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Encuentro inesperado

Voy a comenzar este relato haciendo una reflexión.  En mi caso en particular y supongo que este será el caso de muchos otros, se siente una gran frustración cuando encontramos o vemos a alguien que realmente nos gusta;  que en ese momento nos mueve el tapete, con quien quisiéramos estar en la intimidad y talvez la vida entera, pero esta persona se nos va, por el estigma que conlleva, el enamorarse o desear a alguien del mismo sexo, es decir el ser diferente;  no podemos expresarnos libremente y decirle lo mucho que lo deseamos y nos gusta.  La atadura social que esto significa, conlleva a que, aunque la persona objeto de nuestro deseo, a veces por intuición nuestra o por algunas actitudes que toma, sabemos que no le somos indiferentes, pero por lo mismo anteriormente expuesto pone un muro infranqueable que hace imposible el poder intentar el llegar a algo.  Que diferente seria el que se viera normal el que un hombre conquistara a otro hombre.

En fin, muchos ejemplares masculinos, que se dicen muy machos, y que aseguran jamás estarían con un hombre en la intimidad, se muy bien que en lo mas profundo de su ser, ansiaron mas de una vez, cogerse a otro hombre que les atraía, y triste es pensar que morirán sin haber disfrutado alguna vez, de ese hombre al que desearon con todas las fibras de su ser, pero que por perjuicios no se dieron el gusto y el placer.

Terminada la reflexión, debo decir que en lo que ha mi concierne, yo soy adicto a los hombres gordos;  no se porque razón pero no me atrae otro tipo de hombre;  pueden ser súper hermosos, de acuerdo a lo que la mayoría entiende por belleza, puesto que la concepción de belleza no la compartimos de igual manera todos los seres humanos, pero en la actualidad debe entenderse con cuerpos esbeltos o musculosos, o delgados como hueso;  este tipo de personas a mi no me dicen nada;  no hay como un gordito simpático y sabroso.

En fin, estaba yo un viernes, regresando de un viaje que había hecho a un municipio cercano a la ciudad donde vivo.  Venia yo en el bus sentado en un asiento para tres completamente solo, ya que el bus estaba medio vacío;  yo iba contemplando el grandioso paisaje, de la vegetación de la costa de mi país, y cuando el bus hacia sus paradas para subir o bajar pasajeros, echaba siempre una mirada para ver si de repente miraba “algo” que valiera la pena (es decir una persona gorda de sexo masculino).

No había tenido suerte, y el viaje seguía, cuando en uno de los pueblitos que hay en la carretera, un hombre le hace la parada al bus.  Este comienza a frenar y el que hizo la parada empieza a correr para abordarlo.  Este individuo era el tipo perfecto para mi gusto;  lucía muy bien, era un hombre regordete, con su gordura bastante voluminosa y bien proporcionada;  todo un atentado a la lujuria, sus piernas, culo y paquete, se marcaban en el pantalón de lona que llevaba, dejando ver su exquisita figura, y sus brazos que estaban desnudos puesto que llevaba una camisa de manga corta, eran también dos gruesos pedazos de carne que provocaba besárselos y contemplarlos embelesadamente;  su piel morena clara, se miraba húmeda y fresca;  su pelo color negro y liso;  su cara rellenita, simpática, era un verdadero manjar para la mirada.

El subió al bus, mientras decidía donde se sentaba, yo disimuladamente seguía contemplándolo.  Finalmente el se sentó, y yo solitario como siempre, volví la vista al impresionante paisaje natural, procurando calmar mi ardiente y excitada imaginación.

Pasados unos minutos, note que el hermoso ejemplar de osito que se había subido, cambiaba de lugar;  a los quince minutos cambio otra vez de lugar, pero al levantarse me vio y me sonrió.  Eso fue algo que me dejo muy desconcertado;  a mi nunca, un hombre me había sonreído así y tuve un leve presentimiento, de que ese iba a ser un día inolvidable para mi;  además en mi país eso de los gays, o cosas por el estilo, es algo que hace pegar a mis paisanos gritos en el cielo y condenar al culpable hasta de lo que no esta escrito.

Pero bueno, no habían pasado cinco minutos, cuando el se paro y se fue a sentar junto a mi;  el solo hecho de tenerlo cerca hizo que mi tranca se llenara de sangre y deseo, pero yo hice como si nada y sentía que el me miraba.

Siguió el viaje y el poco a poco se fue encorvando en el sillón, quedándose dormido.

Pero…  ¿¡¡¡QUE PASA!!!?- dije para misa adentros cuando sentí que me rozaban la verga.  Y entonces fue cuando vi que mi “compañero de viaje”, con el codo de su brazo era el que me la rozaba con un rítmico movimiento.

Yo no podía creer lo que estaba pasando, mi corazón retumbaba dentro de mi pecho con violencia, estaba excitado y daba infinitas gracias puesto que pensé que algo así como lo que estaba pasando e iba a suceder posteriormente, le podía pasar a cualquiera menos a mi.

Yo sin pensarlo dos veces abrí mis piernas y entonces el ni lento ni perezoso me agarro fuertemente la verga;  yo inmediatamente deslicé mi mano también entre sus piernas y comencé a palpar una verga dura como piedra y de respetables dimensiones.

En lo que restaba del trayecto, fuimos tocándonos cuanto podíamos, haciéndolo por supuesto muy discretamente y sin dirigirnos la palabra.  Solo nos mirábamos y sonreíamos.

Llegamos a la ciudad y el me pregunto:

-¿En que lugar va a bajar? (sentí algo extraño que me tratara de usted), a lo que yo respondí:

-En la ultima parada antes de llegar a la terminal.

-Allí bajo con usted yo también.  –me dijo.

Bajamos, y me comento que se llamaba Carlos, y que venia a la ciudad en plan de negocios;  yo le dije mi nombre y lo que hacía.

Siguió manifestándome que era un hombre solo y que había salido dispuesto a encontrar a alguien con quien tener una bonita relación, y que se había tenido que arriesgar a que le partieran la cara, usando la treta que utilizo conmigo;  me pregunto además si yo era casado o si tenia novia a lo que le respondí que no.

Cuando lo vi – me dijo- pensé que podía ser como sacarse un premio si podía estar con usted, yo solo acerté a sonreírle.

Yo no sabia que decir o hacer, ya que nunca me había pasado una experiencia similar, estaba como atontado, me comportaba como un idiota y eso que me considero un hombre templado, muy centrado y analítico.

El me dijo que lo siguiera y nos fuimos a un Centro Comercial, directamente al baño (no me gusto mucho la idea debo decir);  entramos los dos a uno de los sanitarios, y al solo cerrar la puerta, el me abrazo con locura y desesperación, haciéndolo yo del mismo modo;  nos besamos como nunca jamás me he besado con alguien, fue un beso largo y profundo, durante el cual nos tocamos y metimos mano en todo el cuerpo, el uno al otro, yo sentía que estaba en el cielo, en una dimensión desconocida en la que el placer furioso y carnal, se entremezclaba con la gran satisfacción de estar con alguien que te agrada sobremanera y que te desea tanto como tu lo deseas.

El se quito la camisa y me quito la mia;  yo le desabroche el cinturón, el pantalón y se lo baje con todo y ropa interior e hice lo mismo conmigo;  al verlo así desnudo,  maravilloso con su gordo y exuberante cuerpo, no me pude contener y lo abrace con todas las fuerzas de que era capaz, besándolo desesperadamente, siendo el reciproco conmigo, y de repente me dijo:  -mi amor, lo quiero-, eso fue algo que me llego al corazón, ya que fue la primera persona en mi vida que me ha dicho algo semejante, yo no acertaba a decir nada.

En eso, oímos que entraban al baño otras personas.  Yo me quede petrificado, ya que como lo comente antes, en mi país son extremadamente prejuiciosos con respecto al tema, y pensé que si nos miraban en lo que estábamos, la íbamos a pasar muy mal, pero Carlos, no podía contenerse, y así me lo decía;  el me seguía besando y acariciando sin cesar, y al hacerlo gemía;  yo estaba quieto y tenia agarrada su gran y dura verga en mi mano, sintiendo la mas profunda ansiedad.

Gracias a Dios, las personas salieron y no paso nada;  yo sin embargo, aunque deseaba seguir con toda mi alma en lo que estábamos, pudo mas mi miedo, de saber que estábamos en un lugar publico y que alguien conocido me podía ver, puesto que debo aclarar que nadie sabe mi gusto por los hombres, ni mis conocidos ni familiares, y talvez es un error pero no puedo decírselos.

Yo le dije a Carlos que paráramos, que ya no podía seguir, y el muy comprensivamente acepto.  Después me dijo:

-Quiero acompañarlo hasta su casa, porque quiero saber donde poder encontrarlo.

Yo un poco molesto y sin poder pensar coherentemente le dije, que no y que si convenía nos íbamos a encontrar otra vez;  diciendo esto di la vuelta y apresuradamente me marche, sin darle un ultimo beso, ni siquiera un adiós.

Fui un cobarde, y ahora me arrepiento de veras de no haber hablado mas con el, o de quedar encontrarnos en algún lugar;  son mis impulsos arrebatados, los que hacen que casi siempre me arrepienta de mis actitudes.  Yo me porte totalmente cortante y frío, ahora lo reconozco, y recuerdo por su semblante que esto a el de veras le afecto.

Hasta el día de hoy no lo he vuelto a ver y sigo solitario como siempre.  Recuerdo casi todos los días, este encuentro, y aunque no llegamos a culminar nuestro intimo encuentro, rememoro con gran intensidad el inmenso placer que experimente en esos fugaces momentos.  Quisiera encontrarlo nuevamente y hacer con el él amor, cogermelo, mamarle la verga, besarlo, gozármelo, dándole satisfacción, placer y amor.

Quisiera encontrar a ese gordo, a ese oso que se que es para mi.  Además quisiera compartir sus opiniones, y entablar amistad con los que se dignen a leer este relato o el otro que he escrito, mi e-mail es oram_74@yahoo.com.mx les prometo que la respuesta a sus mensajes es segura y quisiera despedirme de ustedes con una frase que me gusta mucho EL HOMBRE QUE PIENSA QUE ES FELIZ, ES PORQUE HA DEJADO DE SERLO.

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