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La hipnosis de Natalia Estrada

El siguiente es un relato ficticio, inspirado en una persona real, lo que de ninguna manera quiere decir que esto haya ocurrido. Es mas, esto no ocurrió jamas, salvo en la imaginación del autor del relato, y debe ser entendido como una situación ficticia.

– ¡Mario, Mario! Vamos Mario, no seas tímido, ven aquí, que vea todo el mundo que el regidor del programa es guapísimo.

Natalia Estrada intentaba que el regidor de su programa, después de equivocarse colocándole los carteles de lo que tenia que decir en pantalla, saliera a escena. Él rehusaba, como la mayoría de los miembros de un equipo de televisión cuando el presentador del programa requería su presencia delante de las cámaras.

– Vamos Mario, si lo estás deseando -insistía Natalia.

Al final Mario salió al plato, era un hombre joven, de unos veinticinco años, pelo rubio oscuro y ojos oscuros.

– Ves como no pasa nada -dijo Natalia- Vamos, di algo.

– Saludo a mi papá y a mi mamá, que me estarán viendo -dijo Mario en un tono bastante azorado.

– Muchas gracias, ¡guapo! -bromeó Natalia.

– Espérame luego, que tengo una sorpresa para ti -susurró Mario en el oído de Natalia al marcharse.

Natalia Estrada adoraba a ese chico, había coincidido con él en varios programas desde que emigró a Italia por motivo del trabajo de su marido y se convirtió en una estrella de la televisión, como presentadora, aunque eso no le ha impedido cantar, bailar y hacer sus pinitos en el cine. Una autentica show-woman. Tener un físico apabullante le ha ayudado mucho.

– ¡Corten! Felicidades, un directo magnífico chicos -gritó el director al finalizar- Nos vemos la semana que viene.

Natalia buscó a Mario por el plató.

– Hey bambino, ¿cuál es la sorpresa?

– Ven luego a mi despacho y te la mostraré. Ahora tengo que revisar unas cosas con el director para el programa de la semana que viene.

Natalia aprovechó para darse un baño en su camerino y ponerse algo más cómodo que el vestido de noche con el que presentó el programa. Optó por un top negro y unos tejanos, la negra melena lisa le caía por los hombros, era preciosa.

Toc, toc.

– Pasa, Natalia, pasa. Sergio acaba de irse -dijo Mario.

– Ya lo sé, me lo he cruzado. Espero que tu sorpresa merezca la tardanza, somos la ultimas personas que quedan en el edificio -le reprochó Natalia frunciendo el ceño como para parecer enfadada.

– Verás -comenzó Mario- He aceptado una oferta de la RAI para ser el ayudante de dirección en la versión española de “Carramba, che sorpresa!

– Eso es magnifico, me alegro mucho por ti -dijo Natalia exultante de alegría.

– Eso no es todo, tengo un regalito para ti por haberme ayudado durante todos estos años -buscó en el cajón de su escritorio y sacó algo- Esto es para ti.

Le mostró un colgante de esmeralda con una cadenita de oro.

– Oh, Mario, no tenías por qué, te habrá costado una fortuna -exclamó Natalia.

– No te preocupes, lo pagué con un adelanto del contrato. En cuanto lo vi me dije: Esto es para Natalia, por todos estos años.

Colocó el colgante en la línea de visión de Natalia y le dio un pequeño golpecito. El colgante inicio una oscilación.

– Es precioso, mira cómo brilla, cómo centellea, cómo manda destellos al moverse de lado a lado, de lado a lado. Mira el colgante moviéndose de lado a lado. Solo mira la manera en que captura la luz y la envía a tus ojos, destello tras destello -dijo Mario.

Los oscuros ojos de Natalia estaban pegados a la esmeralda, siguiendo todos sus movimientos de lado a lado.

– Mira sus movimientos, izquierda, destello, derecha, destello, izquierda, destello. Es muy relajante mirar la esmeralda, muy, muy relajante. Mirar la esmeralda y escuchar mi voz es muy relajante. Cuanto más escuchas mi voz, cuanto más centellea la esmeralda, más relajada te sientes. Te sientes tan relajada y tan bien que quieres cerrar los ojos. Confía en mi, cierra los ojos. Los párpados comienzan a pesarte, cuanto más miras la esmeralda, más te pesan los ojos.

Natalia pestañeó, sus músculos estaban totalmente relajados.

– Ya casi no puedes mantenerlos abiertos, tienes mucho sueño Natalia, mucho sueño. Duerme Natalia, duerme profundamente.

Después de parpadear dos veces, los ojos de Natalia se cerraron y ella cayó sobre el sillón que había detrás, la barbilla apoyada sobre su pecho y los brazos caídos a ambos lados del asiento.

Había funcionado, llevaba varios meses planeando esto. Eran muchos años viendo a Natalia y deseándola en secreto. Leyó unos cuantos libros, le pidió consejo a Guicas Casella el día que vino al programa e incluso lo había probado, y con éxito, con su vecina, una rubia estupenda a la que hipnotizó con la excusa de ayudarla a concentrarse en el estudio.

– Natalia, ¿puedes oírme?- preguntó Mario.

– Sí – contesto Natalia en un tono apenas audible.

– ¿Cómo te encuentras?

– Bien, relajada.

– Escúchame, cada palabra que digo te relaja más y más, te hacer sentir mejor. Debes confiar en mí. ¿Harás todo lo que yo te diga?

– Sí.

– Bien Natalia, escucha atentamente. Cuando dé una palmada, en tu cabeza va a sonar una música y vas hacer un strip-tease, un strip-tease muy erótico para tu amo. Con cada pieza de ropa que te quites comenzaras a sentirte muy caliente, cuanta más ropa te quites más caliente y cachonda te sentirás. Querrás sexo, mucho sexo cuando estés completamente desnuda. Adelante.

Poniéndose cómodo en su sillón, Mario dio una palmada. Natalia se levantó lentamente, y comenzó a bailar, primero de forma vacilante y después con más resolución. Primero se quitó el top, dejando al descubierto un sujetador negro muy insinuante, después los zapatos. Dándose la vuelta comenzó a quitarse los vaqueros, y al inclinarse le dio a Mario una vista inigualable de su culo. Desabrochó el sujetador y se lo quitó poco a poco, ocultando deliberadamente sus grandes tetas durante unos segundos para terminar el strip-tease quitándose las bragas muy lentamente. Después de terminarlo, permaneció de pie. Mario contemplo a la hipnotizada morena, su piel bronceada, su larga melena, sus tetas de considerable tamaño y su coñito.

– Ven aquí Natalia.

Mario la besó apasionadamente, beso que fue correspondido por la hipnotizada show-woman con una pasión todavía mayor que la que puso Mario. Parecía que el estado hipnótico había derribado todas sus inhibiciones. Las manos de Mario recorrieron toda su espalda, desde su nuca hasta su culo. Comenzó a besarle los pechos, la polla comenzaba a apretarle en los pantalones.

– Arrodíllate y chúpame la polla.

Natalia se arrodilló y comenzó a desabrocharle el cinturón mientras Mario se quitaba la camiseta. Cogió la polla y se la metió en la boca. Se lanzó a lamerla para después utilizar el resto de la boca, arriba y abajo, arriba y abajo. Mario emitía gemidos de placer al sentir el roce de los labios de Natalia en su miembro viril. Estuvo a punto de correrse pero se contuvo en el momento justo.

– Levántate Natalia. ¿Por delante o por detrás? -preguntó Mario.

– Fóllame en el culo -dijo Natalia dándole la espalda.

Mario le agarró por detrás las tetas, estrujándoselas y manoseándoselas, enviando ondas de placer por todo su cuerpo. Besándola, inició el ataque por detrás moviendo su polla dentro y fuera de su ano mientras metía sus índices en el coño de la presentadora. La hipnotizada Natalia gruñía de placer. Mario la apoyó en la mesa y eyaculó, mezclando su esperma con el fluido de Natalia, que llegó al orgasmo en ese mismo momento emitiendo un gran gemido. Natalia se desplomó encima de la mesa, gimiendo y suspirando. Mario empezó a acariciar su espalda y su culo. Había sido fantástico, menudo polvazo.

Cuando ambos estuvieron de nuevo vestidos, Mario le dio las ultima instrucciones a su esclava.

– Natalia, dentro de un momento voy a chasquear los dedos. Cuando lo haga, despertarás sin recordar nada de lo que ha sucedido, solo recordaras que me voy del programa. No obstante, cuando oigas la frase “Dormi ragazza” volverás a caer en trance hipnótico. Recuerda esto y nada más.
Dicho esto, chasqueó los dedos y los ojos de Natalia se abrieron.

– Me alegro mucho por ti, te encantara España. Es un país maravilloso. Vaya, que tarde es. ¿Te llevo a casa? -dijo Natalia.

– No, muchas gracias, tengo el coche en el garaje -respondió Mario.

– Entonces, ciao bambino -dijo Natalia saliendo del despacho y con una sonrisa pícara.

– Ciao Natalia.

Y pensar que su padre quería que fuera abogado…

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