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Toma de rehenes (Capí­tulo 3)

En este tercer capítulo el protagonista somete a toda la familia a una orgía de violaciones, en la que obliga a sus integrantes a mantener relaciones incestuosas entre ellos.

Esperé durante horas en la planta baja. Había dejado a las dos mujeres arriba, madre e hija desnudas, atadas y amordazadas. Ahora sólo debía esperar a que llegara el dinero, mientras descansaba y me reponía de tanta actividad sexual. Al caer la noche llegó un auto. Yo me escondí tras la puerta de entrada y esperé a que el hombre ingresara a la casa. La puerta se abrió y el tipo entró llevando la valija con el dinero en la mano, y anunciando su llegada a su esposa y su hija para que fueran a recibirlo. Inmediatamente lo apunté a la cabeza con mi revolver y lo reduje. Un rato mas tarde ya estaba atado y amordazado. Lo senté en uno de los sillones, tomé el maletín y lo abrí sobre la mesa. Estaba lleno de dólares. Había allí una fortuna; el plan, aunque con algunas demoras bastante placenteras, había sido un éxito. Sólo tenía que irme por donde había venido y todo estaría resulto, al menos para mí. Pero si bien estaba satisfecho con los dos polvos que me había hechado, no me faltaban ganas de someter a estas tres personas a una orgía familiar.
Subí al primer piso, para buscar a las dos damas que serían la principal atracción de la fiesta que estaba planeando. Las vestí solo con bombachas y corpiños de encaje negros que encontré en los cajones de su dormitorio, y a las dos les puse medias de lycra negras de esas que se ajustan solas en los muslos. Completé su atuendo con zapatos de taco alto rojos para las dos. Así vestidas las hice bajar y las llevé a la cocina. Les desaté las manos y les quité las mordazas, y a punta de pistola las obligué a cocinar. Hicieron pollo al horno y puré, y pusieron la mesa con toda la vajilla de lujo, hasta copas. Entonces até al tipo a una silla y lo senté a la mesa, y luego hice lo mismo con la madre. Yo dejé el revolver en mi cintura, medio metido en mi pantalón, y me dispuse a cenar sin preocupaciones, mientras dejé que la chica les diera de comer a sus padres en la boca. Los obligué a tomar mucho vino, las botellas que encontré en esa casa eran de exelente calidad.
Después de cenar hice que la chica juntara la mesa, previéndo que tal vez alguno pudiera atacarme con los cubiertos. Empecé por acomodar los juguetes con los que me iba a divertir. Puse la silla del tipo frente a al sillón,  desaté a la mujer y le até las muñecas en la espalda, y la hice arrodillarse frente a su marido. Le bajé la bragueta al tipo que, mientras tanto, me miraba espantado, le bajé los pantalones y los calzoncillos, agarré de los pelos a su esposa y la obligué a meterse la pija del tipo en la boca.
—Chupásela bien, que no debe ser la primera vez.
Al tipo se le paró de inmediato. Tenía una pija más grande que la mía, debía tener unos 19 centímetros. Yo, sentado en el sillón, hice arrodillar a la hija delante mío y le ordené que me la chupara. El tipo cerraba los ojos, no quería ver lo que estaba ocurriendo. Creo que además trataba de no exitarse, de no sentir placer en una situación tan morbosa. Le apoyé la punta del revolver entre los ojos y le dije
—¿Qué pasa? ¿No te gusta que te la chupen, maricón? Mirá como me la chupa tu hija, mirá bien todo lo que pasa o voy a desfigurarla a patadas ¿entendiste?
El tipo asintió sin decir palabra, sólo afirmó con la cabeza. A partir de entonces no perdía detalle de lo que estaba pasando. Yo agarraba de los pelos a su hija y la hacía chuparme la pija rítmicamente, haciendo entrar y salir  mi miembro de su boca una y otra vez. Luego la hice levantarse, y la senté en el sofá conmigo, entre mis piernas. Le corrí el corpiño hacia abajo, dejando ver sus tetas muy lentamente, y llamé a la madre, que dejó de chuparle la pija a su marido y se acercó a nosotros. Por orden mía le lamía la entrepierna a su hija, por encima de la bombacha, mientras yo le amasaba las tetas a la joven, sin que su padre dejara de ver nada de lo que hacíamos. El tipo tenía la pija hinchada, realmente a punto de explotar, pero yo ya había tenido suficiente sexo ese día y estaba a dispuesto a jugar con la familia un rato más. Le saqué la bombacha a la pendeja, de un tirón, haciéndola pedazos, la hice incorporarse un poco, sentándola encima mío, y le metí la pija en la conchita afeitada, todo esto sin que ella dejara de recibir los lenguetazos de su madre. Le susurré suavemente al oído
—Movéte pendeja, cojéme bien
Y ella se movía, ayudandose con sus manos libres (era la única que no estaba atada) para apoyarse en el sofá y poder así subir y bajar, metiendo y sacando mi pija de su conchita, mientras su madre me pasaba su lengua por las bolas. ¡Qué placer! Eso era casi relajante, no tenía ninguna necesidad de acabar todavía, y seguí en esa posición largo rato, obligando a la mujer a lamer alternadamente mis bolas y el clítoris de su hija, y a tragarse todos los jugos que chorreaban del interior de la chica. Pero luego quise ver algo más morboso aún: quería ver a la chica con su padre. La hice salir de encima mío, y la llevé a la silla donde estaba su progenitor. La hice abrirse de piernas delante del tipo, le desabroché el corpiño y se lo quité para que sus tetas quedaran en mayor libertad, y la senté sobre su padre, haciendo que ella misma ayudara con sus manos a que semejante poronga le entrara en su conchita. Desvestí a la madre, dejándola como a su hija, con sólo las medias de lycra negras y los zapatos rojos de tacón, y la hice pararse al costado de la silla, un poco inclinada sobre las caras de su marido y su hija, para que esas tremendas tetas les tocaran las caras. Esas dos moles de carne se movian eternamente cada vez que la hija, que se movía encima de la silla ya con ganas de llegar a un orgasmo, las chocaba con la cabeza, e incluso, sin que yo le diera la orden, en un momento hasta le pasó un lenguetazo rápido por un pezón. Al tipo se le notaba en la cara que estaba por acabar, por más que hacía esfuerzos por evitarlo. Sufría intentando reprimir eyacular en el interior de su propia hija, pero no daba más. Yo, que ya estaba en una situación similar, hice que la mujer me chupara la pija, inclinada como estaba ella sobre la silla donde padre e hija le chupaban las tetas. Luego le saque la poronga de la boca, y me masturbé unos pocos segundos hasta eyacularle en la cara y en las tetas. Hice que tanto su hija como su marido le lamieran las tetas y la cara a la mujer, limpiándolas, y tragandose mi leche, quitando todo rastro de mi eyaculación.  Mientras hacía esto el tipo no pudo contenerse más y acabó, arrastrando a ru hija a un orgasmo con su progenitor, pues se ve que la pendeja se había calentado bastante con la situación que estaba viviendo, y viendo a su padre lamiendole la cara para tragarse mi semen.
Luego los llevé a la pieza de arriba, al tipo lo dejé desnudo atado en una silla, y a las mujeres las até de pies y manos (en la espalda) y las amordazé, y las metí desnuditas en la cama matrimonial para que durmieran conmigo. Realmente había sido una jornada agotadora para todos, por lo que después de hacerles unos pocos mimos me quedé dormido, y creo que todos al fín terminaron por rendirse ante el sueño.

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