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Me la violé en el auto (Capí­tulo 1)

Un hombre fugitivo abusa de una mujer en el auto de ésta, mientras la obliga a conducir a toda velocidad.

Debe huir. Rápido. La policía pronto le dará alcance si se queda aquí.
Acurrucado detrás de un container de escombros, se oculta entre las sombras de una estación de servicio (gasolinera) en las afueras de la ciudad. ¿Cómo escapar? No puede tomar un micro, pues corre el riesgo de ser reconocido y entregado a las autoridades. Debe robar un auto. Debe escapar urgente.
Un auto llega y una mujer se baja, y mientras el empleado carga nafta, ella entra al drugstore. El empleado termina de cargar y la sigue, dejando el auto sin vigilancia. Entonces el prófugo aprovecha el descuido, se acerca al auto y con total naturalidad quita el seguro de la puerta trasera y se esconde en el asiento de atrás. Se acurruca tanto como puede. Escucha pasos. Distingue el sonido de los tacos altos de la mujer y de los pasos cansados del empleado. Alcanza a oír unos fragmentos de una conversación banal sobre el tiempo. El empleado dice que pronto lloverá. la puerta del auto se abre y él ni respira. Intenta encogerse tanto como puede. La mujer deja un paquete de cigarrillos en el asiento del acompañante y el auto arranca. Nadie lo ha visto. Ella no se ha dado cuenta de su presencia. El permanece inmóvil. Unas cuadras mas tarde, se incorpora. Está en una avenida muy transitada. Saca un revolver y apuntando a la mujer le dice
-No grites
Pero la mujer grita con toda su alma, al mismo tiempo que suelta un segundo el volante. De pronto pisa el freno y varios autos que venían detrás hacen una rápida maniobra para esquivarla. Tocan bocina. La insultan. Pero nadie se detiene.

– ¡Seguí andando, hija de puta, o te pego un tiro ya mismo!
El auto arranca y la mujer, temblorosa , le pregunta
– ¿Qué querés? ¿Querés plata? Te confundiste, yo no soy rica. Tengo un poco de dinero en la cartera, pero… llevate el auto si querés… por favor bajá el arma…
El baja el arma e intenta explicarle
-No necesito nada. No te voy a robar. No te voy a hacer nada. Pero me tenés que sacar de acá. Tengo que salir de la ciudad ya mismo. Tomá por la panamericana.
La mujer obedece. El auto avanza y ellos no se hablan. Ella está temblando. Hace exactamente cada maniobra como él le indica que haga. Toman la autopista. El se trepa por el asiento y se ubica en el lugar del acompañante. Llegan a un peaje. Ella lo paga sin llamar la atención, actuando con naturalidad. Toman la ruta. El le revisa la cartera, y le saca todo el dinero que encuentra. De pronto le dice
-Dame la alianza
Ella lo mira suplicante, pero antes de ponerse a rogar inútilmente, se saca su anillo de casada y se lo entrega. Entonces, por primera vez, él la mira. Es una hermosa mujer, de unos treinta y pico años, de pelo enrulado castaño que le cae sobre los hombros, bonito rostro un poco avejentado, y un cuerpo exelente para su edad. Viste con una blusa blanca, una pollera violeta que no le llega a las rodillas y que sostiene con un grueso cinturón blanco, usa medias de lycra y sus zapatos de taco alto son violetas como la pollera.
Es de noche y la ruta está oscura, solo cada tanto un auto o un camión se cruzan en su camino. El se queda mirándola directamente, y ella lo mira cada tanto de reojo. Comienza a llover. Mientras él piensa en cuanto hace que no ha cojido, ella se pone nerviosa por la forma en que él la mira. De pronto el apoya su mano en las piernas de ella, y muy despacio levanta la pollera con sus dedos, hasta descubrir una bombacha blanca de encaje, que se divisa tras las medias de lycra. Mientras ella llora y ruega, el introduce su mano por debajo de las medias y de la bombacha, y le acaricia la concha torpemente. Ella disminuye un poco la velocidad y él le ordena que acelere. Van a 140 hm/h. Los autos pasan y ella no sabe como pedir auxilio. Atraviesan pueblos casi desiertos, algún que otro policía los ve pasar, mientras él la masturba bruscamente. La frota bestialmente. Llueve torrencialmente, no se ve nada en la ruta. Los kilómetros pasan y él no se detiene. Ha dejado el revolver a un costado, porque puede dominarla físicamente si fuera necesario. En un arranque de furia le rompe las medias y la bombacha, y es visible una concha peludita pero bien cuidada, luciéndose con las amplias caderas de ella como marco de un cuadro perfecto. Ella siente la lengua que le lame el clítoris, siente los dedos que le separan los labios de la concha, y al mismo tiempo intenta concentrarse, poder manejar, ella no quiere morir. Mientras toma una curva a toda velocidad siente un dedo que la penetra, intenta disminuir la velocidad sin que él se de cuenta, pero él le empuja la pierna y el pie pisa aún mas el acelerador… otro dedo entra, ya son dos los que juegan dentro de su concha, y a pesar de sentir que la muerte está a solo un paso, ya sea en manos de quien la viola si intenta resistirse, o en la ruta misma por la que avanza a toda velocidad, y de resistirse a morir, cierra un poquito los ojos, los jugos le chorrean involuntariamente, hace tiempo que no goza como ahora pero no quiere perder su orgullo, no quiere demostrarlo. De pronto se dá cuenta de que se dirige derecho hacia un camión que avanza en sentido contrario, tocándole bocina. Da un volantazo y se va a la banquina, el auto es inmaniobrable tanto en el pavimento mojado como en el barro, ella intenta frenar, vuelve a tomar la ruta con dos ruedas, logra estabilizar el auto y avanza muy lentamente entre la ruta y la banquina, y ese tipo no para de meterle dedos, son tres los que ahora están en su interior, y la lengua se aleja de su clítoris y escucha
-Seguí manejando, pero con más cuidado- y vuelve a chuparle la concha donde ya intenta meterle la mano, poniendo los cinco dedos juntos e introduciéndoselos hasta el segundo nudillo, y haciendo inútiles esfuerzos por meterle hasta la muñeca.
Los flujos han manchado todo el tapizado. Ella trata de mantenerse tranquila a pesar de que el placer se ha transformado nuevamente en dolor. ¿Qué pretende este animal? ¿Partirla al medio? Parece que efectivamente eso es lo que intenta. Separa las piernas tanto como puede, tratando de no quitar los pies de los pedales del auto. Realmente es muy difícil conducir así. Ahora él le ha sacado los dedos de la concha, frustrado al no poder lograr su objetivo de meterle la mano adentro. Se ha incorporado y le da órdenes minuciosas respecto a como desviarse a un camino de tierra sin luz, tal vez la entrada a alguna chacra, y estacionar el auto. El la mira con deseo, con un deseo bestial, y le dice
-Hacéte una paja. Y te quiero oír gozar.
Ella baja una mano hacia su concha, busca el clítoris y lo acaricia con el dedo, de arriba a abajo, suavemente. Cierra los ojos e intenta conformarlo
-Ah… ah… ah… ah…
El le separa las piernas tanto como lo permite el reducido espacio del auto, afuera llueve con furia
-Aah… aah… aah…
Le abre la blusa de un golpe, y saltan todos los botones. Quedan a la vista dos magnificas tetas atrapadas en un corpi–o blanco con encajes.
-Aah… aah… aah…
El le corre el corpiño hacia abajo. Son las tetas mejor formadas que él ha visto en mucho, muchísimo tiempo. Las amasa con sus manos, las pellizca, estira esos pezones con brutalidad.
-Aaah… aaah… aaah…
Se las lleva a la boca, las lame, las chupa con fuerza, le hace doler, las mordisquea.
-Aaaah… aaaah… aaaah…
Le lleva una de sus propias tetas a la boca, ella comprende, estira la lengua y se lame el pezón. El también lo hace, alternando las tetas, y cada tanto sus lenguas se tocan mientras lamen los pezones
-Aaaah… aaaaah… aaaaaaaaaaaah…- Ella acaba con ganas. Se estremece por completo.

El se arrodilla sobre el asiento, como puede, adoptando una posición ridícula en el interior del auto. La agarra de los pelos y le mete la pija en la boca. Unos segundos más tarde la saca, y se masturba mientras con la otra mano la sujeta de los pelos cargados de rulos. Acaba. Cubre la cara de ella con una enorme cantidad de leche. Le ha acabado en los ojos, en la naríz, en el pelo, en la boca. Ahora le restriega la pija por la cara desparramando el semen, cuidando que no le quede ni un milímetro del rostro sin recibir su lechita.

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