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Casada con todos / Primera parte

Estaba más que harta de tanta monotonía… aburrida del trabajo… mi jornada en la envasadora de vinos era de 8 de la tarde a 8 de la mañana, con 1 hora de descanso, que había que aprovechar para cenar.

Ése día, durante el descanso, cenaba sin ganas, de vez en cuando prestaba atención a la conversación de tres de mis compañeras, (más jóvenes que Yo…. todas con novio menos Yo), al principio banal, hasta que María empezó a comentar las aventuras de sus correrías con su novio, subiendo de tono la charla con sus comentarios, llegando a describir con todo lujo de detalles el miembro que tanto placer la daba. Lentamente empecé a sentir un cosquilleo en mi entrepierna y disculpándome, salí corriendo en dirección al baño, me senté en la taza y apoyé los pies sobre la puerta, abrí mis piernas todo lo que pude y me abrí la bata de trabajo, me saqué un pecho y comencé a acariciármelo, pellizcándome el pezón, la otra mano la deslicé por debajo de mis bragas, palpándome el coño que empezaba a humedecerse. Estaba en lo mejor de mi paja, cuando entraron dos de mis compañeras.

— No está aquí.

— ¿Estás segura?

— Claro que si, joder, he mirado por debajo de todas las puertas y Sandra no está, estamos completamente solas.

Eran la Tere y Paquita.

— Venga pasa dentro de una puta vez, dijo la Tere con su voz ronca, casi hombruna.

— Vale, pero no me empujes, decía Paquita.

— ¿Que no te empuje?, pasa que te voy a devorar, contestó la Tere. Oyó risitas procedentes de Paquita, —me haces cosquillas—, decia.

— Pobrecilla, volvió a decir Paquita.

— Pobrecilla…¿Quién?, preguntó la Tere.

— Sandra, ¿has visto como salía corriendo?, en cuanto Maria empezó a hablar de la polla de su novio.

— Porque tenía el coño al rojo vivo, se le va a apolillar, si me dejara… , decía la Tere.

— Pues a mi me da mucha pena, volvió a insistir Paquita.

No podia creerlo, hasta sus compañeras sabían que era una pobre desgraciada, sin novio que la consolara, el comentario agravó más su depresión.
— ¿Sabes la noticia?, preguntó Paquita.

— ¿Cuál?.

— D. Rafael, viene a visitar la fabrica esta noche, sobre las nueve.

— ¿Y qué?.

— No se, dicen que anda buscando una mujer para casarse, una buena hembra que le de hijos y que cuide de él, de su padre D. Severiano y de sus hermanos. ¡¡¡Aahhh!!!, soltó un suspiro, si se fijara en mi, aunque sólo fuese un poquito…

— No digas gilipolleces, y estáte quieta, que no puedo comerte el coño…

Sandra no daba crédito a lo que oía, pero no la extrañaba, en el caso de la Tere, una mujer de 23 años, muy alta y muy robusta, con aspecto hombruno, en el fondo, siempre sospechó que era homosexual, pero Paquita….. se puso de pie en la taza y miró por encima de la pared a la cabina de al lado. La Tere estaba sentada en la taza, Paquita reposaba con la nuca sobre sus muslazos y su entrepierna en la boca de la Tere, que parecía que la estuviera devorando, por lo gruñidos que daba. — ¡¡¡Mmmmm!!!, te huele el ojete a sudor…. me encanta.

Paquita soltó una risita, tenia los ojos cerrados, los abrió para consultar el reloj.

— Date prisa, sólo queda un cuarto de hora para volver al tajo.

Espera, dijo la Tere, poniéndose en pié. Sandra se apartó para no ser vista, cuando se asomó de nuevo, vio que La Tere estaba de pie devorando el sexo a Paquita y esta, con la cabeza entre las piernas de la Tere, lamiéndola el coño. La mano de Sandra se metió por dentro de las bragas otra vez, buscando su ya chorreante chocho y comenzó a frotarse el clítoris como una desesperada… metiéndose dos dedos en su vagina… sus compañeras se corrieron a la vez, la Tere rugía como un león, ella se mordió los labios para acallar su orgasmo, lentamente entre temblores, se agachó y esperó…

No tardaron en salir sus compañeras… me encanta el sabor de tu coño y de tu ojete, mañana no te laves, —gruñó la Tere—, ¡¡¡que cochina!!!, contestó Paquita entre risitas…

Sandra recuperada de su orgasmo, pensó en lo que había dicho Paquita, a propósito de la visita de D. Rafael… una idea daba vueltas por su cabeza… se quitó el sostén, liberando sus grandes tetas y lo dejó en su taquilla de paso que se incorporaba al tajo vigilando el etiquetado de las botellas…

No sabia la hora que era, el reloj se lo había dejado dentro de la taquilla, tampoco la importaba, ya sonaría la sirena anunciando el cambio de turno… de pronto sintió el aliento de alguien en la nuca y se giró… encontrándose cara a cara con un joven de unos 30 años, alto y muy atractivo, este la estudió con la mirada, recorriendo su cuerpo de arriba abajo, parándose en su generoso escote, (segura que desde su altura, tenía una magnifica vista de sus pechos).
— Para un momento Sandra, D. Rafael quiere hacerte unas preguntas.

¡¡¡Vaya !!!, así que el hombre que la miraba descaradamente sus tetas a través del escote, era Él, el jefe… la hizo algunas preguntas intrascendentes, sobre su trabajo… la sonrió un par de veces y se alejó, sin pararse sobre ninguna de las otras chicas, en dirección a las oficinas…
Paquita se acercó corriendo: ¿Qué te ha dicho?

— Nada, sólo preguntas del trabajo.

— ¿Verdad que es guapo?

— Psh, no esta mal.

Paquita se alejó dando suspiros…. la verdad es que D. Rafael era muy atractivo.

Cuando sonó la sirena anunciando el cambio de turno, se alejó en dirección a la taquilla, se quitó la bata, colgándola en el interior y se quedó sólo con las pequeñas braguitas, agachándose para desatar los cordones de sus zapatillas.

Coño que buena estás, Oyó la inconfundible voz de la Tere. Giró la cara, sin levantarse y la vio, parada frente a ella lamiéndose los labios…

— ¿Qué quieres?.

“Comerte entera, Je, Je,…, “—pensó la Tere—, me ha dicho la encargada que antes de irte vayas a verla — y se quedó quieta, contemplando su cuerpo mientras lo cubria con su vestido. Cuando pasó por su lado, sintió la manaza de la Tere sobre sus nalgas: Si me dejaras… Que te jodan Tere, dijo mientras se alejaba para ver a la encargada, que querría de ella…

Dio unos golpecitos en la puerta y entró en el despacho de la encargada.

Se llevó una grata sorpresa, D. Rafael se puso de pie al verla, Sandra le dedicó una deliciosa sonrisa.

— Me han dicho que quería verme….dijo dirigiéndose a la encargada.

— Si… bueno, en realidad es D. Rafael el que quiere hablar contigo.

Vio como él miraba a la encargada y esta añadió: —Discúlpeme D. Rafael, tengo que ir a ver al segundo turno-, salió, cerrando la puerta.

Sandra se le quedó mirando, —siéntate por favor—, la dijo, él lo hizo apoyándose en el borde de la mesa, frente a ella.

—Me he informado de que tienes 24 años, y que vives sola, —Sandra asintió—.

Verás, el caso es que…. ando buscando una mujer para casarme con ella, una mujer que cuide de mi padre y de mis hermanos, que eche una mano en la casa y que sea una buena “Hembra” conmigo, ya me entiendes (puso mucho énfasis en la palabra “Hembra”, al tiempo que se asomaba a su escote, la cabeza le daba vueltas)… y… por supuesto buena madre. ¿Te gustan los niños?, —me encantan— eso está bien, por que la hembra que busco va a tener muchos… a cambio ofrezco todo mi cariño y el trato de una reina… hizo una pausa mirándola a los ojos.

—¿Quieres ser tú, la hembra que busco?.

— ¡¡Si!!… contestó sin dudar.

—Demuéstramelo, dijo él al tiempo que se abría la bragueta.

Sandra se arrodilló frente a D. Rafael y le desabrochó los pantalones (estaba dispuesta a demostrar lo que fuera, por pescarle), se los bajó hasta las rodillas… contemplando el bulto de sus calzoncillos, metió la mano por un lado, cogió su miembro y lo sacó afuera, junto con sus huevos… contempló los genitales de D. Rafael, su pene aún flácido tenia buenas proporciones… acercó su boca y le soltó el aliento, viendo como él se estremecía… extendió la lengua hasta rozar la piel que envolvía el glande, la lamió un poco y utilizando su boca como si de una aspiradora se tratara, aspiró primero el miembro, y después los cojones… cuando lo tuvo todo dentro de su boca, empezó a palpar con su lengua el amasijo de carne que tenia dentro de la boca… sentía como su miembro empezaba a crecer, sabia que en muy poco tiempo no la cabria todo en la boca, asi que chupó un poco más, y abrió la boca dejando que los cojones de D. Rafael se escurrieran para afuera, goteando saliva… en cambio se quedó con el miembro en la boca, bajando la piel de su glande con los labios… lamió un buen rato la deliciosa punta de su capullo, saboreando las primeras gotitas de semen que escapaban de su rajita…

El pene estaba tan duro en hinchado que empezaba a ahogarla, se lo sacó de la boca y vio que se había transformado en una hermosa polla, larga y gruesa, lamió un poco más el tronco, recorriéndolo en toda su longitud… D. Rafael empezaba a jadear, estaba a punto de explotar, pero Sandra no deseaba que eyaculara todavía, quería emplearse a fondo para causarle muy buena impresión…

Abandonó su mamada y empezó a restregar toda su cara por los inflamados huevos, sintiendo como se endurecían. D. Rafael no podía más, jadeaba como un cerdo, había llegado el momento de que descargara sus cojones… abrió la boca extendiendo su lengua… frotando el frenillo y la parte de abajo del glande: dámela ya, no te aguantes más, quiero saborearte el semen… D. Rafael soltó un aullido y dos chorros de leche fueron a parar a su lengua… Sandra se apartó y metió la cara por debajo de sus cojones empezando a frotar el semen de su lengua por el ano de D. Rafael, animándole: Así, la quiero toda, vamos, dámela, le gritaba…. notó los chorros de esperma cayendo incontrolados sobre su pelo… por primera vez utilizó sus manos… para abrir las nalgas del hombre y así poder lamer con más holgura su ojete….

D. Rafael tuvo que agarrase a su cabeza para no caerse, se sentía mareado, la cabeza le daba vueltas, todavía Sandra se restregaba su pene por la cara…. luego se levantó y le miró…

D. Rafael jadeaba, tratando de recobrar el sentido, la cogió por la nuca y la atrajo hacia su cara, la besó en la boca, hundiendo su lengua, saboreando su saliva y los restos de su propio semen, ni siquiera le importó que tuviera la cara pringosa de espeso liquido…

Cuando se separó de ella pronunció: Cásate conmigo, tu eres la hembra que buscaba…

Continua en Casada con todos / Segunda parte

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