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El encuentro

Iba en el autobús aproximándome a mi destino, era un día soleado, hacía calor, y conforme me transcurría el tiempo, el corazón me palpitaba con mas fuerza, y una sensación extraña y a su vez agradable, me recorría el estómago. Por mi mente empezaron a pasar los acontecimientos transcurridos los últimos días , y su recuerdo, en cierto modo me producía temor, a la vez que anhelo, curiosidad y deseo.

Todo empezó semanas atrás, cuando navegando por internet, como tantas otras veces en busca de alguien con quien comentar mis pensamientos, contacté con Luis, un joven Valenciano, que dijo tener 35 años, y que al igual que yo, era un entusiasta de todo lo referente a los enemas y el placer anal, pasión que yo profeso desde hace muchísimos años.

Me comentó que con su pareja practicaban con asiduidad esta actividad, y poco a poco fuimos entablando amistad, intercambiando pareceres, opiniones y sugerencias, hasta que uno de esos días me invitó a que viajara a su ciudad para así poder conocernos personalmente, pues ya nos habíamos enviado fotos, algunas de ellas muy sugerentes, y desde luego ya sabíamos que aspecto teníamos cada uno.

Yo al principio dudé un poco, pues no sabes como puede reaccionar la gente en un momento determinado, pero aparte de parecerme unas personas legales, mi gran atracción por los enemas, me hizo al fin aceptar, y aquí estaba yo viajando con una bolsa con todos los utensilios que yo poseía para administrar el placer anal, imaginando una serie de situaciones que me gustaría vivir, pensando como sería esa pareja tan agradable en la red, que al igual que yo parecían estar entusiasmadas con mi viaje, y esa sensación me hacía estar francamente nervioso e intranquilo, pues casi nunca las cosas ocurren como uno las imagina.

Por fin el autobús llegó a su destino, bajé y comencé a buscar con la mirada a mi nuevo amigo Luis, pues había quedado con él a la salida de dicha estación. ¿Habrá venido?, pensé, pero efectivamente, allí estaba aguardando en la puerta de la estación fuera de su coche, y acompañado de su amiga y compañera Ana, que por cierto estaba guapísima, mucho mejor que en las fotos recibidas, quedé maravillado de su aspecto externo, vestía un jersey muy ceñido al cuerpo de color negro, un pantalón vaquero muy ajustado y unos zapatos de tazón finísimo, su larga y sedosa cabellera se movía al son que el viento marcaba, una ligera brisa de un día soleado de primavera.

Nos saludamos afectuosamente, y acto seguido subimos al coche con destino a su apartamento, lugar donde tendríamos nuestro encuentro. Yo notaba que en el fondo todos estábamos algo nerviosos, e ilusionados a la vez. Durante el trayecto, no mencionamos nada respecto al tema que me había llevado allí, tan solo comentábamos sobre mi viaje, el cansancio del mismo, recordando nuestros primero encuentros en la red, y haciendo algunos chistes y bromas para ir rompiendo el hielo, e ir conociéndonos un poco mas en profundidad.

Al poco rato, llegamos a la casa, una bonita urbanización con chalecitos individuales, rodeados de un pequeño jardín en una zona muy tranquila. Pasamos al salón y nos sentamos los tres. Ahora sí que comenzamos a dialogar sobre nuestra afición, los enemas, todos sabíamos a lo que habíamos ido, y el propósito era disfrutar lo máximo, sin causar daño ni perjuicio a nadie, solo un grupo de amigos con una idea en común y unas ganas de disfrutar sana y llanamente de algo que les atraía, sin tapujos ni reparos, abiertamente y con total libertad.

Yo saqué el contenido de mi bolsa, en una mesa fui colocando el depósito de plástico de dos litros de capacidad, las peras vaginales, las cánulas para acoplar a las gomas, las bolitas chinas, unos dilatadores anales, guantes de látex, preservativos, crema dilatadora, una sonda, y varias cintas de video con películas de enemas, para su visionado durante alguno de los descansos, pues el día prometía mucho.
Mientras yo colocaba todo este material, Ana se levantó, diciendo que iba a calentar varias ollas de agua, y se iba a cambiar y a preparar, por lo que nos quedamos Luis y yo solos.

Luis, me rogó que le acompañara al dormitorio, lugar donde íbamos a tener el encuentro, y vi que ya estaba todo preparado. En al pared, y colgado de varias alcayatas que anteriormente tenían cuadros colgados, había varios depósitos de dos litros, ahora todavía vacíos, en la cama, un gran plástico y unas toallas de playa encima para evitar mojar el colchón, en las mesitas, diversos vibradores de varios tamaños, preservativos, una caja de guantes de goma, y otros de látex, peras vaginales y anales de gran capacidad, gomas largas y sueltas, diversas cánulas, y me llamó la atención un consolador de cintura.
La habitación estaba en penumbra, fuera lucía un sol espléndido, pero ahí había una luz tenue y sensual, con un ambiente muy acogedor, y un suave olor a algo que me quiso recordar el ambientador perfumado que se coloca en los lugares donde se necesita un olor agradable, aunque no pude identificar que fragancia era.

Después de colocar todo encima de la cómoda, pasé al servicio y me duché, cuando volví, envuelto en una gran toalla, me sorprendió muy gratamente lo que vi. Luis esta totalmente desnudo sentado en una de las sillas, y junto a él se encontraba Ana, tan bella como antes, con su cabello suelto, aunque su atuendo había cambiado, ahora llevaba unos zapato negros con tacón de aguja, medias negras unidas a un liguero, braguitas de las que llevan agujero delante y detrás, y un sujetador escotado del mismo color, muy pintada, y su cara revelaba que estaba ansiosa de comenzar.

Yo me quité la toalla y quedé desnudo ante ambos, mi pene aunque flácido, empezó a dar señales de vida, y la decisión que tomamos fue la de comenzar a ponerle la primera lavativa a Luis.

Los depósitos de las lavativas estaban llenos de agua caliente que humeaban un poco, tanto mejor, pues dado que todavía no se iba a suministrar el agua, importaba que se mantuviera caliente. En el suelo había una gran olla con mas agua, y junto a ella, varias zafas grandes y un cubo.

Luis se levantó de su asiento, y con una sonrisa, se situó a cuatro patas encima de la cama, bajando los codos, quedando por tanto todo el culo en pompa, y la cara reposada sobre la cama. Ana me invitó a que comenzara yo el trabajo mientras ella observaba, y que ya se uniría en el momento en que se encontrara caliente. Por lo tanto, yo me enfundé unos guantes de los de látex suaves, y con un almohadón en el suelo, me arrodillé frente al trasero de Luis que esperaba solícito el tratamiento.

Lo primero que hice fue embadurnarme el dedo corazón de la mano derecha con la crema dilatadora, y con total suavidad, lo apliqué en el sonrosado ano de Luis. Las rugosidades anales se fueron lubrificando poco a poco, y notaba cono él agradecía ese suave masaje, y su pene, hasta ahora flácido aunque grande, comenzaba a tomar consistencia. Ahora ya estaba suficientemente embadurnado el ano por fuera, y con suavidad comencé a introducirlo en el ano, esta acción hizo que éste se contrajera, aprisionándome el dedo dentro. Yo como respuesta, con la mano izquierda que tenía libre, le cogí suavemente el pene, y comencé a menearlo con dulzura hacia delante y hacia atrás, por lo que unido al movimiento rotatorio y de entrada y salida del dedo en el ano, hizo que empezara a jadear muy suavemente.

Mientras tanto, Ana, al presenciar el espectáculo comenzó a reaccionar, cogió un vibrador de los de gran tamaño, y abriendo las piernas, comenzó a introducírselo en su húmeda vagina. Pienso que estaba húmeda, dada la rapidez con la que se introdujo en vibrador. Con la otra mano se acariciaba el clítoris, comenzando un suave jadeo acompasado, mientras sus ojos se entornaban de placer lascivo.

Yo mientras comprobaba que el dedo entraba y salía con mucha facilidad del ano de Luis, por lo que solté su ya desarrollada verga, sacando muy suavemente el dedo de su culo para rápidamente añadir crema también en el dedo índice, e introducirlo poco a poco dentro del ano que ya respondía con facilidad a la introducción.

Llegado a este punto, le pregunté a Luis, si deseaba en algún momento dada la excitación reinante, que lo penetrara, pues yo no tendría ningún inconveniente en ello, y en caso afirmativo, si quería que fuese antes, durante o después de suministrarle la lavativa, y él respondió que mejor cuando ya tuviera el agua en el cuerpo, pues la sensación de plenitud sería mayor. En ese momento noté algo a mis espaldas, era Ana que sigilosamente se había levantado, y como yo estaba arrodillado en el suelo, ella me estaba acariciando también mi trasero, notando como un dedo entraba suave y rápidamente en mi ano, teniendo como rápida respuesta un pene bien desarrollado, entonces me dijo al oído: -Juan , me voy a tumbar también en la cama para comerme esa polla tan enorme que tiene Luis, tu mientras tanto me acaricias también el culo y la vagina.- Eso hizo, y mientras le chupaba fervientemente la polla a Luis, yo metía y sacaba en su culo los dedos medio e índice de la mano izquierda, y con el pulgar entraba y salía de su húmeda y chorreante vagina.

Esta situación se prolongó durante un tiempo, y cuando observé que ya estaba Luis totalmente dilatado, liberé ambas manos, me quité los guantes, y cogí uno de los dilatadores anales que habían allí, y se lo apliqué a Luis para que el ano no se le cerrase, acto seguido cogí una de las gomas que pendían de la pared, metí la mano en el agua, y comprobé que ya tenía la temperatura ideal para serle introducida en el cuerpo. Con mucha suavidad retiré el dilatador anal de su ya lubricado culo y empecé a realizar pequeños círculos y a jugar con la cánula en la puerta del ano, metiéndola, sacándola y girándola, hasta que por fin la dejé quieta y abrí el grifo de la entrada del agua, por lo que un torrente de agua tibia inundó su cuerpo, mientras Ana en posición de “69″ comía y era comida por Luis.

Como Ana estaba también tumbada en la cama, cogí una de las peras y con mucha suavidad se la apliqué a Ana en su culo. Era una pera vaginal, por lo que la cánula al ser gruesa, entró en su cuerpo abriendo un ancho surco, y haciendo que se escapara un pequeño gemido de sus garganta. Vacié muy lentamente en su interior el contenido de esta primera pera, y cuando terminé, en lugar de sacarla, solté la presión y comenzó a llenarse un poco al regresar parte del líquido, por lo que a continuación volví a apretar y le volví a introducir nuevamente el agua en su cuerpo. Esta vez la saqué con cuidado de no derramar agua, y cogí otra de las peras que ya estaban preparadas, repitiendo la misma operación, pero esta vez al soltar, casi logré que se volviera a llenar la pera, pues ya el contenido en su cuerpo rondaba el litro de agua.

Luis ya se estaba terminando el agua del enema, por lo que me apresuré a terminar con Ana, para no dejarla a medias. Por lo que cogí una galga (varias bolitas de goma de varios tamaños unidas por goma y largo, similar a las bolitas chinas, pero todo en un cuerpo rígido y de goma), y en lugar de aplicarle una tercera pera, le introduje estas bolitas suavemente.

Luis ya se había terminado el agua, por lo que le saqué con cuidado la cánula, mientras Ana seguía comiéndose sus genitales, y como yo estaba ya totalmente empalmado desde hacía bastante tiempo, no me ocasionó ningún problema el colocarme un preservativo, y lubrificar muy bien mi erguido pene, que con mucha delicadeza, fui acercando al ano de Luis, del cual goteaban sinuosas gotitas de agua. Lo acerqué, y con leve empuje comenzó la introducción, cosa que Luis acusó con un gemido pues el agua que ya inundaba su cuerpo lógicamente fue empujada por la presión de mi pene.

La lógica excitación por parte de todos, hizo que en breves momentos eyaculáramos ambos, Luis por el trabajo de Ana, y yo por la presión de las paredes del ano en mi pene, llegando al orgasmo, con verdaderos gemidos por parte de todos. Acto seguido y con cuidado retiré mi pene de su culo, procurando no derramar agua, y yendo Luis rápidamente al aseo a evacuar, quedando Ana en la cama sobreexcitada, en su intestino poco mas de un litro de agua y las bolitas, que yo con dulzura y picardía movía, produciéndole un gran placer. Como deseaba correrse y evacuar, bajó de la cama, se puso en acuclillas sobre una de la grandes zafas, y comencé a masturbarla, y cuando llegó el orgasmo, tiré rápidamente de la galga, por lo que el agua salió rápidamente y debido a la sacada rápida de las bolas y el orgasmo el placer fue inmenso, evacuando el resto del agua en la zafa.

Todos nos habíamos corrido de una manera o de otra, y ya nos habíamos duchado todos, ahora solo faltaba recibir yo un enema, pero eso sería un poco mas tarde, después de descansar todos, y reponernos.

Enemovil R.J.

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