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Aquel extraño

Convivo desde hace algún tiempo, en el mismo departamento con dos amigos llamados Matías y Román. Queda en la zona de facultades de mi ciudad por lo que nos conviene a los tres ya que compartimos alquiler y comidas. Esa noche, los chicos me habían dicho que no vendrían hasta muy tarde porque tenían una cena y luego irían a bailar.

Mi cuerpo es muy atractivo según me dicen, con senos no muy desarrollados, una fina cintura y un culete muy apetecible que hace suspirar a varios. Soy rubia y mis labios carnosos y muy sensuales son motivo frecuente de piropos y groserías.

Esa noche estaba sentada en la mesa de la cocina estudiando, pero notaba que no podía concentrarme porque estaba muy tensa; por eso decidí dejar para el día siguiente mi tarea. Me di una reconfortante ducha y ya lista, decidí tomar un calmante para poder descansar. Cuando sentí mis párpados pesados por el sueño, me dirigí a mi dormitorio, entrecerré apenas como todas las noches la puerta, me tendí en la cama boca abajo, estirando placenteramente mi cuerpo, aflojando completamente mis piernas y brazos, apenas tapada con la toalla que aún tenía anudada como un vestido en mi pecho… Lentamente mi cuerpo comenzó a relajarse, hasta que el sueño me venció por completo.

No sé cuanto tiempo pasé en ese hermoso estado de inconsciencia y flaccidez, cuando de repente sentí que alguien muy pesado se sentaba sobre mi cuerpo, quitándome la respiración, me sujetaba ambos brazos llevándolos violentamente a mi espalda y con gran rapidez, pasaba una cuerda alrededor de mis muñecas y las dejaba absolutamente inmovilizadas…

Abrí la boca para respirar una bocanada de aire que aliviara mi ahogo, pero lo único que conseguí fue permitir que mi agresor introdujera muy fácilmente un pañuelo dentro de mi boca, impidiéndome así que pudiera gritar pidiendo auxilio…

Comencé a patear la cama utilizando lo único que tenía libre: mis piernas, pero me sujetó los tobillos y los ató con otra cuerda, liberándome de su peso cuando se cercioró que ya no podría escapar…

Intenté ver quien era mi agresor, pero la oscuridad y mi pelo me lo impidieron, hasta que un nuevo pañuelo me tapó los ojos…

Comencé a tirar de mis brazos intentando soltarme de las ligaduras de mis muñecas, pero estaban muy fuertes y me lastimaban, intenté liberar mis tobillos pero también me resultó imposible, al tiempo que perdía fuerzas…

Al rato, sentí que me separaban los glúteos e intentaban introducirme algo fino y blando en el ano. Cerré inmediatamente las nalgas con fuerza, pero entonces, sentí un violento golpe de un cinto sobre mi culo…. y luego otro y otro…..y perdí la cuenta de la cantidad de azotes que me había dado hasta que llorando me aflojé…..

Ahora las manos me abrieron las nalgas y comenzaron a meter lentamente una especie de sonda dentro de mi vientre, y se introdujo tan profundamente que la punta tocó mi plexo y mi cuerpo comenzó a temblar como una hoja…..

Mi mente estaba a mil. No podía creer lo que me estaba pasando y me sentía totalmente a merced de un loco o algo así….

Quien me había atacado e inmovilizado lo tenía todo preparado para meterme una enema. Por mas fuerza que hice para sacarme la sonda, me fue imposible lograrlo, hasta que, desesperada, me quedé esperando que pasara lo que seguramente esa bestia me haría….

Estuve bastante tiempo con esa sonda enterrada en mi culo, hasta que comencé a sentir muy dentro de mis intestinos que un líquido ingresaba lentamente, produciéndome un terrible ardor….

Intenté girar mi cuerpo, pero un latigazo en las nalgas me llamó de nuevo a la reflexión, obligándome a permanecer inmóvil. El ardor aún continuaba, pero parecía ceder en intensidad paulatinamente… hasta que noté que estaba muy mareada y todo me daba vueltas.

Intenté arrodillarme para incorporar mi cuerpo, pero la posición de mis brazos en la espalda y mis tobillos juntos no hizo mas que facilitar que el líquido que tenía dentro se metiera mas profundamente todavía…..y mis sentidos comenzaron a fallarme. Caí pesadamente de costado en la cama totalmente borracha…

Entonces el agresor me destapó la boca permitiendo que las bocanadas de aire ingresaran a mis pulmones y me soltó los tobillos, separándome las piernas…. Aproximó sus labios a mi oído y susurró que me iba a aplicar un enema de cuatro litros… y que sólo faltaban tres, porque ya me había metido un litro de vino puro…

Yo sentía como preparaba la posición de mi cuerpo sin poder hacer nada para impedirlo, aún sabiendo que cuando todo estuviese como él quería, comenzaría a meterme el enema completa.Colocó una almohada bajo mi vientre y manteniendo mis piernas separadas dejó que la enema ingresara lentamente a mis entrañas. En el estado de semi-inconsciencia en que me hallaba, muy poco pude hacer para defenderme, y quedé quieta hasta que me dijo que me relajara porque estaba por vaciarse el recipiente y no quería que desaprovechara ni una gota….

Cuando sentí la puntada en mi espalda, lancé un grito y me puse a llorar, y eso le indicó que mi resistencia había acabado y junto con el sordo ruido de las burbujas que ingresaban en mi culo, grite… grité… grité… mientras quedaba totalmente dilatada…

Lentamente me fue sacando la sonda, y con delicadeza pero sin quitarme la venda ni desatarme, me llevó al baño y me sentó en el inodoro….

Luego de vaciar mis intestinos me llevó alzada a la cama y me dejó con las piernas muy abiertas, lista para sodomizarme…

Cuando desperté a media mañana… ya no estaba atada, pero persistía en mi abdomen un fuerte dolor.

Nota: este relato no es mío, pero he considerado por su extrema perversión que merecía figurar en esta página. Me parece fascinante, aunque quizás falto de una pincelada subjetivista, la descripción de todo el proceso. Es maravilloso el contraste entre la indefensión completa de la protagonista y la frialdad y precisión escénica del sádico asaltante.

aliciaya@hotmail.com

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Un comentario en “Aquel extraño

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