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El conserje

“Allí está…es el conserje…mi oso moreno”. Yo siempre salía del edificio a las 7am y ahí estabas tú, con un “Buenos días” bajito que yo contestaba igual. Velozmente detallaba tu cabello negro ensortijado, tu piel morena… junto a aquellas manos grandes y velludas que limpiaban el ascensor. “Si esas manos estuvieran cerca de mi boca”, pensaba siempre con ansias contenidas.

“Pero… ¡Qué absurdo!…ese es el conserje”, siempre me decía cuando salía del ascensor, sudando y respirando suavecito para que no notaras mi excitación. A las 6pm llegando a casa, estabas aseando el sótano. Allí me quedaba, en el carro, viendo tu velludo pecho sobresalir de la camiseta, unos brazos fuertes que imaginaba sobre mi espalda…y aquellos labios gruesos semi escondidos en un bigote que acariciaba mi cuello. Y tú sin mirarme, pero desfilando para mí, de frente…de espalda…de lado.

Siempre salía del carro respirando agitado, y así subía hasta la casa con mi sexo mojado y mis ganas contenidas. Así era día tras día, hasta que una tarde tocaste a mi puerta… ¡No lo podía creer!…estabas con tus jeans desteñidos hablándome con tu voz ronca …de no sé que llave…de no sé qué puerta. Yo sólo miraba tus ojos negros, tu bigote poblado, tus labios que se movían como si me besaras el miembro.”¿Qué edad tendrás… 38… 40?, ¿Cómo serás besando mis tetillas?, ¿Cómo serán tus piernas entrelazadas con las mías?”. Eso pensaba mientras te prestaba las llaves que me pedías y te veía bajar las escaleras bien despacio. “Qué nalgas tan perfectas…”, necesitaré otra ducha…

¿Cómo serán esos dedos hurgando dentro de mí?, ¿Cómo serán esos dientes chocando con mi lengua?, ¿A qué sabrá tu sudor mañanero?”, pensaba mientras tú, de repente; me preguntaste: “¿Qué edad tiene usted?”, “25”; respondí asustado, secándome las gotas que saltaban en mi frente. “Es el conserje… compórtate”. Así pensaba cuando sorprendentemente tus manos me apresaron y tu boca se unió violentamente a la mía ¡Que rico tu bigote!, ¡Que divino tu pecho pegado al mío y tu miembro duro peleando con mi entrepierna!, ¡Qué olor a perfume barato que en ti era estupendo!…

Entré aturdido a mi casa. ¡¡Maldita imaginación mía!!, me está volviendo loco.”Es el conserje… y sé que ni me mira”; suspiré profundo y sonó la puerta. Eras de nuevo tú, con tu mirada seria y profunda. Abrí en silencio… cerré igual. Tus dedos empezaron a rozar mi boca, tus labios se posaron en mi oreja. Mis manos se enterraban en tus cabellos… desabrochaste tu pantalón y me dejaste ver esa lanza dura, oscura; rodeada de pelos que enseguida pude besar y sentir su sabor salobre que latía en mi lengua. De pronto me levantaste y, entre beso y beso; estábamos en la cama. Tu sonrisa frente a mí…

Levantaste mis piernas que se apoyaron en tus osunos hombros y así… poco a poco… suave y rico… entraste en mí… lento primero y luego, entre calor, placer y dolor; tu ritmo se hizo violento hasta que oí un quejido largo y sentía tu chorro de fuego quemando mis entrañas. Me sonreíste complacido y calmado. Me besaste con especial ternura y como potro domesticado, me diste la espalda para que yo; como jinete salvaje, disfrutase de tu cabalgadura. Las sábanas revueltas y mis ojos cansados me decían que de nuevo estaba soñando. Creí ver tus pelos en mi cama… creí sentir tu olor en mi cuello… pero de nuevo pensé: “Es el conserje… déjate de bobadas”.

A la mañana siguiente volvió mi rutina… En mí había un sentimiento de soledad y vacío. Fue un día árido y sin sentido… hasta que escuché tu voz en la puerta. Abrí y tus dedos taparon mi boca mientras me decías: “Silencio… es el conserje… que viene a amarte de nuevo”.

Fin.

simbad2518@hotmail.com

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