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Clases de natación

Toda mi vida había sufrido por las carencias de las demás, toda mi vida mis problemas venían por tener mas que ellas, pero no se equivoquen , no soy del tipo filantrópica o algo así, me refiero mas bien a que estoy rebuena.
Me llamo Paola y aun cuando aparento tener 21, solo tengo 16 años, una niña como todas me dicen que soy, una niña normal dice mi mamá y sin embargo yo no lo pienso así. El sexo es algo que en verdad me llama la atención, yo se lo atribuyo a mi cuerpo que como ya dije no es el de una niña de 16, mis piernas son largas y gracias a la bicicleta estática de mi mamá son hasta musculosas, no tengo un bello, no necesito rasurarlas y eso ayuda a que aparenten una tersa suavidad, mi cintura es talla dos que para mi 1.74 resulta que soy delgada ¿mi busto? Desde los 14 compro brassieres de señorita, busco que sean sexys, adoro los push ups, uso el cabello corto porque practico la natación, muy corto diría yo ¿natación? A si, de eso se trata mi relato.
Les decía que tenia un problema vital con el sexo, nunca lo he experimentado, no se lo que es tener un pene dentro de mi ser, y sin embargo, el actuar como una puta es una actitud que no puedo detener, adoro que me miren, en la prepa no pierdo oportunidad de abrir las piernas en el aula y sacar de quicio al profesor de matemáticas, lo saben todos, basta que a los hombres del salón les toque exponer en el pizarron para que no paren de mirar el color de mis panties que mas que a ellos, a mi es a quien logro humedecer.
Visto faldas cortas, tops ombligueros, ropa que me permite dejarles ver un poco de piel. Mi ropa interior siempre es pequeña, muuuy pequeña, pero que puedo decir? Soy apenas una niña que disfruta mostrando un poco mas allá de donde sueles ver.
Son los lunes los días que voy a mi clase de natación, “Acuamundo” es una escuela donde te enseñan a bracear en todos los estilos dentro de una alberca de veinte metros. Soy la única mujer que asiste en el horario de 8 a 10 de la noche, además de mi hay cinco hombres mas, que como yo, también saben nadar ya y disfrutan dando una y otra vuelta a la pequeña alberca de mi escuelita de natación.
Como les conté, son cinco hombres a los que traigo locos con mi calentura, busco la manera de dejarme ver, de enseñarles algo de piel, de matar mi calor enfriando el de ellos al marcharme a las diez de la noche de Acuamundo. Hasta ese lunes cuando ellos cinco me enseñaron una lección que jamás olvidare.
Como cada lunes llegue directamente al vestidor, tome del locker mi traje de baño y justo al cinco para las ocho, entre a la ducha para salir a la alberca, mi terquedad me permitía usar ese traje de licra, lo compre dos tallas menor a mi tamaño y era la misma licra la que me permitía estirarlo para cubrir lo mas esencial, ja, recuerdo como me veía dos veces en el espejo antes de dejar el vestidor, deseaba que no se me viera nada y sin embargo, bastaban solo dos pasos para que el traje se escondiera en medio de mis nalgas hasta casi convertirse en tanga, mi busto por igual, parecía que la licra estallaría como un globo repleto de aire, eran dos tetas fenomenales listas a estallar.
Salía por la húmeda alfombra de plástico rumbo a la alberca y como cada lunes mis compañeros de horario me esperaban para verme antes de entrar al agua. Splash! Nunca fui buena para los clavados y ese día no fue la excepción.
Saque la cabeza del agua aun confundida, una de mis tetas había abandonado la tela de licra que la cubría, no me di cuenta de inmediato, pero ellos si, por un reflejo subí mi traje de baño para cubrirme y entre mil carcajadas salí del agua haciéndome la que la virgen le habla, como si no hubiera sucedido nada, ja, y mi traje ya se había acomodado dentro de mis nalgas totalmente yo les daba la espalda y ellos querían que se las diera.
— Estas rebuena Paola, nomás te gusta andarnos calentando golfita, pero sabes? Si sigues así un día te voy a quitar la calentura haciéndote el favor.—
Era José, el mas chico de ellos. Nunca me habian dicho nada, es mas, creo que no conocía sus voces y hoy parecía que se habian animado a mas. La bocina de la alberca anuncio que el maestro no llegaría esta noche y que si queríamos podríamos venir el martes, yo no tomaba la clase, así que me quede en la alberca a dar mis vueltas mientras a que los demás los puso a pensar.
Se reunieron en el centro del pasillo, no los escuchaba desde el agua pero parecían interesados en su desmadre y como sacados de algún team back del americano se levantaron al mismo tiempo a realizar cada uno su parte del plan. José entro al agua y se dirigió rumbo a mi, Héctor venia por arriba de la alberca en la misma dirección, Fue Rubén quien apago la cámara de seguridad y Rogelio puso seguro a la puerta de la alberca, Javier, el gordito, venia con un palo y me gritaba.
—Salte por las buenas puta salte ándale—
—NOOOOOOOOO!— Conteste de inmediato , déjenme babosos, y al tratar de salir de la alberca me tomaron los dos de los brazos cargándome rumbo al vestidor de hombres.
—NOOOOOO, NOOOOOO DEJENME, POR FAVOR!!!—
—Te vamos a quitar la calentura puta, a ver si te gusta seguir así—
Mi miedo se convertía en desesperación, me movía como un pescado en sartén, quería safarme de ellos quería correr y en verdad que no lo permitieron, eran mas fuertes que yo eran mas que yo y ya no sabia que hacer.
Como si fuera de papel, siete u ocho manos jalaron al mismo tiempo mi traje de baño rompiéndolo en pedazos, como si fuera la licra papel, quede desnuda ante ellos, sin nada, me veían a su antojo, me tocaban por todo mi ser. Javier apretaba mis tetas como si fueran de mentiras, me producía un tremendo dolor y nada de placer, José me nalgueaba una y otra vez, dejando mi trasero rojo de ardor, no encontraba nada divertido hasta ahora, quería llorar, pero no podía, ya me había cansado de gritar, entonces me llevaron a las regaderas y me dijeron los cínicos:
—Comienza la diversión puerca, pa que enseñes bien—
Rubén traía crema de espuma, de la que se utiliza pa rasurar, Rogelio traía en la mano su rastrillo y fue José quien me puso baca arriba en el piso de la regadera del vestidor. Con delicadeza Rubén me embarro en mi vagina la crema, lo hacia sobandome con destreza y después de un listo le dejo el turno a Rogelio, Javier me dijo, si te mueves te cortas golfa, así que aguas, tomo el rastrillo quitándome la crema de rasurar de ahí, sentía rasposo, sentía un poco de ardor y después de que Javier encendió a todo el chorro de la regadera, sentía como ya no tenia ni un pelo por mi pucha.
—Se te hacia un bulto en el traje tan pequeñito golfa, ahora si, lo vas a poder apretar mas aun, y seguro un día nos vas a dejar verte en tanguita por aquí—
Se salieron de ahí, se vistieron y se fueron, yo seguía con mi vagina pelona, tirada en la regadera sin dejar de sentir el agua, entendiendo una lección que nunca aprendí.
carlos_rape@yahoo.com.mx

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2 comentarios en “Clases de natación

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