Capitulo 5: La liberación.

– Mira, tengo un plan (dije)
– ¿Cuál es? (Me interrogo con curiosidad)
– Después te digo, primero tengo que hacer algo, ya regreso.

Tome una cuerda que había en el lugar y un gancho, volví hacia el camarote y me colgué nuevamente sobre el costado, pero esta ves utilizando la cuerda y el gancho para poder moverme con mayor libertad.
Con la daga forcé la claraboya, la cual se abrió hacia adentro con un suave rechinar.
Me metí por ella con un poco de dificultad y me acerqué hasta la mesa con sumo cuidado, agarre las llaves y volví a salir por donde había entrado, con mas dificultad aun, una vez fuera me dirigí nuevamente hacia el calabozo.
Al llegar le mostré a Urara las llaves y le conté mi plan luego de abrir la celda.
– Escucha, este es mi plan.
– Voy a necesitar de la ayuda de todos ustedes (dije mirando a los demás prisioneros)
– Por supuesto (dijo uno, los demás asintieron con la cabeza)
– Primero ustedes se dirigirán a los camarotes de los demás piratas, en el camino pasaran por la armería y podrán tomar sus armas.
– Mientras, Urara tú te encargaras de los guardias que hay en frente del camarote del capitán.
– Mavery (dijo Urara interrumpiendo) estos dos hombres son hechiceros, también podrían ayudarnos con los guardias del frente.
– Bien, usted se encargara del guardia que esta de vigía en lo alto del mástil, y del que se encuentra cerca del timón.
– ¿Cree que podrá con ambos?
– No se preocupe, déjemelos a mi (respondió muy serio)
– Y usted servirá de apoya a los demás cuando entren en los camarotes, de acuerdo.
– Por supuesto (dijo este frotándose las manos)
– Bien cuando empiecen los gritos arriba ustedes podrán dominar a los guardias que están abajo durmiendo.
– Les daremos unos minutos para que se coloquen en posición.

Al salir tome mi daga, me acerque al sujeto que estaba durmiendo y…
Se la di a Urara, yo no podía hacer eso.
Ella con total sangre fría rebano el cuello del sujeto con una velocidad y precisión que ni siquiera se dio cuenta que había muerto.

Urara y el otro sujeto comenzaron a hablar en otro idioma, mientras movían las manos, de las manos del hechicero se desprendió un chorro concentrado de fuego que alcanzo al que estaba de vigía en lo alto del mástil, este dio un tremendo grito al sentirse abrasado por el fuego.
Inmediatamente de las manos de Urara salieron unas esferas de luz, (al menos eso parecían) e impactaron en ambos guardias que cuidaban el frente del camarote del capitán, estos se desplomaron al piso contorsionándose y gritando, como si una enorme descarga de corriente eléctrica les estuviera recorriendo el cuerpo.
Luego se quedaron inmóviles.
A todo esto el otro guardia, el que estaba cerca del timón dio la alarma, aunque con los gritos de los demás no era necesario, al tiempo que desenvainaba su cimitarra.
El capitán salio del camarote a toda prisa con su hacha en la mano y vio en el suelo a los guardias, alzo la vista y nos miro.
Su rostro se deformo al gritar, e invistió contra nosotros revoleando el hacha en el aire.
Mientras el hechicero se encargaba del otro guardia que se nos venia encima a toda velocidad, Urara derribo al capitán con otro hechizo, este se quedo quieto en el lugar cayendo al suelo como una tabla.
– ¿Qué le hiciste? (Pregunte)
– Ho, un simple encantamiento, lo congele, aunque no esta muerto, vivo vale mas.

Al despuntar el alba, el capitán y los demás piratas, los que sobrevivieron, fueron encerrados en el calabozo.

Ya de mañana, estábamos todos cansados.
– Bueeenooooo (dije bostezando), yo me voy a dormir.
– Quien estará a cargo mientras descansa capitán (pregunto uno de los sujetos)
– …¿Capitán?…¿yo? (estaba en estado de shock, no entendía)
– Si, (dijo Urara sonriendo) ahora vos sos el capitán del barco, vos los liberaste y te están agradecidos, te seguirán.
– …Bien, em… encargate tu, estarás al mando mientras yo descanse (dije con una sonrisa)
– Si mi capitán, (respondió sonriendo y haciendo un ademán con el brazo)

Estuve en la cama tendido un rato sin poder dormir, pensando, muchas cosas me daban vuelta por la cabeza, de a poco el sueño fue venciendo y quede profundamente dormido.

Algo me sacude del hombro, despierto, aun medio dormido, intento darme vuelta y seguir durmiendo, pero de nuevo me zamarrean del hombro.
Abro los ojos y veo a Urara, que estaba sentada al borde de la cama sonriendo.
– Vamos, despierta (dijo muy feliz)
– Ya es medio día, vamos, te traje el almuerzo.
– Mmmm, que… (pregunte todavía dormido)
– Que es medio día, ARIBA (grito, y me senté en la cama de inmediato, el sueño se desvaneció)
– Ey, no me grites.
– Bueno si no te despertas… ¿preferirías que te tire un balde de agua fría? (pregunto sonriendo)
– No, esta bien, ya me levanto.

Me levante, y vi sobre la mesa un suculento banquete, había un enorme pollo cocido, una gran jarra de… algo, papas asadas y otras muchas cosas.
– Me queres acompañar (le pregunte)
– Si, (dijo sentándose a mi lado) tengo mucha hambre.
– Y… ahora que, hacia donde iremos.
– Ya di las instrucciones correspondientes, en este mismo momento nos dirigimos hacia Picesla.
– Mmmm, esto esta delicioso, y en cuanto llegaremos (pregunte sin apartar la vista de mi comida)
– Mmmm, si esta bueno (respondió ella), en unos cinco meses.
– Cof, cof, (una pieza de pollo demoro en bajar por mi garganta) ¿Qué? Cinco meses.
– Si, el viaje por mar es muy largo. (dijo despreocupadamente, mientras devoraba un muslo de pollo)
– …Que se supone que aremos todo ese tiempo, yo no se nada sobre navegar.
– No te olvides que ahora sos el nuevo capitán (dijo con una sonrisa), tendrás que ser rígido y dar muchas ordenes.
– Genial, bien vos te encargaras de todo eso, yo no se nada sobre barcos.
– SI SEÑOR, (dijo en voz alta haciendo ademanes con la mano)
– JA, JA, (dije sarcásticamente) que graciosa.

Luego de acabar con la comida, ella salio del camarote, no sin antes decirme que tendría que salir a cubierta y hablar con los marineros.
Pero ¿Qué les diré?, no puedo salir y dar ordenes, no tengo ni idea de que hacer, o que decir.
Espere un rato y llamaron a la puerta.
– Señor (dijo Urara), sus hombres lo están esperando.
– Si, (respondí nervioso) ya salgo.

Me arregle un poco, (desde que llegue a este lugar estoy vestido con el pantalón vaquero y la camisa rallada que me puse en el crucero antes de todo lo que sucedió, el único calzado que tengo son un par de botas que Urara me dio, en la isla, ya que había salido descalzo de mi camarote)
Salí a cubierta y allí estaban todos los prisioneros, hombres y mujeres, esperando que les dirigiera la palabra.
– Ejem, (dije aclarándome la garganta) damas y caballeros.
– Desde ahora todas mis ordenes se las impartiré a mi segundo al mando, la señorita Urara. (Todos le dirigieron la mirada)
– Luego ella se las comunicara a ustedes. “espero que se crean esto” (pensé)
– Si nadie tiene nada que decir, por favor continúen con sus cosas.
– MUY BIEN, TODOS A TRABAJAR (les grito Urara)

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