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Por el rí­o

No era un día distinto a las demás, bueno, yo tampoco era una adolescente distinta a las demás, trataba de pensar y actuar como una niña mayor y sin embargo solo soy… Karen, tengo 17 años, mi cabello es castaño pero ese tinte que anuncian en la tele consiguió que tomara un tono rojizo, no soy delgada aun cuando soy alta, pero que importa si me veo bien, que importa si soy tan guapa como dice mi mamá, que importa, lo que sucedió esa noche no debió pasar, esa noche fue la que hizo distintas todas las demás noches hasta hoy.

Como ya dije, soy Karen, estudio la preparatoria en el COBAES 26 de Culiacán Sinaloa voy en segundo año y como todo el salón odio la química, voy en la tarde, o como dice Sofía, el turno vespertino, ella es la estudiosa del salón y también es mi mejor amiga, físicamente no nos parecemos, yo alta ella bajita, yo llenita ella es la mas delgada del mundo y no se porque, le encanta comer en el recreo que en mi escuela, es cada hora. Bueno, yo no puedo salir a la calle sin pintarme, arreglar mi cabello con cuanta crema sea posible, mi falda debe ser siempre lo mas corta posible, ¿la de la escuela? De esas feas grises con cuadros estilo príncipe de Gales y hasta eso, Sofía solo lleva pantalón, claro, por fuerza del reglamento la vemos con los mismos cuadritos ridículos, somos tan distintas que cuando mi ropa interior debe combinar con mi blusa la de ella pareciera ser siempre la misma, una tanguita deportiva color negro, muy pequeña pero debe tener mas de diez iguales, tal vez por eso somos las mejores amigas, inseparables.
Las ocho de la noche, el prefecto anuncio al salón que no vendría el profe de Química, algo referente a su esposa lo detuvo en casa, normalmente nos esperaban en casa hasta las nueve y media así que decidimos irnos caminando cruzar todo el malecón del rió hasta llegar a nuestra colonia, mejor aun, nos iríamos por el otro lado del rió, han construido un malecón adoquinado que corre a la orilla del rió, en verdad que se ve va a ser precioso, a la izquierda una cordillera de árboles protegen el rió de la civilización, mientras a la derecha están en construcción mas de 20 edificios que convertirán la ciudad en parte del primer mundo, por ahora solo están los trabajadores de las obras y kilos y kilos de concreto.

Sofía perdió la apuesta así que le toco cargar mi mochila, el camino no era tan corto, pero la aventura nos causaba esa sensación de perder el miedo, total, son apenas las ocho, en la tele esta el chavo ¿qué podría pasarnos en las calles de nuestra ciudad?

Habíamos cruzado dos puentes ya, después del tercero estaríamos en casa, pero por el momento solo podíamos admirar la luna reflejada en el rió y los leves tonos de luz que hacían las fogatas de los veladores.

—- ¿qué hacen dos niñas tan solas y tan noche por este camino? No hay nada para allá, váyanse puede ser peligroso—-

De la noche emergió una voz que a cada paso tomaba un rostro, el tipo cojeaba, tendría mas de setenta años y seguro aparentaba otros diez mas, no nos dio miedo, una sola de nosotras lo hubiera corrido de ahí, ahora juntas, nada nos podría detener.

—En verdad, váyanse!!! Es día de raya y los trabajadores suelen quedarse a celebrar—
—¿Celebrar?—- preguntó Sofía
— A nada malo, unas copas de tequila a un lado de la fogata, platicando de un día de trabajo, renegando de una jornada de trabajo—- Váyanse!

Nos valió a las dos, seguimos camino a casa y la casualidad, justo antes de llegar al tercer puente estaban Javier, Raúl, Marcial, Pedro, Esteban y Luis, los seis patanes del salón que se sientan hasta atrás en clase, Pedro les había conseguido un cigarro de mota y buscaron el lugar mas remoto de la ciudad para ver que se siente andar pacheco.

—-Mira quien viene, ¿que chingados hacen aquí plebes?—- Que mas, nos andan siguiendo las dos cabronas, de seguro nos oyeron en el salón y querían que nos mocháramos con el toque pero nel, con trabajos y alcanza pa los cinco—

No les dijimos que no, solo nos sentamos y observamos el ritual, no sabían ni encenderlo al principio, tardaron cinco minutos buscando de que lado ponerle el cerillo, después, tosían con cada bocanada, ninguno dejo de toser como cuando se aprende a fumar, Sofía se reí en silencio y yo, nada, me reía a carcajadas de verlos y eso que todavía no escupían ninguna estupidez.

Escuchamos un auto y sin pensarlo corrimos los ocho para el rió, pero en medio de los arbolas, ninguno corrió junto a los demás, nos perdimos entre la arboleda y yo llegue sin Sofía al rió, después llego Marcial, Raúl y Javier. Faltaba la otra mitad.

Ellos seguían drogados, lo que olvide del miedo de ser pescada por la policía con un cigarro de mota, ¿qué le diría a mi mamá? ¿cómo lo explicaría que no era mía, que los encontramos camino a casa, como?

Los cuatro estábamos acostados boca abajo justo a la orilla del rió, mis pies se mojaron de inmediato, yo me encontraba al centro de los tres, a mi lado Javier y Raúl y el chistoso de Marcial se había metido al agua, esta le cubría hasta la cintura y desde ahí grito, “La Karen trae calzones verdes, la Karen esta masticando sus pantaletas verdes” Raúl se metió al agua y lo sumergió para callarlo, yo no me moví del miedo pero Marcial al sacar la cabeza le dijo a Raúl, no seas estúpido péndejo, la poli ya se ha de haber ido o a lo mejor ni era y nosotros podemos sacarle provecho a este desmadre. Raúl se quedo pensando dos segundos y me dijo:

—Karen, levántate del suelo, ven aquí con nosotros—- anda que no tengo tu tiempo o quieres ¿que Marcial le grite a los cuicos pa que nos lleven?

Ahora Javier fue quien respingo, paréenle tarados que nos van a oír, Marcial señalo al puente permitiéndole ver a su amigo que el carro no era una patrulla, que ya se iba que estaban solos los tres con la vieja mas buena del salón ¿yo? Seguía bocabajo en el rió.

—Que te levantes te digo, ven el agua esta tibia, además, desde aquí podemos ver que traes tu traje de baño verde — jajajajajajajajjajajajja— se soltaron riendo los otros dos.

El miedo me hizo levantarme y acercarme paso a paso dentro del agua, moje mis tobillos, mis rodillas, mis muslos y mi falda comenzó por fin a hacerse mas pesada con el agua del rió, justo a la cintura, recuerdo que lloraba sin saber porque, eran sollozos y Javier que venia detrás de mi me ordenaba que dejara de hacerlo, es como la playa decía, somos tus amigos o no?, ¿quieres Karen que seamos tus enemigos?

Marcial me acariciaba la espalda, lo hacia arriba de la cintura, las manos de Raúl me echaban agua en el cabello, mojaban todo mi cuerpo me salpicaban, aun cuando les dije mas de diez veces noooo!

—-Aplácate o te aplacamos, que acaso te hicimos algo, solo estate quieta golfa y anda, dame tu blusa y tu falda, quédate en traje de baño bizcocho—-

—-NNNOOOOOOOO!, están locos los tres, me vooooy y m vale lo que le digan a la policía—-

Fue Marcial quien lo hizo, tomo mi blusa y deshizo el cigarro en ella, lo desbarato dejando toda la peste en la blusa de mi uniforme. Eso me detuvo, me quede en el agua pensando que hacer, mientras Juan ya había bajado el cierre de mi falda, estaba a un costado y la aflojo de inmediato, no cayo puesto que el agua la detuvo flotando, Marcial me cargo y entonces la falda salió por mis pies,

— Esta muy chiquito tu bikini Karen, ¿no había de tu talla?, mira, se te salen todos los pelillos por los lados, además, deberías de comprar una tanguita mejor, mira a la nalgona, se esta comiendo con las nalgas todo el calzoncito —-

Quería correr, llorar, quitarme de sus burlas, mientras seis manos me frotaban de arriba abajo cada pedazo de mi piel que quedaba descubierta

—- Dejenmeeeee, ya, por favor dejenmeeeeeeee—-

Nada, ya no era la droga, era la calentura, Marcial se había sacado a sobar la monda y se la jalaba mas aprisa de ver como Juan me sacaba del agua cargándome con mis propias panties, las metía una y otra vez en mi cola y jalándolas hacia arriba las convertía en la perfecta tanga.

Marcial se termino de venir, tomo mi falda el muy marrano para limpiar su chorreadero para después hacerla bola y enviarla a la mitad del rió, conté hasta tres antes de darme cuenta que mi falda se había ido con una fuerte corriente de agua y la sola vergüenza de irme en panties a mi casa me dejo soltarme de los muchachos y salir nadando de ahí.

Me llevaba la fuerza del rió y pude escapar porque mientras se decidían a entrar en la corriente el rió ya me había alejado lo suficiente, no veía mi falda, tenia que encontrarla, mi blusa no alanzaba a cubrir mi pequeño calzón. Me fui dejando llevar a la orilla y salí de ahí.

Llevaba cien metros, buscando atorado mi vestido entre las ramas de la orilla del rió, hasta que de pronto el suelo comenzó a sentirse mas caliente de lo habitual, yo seguía jalando mi blusa hacia abajo, quería que me cubriera, no quería seguir viéndome desnuda por la calle, es cierto traía mis panties, pero también era cierto , eran muy muy pequeñas.

—Miren lo que hay sobre las cenizas, nos sacamos la lotería!!!!—

Seis obreros habian apagado su fogata, parecia que había interrumpido su siesta, no eran las diez de la noche todavía y el alcohol no los dejaba hablar con claridad, estaba medio desnuda al centro, estaba de nuevo asustada, quise correr.

—Agarren a la muuuy puta!, vamos a llenarla de leche pa que se empuerque—

Uno basto para sostenerme del brazo y jalarme a los demás, estaba hincada, en medio de seis gandules que no sabían distinguirse entre tanto alcohol.

—Heey, viene bien pacheca la golfa, escúlcala pa que se moche, ¿on ta la mota puta?—-

Me tomo de la orilla del calzón y me volteo, los jalo hacia abajo y yo en mi reflejo, los volví a subir, eran muchas manos, la blusa ya salía al mismo tiempo por mis hombros, mi brasiere se rompió de tanto tirón, estaba desesperada, movía mis piernas y brazos sin parar, movía todo mi cuerpo como un ostión en limón, hasta que… ellos lo decidieron. Uno sostenía mi brazo izquierdo, otro el derecho, la piernas me las estirón los otros dos, estaba inmóvil, a su merced.

—Póngala como perra, póngala en cuatro patas, quiero probar todos sus agujeros —

Parecia la perrita de mi tía lulú, inmóvil ante ellos solo me quedaba llorar, y mientras de nuevo, se les ocurrió convertir en tanga mis panties a tirones, el otro me dijo:

No bebe, no llores mas, toma tu chupón

Se saco la chola del cierre del pantalón , me tomo la nuca y me hizo conocer el sabor de una verga de un solo tirón, quería vomitar, pero en esa posición no podía ni hablar. Por detrás la situación no era muy distinta, el albañil ya había movido mis calzones a la derecha, los sostenían solo mis nalguitas. El tipo busco mi panocha y después de dos rozones la metió despacio, entraba y salía, entraba y salía una y otra vez, fue rápido, entre la sexta y la séptima vez dejo un chorro de semen dentro de mi.

El mas gordo de los seis le dijo que me agarrara la pata, que le tocaba al muy cerdo, se bajo el pantalón y l otro nunca vino se limpiaba la monda con hojas de árboles, el gordo levanto mi pierna, abriéndome el culo mas de lo debido y de una quiso entrar, yo estaba muy estrecha.

— aaaaaaahhhhhhhhh1 no por favor déjenme—–

El muy puerco me decía, déjalo crecer, si no te va a doler, déjalo adentro sientes, sientes como te va dilatando??? Créeme puerca, te va a gustar. Yo sentía como crecía esa cosa en mi colita, poco a poco iba encontrando el agujero y cuando el dolor comenzaba a transformarse en placer, mi boca se lleno de un sabor asqueroso, era hiel, era el semen del otro albañil.

Se fue de ahí, se marcho después de venirse en mi boca.

—-Esperance, no sean mamones no no dejen así!!!!—-

El gordo termino rápido con mi culo, y los tres que faltaban decidieron penetrarme al mismo tiempo, dos me cargaron y me ensartaron en la monda del tercero, el estaba boca arriba y yo frente a el, el segundo me la metió por el culo, tenia dos mondas al mismo tiempo y el bamboleo de uno hacia que yo bamboleara al segundo, era un bombeo tremendo, de nuevo lloraba y de nuevo me dieron un chupón.

—-perense enserio, ya mero me salen—-

Me apretaban la piel dejándome marca con cada dedo que me tocaba, que rica estas, sabrosa, mi vida y al mismo tiempo, mi cuerpo desnudo recibió el semen de los tres, se lleno mi boca antes que mi culo, era demasiado, quede pegostesosa de a madre.

—Vamonos ándale, solo deja verla como se quita los mecos,—-

Se fueron sin voltear atrás, la noche no terminaba y yo deseaba con toda el alma que me dejara ese dolor que atravesaba mi cuerpo partiéndolo en dos, un dolor que mas que la vergüenza de estar desnuda y cogiendo con varios se volvió a convertir en miedo al ver a los de la escuela acercarse por la orilla.

Salí corriendo al malecón de adoquín sin pensar que no llevaba mas que mi pantaleta verde y mi blusa mugrosa de la escuela, que nada me cubría el asqueroso aroma a semen y marihuana que despedía mi cuerpo, no me alcanzaron, me importo poco la vestimenta corrí y corrí y llegue hasta donde se encontraba el viejito cojo, El tenia a un lado a Sofía, ella sin pantalón, solo con su tanga deportiva negra encima. El viejo se subía el pantalón y me dijo:

—Lastima que a mi edad solo pueda con una—

Me dio la ropa de Sofía y me ayudo a vestirla, me dijo , quería un poco de mota, eso le di y a cambio ella me dio de todo.

Salimos de ahí, el viejo me dio un sweater para pasar por mi cintura que me cubría bien, entre rápido al baño llegando a casa, recuerdo haber llorado toda la noche junto a mi amiga que tenia la suerte de no saber por lo que paso, pero también recuerdo que la mañana siguiente despertamos juntas, que han pasado seis años desde entonces y nos amamos, no deseamos estar con un hombre ni mucho menos, solo seguimos viviendo sin voltear atrás y del pasado? Aun sigo deseando cada noche bajar la tanga deportiva negra de mi novia Sofía, aun me hace despertar.

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