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La humillación / Tercera parte: Los días de caza

Desde aquel maldito día en que conocimos al cacharrero, nuestra vida cambió a peor, sobre todo los malditos días de caza.
Primero se iban Paco y Rafa con algún trabajador a ojear piezas, para saber si tendrían que reforestar o no, la finca es tan grande que Paco tiene caza mayor (jabalies, venados) y menor (conejos, liebres, perdices),esta operación duraba una semana y cuando regresaban a casa venían bebidos y con ganas de juerga.Un día volvieron muy satisfechos, Ryo y yo les preparamos la comida.

Por el ruido que hacían al comer parecían cerdos, sobre todo Paco, se bebieron una botella de vino tinto.

Cuando terminaron de comer, eructaron de manera bestial, Paco puso sus enormes brazos detrás de la cabeza, en su nuca se estiró y soltó un pedo, dando risotadas por su hazaña, se sentía satisfecho con el estómago lleno.

Dios compadre, he comido como una bestia.

Si el guiso estaba muy rico, estas rameras saben cocinar, además de joder. (soltaron más risotadas con el chiste).

Podíamos oír lo que decían, mientras trajinábamos en la cocina, todavía no habíamos comido.

¿Qué te parece compadre una buena mamada y luego una siesta?, dijo Rafa.

Coño, pues tienes razón, dijo Paco, me duelen los cojones y tengo ganas de vaciarlos. JA, JA, JA, JA. ¡¡¡Rameras!!! vociferó
Fuimos corriendo. Nos miraron como el que mira una mercancía. Tú María que eres la más viciosa, chúpanos la polla para que nos baje la comida, ordenó Paco.

Ryo se retiró, yo me arrodillé entre las piernas de Paco, -siempre tenía que ser él el primero-, le abrí la bragueta y liberé su enorme polla, la tenía flácida, se la cogí con la mano y me metí su glande en la boca dándole una profunda mamada como sé que le gusta, al tiempo que le hacia una paja, había aprendido con el tiempo a soportar los olores desagradables de su cipote.

Se la lamí hasta que se le puso tiesa, luego con las dos manos, le masajeé su enorme nabo, al tiempo que le mamaba la cabezota del capullo, de vez en cuando también le lamía los cojones, porque así le gusta más.

Debía de tener muchas ganas porque al poco tiempo ya quería correrse.

Bébete la leche, le vendrá bien al hijo que estás engendrando, me ordenó, abrí mi boca preparada y su cipote empezó a escupir cañonazos de semen que me tragué sin más, -ya me había acostumbrado-. Me la bebí toda y luego le ordeñé la verga para sacarle las últimas gotas.

Me limpié la boca con la mano tragando los restos de semen y me volví a Rafa, me miraba con los ojos brillantes de deseo. Se la saqué y comencé a chupársela, -primero le aparté unos cuantos pelos pegados en su capullo-, haciéndole una paja de muerte para que se corriera deprisa, no falla, al quinto meneo se corrió en mi boca, gruñendo como un cerdo. Me levanté y me fui a la cocina a comer con Ryo, ellos se quedaron dormidos con sus miembros colgando fuera de sus pantalones.

Mientras comíamos charlábamos sobre nuestros embarazos, las dos estabamos preñadas de tres meses. Terminamos de comer, recogimos y fregamos.
A las dos horas más ó menos, Paco se asomó en la cocina y nos miró, su cipote estaba tieso como un palo, todavía estaba excitado y alguna de las dos lo pagaría, seguro. Le tocó a Ryo.

Todavía tengo hambre de hembra berreó. Cogió a Ryo de los pelos y la puso contra la mesa de la cocina, con sus manazas le subió el vestido y le arrancó las bragas, miró su culo y la soltó dos azotazos en los carrillos dejando sus dedos marcados.

Todavia no te ha engordado el culo puta, estás muy delgada la dijo, tienes que comer más para que te engorde el culo y las tetas, pero aún así la escupió el ojete y restregó su saliva por su ano.

Se cogió la tranca y se la hundió entera de dos empujones y arremetió contra su culo, la manoseó los pechos con fuerza a través del vestido. Casi no tienes tetas puta y tu culo no me roza las ingles gritó. Se la sacó y la apartó de un empujón. Tú me ordenó ven aquí, totalmente asustada ocupé el lugar de Ryo, me arrancó las bragas y me golpeó las nalgas hasta ponérmelas coloradas.

Mira zorra, dijo mirando a Ryo, esto es una grupa como Dios manda, ¿te enteras?. Ryo asintió.

Y mira que tetas dijo tirando de mi vestido de golpe, me lo rompió y mis pechos, sin sujetador saltaron fuera, eran más grandes que los de Ryo y con la preñez los pezones también me habían crecido mucho.

Me estrujó los pechos sin ningún miramiento, y estiró de mis pezones haciéndome daño. Tienes que comer más, sentenció.

Su mano buscaba mi ojete entre mis piernas y me hincó su poya sin lubricarme antes, comenzó a embestirme salvajemente, mientras se relamía. Esto es un buena grupa, si señor, me hace cosquillas en las ingles como a mi me gusta.

Al poco rato noté su saliva caliente goteando en mi nuca –comenzaba a babear, era síntoma de que el hijo puta disfrutaba dándome por culo- manoseaba todo mi cuerpo metiendo sus dedazos en mi vagina, aunque no quería comencé a sentir un placer enorme, me frotaba el clítoris mientras arremetía salvajemente contra mi ojete.

Me jodió durante una hora por lo menos y cuando se corrió lo hizo fuera, pringándome las nalgas y la espalda. Cuando terminó me dio una palmada en la nalga dejándome los dedos marcadas, con su gesto sabia que le había gustado y me sentí satisfecha, me había corrido tres veces , en silencio para que no me oyera.

Cuando comenzó la temporada de caza, Ryo y yo preparamos comida para diez personas por lo menos, matamos tres cochinillos y los asamos.
Estuvieron todo el día fuera, cazando, regresaron sobre las cuatro de la tarde. Se les veía satisfechos, la caza había sido muy buena, estaban el Sr. Notario y el Sr. Juez con sus hijos mayores, dos muchachotes de 17 años más el sargento de la guardia civil, además de Paco y Rafael, siete en total.
Comieron y bebieron como cerdos, comentando sobra la caza. Terminaron y bebieron coñac y fumaron puros dejando la casa llena de humo apestoso.
Paco dio una palmada fuerte sobre la chimenea, todos callaron y le escucharon con atención.

Señores: vamos a brindar por la buena caza que hemos tenido, brindaron entre risas. Paco se frotó las manos y les dijo: Y ahora ¿que tal un polvo con dos putas?. Gritaron como una jauría de perros ansiosos.

¡¡¡Maríaaaaaaa!!! ¡¡¡Ryoaaaaaa!!!, berreó Paco. Acudimos corriendo.

¿Qué os parecen las rameras?, dijo orgulloso, están preñadas de seis meses las dos, pero joden de maravilla os lo aseguro.

Se pasearon entre nosotras, como si fuéramos objetos de compra, nos manosearon por todo el cuerpo para comprobarlo, nos pellizcaron las tetas y el culo, haciéndonos daño, incluso el Juez me levantó las faldas para verme el culo me lo manoseó con sus gordas manos sintiendo asco–no llevábamos ropa interior, Paco nos lo había prohibido hacia unos días-. Esta me gusta Paco, dijo.

El Notario fue más atrevido con Ryo, no sólo la levantó la falda para verla mejor, además la abrió las nalgas con fuerza para ver sus agujeros. Esta para mi, dijo al final.

Pues hala ¡¡¡ustedes primero!!! ordenó. Los demás después.

¿Aquí mismo?. Coño Juez, no me diga que le da vergüenza, yo no le voy a quitar nada. Se descojonaron con el chiste y se empezaron a desnudar, nosotras también.

Nos jodieron los siete, uno tras otro, sin dejarnos descansar, algunos repitieron varias veces, el primero Paco y sobre todo los muchachos jóvenes, esos eran los peores por que se recuperaban enseguida, sus padres les tuvieron que obligar a dejarnos, no había manera de quitárnoslos de encima. Se marcharon riendo a las cuatro de la madrugada después de jodernos durante doce horas.

Me toqué la nuca, la tenia llena de babas del Juez (me entró un escalofrío al recordar como me babeaba mientras me daba por el culo, animado por los gritos de los otros, más que follarme me habían violado uno tras otro), estábamos tendidas en el suelo en medio de un charco de semen y orines, porque al Juez, que era el más mayor se le escapó la prostata y como le hizo gracia nos mearon todos. Sentía mi chocho dolorido, miré a Ryo y ví que su vulva estaba muy abultada por la inflamación.

Paco regresó de la calle y casi sin mirarnos berreó: lavaros putas que dais asco y se fue a dormir.

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