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Una mamá para cuatro / Capí­tulo 2

Ver a mi chica, ahí, con ese tipo sobre ella, siendo sobada por todas partes mientras los otros dos la sujetaban de piernas y muñecas me comenzó a excitar. No digo que me gustara ver todo aquello pero también era un hombre, un macho y ver a mi esposa sometida por varios machos, era algo que en más de una ocasión me había imaginado en mis pajas.

El pelirrojo comenzó a desabrocharse el pantalón mientras que con su propio peso mantenía plana a mi esposa, la cual no para de resistirse. El que hasta aquél momento me había estado apoyando en el cuello la navaja, se puso delante mío y la bajo diciéndome que era un buen chico y que siguiera así. Al mismo tiempo que, con una sonrisa burlona, se iba acercando al grupo mientras también se iba desabrochando el pantalón. En cuanto al pelirrojo, vi que había metido su cabeza entre las piernas de mi mujer y le comía el coño con salvajismo. El que le estaba sujetando las manos, pudo seguir haciéndolo con una sola mientras su otra mano magreaba y exprimía un pecho y expulsaba la leche que salía a chorritos hacia arriba cayendo en el vientre danceante por la respiración angustiante de mi mujer, la cual gimoteaba y lloraba.

— ¡Qué rico! — Exclamó el que le sobaba la mama y le expulsaba la leche, mientras acercaba su boca para recoger con ella algún chorrito que salía con fuerza hacia arriba.

En un monento, todos estaban desnudos de cintura para abajo y sobre mi esposa, como unos animales que se echan sobre su presa. Vi que sus miembros estaban muy tensos y alguno de ellos parecía llegar a los 28 o 30 cm. Tengo que decirles que mi polla solo hace 13 cm por lo que aquello me heló la sangre por lo que podía significar de desgarro sobre mi mujer.

Inmediatamente, el pelirrojo, se elevó poniendo su bajo vientre a la altura de la vagina de mi esposa y se apuntaló para penetrarla. Así lo hizo dejándose caer como un peso muerto. A pesar de tener la boca tapada, el gemido de dolor fue desgarrador por parte de mi mujer, mientras que el pelirrojo soltaba un escandaloso gemido de placer.

— uhhhh — Exclamó y mientras comenzaba la danza del mete y saca me miró — ¿Pero esta tía ha soltado un crío o no?… Está estrechita como una puta virgen,

Verla danzar, abierta de piernas mientras la sujetaban, mi polla comenzó a reaccionar muy a mi pesar. Los empujones que le daba eran tan fuertes que mi esposa parecía una muñeca inchable. Sus pechos botaban y salpicaban de vez en cuando asomando leche por sus gordos pezones rosados, eso cuando el pelirrojo los dejaba en paz porque mientras la empitonaba, no paraba de sobarle y llevarse las tetas a la boca.

— ¡Toma, zorra, toma!.

A cada impacto de polla en la vagina de mi esposa, sus piernas se arqueaban violentamente. Miré que apretaba los puños mientras intentaba liberarse de la opresión de las manos del otro violador. Agitaba la cabeza de un lado a otro hasta que el que me había estado amenazando con la navaja se arrodilló a la altura de su boca. Solo pude ver unos movimientos a la altura de la cabeza de mi mujer, ya que el solo veía el culo del que se había arrodillado ante ella.

Estaba claro que querían darle por la boca mientras el pelirrojo terminaba su faena. En un momento, vi las manos del que estaba de rodillas comosujetaban la cabeza de mi mujer, a la cual la habían obligado a girar hacia él y por los movimientos rítmicos, supe que se la había metido ya en la boca.
Aun tenían tiempo y concentración suficiente incluso para coordinar los movimientos de la jodienda vaginal y bucal a mi mujer pues cuando el pelirrojo le hincaba el rabo en el coño, el de la boca le introducía su verga hasta la campanilla a juzgar por los insufribles gemidos y arcadas que emitía ella.

Así estuvieron por lo menos 3 minutos más hasta que los muy bestias consiguieron correrse al mismo tiempo llenando a mi mujer por los dos lados violados. Aun pude ver la resistencia de mi mujer en un intento desesperado por escapar de la corrida en su boca, intentando apartar su cabeza pero el qu e le estaba dando su leche, aun sujetó la cabeza con más fuerza adelantando su bajo vientre hincándole más la polla.

— Trágatela toda, puta, ni una gota sueltes. — Exclamó mientras le sujetaba la barbilla y la parte posterior de la cabeza con ambas manos — Así, así… eso es…
Mi mujer estaba cerrando los ojos y tragando lo que le echaba aquél individuo y cuando ambos acabaron y se apartaron de ella, mi mujer dejó de moverse. Se quedó así. Como si no le importara nada.
Tal vez había olvidado que quedaban dos pero yo vi que esos no estaban dispuestos a dejar pasar la ocasión a juzgar por la violenta erección de sus pollas. Los que se habían despachado a gusto con mi mujer, comenzaron a ponerse los pantalones mientras la miraban a ella como seguía inmóvil y luego me miraron a mi diciéndome cosas como “que se había portado muy bien” o que “era una buena hembra”

Hasta que el pelirrojo se me acercó al oído y me dijo:

— Sácate la polla y mastúrbate delante de ella, o será peor.

Lo miré indignado y para mí era una humillación más pues mi pene estaba semierecto. No podía evitarlo y me sentía culpable pero si intentaba algo, sabía que la primera cuchillada se la llevaría ella y eso me atenazaba. “Los que ya habían sido atendidos por mi esposa” se dispusieron a ocupar el lugar de los otros dos que aun quedaban. Cogieron a mi esposa y la pusieron frente a mí a cuatro patas mirando hacia mí.

— Sácate tu pequeña polla, cabrón. — Dijo el pelirrojo — quiero ver qué tal te la chupa la zorra de tu mujer.

Yo miré a mi esposa, la cual me miró tratando de tranquilizarme de nuevo con su tierna pero torturada mirada. Su boca en esa posición de cuatro patas, quedaba muy cerca de mi bragueta y cuando me bajé los pantalones y los slips, mi polla apareció bastante erecta, cosa que hizo burlarse a los demás.
— Mirad al hijo de puta… Se ha puesto cachondo viendo como nos tirabamos a su nena.

Y rompieron a carcajadas. Miré a mi esposa y ella emitió una dulce sonrisa casi imperceptible, de esas que ella solo sabe hacer transmitiendo el mensaje “no te preocupes, es normal”. Y acto seguido se la llevó a la boca comenzando a succionarla entera, cerrando los ojos a veces o mirándome fijamente. Los otros que se habían corrido aprovechando que mi esposa estaba a cuatro patas y sus pechos colgaban como los de vaca, se situaron cada uno de ellos dos, en cada pecho de mi mujer y comenzaron a ordeñarle literalmente la leche de sus colgantes tetas, cayendo literalmente de sus pezones a sus bocas abiertas. Aquello era demasiado. Mi mujer a cuatro patas, mamando y siendo mamada de ambas tetas.

Mi polla se puso terriblemente tiesa pero aun peor se fueron poniendo las pollas de los que aun no la habían probado.

Entonces uno de ellos le dijo algo al oído de mi esposa que pude oír con claridad:

— Dos minutos para que tu marido se corra o sino, no verá ya como te doy por el culo.

Mi mujer, abrió mucho los ojos y demostró su pánico ante lo que le habían dicho pero aun más cuando vio qué otra navaja se apoyaba en mi yugular. Entonces comenzó a mamarme mucho más rápido, buscando mi corrida. Apartó los pechos de los que le habían estado mamando hasta aquél instante y comenzó a mover su torso de un lado a otro para que sus tetas bailaran ante mi. Sabía que desde siempre, eso me excitaba y ella lo hacía muy bien, Aun quedaba un minuto, como se lo dijo el tercer hombre y no me había podido correr. La angustia de mi mujer era total hasta qué acercó sus pechos a mi pene y los puso atrapándomelo en el canal mamario, ofreciéndome la mayor cubana que jamás me había hecho. Podía ver por la presión que ejercía con sus pechos como de sus pezones asomaban numerosas y gruesas gotas de leche que poco a poco se deslizaban por el canal alcanzándome el tronco del pene. Así estuvo con tanta intensidad masturbándome que disparé una terrible descarga que impacto en el rostro y barbilla de mi esposa, la cual respiró aliviada al mismo tiempo que iba cesando su batir constante de tetas en mi polla.

Solo faltaban tres segundos para que mi yugular hubiese sido atravesada…

CONTINUARA

ahmetito@latinmail.com

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