Mi poder mental / Capitulo 1/ Manoseando a mi hermana

Antes que nada quiero presentarme, mi nombre es Pablo y este es el primer cuento que publico en internet. Desde hace un tiempo que descubri esta web y desde entonces vuelvo a menudo para leer estos relatos que me ponen a mil.

Lo que quiero contarles es como empecé a tener relaciones sexuales con mi hermana, algo que ocurre habitualmente desde hace dos años, cuando cumplí los 18 y me fui a vivir con ella, pues somos los dos de un pueblo del interior y para poder estudiar una carrera universitaria no tuvimos otra opción que dejar la casa de nuestros padres para venir a estudiar aqui. Mariela, mi hermana, tiene dos años mas que yo y por la tanto fue la primera en irse a vivir sola, hasta el día de mi llegada en que comenzamos a compartir el departamento, para poder enfrentar los gastos que suponen para nuestros padres el mantenernos economicamente mientras estudiamos.

Pero para poder narrales correctamente esta historia, deberé remontarme en el tiempo a varios años antes, cuando eramos adolescentes y viviamos con nuestros padres. En ese entonces yo tenía 14 años y ella 16, yo era un jovencito que se mataba a pajas todo el dia, sin pensar jamás en mi hermana como inspiración, sino mas bien en sus amigas, y ella una adolescente imbancable que me hacia la vida imposible.

Cierto dia estabamos discutiendo por alguna bobada, pero que en esas edades conflictivas no llegamos a entender como tales, y nos insultamos gravemente. Recuerdo que yo estaba en mi pieza y ella entró a hacer las paces pero yo no la escuchaba, pensaba en otras cosas mientras ella me hablaba, ignorando sus intentos de amigarse conmigo. Repasaba la situación de nuestra pelea, las cosas que ella me habia dicho (sin tener en cuenta las que yo le habia dicho a ella) y mil cosas mas. El caso es que recuerdo que pense “ …por que no se suicida y me deja tranquilo… ” y luego, mirándola fijo “matáte, Mariela, tirate por la ventana”.

Lo que ocurrió a continuación fue terrible. Mariela se acercó a la ventana de mi pieza, y sin dudarlo, saltó al vacío. Fue tan rapido que casi no tuve tiempo de reaccionar, mientras ella saltaba yo me levanté de un salto y corrí hacia la ventana gritando y tratando de detenerla, pero ya era tarde. La suerte quiso que solo fuera una caida desde un primer piso, y que varias bolsas de basura que habian en el jardín amortiguaran su caida. Se quebró una pierna, pero afortunadamente no pasó nada mas.

En el momento mis padres la llevaron en auto al hospital, y como ella estaba incosciente por el golpe, me preguntaron que habia pasado, a lo que yo solo me atrevi a responder que “estabamos discutiendo, y de pronto saltó por la ventana”. ¿Que otra cosa podia decir? Solo sabia que yo habia deseado eso y se había cumplido. Cuando salió del hospital, enyesada, ni ella misma pudo dar una explicación a lo sucedido. Ella solo sabía que de pronto estaba cayendo y luego quedó incosciente.

La pobre debió, debido a una insistencia terminante de mis padres, someterse a psicoanálisis durante un tiempo, pero su terapeuta no encontró razones para que ella siguiera analizándose, y como a ella tampoco le interesaba, pronto dejó de hacerlo. Mientras todo esto ocurría, yo estaba bastante atormentado, pues sabía que yo era el culpable de lo sucedido. Trataba de comprobar, con pruebas inocentes, si había sido la casualidad o si tenía yo algún tipo de poder mental sobre las personas. Sin embargo, ninguno de mis compañeros o compañeras de colegio parecian percibir mis pensamientos, ni nadie más de mi familia. En cuanto a Mariela, traté de dejarla en paz durante un tiempo.

Pasaron los meses y llegó el verano. Empecé a creer que lo ocurrido era simple casualidad, un hecho fortuito, y llegué a olvidarlo. Aprobé los examenes y al fin estaba de vacaciones, y ese mediodia en que volviamos de la escuela, estaba pensando en como convencer a mi padre de que me diera dinero para comprar una mejor computadora.

No se exactamente que fue lo que dije o pensé, pero Mariela, que caminaba a mi lado, me dijo
— Si querés yo te ayudo a convencerlo.
— ¿Qué decís?
— Que si querés yo te ayudo a convencerlo a papá para comprar otra compu.

No le respondí. Estaba sorprendido, y hasta temeroso. Llegamos a casa sin dirigirnos palabra, almorzamos con nuestros padres y después yo me fui a mi cuarto, y ella se fue a su pieza a escuchar música. Sentado sbre mi cama, me concentré y pensé “Mariela, soy Pablo, apagá la música”. Al instante dejé de escuchar esas horribles canciones. “Vení a mi pieza”. Escuché que la puerta de su pieza se abría, y unos segundos mas tarde se abrió la puerta de mi pieza y ella entró completamente desnuda. ¡Desnuda!. Sin duda se estaria cambiando de ropa cuando la llamé mentalmente. Lejos de exitarme, la situación me aterró. ¿Que tal si mis padres la habían visto? En ese caso estaría en problemas. Fui inmediatamente al pasillo y me aseguré de que nadie había presenciado la escena, pase por su pieza y busqué algo de ropa que encontré sobre su cama, ropa interior y unos pantalones y una remera, volví a mi pieza y la hice vestirse inmediatamente. “Rápido, ponete la bombacha” y obedeció. Igual fue con el corpiño y con el resto de la ropa. Ya mas tranquilo, la hice hacer algunas cosas sencillas. “Saltá”, “recitá la tabla del 8”, y cosas por el estilo. Luego tuvimos una conversación entre nuestras mentes

— “¿Por que me obedecés?”
— “Tu mente es mas poderosa que la mía”
— “¿Y como me escuchás?”
— “No sé”
— “¿Recordás algo de todo esto después de que ocurre?”
— “No”

Y asi estuvimos toda la tarde, yo trataba de llegar a alguna conclusión respecto a lo que estaba ocurriendo, pero no pude sacar nada en limpio. Esa misma noche, entre los dos, convencimos a mi papá de comprar una computadora nueva, pero solo si nosotros nos ocupábamos de pintar la piscina y mantenerla en condiciones todo el verano. Accedimos, y al dia siguiente nos pusimos manos a la obra. Recuerdo que era la mañana y estabamos solos en casa, pues nuestros padres trabajan todo el día. Ella llevaba puesto un bikini verde y yo un shorth, y estabamos limpiando la pileta. Ella me dijo

— La verdad, no se como fue que accedí a hacer esto, a mi no me interesa la computadora.
— “No me importa, traéme una silla que voy a tomar sol mientras vos seguís limpiando”, pensé.
Obedeció. A partir de ese momento comprendí que tenía una esclava. Me puse a tomar sol mientras la veia trabajar sola. Entonces me fijé en el exelente culo que tenía mi hermana. Como nadie podia vernos (estabamos solos en casa, dentro de la pileta) decidí que no había problemas en inspeccionar a mi hermana.

“Agachate delante mío, mostrame tu cola”. Asi lo hizo. Tenia a mi disposición la cola de Mariela, una cola hermosa, firme, y que yo podia tocar sin pedir permiso. Pero no me atrevía a hacerlo. Tenía un enorme remordimiento por pensar que se trataba de mi hermana, hubiera deseado que fuera cualquier otra chica para poder disfrutarla, pero sentia que habia algo que estaba mal en lo que hacia. De todas maneras, ganó la exitación, y timidamente acerqué mi mano a sus nalgas y las acaricié, al principio suavemente, y luego con firmeza y pasión. Me quité el short y quedé completamente desnudo, sentado en la reposera, y comencé a masturbarme. “Bajate el bikini, mostrame tu cola”. Era la primera vez que veía un culo femenino desnudo, estaba realmente muy caliente, a punto de acabar le ordené “abrite las nalgas” y mientras disfrutaba de esa maravillosa vista, chorros de leche brotaron de mi polla, salpicando a Mariela en sus piernas.

Enseguida la hice subirse nuevamente la bikini, y mientras ella seguía limpiando la pileta, yo me encargué de limpiar el semen del piso, pues me daba culpa hacerla limpiar a ella. Recuerdo que fui en busca de refrescos para los dos, y luego continué tomando sol mientras ella seguía con la limpieza de la piscina.

Al rato decidí que bien podía tomar sol desnudo, pues no importaba que mi hermana me viera, asi que volvía a quitarme el short, y para no sentirme solo en mi desnudez, le di la orden de que ella también se desvistiera. Asi lo hizo, y por supuesto, en cuestión de segundos ya estaba de nuevo con mi polla erecta. Realmente me hubiera gustado debutar sexualmente ese día, pero no podía vencer la culpa que me daba la incestuosa situación. De todas formas, puse mi mano sobre su coño y comencé a masturbarla, y le ordené que me hiciera lo mismo. Unos minutos mas tarde yo le llenaba la palma de su mano con mi semen —a esa edad aún no tenía mucho control de mi cuerpo, y no podía resistir mucho tiempo sin acabar— y ayudandome de sus propios dedos, logré hacer acabar a mi hermana. Para cuando lo hizo, yo ya estaba nuevamente empalmado… ¡benditos catorce años…! y ella me masturbó de nuevo hasta que acabé, mientras acariciaba todo su cuerpo desnudo.

A partir de entonces la convertí en mi esclava sexual. Pasamos un verano maravilloso, simplemente me masturbaba observando su cuerpo desnudo. Me animaba a tocarla un poco a veces, y solo la masturbaba a ella muy de vez en cuando. No tenia necesidad de pornografia, poseia el cuerpo de mi hermana como estimulo visual en cualquier momento que yo quisiera. Cuando Mariela cumplió los 18 años, se fue del pueblo para estudiar en la universidad, y nuestros encuentros fueron mas dificiles. Dos años mas tarde, yo me fui a vivir con ella, como les expliqué antes, y si hasta entonces nuestros juegos nunca habían pasado de la masturbación, con la convivencia me atreví a cruzar ciertos límites que antes consideraba prohibitivos, pero que fueron fruto de inagotables placeres. De todas formas, eso ocurrió mucho tiempo después, y ya se los contaré en otra oportunidad, pero antes debo narrarles como comencé a disfrutar del cuerpo de mi propia madre, lo que me ayudó a pasar placenteramente los años en que ya no pude disponer de mi hermana como mi esclava sexual.
Pablo

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6 comentarios en “Mi poder mental / Capitulo 1/ Manoseando a mi hermana

  1. si yo tambien tube esde sueño XD no te preocupes es nornal XD A LOS CATORSE ES NORMAL QUE TENGAS ESE TIPO DE SUEÑOS PERO ESTA BUENO ESE RELATO SOBRES SALUDOS DESDE MEXICO XD

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