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La hipnosis de Marta Sánchez

El siguiente es un relato ficticio, inspirado en una persona real, lo que de ninguna manera quiere decir que esto haya ocurrido. Es mas, esto no ocurrió jamas, salvo en la imaginación del autor del relato, y debe ser entendido como una situación ficticia.

Marta Sánchez paseaba tranquilamente por su camerino esperando que la llamaran para entrar. Iba a participar en el programa “Crónicas marcianas” promocionando su nuevo álbum. Estaba acostumbrada a esto: cantaría su canción, contestaría a algunas preguntas de Xavier y después vuelta al hotel. Le encantaban estos momentos, el rugir de la multitud, la adulación y el sentirse el objeto de deseo de la gente. Estas eran una de las mejores cosas de ser una estrella de la canción.

Marta estaba sentada cuando la puerta se abrió y un joven entró. Tendría veintitantos, el pelo oscuro, ojos azules y una complexión normal. Vestía simplemente con una camiseta y unos tejanos.

– ¿Señorita Sánchez? -dijo- Dentro de diez minutos Xavier terminará con Galindo, unos anuncios y luego entra usted. Por cierto, mi nombre es Ricardo.

– Gracias Ricardo -dijo Marta sonriendo. Sus ojos se fijaron en un colgante alrededor del cuello de Ricardo. Eran una doble cadena unida a un cristal- Vaya, esto no es lo que esperaba que llevara un ayudante de plato.

– ¿Esto? -dijo Ricardo- Oh, es un regalo de mi novia. Insiste en que lo lleve puesto en todas partes. Creo que me queda muy bien. ¿Tú que piensas?
Se quitó el colgante y sostuvo el cristal a pocos centímetros de los ojos de Marta.

– Creo que es preciosa la manera en que brilla a la luz, la manera en que destella. Quiero decir, míralo. Tan solo míralo. Mantén tu mirada fija en él y podrás ver todo tipo de pequeñas luces. Sin moverse, sin balancearse, sin girar. Solamente sentarse y dejar a la luz tranquilamente rebotar dentro y fuera de tus ojos.

La mirada de Marta estaba totalmente fija en el cristal, su boca desairadamente abierta. Sabiendo que tenía su atención, Ricardo continuó hablando con voz baja y monótona.

– Mantén tu mirada en el cristal, Marta. Sigue mirándolo fijamente, cada vez más y más dentro de él, justo al centro. El centro del cristal, el secreto de su belleza. Sigue mirándolo. Mientras miras profundamente dentro del cristal, comienzas a sentirte cansada. Muy cansada. Sientes todas las presiones de tu gira, tan agotadoras. Te sientes muy cansada y somnolienta. Mantén tu mirada fija en el cristal, mirando el centro y te sientes muy cansada. Todo lo que quieres hacer es descansar. Solo descansar. Te sientes tan cansada que quieres cerrar los ojos. Cuanto más miras el cristal, más cansada te sientes. Solo mantén tu mirada cansada más y más tiempo mirando el cristal y siéntete mas y más somnolienta. Te sentirás muy bien si cierras los ojos. Cerrar los ojos, descansar y entregarse. Confía en mí y cierra tus ojos. Cierra tus ojos y relájate.

Los ojos de Marta se cerraron pestañeando y cayó pesadamente sobre el asiento. Después de colocarse el colgante en el cuello Ricardo puso una mano en la pierna de Marta. Vestía un ajustado vestido de una pieza con un buen escote. Movió su mano sobre su muslo y ella suspiro en respuesta. Sabía que solo tenia unos momentos antes que Marta fuera llamada al plato, así que tenia que actuar deprisa.

– Marta, escúchame muy cuidadosamente. Solamente me has conocido pero te sientes muy atraída hacia mí. Crees que estoy bueno, ¿verdad?

– Sí… -susurró Marta.

– Piensas que soy sexy, ¿no es verdad, Marta?

– Sí…

– Cuando estés en el plato, pensarás en mí. Cuando se acabe la entrevista, pensarás en mí y en cómo sería hacerme el amor, tener mi polla dentro de ti, tenerme besando tus senos. Pensaras en mí y soñaras conmigo, ¿no?

– Sí…

– Ahora, en un momento, voy a chasquear mis dedos y despertarás. No recordarás haber estado dormida o de qué hemos hablado. Sin embargo, si me ves sosteniendo este maravilloso cristal, volverás a caer en este maravilloso sueño. Y cuando estés dormida soñarás que te estoy dominando, soñarás que quieres que te haga el amor siempre que yo quiera. Lo quieres, lo necesitas y te encanta. ¿Entendido?

Marta asintió. Poniéndose de pie, Ricardo chasqueó sus dedos y vio cómo los ojos de Marta se abrían. Ella lo miró, su fascinante cara enmarcada por el ondulado pelo rubio.

– Es la hora, Señorita Sánchez -dijo Ricardo en su tono de voz normal.

– Será mejor que vayamos, es la hora del show -dijo Marta mientras salía.

Ricardo sonrió. Iba a divertirse con un show privado mas tarde, esa misma noche.

Era poco más tarde de las dos de la madrugada cuando Marta llegó a su habitación en el hotel. Había estado ocupada firmando autógrafos y concediendo una entrevista a una revista, después de una cena rápida. Había dado instrucciones para que nadie la molestara, así que se sorprendió cuando oyó un golpe en la puerta. Abrió la puerta y vio a Ricardo allí de pie, todavía vestido con su camiseta y sus tejanos. Antes de que pudiera pedirle explicaciones sobre qué estaba haciendo allí, Ricardo, levantó el colgante. En el instante en el que sus ojos se posaron en el cristal, se cerraron y Marta se balanceó en el porche.

– Déjame entrar, Marta -ordenó Ricardo.

Ella obedeció echándose a un lado para que él pudiera entrar, cerrando la puerta tras él. Ricardo miró a la hipnotizada cantante y sonrío, complaciéndose de que la cosa hubieran salido tan bien.

– Marta, esto es lo que habías soñado todo el día. Estás dormida y teniendo un sueño maravilloso donde yo te domino. Quieres divertirte con este sueño hasta su plenitud. Ahora, quítate la ropa.

Marta lentamente abrió la cremallera de su vestido y lo dejó caer al suelo. Sus grandes senos salieron al aire, dándole a Ricardo el deseo de asaltarla. Ella se inclinó para desprenderse de sus bragas negras y de sus medias mientras Ricardo también se desnudaba.

– Marta, creo que tú y yo vamos a tomar una ducha. Relax después de un largo día.

Tomando a su hipnotizada esclava de la mano, Ricardo la introdujo en el baño y abrió el grifo de la ducha. Luego se introdujo en ella y ayudó a Marta a meterse. La abrazó mientras el agua caía sobre ellos, enviando un hormigueo por toda su piel. Podía sentir sus senos presionar sobre su pecho y la besó. Ella respondió lentamente, lamiendo sus labios. Le echó la cabeza hacia atrás para que el agua le cayera sobre el pelo y comenzó a besarle los pechos. Ella arqueó su cuerpo hacia atrás y suspiro al sentir la boca de Ricardo sobre sus pezones, enviando descargas de placer a través de todo su cuerpo.

Ricardo tomó una pastilla de jabón y lentamente la frotó contra el pecho de Marta, masajeando sus senos mientras la enjabonaba. Le dio la vuelta y deslizo la pastilla por su espalda. Enjabonó su culo, moviendo la pastilla en una nalga mientras palmeaba la otra, introduciendo sus dedos en el agujero y obteniendo un gemido de Marta. Le dio la barra a ella.

– Marta, arrodíllate y enjabona mi polla.

Marta obedeció, frotando la pastilla y sus bien cuidadas manos a lo largo de la polla de Ricardo. Le costó unos segundos ponerse erecta, el jabón y el agua mezclados con el esperma que comenzaba a gotear.

– Chúpala, Marta -ordenó Ricardo- Métetela en la boca.

Marta acató la orden sin rechistar, poniendo su boca sobre la punta de la dura flecha. Pronto comenzó a chuparla, su lengua lamiendo la punta mientras ponía la polla dentro y fuera de su boca, chupándola de ida y vuelta. Agarrándose en el cristal de la puerta de la ducha, Ricardo gemía de placer mientras su hipnotizada esclava continuaba chupándosela. Dio un salto y comenzó a salir, su paquete expulso el semen a la famosa garganta de Marta.

Los dos salieron de la ducha y se dirigieron a la cama de matrimonio. Ricardo se puso sobre la cama y puso a Marta sobre él. Se besaron de nuevo, y esta vez Marta puso más pasión. Bajó por el cuerpo de Ricardo hasta que se encontró con su polla, se sentó sobre ella y la introdujo en su coño. Lentamente comenzó a balancearse sobre su amo, moviéndose de arriba abajo, meciéndose dulcemente para que la polla de Ricardo pudiera penetrarla cada vez más profundamente. Las manos de Ricardo se movieron al pecho de Marta, aferrándose a sus grandes tetas, apretándolas y empujándolas hacia Marta. Esta gemía lentamente sintiendo el placer que le llegaba de sus tetas y de su coño. El pellizco que Ricardo le dio, pareció empujarla a balancearse más y más rápido sobre la polla de su amo hasta que este eyaculó, emitiendo un sonoro grito. La cantante cayó sobre Ricardo con la respiración entrecortada. Ricardo pasó su mano a través del rubio pelo mojado mientras pensaba en las noches de placer que iba a pasar. Parecía fácil persuadir a Marta para que él se uniera al equipo de la gira. Esto le daría a Ricardo un “pase V.I.P.” soñado por muchos hombres.

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