Cuando papi se enojaba querí­a que lo contentara

Como es viernes y no voy a poder mandarles ningún relato el fín de semana, decidí contarles lo que hacía mi papi conmigo que siempre que me acuerdo me pongo super caliente…

Ya cuando no estaba tan chiquita, tenía yo como 14 años, ya me habían crecido mis pechos, grandes, ya saben, y ya tenía pelitos en mi conchita y mi culito, a mi papi le encantaba regañarme como lo hacía cuando yo tenía 7, 8 añitos, pero eso a mí me hacía sentir muy humillada entonces, imagínense a los 14 años.

Se esperaba a que no hubiera nadie en la casa y me llamaba.  Yo iba, sabiendo que algo quería hacerme y siempre me daba una sensación de que yo estaba haciendo algo muy malo, pero no era todavía muy consciente de que.

El me esperaba sentado en su sillón y cuando me veía llegar, me decía que me detuviera enfrente de él.  “Estoy muy enojado contigo” me decía, pero me miraba con unos ojos de lascivia que se podrán imaginar y yo sabía que solo obedeciéndolo podía hacerlo contentarse.  “Quítate la falda de la escuela y quítate los calzoncitos, déjalos en el suelo”.

Yo trataba de convencerlo de no hacer eso:  “No papi, perdóname no vuelvo a portarme mal”.  Pero a él eso lo ponía peor y me contestaba:  “Obedece a tu papi y haza lo que te dice, pórtate bien si lo quieres contento con su niñita”.  “Está bien papito” le decía yo y me quitaba la faldita y los calzoncitos dejando mi culito y mi chochita al aire, toda peludita y cerradita, lo cual creo que lo ponía más cachondo.

Ya que me tenía así, me pedía que caminara hacia él y que me pusiera boca abajo en sus piernas.  “Te voy a dar diez nalgadas y tienes que aguantártelas”.  Entonces comenzaba a darme unas nalgadonas con la mano bien abierta y a veces con las dos manos, en las que dejaba sus manotas bien puestas y dejaba pasar en cada una un dedazo por la rajita que las separaba, llegando a pasarlo por mi coñito y subiéndolo hacia mi culito.  Después me cerraba las nalgas con la mano, dándome unos pellizcones buenos.  “Ves que mala has sido?  Mientras más mal te portes más te voy a castigar así nena.  Si no te gustan mis castigos, entonces pórtate bien y no como una putita de cuarta con tus amigotes de la escuela que solo quieren toquetearte y ponerte cachonda.  Eso no se hace chiquita.”

Luego, cuando terminaba con las nalgadas, me decía:  “Ayer te ví con dos de tus amigotes dándoles unos besos de lengua muy ricos chiquita”.  Si yo no fuera tu papi, me encantaría meterte la lengua en esa bocaza que tienes de buena mamadora”.  Mientras más enojado estaba me decía cosas más soeces y yo me sentía más sucia y más humillada por él, le encantaba humillarme así y tenerme obedeciéndolo cada vez que podía.  Siempre buscaba pretextos para “castigarme” como él le llamaba, que más bien era “gozarme” sin ninguna vergüenza de su parte.

“Ahora párate de nuevo enfrente de mí.  Vé a la cocina y trae unos hielos”.  Yo le hacía caso y regresaba con algunos hielos en un platito y se los daba. “  Me tenía así frente a él un ratito y me miraba constantemente el coñito con esos ojos de morbo que no se me olvidan.  Tomaba un hielo y lo empezaba a chupar, entonces me pedía:  “Ahora quítate la blusa niña y también el sujetador”.  ¿Ustedes saben lo avergonzada y roja de la pena que yo me ponía cuando me pedía más cosas?  ¿No era suficiente con las “nalgadas” que me había dado?  Pues no, para él todavía no terminaba su juego, porque hoy sé que es un juego pero entonces no lo comprendía bien.  Solo sé que con ese juego mi conchita sacaba un líquido que me hacía sentir el chocho caliente y empapado y que cuando él descubría eso, le daba por hacerme lo que les cuento ahora.

Ya que me tenía completamente desnuda enseñándole los pechos me pedía que me acercara a él de nuevo.  El cerraba las piernas y así me pedía que yo abriera las mías y me montara en las suyas.  Entonces me pedía que pusiera mis manos atrás de mi espalda y no las moviera.  Tomaba el hielo que estaba chupando y me lo empezaba a pasar primero por un pezón rozándomelo hasta que me mojaba bien y chorreaba y luego por el otro haciendo lo mismo.  Entonces con su lengua el comenzaba a chupar toda el agua que había caído y terminaba comiéndose mis pezones uno a uno, poco a poco, repitiéndo la operación cuantas veces quería.  Mis pezones se ponían duros, duros y yo no sabía porqué.  Yo todavía no había pasado de darme un besito de lengua con algún amigo por ahí o varios, pero nada más.  Y mi papi hacía conmigo cositas que yo no conocía bien.

Entonces me pedía que cambiaramos y que yo me sentara con las piernas abiertas en su sillón.  El se arrodillaba y me pasaba otro hielo por mi conchita, por mi clítoris, logrando igual que se derritiera en ella.  Entonces con su lengua me comenzaba a lamer, quedito, quedito, la lengua dura y de arriba a abajo, lamía mis labios, luego la puntita la metía en mi oyito que estaba chiquitito y bien mojadito.  La metía, la sacaba, volvía a lamer de arriba a abajo, hasta que yo sentía una electricidad y una explosión que me hacía sacar más liquidos de esos que salían de mi concha caliente y él se volvía loco de placer de lograr eso conmigo.

Ya después, en las noches, cuando llegaba mi mamá, yo los oía como hacían ruidos y mi mamá soltaba unos gemidos que yo creía que la iba a matar.

A mí simplemente me tocaba un poquito más con sus manos y me decía que me vistiera.  “Ahora sí ya no estoy enojado contigo bebé, ahora sí te has portado muy bien chiquita, tienes muy contento a tu papito.”

Yo me sentía contenta por eso.  Pero no se crean, varias veces me porté mal delante de él porque sabía que venía ese castigo y regaño de mi papito que me provocaba tanto y tanto placer, aún sintiéndome tan cochina.

Si les gusta contéstenme, uno chiquito para el fín de semana.

Besitos y mándenmelos donde quieran.  Mientras más zorrita me pongan mejor.  Me encanta!

Afrodita

magasensual@yahoo.com.mx

3 comentarios en “Cuando papi se enojaba querí­a que lo contentara

  1. Hola zorra, me gustaria saver de donde eres, sucia para sacar un vaso de aua tivia y regartelo por la conchita y chuparte esos fluidos calientes, tengo 14 pero me gusta ser malo.

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