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El Abasto

Tendría yo 20 años y aun era virgen para mi deshonra. Mis experiencias sexuales se limitaban a las pajas que me daba alimentadas por las fantasías que tenia de mis compañeros de colegio, especialmente por la diversidad de vergas que veía en los baños después de hacer deporte. Pero no escribo para describirles los momentos de lujuriosa imaginación que disfruté en esa época. Eso es, si me perdonan el mal chiste, pura paja.

Me remonto a un año después de graduarme, mientras cuidaba del abasto de un amigo que tenía que hacer su diligencia. El día estaba flojo y solo entró un señor mayor que entabló conversación conmigo. Poco a poco la conversación se puso sospechosamente personal y me preguntó por mi novia. Cuando le dije que no tenía quiso saber si por lo menos no era virgen. Mi orgullo me impidió decir la verdad, le dije que por supuesto había tenido sexo.

Su siguiente pregunta me dejó frío: “¿Nunca le has chorreado con leche los bigotes a un macho?”. Me envalentoné y le dije que si… Se me acercó y me agarro el güevo por fuera del pantalón y me propuso mamarme ahí mismo. Nos fuimos a un rincón del abasto, el se agachó enfrente de mi, me bajó el cierre y me sacó la verga que por supuesto ya estaba toda alborotada y procedió a ocultar mi virgen huevo detrás de su experto bigote y a chupar con todo fervor. Que sensación tan rica, me hubiese gustado quedarme así para siempre, pero aquel hombre se sacó su propia verga para empezar a masturbarse.

Cuando ví su descomunal aparato, perdí el control y eyaculé en la boca de ese macho tan complaciente. No cayó ni una gota al suelo, como si hubiese salido de una dieta forzosa, el hombre se la tragó toda. Inmediatamente escuchamos que alguien se aproximaba y el hombre forzó su erección dentro del pantalón mientras yo también me reponía a tiempo de atender a una clienta a la que me sacudí rápidamente con un “se nos acabó”. El hombre me propuso que yo se la mamara, cosa que ansiaba hacer, pero le dije que se esperara un ratito.

Efectivamente, el dueño regreso y en poco tiempo estabamos en mi carro buscando un lugar propicio. Me dirigió a una calle poco transitada donde nos estacionamos. El sacó su veterano miembro y yo me puse a jugar con él. Cómo me excitó sentir como se ponía una verga ajena y caliente en mis manos. Cuando ya estuvo medio tiesa me incliné y rodeé la cabeza con mi boca, corriendo mi lengua entre la ranura de la cabeza del huevo como me había imaginado hacer tantas veces.

Pero lo que nunca había imaginado fue el sabor tan particular de esa verga madura, y el olor general de esos genitales enormes. Finalmente un par de bolotas con que jugar y acariciar.

Empecé con su experta dirección a mamarme la verga, ocasionalmente dándonos besos mientras lo masturbaba. Después de lo que pareció media hora de complacer oralmente a ese macho, me dijo que estaba a punto. Yo no iba a perder el fruto de mi primer ordeño, así que me incliné rápidamente a colocarme esa verga más crecida que nunca en mi boca. Cuatro chupadas más y mi primer macho se tensó y empezó a llenarme la boca de leche caliente.

Sus vocalizaciones de gusto se unieron a mis gemidos de placer y me creí un hombre completamente satisfecho. Poco me imaginaba yo que, una semana más tarde esa verga de 21 centímetros iba a encontrarse completamente alojada en mi culo…

Fin.

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