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Mi amiga Ana

Era una tarde lluviosa. Me encontraba a solas en la casa de mi amiga Ana. Platicábamos de muchas cosas. De repente me hizo una extraña pregunta.
– flaco, ¿conoces los enemas? – ella y su hermana Alejandra me llamaban flaco de cariño.
– ¿qué? – pregunté intrigado
– ¿qué si conoces los enemas…las lavativas…pues?
– ah, sí…claro….¿porqué Ana?
– ¿no te gustaría que te aplicara una?
– ¿qué dices Ana?….repite por favor…
– mira flaco, yo sé que tienes bastantes problemas con tu estreñimiento y desde que estudiábamos juntos en la preparatoria buscaba un remedio efectivo para ti.
– sigo teniendo problemas pero la verdad no se me antoja que me pongas una lavativa…
– pero ¿porqué? – inquirió mi amiga.
– Pues porque me da vergüenza….recuerdo que de pequeño mi mamá me puso varias… me acuerdo como me correteaba por toda la casa y me picaba la cola..
– Ja ja, yo sé que es embarazoso…. pero la verdad no tiene nada de malo…. hace poco mi hermana me puso varias lavativas y me dijo que te preguntara que si nos permitieras ponerte algunas para corregir tu problema… la verdad las sentí reconfortantes…
– Pero…pero… – yo balbuceaba – oye Ana…¿no duele?
– Para nada flaco…el bitoque…es decir la cánula entra fácil porque la lubricamos así como tu ano.. con el dedo te froto un poco de crema…..
– Pero me imagino que ha de ser muy incómodo…
– Un poco… tienes que aprender a retener el líquido mientras entra en tus intestinos… dan muchas ganas de ir al baño pero te la pongo despacio para que no te den muchos retortijones…
Yo la verdad deseaba que ella pudiera mirar mi culo. Mi pene estaba erecto sólo de pensar que ella me insertaría aquel tubito en mi ano. No podía creer que esa belleza de mujer se le ocurriera algo semejante. La deseaba con locura y le había declarado mi amor. Me pidió paciencia, que estaba enamorada de mí pero que en esos momentos no podía aceptarme. Pensé que si concedía que me pusiera la lavativa las cosas pudieran cambiar.
– ¿y cuánto dura una lavativa?
– Pues más o menos de 5 a 8 minutos o un poco más si te pongo dos litros….
– Uy, es mucho…
– Ándale, no le saques… déjame ver tu ano, déjame tener el placer de introducirte mis dedos y la cánula en tu culito…
– Está bien… está bien, acepto.
– ¡qué alegría!… ¡qué bueno flaco!… vas a ver que te van a ser de mucho provecho.
De repente me abraza muy contenta y que me besa. Yo sorprendido agradablemente correspondo al beso. Sentí su lengua cachonda excitarme hasta el extremo. Obviamente mi pene estaba muy erecto. Ella comienza a sobar mis partes genitales y comienza a pedirme que le baje la falda.
Yo estaba muy confundido, pues a la vez que quería ese momento pensaba porqué no me había correspondido antes.
Ana empieza a desabrochar mis pantalones y las caricias subían de tono. Al mismo tiempo pensaba que su hermana no nos fuera a sorprender. Sus papás estaban de viaje en la ciudad de México y no volverían dentro de dos semanas. Cae su falda, su blusa y ella queda en sólo ropa interior. También mis pantalones caen y rápidamente me quito mi camisa sin parar de besarla.
Estamos ahí. Casi desnudos en su cuarto. Era increíble que el solo hecho de conceder que me aplicara la lavativa me colocaría en esa situación tan, pero tan excitante.
– hazme tuya, amor…. hazme tuya por favoooooor… – ella gemía –
– sí… chiquita… claro que sí… – le contesté sudando de excitación –
– bájame los calzones y métemelo todo…
Yo casi llegaba al clímax. Le bajé y quité los calzones suavemente. Ella era una diosa esperando ser penetrada. Vi su vagina húmeda casi abierta esperando a mi miembro hacer efectivo su pase de entrada. Yo ya no podía más. La sujeté firme pero gentilmente por sus brazos y la recosté con suavidad en la cama. Ella extendió sus piernas y me indica que no esperara más.
Me parecía lo máximo estar ahí sobre ella a punto de introducirle mi viril órgano en su preciosa vagina… en su puchita. Sin darme realmente cuenta, mi pene entró en su cavidad con cierta facilidad. Estábamos muy excitados.
– ah papi… más, más… – ella imploraba –
– si mi reina… mmmhh….
– flaco, eres sensacional….deseaba esto desde hace mucho tiempo…
– ¿porqué…ah..no me aceptabas?
– Tenía miedo….mmmhhh…ahhh…
– ¿de qué?…..ahhh
– Sé que Lucía te quiere y que no te es indiferente…
– Ella es sólo una muy buena amiga…siempre te he querido…mmmhhh.
– Síguele, no lo saques… no lo saques… más por favor, más…ahhhh
– Oh mi muñequita…. que placerrrrr….. – yo explotaba –
– Déjame tocar tus nalgas flaco…. mmmhhh
– Sí Anita, soy todo tuyo.
Mi orgasmo estaba a punto de consumarse. Ana estaba también en ese grado. Mi semen sale como catapulta y siento cómo es recibido dentro de su cuerpo caliente hasta lo máximo. Llega la carretada de placer y ella al mismo tiempo grita conmigo.
– ahhhh… eso, eso, flaco… ahhhh mi rey… no lo saques….
– ahhh chiquita… ¡qué rico!…

Nunca creí que fuera a hacer el amor con Ana de esa manera. Nuestras fuerzas se agotaron y entonces me separé de ella. Me daba miedo sacar mi miembro de su vagina. Parecía como si siempre estuvieran juntas pene y vagina. Ella me indicaba que ya no podía más. Había dado ella todo y yo también no daba más. Por mi mente pasaba todo este bello momento que se me hizo una brevedad. Saqué mi verga de su vagina y me recosté al lado de ella.
– ah ¡qué placer chiquita!… estuvo fenomenal….
– por supuesto querido… eres un sensacional amante…
– Ana… ¿de veras me quieres? – yo hice la pregunta con cierta vacilación –
– ¿No te parece ésta la mejor prueba…?
– Oh… ¡qué estúpido soy!… perdóname por favor… estoy convencido de tu amor…
– Mira… mejor… ¿qué tal si te pongo una lavativa en este momento?… por ahí tengo un equipo nuevo para ponértela…. ¿quieres?
– Si así lo deseas… pero explícame todo el procedimiento…
– Claro que sí papito… te iré explicando paso a paso.
Estaba cerca el momento de recibir mi primera lavativa de parte de Ana. Estaba muy confuso. Por un lado me aborchonaba que me aplicara un lavado intestinal pero por otro, deseaba que ella pudiera ver mi ansioso ano…. que lo tocara con sus bellos dedos y que insertara la manguera. Recordaba aquellos días en que mi madre solía ponerme algunas lavativas. Eran momentos muy incómodos para mí. Mis recuerdos de repente se esfumaron ya que ella se levantó de la cama y se puso un pequeño “short” donde podía apreciar sus hermosas piernas. Cabe decir que lo que más me gusta de Ana son sus bien torneadas piernas, blancas, suaves y que hacía pocos momentos enlazaron mi cuerpo encima de ella.
– oye – pregunto extasiada – ¿no deseas este momento?
– Claro que sí, hermosa…
– Ya no aguanto las ganas de aplicarte varias lavativas… de picarte el culo…
– Ah… creo que sí… déjame ponerme mi ropa…
– No, no, no… quédate así desnudo… te voy a aplicar dos litros de agua tibia jabonosa para hacerte un muy buen lavado interno pero los deseos de ir al baño van a ser muy intensos y pues hay que prevenir que no mojes tu ropa….¿está bien?
– Está muy bien… tú ordenas y yo obedezco…
– Quiero ver entrar el bitoque por tu culo flaco… sólo te pido tu cooperación y tu relajamiento…
– Tú guíame… llévame por el camino del placer…
– Acompáñame a conseguir el equipo que voy a usar contigo… como te dije lo compré especialmente para ti.
– Ok…
La acompañé al lugar donde guardaba el equipo mientras me colocaba una toalla para cubrirme. Llegamos al cuartito cerca de la sala cuando de repente se abre la puerta. Era su hermana Alejandra con una combinación de sorpresa, enojo y sorpresa. Me quedé como estatua. Sentía la cara caliente de vergüenza. No sabía que hacer. Yo desnudo sólo con una toalla encima. Creí que me tragaba la Tierra.
– ¿qué está pasando aquí? – preguntó Alejandra –
– le voy a poner una lavativa al flaco, Alex… ¿me ayudas?…
Alejandra pasó de su cara de molestia a una cara más agradable y requirió:
– claro… veo que lo convenciste…. ¿estás de acuerdo que le ayude, flaco…?
La verdad no me esperaba esta situación pero recuerdo que en la secundaria Alejandra me había puesto un supositorio. Yo la consideraba como una hermana mayor. Le tengo absoluta confianza. Alejandra es seis años mayor que yo y ocho más que Ana. Aún así me impactaba pero a la vez me causaba un efecto cachondo saber que ambas hermanas me pondrían unas lavativas. Yo le contesté…

– creo que sí… pues… está bien Alejandra…
– muy bien flaco, te felicito – contestó Alejandra –
Ana nos gritó que nos acercáramos para mostrarnos el equipo de lavado comprado especialmente para mí. Ana sacó un irrigador blanco de metal con capacidad de dos litros, una manguera roja con rayas negras, clásica para lavativas y un tremendo bitoque negro como de ocho o nueve centímetros de largo.
– mira papi, aquí tengo el equipo, la cánula, la manguerita y el irrigador.
– Ay… vas a ver lo que te espera – inquirió Alejandra –
Mis ojos se abrieron desconmesuradamente. La cánula se me hacía enorme. Me decía a mi mismo…¿eso me van a introducir por mi ano?. Estaba sumamente emocionado y deseoso de que empezara la función de una vez.
Ana sentenció:
– te vamos a poner dos lavativas de dos litros hoy y mañana otras dos…
– de acuerdo muñeca, pero ¿no se te hace un poco grande ese tubo?…
– ja ja ja… no temas… te lo voy a introducir despacio para no lastimarte… te voy a poner un poco de crema en tu culito para que el bitoque resbale con mucha facilidad… no temas que mi hermana me enseñó a aplicar enemas… o sea a poner lavativas…
Alejandra había estudiado tres años de enfermería pero cambió de carrera. Actualmente es licenciada en leyes. No había nada de qué preocuparse.
– Hay que preparar la solución – comentó Ana –
– Eso es – replicó Alejandra, mientras, yo no dejaba de observar al mismo tiempo las piernas de Ana y el bitoque próximo a conocer mi esfínter –
– Oye, Alex, ¿porqué no le explicas los beneficios de aplicarle lavativas al flaco mientras preparo todo?… esto me llevará unos diez minutos….
– Muy bien Ana, sólo permítanme cambiarme de ropa, de ponerme más cómoda….
Alejandra se dirigió a su habitación y en pocos momentos apareció ante mí, mostrando su hermoso cuerpo. Parecía que habían pasado mucho tiempo desde que ella me aplicó un supositorio hacía más de dieciséis años. Yo en ese entonces tenía nueve y Alejandra quince. Actualmente tengo 25 años. Sus piernas blancas destacaban mucho más con ese “short” rojo que se había puesto y una pequeña camiseta de resaque blanca que dejaba ver su ombligo. Esa ocasión ella me acostó sobre sus piernas y recuerdo que mi cara estaba muy acalorada y roja. Sólo recuerdo que ella abrió mis nalgas para poder observar mi ano y deslizó el supositorio. Ella usó guantes y recuerdo también que me introdujo casi en su totalidad su dedo índice y lo mantuvo por espacio de un minuto dentro de mi recto. En esa vez, no sentí placer sino mucho bochorno e incomodidad. La razón del supositorio fue que estuve sufriendo de fiebre y mi mamá estaba trabajando. La mamá de ellas era quien me iba a poner el supositorio pero por alguna razón del azar tuvo que salir y le delegó la acción a Alejandra. Sería como un adelanto a lo de ahora pero en diferentes situaciones.
Alejandra me condujo a la habitación donde se llevaría a cabo mi “ejecución”. Empezó a platicar y hacerme preguntas acerca de las lavativas.
– flaco, ¿ya te han puesto lavativas?
– Sí, pero cuando yo tenía como seis o siete años de edad, más o menos. Me las ponía mi mamá.
– ¿y qué sentías?
– La verdad no me gustaban, corría por toda la casa para evitar las lavativas… se sentían muy feo… aunque confieso que de repente no me desagradaban mucho…
– Ja, ja, ja, eso es ganancia…ahora vas a ver que esta experiencia no es para nada desagradable si cooperas mucho…. las lavativas son de mucha utilidad y no debemos verlas como algo molestoso sino como algo que nos ayuda a mejorar la salud, a sentirnos limpios por dentro y a sentir mucho confort.
– Pero.. no me gusta que me piquen el ano…
– Ay eso es lo de menos…para empezar…no duele y además, somos de confianza… yo tengo mucha experiencia poniendo lavativas…he visto muchos culitos…. a mi hermana le he estado aplicando varias desde hace meses y ella comenta que se relaja mucho y que le agradan…
– Pues eso creo, pues ya ves que ella me las quiere poner ahora a mí.
– Bueno, pero la verdad yo le insistí mucho. También le he puesto lavativas a muchos amigos y a mi mamá la he puesto como treinta. Mi papá me pide seguido que le aplique algunas cuando se siente incómodo.
– Es que en mi casa nunca me enseñaron o explicaron esto como algo bueno…tampoco malo pero obviamente me daba mucha ansiedad estar esperando el momento que mi madre me abriera mis nalgas para meter la cánula en mi “hoyito”. Sentía que era algo de que si alguien me insertara algo en mi ano perdía algo de mi hombría.
– Para nada debes pensar así… debo admitir que las lavativas no dejan aparte de ayudarte en tu estreñimiento, sentir un especial placer… si tú quieres, algo erótico… pero es válido sentir eso… no debes creer que es algo que te humille… reconozco que deseo ansiosamente ver tu culito con el bitoque adentro… pero también sé que esto te va ayudar a sentir más tranquilidad…
– La verdad estoy ansioso y nervioso.
– Tranquilo.. la verdad también es que Ana sabe ponerlas muy bien. Te vas a sentir maravillosamente durante la aplicación. Ella me puso tres la semana pasada y lo hizo bastante bien…. como una experta.
– Pues ya quiero que me la pongan de una vez…
Alejandra le gritó a Ana:
– ¿ya estás lista?
Ana contestó que ya era hora y se dirigió hacia la habitación donde nos encontrábamos Alejandra y yo. Escuché sus cadenciosos pasos al subir por la escalera. Le indicó desde ahí a su hermana, que preparáramos todo para empezar el lavado y que nos pusiéramos listos.
Alejandra puso una toalla grande sobre la cama y me pidió que me recostara en ella sobre mi lado izquierdo flexionando mi pierna derecha y la izquierda dejándola estirada. Se supone que esta posición relaja mi esfínter y permite descubrir mi zona anal con facilidad. Alejandra retiró la toalla con la que me cubría. Entonces mi pene volvió a erigirse como un coloso. Alejandra me estaba viendo mis nalgas.
– oye flaco…¿estás listo?… ya no necesitas esta toalla encima… anda… tranquilo…

Yo le dije que sí. En eso, Ana entra a la habitación sosteniendo en su mano derecha la grandota cánula negra bailando de lado a lado y en su otra mano, sosteniendo el irrigador blanco. Le pide a Alejandra que sostenga por un momento el equipo de lavado intestinal mientras va a traer la crema para lubricar la cánula y por supuesto mi ano. Para ese momento yo estaba casi ardiendo de ansiedad.
Cuando regresó, traía en su mano un frasco de crema Pond’s. Ana toma algo de crema con su dedo y se acerca a mí.
– ¿ya estás listo papito? – me preguntó muy emocionada –
– ya…ahhh..
– te voy a poner un poquito de cremita en tu culito… ¿sí?
– Anda Ana, empieza…
Cuando siento a Ana cerca de mi trasero, percibo su respiración agitada. Entonces siento su mano fresca levantar mi nalga derecha y coloca su dedo índice derecho en mi ano frotándolo con suavidad en forma circular. Ella me comenta casi gimiendo de placer.
– esto es para que tu ano se relaje y permita el paso de la cánula…
– oohhhh, siento cómodo…
Ana en ese entonces, introduce su dedo por mi recto hasta lo más profundo que ella podía. Sentí como mi esfínter le apretaba su dedo. Ella lo metía y lo sacaba. Yo estaba a punto de ahogarme de reprimir el placer que estaba desarrollando.
– ¿sientes flaco?… ya estamos listos….
Alejandra observaba la acción callada pero extasiada. Su hermana lo estaba haciendo muy bien. Ana le pide a Alejandra que cuando ella me introduzca la cánula, ella levante el irrigador no muy alto para poder resistir el flujo con menos dificultad. Alejandra sabía que hacer. Desde el momento que supe que Alejandra estaría presente en mi lavativa, mi grado de excitación subió más. Deseaba que cualquiera de las dos lo hiciera. Alejandra le da el equipo a Ana y ella se dispone a aplicarme mi lavativa.
– muy bien… es hora de tu lavativa – en un tono gracioso y ciertamente algo burlón comentó Ana –
Alejandra agregó:
– relájate… ponte flojito, flojito… ándale pues… mi chiquito…¡no te va a doler!
– mmmhhh – fue mi exclamación –
– te voy a levantar la nalga y te voy a meter el bitoque despacio… tú me indicas si te molesta… para retirarlo y volverlo a introducir. ¿está bien?
– Por supuesto… nomás que seas gentil por favor…
– Claro que sí, querido… déjame ver tu ano…¿dónde está?, ¿dónde está?…uhhhmmm…¡aquí está…!
Ana levanta mi nalga y observa mi ano lubricado. Siento explotar. La punta de la cánula toca mi ano y de repente la cánula se desliza suavemente hacia dentro de mi recto. Ana lo hacía maravillosamente.
– ahhhh Ana…
– ¿te entró bien? – inquirió Ana…
– síiiiiii… – casi estallando balbuceé –
– ¿de veras no te dolió?
– De veras que no, la verdad entró muy bien… lo haces estupendamente…
Ana le pide a su hermana que levante el irrigador mientras que ella me acaricia mis nalgas. Alex levanta el irrigador y de inmediato siento el fluido penetrar. Se sentía tibio. Alejandra me preguntó:
– ¿sientes entrar el líquido?
– Sí…sí…
– Así vamos a estar un buen rato… sólo relájate y aguanta… trata de retener lo más posible la solución.
Ana me seguía acariciando mi espalda y mis nalgas mientras con su otra mano cuidaba de que no expulsara la manguera. Sentía el flujo y yo experimentaba un extraño placer. Había perdido lo cohibido y de alguna manera deseaba que ese momento no terminara nunca.
Ana cariñosamente platicaba conmigo:
– ¿verdad papito que se siente rico?… ¿a poco no gozas?
– Bueno… pues sí… disfruto este rico paseo pero me encantan tus manos acariciándome.
– Ay mi rey… le estoy picando su culito – en tono de broma gimió Ana –
– Siento como el agua fluye por mi interior…
– Aguanta un poco, no tardas en sentir los retortijones… vamos a tratar de que resistas los dos litros en este lavado…. tienes tus nalguitas frescas…
– Sí pero por dentro me estoy quemando…
– Ja ja ja, bueno la lavativa va a apagar ese incendio interior… ja ja ja
Alejandra también se empezó a reir con la ocurrencia de Ana. Mi amada a menudo me abría las nalgas para ver si la cánula continuaba bien introducida y de paso, para echarle una mirada a mi culo de nuevo. Sentía que ambas hermanas estaban gozando demasiado. Sobretodo Ana. Alejandra era para mi como mi hermana mayor pero sin embargo deseaba que ella pudiera a solas ponerme muchas lavativas. Dentro de mí, reconocía que ella era demasiado bella y además poseía un extraordinario cuerpo. Ella no era muy alta pero estaba tremendamente proporcionada. Muy firme busto, nalgona, sensacionales pantorrillas y unos muslos de otra galaxia. Un rostro de concurso, blanco, sonrojado. Ojos negros y una cabellera frondosa y alegre. Era una singular belleza. Y yo me sentía como la bestia ante ellas dos. La verdad ellas eran imponentes. Me sentía muy afortunado de estar gozando esos momentos.
De repente empecé a sentir los retortijones y exclamé:
– oughh… Ana, ya empecé a sentir ganas de ir al baño…
– tranquilo… déjame hacerte unos masajes en tu panza…
Ana comenzó a darme masajes en mi vientre y panza. Empecé a desarrollar un relajamiento y las sensaciones de deseos de defecar pasaron.
– así, así, papito… relájate… tranquilo…
– ya me siento mejor…¿cuánto me falta?
– Llevas un litro pasadito… tienes que aguantar un poco más…- explicaba Alejandra –
– Está bien…
Ana indicó a su hermana:
– Alex… por favor baja un poco el irrigador y para un poco el flujo… ¿sale?
– Sí Ana… aprendiste muy bien… lo estás haciendo correctamente…. – contestó su hermana –
– Mi flaco, estás comportándote como un valiente. Mereces al rato otra lavativa…
– Ay no…más tarde pero ahora no…
– Permíteme ver tu ano otra vez… espera un poco…
Ana volvió a observar la cánula insertada y la empezó a mover hacia fuera y hacia adentro suavemente haciendo aumentar cierto placer. De repente Alejandra levanta más alto el irrigador y el fluido entra con más fuerza y empiezo a sentir que mis intestinos estallan.
– ya, ya,ya no…párale Ana… ya no por favor….
– espera flaco… sí puedes…corta el flujo Alex… por favor….
Ana empieza otra vez a masajear mi abdomen y Alejandra suspende la irrigación. Yo ahora sí, sentía que mis intestinos explotaban y los deseos de defecar eran demasiado intensos. No creía que pudiera aguantar toda la lavativa. Los deseos cedieron de nuevo y Ana retiró un momento la cánula y me empezó a hacer presión en mi ano con un trapito. Comencé a sentirme mejor y entonces Ana otra vez inserta de manera magistral la cánula en mi húmedo ano y Alejandra continua con la irrigación.
– ¿no te lastimé papito?
– Para nada… lo hiciste muy bien…
– Tranquilo… ya vamos a terminar… te falta un cuarto de litro… lo estás haciendo muy bien…
– Ahhh.. la verdad es una sensación inigualable… me excité bastante…
– ¿ya viste que una lavativa no es nada malo si se sabe para qué sirve?….
– bueno…eso creo… si me hubieras preguntado en otro momento que deseabas picarme el culo quizá te hubiera dicho que no… yo creo que hay maneras de decir las cosas.
– Por supuesto…
– Listo…. hemos terminado… te acabo de aplicar una lavativa… de dos litros papito y la aguantaste toda… sólo te queda retener unos diez minutos la solución adentro. Quédate aquí acostado mientras voy a retirarte la cánula.
Ana sacó la cánula de mi ano y tomó el irrigador y le echó una mirada al interior. Toda la solución me había sido suministrada. Le pidió a su hermana que me acompañara durante los momentos que retenía la solución mientras se disponía a lavar el equipo para el próximo lavado intestinal.
Cuando Ana salió de la habitación, Alejandra comenzó a platicar. Se sentó a un lado y empezó a mirar mi ano para ver si no lo tenía irritado. Cuando vio que todo estaba bien comenzó a acariciar mis nalgas y a darme consejos. Yo suponía que no sabía nada del momento de sexo que tuve con su hermana momentos antes. Aunque ella sabía mi amor por ella. No le platiqué nada de eso pero le dije que había tenido un orgasmo cuando precisamente Ana me tocó con su dedo mi ano. Le conté que no lo pude evitar. Ella me dijo que no me preocupara, que eso era muy normal.
Me dijo que tenía ganas de hacerme muchas lavativas, si no me importaba, hasta corregir mi problema de estreñimiento. Yo pensé que eso no le iba a importar a Ana. A fin de cuentas todavía no éramos novios.
– oye… ¿no quieres que yo te ponga la otra lavativa sola?
– Claro… sí…. si tú lo deseas…
– Quiero que te recuperes de ese problema…. y yo sé que el mejor remedio es una lavativa…
– Gracias Alejandra…. yo sé que tienes muy buena intención…
– ¡Claro que sí!… pero también admitamos que es un placer recibir una lavativa…..
– no lo puedo negar… déjame decirte que hace años creo te hicieron un estudio de rayos X y recuerdo apareciste bajando las escaleras con un irrigador parecido al que usaron conmigo. Preguntaste si yo quería una lavativa… que ahí estabas para ponérmela… lo tomé a broma… eso fue más o menos hace como nueve años…. pero te dije no…. ¿la verdad me la hubieras puesto?
– Por supuesto… no me atrevía a decírtelo de verdad porque pensaba que ibas a decir no.. pero sí me hubiera gustado ponerte esa lavativa….
– ¡qué mala suerte¡… esa noche soñé que me la ponías estando acostado sobre tus piernas… pero soñaba que tú me castigabas y que yo me merecía una lavativa por haberme portado mal.
– Ja ja ja…. esto no es castigo… mmhh… bueno… depende de quien lo diga…
– Aunque no sé si realmente me hubiera animado a recibirla esa vez….déjame decirte que te veías muy bonita….vestías un short muy ajustado y tus piernas se miraban muy torneadas…
– Gracias….¿es un piropo?
– No…es la verdad…creo que no tiene nada de malo reconocer que estás muy bonita y que además tienes un cuerpazo…. me gustaría que me pusieras muchas lavativas…bueno…si es que Ana no se molesta…
– No…para nada…ella está de acuerdo en que te apliquemos varias lavativas…ya sea ella o yo…creo que no importa ¿verdad flaco?
– No… – en ese momento un retortijón llegó – mmmghgh…ahhhgghhh…ay Alejandra…creo que ya no puedo más…
– Aguanta un poco más…déjame hacerte presión en tu ano…
Alejandra tomó un trapito y comienza a hacer ligera presión en mi ano y masajeó también mi abdomen. Yo ya no aguantaba el líquido adentro y sentía que mis intestinos iban a estallar. Me pedía que hiciera respiraciones con la boca. Así el deseo de defecar fue disminuyendo paulatinamente aunque mi panza estaba infladísima.
– listo compañero…¿puedes retenerlo un poco más?
– Creo que sí… mmmghh.. creo que sí…oohhhh
– Ya llevas un buen rato…creo que sí ya lo quieres… te puedes ir al baño…
Ana llegó en ese momento mostrando una cara de satisfacción. Se sienta a mi lado y me levanta mi nalga superior y le echa una mirada a mi culito. Me satisfacía enormemente que mi amiga me observara el ano. Puedo decir que me encantaba que lo hiciera. Tenía una mano muy suave y el sólo hecho de verla en su short mostrándome sus piernas e inclinándose para insertarme la cánula era un gran éxito. Ella comentó:
– no tienes irritado el culito…¿te sientes bien todavía para seguir reteniendo la solución? – me preguntó Ana –
– le acabo de decir a Alejandra que sí…ella me ayudó a retener un poco y a aguantar las ganas de ir al baño….pero creo que hasta aquí…
– sí papito…es suficiente…ya te puedes parar para ir a expulsar la solución….tenemos planeado que te pongamos la otra lavativa como en una hora más…¿estás de acuerdo?
– Sí…pero…¿te puedo hacer una petición?
– Por supuesto…¿qué deseas?
– ¿Alejandra me puede poner la siguiente lavativa y que yo me acueste en tus piernas?
– Bueno…está bien….¿de acuerdo Alejandra?
Alejandra contestó que estaba de acuerdo. De todos modos para mañana estaban programadas otras lavativas y ella podría aplicarme alguna, ella sola.
Yo me levanté como catapulta y corrí al baño sólo cubierto con la toalla bajo la mirada de esas dos bellezas. Seguía pasando por mi mente este maravilloso momento en que Ana me insertó la cánula y que me llevó al clímax. No podía creer que mis dos grandes amigas, a las que consideraba algo conservadoras me habían hecho un lavado intestinal y que lo hacían formidablemente.
Al llegar al interior del baño, me senté en la taza e inmediatamente salió un flujo fuertísimo de agua… era como propulsión a chorro. Sentí como mi panza se iba desinflando. Ahí solo, justamente esperaba terminar de expulsar para estar cerca de mi amada y de mi “próxima” cuñada. Era increíble que me había cogido a Ana y que más tarde ella me había “ejecutado” con una lavativa en presencia de su hermosa hermana. La expulsión ocurrió sin ningún problema hasta que terminé. Traté de no pararme hasta estar seguro que había expulsado la totalidad del líquido que me había administrado mi amada.
Cuando salí del baño, me dirigí a buscar mi ropa y me encontré a mis amigas. Las muchachas estaban afuera escuchando mi expulsión. Ana me comentó que si me importaba si ellas podían observar próximamente mis futuras expulsiones personalmente. Les dije que no me importaba. Ana y Alejandra se pusieron muy contentas. Ana le pidió a su hermana que si me hacía el gran favor de traer mi ropa. Alejandra aceptó y entonces ella me besó. Me dijo que yo me había portado muy valiente y que había cooperado sensacionalmente. Correspondí a su beso y le dije que la amaba. Ella me dijo que también y que siempre recordaría estos momentos.
– ¿quieres pasar la noche entera conmigo, flaco? – me preguntó ansiosa –
– pero….- yo dudaba – pero Ana…¿no le importa a tu hermana?
– Ya le conté lo que hicimos mientras estabas en el baño…
Yo me sorprendí bastante porque entonces Alejandra no parecía estar molesta.
– oh Ana… ¿porqué?
– ay flaco… tú sabes que te amo, ella sabe que nos amamos… ¿cuál es el problema?
– Ninguno… pero… ¿sabes Ana?… quiero vivir contigo siempre…
– Espera un poco, la verdad no quiero que eches a perder estos momentos. Vivamos libremente nuestras vidas sin nada de compromiso y después veremos que pasa.
– Entonces..¿porqué quieres pasar la noche conmigo?
– Bueno… quiero que me hagas tuya otra vez pero también quiero que me apliques unas lavativas durante la noche… pasemos una noche ardiente… ¿quieres?
– Oye Ana… yo nunca he puesto una lavativa… me da miedo lastimarte…
– Yo te guío papito.. .no temas.. .así estaba yo antes de aprender… créeme que no es nada difícil… solo empuja suavemente la cánula por mi ano, despacio… quiero ver y sentir que tal lo haces…
Estaba otra vez sorprendido. Deseaba con gran pasión estar a solas con ella haciendo el amor pero ponerle una lavativa, verle su bello trasero y poderle penetrar mis dedos en su virgen ano era lo más grande que me podía pasar.
– está muy bien… de acuerdo… será maravilloso pasar toda la entera noche contigo.
– Ay amor, me haces muy feliz.. .¿sabes?… tengo un equipo que quiero estrenar. Quiero que tú me introduzcas el bitoque. Es una bolsa grande americana con cánula y manguera blancas… está bonito el equipo… tiene una capacidad de más de 1 litro y medio…
– Oye…entonces la lavativa que me iban a poner… ¿siempre no?
– Claro que sí.. .después de aplicártela y termines de expulsarla nos vamos a mi habitación.
– Vamos a esperar una hora antes de aplicarte la lavativa siguiente. Acompáñame a ver la televisión.
– Muy bien amor…
Alejandra llegó con mi ropa y me la entregó. Me dirigí al baño a vestirme de nuevo mientras llegaba el momento de mi siguiente lavativa. Notaba que Alejandra estaba de acuerdo en nuestra relación y que entonces no iba a haber problemas.
Pasó casi una hora. En la tele estaban pasando un programa muy cómico que por momentos me hizo olvidar lo que ocurriría próximamente. Ana me preguntó si estaba listo porque Alejandra estaba preparando el agua y el equipo para aplicarme mi siguiente lavativa. Yo asentí con la cabeza y ella me indicó que era momento de empezar y que yo necesitaba estar otra vez desnudo. Así que comprendiendo la situación me dirigí a la habitación donde me harían el lavado y me quité la ropa. Tomé de nuevo la toalla y sólo cubrí mis partes genitales. Ana llegó….sus piernas me volvían loco al igual que las de su hermana pero ella era espectacular y muy cachonda. Mi pene se volvió a poner sólido como el granito. Ella estaba muy sensual y por supuesto, me encantaba que ella pudiera ponerme lavativas. Me era difícil suponer que era más atractivo para mí, si que ella me pusiera una lavativa o hacerle el amor, poder meterle toda mi verga en su puchita hasta hacerla gemir de placer. Eso para mí era difícil de detectar.
Ana se me acerca por detrás y me toca el trasero suavemente susurrando a mi oído:
– ¿de quién es este culo?
– Tuyo amor, todo tuyo.. – le respondí –
– Ahhh, ¿no sientes placer?….mmmhhh
– Claro pequeña…sobre todo si eres tú la que me lo va a penetrar con esos deditos blancos y suaves…
– Te amoooo….te adoro…. gracias por permitirme meterte la cánula…era un deseo reprimido por mucho tiempo y al fin pude lograrlo….
– Yo deseaba hacerte el amor y ahora deseo que me pongas muchas lavativas…me ayudaste a encontrar este paraíso de placer…gracias Ana….
Ana se sienta en la cama y le miro las piernas, blancas y tersas. Me pide que me recueste suavemente sobre su regazo mientras ella toma el frasco de crema y empieza a poner algo de crema en sus dedos. El olor de la crema era muy incitante. Mi pene estaba bastante duro. Me recuesto en sus piernas y ella me pide que me relaje mientras me lubrica el ano y llega Alejandra con la lavativa.
Siento como Ana con una mano extiende mis nalgas para observar el ano y pone la punta de su dedo de su otra mano en mi ansioso y ya húmedo culo.
– tranquilo amor….no te muevas y flojito, flojito…
– ahhhh…. – yo sólo gemí de placer al sentir su dedo tocar mi esfínter.
Ana comienza a sobar mi ano de manera circular y de repente introduce su dedo índice poco a poco.
– ahhh Ana…
– tranquilo….¿cómo lo sientes?
– Excitante cariño…sigue….sigue….más….más
– Ahí te voy a introducir todo mi dedo….relájate flaco….
– Síiiii Ana….ahhhhhhh…..
Ana introduce en su totalidad su esbelto dedo por mi ano y de repente lo saca, sólo para introducir su dedo del medio hasta adentro, es decir, en su totalidad. Mi ano lo apretaba y a ella parecía gustarle. Empieza a sacarlo y meterlo varias veces mientras estoy al punto del orgasmo. Ella me acaricia mis nalgas sin retirar su dedo de mi ano. Alejandra llegó con el irrigador listo a ser aplicado. Cuando miro hacia ella siento que estoy en la cúspide del Everest. Alejandra observa a Ana lubricar mi culo y se enciende. Noto como se excita también y se llena de ansiedad por meter la cánula en mi ano. Le indica a Ana que ya está lista y que en el momento que ella lo crea empezamos.
Ana retiró su dedo y me lo volvió a meter totalmente en mi ano y lo saca finalmente. Alejandra se acerca con la lavativa en sus manos y se prepara a introducirme la cánula. Ana me abre lentamente mis nalgas y Alejandra puede observar perfectamente mi ano con mucha facilidad. Está totalmente lubricado, así que no debe haber ningún problema para introducir la cánula negra.
Volteo hacia sus piernas mientras Ana me sigue abriendo las nalgas. Siento un tremendo placer y ansiedad. Los bochornos anteriores se habían desaparecido. Ya ni me acordaba de la vergüenza que me había dado en la primera lavativa.
Alejandra, baja el irrigador al suelo y se inclina dispuesta a aplicarme el enema. La cánula toca mi ano suavemente y de esa manera empieza a penetrar por mi lubricado culo hasta entrar en su totalidad. También Alejandra era una maestra en eso de introducir las cánulas. Lo más curioso, era que a la vez de estar disfrutando ese momento, ya pensaba en la lavativa que Alejandra me iba a poner por su cuenta (a pesar de que amaba a su hermana) el día siguiente.
– flaquito, relájate… flojito, flojito…”añe ñe cue”
– ahhh sí… estoy bien Alejandra
– dime si te lastimé…
– para nada Alex… no me dolió…
– bueno… voy a levantar el irrigador y que Ana te sostenga la manguera con su mano para que no se salga… ¿está bien?
Ana contestó – claro que sí… además le voy a acariciar su trasero… –
Inmediatamente empiezo a sentir el flujo de agua entrar por mis intestinos, tibia, relajante; Ana estaba acariciando mis nalgas y mi espalda. Alejandra levantaba el irrigador no muy alto para que el flujo no fuera muy duro y pudiera resistir toda la administración.
Alejandra me preguntó:

– ¿cómo te sientes flaco?
– Muy bien…
– Aprendes muy rápido….¿verdad? jejeje
– Sí Alex….

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