Ojitos verdes / Dos

Y la camioneta arrancó con fuerza, saltando más que antes. Rodrigo tenía intención de llegar lo antes posible, aunque estaban a mitad de camino, con el propósito de neutralizar las intenciones que había leído en los ojos del Compadre. El padrino se había excitado. Fue testigo de un hecho repudiado por la sociedad, pero era más fuerte que cualquier sentimiento. Él tampoco lo soportaba.

Hombre más robusto que Rodrigo, para evitar que la niña se golpeara contra la consola del vehículo, la tomó con sus fuertes brazos, la tapó con el toallón y la apretó contra su rodilla derecha, la que había dejado liberada de sus pantalones antes de entrar a la cabina. Su botamanga se encontraba arremangada sobre su nalga. Se excitó al máximo cuando sus carnes tocaron la humedad de la pequeña tanguita de Ojitos Verdes.

Su miembro saltó de su bragueta, ya que la había desabotonado, dura como un madero y enorme. Él mismo provocaba el vaivén sobre su falo apretando y llevándola hacia adelante y volviéndola a traer hacia su pelvis. Sentía las carnes calientes de la carnosa nalga de Ojitos Verdes, mordiendo sus labios por la tremenda excitación. La niña se dio cuenta, giró su cabeza y con picardía lo miró regalándole una sonrisa; bajó su mano y le tomó descaradamente la verga, enorme, se sonrió nuevamente, la notó mucho más grande que la del padre. La apretó con fuerza mientras fregaba su vulvita contra la rodilla del padrino…

El vehículo seguía su carrera enloquecida por ese camino sinuoso y poceado. Rodrigo miraba de reojo al compadre y observaba sus gestos de placer que le daba su pequeña hija. No podía, no debía decir nada. Imposible pelear con aquel hombre. Tal vez se matarían. No podía hacerlo. Peor sería que todo se supiera. Observó el lento movimiento del bracito derecho de Karina y comprendió lo que estaba pasando.

Se sintió obnubilado por un golpe de sangre a su cabeza cuando vio al compadre cerrar los ojos y morderse lo labios, conteniendo un grito de placer, en señal de estar eyaculando. El aroma llegó a su olfato mientras Ojitos Verdes se enloquecía, cabalgando la rodilla del padrino, y ya no disimulaba ni sus gestos, ni sus gemidos de goce inmenso, delectación de una chiquilina despertando al sexo.

Rodrigo, no soportó aquello, y comenzó a friccionar su verga por sobre el pantalón mientras trataba de conducir el 4 x 4 que se le escapaba de la ruta internándose en la banquina.

Los movimientos de la camioneta, merced a la velocidad que le había impuesto Rodrigo y las carnes calientes de la piernita izquierda de la niña, totalmente bañada de semen, volvían a jugar con el trozo enorme de Alejandro.

Las miradas de los dos hombres se enfrentaron. Rodrigo, en desesperada embestida con su polla, puso los ojos en blanco al tiempo que volvía a terminar enloquecido de goce, al tiempo que Alejandro, quitándose algunos pensamientos de culpa, le bajaba la tanguita a la nena hasta tenerla en sus manos y guardarla en el bolsillo de su pantalón.

Acomodó a la niña sobre la punta de su miembro y Rodrigo, con gestos desesperados, sin emitir sonidos, moviendo su cabeza, le pedía que no lo hiciera. El padrino le suplicó perdón con sus ojos y apretó con todas su fuerzas a Ojitos Verdes sobre su verga, penetrándola sin compasión, quedando la mocosita semidesvanecida, sin articular una palabra.

Alejandro le acarició el cuello y lentamente comenzó a moverla, subiendo y bajándola, haciendo que su pene, totalmente lubricado con flujos vaginales y sangre de la pequeña, removiera las profundidades de Ojitos Verdes que, abriendo lentamente sus ojos, mirando a su padre, le sonrió con placer y satisfacción, apoyó sus dos manos en la consola de la 4 x 4 y se recostó hacia donde estaba su padre, gimiendo, dando esténtores de lujuria.

La excitación de Ojitos Verdes era tal, que Rodrigo frenó el vehículo sobre la banquina, se corrió hacia donde estaba su compadre, sacó su roja verga y la acomodó en la boquita de la niña, quien la abrió desaforadamente hasta que logró introducir el enorme glande del papi, casi todo, en su ardiente boca.

Rodrigo soportó la situación 20 segundos y acabó, eyaculó de tal forma que la niña casi se ahoga con tanto semen junto al tiempo que Alejandro también acababa llenando la lastimada cavidad vaginal de la jovencita, que mostraba un rostro angelical y lujuriante, por momentos vicioso y depravado. Una mirada profunda y perversa les regaló a los dos, como sellando un siniestro pacto de silencio.

Quedaron los tres enrollados y encharcados de jugos seminales de una jornada de orgía impensada. El padrino fue el primero en reestablecerse. Ojitos Verdes se había dormido, la tomó en sus brazos y la cruzó al asiento trasero mientras limpiaba los restos de semen en todo su cuerpo. Miró por la ventana del vehículo, observó una entrada a un campo y a un centenar de metros una limpia laguna. Despabiló a Rodrigo, y le señaló hacia el lugar donde se veía agua. Este entendió el mensaje; se puso en marcha y allá fueron para refrescarse y asearse. Ojitos Verdes fue introducida en las aguas tibias y transparentes de la laguna, despertándose. Pidió que los dos hombres se volvieran para ella poder lavar su cuerpo y sus partes pudendas.

Los dos hombres subieron al vehículo y conversaron entre ellos, pactando el mayor de los secretos, pero había que hacer algo para evitar el embarazo de la niña, le sugirió Rodrigo. Alejandro, entonces, le reveló:

—Nunca serví como reproductor, por eso no tenemos hijos en mi matrimonio. Tuve un accidente de joven, en una cuadrera, y quedé imposibilitado para procrear… por eso no tomé precauciones con la chiquita.

Desde ese día fueron más unidos, Alejandro, un cincuentón, vecino de su campo, padrino de Ojitos Verdes y Rodrigo, que con treinta y dos años recién cumplidos tiene ahora que convivir con malsano secreto con su hija de 14 años, que está escapándole a la niñez muy aceleradamente…

Analbo

Si quieres darme tu opinión emáilame al: analbo@uolsinictis.com.ar

2 comentarios en “Ojitos verdes / Dos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*