Decime, Marcita: ¿querrías ayudarme?

—Bueno… yo… yo, sabés, te dije… que la cuestión no es muy de mi agrado.

—Necesitaría, al menos, alguien que pueda oficiar de campana.

—¿Has concebido ya la solución en tiempo, espacio y forma?

—Precisamente allí está la cuestión. He considerado varias alternativas; pero la principal condición será que Hebe Berta no se halle presente en el establecimiento… No vaya a ser que coincidamos en el momento de nuestros deseos con Sultán. En cuanto al día te diré que será menester aprovechar este fin de semana en que ella estará de franco. Como sabés, vos y yo, junto a otras pocas alumnas, nos quedamos a estudiar para los inminentes exámenes… ¿Qué mejor oportunidad?

»Desde luego el sitio ideal no es otro que el depósito del lavadero; exactamente el mismo ambiente que utiliza Hebe y al cual el perro ya se halla acostumbrado. El viernes por la noche, cuando ya el establecimiento se halle prácticamente vacío, pienso que es el momento propicio.

—Claro está, los fines de semana quedan siempre un par de preceptoras y el personal de guardia en portería; no habría ocasión más a propósito para garantizar que el lavadero y sus alrededores estén más desiertos que el polo.

También Marcia Paula se sentía invadida por una extraña sensación de erotismo y poniendo a buen recaudo sus anteriores aprensiones, prosiguió:

—Estoy con vos. Podría andarme por los alrededores del lavadero por si surgiere alguna novedad.

Sin embargo, el deseo de Irene corría por otra vía.

—Yo preferiría —avanzó— que formés parte integrante de la escena y que lo hagamos entre los tres. Podrías controlar con la soguilla cualquier exceso de Sultán. Yo… yo te iría señalando, en caso de necesidad, qué debe hacerse.

Era precisamente la instancia a la que Marcia Paula no habría querido arribar, pues su razón se la señalaba como la más inconveniente; por ello había recurrido a la figura del merodeador en resguardo de la tranquilidad de su amiga. Empero, la proposición de Irene Dangelis la subyugaba. Aún, en su fuero íntimo, pretendió una evasión a ese hechizo: «claro está —se dijo— que por nada del mundo ocuparé el lugar de ella»… Pero no estaba tan segura.

—¿Es que temés que la conducta del perro se salga de madre? —Inquirió.

—Para decirte la verdad, Marcita, lo que realmente quiero es que vos estés presente… y que… y que…

—Y que después me coloque en tu lugar, ¿no es así?

—Sí.

—Pues, como ya te lo he expresado, me siento reacia a ello. Por otra parte no creo que Sultán se banque las dos relaciones. En la primera ya habrá desaguado bien sus depósitos y poco espíritu y materia le habrá quedado para iniciar una nueva pugna…

—Pues, te equivocás de pe a pa —acotó Irene, con verdadero énfasis—. Yo misma he visto a Sultán montar a Hebe hasta tres veces, completando el ciclo en cada caso. Se trata, querida, de un verdadero padrillo y tengo para mí que si ella no corta la escena el perro habría de proseguir. Sólo es menester darle un pequeño intervalo entre una y otra relación y nuevamente se hallará presto al combate.

—Bueno, está bien. Dejemos el asunto; luego lo analizaré con más detalle. Empecemos a programar cómo procederemos el viernes, después de la cena. Para esa hora la mayoría del alumnado se hallará en su casa o en tránsito. No debés olvidar la muy importante cuestión de los guantes.

—Claro. Ya los tengo preparados. También llevaremos la toalla.

—Te propongo que mañana en la noche, miércoles, hagamos una inspección al depósito del lavadero para echar una ojeada.

—Me parece excelente idea.

Y, efectivamente, en aquella noche ambas adolescentes ingresaron sigilosamente al ambiente que deseaban auscultar.

—Lo primero que me llama la atención —acotó Marcia Paula, que era a todas luces la más perspicaz de ambas— es que la puerta de acceso no tiene llave y que su cerradura lleva años que no se acciona. Por otra parte no parece requerirla pues es obvio que muchas personas han de llegar aquí. Sin embargo, se observa que posee un pestillo interior que muy bien supo aprovechar Hebe para aventar cualquier peligro de ser descubierta en flagrancia por la inoportuna llegada de alguien.

—Es lógico pensar que el local no siempre tuvo este uso y entonces debió existir llave, la cual seguramente habrá terminado por perderse; así el cerrojo es un remanente de otros tiempos y hoy no se utiliza para nada. Enhorabuena que esté ahí y nosotras seguiremos la inteligente actitud de Hebe de trabar la puerta… Veamos ahora hacia el interior, pues es seguro que habrá, al menos, otra salida.

El local era espacioso e irregular y mostraba varias puertas que se hallaban monolíticamente cerradas. En algunos casos se trataba de simples compartimentos o boxes que se hallaban contenidos íntegramente en el interior del depósito. Finalmente encontraron una puerta de dos hojas del tipo mampara que se abría libremente; accedía a un pequeño hall, muy oscuro, que presentaba, enfrentada a la anterior, una puerta en tablero que se veía cerrada. Al llegar a ella comprobaron que no tenía traba ni pestillo; fueron abriendo, muy sigilosamente, y comprobaron que comunicaba a una ignota galería, que a su vez colindaba con un patio secundario. Globalmente el sitio se hallaba escasamente iluminado y, a ojos vista, era poco visitado. Naturalmente, a aquellas horas de la noche se hallaba totalmente desierto.

—He aquí el quid del asunto —susurró Marcia Paula—. La lógica de evasión que pudo pergeñar Hebe engarza perfectamente. Si alguien hubiese intentado penetrar por la puerta de acceso al lavadero mientras ella se hallaba en plena función, es evidente que se sorprendería de encontrar trabada la puerta e, inmediatamente, sospecharía que hay gato encerrado. Entretanto nuestra preceptora dispondría del tiempo necesario para vestirse con tan práctica pollera y luego escurrirse por esta puerta con perro y todo… Luego que le echen un galgo.

»También explica el por qué de su más que dinámico atuendo: ella no hubiera necesitado sino un par de segundos para colocarse esa majestuosa pollera-libro y habría estado en plena capacidad para emprender su retirada completamente vestida. Es obvio que para cuando el imprevisto visitante decidiera acceder por esta puerta, ya Hebe y el perro se habrían puesto a buen recaudo. La vuelta es larga y requiere su buen tiempo.

—Pero no existen, Marcita, probabilidades de que alguien visite este sitio a tales horas de la noche y menos aún, como será en nuestro caso, en un fin de semana. Podemos quedarnos muy tranquilas por ese lado.

»Vayamos ahora a visitar a Sultán. Traje una bolsita con un poco del puchero del mediodía. Dáselo vos y hagamos que te conozca más de cerca.

—No temás por eso; en numerosas ocasiones he estado con el perro y te digo que hacemos buenas migas.

µ µ µ

Al arribar el día y la hora prefijados, las dos adolescentes, provistas del bolso con los indispensables elementos y de un par de linternas, se encaminaron hacia la cucha del «canis lupus». Le hallaron ansioso y expectante, como si hubiera conocido por mera premonición las sabrosas horas que se avecinaban. Estaba tenso y cuando comprobó que Irene se dirigía a tomar la soguilla, comenzó a menear la cola con inusitada velocidad.

—No hay dudas de que Sultán ya ha entrevisto los momentos que se aproximan —dijo Marcia Paula—; ni menos de que la prefiguración del acto le es de grandísimo gusto. Esto es magnífico augurio, querida Irene, de que ha de ser socio complaciente en la empresa. Pero debo decir más: creo que es sumamente libidinoso y que desea sobremanera la hembra humana; tengo para mí que debe llevar varios premios en los anales del establecimiento…

—No me había puesto a pensar en eso. Pero también estimo que la cosa pasa por ahí.

Cuando hubieron ingresado al depósito, nuevamente el perro se manifestó excitadísimo y a duras penas pudieron contenerlo. Indiscriminadamente incrustaba su hocico tanto en la entrepierna de la una como de la otra. No sin esfuerzo lograron insertar la argolla del extremo de la soga en el soporte de la pared, tal como habían visto hacer a Hebe.

—Aunque no me lo has certificado específicamente cuando te lo pedí, asumo que te has de quedar aquí —acotó Irene.

Marcia Paula obvió toda afirmación explícita:

—Comenzá, pues. Convendrá, en la medida de lo posible, repetir todas las secuencias de la preceptora.

Irene se quitó su pollera y, desnuda de la cintura para abajo, se colocó directamente en el diván recostándose en él y abriendo sus piernas, más bien gruesas aunque proporcionadas, comenzó a masajearse el sexo cuyos labios fueron distendiéndose perezosamente.

Sultán, entretanto, había entrado en ebullición. Después de unos minutos, la yacente Irene no quiso esperar e hizo una seña a su amiga para que liberara la argolla de la soga.

—Dejalo hacer —reclamó.

No bien sintió aligerada la tensión de la soguilla, Sultán se dirigió incontinenti hacia los humedecidos labios y comenzó a hurgar con afiebrada tensón todos los pliegues y recovecos de aquel capullo en flor. Irene se electrizó al frío toque de sus narices y, de inmediato, percibió la húmeda y áspera caricia de la canina lengua.

—¡Uy!… ¡Ay! —gimió, estremecida, en tanto que su amiga sostenía la soguilla con cierta tensión.

En contados minutos de aquella operatoria olfativa, el clímax se hizo presente en la adolescente que, obviamente, se hallaba sobre estimulada por su lujuriosa imaginación.

—Retiralo, Marcita… ¡Pronto, pronto!… Que su lengua me ha empalagado y no lo puedo soportar.

La princesa tiró y tiró con más fuerza. Le resultaba asaz difícil contener la obcecación del animal que, a la sazón, se hallaba ya en pleno proceso automático; incluso, en medio del forcejeo, se oyeron algunos gruñidos. Finalmente consiguió ensartar la argolla en el recio soporte de la pared, poniéndose ambas fuera del radio del exaltado perro.

Irene Dangelis se tomó unos minutos de un reparador descanso. Luego dijo:

—Cuando me arrodille en posición de banco no le des lugar a que prosiga con el olfateo. Al igual que vimos hacer a Hebe, yo pegaré un palmetazo en el piso y le daré la voz de «¡arriba!». En todo caso vos, con la soga, ayudalo a que se monte.

La operación se cumplió con todo éxito y acto seguido Sultán e Irene se hallaban sin inconvenientes en plena cópula. La ansiada relación de la salaz adolescente se prolongó unos treinta minutos, en el transcurso de los cuales ella no se privó de las más encendidas manifestaciones de la inmensa pasión que la embargaba. A ello contribuía grandemente su siempre exaltada imaginación que dotaba de un plus de dinamismo a sus demostraciones, colocándolas al borde de la desmesura. Todo lo cual encendió, por evidente contagio, la pira del deseo de su amiga que se limitaba, entretanto, a sostener blandamente la soguilla.

A partir de tales cuadros la princesa perdió finalmente toda aprensión y ya no podía disimular la ansiedad que la poseía por ocupar el lugar de Irene. En un determinado momento se despojó de su falda y bombacha y comenzó de inmediato a masajearse el sexo.

A todo esto el perro, tal como lo hacía con Hebe, se desmontó en dos oportunidades conservando el nivel de su estimulación total y dando una ligera vuelta alrededor de Irene (que Marcia Paula debía acompañar con la cuerda) volvía a subirse penetrando a Irene con una fuerte y precisa embestida… lo que era recibido con tanto gusto por ella que daba lugar a aparatosas manifestaciones.

Una vez que la muchacha se sintió satisfecha, aprovechando una nueva tregua del perro, se puso de pie.

—¡Es una experiencia maravillosa! —Exclamó, embelesada—. Yo le llamaría «El Placer de Hebe», para darle un toque mitológico.

—Yo, sin preámbulos, iré directamente a la posición de banco. Tomá la cuerda; no creo que tengas que preocuparte por operar sobre ella.

—No vayás tan apresurada, Marcita. Me parece que habrá que esperar un poco para que Sultán se relaje… Veo, querida compañera de pieza, que has dado al traste con tus anteriores temores.

—Oye, estimo que el corte del perro se corresponde con uno de aquéllos que son espontáneos en él y que, casi inmediatamente, dan lugar a que se vuelva a montar. Lo vimos con Hebe y, en tu caso, lo hizo dos veces. Al parecer le es grata la operación de penetración propiamente dicha, lo cual, a ojo vista, vos compartías en absoluto. No perdamos más tiempo, so riesgo de que se bajen sus estímulos en exceso.

Y diciendo y haciendo, con el corazón batiendo furiosamente en su pecho, Marcia Paula se colocó en la posición que un par de minutos antes ocupara su compañera prescindiendo de observar los detalles de las dimensiones de su pene y aguardando el embate. De inmediato Sultán se montó y, después de dos o tres bruscos topetazos, la penetró totalmente. Al principio le provocó un poco de molestia, a la que superó de inmediato; «debe ser —pensó— el temor que me infundió el ver la enormidad del pene»; pero acto seguido la princesa se relamió de deleite. Luego cambió de pensamiento pues vio que el can ya se hallaba muy adelantado en la suma de sus estímulos y que, lamentablemente, su gozo no habría de durar. El final se anunciaba con la cada vez más afiebrada acción del perro. «No importa —pensó—, le dejaremos relajarse y luego proseguimos con una segunda escena. Irene afirmó que le vio continuar en varias ocasiones.»

Sin embargo comenzó a tomar conciencia de que todo aquel órgano había ganado volumen adicional y ella se sentía muy ocupada; especialmente por la distensión del cuerpo bulbar del perro, ya que percibía claramente que los labios de su sexo externo se hallaban fuertemente abrazados a él; no sabía a qué atenerse: si aquello le escocía o le placía.

Y efectivamente no tardó Sultán en anunciar su clímax. Ella recibió los estertores deleitosos del can e, inmediatamente, sintió los finos y calientes chorros de su líquida semilla cosquilleándole sus entrañas. El perro lanzaba entrecortados gimoteos que se correspondían con cada chorrada de su eyaculación.

Luego pasó una de sus patas traseras por encima de la cadera de la princesa colocándola en el piso y se desmontó quedando hacia atrás de la niña y mirando en sentido contrario y…

Marcia Paula abrió desmesuradamente los ojos y, en un gesto de espanto, lanzó un desesperado chillido.

—¡Oh!, ¡Irene, Irene!… Me ha… me ha… me siento… ¡«abotonada»!… ¡No puede retirarse! ¡Tira y me… lleva con él!

Irene Dangelis, no menos sorprendida que su amiga, veía claramente la comunión de ambos pubis.

—¡Oh, oh! —Exclamó—. Ya veo; está pegado a vos.

Marcia Paula separó sus rodillas para bajar su cadera y jaló con cierta fuerza intentado desasirse de Sultán… pero fue en vano: sólo consiguió establecer una singular y formidable cinchada con el can.

—¡Ay!, Irene. Siento una abultada masa de carne en mi interior… Que tira… y tira de mí… Definitivamente, me ha «abotonado».

—¿Te hace daño? —inquirió Irene.

—No… pero se le ha ensanchado enormemente y me da mucho miedo.

—Entonces, tranquilizate que ya se le va a ir la inflamación y vas a quedar libre. Realmente estoy sorprendida porque esto es lo que menos me esperaba, ya que jamás vi que ocurriera así con Hebe.

—Hay… como una inflamación en toda su longitud y el bulbo de su tallo se halla fuertemente insertado entre mis labios. Parece que se hubiera… pegado. ¿Por qué me tiene que pasar justo a mí?

Entretanto Sultán permanecía quiero con las orejas algo gachas en señal de relajación. Irene le tensaba la soga tratando de alejarlo de su amiga pero ésta invariablemente era arrastrada por el animal; entonces daba muestras de verdadero espanto.

Entrada ya en desesperación Marcia Paula comenzó a llorar desconsoladamente sin que valieran las palabras de su amiga que, razonando adecuadamente, le hacía ver lo efímero de la situación y la reconfortaba diciéndole que en pocos minutos más habría de quedar libre. Después de un tiempo Marcia Paula, aún entre sollozos, dijo:

—Creo que la inflamación está cediendo. Siento como que se ha corrido un tanto.

—En efecto es así —apuntó Irene—. Veo claramente que se está despegando; ya ha avanzado algo. Esto me da la razón en cuanto te llevo dicho: tranquilizate que pronto el asunto va a acabar.

En medio de suspiros la princesa comprendió el balsámico fin de aquella pesadilla; pero no por ello dejó de estar profundamente preocupada. Recostó su rostro sobre el piso encima de sus brazos y se puso a esperar. De vez en cuando jalaba y al comprobar un pequeño avance en la retirada del perro sentía que le volvía el alma al cuerpo.

Finalmente, aún cuando percibía que aquel pene se hallaba entumecido, tiró fuertemente y consiguió liberarse, aunque con bastante molestias en su distendida vagina.

Ambas amigas pudieron contemplar de cerca, nuevamente, lo colosal de la verga del perro, su bulbo troncocónico y su rojo estilete, y comprendieron entonces lo temerario de su aventura. Marcia Paula se tomó la cara con ambas manos sin evitar un nuevo gesto de pavor.

—¡Mi Dios!… ¡Todo eso estuvo dentro de mí!

—Es verdaderamente alucinante, Marcita —repuso la amiga, dándole a sus palabras un tono marcadamente goloso.

Unos minutos después salían del lavadero rumbo a la cucha de Sultán. Irene inquirió:

—¿Cómo te sentís, Marcita?

—Bien, pero no debe existir espectáculo más extraño que el que me acaba de ocurrir…

—Pero si no te ha hecho daño alguno debés concluir que el cuadro forma parte de la naturaleza de la relación. Yo creo que con sólo asumirlo lo convertirás en parte integrante del goce.

—Pues, lo que es a mí, no me pareció lo mismo. Y si hubiera visto de antemano el instrumento que acabamos de observar, es seguro que no me tomaba ni borracha.

Y mientras Irene Dangelis arreciaba en razones para convencer a su compañera del carácter único, estimulante y subyugante del cuadro que habían experimentado, Marcia Paula marchaba con una actitud taciturna contestando los más insoslayables comentarios de su compañera con meros monosílabos.

Cuando, estando ya en sus camas se despedían para entregarse al descanso, dijo en última instancia:

—Nunca más volveré ni a la atalaya de aquel sucio balancín, ni, mucho menos, a tener contacto con el perro.

A partir de ese momento y por espacio de muchos meses no volvieron a mencionar el asunto. Empero, Irene proseguía periódicamente sus relaciones con Sultán atendiendo especialmente a evadir cualquier coincidencia con Hebe Berta. Marcia Paula conocía perfectamente estas actuaciones de su amiga, pero ambas habían pactado tácitamente no aludir para nada a la cuestión.

Este particular aspecto de la vida de ambas prosiguió de tal suerte hasta que un domingo en la noche, en que Marcia Paula regresaba de la casa de su padre, halló a su amiga llorando desconsoladamente.

—¡Lo han encontrado muerto, Marcita!… En su cucha. Estaba rígido… parece haber sido envenenado. ¡Ay! ¡Ay! Nos han matado a Sultán.

La princesa, que mucho quería a la mascota del colegio, no pudo tampoco contener su llanto.

Poco después, se tranquilizaron un tanto e Irene hizo relación a su amiga de sus posteriores coitos con el perro, dejando a la princesa sin duda alguna de que los había gozado sobremanera.

—Decime: ¿alguna vez te sentiste… pegada a él luego del clímax? —preguntó Marcia Paula.

—Debo confesarte que a mí no me ocurrió… ni tampoco a la señorita Hebe. Pues has de saber que seguí observando desde aquella atalaya sus relaciones con Sultán para hallarme bien al tanto de lo que ella pudiera enseñarle o inducirle; así, me vería yo misma provista de sus avances.

Marcia Paula hizo un gesto ambiguo y quedó pensativa mirando al cielorraso de la habitación.

«De tal modo —reflexionó— yo debo cargar con el estigma de ser la única mujer de entre las tres que quedó “abotonada“ con el perro.»

Ocurrio en un cajero bancario

Miércoles, marzo 21st, 2007

Relato de una imprevista sesion de sexo transcurrida en un un cajero bancario del downtoun, en una calle perdida, sin un alma circulando a esa hora.

Doris es una amiga agraciada, de treinta y pocos años, ni flaca ni gorda (mas bien rellenita), dotada de  una líbido activísima. Aquel día estuvimos charlando en un pub hasta bien tarde, cuando el centro bancario y de oficinas se despuebla casi totalmente. Yo bramaba de deseo por ella, pero esa noche me entretuvo contándome una experiencia sexual cuasi fallida vivida en horas mas tempranas, y explicándome que creía que empezaría ir a reuniones de sexoadictos anónimos para rebajar su apetito sexual. A mi no me hacia gracia alguna, máxime que ella me demostraba interés, pero   el tipo de charla habia disipado el clima  para hacer algo esa misma noche.

Yo creia que con solo esperar unos días tendría mi sobrada recompensa, asi que la deje ir (ella tiene su propio vehículo) y la comprometí que al día siguiente por la tarde hablaríamos inextenso (planeaba yo atacar sin piedad y volteármela sin mas demora).

Cuando me habló al dia siguiente me hizo el extenso relato que transcribo a continuación, que me dejò atónito y maldiciendo por no haberla embretado y cogido aquella misma noche de nuestra charla. Me agregó  Doris que habia imaginado que yo mismo era el follador inicial del gang bang que vivió esa noche.

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El relato de Doris

Desde que llegué en mi auto al cajero, urgida por un poco de efectivo, apenas para saciar el hambre de combustible de mi auto, mi propio apetito por un emparedado y un par de copas mas, vislumbro un par de chicos, uno adentro y otro afuera de la cabina de aquel cajero. La noche ya estaba avanzada y la calle lucia desierta, el par de tios, uno adentro del cajero y el otro esperando afuera me atemorizaban un poco, pero, en rápido razonamiento pensé ¿qué podría perder? Mi saldo casi esta en cero…¿ó que me violen? …tal vez esto me encantaría…el tipo con el que pase la tarde no me dejo nada satisfecha y… una buena follada no me caería nada mal. En fin, reí para mi misma y decidida me animé a bajar del auto, antes, un rápido vistazo a mi peinado y al maquillaje, me acomodo la minifalda y salto hacia fuera del auto.

Lo primero que percibo es un marcado olor a humo de marihuana que fumaba el chico de afuera, me hace titubear un poco, pero bueno, las copas que llevaba encima y mi alma siempre aventurera me dan el valor y adelante me aproximo al cajero, saludo al tío de afuera con un tímido hola y por única respuesta recibo una bocanada de humo y una sonrisa sarcástica acompañada de una mirada recorriéndome de arriba abajo. Espero paciente a que tu, el de adentro, termine de hacer su transacción y salga, volteas y de nuevo me tengo que tragar otra mirada recorriéndome desde los tobillos a los senos, ni siquiera me ves a los ojos, solo el cuerpo les interesa pienso. Al verte de espaldas descubro que me gusta tu cuerpo esbelto, con anchas espaldas y un culo pequeño pero duro y respingon, hacían en conjunto un atractivo cuerpo atlético. Después de un par de minutos finges terminar y salir, me cedes el paso hacia adentro, pero no, te quedas ahí sin dar un paso mas, en ese momento la puerta cierra nuevamente, y pienso “anda pues no te equivocaste, te van a joder”. En ese momento me enfrento envalentonada y te digo, bueno chico ¿qué acaso no vais a salir y dejarme hacer mi retiro? ¡Hala! ¡fuera!. Por respuesta solo recibo una hermosa sonrisa y una mirada serena llena de confianza, tu rostro me cautiva sin saber porque, no eres precisamente guapo pero si terriblemente atractivo, quizás esos ojazos o será la nariz grande? o la sonrisa?  a saber. Siento también un ligero piquete en la parte baja de mi abdomen y un poquito mas abajo un pequeño estremecimiento casi imperceptible.  Me conozco y se lo que significan esas señales de mi cuerpo. Un poco aturdida giro para meter la tarjeta y a tratar de obtener el poco dinero disponible, sin embargo incomprensiblemente estoy nerviosa y me equivoco un par de veces en digitar el NIP, sin voltear a mirarte siento tu mirada, no es vanidad pero se que tengo largas y bien formadas piernas así como un bonito trasero, sin pasar por alto que no soy lo suficientemente bonita o al menos como yo lo quisiera.

En fin, notas mi nerviosismo y te me aproximas muy cerca del oído casi en un susurro me preguntas si algo pasa, con esto aumentas mi nerviosismo y apenas me separo uno centímetros del cajero y siento con sorpresa la proximidad de tu cuerpo chocar con mi espalda, percibo tu genitales rozando mi trasero, instintivamente como gata en brama con un ligero doblar de cintura paro el culo un poquitin para sentirte mas, captas la invitación y te me pegas un poco mas, mi terrible temperamento y la atracción que sentí por ti desde que te vi, hacen que mi excitación crezca empezado a recorrer todo mi cuerpo. Me tomas por los antebrazos y presionas mi cuerpo con el tuyo, ya siento francamente tu dureza, lo cual me encanta, te separas un instante soltándome un brazo para que tu mano libre la lleves a tus genitales acomodándolos de tal manera que tu enorme pene, aun dentro del calzoncillo y pantalón, quede en posición vertical de tal forma que al siguiente repegón  debido a lo delgado de la tela de mi faldita y a mis diminutas pantis de hilo dental hacen que lo sienta en medio de las nalgas con toda su dureza y en toda su dimensión. El placer que disfruto me hace cerrar los ojos permitiendo que lo restriegues en mi trasero con suaves movimientos circulares de cintura. Me besas y mordisqueas las orejas, mi cuerpo todo se cimbra con cachondos escalofríos, me susurras bajezas que me excitan aun mas, sueltas mis antebrazos y ahora con tus manos me jalas hacia ti cogida por los senos. Por mi parte me ocupo de mantener el culo pegado disfrutando tu enorme paquete, entre mas lo sentía ahí en medio de mis nalgas mi excitación crecía deseando ya me penetrara, esto me lleva describir lentos movimientos de cintura gozando tu virilidad entre mis nalgas, las que instintivamente  cada vez levanto mas tratando de sentirlo también en mi ya empapada vagina. Alcanzo a meter mi propia mano por debajo de la falda y la tanga para tocarme el empapado coño al grado de que pude constatar que empezaban a escurrir mis propios jugos, recorro con el dedo mi raja desde mi babeante agujero hasta mi erecto e inflamado clítoris al que empiezo a estimular con mi dedo para aumentar mi placer. Por fin sueltas mis magullados senos, levantas la faldita y rompes de un jalón mis frágiles  panties, separas por un momento tu cuerpo del mío, tan solo para sacar del pantalón tu enorme tronco babeante al igual que mi pucha deseosa, me haces abrir al máximo las piernas y tratas de atinar entre mis agujeros. El primer intento lo haces sobre mi ano, siento como lo mojas con tu caliente y abundante eyaculación, así mismo percibo la terrible desproporción entre el pequeñito agujerito comparado con la hinchada cabeza de tu enorme verga,  que por supuesto al mínimo intento de traspasarlo produce un dolor agudo, instintivamente me retraigo con rápido movimiento, entiendes que no lo deseo por ahí y tomas el enorme falo  que con tu mano guías haciéndolo recorrer de arriba abajo y en sentido contrario a lo largo de mis labios vaginales, repites una y otra vez el movimiento entremezclando nuestros fluidos lubricantes, me tienes al borde de la locura, el deseo incontenible de que me penetres ya de una buena vez me hace gemir de placer, ya empapado de nuestros flujos por fin colocas la enorme e hinchada cabeza en la entrada de mi expectante vagina, empiezas metiéndola suavemente tan solo un poquito, lo cual me tensa y me hace vibrar, entra con lentitud y empiezo a experimentar en cada centímetro de mis estrechas paredes vaginales la realidad del grosor de ese pedazo de carne dura y caliente, continua  entrando todavía, la sensación era deliciosa, sin embargo me lastimaba la vagina y el vientre y mas arriba aun, lo sentía hasta el pecho, mi cuerpo deseoso ya casi no podía soportar el dolor que únicamente aceptaba por el placer que al mismo tiempo me brindaba, llegabas a las profundidades de mis entrañas donde nunca  antes nadie había llegado, sentía que me partiría en dos, lo largo y grueso de esa verga descomunal me asfixiaba, cuando pensaba que me llegaría hasta la garganta al fin sentí tu velludo vientre tocando mis nalgas, una sensación de alivio me invadió al pensar que ya no irías mas adentro. Durante unos segundos de calma quedamos quietos, me sentía deliciosamente llena de ti, gozando esa increíblemente enorme porcion tuya. Enseguida lo sacas con la misma lentitud, esto es aun mas delicioso, gemía y bramaba de placer con la boca abierta al igual que mis ojos que parecían salir de sus orbitas. Por un instante volteo hacia las paredes de cristal de la cabina que alojaba aquel cajero y me doy cuenta de que ahora ya eran tres los tipos que observaban con lujuria y sin perder detalle de la tremenda cogida que me estabas aplicando, me causo risa como se apretaban con la mano por encima del pantalón sus respectivos penes casi en un acto de masturbación  multitudinaria. Me sacas de mis pensamientos al iniciar de nueva cuenta la introducción, ahora ya no tan lentamente, el dolor ya no es tan fuerte, llegas al tope y repites la sacada, aplicas varias veces los movimientos de sacar y meter aumentando paulatinamente la velocidad del movimiento, el gozo que esto me producía es inenarrable, ya no había dolor todo era infinito placer. Me lo sacas completamente y después de un instante repentinamente empujas con fuerza y lo dejas ir de un solo golpe hasta el fondo de mis entrañas, lo sacas y un instante después nuevamente arremetes hasta el fondo, repites el movimiento tres, cuatro veces, una y otra vez, no se cuantas mas tomándome con tus dos manos fuertemente de las caderas estrellando ruidosamente mi abultado culo en tu abdomen, igual sentía como tus también enormes testículos se azotaban en mis nalgas y muslos haciendo vibrar todo mi cuerpo y zangoloteando mis adoloridos senos . Por fin loca de placer me estremecí nublándoseme la vista y casi cayendo de rodillas al doblarse sin fuerza  mis estremecidas piernas, me corro desenfrenadamente, pasa un instante y viene una segunda vez, el gozo era infinito. En este momento ya me tenias completamente empinada con el culo hacia arriba tan solo sosteniéndome con las palmas de mis manos sobre el cajero recibiendo tus envestidas de macho salvaje. Repentinamente de nueva cuenta metes en mi cuerpo hasta el fondo aquel enorme pedazo de carne y siento como te tensas e inmediatamente dejas escapar un potente chorro ardiente en el interior de mi dolorido vientre, dos veces mas se repiten los chorrazos de semen caliente, te sostienes en mi, extasiado y sudoroso egoístamente lo sacas sin esperar a que yo terminara del todo. Al sacarlo de mi vagina sale acompañado de una gran cantidad de semen entremezclado con mis propios jugos corporales, la densa mezcla se estrella en el piso con un sonoro chasquido. Tu has terminado, pero yo he quedado aun deseosa de mas.

Sin mediar palabra alguna, te apartas de mi y todavía alcanzo a ver aquel enorme pedazo de tu cuerpo que segundos antes jugueteaba en el interior del mío enloqueciéndome de placer, pude constatar de que a pesar de que ya no estaba totalmente erecto lucia todavía enorme, observe pacientemente y un tanto desilusionada por tu actitud, ver como acomodabas aquella enormidad semierecta dentro de tu ropa interior.

De repente sin decir nada entra otro de los tres espectadores de afuera, sin decir palabra desabrocha con rapidez su pantalón y sale de un salto su miembro erecto. El tamaño de este era normal, como los muchos que yo ya había conocido antes. Me hace girar, me empina, lo coloca en la entrada de la ya lubricadísima vagina y lo deja ir hasta el fondo. No me produce ningún dolor, y con desagradable rapidez lo saca y lo mete, me hace sentir como perrita callejera a la que perro tras perro se la cogen solo por satisfacer sus ansias y venirse dentro de mi, la experiencia anterior me había dejado adormecidos todos mis interiores de manera que esta verga pequeña (tal vez normal) se deslizaba libre y rápidamente sin pena ni gloria. Tuvo el tino de sacarla totalmente y en su lugar empezó a hurgar en mi vagina con el dedo mas largo y con experiencia busco mi “punto G” eso lo supo hacer con maestría, cuando lo encontró grite ahí, si ¡ahí¡ la yema de su dedo tocó y sobó una y otra vez y de nuevo me llevo al éxtasis hasta alcanzar otra deliciosa venida la cual llegó acompañada de un tremendo y sonoro pedo emitido por mi incontrolada vagina, expulse mi propia venida con parte de lo que habías dejado empapándole la mano. Parece que esto redobló su excitación, me dio unos minutos mas de dedo y lo saco. Lo que vertí en su mano me lo embarro perfectamente en el ano, apuntó y despacito lo introdujo hasta el tope de su abdomen. Nuevamente dolor, mezclado con placer. Primera vez que aceptaba un pene por ahí, me pareció rico, no cabía duda que este tipo no sabía tratar una vagina pero vaya si tenía habilidad para tratarte el recto. Con ritmo y cadencia lo metía y lo sacaba a placer deslizándolo fabulosamente bien. Sus piernas y las mías estaban temblorosas y exhaustas y se soltó dejándose caer de nalgas sobre el piso de la casetilla jalándome por las caderas sin sacarme el pito de tal manera que caí sentada sobre su regazo lo que hizo que se me fuera hasta lo mas profundo del intestino. Ya sentados hizo con sus rodillas que abriera completamente las piernas para continuar jugando con sus dedos en mis labios y clítoris, tres pares de ojos desorbitados, incluyendo a los tuyos, veían con azoro como mi pucha abierta de par en par era mancillada y dedeada. Otro perro caliente espectador no pudo mas y se saco el miembro a punto de estallar en una venida, busco como arrodillarse o acomodarse para de alguna manera metermela por la pucha babeante y deseosa de mas. No encontró nunca la forma de acomodarse para lograrlo, optó entonces por colocármela frente a mi cara abofeteándome dos y tres veces con su miembro erecto y rebosante infiriéndome al mismo tiempo toda la gama de insultos y bajezas de su repertorio para después ponérmela en la boca exigiendo se la mamara, así lo hice y en menos de un minuto soltó el primer chorretazo dentro de mi boca, con asco gire la cabeza para sacarlo y los siguiente dos chorretazos los estrelló en mi cara, casi inmediatamente el pene dentro de mi culo empezó a vaciarse y ya no lo disfruté por el asco que me produjo este ultimo animal.

Quedaba un cuarto perro empeñado en que el también quería meterme la verga, le suplique y le dije que no podía mas y la verdad lo deseaba pero me dolían terriblemente las entrañas. El culo me punzaba y ardía, la vagina la tenia adormecida y acalambrado el vientre Ante su insistencia opté por sujetarlo con la mano e hincándome frente a él se la mame sabrosamente utilizando mi mejor técnica pasándole la lengua por el glande y en la rajita que ustedes tienen, de la cual no recuerdo el nombre, después de un rato de mamadas me agarró fuertemente de la cabeza jalándome el cabello señal de que se vendría en un instante, no me quise tragar su semen y lo expulsé rápidamente de mi boca sin dejarle oportunidad a protestar porque seguí jalándosela apuradamente con mi mano hasta que se vino profusamente otra vez sobre mi cara y pecho.

Por fin me dejaron ir, yo que había llegado ahí, pensando en la decepción que me dejó el tipo con que estuve toda la tarde sin satisfacerme del todo, cuando iba a pensar que recibiría la leche de cuatro mas. Al salir de aquella caseta solo a ti le dirigí la mirada, todos guardamos silencio, me dejaron finalmente abordar mi auto para irme a mi casa.

Ya sola en el auto meditaba sobre la gran cogida recibida, la tuya me dejo marcada para siempre, toque ligeramente mi vientre adolorido y recordé la pieza de colección que tal vez una hora antes estaba dentro de mi dándome tanto placer. El ano me dolía horriblemente, a los otros tres ni siquiera quise recordarlos y así llegué a casa.

Baje del auto y sentí de nuevo el profundo dolor de ano que me hizo gesticular, sentí que caminaba con las piernas abiertas apestando y escurriendo todavía todo el semen que en tan solo minutos vertieron sobre mi. Me di una ducha lavándome profusamente  todo el cuerpo, me aplique un lavado de vagina, me aplique pomada y me acaricie con mi propio dedo, así me acosté desnuda por el fuerte calor veraniego, adolorida pero satisfecha me dormí pensando en ti, en tu destino y en tu enorme y delicioso falo. Nunca mas habría de saber de ti?

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Por supuesto puede continuar esta historia, pero no se cuando dispondré de tiempo para volcarla al papel. Espero algunos comentarios de las gentiles lectoras/es, para tener el necesario feedback.

Cachalote     (ea33mg@hotmail.com)

Insaciables

Lunes, marzo 19th, 2007

Hola que tal, mi nombre es Mayra, antes de comenzar creo que vale la pena
describirme, bueno soy una mujer de 35 años, he tenido hijos, pero
sinceramente he sabido cuidar mi cuerpo, ya que tengo unos pechos realmente
increibles, que siempre me rpeguntan que si son operados, soy bajita, pero
delgada, cuido bien lo mio, ya que se que realmente es como atraer a un
hombre y en este caso a varios.

Me cite con mi amigo Erick, el cual ya he tenido relaciones, Erick me dijo
que me tenia una sorpresa, me cito a un hotel, fui y cual fue mi sorpresa
que habia otros dos amigos de Erick, Jesus y Eduardo, la habitacion tenia un
tubo, y la verdad me exito mucho eso, comenzamos a tomar cerveza, yo la
verdad no soy tomadora, por lo general con tres cervezas empiezo a exitarme,
en esa ocasion no se cuantas tome, yo hiba vestida de colegiala, ya que
Erick asi me lo habia pedido, y la verdad es que a este amigo lo quiero
mucho y todo lo que me pide lo hago, me sente en las piernas de Eduardo,
mientras Erick y Jesus platicaban en voz baja, Eduardo me tocaba las piernas
y yo ya estaba algo exitada.

Me pidieron que les bailara en el tubo, la verdad no soy muy buena en eso
pero comenze a bailar, y me fui desprendiendo poco a poco de mi ropa de
colegiala, realmente estaba exitada que tuviese a tres hombres para mi sola,
entonces me quede con los ligueros y traia unas pantis, entonces Erick
comenzo a besarme el cuello, mientras los demas aplaudian y gritaban: Mucha
Ropa, entonces Erick me desprendio de lo poco que me quedaba y jale de la
mano a Jesus, y le puse sus manos en mis pechos, yo ya estaba que no
aguantaba, queria que me cojieran de una buena vez, pero estos amigos no
tenian prisa, entonces mientras Jesus y Erick me cachindeaban, senti que
Eduardo metia su lengua entre mis piernas y comenzo a chuparme mi clitoris,
todos ellos estaban alrededor de mi, tenia 3 pares de manos y 3 lenguas
pasando por mi cuerpo, ellos aun estaban vestidos, entonces Erick bajo la
luz y quedo mu tenue la habitacion.

Cualquiera que huebiese visto esto imaginaria que habia tres canibales
devorando a su presa, y a si me sentia yo, entonces comenza a desvestir a
Jesus, el cual me ayudo y se desprendio de toda su ropa, tenia su pene mas
duro que el tubo, comenze a chuparlo, mientras los demas tambien se
despojaban de sus ropas, Jesus me llevo a la cama, donde hicimos un perfecto
69, yo se la chupaba, cuando senti, otro gran pene que queria participar,
asi en una mano tenia el pene de Jesus y en la otra el de Eduardo, los tenia
separados y los chupaba uno a uno, entonces se me ocurrio una travesura, y
los junte, y asi los comenze a chupar, Jesus se paro y los dos quedaron al
borde de la cama y se los chupe juntos, mientras mi Erick, no perdio su
tiempo, senti que me partian, y es que mi amigo, me habia penetrado, y me
estaba cojiendo.

El muy cachondo, me ponia mas a mil diciendome cosas, como te gusta
“putita”, te gusta que te cojamos, yo tan puta que me sentia, le respondia
“si mi amor, me encanta”.

Entonces Jesus se acosto y se acomodo por detras mios y me tocaba los
pechos, Erick estaba por delante, y Eduardo estaba parado gozando de una
buena mamada, entonces hice otra de las mias, agarre la mano de Erick y la
lleve al pene de Jesus, al principio Erick me quitaba su mano, pero tanto me
aferre, que de pronto la tenia mas agarrada que yo la de ellos, eso me xito
mas aun y puse mi mano encima de la suya y comenzamos a masturbar a Jesus,
asi tambien, Jesus, que me besaba el  cuello, le puse su cara cerca el pende
de Eduardo, hasta que logre que lo introduciera en la boca, asi ahora si
todos estabamos gozando, por un lado Erick me seguia cogiendo, tenia su mano
en el pene de Jesus, y Jesus compartia conmigo el pene de Eduardo.

Asi estuvimos un rato, hasta que hicimos cambio, los cuatro estabamos
dispuestos a todo, les comento que ninguno de ellos habia tenido una
experiencia con hombres, y yo tampoco con varios a la vez, entonces
estabamos super exitados y ojo la combinacion de alcohol y una mujer como
yo, es peligrosa, ademas soy muy traviesa.

Cambiamos y ahora era a Erick a quien se la chupaba, Eduardo me la metio de
un solo tajo que senti que me partia en dos, entonce Jesus hizo un
atrevimiento que ni a mi se me ocurrio, se pusod detras de Erick y comenzo a
cogerselo, imaginense, ufff, estos amigos estaban dispuestos a conocer todos
los menesteres del sexo sin pudor, yo solo veia como Erick se mordia los
labios, se ve que los disfrutaba, pero Eduardo no se quedo atras y comenzo
conmigo a mamarle el pene a Erick.

De pronto senti un torrente de leche dentro de mi: Eduardo se habia venido,
y estaba exhausto, y a esto le sigui Jesus que se vino dentro de Erick, no
se lo que sintio, pero me imagino, solo faltaba Erick, asi que mi amigo
volvio a lo tradicional, y me cogio de una manera que me encanto, me puso
boca abajo, me abrio las piernas, me metio su pene, pero nuestras piernas
estaban intercaladas, de modo que tenia mucho apoyo para bombearme, grite
como una verdadera puta en celo, por que me encanto hasta que se vino.

Los cuatro quedamos mirando al techo fumandonos un cigarro cada quien, y me
hubiese gustado saber en ese momento que pasaba por sus mentes, pero estoy
segur que lo quedran repetir, hasta ahora no ha vuelto a pasar, pero se los
recomiendo.

Escribanme y quizas podamos montar nuevamente un espectaculo como este.

mmoronatti@hotmail.com

Mi Verdad I

Lunes, marzo 19th, 2007

La vida en común de una madre joven y su tía, viviendo en relación incestuosa, orilladas por la costumbre de generaciones familiares en las que fue “normal” este tipo de prácticas, y como la leche de Aurora alimentó a su bebé y también a su tía.

Esta es la historia de una mujer conocida mía, quien me la relató gracias a la gran confianza que existe entre ella y nosotros, (mi esposa y yo). Y así como nos la platicó se las cuento a ustedes. Omitiré nombres de lugares y cambiaré los nombres de los personajes por razones obvias.

Yo era una chiquilla nacida en el bello estado de Sinaloa, México, mi infancia transcurrió normal como sucede en la mayoría de los niños de mi pueblo. Desde que tengo uso de razón conocí las inquietudes sexuales en mi cuerpo infantil ayudada por las caricias que me prodigaban los diferentes amantes de mi madre, quien fue abandonada por mi padre debido a sus múltiples infidelidades con casi todos los hombres del pueblo, no se salvaron de sus tentaciones lujuriosas ni el padre de la iglesia ni los ancianos que llegaban a tener algún contacto con ella. Fue así como desde que recuerdo era acariciada por diferentes hombres que llegaron a pasar algunas noches entre las piernas de mi madre. No supe realmente cuando ni como perdí la virginidad, menos aun con quién.

Como era de esperarse, por consecuencia lógica resulté embarazada a la corta edad de los trece años teniendo a mi único hijo pocas semanas antes de cumplir los catorce años, como castigo a mi falta, mi madre me corrió de la casa para que no fuera yo una rival para ella en cuestión de hombres. No sabia que hacer hasta que una media hermana de mi madre, que por coincidencia se encontraba en el pueblo arreglando unos asuntos de la venta de unas tierras de su difunto esposo, se compadeció de mi, y me llevó con ella a su casa en otro estado del país, con todo y mi carga. Lógicamente no iba a ser gratis mi estancia en su casa, pero acepté agradecida participar en todas las labores de la casa, mientras mi tía se dedicaba a hacer ropa que ella misma confeccionaba y vendía entre la población. Por lo menos no hubo nadie que acosara sexualmente pues mi tía, a pesar de ser muy joven y bonita, era viuda y nunca tuvo hijos, a diferencia de mi madre, mi tía era muy recatada, y aunque le sobraban pretendientes no estaba relacionada con nadie, así que en cierta forma le hice compañía por algún tiempo.

Ella como la mayoría de las mujeres sinaloenses es hermosa, alta, muy blanca, con el pelo dorado claro, grandes ojos de un verde intenso que hacen resaltar los colores de su bello rostro, es delgada pero con atributos exuberantes, sus brazos son largos y muy delgados, sus hombros esbeltos pero fuertes, tiene el talle largo y también delgado por lo que sus senos se notan enormes y erectos aun sin brasiere, su cintura es breve, y su vientre completamente plano alcanzándose a notar levemente su marcada musculatura abdominal gracias al ejercicio a que está acostumbrada a hacer todos los días y el cual también a mi me hizo que formara parte de mi vida y hasta la fecha sigo manteniendo activa mi rutina diaria. Pero continúo describiendo a mi tía, pues lo significativo en ella es su perfecta cadera poseedora de las mas perfectas nalgas que puedan existir y a las que hacen un marco excelente sus largas y torneadas piernas.

Yo por mi parte soy muy similar a ella en lo físico aunque mi piel no es tan blanca, también soy de piel muy clara y sonrosada en ese tiempo ella era mas alta que yo diez centímetros pero en la actualidad tenemos la misma estatura, ella es solo casi cinco años mayor que yo, y salió del estado después de enviudar al ser asesinado su esposo a manos de unos narcotraficantes que le exigían que participara con ellos en la siembra de amapolas y marihuana. Inmediatamente después del sepelio ella viajó a otro lejano estado para mantenerse al margen de esa gente.

Antes de que mi hijo naciera me inscribió en una escuela donde ella había estudiado y ahí aprendí corte y confección. Lo que mas adelante me permitiría abrirme paso en la vida, mi bebé nació muy sano y muy grande, tanto que casi me cuesta la vida el haberlo parido. Los primeros días como madre fueron los mas difíciles de mi vida pues no tenia ni idea de lo que debía hacer, además me dolían horriblemente los senos, por la gran cantidad de leche que producían, y aun cuando mi hijo me mamaba casi a todas horas, la leche de mis crecidos pechos era mucha.

Fue una de esas primeras noches que me martirizaba demasiado el dolor de los pechos y el niño ya estaba satisfecho y había terminado de mamarme, sin que diera señales de querer volver a hacerlo hasta dentro de algunas horas, en mi desesperación sin darme cuente empecé a llorar, mi tía que se encontraba al otro lado del cuarto escuchó mi llanto y vino a verme.

* ¿Qué te pasa Aurora, por qué lloras?

* Ay tía Lupe, es que me duelen mucho las chiches, tengo mucha leche y el niño ya se llenó y no quiere mamarme mas. No sé que puedo hacer para que ya no me duelan, no puedo ni dormir.

* La verdad no podemos hacer nada hasta mañana que consigamos un saca leche, pero voy a preguntarle a alguna vecina para ver si alguien tiene uno que nos preste.

Al rato regresó mi tía con las manos vacías y me explicó que nadie podía darse el lujo de comprar un aparato de esos y que la única solución es que me ordeñara yo sola.

* Ya lo he estado haciendo tía, pero no logro hacer que me dejen de doler las chiches.

* Pues te confieso que nunca había visto a ninguna mujer que tuviera tanta leche en las chiches me dan ganas de ordeñarte y venderla como leche de vaca, ja ja ja.

* Ay tía no te burles de mi, de veras que me duelen mucho, ya no aguanto

Mientras hablaba con mi tía no dejaba de ordeñarme uno y otro seno tratando de disminuir la presión de la leche en ellos, juntando la leche en un vaso. Mi tía no dejaba de verme como exprimía yo mis senos y como salían de ellos varios chorritos de leche que iban a parar dentro del vaso y en mi mano. No dejé de notar que el gesto de mi tía iba cambiando a una expresión que yo ya conocía, por haberla visto en el rostro de mi madre al ser cogida por sus amantes, y también la había visto en las caras de esos hombres, era la mirada del deseo sexual la que se estaba despertando en los ojos de mi tía.

* Mira Aurora solo se me ocurre algo que podemos hacer tu y yo hasta que consigamos el saca leche.

* Lo que sea tía Lupe, con tal de que se me quite el dolor.

* Te voy a ayudar mamándote yo misma algo de leche.

Yo ya esperaba que me propusiera algo así, lo imaginé desde que noté el cambio de su expresión, pero la molestia era tanta y la idea no me desagradaba del todo, que inmediatamente acepté el ofrecimiento haciéndole un lugar en mi cama. En cuanto ella empezó a acercarse lentamente como hipnotizada yo me quite la camiseta que usaba para dormir dejando mis senos descubiertos para ella, con los sonrosados pezones erectos y duros, deseosos de ser mamados por una tibia boca, ella se sentó suavemente a mi lado y mientras yo levantaba las cobijas para que ella entrara al lecho, mi tía se fue deslizando junto a mi lado hasta que su cara quedó a la altura de mis senos que escurrían profusamente de leche materna. Mi tía no separaba la vista de mis crecidas chiches y estirando una de sus manos comenzó a acariciar tiernamente el contorno de mi desnudo pecho, yo acaricia a la vez su suave mejilla, mientras poco a poco arrimaba a su boca uno de mis anhelantes pezones.

Me quedé sorprendida por la hermosa sensación que me produjo la boca de mi tía, pues no se por qué, pero imaginaba que la sensación en mis pezones seria la misma que sentía al amamantar a mi hijo, pero que equivocada estaba, sus labios, su lengua y sus dientes me transportaron a la gloria, su mamar fue suave y tierno, sin hambre, solo por placer y lujuria, me mamaba suave pero firmemente uno y otro pezón succionando los ardientes y lácteos chorros de mis doloridas pero agradecidas chiches, yo acariciaba su rostro con mi mano o con el seno que quedaba libre de su golosa boca que seguía cambiando de pezones una y otra vez, noté con gran excitación que mi tía llevaba una de sus manos a su entrepierna e iniciaba un frotamiento en su vagina por encima de su vestido, esto terminó por excitarme aun mas y sentí como mi propia vagina se humedecía con mis fluidos. Cambie mi acariciante mano a su seno y lo empecé a masajear como nos gusta a las mujeres, y que solo las mujeres somos capaces de masajear diestramente los senos. Mi tía comenzó a acelerar el ritmo de sus caricias a su vagina convirtiéndolas en una deliciosa masturbación, cuando volví a ver sus piernas, observé que ya había ella levantado su falda y había metido su mano por debajo de su pantaleta, adiviné como se frotaba y como introducía sus dedos dentro de su sexo al mismo tiempo que su boca se aferraba a mis senos succionando (satisfactoriamente para mi) hasta la ultima gota de leche de mis grandes y pesadas chiches, viéndola completamente excitada como alcanzaba un poderoso orgasmo que hizo que su cuerpo se convulsionara presa de gratificantes contracciones internas que seguramente, hacia mucho tiempo que no sentía.

Despacio volvió a abrir sus verdes ojos encontrándose con mi agradecida mirada que le sonreía coquetamente. Aun estaba su boca prendida de mi pezón el cual estaba alargado por la deliciosa y suave succión a la que había sido sometido. El dolor de mis senos había desaparecido por completo, ella liberó lentamente mi pezón de sus labios y me dedicó una encantadora sonrisa, a la que yo contesté con otra igual.

* ¿ Ya estás curada Aurora?

* Si tía muchas gracias.

Le respondí, sin dejar todavía de sobar su enorme seno, sin percatarme que todavía lo tenia aprisionado suavemente en mi mano moviéndolo en lentos círculos, hasta que mi tía puso su mano sobre la mía acariciante, traté por reflejos de separar mi mano pero mi tía suavemente la mantuvo sobre su pecho haciéndola cambiar al otro seno para que también recibiera su ración de caricias yo continué frotando tiernamente el otro gran seno de mi tía, mientras ella empezaba a despojarse de sus ropas desabotonando sensualmente su blusa, continuando con su apretada y gruesa falda, moviendo graciosamente sus grandes y redondas caderas que hacías que se ondulara eróticamente su breve cintura, quedando solo con la sobria y blanca ropa interior de brasiere y pantaleta. Levantando su brazo me tomó de la nuca y me atrajo hacia ella, yo dócilmente me deslicé entre las cobijas hasta que mi cara quedó a la altura de la suya.

De la manera mas natural nuestras bocas se encontraron sin prisas ni arrebatos, suavemente los labios se fueron juntando en un tierno y esperado beso que se hizo largo, intercambiando caricias y pequeñas mordidas, abriendo y cerrando, enredándose las lenguas que exploraban ávidamente las dulces y frescas bocas, chupando y dejándose chupar, hasta que mis manos que acariciaban la espalda de mi tía encontraron el broche del brasiere soltándolo hábilmente y continuando con las caricias mutuas en espaldas y nalgas de las dos, sentí como las manos de mi tía se deslizaban por debajo de mís pantaletas apretando mis firmes y redondas nalgas mientras yo hacia lo mismo con ella, entre jalones y ondulaciones de nuestros cuerpos no quitamos mutuamente las pantaletas una a la otra, quedando mi tía solo con el brasiere desabrochado y listo para ser retirado de esas enormes chiches, entre risas, caricias y besos tomé la prenda entre mis dientes y mientras reíamos felices las dos, fui jalando el brasiere hasta dejar a mi tía completamente desnuda y sonriente. Me sorprendí con el tamaño y el hermoso color de sus pezones, eran muy grandes y erectos pero tenían un bello tono color de rosa, las areolas se veían casi transparentes. Volvimos a abrazarnos y nuestras bocas se buscaron sedientas de besos, ahora si estaban hambrientas de piel y fluidos femeninos.

Mi tía me colocó de espaldas, y se me subió encima, montándose hincada sobre mis caderas con sus piernas flexionadas a los lados de mi cuerpo.

* Ahora te voy a hacer gozar como tal vez nunca lo has hecho.

Yo no sabia todavía lo que era realmente el placer sexual en la entrega total a otra persona, hasta ese momento mi cuerpo solo había sido utilizado sin que ninguno de los que lo habían disfrutado se hubiese interesado en darme placer o en enseñarme como lograrlo.

Mi tía me tomó las manos y me hizo subirlas sobre mi cabeza, pidiéndome que no bajara mis delgados brazos, yo le obedecí dócilmente, ella se inclinó sobre mi para alcanzar con su boca las palmas de mis manos y besarlas suavemente pasando también su lengua por ellas y entre mis dedos, esta posición hizo que sus senos quedaran a la altura de mi boca, así que aproveche la cercanía y empecé a mamarlos ávidamente así como ella me había mamado hacía unos momentos, esta caricia provocó que los claros pezonzotes se pusieran rígidos  agradeciendo la succión de mis labios, me prendí de sus senos mamando por unos largos minutos mientras ella se iba deslizando por mis brazos hasta llegar a una de mis axilas, las cuales siempre me he preocupado por mantenerlas limpias y afeitadas, libres de mal olor, por lo visto esto le encanto a mi tía pues desde ese momento ha sido una de sus caricias preferidas para dar y recibir, lamió mis axilas manteniéndome con los brazos levantados mientras ella chupaba y besaba la sensible piel de la unión de los brazos con el torso, esas delicadas y cosquilleantes zonas, que cuando son atendidas hábilmente llegan a hacer disfrutar gratamente, además de ser unas caricias muy erotizantes.

Yo volví a sentir que el fuego del deseo sexual se apoderaba de mi tía nuevamente, pero no dejó que ello le impidiera cumplir con su promesa de hacerme gozar, yo por mi parte sentí de nuevo el correr de mis fluidos vaginales que escurrían por mis piernas, ella se apoderó otra vez de mis pezones los cuales ya volvían a tener leche, los succionó solo un poco, y dijo que era para no dejar sin leche al bebé, pasó entonces por mi vientre besándolo y mordisqueándolo hasta hacerme retorcer de placer nunca sentido, lentamente se fue acercando su boca a mi pubis en el cual empezaban a crecer de nuevo los vellos púbicos que habían sido afeitados para el parto, delicadamente lamió mis ingles chupando entre ellas y mi vagina preparándome para el platillo fuerte, fue cuando, sin previo aviso, su lengua se deslizó en una lamida poderosa a lo largo de mis labios vaginales desde el ano hasta el ombligo, uso su lengua en forma plana haciéndola los mas ancha posible, con la intención de abarcar lo mas posible de mi vagina, y siguió dando vigorosas lengüeteadas rozando placenteramente mi clítoris que se encontraba erecto y dispuesto a recibir todo el placer posible, mi clítoris es un poco mas grande de lo normal en la mayoría de las mujeres según he leído y constatado algunas veces por mi misma, mi tía se detenía por momentos para chuparlo y meterlo en su boca mamándolo como si fuera otro pezón haciendo que esas succiones me hicieran vibrar todo el cuerpo mientras ella seguía dándome la primera gran mamada en mi vagina chupando todo mi liquido que manaba de mi interior directamente a su boca, hacía rato ya que mis manos habían cambiado de posición sin darme cuenta de cuando fue, para sujetar la cabeza de mi tía presionándola contra mi sexo mientras me restregaba involuntariamente contra su experta boca, como si quisiera introducirla dentro de mi, ella entendió mi reacción y aceleró en ritmo de su lengua presionando con mas fuerza mi ardiente vagina, que ya no resistió mas y estalló en el primer orgasmo de mi vida, haciéndome gritar y llorar de placer, sintiendo en mi interior infinidad de contracciones que me hacían convulsionar hasta que poco a poco fueron disminuyendo su intensidad y espaciando su frecuencia hasta cesar por completo.

Ella subió de nuevo hasta posar su cabeza en mi almohada, y me dió un dulce beso, con el cual pude saborear mis propios líquidos que impregnaban la suave boca de mi tía. Nos abrazamos y nos quedamos dormidas hasta que mi bebé nos despertó con su llanto exigiendo ser atendido y alimentado por la leche de su madre.

Después de alimentarlo y de dejarlo satisfecho mi tía volvió a alimentarse con mi leche, ayudándome a que yo misma me mamara las chiches para disfrutar también del dulce sabor de mi propia leche. Para después dedicarnos a otra sesión de amor filial entre mi tía y yo. Esta vez me dijo que yo tomara la iniciativa y que tratara de repetir todas las caricias que ella me había prodigado, así lo hice pero también puse algo de mi propia imaginación.

De inmediato la hice subir sus brazos arriba de su cabeza, y besé sus manos solo que yo no me conformé con pasar mi lengua en sus dedos, lo que hice fue mamar cada uno de sus dedos como di fueran pequeños penes de niño, después de mamar todos sus dedos descendí por sus brazos estirándolos con mis manos mientras ella mamaba una vez mas la leche de mis senos, llegué hasta sus delgadas y perfumadas axilas, chupándolas y comprobando su limpio sabor de piel femenina, pasando mi lengua en pesadas lamidas por toda el área axilar haciéndola estremecer con cada lengüeteada y chupetón, abandoné las axilas para dedicarme a besar y lamer todas sus chiches completas para mamar vigorosamente sus enormes y erectos pezones hasta dejarlos largos y palpitantes mientras ella retorcía su cuerpo, pues yo había colocado una de mis piernas entre las suyas y así nos frotábamos mutuamente las vaginas.

Cuando iba a bajar a su sexo me detuvo y me pidió que me montara sobre ella, así lo hice obediente, entonces mi tía me sorprendió de nuevo brindándome una nueva sensación al mamar al mismo tiempo mis pezones, tomando mis chiches una con cada mano, las juntó una con la otra frente a su cara hasta que mis pezones estuvieron juntos tocándose, entonces los jalo tiernamente hacia su boca metiéndolos ambos en ella procediendo a mamarlos golosamente tragando la leche que ellos le regalaban, tal era la cantidad de leche que mamaba de las dos chiches al mismo tiempo, que esta empezaba a desbordarse de su boca bañando su barbilla y escurriendo hasta su cuello y su pecho, yo sentía que me elevaba al cielo por el gran placer que estaba recibiendo jamás me imaginé que fuera posible que me mamaran las dos chiches al mismo tiempo, pero que grata sorpresa recibí, desde ese día esa es una de mis caricias preferidas cada vez que cojo. Después de que vació mis senos por segunda vez me volteó sobre ella para enseñarme mi primer 69 logrando que tuviéramos unos explosivos y exquisitos orgasmos, provocados por nuestras bocas y nuestros dedos que nos introducíamos en la vagina y en el ano, que nos hicieron caer rendidas una en brazos de la otra, siendo despertadas una vez mas por el bebé exigiendo su comida. La cual no dejé de brindarle nunca, tanto a él como a mi querida tía Lupe.

Pero eso será la continuación de esta historia, si llega a gustarles califíquenla por favor, y espero pueda recibir comentarios de ustedes.

C O N T I N U A R Á…

E-mail         enrykarmand@yahoo.com.mx

Regalo de cumpleaños para mi mujer

Lunes, marzo 19th, 2007

Es la primera ves que escribo y es para contarles el regalo de cumpleaños que le hice a mi señora para su cumpleaños numero 32.

Siempre fantaseamos en la cama que invitamos a un tercero desconocido, tanto a ella como a mi nos calienta pero nunca nos animamos a hacerlo realidad ya que ella es muy antigua y le da mucho miedo, sabia que la única forma de hacerlo era sorprendiéndola y viendo cual era su reacción y esa oportunidad se dio para su cumple.

Hace 5 años que estamos casados y tenemos una beba, el día esperado la dejamos con la abuela y salimos a cenar y después fuimos a un hotel, previamente había preparado todo, la habitación y la sorpresa.

Ella no esta acostumbrada a tomar así que después de algunas cervezas la tenia a mi merced, fuimos al hotel y después de estar un rato tocándonos y besándonos tocaron la puerta, ella ni se imaginaba lo que venia.

La deje en la cama casi desnuda en ropa interior y fui a abrir, previamente apagando todas las luces, cerré la puerta y fui a donde estaba ella que me preguntaba que pasaba, le dije que nada y le vende los ojos diciéndole que le daría su regalo.

Media desconfiada acepto y una ves que estaba vendada llame a dos pibes que había contratado para divertirnos, en ese momento y con ella medio borracha ante una señal mía empezamos a tocarla, primero yo, y a medida que se relajaba se fueron sumando, en ese momento ella se quedo quieta y pensé que se enojaría y todo se terminaba pero después de unos segundos ella empezó a gemir de una forma muy especial.

Los os chicos de no mas de 20 años estaban re-calientes le metían mano por todos lados hasta que le sacaron toda la ropa, yo le miraba la conchita y la tenia empapada, uno de ellos le empezó a meter los dedos y ella parecía que iba a explotar, mientras con el otro le tocábamos las tetas, no podía creer como gozaba.

En un momento ella se agacho y todavía con la venda empezó a chupar las dos pijas, se atragantaba y pedía mas, yo me acerque y se la empecé a meter desde atrás.

Después se acostó y se abrió de piernas el mas rubio que la tenia larga y fina se la metió y empezó a moverse , después de un rato y mientras la miraba gozar me agache y lo empecé a chupar al otro para que se le pusiera bien dura, ella se saco la venda y me miraba re-caliente, me agarro de un brazo y sacándolo al pibe me tiro arriba de ella para que la cogiera, por arriba de mi hombro le hizo señas al que yo había estado chupando y el se acostó arriba mió, paso la mano por debajo de su cuerpo y me empezó a meter los dedos en mi culo, mientras el otro acerco su pija y entre ella y yo lo empezamos a chupar.

En eso senti como el rubio me la acomodo y me la empezó a meter, me dolía y eso parecía que la calentaba mas a ella, yo no me movía la cojia a ella con los empujones del pibe en mi culo, el que la tenia en nuestra boca se empezó a pajear y tiraba la leche en las tetas de ella y me salpicaba a mi. Yo acabe adentro de ella y el que me la tenia en el culo acabo adentro mió,.

Salimos de esa posición y cuando los mire a los dos estaban duros como si no hubiera pasado nada, uno se acostó boca arriba y la acostó a mi mujer arriba de la pija y el otro se acomodo atrás y se la empezó a meter por el culo, yo me agache y se la sacaba del culo y se la chupaba un rato y la volvía a meter con mis manos, era el delirio para todos en un momento el que la tenia en la concha la saco y me prendí para sacarle toda la leche parte trague pero deje un poco que se mezclo con la acabada del que la tenia metida en el culo de ella, que cuando la saco se la chupe hasta que acabo una catarata de leche quería retenerla en la boca pero parte me la tragaba porque era muchísima.

Igual me quedo la boca llena me acerque a mi mujer y le di un beso lleno de leche, ella se saboreaba y me la empujaba con la lengua para que yo también la tragara.

Después de un rato y para terminar ella hablo con los dos y les pidió que hicieran algo que a ella la calentaba, mientras me acostaba arriba de uno y me la metía el otro se acostaba arriba y también me la metía, el culo se me partía pero era fantástico ver lo que ella gozaba con esto, después de un rato empecé a acabar y los dos se pararon y nos tiraron toda la leche encima.

Terminamos muertos y parecía que nos habíamos bañado en leche, después que se fueron nos quedamos dormidos sin lavarnos.

Tenemos la idea de organizar algo con mas chicos si se da les cuento.

mi primer experiencia gay

Lunes, marzo 19th, 2007
hola, yo soy matias, tengo 20 años y hace poco mientras vacacione en buenos aires ya que hace un año me fui a vivir a otra provincia, vivi una experiencia unica.
habia salido a bailar y mientras volvia a mi casa, cruzando la plaza las heras, en palermo, note como un señor me seguia, doble en varias cuadras y note como el señor me seguia, me dirigi a la vuelta de la casa donde estaba paando, que hay una zona muy poco iluminada y al doblar en la esquina me oculte en la entrada de un edificio, al pasar el señor, me observa y yo le increpo, “que me seguis”, el tipo se pone a hablar muy amistosamente y me propone ir a su casa a tomar algo, yo accedo con muchas dudas, se que el señor es gay pero yo nunca tuve experiencias gays, no sabia que hacer, pero fuimos a su casa.
al entrar prepara unos fernets, y nos sentamos en el living, en un sillon frente a la tele, las luces estaban apagadas y la tele daba una tenue iluminacion.
cambio de canal y puso uno porno, me pregunto si me gustaba, la escena era de una infartante rubia que le hacian doble penetracion dos negros, si le dije, pasaron unos minutos que mirabamos y tomabamos fernet, y el tomo mi mano y la puso por encima de su pantalon de vestir, sentia su pija a media masa.
no dije nada, seguia mirando la tele y movia la mano acariciandole la pija, luego de un rato su pija ya estaba bastante dura y el desabrochu su pantalon y saco su pija afuera, yo se la seguia acariciando mientras el me tomo de la nuca y llevaba mi cabeza hacia su pija, le agare la pija con la mano y le besaba la cabeza, la lamia me la metia en la boca luego le chupaba y lamia toda la pija y huevos mientras el gemia y me decia que lo hacia muy bien, luego de unos minutos me tomo fuerte de la nuca empujando su pija bien adenro de mi boca y sin dejarme sacarla de ahi acabo toda su leche en mi boca, probe el gusto, era rica, me la tome toda y segui chupando, enseguda recupero su rigides pero luego de unos minutos sono su celular, se paro enfrete mio, se alejo un poco como dando a entender que deje de chuparle la pija y atendio, luego de hablar unos minutos corto y me dijo que se tenia que ir a otro lado, yo me arrodille frente a el y le chupe la pija mientras mis manos acariciaban sus huevos, hasta que me acabo en la boquita nuevamente, luego abrio la puerta y me fui.
esa fue mi unica experiencia homosexual que tuve, aunque espero que entre el 8 y el 16de marzo que voy a estar en buenos aires pueda tener alguna otra experiencia, e incluso si da entregar mi colita, tambien me gustaria probar de vestirme de mina y que me penetren la colita y acaben en ella o en mi boquita asi vestido de mujer, si alguno esta interesado o quisiera hacer alguna de estas cosas o simplemente se quiere contactar conmigo mi mail es:
mati1986bi@yahoo.com.ar
saludos y besos a todos.

Leche de varón

Sábado, marzo 17th, 2007

Hola amigos lectores de sexycuentos, les voy a contar una historia que a lo mejor le resulte a ud ficticia pero fue real.
Voy a contarles cómo fue el inicio de mi vida sexual, en esa época estudiaba en 2º curso de colegio y estaba por los 13 años, en mi casa vivíamos mi madre mi padre y yo ya que mis hermanos se habían ido a vivir en otra ciudad en esa época no gozaba de libertad ya que la mayor parte del día pasaba haciendo deberes. Una día no avance a terminar de pasar a limpio la materia y me recordé en la noche a terminar mis obligaciones en ese momento pude escuchar un sonido que provenía del cuarto de mi madre me acerqué ha observar y observé a mi madre mamandole la pija a mi padre  podía ver como su lengua recorria toda la longitud de su pene y como se atrgantaba como si se tratara de una gran manjar sin querer hice un sonido ella se dio cuenta y me golpeó y me envió a mi cauarto.
Al siguiente día no podía sacarme de la cabeza lo que había visto sentía una sensación extraña que no podía sacarme de la cabeza y no me dejaba concentrarme en clases razón por la cual me enviaron donde la psicóloga una mujer de muy mal carácter y muy conservadora ella empezó a regañarme cuando no se porque el escuchar hablar a esa mujer me provocó que la  comparara con mi madre e inmediatamente mi mente se inundo con imágenes de lo ocurrido la noche anterior empecé a sentir una sensación extraña en mi pene y a notar mayor presión entre mi entrepierna, la psicóloga noto mi carpa y se calló por unos instantes… Luego me dijo ya se lo que te está sucediendo y puso seguro en la puerta me dijo que lo que me va a enseñar hoy me va a servir para toda la  vida me pregunto que tengo dentro del pantalón pero me daba vergüenza y no le respondí entonces me dijo que me quería ayudar pero que como no colaboro le avisaría a mi madre entonces le dije que creo que es mi pene y ella dijo que lo quería ver y sin mas me bajó el pantalón estaba semirrecto ella dijo te voy a indicar una forma para que te concentres mejor entonces empezó a sobarme el pene lo tomaba con su mano hacía movimientos rítmicos que los aceleraba en progresión y me encantaba, luego sacó un poco de vaselina de su cartera  me la untó y me la sobó entonces sentí una sensación que nunca antes había sentido y de mi pene salieron 4 chorros de un líquido lechoso que ella lo llamó “leche de varón” me dijo que limpiara el piso y ella se limpió su blusa  y su falda entonces me dijo que haga esto todos los días antes de dormir y desde esa vez caí en la adicción de la masturbación, en ocasiones la psicóloga me llamaba solo para que me masturbe delante de ella recuerdo un día que me llamo a su oficina y cerró su puerta y me dijo hoy voy a comprobar si has seguido mis indicaciones me dijo que me masturbase pero como lo había hecho la noche anterior no lograba tener una erección completa entonces me dijo que me va hacer un préstamo y me tomó la mano y me la puso en sus tetas me dijo sóbame eran unas tetas duritas blancas con un pezón negro esto me ocasionó una gran erección entonces me dijo que me baje el pantalón y me agache entonces se untó de vaselina el dedo y me la metió por el culo esto me ocasiono que mi pene aumente su diámetro me dijo que no me queje que sabe que me gusta y me dijo que me masturbara luego me dijo que le avise cuando vaya a “estallar” entonces le avisé me dijo que me detuviera se bajo el pantalón y el interior y dijo que es hora da cobrar deudas y que me masturbe en su culo y que le bañé el culo con mi leche luego pero para suerte la mía  me dijo que le lamiera el culo que  le meta la lengua y que le deje reluciente de limpio yo le dije que no pero ella me amenazó con avisarle a mi madre todo lo que había hecho creo que fue la peor humillación de mi vida me hizo comer caca con semen y eso le excitaba tanto que luego  de comerle el culo se introdujo sus dedos por este  por suerte o mala suerte para mí ella se fue del colegio poco tiempo después ya que le dio cáncer al seno  pero desde ahí no puedo dejar a la masturbación es un deseo orgánico que supera ampliamente a mi voluntad, se la considera una práctica inocua pero esta práctica sumada mi carácter un poco tímido ha sido la causa que hoy pese ha tener 19 años de edad nunca haya tenido novia, sea un fracaso y me siga masturbando….!
Espero que este medio me permita desahogarme y que sea el inicio de una nueva etapa en mi vida y deje de ser un perdedor…

Natalia

Viernes, marzo 16th, 2007

Mi nombre es Mario, tengo 46 años de edad y esta es una historia real que me ocurrió hace unos meses.

Vivo en Montevideo, en un edificio de apartamentos en el 7mo. piso y en el 8vo. piso, vive una chica muy joven, de 19 años actualmente, junto con su madre y su abuela.

Esta chica se llama Natalia, es de estatura algo baja, rellenita sin ser gorda, morocha, de cabello lacio y largo hasta la cintura, muy bonita. La conozco desde me mudé aquí, cuando Natalia era una niña de unos 8 o 9 años.

Con el transcurrir del tiempo, se fue convirtiendo en una adolescente muy hermosa, que no tengo vergüenza en decirlo, me empezó a gustar mucho.

Natalia era muy simpática conmigo, hasta que desde hace aproximadamente un año me empezó a “tirar onda“. Yo al principio no me di cuenta o no quise darme cuenta, dada la diferencia de edad y ella aún era una menor, pero con el correr del tiempo la cosa fue cada vez más evidente.

Una mañana, serían las 9 de la mañana, salí para ir al supermercado. Cuando salgo de ascensor, una imagen hizo sonar todas mis alarmas y hacer brotar mis hormonas automáticamente, en la puerta del edificio estaba Natalia, hablando con el portero. Estaba vestida con un buzo celeste corto por la cintura y calza azul muy ajustada.

Esa imagen me impactó, Natalia tenía el culo más hermoso que había visto, no solo por su tamaño, sino por su perfecta redondez, que la calza ajustada mostraba en toda su dimensión y para aumentar más mi excitación, se le notaba claramente la marca en forma de “V“ de su bombacha debajo del pantalón.

Luego de algunos segundos de perplejidad (que parecieron horas), reaccioné y la saludé, ella me saluda muy simpática como siempre, pero yo aún estaba totalmente turbado, me fui supermercado y mientras recorría las góndolas me la encuentro a ella, parece que el destino insistía en juntarnos.

Hicimos las compras y mientras regresábamos me contó que andaba triste porque se había peleado con su novio y entonces me di cuenta que era ahora o nunca y me la jugué, le comente que desde hacía tiempo me estaban pasando cosas muy fuerte con ella, que me gustaba mucho, pero que tenía claro nuestra diferencia de edad y que yo era casado, pero que era lo que sentía.

- “Bueno, aleluya, ya era hora que te dieras cuenta“ – me contestó.

Esta repuesta me sorprendió.

- “Hace como un año que te tiro onda y vos nada, vos también me gustas mucho y no me importa tu edad o que seas casado, estoy enamorada de vos desde que tengo 14 o 15 años“
- “¿En serio?“ – le pregunté, con algo de vergüenza.
- “¿Pensabas que no me daba cuenta como me mirás?, cada vez que nos encontrábamos se te iba la mirada en mi cola“ – me dijo.

En ese entonces llegamos al edificio y subimos al ascensor, yo abrí la puerta de mi piso y le pregunto:¿No me querés acompañar a casa? Estoy solo.

Entramos en mi apartamento y apenas cerré la puerta quedamos abrazados dándonos los besos más apasionados de mi vida. Nuestras lenguas se enredaban, mientras con mis dos manos le acariciaba toda su cola, después coloqué mis manos por debajo, entre la calza y la bombacha amasándole las nalgas. La pasión era impresionante de ambas partes.

Luego la di vuelta, me agaché, le bajé calza y le empecé a dar besos y mordiscos en su cola por encima de la bombacha, que era de algodón, blanca estampada con pequeñas florcitas celestes y rosadas, y si bien no era una tanga, solo cubría una pequeña parte de sus nalgas. Su cola era hermosa, redonda y con dos cachetes bien duritos y blancos, perfectos sin ninguna marca, típica cola de una adolescente.

El aroma de su culo impregó mis fosas nasales excitándome aún más, entonces le corrí la bombacha hacia un costado, le separé las nalgas y le comencé a lamer su ano absorbiendo con mi lengua su sabor agrio.

- ¿Te gusta mi cola?- me preguntó.
- Si me encanta – le contesté – te la voy a comer toda.

En menos de lo que se dice hola, estábamos en el dormitorio, se subió a la cama y se colocó en 4 patas en posición de perrito (o en “21“ como le dicen) de forma transversal, yo me arrodille en el piso y le bajé la calza y la bombacha hasta casi sus rodillas y le humedecí el ano con la lengua, le chupé y le introduje los dedos en la concha para después, con mis dedos húmedos con sus jugos vaginales, introducirle la punta del dedo índice en el ano y apenas entró la punta pude sentir su caca ahí nomás, en la puerta. Lo introduje más adentro y pude sentir que era muy grande, se lo saqué y chupé la caquita que salió en mi dedo, comiéndomela toda.

- Mi amor, estás llena de caquita – le dije.
- Si, todavía no fui al baño, siempre hago de mañana a esta hora – me contestó entre gemidos con la vos transformada por la excitación – ¿te da asco? ¿querés que vaya al baño?.
- ¡Nooo!- le contesté – me gusta así, no me molesta.

Le penetré la concha suavemente y la cogí durante unos minutos, luego le penetré el ano, lentamente, pensando que se iba a resistir, pero no, Natalia resultó ser toda una putita y disfrutaba como loca mi pija en su culo.
Mientras la cogía por el ano, me daba vueltas en la cabeza esa caquita que tenía en el culo, que ya había probado y era una delicia, entonces me animé y le dije:

- ¿Este culito es todo mío?.
- Si – me contestó – es todo tuyo.
- Entonces toda esa caquita que tiene es toda para mí, quiero comerme todo lo que te sale de tu culito – le dije.
- ¡Queeee! Eso es una chanchada – me contestó asombrada.
- Si, pero me gusta, lo deseo más que nada, ¡¡dame tu caquita por favor!! – le dije casi rogándole.
- Bueno está bien, si te gusta te la doy, no tengo problemas, ¿Pero cómo hacemos? ¿vamos al baño?
- Si vamos – le contesté

Le saque mi pija de culo y salió sucia de caca. Nos levantamos y fuimos al baño, y mientras íbamos, ella delante de mí, sin subirse del todo la calza y la bombacha, yo le miraba el culo y se me hacía agua la boca.

Estando en el baño, coloqué la toalla de baño en el piso y me acosté boca arriba y le dije a Natalia que se colocara agachada en cuclillas sobre mí, mirando hacia mis pies, de forma que su culo quedara directamente sobre mi cara.
Se sacó la calza y la bombacha y se colocó tal como le dije, con sus dos manos apoyadas en mis rodillas, y acerqué mi boca a su ano, listo para recibir todo su contenido intestinal.

Entonces Natalia empezó a pujar y un chorro de pis amarillo y caliente salió de su concha, lleno mi boca y lo tragué, llenó dos veces más mi boca de pis bebiéndomelo todo y casi enseguida asomó de su culo la punta de un sorete y descargó una andanada de mierda blanda y de color marrón claro sobre mi boca y mi cara.

Mientras yo todavía trababa la mierda de boca, descargó sobre mi cara una segunda andanada de mierda, algo más blanda pero igual de abundante que la primera, seguido de cuatro o cinco pujos que descargaron en cada uno sendos pedacitos de mierda que cayeron directamente en mi boca y me los tragué, no podía creerlo me estaba comiendo la mierda de Natalia, mi vecinita.

- ¿Te gusta? – me preguntó entre suspiros.

- Si me encanta, me estoy comiendo toda tu caquita – le contesté – que rica caca que haces, y que cantidad – le dije – ¿siempre cagás mucho así?

- Si –me contestó – casi siempre hago así, mucho.

Mientras tanto yo tomaba su mierda del suelo, se la embadurnaba por todo su culo y se lo lamía.

- ¿Me puedo bajar? – me dijo- porque estoy cansada de esta acá arriba.

Se bajó, entonces yo me acosté en e piso sobre una toalla y ella se puso en 4 patas sobre mí en posición “69�?, y empezó a chuparme la pija, mientras tanto yo continuaba embardunando todo el culo con su mierda blanda, hasta que sus nalgas blancas quedaron totalmente marrones de mierda. Salí de debajo de ella y lamí esas nalgas totalmente cagadas, absorbiendo con la lengua toda su mierda.

Aprovechando que su ano esta totalmente dilatado, la penetré por el culo nuevamente y mientras la cogía, saboreaba en mi boca toda su mierda.

Mientras Natalia disfrutaba de mi pija sumergida en su culo, daba vuelta su cabeza para mirar como me comía su mierda y me decía:

- Mmm, que divino, me gusta ver como te comés mi caquita, cométela toda, la hice toda para vos y esta tarde te voy a dar más, todos los días te voy a dar mi caca para que te la comas.

- Si, quiero que me des tu caquita todos los días, quiero ser de ahora en adelante tu W.C. personal. Quiero que toda la caquita que salga de culo sea para mí.

Natalia se acabó con un tremendo orgasmo y entonces de eyaculé todo mi semen lo más adentro posible de su culo. Ese culo que estaba lleno de caca ahora estaba lleno de mi leche.

Después de un momento de relajación, nos levantamos y mientras nos bañábamos me dijo:

- Guau, que chanchada, pero que bueno que estuvo, me gustó pila, tenemos que hacer esto más seguido.
- Si claro, cada ves que tengas ganas de hacer caca me llamás y yo vengo, esta tarde voy a estar en casa, pues estoy con licencia, si tenés ganas de hacer caca llamáme – le dije.

Nos terminamos de bañar, Natalia se vistió y se fue para su casa y yo quedé con una sensación de placer que nunca había sentido.

A eso de las cinco y media o seis de la tarde, Natalia me llama por teléfono y me dice:

- Hola, mamá y mi abuela salieron y estoy sola ¿querés venir? Tengo premio para vos.
- Siii, ya voy para ahí a comerme mi premio –le contesté.

Y bueno ya se imaginarán el resto, como hacía calor estaba vestida con una solerita amarilla cortita y una minifalda vaquero, con una bombachita de algodón de color celeste.

Estábamos tan excitados que no llegamos ni siquiera ir al baño, me entregó sus perlas estando parada en la cocina con sus manos apoyadas en la mesada y yo agachado detrás con mi boca en la puerta de su culo, ni siquiera se sacó la bombacha, solamente se la corrió hacia un costado y mientras con la mano derecha se la aguantaba al costado con la izquierda se abría su nalga para dejar todo su ano libre.

Como me había dicho, hizo menos caca que en la mañana, fueron tres pequeños soretitos blanditos que pasaron de su culo a mi boca y se deslizaron por mi garganta a mi estomago bien calientitos. Después de lamer todo su culo y limpiarle el resto de caquita, me paré detrás de ella y le penetré el ano, eyaculándole abundantemente en el culo.

Hasta hoy seguimos con estos encuentros y lo disfrutamos mucho.

mariom1959@hotmail.com