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La isla

Mi padrastro es propietario de un autobús con el cual sirve, en combinación con una agencia de viajes; a grupos de turistas extranjeros que visitan la isla. El mismo lo conduce y ha ganado fama de ser uno de los que mejor servicio presta…sobre todo entre las damas visitantes, quienes al regresar a sus países lo recomiendan ampliamente con sus amigas por su simpatía, su porte robusto, su pinta de “latin lover” bronceado, peludo y bigotudo y…algo más.

El vive solo en la isla, es decir, mamá y los hijos vivimos en tierra firme, pues mi mamá opina que esa isla, con tantos casinos, hoteles, playas nudistas, discotecas, putas exóticas y turistas desatados no es buen lugar para criar hijos decentes. Así que mi padrastro nos visita cuando puede, pero el distanciamiento con respecto a Mamá es cada vez más evidente.

Yo terminé hace poco la secundaria, y, mientras decido qué voy a hacer con mi vida, opté por tomarme unas largas vacaciones haciéndole compañía a mi padrastro. Ya tengo 20 años, y aunque legalmente no estaría autorizado para manejar un autobús (hay que tener 21), lo cierto es que lo hago, pues por mi estatura, vellosidad y contextura gruesa, aparento más edad. Así ampliamos el negocio, dice  mi padrastro, al trabajar los dos turnos. El lo conduce por las noches, llevando a los turistas a los restaurantes, casinos y discotecas y yo lo hago por el día, llevándolos a las playas, tiendas y sitios históricos.

Un día cualquiera entré a su habitación a buscar las llaves. No tenía ningún “tour” ese día, pero quería llevar el bus a hacerle servicio técnico. Por acuerdo previo, mi padrastro, al regresar a casa de madrugada, deja las llaves sobre la cómoda y yo, sin necesidad de despertarlo a la mañana siguiente, las tomo, me voy a trabajar y luego nos vemos a la tarde.

Al entrar me encuentro con que mi padrastro, acostado de espaldas, se está cogiendo a una rolliza rubia de un poco más de 30 años, la cual está sentada a horcajadas sobre su verga. Sin saber qué hacer, y ya que nadie me manda a que me salga, me quedo como un idiota a ver la película.

Minutos después, mi padrastro está lanzando un profundo y largo gruñido, señal inequívoca de que está eyaculando hasta las bolas, pero la gringa (más bien canadiense) que está sobre él dice algo que suena a “Oh shit!” y desmonta con la actitud contrariada de quien, después de subirse a un elevador y darle al botón, se da cuenta de que hay un letrerito que dice “NO FUNCIONA”.

Por primera vez en mi vida puedo ver la principal razón del éxito de mi padrastro entre las damas extranjeras, quienes llegan muchas veces hasta con tarjetitas de recomendación en distintos idiomas. No es que sea una verga de monstruo, aunque es grande, más o menos del tamaño de la mía, pero algo más gruesa y curvada hacia arriba como una banana y con un enorme escroto similar a un aguacate (no, no soy vegetariano).

Mientras termina de sacarse el semen que le queda en la verga, Mi padrastro me guiña un ojo y me señala a la gringa con la mirada. Ella, con cara de frustración, finge que le queda algo de pudor y se cubre las tetas y la “conchita” con las manos. Evidentemente es una de esas turistas que solicitan servicios especiales y que después del cierre de la discoteca o del casino no descienden del bus en su hotel sino en la cama de mi padrastro.

Yo sabía, por cuentos de otros conductores que eso ocurría, pero no había tenido oportunidad de confirmarlo hasta ese momento. Pero también sé que él no se va con cualquiera, tiene que gustarle la hembra y que luego lo hace tan bien que siempre recibe excelentes propinas o regalitos muy costosos, lo cual, por lo que acabo de ver, no va a ocurrir en este caso.

La mirada pícara de mi padre me envalentona, así que me desnudo a la velocidad de “Flash” y me subo a la cama con ellos. La gringa (en realidad era canadiense) sonríe y se relame los labios. Mi padre me dice: “Ella es Mary, pero podría ser Betty, Peggy, Mary o Judy; es lo mismo, todas son igual de calientes, aunque ésta debe ser además cobradora de impuestos… ¡Nunca tiene suficiente!

¡Ayúdame mijo, que esta mujer es insaciable y yo ya no doy más!”

Mary, si es que ese es su nombre, separa las piernas, mostrando una hambrienta y roja granada entreabierta y depilada y se mete un dedo allí, metiéndose otro en la boca y me mira fijamente la verga rígida con sus azules ojos suplicantes. Yo me lanzo de cabeza, dispuesto a salvar el honor de los machos del país y la hago que se ponga en cuatro patas, meto la cara contra aquella cueva fogosa y comienzo a meterle la lengua muy adentro. Pero a medida que voy lamiendo y mordisqueado suavemente sus grandes labios y buscando alcanzar su clítoris, caigo en cuenta que mi padrastro acaba de eyacular allí mismo y que buena parte de lo que me estoy tragando… es su leche de toro.

¡Misterios de la vida! Lejos de darme un asco horrible, como hubiese ocurrido 10 minutos antes, ese pensamiento me produce una excitación tremenda. Sigo lamiendo y metiéndole dedo con una pasión volcánica y la gringa (¡era canadiense!) ya da gritos de éxtasis, gimotea, ulula como ambulancia y se retuerce como un pez fuera del agua. Mi padrastro por su parte ayuda mamándole las tetas.

“Please! Oooh! Pleeease…!” Mary pide a gritos el garrote vil que ponga fin a sus penas. Me incorporo y le meto la verga de un solo golpe, hasta el fondo y pensando que la verga de mi padrastro había estado allí mismo minutos antes, procedo a darle a la raja de la gringa (¡Coño! ¡canadiense!) un redoble de vergazos que tiene que haberle aporreado el cuello del útero.

La tipa ya amenaza con morirse y se viene en un orgasmo múltiple que parece terremoto, donde lo único que falta es que eche espuma por la boca. Mi padrastro está acostado a su lado y cuando yo siento que me vengo, rápidamente saco mi verga y, aunque no era mi intención, eyaculo como “jet” y baño los muslos, la verga y las bolas de mi padre con dos tremendos chorros de esperma.

Dejo a la gringa (canad…bueno ¡está bien! ¡gringa!) agonizando en su “muerte chiquita” y sin pensarlo dos veces, me lanzo sobre la verga y las bolas de mi padrastro a lamerle el semen -el mío- que tienen encima.

El no opone resistencia, aunque me mira muy sorprendido y yo, después de terminar mi “limpieza”, le corro hacia atrás el prepucio, me meto su flácida verga en la boca y me dedico a mamarsela como un becerro. Después de haber pasado toda la noche tirando, Mary duerme extenuada y el pene de mi padrastro no está en condiciones de ponerse completamente duro otra vez por un buen rato.

Primera vez en mi vida que me meto una verga en la boca y para colmo, la que hace gozar a mi madre. Pero al dueño tampoco parece disgustarle mucho el asunto, pues más bien se abre de piernas para que le lama también el culo y las bolas hasta dejárselos bien ensalivados. Mi padrastro suelta una risita tonta (algo así como “¡Je Je Je! “) y dice, como si hablara consigo mismo:

“¡Ahora sí que me jodí yo! ¡No pude cogerme a una gringa como Dios manda y encima descubro que tengo un hijastro entendido! ¡Seguramente va a terminar cogiéndome a mí también!”

Y dándose la vuelta, se coloca panza abajo, cruzando ambos antebrazos debajo de su cara.

Algo en sus palabras o el tono en que las dice me indica claramente qué es lo que él quiere…

Me arrodillo entre sus piernas, separo sus nalgas con la punta de mis dedos y meto la cara en su culo peludo, lamiéndoselo y ensalivándoselo más aún, le meto una almohada debajo de la panza peluda y me acuesto sobre él. Nuevamente tengo una erección de antología.

Tengo tanto liquido preseminal en la cabeza de mi verga y hay tanta de mi saliva en su culo que no es necesario ponerle vaselina. Coloco la punta de mi pene en su agujero y antes que él pueda protestar, su profecía comienza a cumplirse. Le empujo la verga lenta e inexorablemente, hasta tenerlo bien calzado, aunque él grita todo el tiempo como si lo están partiendo en dos.

¿Mary? ¡Ni pendiente! Duerme como un tronco. ¡Hasta ronca! Apoyo mis codos en la cama a ambos lados del torax de semejante macho, meto los brazos bajo sus axilas y comienzo a darle unos vergazos que ya los hubiera querido Mary en su coño. Me contengo unos segundos y vuelvo a comenzar. Por sus quejidos, cualquiera diría que lo estoy matando. Al ratito ya estoy acabando en su recto. Mientras bramo de placer y le meto la verga lo más que puedo para descargar mi próstata, él suelta un gruñido estentóreo, indicio inequívoco de que también está experimentando un orgasmo y me dice entrecortadamente:

“¡Hijo de puta! ¡Cabrón!…¡Aaagh!… ¡Me desvirgaste! ¡Tengo el culo como…como boca de payaso!… ¡Me hiciste!…¡Ugh!… ¡Acabar otra vez! Y lo peor es que… ¡me gustó… me gustó mucho!”

Ya aliviado, apoyo mi cara en su nuca. Es deliciosa la idea de estarme ahí tranquilito, jadeando con el palo metido en ese culo peludo y robusto, sabiendo que soy el primero…¿será cierto? El sueño lo vence, tanto como a la gringa y yo también siento que me voy adormeciendo. Lo desmonto, le beso las nalgas y el ano, que aún asoma algo de mi leche y mi saliva, me acomodo entre él y Mary y también me duermo.

Nos despertamos cerca del mediodía. Mary ya no está, tampoco su ropa.

Sobre la cómoda, junto a las llaves del bus, hay una nota con un beso estampado en lápiz labial.

Me levanto a leerla:

“Dear Gentlemen: I´ll never forget you both. What a wonderful team! Thanks a lot! W.”

“¿Cómo?” le pregunto a mi padre, mostrándole la notita: “¿Ahora resulta que Mary se escribe con doble ve?”

“Bueno…” responde él “Tal vez ésa era Wendy, o Winnie, no sé…”

“¡Y… mira!” agrego yo “¡Cien dólares, de los nuevos!”

“Lo que debe cobrar una puta allá.” dice Mi padrastro, sobándose el culo con una crema refrescante.

“Quédate con ellos, que aquí el puto más grande eres tú…¡Capaz de cogerte a tu padrastro!…

Eres muy bueno cogiendo machos… Tom, Dick y Harry… ¡bien cogidos! (hace un ademán muy gráfico con ambos brazos flexionados y los puños cerrados)… serían capaces de dar mejores propinas”

Y de pie detrás de mí, separa mis nalgas con ambas manos y apoyando su verga erecta en mi ano, agrega: “Podríamos… ampliar aún más el negocio…”

Mamá tiene razón. Esta isla no es el mejor lugar para criar hijos decentes.

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