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En la tienda

Desde hace algún tiempo acostumbro efectuar mis compras en un centro comercial cercano a mi casa, y a excepción de alguna que otra vez he visto hombres interesantes, algunos maduros y con sus barriguitas que no están nada mal, paseando con su familia o las veces que me he metido en el baño a orinar y curiosear hacia los lados en los otros urinarios, realmente no había pasado algo de mayor importancia.

Sin embargo un mes atrás se despertó mi curiosidad al ver al nuevo dueño de una tienda de equipos electrónicos mientras se encontraba parado en la puerta del negocio. Era alguien no fácil de describir, un hombre viril en el estricto sentido de la palabra; de aproximadamente 45 años, de pelo negro con unos toques plateados en sus sienes que matan a cualquiera, unos bigotes negros muy poblados que tapaban su labio superior y en su pecho toda una selva de pelos negros lisos entremezclados con ciertas canas que brotaban de su camisa, que por cierto llevaba abierta hasta el tercer botón. Dejaba ver una pronunciada barriguita que provocaba comerse. Era casi una tentación premeditada.

Sin hacerse esperar, mi imaginación rápidamente comenzó a volar y mi pene se paró firme ante semejante majestad, aunque en verdad el aspecto tremendamente varonil de este hombre no me daba muchas esperanzas de que pudiera satisfacer mis fantasías, pero si no se arriesga ni se gana ni se pierde.

Por lo tanto, decidí entrar en la tienda con la excusa de ver y comparar precios de un par de teclados. Después de un rato mi objetivo se acercó para ofrecerme ayuda. Entre probar los aparatos, tocar teclas y tal, hubo algunos roces con esas manos tan peludas que particularmente me hicieron sentir corriente hasta en el ano. Luego hablamos de algunas trivialidades y me retiré ya que estaba su ayudante y no quise despertar ninguna sospecha. Sentí que había cierto “feeling” entre los dos y eso me gustó. Tenía que volver allí, no podía desperdiciar lo que pareciera haber comenzado…

A la semana siguiente regresé para comprar un reloj (que por cierto no necesitaba), pero esta vez entré a la tienda faltando un par de minutos para la hora de cerrar y tal como yo esperaba que sucediera, mi hombre le dijo al ayudante que podía irse que él me atendería, a la vez que cerraba la puerta. Sentí que había ganado parte de la batalla.

Me acerqué a la vitrina interna donde estaban los relojes y con una actitud de indecisión comencé a observarlos como tratando de elegir uno. El se acercó y se ubicó justamente detrás de mí, y yo descuidadamente rocé su brazo con el mío, y ante no tener ninguna actitud de rechazo de su parte retrocedí un poco y comencé a sentir su gran bulto en mis nalgas ¡Que vaina tan sabrosa!

Ya estaba hecho el contacto inicial. Sin temores, él comenzó a pasar sus gruesos bigotes por mi cuello tomando mis brazos con sus grandes manos; pegándome hacia él y masajeando mis nalgas con su paquetote. Me giré y comenzamos a besarnos salvajemente metiendo mi lengua en su boca y él haciendo lo mismo conmigo, luego desabroché el resto de los botones de su camisa para agarrar esa selva de pelos de su pecho y chupar sus grandes y rozados pezones erectos.

Me dijo: “vamos a estar más cómodos”, así que fuimos a un pequeño cuarto en la parte posterior de la tienda. Se terminó de quitar la camisa y comenzó a desabrochar la mía hasta quitarla, chupando y mordiéndome los pezones como si no lo hacía desde mucho tiempo atrás.

Nos desnudamos completamente y yo tenía allí en frente ese monumento de hombre de unos 100 kilos. Me agaché para mamarle un guevo grueso, inmenso, de cabeza roja, grande y esponjosa que apenas cabía dentro de mi boca y llegaba a mi garganta. Me desprendió y me hizo poner en cuatro para entonces darme la mamada de culo mas electrizante, intensa y apasionada que me hayan dado alguna vez; sentía sus bigotes y su lengua en mi ano mientras con su mano me masturbaba.

Estaba yo a punto de acabar, cuando lo hice acostar boca arriba y me senté sobre ese gigantesco guevo y me lo fui metiendo poco a poco porque sino me hubiese reventado. Luego me puse yo boca arriba en posición de pollito en brazas y él colocó su guevo en mi culo introduciéndolo de un solo golpe. ¡Coño! vi las estrellas y todas las constelaciones… allí empezó a darme, entra y sale, unas sacudidas que me estremecieron tanto que no pude aguantar y acabé. Esto lo hizo gritar de placer, al sentir como mi ano se contraía con su guevo dentro. En ese momento lo sacó e hizo salir una fuente de semen blanco que brotaba a chorros de tal magnitud que llenaron desde mi pecho hasta mi boca y mi cara.

Luego se tiró sobre mi dándonos un abrazo fuerte y un beso lento y prolongado, sintiendo toda aquella cantidad de leche de los dos entre nuestros pechos.

Estoy seguro de que volveré pronto a esa tienda a efectuar otra compra así…

Jack

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