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Ellas decidí­an / Capí­tulo 3

Entonces la reconocí. Era la hija de Rogelio y nieta de Esther. Pero que yo supiese tenía unos 16 años. Así me expliqué el cariz adolescente de su cuerpo.

¡Animal! ¡Pervertido! ¡Hijo de puta!. Toda clase de insultos cayeron sobre él. Hubo que sujetar a Rogelio y Esther que pretendían matarlo.

Una vez calmada la situación, habló Laura:

– Papá, abuela. He zzsido yo la que ha queddrido y quieddre seddr una ezzsclava. No culpéizzs a mi zzseñor. Dizzsculpad mi fodrma de habladr peddro ezzs que no domino aún el contdrol del piedrzing de la lengua, y enseñó las gordas bolitas que llevaba puestas. Hablaré dedspacio. No seáis hipócritas, no tenéis ningún inconveniente toda la familia en ejercer vuestra promiscuidad y lascivia, y ¿vais a poner el grito en el cielo porque os sale un miembro masoquista?. Yo también quiero gozar del sexo y lo hago conforme a mis tendencias o preferencias. He encontrado un hombre que me hace gozar como quiero y no deseo perderle. así que dejadle en paz. – Mi Amo, usa de mi como quieras e ignora a mi familia. Desde que me aceptaste como esclava mi única familia eres tu y aquéllos a quienes quieras cederme. Te recuerdo con el debido respeto que es la hora de azotarme según mi programa de amaestramiento.

Con gran aplomo se reclinó sobre la mesa y ofreció sus nalgas, de entre las cuales sobresalían destacadamente sus enormes y tumefactos labios vaginales con sus candados. Hasta el desproporcionado clítoris con su argolla era visible por entre sus nalgas.

Raúl tomó una fusta de caballos y comenzó a flagelarla en los riñones y nalgas mientras explicaba:

– De entre los programas de adiestramiento de esclavas sexuales que consideradamente sometí a su elección prefirió éste, así que no me culpéis -dijo mirando a Rogelio y Esther- ella lo decidió. Viniéndome a las mientes que esa expresión ya me estaba resultando demasiado familiar. – Yo todavía no me la he follado, lo hace un negro con una polla descomunal que he contratado, para que abra bien sus agujeros y la acostumbre a follar sin desmayo. Una vez a la semana la follan durante tres horas sin parar ocho negros con pollas casi tan grandes como el habitual que me cuestan un pastorro. Eventualmente tengo que contratar vejetes, putas, travestidos y otras gentes para que se acostumbre a cualquier situación. En fin, que me sale cara, no es como la de Alberto que la sufraga su propio cornudo marido.

– ¡Eh! Que me ha gastado 2000 euros en la mía y aún dudo de los resultados.
– ¡Ja! más de 2000 euros me costaron las visitas para someterla al artilugio de vacío para engrosar y alargar sus pezones, clítoris y labios vaginales. Todos los día desde hace un año – Oí un gemido de Rogelio: ¡Diosss! desde los quince años – durante una hora cinco minutos alternativos en cada uno de los tres órganos. Y no hablemos de lo que me ha cobrado el enfermero que hizo el piercing y ha ido vigilando el progresivo ensanchamiento de las perforaciones. ¿Qué creéis, que se consigue ponerle esos herrajes a la primera? Lo que yo os diga, una esclava es una ruina.

Le dio un fustazo en la cabeza a la muchacha que debía ser la señal, porque presta aunque torpemente por causa de sus manos ligadas al cinturón se puso de espaldas en la mesa, encogió las piernas y abrió los muslos ofreciendo impúdicamente ala vista publica su desprotegido y vejado pubis. Raúl comenzó a golpearlo a ambos lados para que los candados no protegiesen la carne. Oí los gemidos de Rogelio pero percibí cómo Esther se iba aproximando con gran interés y se metía dos dedos en su vagina. Decididamente aquella voluminosa y rolliza abuelita era una pervertida y lasciva ninfómana.

Cuando Raúl terminó el castigo fui consciente de que la muchachita no había soltado un solo grito ni había intentado cerrar los muslos para eludir los golpes, giré la vista hacia Celia y la sorprendí con la boca abierta de espanto y tironeando de la pesa de su anillo del clítoris a punto de procurarse un orgasmo. Me cabreó su indisciplina y falta de educación, la cogí de las pesas de los pezones y la tumbé de espaldas en la mesa al lado de Laura.

– ¡Descarada esclava, eres tú el pendón ajado que tiene que aprender de esta novata!. Raúl por favor, dispénsale una tanda de cinco más que a tu tierna esclavita. Ni corto ni perezoso Raúl le propinó los fustazos y, quizá por pundonor debido a la comparación, Celia no soltó ni siquiera un gemido. Eso sí, lágrimas y mocos volvieron a salirle a mares. En el religioso silencio que acompañaba a la ejecución se escuchó un largo bramido y un sonido salpicante: La vieja ninfómana se había corrido múltiplemente otra vez y se había vuelto a orinar y cagar del descontrol. Aurora salió velozmente a por un cubo de agua y una fregona.

Acabadas las labores con las esclavas y sentado relajadamente todo el grupo menos ellas a quienes se ordenó atender su higiene personal, hablamos distendidamente del asunto de la esclavitud sexual. Raúl comentó que no se quedaría para el día siguiente, sábado, ya que había acordado una cita para marcar a Laura a hierro candente en lo alto de la nalga izquierda. También dudaba de hacerle la ablación del clítoris pero no parecía inclinado a ello. Inmediatamente Esther y Rogelio invocaron su derecho a presenciar la operación en base a ser menor de edad y ellos sus familares. Raúl no puso objeción pero les advirtió:

Creo que es una cosa dura. Según me han dicho tendrá que sentarse alojando un objeto cónico en su ano y con las manos trabadas al cuello, de forma que no tenga más ayuda para evitar el empalamiento que la fuerza de sus piernas. Se esperará a que desfallezca y en ese momento se le aplicara el hierro de marcar. A continuación le irrigarán un enema en los intestinos y la taponarán. Provista de un vibrador con batería de larga duración en el coño y pinzas de presión en lugares dolorosos, atada en la postura más incómoda la dejarán sola durante tres horas, pasadas las cuales le quitarán los candados del coño y el estirador de pezones, sustituyéndolas por gruesas argollas, que no anillas, definitivas. Entonces se considera que ha aprobado el programa de adiestramiento y está en condiciones de ser una esclava sumisa, discreta y en plena disposición de uso a gusto del amo. Por lo que me ha contado, lo que más placer le daría sería exhibir su condición de esclava sexual masoquista, así que he pensado que en cuanto alcance la mayoría de edad abriré una página de pago en Internet sobre esclavitud sexual con ella de protagonista para amortizar el coste de su mantenimiento.

En plena conversación llamaron a la puerta y resultaron ser dos negros a los que había llamado Esther a su gabinete de BDSM. Con el mayor desparpajo preguntaron: ¿Por quién empezamos?, solo podemos echar un polvo ya que tenemos que trabajar, a lo que Esther inmediatamente pidió la vez. Con la ya habitual impudicia de esta zorra sesentona se fue, contoneando su magnífico culo y balanceando sus voluminosas tetas, a la tan utilizada mesa, donde se tumbó de espaldas, encogió las piernas, abrió los obuses que eran sus majestuosos muslos y gritó: ¡Venid todos y apreciad lo que es una verdadera hembra hambrienta de sexo!. Sus dos negros amiguetes del gabinete BDSM se colocaron a ambos lados de los muslazos obstruyendo la vista, por lo que todo el grupo comprimió sus desnudos cuerpos unos contra otros para poder ver el espectáculo que aquella acreditada y solvente ramera prometía.

La muy furcia comenzó por masajearse con vaselina ella misma todo el interminable entorno de su depilado y enorme coño, después se aplicó con una lentitud y entrega digna de grandes causas a pellizcar fuertemente, estirar desmedidamente y retorcer hasta sus límites el clítoris y los labios vaginales. A continuación comenzó a introducirse los preciosos, largos y gruesos dedos de uñas lacadas en rojo oscuro en sus dos orificios concluyendo con el regalo visual de sus manos metidas cada una en uno de ellos. Se folló a si misma simultáneamente en coño y culo regalándose dos de sus interminables orgasmos -Se me ocurrió que para qué querría aquella mujerona a nadie si era autosuficiente- y según salió del consiguiente trance dijo a sus negros amigos: Ahora ya necesito ayuda. Levantó los muslos, se cogió con las manos por los gruesos tobillos y abrió las piernas, ofreciendo su pelvis tan obscenamente o más, por su tamaño, que lo había hecho Laura. Pasó una mirada a su alrededor y nos dijo: No estoy mal para 65 años ¿no? . – Chicos, vuestra como siempre. Los negros abrieron su maleta y comenzaron su trabajo.

Uno de ellos negros le colocó en la boca un artilugio que se la fue abriendo poco a poco mediante un tornillo de regulación hasta casi desencajarle las mandíbulas, le sacó la lengua y la dejó sólidamente sujeta afuera comprimida por dos varillas atadas entre si. Entretanto el otro negro le colocó una pinza con dientes y una cadenilla en el clítoris apretándola hasta que ella hizo un gesto con los ojos. A mi juicio la compresión del clítoris con aquella pinza debía ser insoportable, pero ella había juzgado la dosis. Otras pinzas colocadas en sus labios internos y sujetas a correas en los muslos por una cadenilla los dejaron extendidos hacia los lados y la oscuridad de su agujero a la vista de todos. Introdujeron una cánula por su meato urinario con un tubo hasta un cubo de plástico y le taponaron el culo con una pelota inflable. Esto, dijo uno de los negros, es porque la señora tiene alguna incontinencia cuando orgasma mucho y seguido, de todas formas al final se los quitaremos para que puedan admirar sus potentes chorros. Le enlazaron los anillos de sus gruesos pezones con otra cadenilla y le preguntaron: ¿ te sujetamos las manos?.Ella hizo un gesto negativo.

Uno de los negrazos sacó de su maleta una fusta de caballos y comenzó a propinarle fuertes golpes en la cara interna de los muslos mientras el otro daba fuertes tirones de las cadenillas de los pezones y el clítoris. Esther se agarraba con sus grandes manos la base de sus enormes globos y las estrujaba regularmente acompañando el ritmo de los tirones de pezón que, a su vez, se acompasaban a los fustazos en los muslos. El negro que tiraba de los pezones escupía de cuando en cuando en su boca forzadamente abierta. – Si alguno de ustedes quiere escupir o mear, aquí pueden hacerlo, dijo. Obviamente faltó tiempo para que todos tuviésemos ganas de escupir. Rogelio y Teresa tuvieron además ganas de mear. Rogelio fue comedido y meó a la velocidad con que ella podía tragar, pero Teresa, de entrada montó un numerito para poder colocar su coño en la boca de Esther por causa de su torpeza con la barriga, y después casi la ahoga de no ser porque el negro la desplazó con una violenta palmada en las nalgas. Como no había terminado de mear, cuando estuvo otra vez de observadora, casualmente junto a mi, terminó su necesidad mojándome las piernas.

El fustigador dejó los muslámenes y pasó a trabajar los pechos. Alucinantemente ella los estrujaba en la base y los erguía para ofrecer mejor blanco sobre los pezones. Me tenía asombrado. Por eso había renunciado a que le atasen las manos, para ofrecerse ella misma. Durante esta zurra ya se corrió dos veces en su forma habitual. En las dos ocasiones, mientras duraba su consiguiente trance los negros suspendieron los golpes, invitaron a quien quisiera a degustar los copiosos jugos que desbordaban de su agujero, cosa para la que se formó una aglomeración y, mientras los demás sorbíamos le aplicaban una crema en los pechos y la tripa. En vista de las peleas y empellones para sorber la lechada orgásmica de la putona le metieron una pajita en el abierto agujero y controlaron con un cronómetro cada chupada. Siguió una pasada ligera de fustazos en la barriga que, puesta boca arriba desbordaba por los costados y, a continuación le colocaron un collar y pulseras y esta vez le trabaron las muñecas al cuello. Le sacaron la cánula del meato, le insertaron un delgado y largo pene artificial en su vagina, muy holgado para el anormal diámetro de su entrada. La holgura tenía sentido. Comenzó uno de ellos a golpear directamente en el chocho, los golpes hacían descender el consolador y éste rebotaba en el fondo de la cavidad vaginal, con lo cual el dolor ocasionado se duplicaba invirtiendo el mismo esfuerzo: fuera y dentro, arriba y abajo. Terminada la faena le dieron la vuelta y uno de los negros comenzó a follarle el culo mientras otro le propinaba vergajazos en las nalgas. Cuando el negro iba a correrse se la saco y se la metió en la boca donde descargó sin que Esther nos dejase ver el producto ya que se lo tragó sin siquiera saborearlo.

– Después de soltarla y quitarle los aparejos inquirieron: ¿La siguiente?. Yo sugerí a mi esclava, pero ellos dijeron que no, que esa mercancía no la trabajaban, tenían que ser mujeres libres y voluntarias.

Raúl empujó a su madre y dijo: esta es voluntaria. Pese a no ser exactamente una voluntaria, Teresa no se opuso pero dejó bien claro que ella no era tan dura como Esther.

Raúl le habló unos instantes al oído a uno de ellos y, tras consultar entre si apartadamente, los negros le ataron Teresa una cuerda de algodón alrededor de los pechos, dejándolos bien sobresalientes y erguidos, pareciendo mucho más grandes pese su gran tamaño normal. Las oscurísimas y extendidas areolas de la lactancia quedaron insultantemente llamativas y provocativas. Le trabaron las muñecas al cuello con los mismos elementos que a Esther y la tendieron boca arriba en la mesa tras introducirle el mismo separador de mandíbula en la boca. A ella no le sujetaron la lengua.

Comenzaron directamente a golpearla en la vulva y, cuando estaba bien colorada, Raúl le introdujo el pene y comenzó a follarla mientras el negro que la flagelaba se dedicó a pegarla en los pezones. El segundo negro la escupía en la boca de cuando en cuando, igual que algunos de los del grupo, yo aproveché y le solté una meadita. En un momento dado Raúl cesó en su mete saca y deteniendo al negro fustigador examinó los pezones de su madre y, apretándole las tetas gritó con euforia: ¡Ya le ha subido la leche! . Efectivamente todos vimos como salían gotitas de calostro. Raúl prosiguió el mete saca en el coño de su madre mientras le succionaba los pezones. – ¡Oh mamita qué bien! Ya sé mi desayuno todos los días. Paró y llevando la picha a la forzada boca de la preñada le soltó toda su leche dentro de forma bien visible y espectacular, creo que disfrutaba enormemente de que todos lo presenciásemos.

Entretanto, el resto del grupo, amontonado compactamente alrededor del espectáculo y con la fiebre subida se había comenzado a acoplar, metiéndose las pollas en los agujeros más cercanos por delante. Me dí cuenta que delante de mi estaba Blanca y la comencé a acariciar los pechos mientras se la metía en el ano, bien dilatado por las actividades de toda la tarde. Ella no se fijó en quién era el que la sodomizaba, absorta como estaba en el espectáculo.

Raúl, después de descargar en la boca de su madre, con la polla aún rígida pidió a los negros que le ayudasen a voltear a aquel tonel y se la introdujo en el culo pero sin menear, quedando quieto.

– Mira papá, mira lo que le hago a mamita, mira su cara.

Naturalmente todos nos agolpamos para ver su cara, que repentinamente mostró un gesto de asombro pero que progresivamente fue cambiando al del orgasmo.

– Papá, me he meado en el culo de mamá.

– Qué guarro eres hijo. Como le tome gusto ya verás.

Sacó la polla e inmediatamente Esther se colocó en posición para chupar cualquier flujo que saliese de los agujeros de Teresa.

Al terminar el número, Blanca se quiso colocar en posición más cómoda para disfrutar de la enculada y fue entonces cuando advirtió quién era su pareja. Se desprendió de mi polla, se giró y me asestó una sonora bofetada, quedándome compuesto y con los huevos a punto de reventar. De una ojeada advertí que Aurora, empalada en Rogelio, tenía la boca libre así que acudía a tapársela.

– ¡Ah, sí!, señorito, déjeme saborear su leche para contarle a mi hija como sabe la intimidad del hombre que le va a resolver la vida y que la va a usar una temporada. Señorito es una pena que no me quede leche, ya se la han bebido toda y me han dejado seca por hoy. Efectivamente sus ubres me parecieron un poco más colgantes pero igualmente deliciosas.

Aurora y Lucía solamente aceptaron tímidamente unos pocos fustazos en las nalgas. Blanca se dejó asestar cinco golpes en la vulva y, en premio se llevó en su estómago la corrida del segundo negro.

Todos nos duchamos nuevamente y tras despedir a los negros nos dispusimos a paladear la sabrosa cena que guisó Aurora. Las esclavas comieron en el suelo de la cocina sin cubiertos.

Después tomamos unas copas mientras charlábamos, ya todos cansados y dispuestos a dormir y recuperar fuerzas para el día siguiente, sábado. Nos sorteamos las parejas para dormir tocándome a mi la vieja ninfómana. Hubiera preferido Blanca para intentar convencerla de que me perdonase, pero pasar la noche con mi cuerpo entre aquellas ingentes carnes tan acogedoramente sazonadas por la edad tampoco me desilusionó.

Una de las conversaciones que se desarrollaba tenía de protagonistas a Raúl y sus padres: Teresa decía:

– Mira Juan he decidido que después del parto me voy a hacer esclava de Raúl. Creo que me va esto del BDSM y será la forma de calmar mi furor uterino.

– Mujer, Raúl ya tiene una esclava y ya le has oído decir que le cuesta mucho su mantenimiento. Ya que no es millonario, serías para él una lacra económica. Tendría que hacerle préstamos continuamente.

– Ya he pensado en ello. De momento , en el contrato podría constar una cláusula por la que tú te hicieras cargo de alojarme en una cuadra de tu propiedad, alimentarme y sufragar mi adiestramiento. Mientras, nuestro niño podría obtener ingresos prostituyendo a Laura. Una vez estuviese yo adiestrada, también podría prostituirme a mi y creo que tendría buen rendimiento, sobre todo de la chiquita.

– Mira mamá, nada me gustaría mas que prostituirte y ser yo tu chulo, pero para eso no hace falta que seas mi esclava. Incluso podríamos empezar el mismo lunes. Se de gente que paga buenas cantidades por follarse a preñadas. Eso también calmaría tu furor uterino y desde ya mismo.

– ¡Ay, hijo! ¿desde el lunes? Buena idea. ¿ Como me explotarás ? ¿Haré la calle? ¿En qué barrio?

– No mamá, no harás la calle. Te pondré en un burdel de lujo que conozco y que solo tiene putas maduras. Lo del lujo lo digo en serio. No es sórdido como los demás, tiene un magnífico ambiente hogareño y está dotado de las mayores medidas de discreción, higiene, comodidad y seguridad. Casi todas las putas están casadas y tienen hijos. Ninguna desea escándalos ni cosas raras. Tienes que tener en cuenta que a partir de ese momento tienes que cobrar a todo el mundo que te folle, incluyendo a papá. Si vas a ser puta debes ser buena profesional, yo no puedo representar a aficionadas.

– Teresa, dijo Juan, yo no pienso pagar por follar a mi mujer, así que me buscaré alguna que ocupe tu sitio, y no pienso consentir en que supervises quién ni como es ni su edad ni nada.

– Juan, cómo voy a consentir que cualquiera ocupe mi sitio contigo sin dar mi aprobación. Tu eres mi marido y te conozco, seguro que te pillas a una zorrita jovencita que te llevará a la ruina.

– Mamá, creo que lo mejor es que hagas de puta casada asistente del burdel. Es una categoría de putas de familia que prestan sus servicios en las instalaciones del burdel previa cita y mediante una tarifa especial. Por lo demás tienen su vida habitual, cuidan de sus hijos e incluso trabajan en sitios respetables. Estas no tienen que cobrar a sus maridos por follarlas.

– Teresa, creo que esta propuesta de Raúl es lo mejor, así podrías cuidar al niño sin necesidad de que lo tengamos siempre en una guardería y con una institutriz.

– Además, mamá, si te gusta el BDSM, en ese burdel tienen salas para practicar cualquier cosa. Precisamente pagan más a las especialistas en eso.

– No sé, cariño, lo pensaré mejor.

La otra conversación la mantenían Rogelio y Esther:

– Mira suegra, no he conseguido hablar por el móvil con tu hija, seguro que lo tiene desconectado porque está follando como una loca, pero sé que no nos perdonaría que no fuésemos a presenciar el trance que va a sufrir Laurita y cuidásemos de que no le ocurriese nada indeseable para ella.

– Bueno, iremos con ella, pero siento perderme la continuación de la orgía mañana. Creo que a Alberto le gusto y me gustaría tratarle más a menudo. Como me toca dormir con él veré si puedo concertar una cita para otro día.

No concertamos nada, porque estábamos tan rendidos que ella, tras aplicarse una crema en la piel azotada se durmió como un lirón. Yo coloqué la cabeza sobre sus monumentales tetas y también caí en los brazos de Morfeo preocupado por la actitud de mi dulce Blanca.

A la mañana siguiente desperté solo en la cama, me duché y bajé a desayunar. En la cocina me esperaba Aurora, toda eufórica.

– Mire, señorito, como ayer me sacaron tanta leche han debido excitarse mis glándulas y hoy tengo las ubres colmadas, nunca tuve tanta.

No hacía falta que lo dijera, de sus pezones no hacía sino salir espontáneamente su delicioso producto resbalando por su mórbido vientre, pelada vulva y rollizos muslos hasta el suelo. Ya suponéis en qué consistió mi desayuno esa mañana.

– Aurora, si tu hija es como tu no sé si podré resistir la tentación de preñarla. Ya sabes que me gustan así y además lactantes. Esta mañana tengo la intención de dedicarme por completo a la señora Teresa a quien ya le ha subido la leche.

– Seguro que mi hija le entiende y estará contenta de que usted la preñe. Creo que también pagan muy bien a las actrices de películas porno de preñadas.

– Aurora, ya te he dicho que no puede trabajar en eso mientras sea menor de edad.

– ¡Ay señorito, entonces no la preñe tan pronto!.

– Por eso es mejor la solución que te dije.

– Si señorito, pero no me puedo fiar de mi señorito, ya ve, hasta me preñó a mi.

– Pues tienes razón. Tu hija tendrá que poner mucha atención al método anticonceptivo que elija.

– Pero ya sabe, señorito, que a su edad son muy alocadas y descuidadas.

– Me lo pones difícil Aurora. Ya pensaré.

Me dirigí al salón donde encontré a Teresa, Rogelio, su suegra Esther y su hija Laura, la esclava de Raúl.

Esther maquillaba la cara de aquella diosa mientras Teresa le hacía la manicura y lacaba en rojo las uñas de aquellas esbeltas manos y pies. Mientras, Rogelio, dubitativo y tímidamente le tocaba a su hija los torturados pezones sometidos al artilugio de estiramiento y le preguntaba:

– ¿ Te duelen mi niña?

– Sí papá.

– Y lo del coño ¿Te duele?

– También papá, de eso se trata precisamente, de que me duela ¿es que no has entendido nada de lo que quiero?

– Sí nenita sí, ….. solo es preocupación de padre.

– No creo, estás pensando en follarme o algo peor. Trata con mi dueño y seguramente lo conseguirás.

– ¿ De qué va esto ?, pregunté.

Me respondió Teresa.

– A Raúl se le ha ocurrido, que ya que Esther y Rogelio se van con él al marcado de Laura, él pasea a Laura por la calle y ellos van siguiéndolos en el coche para recogerlos antes de que llegue la policía.

– Joder qué perverso.

– Pues Laura está encantada.

En ese momento vino Raúl con algunas cosas. Preguntó si ya estaba lista, cosa cierta y entonces la puso en pié, la desembarazó del cinturón de acero, le colocó un collar postural tachonado que erguía insolentemente su cabeza, le fijó en la parte superior de los muslos unas anchas bandas de cuero con unas ligaduras solidarias a las muñecas, por lo que sus brazos deberían acompasarse a los pasos que diera y, por último le extrajo la pelota taponadora del ano y le insertó un ancho tapaculos, con acusado resalte para no escaparse, del cual salían en ángulo vertical con airosa curva descendente, unas vistosas plumas de avestruz.

El aspecto de la diosa era soberbio, majestuoso, lúbrico y digno de compasión al mismo tiempo. Su arrogante cuerpo y la altiva postura a que le obligaba el collar contrastaban con sus torturados pechos y vulva. La cola de avestruz era un detalle extremamente humillante para alguien que hubiera podido tener a miles de hombres a sus pies. Me asombró la retorcida mente de Raúl. Decididamente yo estaba aprendiendo más en unas pocas semanas que en el resto de mi vida.

Entretanto ya habían ido llegando el resto del grupo orgiástico, quedando todos encandilados de la escena. Los hombres teníamos todos la verga enhiesta.

Calzada la chiquilla con unos zapatos negros de tacón muy alto, Raúl le trabó una cadena a la gruesa argolla que traspasaba el enorme clítoris y le impartió instrucciones:

– Recuerda que debes seguir mi paso a la distancia de la longitud de la cadena, que debe estar siempre a una altura de medio metro del suelo aproximadamente. Como no podrás verlo por causa del collar, pon atención a que tu clítoris debe estar estirado siempre desde delante, no desde abajo. Los pasos tiene que ser muy largos, pero sin dar la sensación de que te fuerzas. Debes simular que eres tu la que lleva el paso y no tu amo, eso dará la imagen de esclava bien adiestrada y conocedora de las costumbres del amo, en caso contrario parecería una pantomima. Hagamos unos ensayos en el jardín. Hacednos fotos.

Ensayaron en el jardín mientras Rogelio fotografiaba. La expresión de Laura era radiante. En un momento dado Raúl la liberó de la cadena y la ordenó posar sola. Ella lo hizo como una verdadera modelo profesional. La luminosa sonrisa de su cara expresaba sin dudas su satisfacción por ser exhibida en público de aquella manera. Esther lo comprobó mojando sus dedos en los fluídos que su nieta desprendía por el obstaculizado agujero de la vagina.

Terminado el ensayo y el testimonio fotográfico privado, había que abordar la cosa pública. Raúl me entregó la cámara fotográfica y le dio a Alfredo otra de vídeo.

– Si salen las tomas mal os mato.

– Todo el grupo de la orgía se vistió apresuradamente y montó en los autos. partiendo alrededor del que conducían Rogelio y Esther portando en los asientos traseros a Raúl y su esclava. Cuando llegamos a la calle de aceras más amplias y concurridas, el auto de ellos paró y descendieron Raúl y Laura, él con un antifaz en la cara.

La escena era alucinante. Raúl paseaba entre el público conduciendo de la cadena del clítoris a la altiva, escultural y arrogante esclava que, a cara descubierta, mostraba una sonrisa que dulcificaba indescriptiblemente sus perfectas facciones.
Ante la estupefacción de la mayoría y los insultos de algunos se pasearon así tres minutos y montaron en el auto de Rogelio que llevaba las placas de matrícula embarradas por si acaso. Ellos se fueron al marcado de la esclava y nosotros retornamos a la casa para proseguir la orgía.

Ya en el salón de la casa, quedamos un tanto confusos. Sin duda todos estábamos con la libido al máximo por la escena vista, imaginando el marcado de Laura en presencia de su padre y su abuela. Cualquier intento de satisfacer la lujuria parecería limitado en comparación con lo experimentado aquella mañana y la tarde anterior. Entonces percibimos la ausencia de la vieja, que era una gran animadora. Por iniciar algo, más que nada para vaciar mis huevos por primera vez en la mañana, y más que llenados por la excitación producida por el paseo de Laura, coloqué a Teresa y Aurora de frente, de rodillas en el suelo, animándolas a chuparse cada una su propia leche y después la ajena, mientras yo les acariciaba alternativamente coño y ano. Me siguieron la jugada y, en pocos minutos estábamos ya toda la pandilla mamando y follando amontonados en el centro del salón. El desorden de las folladas no me dio pié a metérsela a Blanca, que me vigilaba estrechamente desde la incompleta sodomización de la noche anterior y no me permitía ni tocarla. Follé por tanto a Teresa y Lucía pero corriéndome en cualquier agujero que tuviese libre la mórbida Aurora, que aprovechaba para comerme el coco con el asunto de la puta de su hija.

Los tres hombres le pegaron tales recorridos a mi esclava que acentuaron el enfado de Blanca, ya que en algunos momentos se encontró totalmente desatendida. Hasta Lucía llegó a mostrar morro hasta que yo, incapaz de levantar mi polla, la contenté con una follada con el puño.

Hicimos el descanso de la comida y una siesta, después de la cual volvimos a charlar, reconociendo los hombres que no aguantábamos orgías de todo un fin de semana con mujeres tan promiscuas y calentorras, por lo cual prometimos que la próxima vez habría, al menos, dos hombres por mujer. Ellas exigieron que jóvenes, pero llegamos al acuerdo de procurarlos aunque sin compromiso, argumentando que los hombres jóvenes en general no conocen las delicias de las mujeres adultas porque ellas dejan la labor de la educación sexual en manos de las inexpertas jovencitas. Ahí nos tuvieron que dar la razón y se comprometieron a ligarse cada una un jovencito cada mes y enseñarle el placer de follar con casadas maduritas.

Para levantar los ánimos pusieron en el vídeo una película porno al albur. Resultó ser de zoofilia y las mujeres comenzaron a especular cómo sería ser follada por un perro cualquiera, comentando que tenían entendido que los perros de las pelis porno estaban adiestrados, y que los directores hacían trucos insertando siempre las mismas escenas de primer plano porque pocas actrices se dejaban penetrar y llegar al final. Ninguna de ellas había experimentado o visto en directo una follada de perro a una mujer.

– Pues ahora podéis, les dije. Alfredo y Blanca tiene afuera dos perros macho si mal no recuerdo.

– Ah no, ni hablar, dijeron las tres señoras y la criada.

– No lo digo por vosotras. Ahí en el suelo está mi esclava con la que podemos experimentar y …. si os parece agradable ……. hay otro perro.

Acordaron que era una magnífica idea y lubricaron el coño y el culo de Celia, que no se opuso pese a haber escuchado a qué se le iba a someter.

– Que el perro elija en que agujero meterla, propuso Teresa.

– Bien, pero quien le calienta, porque así por las buenas no creo yo que …. dijo Blanca.

– Yo misma. Se ofreció Teresa.

Trajeron al perro, un pastor alemán de bonita estampa y cuidado pelaje. Blanca le exigió a Teresa: Caliéntale debidamente, no lo traumatices porque es mío y, si la prueba con la esclava me satisface, a lo mejor lo uso yo.

Celia se puso a cuatro patas sin que nadie la obligase y Teresa, torpemente por su panza, se sentó en el suelo y comenzó a acariciar al perro acercando sus bonitas y cuidadas manos a su escondida pija mientras le empujaba con cuidado a hociquear los bajos de Celia. El perro, después de oler los genitales de la víctima del ensayo, empezó a lamerlos y se demostró al mismo tiempo la eficacia de las manos de la preñada al asomar su creciente pene. Cuando éste alcanzó su máximo tamaño, Teresa fue incapaz de contenerse y lo empezó a lamer, metiéndose al final en la boca todo lo que le cabía, haciéndole una mamada que a su marido le hizo comentar que con él no ponía tanto entusiasmo. Como se retardaba, Blanca le reconvino:

– Bueno, lleva esa verga a donde debe estar. Hemos hablado de follar a un perro, no de que una ninfómana como tu se beba su semen.

La reconvenida Teresa guió el pene del perro hacia el levantado trasero de Celia y acertó a introducirlo en su vagina. El chucho inició el vertiginoso vaivén que los caracteriza apareándose y Celia, al poco rato, no pudo ocultar los orgasmos que le estaba proporcionando aquel animal. Cuando el bicho soltó su semen y se quedó enganchado por el bulbo a Celia, que yacía tranquila y agotada esperando el desacoplamiento, Blanca se acercó ella y comenzó a tironear suavemente de los anillos de los pezones y del clítoris. La manipulación, con su vagina repleta, provocó en Celia dos nuevos y prolongados orgasmos que agradeció con una sumisa y cariñosa mirada a Blanca. Yo no entendía su actitud. Por un lado me rechazaba por culpa de Celia y por otro demostraba estima hacia ésta.

Teresa se apuntó a hacerlo con el otro perro. Aurora retiró al pastor alemán y volvió con un enorme gran danés que, momentáneamente, atemorizó a Teresa, haciéndole dudar de su decisión. Hizo acopio de valor y se dispuso. Esta vez fue Blanca quien realizó las maniobras preliminares de calentamiento del perro y guió su pene al trasero de Teresa. Esta vez se insertó en el ano, con gran facilidad por la dilatación que ya tenía de los últimos usos
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– ¡Ah qué bueno!. Mira Juan, mira lo que le hace este perro a tu esposa. Mira que puta soy. Que rico riquíiiissssimo. Uyyyyyuuuyyy como folla este bicho. Ay que me corro ya. Ayyyyy qué bueno. Juan mírame, mira que sucia zorra es tu esposa. Juan mira como mete el perro su minga en tu agujero preferido. Ayyyyy Juan, mi cielo, como me gusta. Juan cómprame un perro grande como éste. AAAhhhhhh.

Se corrió varias veces, incluso cuando esperaba el desacople, gracias al suave masaje que Blanca le propinó en el clítoris.

Calientes por el espectáculo volvimos a follar. Juan se la metió a su esposa por el ano con el semen del perro todavía dentro mientras le palmeaba violenta y sonoramente las ya maltratadas nalgas. La panzona no pareba de incitarle a que le diese más fuerte.

– Guarra cerda, le gritaba él. Tengo la esposa más cerda y lúbrica del mundo. ¿Sabéis que ahora va a ser la puta de nuestro propio hijo?

– Si si si, díselo a todos, que lo sepan. Mi hijo me va a arrendar a un burdel donde me follará quien quiera pagar por mi. Ah qué feliz seré.

Julio se folló a Blanca, yo a Aurora y Alfredo sodomizó a mi esclava mientras jugueteaba con sus anillos de los pezones ayudado por Lucía, que la insertaba en la vagina un descomunal consolador negro mientras tiraba del anillo del clítoris.

Definitivamente agotados, nos duchamos, cenamos y nos despedimos. Llevé a mi esclava hasta la puerta de su casa y regresé a la mía donde dormí hasta bien entrada la mañana del domingo.

Unos meses después de aquellas jornadas la situación está así:

Teresa trabaja de puta para su hijo Raúl en el burdel que entonces comentaron. Comenzó a trabajar el mismo lunes siguiente a nuestra orgía y solamente tuvo que suspender el trajín por la cuarentena consiguiente al parto, el cual comenzó cuando estaba follando con un cliente que casi se muere del apuro cuando rompió aguas y el pensó que le había dañado algún órgano con su polla. Por la mañana atiende a la preciosa niña que tuvo y por la tarde y noche trabaja hasta altas horas de la madrugada. Juan recibe de Raúl el 10% de los beneficios que produce la puta en concepto de indemnización por el lógico menoscabo en el cumplimiento de sus deberes conyugales.

Rogelio y Esther formaron una sociedad para comprar al 50% a Laura, la esclava de Raúl e hija y nieta respectivamente de ellos dos. Rogelio la disfrutaba dos días a la semana y Esther otros dos. Los otros tres días de viernes a domingo la tienen trabajando en el gabinete BDSM de Palmira y se reparten los beneficios al 50% también. Como consecuencia de esto la esposa de Rogelio, madre de Laura, se divorció de él, así que se trajo a su casa a su suegra y ambos ya disfrutan conjuntamente de la esclava cuatro días a la semana.

Yo coloqué a mi esclava en el mismo burdel de maduras en que trabaja Teresa, pero en el caso de Celia es a jornada completa y residiendo en él. Concerté una entrevista con su marido y llegamos a un acuerdo económico. En concepto de indemnización por el sueldo dejado de ingresar por Celia en el hogar, yo le pago la misma cantidad incrementada en un 25%, lo cual supone en total el 10% de los beneficios que produce Celia, otro 30 % se lo lleva el burdel, así que yo me quedo con el 40%. También acordamos que ella tendría derecho a visitarle a él a sus hijos los días de descanso, los lunes. Los visita por las tardes, ya que por las mañanas su marido trabaja, los chicos están en la universidad y ella va a misa. El chico mayor se enteró del negocio y de cuando en cuando pide dinero a su padre para pagar los servicios de su madre, ya que en burdel son inexorables en el pago. Tengo que negociar con el gerente que si sus hijos quieren usarla se la dejen gratis al menos una vez a la semana. Cuando la noticia llegó a oídos de mi tía Blanca me perdonó y ya vuelvo a visitarla y follarla cuando me apetece. Mi tío Alfredo no me habla, así que incluso puedo dormir con Blanca en su cama de matrimonio mientras él duerme en la habitación de invitados.

Mi tío no me habla porque me llevé a Aurora. En uno de las visitas Aurora me enseñó unas fotos de su madre, de 55 años y según la vi le propuse que se trajera a su hija y su madre, que enviase al niño a su país con los otros parientes y que se vinieran a vivir las tres a mi casa. Para mantener tanta persona le dije que lo mejor era que su madre atendiese las tareas de la casa y así prescindiríamos del gasto de la actual asistenta, ella, Aurora, podría trabajar como externa en el burdel de Teresa al igual que ésta y mis amigos y yo enseñaríamos a la chica los trucos y la elegancia en el posar de las actrices porno para cuando llegase su mayoría de edad y yo, su representante, la obtuviese un jugoso contrato. A Aurora le pareció una excelente idea. Hemos puesto juntas dos camas de 2 metros en mi dormitorio y dormimos los cuatro juntos. Resulta enternecedor ver cómo se atienden entre sí las otras dos mujeres de la familia cuando yo follo a una de ellas, o cómo cooperan en la follada.

Fin.

Algunos de los protagonistas reaparecen en en la serie “Ellas no decidían (I, II, III)”

Comentarios a jorpujolaa@hotmail.com

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