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Un momento de perversión / Relato largo

Llevo 7 años de casado y mi matrimonio es feliz. Tengo una familia preciosa, una esposa atractiva, dos hijos hermosos y un trabajo prospero. También tengo una mente abierta, soy algo liberal en muchos aspectos y, como no podía ser de otra manera, uno de esos aspectos es el sexo.

Siempre trate de cumplir con cada fantasía que tenía y si a veces mi esposa no me acompañaba en ellas, la cumplía con alguien más…….. Para que mentir, así eran las cosas.

No he tenido demasiadas amantes desde que me case, apenas dos o tres pero eso nunca impidió que siguiera amando a mi esposa como el primer día.

Mi jornada laboral a veces era extensa y al llegar a mi casa, en mas de una ocasión, encontraba a mi esposa ya dormida pero no la culpe por ello nunca, entendía que entre su trabajo, la casa y los chicos a veces estuviera realmente extenuada así que si eso sucedía, me disponía a cenar solo, darme una ducha y acostarme.

Normalmente la comida me esperaba en el microondas y solo debía calentarla y cenar, aunque a veces hasta esa tarea se me facilitaba porque nuestra empleada se ocupaba de eso, siempre y cuando ella también estuviera despierta al momento de llegar a mi casa.

Una de las tantas noches en las que mi trabajo me impidió llegar temprano a casa, llame a mi esposa para avisarle que no me esperara para cenar porque no sabía a que hora llegaría y ella me respondió que no importaba porque era el cumpleaños de su madre y se iría a su casa con los chicos.

La verdad es que había olvidado el cumpleaños de mi suegra pero no era un motivo de preocupación para nadie porque ya me conocían y sabían como era  así que nadie se ofendería si no iba, solo me limitaría a llamar para saludarla y todos contentos.

Pasadas las once de la noche apague las luces de mi oficina y partí hacia mi casa. Llegue y, como ya era sabido, no estaba ni mi esposa ni los chicos, solo se veía la luz de la cocina encendida, lo cual me daba la pauta de que estaba la empleada trabajando en algún rincón.

Fui hacia mi cuarto y la encontré en un pasillo. Le pedí que me calentara la comida, que después de darme una ducha bajaría a cenar. Así fue como me duche y me recosté en la cama antes de bajar a comer para poder ver el final de un programa que estaban dando en cable y me interesaba mucho.

No recuerdo bien como sucedió, solo se que de pronto me desperté y me di cuenta de que me había quedado dormido sentado en la cama. Lo que mas me llamo la atención no fue eso sino la sensación de que había tenido algún sueño erótico porque al moverme me di cuenta de que tenía una erección tremenda bajo mi bóxer.

Trate de hacer memoria, de ubicarme en donde estaba y ahí comencé a recordar. Había llegado tarde del trabajo, mi esposa aun no había llegado de la casa de su madre, no llegue a comer nada porque me senté en la cama y me dormí con el televisor encendido.

El tema era recordar que había soñado para estar así, tan excitado. Ese recuerdo no vino a mi mente pero la excitación no disminuía para nada y mi esposa no llegaba. La verdad es que no quería masturbarme pero algo tenia que hacer porque la sensación de placer que me había dejado el sueño era tremenda pero la calentura mas aun.

Fui derecho a la cocina a tomar un vaso de agua helada a ver si algo me calmaba y estaba en eso cuando escucho los pasos de mí empleada detrás de mí. Se había levantado para atenderme pero la verdad es que no quería que me viera en esas condiciones así que había decidido pedirle que me dejara solo, que me calentara yo la comida, que se fuera a descansar.

Evidentemente estaba demasiado excitado porque cuando me di vuelta para decírselo, me quede pasmado al verla. Hacia menos de un año que Mora trabajaba con nosotros pero jamás le había prestado atención, hasta ese momento.

Se había levantado de la cama así que no tenia más que un pijama celeste bastante holgado pero aun así le estaba viendo una figura que, con el uniforme de trabajo de todos los días, jamás había notado.

Quizás fuera producto de mi calentura, lo cierto es que le vi un cuerpazo tremendo. Era algo mas baja que yo (mediría más o menos metro setenta), su cabello era castaño y lo llevaba corto a la nuca y su piel era blanca pero si bien no me llamo la atención nunca su belleza, ahora debo confesar que me había quedado impactado con el físico.

Juro que ese uniforme que usaba a diario no le hacia la justicia que le estaba haciendo ese pijama celeste, era espectacular verla allí, parada al lado de la cocina esperando que le indicara si me servia la cena o no.

Después de reaccionar, opte por decirle que se fuera a la cama, que era demasiado tarde y que yo me prepararía solo la comida. A pesar de que insistió en quedarse, preferí que se fuera porque mi situación física era demasiado evidente y no quería que se diera cuenta.

Mora se fue a su cuarto y me quede en el breakfast apoyado, pensando en mi excitación y en esa tremenda mujer que había descubierto hacia solo instantes.

Cene algo muy frugal y me fui a dormir. Trate de pensar en cualquier cosa con tal de que disminuyera mi calentura y parece que surtió efecto porque caí rendido al poco tiempo de acostarme nuevamente.

No se a que hora llego mi esposa, solo se que al levantarme me dio otro baño, me vestí y al bajar a la cocina volví a encontrarme con Mora, esta vez enfundada en su uniforme laboral y preparando el desayuno.-

La salude como siempre y mientras se movía por la cocina no podía despegar mis ojos de ella, fue como una revelación descubrir a esa mujer bajo mi propio techo…., como no la había visto antes ¿?? Como podía ser que nunca me hubiera llamado la atención ¿???

Trate de que no se diera cuenta de mi repentina obsesión pero no renuncie a mirarla y admirarla. Desde ese momento, en mi mente comenzaron a aparecer fantasías de cualquier clase con ella y sabia que en cualquier momento iba a querer llevar a cabo alguna, solo era cuestión de esperar el momento oportuno para volver a encontrarla a solas en casa.

Mientras estaba en la oficina el cuerpo de Mora aparecía una y otra vez. Esta mañana me había dedicado a mirarle las piernas. Eran macizas, fuertes y sostenían un torso increíble. Anoche me había llamado la atención la turgencia de sus pechos atravesando la tela del pijama y esta mañana fue lo primero que le mire.

El uniforme dejaba poco espacio para comprobar algo pero aun así me detuve en sus tetas y la verdad es que me encanto lo que vi. La parte del arriba del uniforme consistía en una pequeña pechera blanca con puntillas que se extendía hacia abajo, formando un delantal encima de su uniforme azul y esa pechera blanca era la que se levantaba notablemente y dejaba ver la dimensión de las tetas que anoche se marcaban debajo del pijama.

Tenía cintura pequeña así que eso resaltaba más aun su delantera. Desde ese momento me prometí que al menor descuido de Mora, estaría comiéndome esos pechos maravillosos.
Cuanto tiempo había perdido al no notarla en mi casa ¡!!! Bueno, no importaba, de alguna forma compensaría esas horas desaprovechadas.

Pasaron unas cuantas semanas desde aquel día en que descubrí a la maravillosa mucama de mi casa y en ese tiempo las fantasías mas locas cruzaban mi mente. Siempre fui muy activo en el sexo y en mi mente bullían miles de situaciones que quería vivir así que estaba dispuesto a poner alguna que otra en practica en cuanto Mora bajara la guardia y si no la bajaba, no quedaba mas que dejarle en claro quien era el que mandaba en la casa.

Una mañana como cualquier otra, antes de salir para la oficina, mi esposa me comenta que ese día tendría que concurrir a una reunión de madres en el colegio de los chicos con lo cual no estaría de regreso hasta el mediodía.

Dentro de mí comenzó a gestarse la idea de quedarme y aprovechar la oportunidad para encargarme de lo que hacia tiempo me desvelaba: Mora. Salí para la oficina normalmente, pero ya con la idea de regresar en el momento en que sabia que se quedaba sola en la casa. Era el día ideal, no quedaba nadie mas que ella y yo solos, era ese día o nunca.

Regrese cuando me había asegurado de la partida de mi esposa, entre sigilosamente por la puerta de servicio, la busque y la encontré en mi cuarto, limpiando los muebles lentamente, con la cadencia que había notado que tenían sus caderas al moverse, pasando la franela por encima del mueble del televisor, concentrada en su trabajo.

Al escucharme entrar en el cuarto, se sobresalto.
– Señor, no lo escuche llegar, sucedió algo ¿??
– No, por que ¿??
– Es que es raro que venga a esta hora……. Lo puedo ayudar en algo ¿?

Creo que en forma inconciente dio en la tecla con esa pregunta, claro que podría ayudarme, solo que ella aun no sabia como.

– Si, Mora. La verdad es que no me siento demasiado bien así que regrese para quedarme en casa, serias tan amable de prepararme una taza de te ¿???
– Como no Señor, enseguida se la alcanzo.

Aproveche que bajo a la cocina para quitarme la ropa, quedarme solo con mi bóxer y meterme en la cama.

Cuando subió con la bandeja y la taza de te, se reclino sobre la mesa de luz que estaba a la derecha de mi cama y al apoyarla allí, sorpresivamente, la tome de las muñecas con cierta fuerza, para que no tuviera tiempo de escapar.

– Señor, que sucede ¿??
– Nada, Mora…. Por que ¿?
– Es que…., no entiendo…. Que hace ¿??
– Mora, querida…. Nunca te dijeron que sos muy bonita ¿??
– Señor, discúlpeme pero creo que tengo que retirarme….
– No, para nada…. Acaso no me preguntaste si podías ayudarme en algo ¿??
– Si, pero…. me refería a si necesitaba algo…. si quería que …
– Justamente Mora, necesito que te quedes acá, que seas cariñosa conmigo….
– Por favor, Señor…. Déjeme ir …
– No, todavía no…. Quiero que te quedes acá, que seas buenita conmigo….
– Señor, por favor…. déjeme salir….

Sus muñecas se retorcían entre mis manos, quería escapar, su rostro estaba desencajado, podía sentir como subía su nivel de adrenalina ante una situación que le estaba dando temor y eso solo hizo que me excitara más todavía.

– No Mora, no te vas a ir…. Quiero que te quedes acá y es una orden …
– Señor, por favor, no me haga esto ¡!!

Su voz había dejado de ser una suplica para convertirse en un sollozo semi ahogado pero no me importaba, quería llegar hasta el final.

Así, mientras sostenía sus muñecas entre mis manos, me levante de la cama y me plante frente a ella, empujándola contra mi cuerpo, para que sintiera la incipiente erección que estaba asomando entre mis piernas y terminara de darse cuenta de lo que le esperaba.

– Sos muy bonita, sabias ¿?? No tenia idea del cuerpo precioso que tenes…. sentís como me gustas ¿??

Asintió con la cabeza pero seguía mirándome aterrada, sin entender hasta donde llegaría todo eso.

– Quiero que te quedes quieta y hagas todo lo que te pido
– Señor, por favor, no me haga daño ¡!!
– No preciosa, no te preocupes …

Nada de lo que le dijera la calmaba, seguía forcejeando, seguía con la idea de irse, no quería quedarse allí, estaba demasiado asustada pero ya se le pasaría, confiaba en que terminaría saliendo todo a pedir de boca.

Solté sus manos pero la encerré con mi cuerpo y con las mías, le desgarre el uniforme.
Ante mis ojos salto su soutien que apenas sostenía esos pechos enormes con los que había fantaseado desde hacia semanas.

Como un lobo hambriento comencé a besar su pecho, a dejar resbalar mi boca por su carne mientras sentía como sus piernas se tensaban y buscaban una salida entre las mías.

– Señor, por favor, nooooo ¡!!
– Shhhhhhh, callate ¡!! Acá el que da las ordenes soy yo ¡!!!
– No, por favor, nooooo ¡!!

Mientras seguía protestando, la tumbe en la cama, termine de romperle el uniforme y la contemple parado al lado de la cama. Mi pija ya estaba asomándose por encima de mis boxer y su cara de pánico al ver mi abultada entrepierna, me excito más aun.

En un descuido intento levantarse de la cama pero volví a empujarla contra ella y la inmovilice con mis brazos a los costados de su cuerpo.

– Te dije que no te irías de acá, entendiste ¿??

Mora solo sollozaba, ya ni siquiera protestaba, estaba tomando conciencia de lo que pasaría y sabia que no tenia escapatoria.

Su cuerpo yacía sobre la cama, tendido, solo cubierto por su ropa interior. Su respiración agitada hacia que sus tetas subieran y bajaran a un ritmo vertiginoso y ese movimiento me estaba matando, eran unas tetas increíbles y estaban a mi merced.

Sin darle tiempo a nada, tome de mi mesa de luz un par de pañuelos de seda que siempre tenía allí para “ciertas ocasiones eróticas “que vivía con mi esposa y lentamente ate sus muñecas a los barrales de la cama.

Cuando Mora vio esto, abrió mucho mas sus ojos y comenzó a gritar sin control así que una vez que sus manos estaban atadas y sabia que no se movería le vende la boca con un pañuelo de mano, para que sus gritos no se escucharan desde ningún lado.

Así quedo mi mucama, a mi merced, dejando bajo mi lasciva mirada su cuerpo, invadiendo mi mente con miles de fantasías que cumpliría en ese instante, rigurosamente.

De un solo tirón le quite su soutien y libere sus tetas. Dios mío ¡!! Que panorama maravilloso era verlas libres de cualquier atadura ¡!! Sus pezones eran enormes y estaban duros pero del miedo, el miedo había invadido por completo su cuerpo, lo tensaba más y hacia que sus tetas se vieran más duras de lo que parecían.

Baje con mis manos hasta su tanguita y también la rompí de un solo manotazo. Casi me quedo sin aliento al ver su concha. Sobresalía entre sus piernas, era descomunal y estaba perfecta y prolijamente depilada. En una fracción de segundo me pregunte cuantas bocas se la habrían comido antes pero decidí que como yo, ninguna.

Mora, en su desesperación, retorcía sus piernas dado que era el único medio de protesta que aun le quedaba libre así que decidí ir hasta mi armario y con un par de chalinas de mi esposa, atar también sus pies a la cama.

Cuando ya estaba completamente indefensa, me aleje de ella y la contemple parado frente a la cama. La fantasía de experimentar una violación siempre había poblado mi mente, la idea de someter a alguien siempre me había excitado pero nunca la había podido llevar a cabo y ahora tenia a esta hembra en mi cama, muerta de miedo por lo que le podía llegar a pasar, con unas tetas insuperables y una concha abierta para mi, que seguro estaba contraída por miedo, que se habría cerrado solo frente a la idea de lo que vendría, situación que me calentaba mas al pensar lo estrecha que estaría por dentro, lo tensos que estarían sus músculos, el placer que me ocasionaría meterle mi pija y sentir como me costaba entrar cada vez mas.

Mora había optado por cerrar sus ojos, sabía que no le quedaba nada por hacer pero eso, en vez de preocuparme, me alentó más.

Deje caer mis boxer y liberé mi erección. Con una sola orden la obligue a mirarme.

– Ves mi calentura ¿? Ves mi excitación ¿? Te das cuenta de que esta pija esta así para vos ¿?

Mora abrió los ojos y al ver mi pija parada dejo escapar una mirada de pánico increíble. Me fui acercando a ella y con la pija en mi mano, le acaricie de costado las mejillas, mientras por sus ojos se deslizaban algunas lágrimas de terror. El contraste de la blancura de su piel con la rosada cabeza de mi miembro erecto era algo para un cuadro, sentir con la piel de mi sexo la tersura de las mejillas de quien era mi víctima, solo hacia que me calentara más.

Mi pija ya estaba húmeda así que a medida que al dejaba deslizar por su cara, veía como ciertas gotas de esa humedad quedaban allí y solo me detenía un segundo para poder lamerlas con mi lengua, humedeciéndole la cara con mi saliva.

En su rostro se mezclaba el sabor de mi saliva, de mi semen y de sus lágrimas y era una combinación casi letal para mí, quería seguir pero no quería nada apresurado, tenia tiempo y deseaba gozarlo a fondo.

La misma operación la repetí a lo largo de su cuerpo, con mi mano guiaba mi miembro por sobre su piel, le acaricie las tetas, le deje un hilo de semen en sus pezones, su abdomen y sus muslos.

Mora estaba como inconsciente, no se movía, solo me miraba de forma desorbitada.

– Vas a ver que bien la vamos a pasar, preciosa ¡!!

Dicho esto me incline sobre ella y me dedique a morderle las tetas. Hacia semanas que esperaba ese momento, hacia semanas que soñaba con chuparle esas tetas magnificas que tenía y ahora me las estaba comiendo una a una.

Al sentir mi peso sobre su cuerpo, Mora intentaba retorcerse pero como no podía, solo elevaba sus caderas en señal de protesta y eso hacia que, con cada movimiento, rozara con su abdomen mi sexo mientras mi boca seguía encargándose de sus pechos.

El roce de su piel refregándose involuntariamente contra mí, aumentaba el nivel de calentura que traía así que no le dije nada y deje que siguiera pataleando porque, sin quererlo, me estaba excitando más y mas.

Que manera de chuparle las tetas ¡!! Las tomaba con mis manos, las masajeaba casi brutalmente, las mordía a gusto y muy a pesar de ella misma, sus pezones estaban reaccionando, se ponían más y más duros y hasta llegue a sentir que temblaban cuando mi lengua los lamía y los llenaba de saliva.

Este relato continúa en: un momento de perversion 2

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