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La humillación / Primera parte

La historia que relato a continuación es real como la vida misma, creo que al contarla una parte de mi se desahogará y podré liberarme de la humillación constante en la que vivo, sometida por mi marido desde hace mucho tiempo. Bueno y mi amiga tambien, por motivos personales prefiero cambiar los nombres,
aunque no creo que mi marido lea esto nunca, no sé manejar este y esto
me lo escribe un amigo, para mí muy especial, me ha prometido que me enseñará.
Me casé muy joven, a los 18 años, era prácticamente una
niña, pero en el pueblo en que vivo mi marido era entonces el mejor
partido que podía aspirar.

Paco –le llamaré así aunque no es su verdadero nombre-,
era un hombre bastante bruto, criado desde pequeño en la rudeza del
campo, ocupado en mantener la enorme finca que heredó de su padre. Tenemos
cabezas de ganado –prefiero no especificar- y tierras de cultivo.
Dinero, afortunadamente no nos preocupa, Paco es tan tacaño que lo
raciona todo, menos la comida de casa.
Paco tenia 23 años y yo 18 cuando nos casamos, desde un principio sabía
que no era tierno ni tenia delicadeza alguna, pero en un pueblo como el que
vivimos, tampoco tiene mucha importancia, la ternura y la delicadeza quedan
un poco para las madres o son cosas de maricones de la capital, como dice él.
El único contacto que tengo con gente es con el capataz de la finca
y con su mujer. – la llamaré Rosa, y yo María -. Rosa es
más joven que yo, como era huérfana el juez le dio permiso para
casarse con 17 años con Rafael, nuestro capataz. Él tenia 24
años.
Para haceros una idea de la vida en nuestra comarca, os diré que en
las tierras de mi marido vive la gente que nos la trabaja y hasta no hace mucho
existía el derecho de pernada, es decir el dueño de las tierras
era el primero que yacía con la novia cuando se celebraba una boda.
Aunque cueste de creer en las tierras de mi marido todavía sucede,
yo no lo he visto pero he oído comentarios sobre ello a la gente del
campo. Ryo me dijo que a ella nunca la había montado, suponía
que como su marido era el capataz la respetaba.
Rosa es morena como yo, tenemos el pelo muy negro. Y de nuestros cuerpos que
queréis que os diga, yo creo que sin ser modelos si estamos apetecibles
(buenas zorras para joder y preñar como dice mi marido).
En los primeros meses de matrimonio me fui dando cuenta de cómo era
Paco. Un bestia en todos los sentidos, pero era bueno conmigo todavía,
no es que sea malo ahora.
Una cosa que quiero aclarar es que NUNCA JAMÁS, me ha pegado. Ni que
se le ocurra porque cojo el azadón y le corto en dos.
Al principio todo iba bien –relativamente-, me ocupaba de la casa que
es muy grande aunque Rosa me ayuda en las tareas, lo malo era por la noche
cuando nos íbamos a la cama. Poco a poco Paco se convirtió en
la bestia que lleva dentro y su despotismo y su tiranía la utiliza con
todo el mundo, sin control, le da igual.
La noche que me desvirgó fue una pesadilla para mí. Yo era una
inexperta en el sexo, ni siquiera había tenido relaciones de novios,
Paco me respetó hasta que nos casamos, nunca intentó propasarse
conmigo y mucho menos tocarme. Me desnudé en el baño y me puse
el camisón que me compré con todo cariño, para esa noche.
Era rojo y transparente, en la capital me dijeron que era lo que se llevaba
y que a mi marido le encantaría.
Joder, no conocen a Paco, cuando salí del servicio, estaba en la cama
fumando sólo con los calzoncillos. Me miró con ojos de lobo,
se lamía los labios y me entró un poco de miedo, sobre todo cuando
me fijé en el enorme bulto que tenia en sus calzones.
Ven aquí niña, me ordenó –Paco no pide, ordena
y se cumple-, con ojos de deseo pero que a mi me asustaban. Ahora vas a conocer
a un hombre de verdad.
Temblando me aproximé a él, me agarró de los brazos y
me tumbó sobre su pecho, clavando el enorme bulto en mi vientre.
Has visto alguna vez un cipote de verdad, niña?.
¡¡¡No!!!, te lo juro, dije asustada.
Pues mira y se arrancó los calzones. Dios bendito lo que apareció ante
mis ojos, tenia un miembro enorme y muy gordo, parecía más la
tranca de un burro que la pija de un hombre. Por lo menos le media 30 centimetros
de largo y 7 o 8 de ancho, su miembro era descomunal.
Empecé a sentir pánico pensé que me iba a destrozar con
su cosa y se me saltaron las lagrimas.
No llores mujer que todavía no he empezado, déjalo para luego.
Me dio unos ánimos. . ..
Vamos no tengas miedo, tócamelo niña, me ordenó con voz
ronca.
Acerqué mis manos temblorosas, me daba miedo tocarlo, pero al fin se
la agarré, la sentí durisima como si hubiera cogido el palo de
un pico, igual. Me quedé agarrada a su estaca sin saber que hacer.
Joder, niña es que no sabes que hacer?. No te han enseñado a
dar gusto a un hombre?.
No, dije asustada.
Yo te enseñaré, gritó. –tiene un vozarrón
tan fuerte que cuando habla, parece que grita-.
Me sujetó la otra mano y la puso en su estaca también, luego
me sujetó las manos y me obligó a subirlas y bajarlas por su
cipote mientras se reía diciendo que parecía un mamporrero de
bestias (burros). Estuvo un rato así hasta que me soltó y lo
hice yo sola, me daba asco sobre todo cuando le veía la punta al bajarle
la piel, la tenia de color morado y le olía a meaos.
Noté como se le hinchaba de gusto. Así niña sigue.¡¡¡ Ahora
chúpamela!!!.
Me sobresalté, acerqué mi cara pero no pude tenia algunos pelos
pegados en la punta y el olor a meaos era repugnante, me dieron arcadas.
¿Qué pasa no me la vas a chupar?.
Es que me dan arcadas, huele mal.
No dijo nada pero puso cara de mala leche. A tirones me arrancó mi
precioso camisón y las bragas, me dejó como mi madre me trajo
al mundo, me cogió las piernas y me las abrió tanto que me empezaron
a doler las ingles, me olió el chumino. Aahhhh, dijo, huele a hembra
caliente.

No entendía lo que quería decir, pero sentí como me mordía
los labios de la vulva haciéndome daño, me la escupió restregándome
su saliva y frotó mi clítoris con sus dedazos sucios, metiendo
dos en mi vagina. Jugó con ella metiéndolos y sacándolos.

Sentía repulsión, hice un esfuerzo por controlar mis nauseas.
Pero lo que no sabía era que lo peor estaba por llegar. Cuando se cansó de
jugar con mi chochito, me alzó las patas, y empezó a meterme
esa monstruosidad que tenia tiesa. Ahora vas a saber lo que es un hombre, no
hacia más que repetírmelo. Noté como empujaba y a cada
empujón su enorme polla me destrozaba por dentro, pero de pronto el
dolor se hizo más intenso, insoportable, sentí que me rompía
por dentro, intenté mirarme y vi que su pollaza manchada de sangre,
me asusté mucho y chillé con todas mis fuerzas rompiendo a llorar.

¡¡¡
Calla zorra!!! que no es para tanto, sólo te he roto el virgo verás
como a partir de ahora te gusta mucho, me decía el muy bestia.

Seguía penetrándome con mucha fuerza pero el dolor no se me pasaba,
me quedé quieta respirando hondo y llorando, deseaba que aquel martirio
terminara cuanto antes.
Se paró cuando noté sus huevos muy apretados contra mi culito.
me sentí extraña con toda esa cosa clavada dentro de mí,
notaba sus latidos, como si fuera un animal con vida propia que se hinchaba
más y más. La sacaba y la metía otra vez, así estuvo
bastante tiempo. Ya no sentía dolor. Era una sensación nueva
para mí, contra más fuertes eran sus pollazos más gusto
sentía dentro de mi chochito, me negaba a reconocerlo pero mi cuerpo
no me obedecía seguía notando gusto. Me estuvo jodiendo mucho
rato y empecé a comprender que lo que sentía ahora era muchísimo
placer, más del que yo quería hasta que sentí un gusto
enorme, era como si se me fuera a parar el corazón, tenia temblores
y me abandoné a esa sensación desconocida chillando y jadeando.
¡¡¡Lo ves, zorra!!! todas sois iguales, primero os quejáis
y luego os corréis de gusto.
Me relajé pensando que todo había terminado, si siempre iba
a ser a sí no lo entendía. Me volví a equivocar por completo,
me dio la vuelta manejando mi cuerpo como el de una muñeca y me puso
como los perros, el miedo volvió a mi cuerpo no entendía que
pasaba ahora.
El muy cerdo me chupaba el culo como si fuese un helado, volví a sentir
asco, era repugnante lo que hacia sus babas me escurrían por los muslos,
noté su rabo en mi culo y grité.
No, no, no, por favor más daño no, de nada sirvió que
le suplicase estaba decidido y lo hizo, me dio por culo como el decía,
el dolor fue tan insoportable que me mareaba y apunto estuve de desmayarme,
me entraron nauseas, pero seguía jodiéndome el culo, no pude
soportarlo más y vomité. Eso le hizo pararse y me la sacó manchada
de sangre.
Con el tiempo también te gustará, ya lo verás, me dijo
como advertencia.
Por lo menos hazme una paja mamporrera, ya que todavía sirves para
joder.
Le agarré su gran nabo con las dos manos y se lo moví arriba
y abajo hasta que de su punta empezó a manarle la leche a chorros salpicándome
en la cara.

Parecía una fuente arrojando leche no paraba, el cerdo me babeó en
la tripa mientras se corría.
Cuando dejó de salirle leche se levantó, me miró y me
dijo con ese vozarrón que tiene: vete a lavar chiquilla das asco. Contemplé mi
cuerpo dolorido, escocido, ensangrentado y pringoso de semen y me eché a
llorar camino del servicio.
Cuando se lo conté a Rosa al día siguiente me consoló.
Por suerte para ella su marido no tenia un miembro tan grande, pero de todas
formas ya verás como con el tiempo te acostumbras y no sentirás
dolor. Le agradecí sus palabras pero no me consolaron.
Como podéis leer mi noche de bodas más que consumar el matrimonio
casi fue una violación, pero Ryo tenia razón a los seis meses
mis agujeros estaban tan dilatados que no me dolía cuando me penetraba,
poco a poco me fui acostumbrando a su tamaño y con picardía me
las ingenié para obtener placer, la verdad es que me daba mucho.

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