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La piscina

Me encontraba de vacaciones con mi familia, y todo transcurría muy normal; ir de compras, días de playa, salir a comer… Hasta ese día que me motiva a contar esta historia.

Era una mañana soleada de esas que dan la sensación de un día perfecto,  un día de esos en que presientes que todo te va a salir bien.  Ante tanto esplendor decidimos cambiarnos, ponernos los trajes de baño y ¡A la piscina!.

Llegamos a una hermosa piscina con una cascada y nos instalamos en una mesa dispuestos a pasar un agradable día. Por mi parte, decidí iniciar una caminata por los alrededores con la idea de conocer las instalaciones “entre otras cosas”. Como se imaginarán mi única intención no era ver las zonas adyacentes a la piscina, sino quienes estaban allí y para mi disfrute y el deleite de mis ojos. Unas gotas de colirio no se hicieron esperar cuando, al dirigir mi mirada hacia el bar; observé sentado tomando un trago a aquel monumento de hombre blanco tipo irlandés; era como ver un oso polar en pleno trópico: de unos 50 años y más de 100 Kg cuyo cuerpo era cubierto por una alfombra de vellos claros y entrecanos. Era increíble lo que veía. Su cara cubierta por una espesa barba que se unía a unos bigotes que apenas dejaban ver sus labios, eran coronados con una calva que le añadía más sensualidad. Para no dejar nada por describirles, este peluche; como es normal en ese sitio, se encontraba en bermudas y camiseta sin mangas para hacer alarde de ese deseable cuerpo.

Fue imposible que mi mirada no fuera atrapada de inmediato, pero lo mejor es que fue recíproco. El también me respondió con sus tremendos ojos azules y en ese cruce de miradas sentí una oleada de energía por mi cuerpo… como si algo me temblara en el estómago. Fue mágico.

Me sentía ansioso de establecer contacto con el oso polar, pero no me atrevía a ser tan directo, por lo cual me acerqué a la barra a tomar una ginebra para entonarme un poco y me senté quedando justo enfrente.  Al cabo de un rato de miradas, pensé ir hacia el vestuario y mantuve fija la mirada insinuándole, que me siguiera, y afortunadamente captó el mensaje.

Estaba yo en el urinario cuando él entró y, a pesar de estar todos vacíos; se ubicó justamente a mi lado. Al colocarse me miró fijamente a los ojos queriéndome decir que me deseaba tanto como yo a él y en eso bajó la liga del bermuda y sacó aquel miembro espectacular como de 19 ó 20 cms. y tan grueso como puedan imaginarse con una cabeza roja y grande que provocaba saborear y lamer sin descansar. Además no conforme, sacó también un par de bolas de tamaño descomunal. Obviamente, yo también lo miré desde arriba hacia abajo y detuve mi mirada en aquel miembro.  Percatándome de que no había nadie más en el vestuario puse mi mano en su guevo y comencé a acariciar sus bolas, sus pelos y a masturbarlo; que divina sensación aquella. La tentación fue más fuerte que yo y me arrodillé enfrente a él para chuparlo y tratar de meterlo todo en mi boca mientras él tomaba mi cabeza entre sus grandes manos y me hacía movimientos alejándome y acercándome llegándome su miembro a mi garganta. Yo disfrutaba de aquello a la par de que lo veía de reojo en el espejo.

Pero, repentinamente me levantó, me tomó entre sus brazos y me dijo “Esto es demasiado bueno para hacerlo así, rápido. Te espero en mi cuarto. Es la habitación 314”.

Sin dudarlo fui y le dije a mi familia que estaría un rato en el sauna, pues sabía que allí no me iban a buscar, y luego me fui directo al tercer piso.

Pensaba que ya lo había visto todo de mi oso, hasta que abrió la puerta del cuarto y se encontraba allí ese hombre, únicamente con unos interiores negros tipo tanga que dejaban ver completamente aquellas carnosas y grandes piernas completamente peludas, y unos hermosos brazos, barriga y pecho peludo como una suave y exquisita alfombra.

Enseguida entré y tras cerrar la puerta me abrazó y salvajemente nos besamos. Casi me arrancó la ropa hasta quedar completamente desnudo. Fui besando su pecho, luego su barriga hasta llegar al interior que le quité con los dientes, mientras chupaba su guevo, sus nalgas y su gran espalda. Pasamos a la ducha y bajo el agua entre besos y mordiscos me empezó a enjabonar, especialmente entre mis nalgas donde comenzó a rozar su miembro arriba y abajo mientras con su mano me masturbaba. ¡Que excitación!¡Que delirio!

Así mojados salimos y nos lanzamos en la cama. Yo me acosté sobre él para besar cada parte de todo su hermoso cuerpo, hasta llegar a lamer sus bolas gigantes y luego a chupar su guevo. Mientras lo chupaba me volteé y coloqué su cabeza entre mis piernas para hacer un espectacular 69. De repente dejó de mamar mi guevo para meter su lengua en mi ano; fue indescriptible sentir su lengua moviéndose en mi culo y el roce de lo áspero de su poblada barba y bigotes. Sentí estar en el cielo.

Casi sin fuerzas me acosté boca arriba y él se puso de rodillas al frente de mí y me abrió las piernas para meterme aquella verga en forma brutal, sentí que me llegaba al estómago y comenzó a sacudirme con todas sus fuerzas, era divino sentir aquel gigantesco animal dentro de mí a la vez que él apretaba mis brazos y luego mis pezones con sus grandes manos. Era un semental. Un verdadero macho.

Yo me comencé a masturbar, y él con toda su experiencia parecía haber adivinado el momento en que yo acabaría… justo entonces lo sacó y masturbándose acabó a borbotones a la par de mi sobre mi barriga y pecho. Entonces sentí como litros de toda esa leche caliente caían sobre mi piel, regándola con sus grandes manos y después lamiéndola con su lengua para luego acostarse sobre mí y darnos un gran beso mezclado con el semen de ambos.

Así pasamos un rato y como si hubiese sido poco, bajó y comenzó a mamar mi guevo como queriéndolo devorar. Sentía que se quemaría en aquella hirviente y húmeda caverna que era su boca. Era increíble pensar que aquel gigantesco hombre con aspecto tan viril era capaz de mamar un guevo en forma tan exquisita. Lo metía completo en su boca y luego jugaba con su lengua justo en la punta a la par de que introdujo uno, luego dos y después tres de sus gruesos dedos en mi culo, moviéndolos dentro casi llevándome a la locura. Fue tanta la efusividad que me hizo acabar nuevamente y en ese momento hizo que llenara toda su cara de semen. Su barba y su boca estaban llenas y nuevamente me besó como para dejar una huella imborrable en el tiempo.

Lamentablemente mi familia y yo salíamos del hotel al siguiente día y esto no podría repetirse, pero me dio su teléfono… tiempo después sólo hemos podido conversar, ya que nos separa una gran distancia.

Aquel momento ha quedado plasmado en mi mente y sólo recordarlo hace que mi guevo se pare, comience a babear y mi culo empiece a latir.

Mi oso polar, no pierdo la esperanza de volver a estar contigo y repetir ese momento.

Jack

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