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Buenas noches, Cromagnon

Buenas noches, Cromagnon.

“Otro días mas en este laboratorio, lleno de cráneos de hombres y mujeres que hace siglos murieron. La verdad que esta rutina diaria de antropólogo no es nada entretenido. Estudiar cuerpos sin vida, habiendo tanta vida en la calle. Esos tan bien esculpidos que van a los gym para fabricar máquinas de deseo, o los que pasean por las playas exhibiendo sus bronceados perfectos, pero siempre ocultando el detalle que los hace más apetecibles”.

Soy Victor, un ayudante de antropología en un instituto newyorkino, obstinado hasta la médula de tanto trabajo. Aunque la antropología estudia a los hombres; los de carne, hueso y vida no estaban a la mano en el laboratorio. Muchas ocasiones se tropieza uno con reconstrucciones de hombres primitivos, pero la verdad que no les hacían mucho favor. Siempre con ese aspecto de simio que les imprimen, y su cuota de pudor para ocultar detalles desconocidos.

¿Y por que no inventar un Cromagnon para fantasear?. De pronto la idea me vino a la mente. Con un poco de paciencia, podría modelar mi propio primitivo, agradable a la vista y que pudiera manipular a mi antojo. No sería difícil, pues había practicado ya un poco de modelación digital durante las vacaciones, así que solo necesitaría paciencia y con un poco de suerte “digitalizar” al  nuevo espécimen.

Lo primero y más difícil es el craneo, pues la estructura es un poco compleja. Gracias al nuevo equipo de escaneado en 3D esto se hacía más rápido, apenas 30 minutos. Decidí procesar varios ejemplares, para luego quedarme con la más aceptable. Quería tener un cráneo proporcionado, de aspecto fuerte. Luego de esto y con otro modelador lo cubrí de piel y ya tuve el primer rostro. Fatalidad, pues de los 5 Cromagnones que tenía solo 2 eran de hombres y uno de hombre maduro. La suerte estaba echada, había que intentarlo de todas maneras.

En un par de días la piel estuvo cubriendo la cara, luego los detalles de los ojos, la expresión del rostro, la barbilla, el pelo y todo lo demás. Aquí ya comenzaría la fantasía a trabajar, y a definir ese ideal de hombre del que todo oso siempre gusta. No sería muy difícil, pues los de este tipo eran los preferidos y siempre dan ese aire salvaje que buscaba en su nueva mascota.

Pero a medida que modelaba, daba la impresión de que me era familiar lo que tenia en pantalla. Y la pregunta ¿Dónde habré visto yo este rostro antes? le asaltaba, primero creyó ver la imagen de Jack Racdliffe ante él, pero algunos detalles lo diferenciaban. El pecho ancho y fuerte, cubierto de una pelambre negra que se estrechaba hacia el abdomen, los hombres redondos y macizos, y los brazos potentes y fibrosos, protegidos siempre por su cuota generosa de pelambre. El abdomen segmentado, y bajando hacia unas escurrida pelvis donde, se debía colocar después el máximo de atractivo. Los glúteos los definí firmes y apretados. Las piernas redondas y fuertes para la carrera, y para soportar fuertes pesos encima. En total la escala indicaba un ejemplar de 6 pies, todo un patrón envidiado por cualquier cazador en busca de una nueva victima salvaje que capturar. Pero seguía pendiente definir como debía ser el “garrote” de esta escultura. Por desgracia ese trozo de carne se había esfumado con los despojos de su dueño, así que debía basarme en mi experiencia y decidirme por su forma.

Sin darme cuenta, la noche había llegado fuera del edificio. Por los pasillos no circulaba el resto del personal, solo los vigilantes se movían por los pasillos. Siendo así, decidí conectarme a Internet y rastrear en los sitios de osos, para ver si cazaba algún ejemplar que me permitiera terminar la escultura primitiva. Para ello utilizaba dos ordenadores simultáneamente, de manera que podía rastrear mas cuerpos en menos tiempo, además del disfrute que esto le proporcionaba, pues de tanta imagen cachonda su entrepiernas comenzaba a endurecerse.

En ese instante y sin darme cuenta de que la puerta estaba abierta, entró uno de los vigilantes, el laboratorio estaba en penumbras, por lo que solo veía la silueta del individuo. Solo cuando estaba a dos metros me doy cuenta que alguien me observaba. Al sentir su presencia, inmediatamente el instinto me dio por empezar a ocultar las vistas de sitios que tenía abierto en ese momento, pero no fuí lo suficientemente hábil como para esconderlo todo.

– Quien esta ahí?, dije mientras continuaba cerrando sitios.

– No sabía que se encontraba alguien en este laboratorio, soy el vigilante que hace la ronda. – Contestó, y se notó una mezcla de voz firme pero algo asustada.

– Ah! Y hace mucho que entró?

No apenas unos 5 minutos (entonces me ha visto navegando).

– Y porque no me ha avisado antes de su entrada?

– Por que me entretuve viendo lo que estaba haciendo (joder, es evidente que me ha sorprendido, a lo hecho pecho). Y con el mayor relajamiento le digo – Y que ha visto de extraño?

– Bueno, he visto material pornográfico pero no del tipo que estaba viendo Ud.

– Y siente curiosidad o repulsion? (veamos ahora de que lado estás).

– Pues no sé que decirle, lo que se es que me ha puesto un poco cachondo. Y para que miraba esos sitios, acaso le gustan los hombres? (demasiado directo para mi gusto, falta de tacto).

– No, es que estoy terminando un modelo y me falta precisamente definir como debía ser su sexo. Venga, le voy a mostrar.

Esto estaba cogiendo un rumbo interesante. Cierro todas las búsquedas en uno de los ordenadores y le muestro mi modelo digital de Cromagnon. “Que le parece?” Le pregunto.

– Pues que se me parece mucho.

– No fastidies, eso esta hecho a partir de un cráneo que tiene más años que el propio Egipto.

– Pues se sigue pareciendo a mi, insistió el tío.

– Vamos a ver si es cierto. Encendí un par de lámparas y SORPRESA, allí estaba mi cromagnon, materializado en carne y hueso, pero hasta el último detalles. No los voy a repetir, para no hacer tediosa la narración, pero les juro que era casi exacto. Las facciones, la constitución física, TODO. Bueno, aun quedaba la duda de si TODO. A estas alturas y de tanto observarlo, la baba me chorreaba por el cerebro y el calor de mi entrepiernas se acentuaba por la vista.

– Me permitirias comprobar la exactitud de mi modelo?

– De que forma?

– Tendrías que quitarte el uniforme. Pero si te incomoda no tienes que hacerlo.

– No es ninguna molestia, a esta hora los demás vigilantes están en el salón principal y no notarán mi ausencia. Y en la sauna que visito se acostumbra a estar desnudo en público.

Y enseguida comienza a quitarse su ropa. Podrán imaginarse el cuadro, un oso en toda su plenitud física, enfundado en su uniforme y haciendo un noble streep tease frente a un cazador loco por saltarle encima y terminar de desvestirlo. A medida que se quitaba su ropa me convencía de que era exacto a mi modelo digital. La misma musculatura, el mismo tono de piel, las mismas zonas de pelambre, era un deleite ver como ese monumento se iba descubriendo frente a mis ojos, y ya tenia el nabo que no me daba más de tanto placer, incluso notaba el cosquilleo de mi precum queriendo salir.

El mientras tanto iba moviéndose de forma provocativa, ladeándose  para dejar ver sus nalgas peludas y musculosas, en un culo apretadito, y para sorpresa mía usaba jockstrap blanco!! Sobresaltaba sobre su bronceado y marcaba un paquete en estado semierecto que delataba su excitación con todo este tema. Era sencillamente fabuloso.

– Asi está bien? Pregunto, a lo que respondí. – Si, aunque el detalle que me falta no se puede ver  todavía (dije mientras esbozaba una sonrisa maliciosa).

Lo entendió. Bajo su jock strap y descubre un miembro digno de su cuerpo, gordo y venoso, con una piel que guardaba todavía la cabeza de una hermosa réplica a escala de un garrote de 20 centímetros. Se notaba en la ranura de su glande el brillo que el preseminal resudaba de tanta exitación. Y lentamente aquel cuerpo rugoso iba alzando su dureza y provocaba aun más mis deseos de saber como un cromagnon del XXI haría el sexo con un cazador de ocasión.

– Y ahora, completa esto tu vista?. Dijo ya con malicia.

– Si, definitivamente.

– Siéntelo para que conozcas mejor los detalles. Y tomando una de mis manos la llevo a su miembro palpitante. La circulación en sus venas indicaban que si aquel calor no bajaba, iba a estallar de tanto deseo. Lo acaricie y con el contacto de mi mano parecía querer saltar con las caricias. Era inevitable lo que vendría después.

Besarlo en su cuerpo palpitante, sentir los gemidos de placer de su dueño, y el goce de tener aquel heredero seguro de tanto años de evolución en mi boca era una mar de lujuria deseable para cualquiera. Al descubrir su cabeza, ésta saltó limpia, con una piel suave y brillosa de tanta humedad, un primer lengüetazo y el sabor dulce anunciaba la delicia que vendría al tenerla en mi boca. Era grande en realidad, pero los labios fueron relajando y poco a poco el equipo fue penetrando en mi garganta.

Sus gemidos apagados, para no llamar la atención de algún inesperado, decían de sus sensaciones reprimidas por el lugar, pero me incitaba a que siguiera de esa forma, que disfrutara cuanto quisiera de aquel bocado, para luego continuar con algo mejor. Mi lengua rodeaba su cabezota suave y caliente, dibujaba un seseo en su frenillo que lo hacia anunciar que si seguía así terminaría con todo en mi boca. Y para rematar acariciaba con mi garganta su cabeza, poniendo lo al borde de la locura, evidenciando por la forma en que se afincaba en mi cabeza mientras conducía el vaivén de la misma.

Mientras jugaba con su garrote, mis manos acariciaban sus duras nalgas, redondas como cascos de constructor, llenas de unos pelos suaves y que hacia de mis caricias que se erizara toda su pelambre. Descubrir el nacimiento de sus nalgas y abrirme paso por entre ellas para sobar su ojete fue un reflejo inmediato. Pero me dijo: “Me estas matando con tus manos, no quiero acabar todavía, sal de ahí y dejame el culo tranquilo”. Salí, pero seguí con las caricias en sus peludas nalgas.

Me detuve a respirar, mientras seguía besando aquella hermosura. Me dijo: “Ahora déjame comerte a ti”.

Me quede sentado en mi silla, se acerco a mi cara y me atrapo los labios, y de seguido introdujo su lengua en mi boca, como quien busca desesperadamente algo y no sabe que. Esas caricias mojadas me pusieron a mil y le devolví con la misma pasión aquellos latigazos de deseo. Sus manotas grandes iban safando mi ropa, y me provocaban sensaciones nuevas, como quien siente corrientazos en todo el cuerpo y no sabe de donde sale esa energía. Al abrir mi camisa y descubrir mis tetas comenzó a chupármelas y a morder los pezones, dándome más electricidad y provocando a estas alturas que mi rabo estuviera a mil. Siguió quitando todo vestigio de ropa. Al llegar al pantalón buscaba con ansiedad lo que estaba oculto en su interior, safó el cinturón, y afincándose en este y el slip los bajo de un tirón, haciendo saltar mi rabo al aire y darle en la cara de tan cerca que la tenia. En ese golpe se mojo su mentón con mi precum, ya desbordado a estas alturas, lo probo. – “Es dulce, más de lo que imaginaba”, Y acto seguido se dedico a devorar mi equipo, unos 18 centímetros cultivados pacientemente. Subía y bajaba por su cuerpo, jugaba con la cabeza, lengüetazos en su cuerpo, alguna mordido escapada para dar más morbo al acto.

Deja el mástil al aire y se dedica a comerme los huevos, en un momento en que me sentía ya en la gloria. Así sentado comienza a levantar mis piernas para descubrir mi ojete. Lentamente baja de los huevos a este y comienza a taladrarlo con la suavidad de una esponja muy húmeda, yo no podía más de tanta excitación y le pido: “Ábremelo más para recibirte”. Con uno de sus dedos potentes, combina la penetración manual con chorros de saliva que van lubricándolo, uno, dos, y tres dedos llegan a estar en su interior, relajándolo hasta un punto que solo un chipote como el que él tenia podía llenarlo definitivamente.

En esa misma posición, se aproxima y me dice: “Te voy a dar un buen garrotazo para que sepas lo que es un primitivo”. Acomoda su cabezota en la entrada de mi interior, y de forma seguida y sin parar la entra toda, sin detenerse. Siento un dolor agudo en mi culo, pero sus besos en mi pecho y la ternura de sus gemidos me hace ir comprendiendo el placer que se avecinaba. “Dame un apretón con tu culo caliente, papito”. Y al apretarlo siento como aquel cuerpo caliente me deja sin fuerzas para más. Hecho esto nos fundimos en un beso, mientras su ir y venir en mi culo hacen que la situación se vuelva de arrebato ante tantas sensaciones.

Con el roce de su barriga sobre mi equipo, había logrado que se mantuviera erecta y húmeda, pero con tanto roce en mi próstata de aquel roble, ya sentía cercana mi eyaculación. – “Si sigues de esta forma voy a venirme antes que tú”; “Hazlo, quiero probar tu semen para luego darte el mio”. Así seguimos, el se separó de mi cuerpo y tomando mi rabo en sus manos solo tubo que moverlo un par de veces. Un latigazo largo de leche cruzo mi barriga llegándome a la barbilla, el resto fue saliendo en trallazos largos. En mi vida había tenido una corrida tan larga. Pero era de esperar después de tantos minutos de calentamiento.

En ese momento y debido a mis contracciones me dijo: “No puedo más, creo que me voy….  AAAAAAAHHHHH”.  Y virando los ojos en blanco, da un rugido de placer digno de un primitivo de su clase. El sentir su leche caliente en mi interior y su palo palpitando con cada contracción sobre las paredes de mi culo me mantenía caliente.

Al momento saco su rabo de mi culo y me lo dio a limpiar con mi boca. Yo le dije: ”No querías probar mi leche, entonces hagámoslo mutuamente”.

Nos bajamos al suelo alfombrado del laboratorio y formamos un 69. Primero me beso largamente y a medida que iba avanzando por encima de mi cuerpo, relamía mi semen y decía: “Que gusto tienes, yo quiero más de este material, ahorita me lo tienes que dar, y bien caliente”. A lo que yo respondí: “Pues trabaja en mantenérmelo duro y sabras que se siente”. Al llegar a mi equipo se lo devoró de un solo momento. Para esa altura ya tenia en mis labor la cabeza de aquel cuerpo palpitante que antes me había poseído y que aun me tenia las piernas en un puro temblor.

Lentamente la fui limpiando y degustando la mezcla de sudor, saliva, semen y culo que había quedado prendido de esa barra. Me fui incorporando y comiendo los huevos fue subiendo hasta llegar a mi objetivo: devorar el ojete de mi compañero. Un ojete cerradito y rodeado de mucho pelo. Al primer contacto con mi lengua se contrajo, pero de a poco fue aflojando y con los gemidos de su dueño fui notando su gusto por mi beso negro. La saliva era abundante, y bajando mi cabeza al suelo, deje que las manos fueran abriendo aquel pozo en el que luego mi rabo bebería su caliente placer. Era difícil abrirlo, pues su dueño se notaba que no acostumbraba a recibir huéspedes por la puerta trasera, pero hábilmente lo fui relajando hasta el punto en que su dueño rogó: “Acaba de darme por culo, porque no se de que forma va a terminar esto”.

Me salí de abajo suyo, y acariciándole con una mano la espalda, apunte mi cabeza a su caliente y relajado culo. De un solo golpe lo penetré, y tuvo que decir: “Cabrón, me vas a acabar con el culo, muévete ahora y dame más de lo que tienes”. “Tus deseos son ordenes para mi”. Y comenzo el mete y saca en su cueva, mientras con una mano me aferraba a su cintura, con la otra tenia aprisionado su garrote y lo movia al mismo ritmo del choque de nuestras cinturas. El se pellizcaba una de sus tetillas. Y sentí en mi rabo las contracciones que esto provocaba. Un par de nalgadas en aquella redonda hermosura eran detalles para dar más calor a la citación. – “Así, dame más duro, quiero terminar, dame fuerte papi”. Lo incorporo para que su rabo quede mejor posicionado, y se lo muevo con fuerza hasta que logra eyacular, chorros de leche salían de aquella cabezota, y sin parar le bañe en su propia leche todo su rabo y los huevos.

Aprovechando sus contracciones, le di mas fuerte a mi equipo, y logre una eyacualcion divina, larga, muy dura y caliente, que de tan apretado tuvo que salirse por fuera, dejando el culo de mi amigo, todo chorreado de leche blanca. Me abrace con fuerza a su poderosa espalda y acariciaba sus pechos y sus huevos y el dirigía una de sus manotas hacia mis nalgas para devolver tanta ternura.

Ya tumbados en el suelo, uno frente al otro y con los cuerpos temblorosos aun, hablamos:

–         Ahora me doy cuenta de que subconscientemente el rostro y el cuerpo de mi Cromagnon eran los tuyos, -dije- pues siempre me habías llamado la atención, al verte en uniforme, rasurado y con porte de gigante.

–         Yo no sabia que tenias esta inclinación – contestó- pero tus ojos y tu cara siempre me habían llamado la atención. Pero como los osos somos dados a mantenernos en nuestras cuevas y no dejarnos ver, no me había dirigido a ti. Solo al ver que estabas viendo cosas de osos, comprobé que estabas del mismo lado que yo.

–         Es cierto, me gustan los osos, pero soy discreto en cuanto a eso.

–         Me ha gustado lo que hemos tenido esta noche, pero no sé cuando podremos repetirlo, me he quedado enganchado contigo.

–         Cuando vuelves estar de guardia.?

–         Cada 2 días.

–         Y tu nombre cual es?

–         Héctor.

–         Pues hasta el nombre me ha gustado. Pues si estando de guardia entra una llamada a la oficina de custodios para ti, solo con escuchar un mensaje sencillo sabrás que te estoy esperando en esta misma oficina.

–         Me parece bien y discreto. Y cual es ese mensaje?

–         “Buenas noches, Cromagnon”.

–         A propósito, Vas a terminar el modelo de la computadora?.

–         Si te tengo a ti, para que una copia digital? No te parece?

Esto es una fantasía, pero quizas puedas hacerla realidad. Escríbeme y dame tu opinión o como contactarte. Saludos cubanchaser4ltr@yahoo.es

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