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La humillación / Segunda parte: mi cumpleaños

Recuerdo que cuando cumplí los 19 años estaba hecha toda una moza, mi cuerpo era fuerte y tenia mucha energía, un cacharrero pasó por la hacienda y llegó a la casa vendiendo sus cacharros, era muy amable y picarón, no estabamos interesadas en los cacharros que nos ofrecía.

Entonces nos susurró bajito que tenia la última moda de París en ropa interior y nos guiñó un ojo. Ryo y yo nos echamos a reír pícaramente y el señor nos enseñó unos sujetadores y unas braguitas muy pequeñas, nos gustó y se las compramos.

Que lo disfrutéis con vuestros marido nos gritó mientras se
alejaba. Ryo y yo excitadas como dos colegialas nos fuimos a casa a probarnos
las ropitas, ella color rojo y yo color negro, nos sentaban de maravilla y
hacíamos bromas riéndonos. De pronto se abrió la puerta
y Paco apareció bajo la puerta, nos cubrimos rápidamente con
los vestidos, tenia los ojos inyectados en sangre y me entró pánico.
¿Con que os gusta sentiros rameras Eeeehhhh?.
¡¡¡Paco por favor. . . . Cállate puuutaaaaaa!!! chilló sin
dejarme explicar.
Os quiero ver a las dos ahora mismo en el salón, ordenó saliendo
de la habitación.
Ryo me miró completamente acojonada y yo tiritaba de pánico.
Nos vestimos rápidamente y corriendo bajamos al salón, Rafael
estaba a su lado, los dos de pies, nos miraban como si hubiéramos echo
algo malo. Sólo habló Paco “EL AMO”, como le llamaban
los campesinos.
Sabes Rafa que tu mujer Ryo y María les gusta ser unas putas?.
Intervine-. Paco por favor deja qu. . . . . .
¡Calla ramera! ¿me vas a negar lo que he visto con mis propios
ojos?
Nos arrancó el vestido a las dos dejándonos con la ropa interior
que acabábamos de comprarnos.
Nos cubrimos nuestras vergüenzas como pudimos. ¿Qué te
parece Rafa?. ¿Son o no son unas rameras?
Rafael no dijo nada, se limitó a decir que si con la cabeza, como los
burros.
Ya que tenéis mucho tiempo libre y os gusta hacer de rameras, he decidido
que lo mejor que podemos hacer es preñaros, así estaréis
más ocupadas y no tendréis tiempo de putear tanto.
( el gran juez había hablado, se creía el juez de sus tierras
y nadie le discutía, la sentencia estaba dictada y no había apelación
posible).
¿Qué te parece compadre?, le dijo a Rafael dándole un
codazo en un costado.
Cojonudo compadre, lo que tú digas.
Pues empecemos y dicho y echo nos arrancaron la ropa y nos dejaron desnudas
y allí mismo humilladas y avergonzadas completamente fuimos jodidas
Ryo y yo. Cuando acabaron de correrse nos dejaron tendidas en el frío
suelo y ellos se sentaron en el sillón, mirándonos y bebiendo
una copa de anís.

Miré a Ryo y vi que lloraba avergonzada en silencio igual que yo.
Nos sentamos en el suelo y nos quedamos quietas, tapando nuestros pechos con
los brazos cruzados. Ellos seguían bebiendo sin parar y hacían
bromas sobre nosotras.
Míralas compadre parecen dos rameras que no han roto un plato en su
vida. Rafa como los burros, nunca le he visto discutir una orden ó comentario
del AMO.
Se me ocurre una idea, dijo Paco. Abrí los ojos como platos esperando
lo peor.
Si se compran ropitas de ramera es porque les gusta ser rameras, No?
Pues a partir de ahora mismo serán nuestras rameras, ¿vale compadre?.
Cuando queramos mujeres de verdad iremos al pueblo de los campesinos.

Rafa estuvo de acuerdo en todo. Se acabaron la botella de anís pero
no estaban borrachos, tenían mucho aguante, nunca he visto borracho
a Paco y eso que bebe como una bestia.
Volvía a tener los ojos rojos y empezó a babear – eso
era malo para nosotras, pensé-. Mira compadre, ¿te gusta esa
puta de negro?.
Si, claro que me gusta.
Quieres follártela?.
¡¡¡Ssiiiiii!!! exclamó Rafa babeando también.
Pues hala ¡¡¡follatela, yo me quedo con la de rojo!!!
Ryo me miró y empezó a temblar, me suplicaba con los ojos,
pero desgraciadamente no podía hacer nada, el Amo nos había marcado
y nada le iba a hacer cambiar de idea.
Rafa me cogió y tiró hacia arriba, me puso de rodillas ante
su sucia y pringada polla que olía mal. Chúpamela puta, vamos
quiero que me la chupes, me ordenó. Hice de tripas corazón, no
tenía más remedio y le agarré el cipote y me lo metí en
la boca chupándolo, ya nos sentía asco si no indiferencia, aprendí a
ser insensible ante estas guarrerias, le mamé el cipote hasta que se
le puso tieso, Paco y él hacían bromas sobre lo bien que la chupaba.
Paco le dijo que me había costado trabajo pero que al final había
aprendido bien.
Pues si quieres disfrutar dile a la puta de rojo que te la chupe, decía
el cerdo de Rafa riendo, esa si que sabe mamar pollas, ya verás.
Mientras Rafa me tumbó en el suelo y me penetraba salvajemente la pobre
Ryo le mamaba el poyon a Paco al tiempo que le hacia una paja con sus manitas.
El cabrón gritaba como un cerdo, no paraba de chillar lo bien que le
mamaban.
Rafa me hincaba su nabo de una manera salvaje al tiempo que un hilillo de saliva se le caía por la boca y me goteaba los pechos, su cipote no tenia el tamaño que el de Paco y eso que era grande también pero no tanto, procuré concentarme en el placer de la follada imaginando a otro hombre, apuesto y que me trataba con dulzura, era la mejor forma de correrme y no sufrir.
Los gritos de Ryo me devolvieron a la realidad, Paco la estaba dando por culo y le costaba aguantar sus embestidas.
Estuvieron jodiéndonos dos horas o más, no lo sé con certeza es como si el tiempo no contara para nosotras, luego ellos eyacularon en nuestra cara y en nuestras tetas. Ryo se llevó la peor parte porque cuando Paco se corre parece un río, la puso perdida.
Quedamos rotas y nuestros cuerpos pringados de semen.
La pobre Ryo tenia la vulva muy hinchada, sus labios estaban inflamados y tiesos además de escozores en el culito. El hijo puta de Paco se dio cuenta y la dijo ponte como los perros que te voy a calmar y el cabrón la meó en el culo descojonándose de risa mientras la pobre Ryo aullaba de dolor.
Rafa riéndose también de la gracia me meó el chocho.
Cuando terminaron se vistieron y se fueron.

Así­ fue como concebí­ a nuestro único hijo, tuve problemas durante el parto y me operaron, me dijeron que ya no podría concebir más, y di gracias al cielo. Siempre me queda la duda de quien es el padre, pero por nada del mundo me atrevería a decí­rselo a Paco.

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