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El Trabajo de Suzanne

Lunes, enero 8th, 2007

La fascinación de Amy hacia el cuerpo de Wendy aumentó la última semana de noviembre, cuando Wendy se dio cuenta de que Suzanne sabía dar masajes. Suzanne había disminuido el tiempo que usaba para dar masajes para dedicarse más a la fotografía, pero todavía conservaba unos pocos clientes regulares. Wendy quería urgentemente una especialista en masajes, y se ofreció como modelo a Suzanne a cambio de masajes. Suzanne aceptó el trato alegremente. En pocos minutos colocó unas pantallas por todo el estudio mientras Wendy se había quitado la ropa y esperaba las instrucciones de Suzanne. Mientras Amy ayudaba a Suzanne a colocar las luces, no podía evitar mirar el cuerpo delicado de Wendy constantemente.

La sesión de fotografías fue breve. Lo único que Suzanne quería hacer era ver el efecto de la luz sobre el cuerpo de Wendy. Las únicas fotografías que planeaba utilizar eran un par de la cara de Wendy. Para las fotografías de desnudos del día siguiente, Suzanne llamó al Departamento del Arte de la universidad para reservar uno de los estudios.

Al día siguiente, Suzanne y Amy prepararon las luces en el estudio de la Universidad y escogieron las pantallas para la sesión. Suzanne llevó todas sus cámaras, varios trípodes y flashes. Según las instrucciones de Suzanne, Wendy llegó vestida con un sudadera. No llevaba ropa interior para evitar las marcas que la ropa apretada dejaba en el piel. Se desnudó y se paró en el centro del estudio.

Suzanne tomó rollo tras rollo de película bajo distintas combinaciones de luz. Se puso feliz al descubrir que su nueva modelo había practicado gimnasia en el colegio, y que conservaba una gran flexibilidad en el cuerpo que por cierto Amy no tenía. Suzanne pudo experimentar con Wendy poses completamente distintas a las que había tomado con Amy. Habría algunos fotos de esta sesión que se venderían, pensó Suzanne.

De repente Suzanne se dio cuenta de que Amy y Wendy tenían la misma estatura y figuras parecidas. La única diferencia entre Amy y Wendy era que las caderas de Amy eran un poquito mas anchas y sus senos eran un poco distintos a los senos de su amiga china. El hecho que Wendy y Amy tuvieran la misma estatura, pero el color de sus cuerpos fuera distinto por la diferencia de raza, le dio a Suzanne la idea de tomar fotos de Wendy y Amy juntas. Para verse mas parecidas Suzanne quiso que Wendy y Amy se rasuran el pubis, y las dos muchachas irían al peluquero para tener el mismo arreglo de pelo. Con esto, cada una las dos modelos seria como la imagen de la otra en un espejo. Wendy y Amy estuvieron de acuerdo y fueron inmediatamente con el peluquero de Wendy para acordar el estilo y el corte de pelo.

Suzanne decidió que además de las fotos de Amy y Wendy desnudas, también tomaría fotos de sus modelos en diferentes vestimentas. Esa noche las tres mujeres se fueron al Centro Comercial para comprar una gran variedad de ropa; trajes de vestir para el trabajo, vestidos formales, chaquetas de cuero, ropa de mezclilla.

Suzanne y sus modelos pasaron todo el día siguiente en el estudio. Usaron las diferentes ropas, posaron juntas desnudas, posaron con el torso desnudo, con la parte inferior de su cuerpo desnudo, posaron una desnuda y la otra completamente vestida. Se pusieron frente a frente y se movieron como si fueran el reflejo en un espejo la una de la otra. Las fotografías fueron excelentes y Suzanne estaba muy feliz con Amy y Wendy.

Sin embargo, con el pasar del día, Suzanne empezó a darse cuenta que la sesión tenía muchas más posibilidades. Decidió que quería mucho más de Amy y de Wendy. Quiso que las caras de las dos muchachas obtuvieran vida por una intensa emoción. Quiso que la sesión fuera una experiencia real para las tres. Quiso experimentar con sus dos modelos y hacer algo verdaderamente atrevido. Suzanne reservó el estudio para el tercer día y pidió que sus modelos le regalaran otro día de sus vidas. “Mañana quiero hacer algo verdaderamente intenso con ustedes. Tenemos una energía excelente ahora y quiero llevarlas hasta sus límites” La actitud de Suzanne era puramente de trabajo. Amy y Wendy se prepararon para aguantar lo que seria un duro pero interesante día.

Al llegar al apartamento esa noche, Suzanne todavía no sabia lo que quería de Amy y de Wendy. Al azar reveló varios fotografías de la sesión para ver qué ideas podía sacar del trabajo ya realizado. Una de las fotos que reveló mostraba a Amy y a Wendy de espaldas. No usaban ropa excepto idénticas chaquetas de mezclilla y zapatos tenis. Se tomaban de las manos jalándose para alejarse una de la otra. La tensión de los músculos de las piernas y las nalgas se veía claramente bajo su piel. Suzanne estudió las expresiones en la cara de sus modelos y luego sus caderas. De repente tuvo una idea. Si Amy y Wendy fueran castigadas, si sus nalgas fueran coloreadas de rosa y sus caras reflejaran la emoción de haber sido recién castigadas, esta foto habría sido en verdad audaz.

Suzanne decidió que azotaría a Amy y a Wendy durante la sesión del día siguiente. No cabía duda de que el castigo daría a las muchachas las sensaciones que Suzanne quería. La fotógrafa recordó el efecto que la zurra con una paleta había tenido en Amy en junio durante la sesión de fotografías deportivas. Le habló a Amy de su idea. Al principio Amy se opuso.

“Suzanne, no entiendo. ¿Por qué quieres castigarnos? ¡No hicimos nada malo!”

“Amy, no se trata de castigarlas a ustedes, se trata de la intensidad de la experiencia en el estudio. Yo quiero todo de ustedes. Quiero que salga toda la emoción de sus almas en esas fotos. Quiero ver el miedo y la ansiedad en sus ojos. Quiero que sientan miedo al no saber lo que sigue. Quiero el dolor y la pasión de mañana saltar hacia quien mire las fotos.”

Suzanne hablaba en serio. Amy se dio cuenta que ella se traía algo entre manos El corazón de Amy latió. Por fin dijo “¿Con qué nos castigarás?”
“Todavía tengo la vieja paleta de mi padre. La utilizaré mañana con ustedes.” Suzanne miró a su amiga. La cara de Amy reflejó temor y preocupación. Suzanne puso su mano sobre la de Amy: “Amy, significaría mucho para mi si tú y Wendy pueden hacerme ese favor. Sé muy bien que les pido mucho, especialmente a Wendy.”

Amy suspiró. “Muy bien, lo haré. Hablaré con Wendy para tratar de convencerla a ella también. Necesito que me lleves a casa de Wendy y que me dejes allí. Necesito explicarla frente a frente.

Wendy se sorprendió al ver Amy en la puerta de su casa. Al cerrarse la puerta tras de Amy después de entrar, ésta empezó a hablar: “Wendy, tengo que hablarte de la sesión de mañana. Será una experiencia bastante dura para nosotras.”

“Desde luego. ¿Qué tiene Suzanne en mente?”

“Nos quiere castigar con la paleta.”

“¿CÓMO? ¿Por qué? ¿Se enojó con nosotras?”

“De ninguna manera. De hecho estuvo muy contenta con nuestro trabajo de hoy. Tanto que quiere ir mas allá con las fotos. Me costó entender lo que quiere. Tal como lo entiendo es que ella quiere sacar toda la emoción que tengamos para las fotos. Ella piensa que si puede darnos un estímulo extra de emociones, las fotografías resultarán algo muy especial.”

Wendy negó con la cabeza. “Amy, no quiero… Nos pide demasiado.”

Amy se detuvo un momento, también tenía sus dudas. Al fin decidió defender a su compañera de cuarto.

“Suzanne es buena fotógrafa, sabe muy bien lo que hace, sé que ella no nos pediría esto sin tener muy buena razones.”

Wendy suspiró “Amy, exactamente, ¿qué le dijiste?”

“Le dije que yo lo haría, y que hablaría contigo. Mira, yo también estoy nerviosa. Lo único que te puedo decir es que ella me castigó con esa paleta en junio. Duele, pero lo que recibimos de la profesora Burnside fue mucho peor.”

Wendy guardó silencio por largo rato. Por fin suspiró de nuevo y miró a Amy con ansiedad. “Está bien, lo haré. Espero que valga la pena.”

Al día siguiente Suzanne bajó cargada con su equipo fotográfico, acompañada de sus modelos, quienes portaban grandes maletas con ropa. Llegaron al estudio del Departamento de Arte para el tercer día de sesión fotográfica. Rápidamente Suzanne subió la temperatura en el estudio y empezó organizar sus cámaras y su equipo. Bruscamente mandó a Amy y a Wendy a sacar la ropa de las maletas para ordenarla y poder cambiarse rápidamente.

Suzanne no era la misma persona durante el trabajo, especialmente durante una sesión en el estudio. Amy quedo asombrada de que la brusca fotógrafa en el estudio hoy fuera la misma persona que hacía pocos días la llevó a Detroit y luego se arrodilló con ella en un callejuela.

Suzanne decidió utilizar una pantalla blanca para la mayoría de las fotografías, pero también quiso experimentar un poco con otros diseños y otros colores pero que combinaran básicamente con blanco. Verificó las otras pantallas y volvió su atención a la iluminación. Amy y Wendy usando sudaderas permanecieron juntas mirando a Suzanne mientras se movía por el estudio.

De repente Suzanne salio del estudio y volvió con un pequeño taburete. Metió la mano en la bolsa de las cámaras y sacó la paleta. La puso encima de la taburete. Amy y Wendy cruzaron miradas. Se veía claramente que estaban nerviosas.

Suzanne se volvió hacia sus dos modelos. “Muy bien, Wendy, Amy, desnúdense y pasen al centro del estudio.”

Amy y Wendy la obedecieron. La tensión nerviosa en los ojos de las modelos complació a Suzanne, esto era lo que quería. Tomó close-ups de los perfiles de las caras de Amy y Wendy juntas, y luego retrocedió para tomar fotos de los cuerpos de las muchachas. Suzanne sabia que los close-ups funcionarían muy bien. Había la emoción en los ojos que ayer faltaba.

De pronto Suzanne mandó a Amy y a Wendy a pararse al lado de la taburete. “Wendy, toma la paleta en la mano. Mírame. Suzanne tomó una serie de perfiles de Wendy. “Wendy, dale la paleta a Amy, pon las manos en el taburete y separe tus pies un poco. Por favor trata de no llorar.”

Suzanne tomó varias fotografías de Wendy con las manos en el taburete. Wendy la vio con una mirada triste y nerviosa. De repente Amy se sintió increíblemente excitada al ver el cuerpo de Wendy doblado para recibir el castigo. Suzanne tomó la paleta de la mano de Amy, y azotó a Wendy duro 10 veces. Los golpes resonaron en el estudio.

“Amy, te toca a ti.” Los ojos de Wendy se llenaron de lágrimas, pero se las arregló para no llorar mientras se paraba junto a Amy que puso sus manos sobre el taburete.

“Amy, voltea a mirarme.” La cámara de Suzanne chasqueó varias veces. De repente Amy sintió el dolor del primer azote de la paleta en el culo, se mordió el labio por el dolor. Igual que a Wendy, Suzanne la azotó duro 10 veces. Al cumplir el castigo Suzanne tomó dos fotografías de Amy, todavía con las manos en la taburete.

Suzanne mandó rápidamente a Wendy y a Amy a pararse en el centro del estudio para una larga serie de desnudos dobles. La fotógrafa había tenido razón, había una intensidad de emociones en la expresión de las caras de sus modelos que había faltado el día anterior. Suzanne sabía que el color rosado en el fondillo de Amy y el tono rosa en el fondillo oscuro de Wendy le agregaría audacia a las fotografías.

Mandó a Wendy y a Amy al taburete. Quería más color en los fondillos de sus modelos. Las dos muchachas intercambiaron miradas de nuevo, con una expresión de miedo y nerviosismo. Suzanne capturó esas miradas con la cámara.

Una vez más Wendy recibió 15 duros azotes en las nalgas. Fue aun mas difícil no llorar, pero se las arreglo para guardar silencio. Le tocaba ahora a Amy. De nuevo la picadura fuertísima de la paleta. Fue peor esta vez, aguantar 15 nuevos azotes encima de los primeros 10.

Rápidamente Suzanne mandó a Amy y a Wendy a ponerse las chaquetas de mezclilla y los tenis. Repitió todas las fotografías del día anterior con las chaquetas, incluso aquella que le había dado la idea de azotar a sus modelos inicialmente. Mientras Amy y Wendy se jalaban una a la otra, los ojos llenos de lágrimas y las caras nerviosas de ellas alborozaron a Suzanne. Suzanne entonces les ordenó tomarse de las manos y pararse frente a frente, con las caras juntas, y mirar hacia la camera. Amy sintió los muslos desnudos de Wendy contra los suyos.

Suzanne pidió a sus modelos ponerse los trajes de vestir. Completamente vestidas la única evidencia de su dolor y de su tormenta de emociones estaba en sus ojos, pero se apreciaba de forma muy clara. Suzanne le pidió a Amy desnudarse de nuevo pero que Wendy permaneciera vestida. Suzanne le pasó la paleta a Wendy y mandó a Amy agarrarse los tobillos. Colocó a Wendy tras Amy y Suzanne tomó unas fotografías preliminares.
“Wendy, quiero que castigues a Amy. Hazlo despacio y tómate tu tiempo entre azotes. Amy, por favor mantén tu mirada en mi.”

Wendy azotó a Amy casi con la misma fuerza que Suzanne, añadiendo una tercera serie de azotes sobre los azotes que Amy ya recibió. En esa ocasión el dolor fue casi insoportable y poco faltó para que Amy llorara. Suzanne estaba emocionada, tomaba fotografías con dos cámaras. Ella no le pidió a Wendy que parase hasta que Amy hubiera recibido 20 duros azotes. Amy requirió de toda su fuerza interior para permanecer quieta.

Rápidamente Suzanne cambio los rollos de película. “Amy, Wendy, páranse frente a frente, tómense de las manos y mírenme a mi.”

La lagrimas rodaban por las mejillas de Amy. Ambas miraron hacia la cámara y Suzanne tomó varios fotografías.

“Abrácense y hagan las paces.” La cara empapada de lágrimas de Amy se acercó a la cara emocionada de Wendy. Amy sintió la ropa de Wendy raspar su piel desprotegida. Suzanne tomó una serie de close-ups, retrocedió para tomar unas fotografías del contraste entre el traje oscuro de Wendy y el cuerpo desnudo de Amy. Luego Suzanne mandó a Wendy a cambiarse y ponerse un vestido formal para otra serie de fotografías con Amy todavía desnuda. De nuevo Suzanne tomó una larga serie de fotografías. El vestido dio a estas fotografías un tono muy distinto al del traje de negocio. Suzanne volvió a pedir a Wendy que se cambiara y se pusiera los bluejeans y la chaqueta de cuero. Tomó otra serie de fotografías con la nueva variante de la vestimenta de Wendy, que dio otro contraste con la piel dsnuda de Amy.

Suzanne puso una silla de madera en el centro del estudio. Pidió a Wendy se sentara en ella y a Amy acostarse sobre las rodillas de su amiga. Suzanne sacó una cámara de alta velocidad. “Azota a Amy con la mano, hazlo con fuerza.” Otra vez los golpes resonaron por todo el estudio. Suzanne pasaba rápidamente de un lado a otro tomando decenas de fotografías.

Amy nuevamente se esforzó por no llorar, Wendy no mostraba ninguna misericordia, lo que por supuesto Suzanne quería. Wendy se había emocionado tanto como Suzanne con la sesión. Wendy no azotaba a Amy con todo su fuerza, sino con una precisión calculada para aumentar la eficacia de cada nalgada. Los ojos de Wendy se cruzaron con la cámara de Suzanne. Si! Ese fue el momento culminante entre la fotógrafa y la modelo! Suzanne tomo varios close-ups de la intensa emoción en el rostro de Wendy.

Con pocas ganas Suzanne rompió el hechizo entre ella y Wendy y ordenó a Wendy dejara que Amy se parara. Wendy dejó de darle nalgadas a Amy, aunque era evidente que quería seguir adelante con el castigo. Amy se paró con dificultad tratando de no llorar. Con los ojos llenos de lágrimas dio a Wendy una mirada llena de dolor que Suzanne pudo capturar con la cámara.

Suzanne pasó la chaquete de mezclilla a Amy. Con manos temblorosas Amy logró ponérsela y abrochar los botones. Suzanne ordenó a Amy pararse de espaldas a la cámara, pero volver la cara hacia la ella sobre su hombro. El culo rojo de Amy contrastaba con el azul oscuro de la chaqueta. Amy todavía estaba sentida de que Wendy le hubiera dado nalgadas tan dolorosas encima de las tres azotainas con paleta que ya llevaba. Esa mirada dolida fue el centro de atención de la siguiente serie de fotografías de Suzanne. Los ojos de Amy se cruzaron con la lente de Suzanne y la fotógrafa encontró el momento justo con Amy.

Suzanne tomó unos rollos más de película de las caras y los cuerpos de Amy y Wendy, pero ya tenia lo que quería. Le pasó por la mente pedir a Amy y a Wendy que intercambiaran lugares, pero se dio cuenta que “el momento” para hacer eso ya había pasado y que las nuevas tomas no serían tan buenas como las que ya tenía. Así Wendy se libró de más castigo por ese día y Amy no tuvo la oportunidad de vengarse en el fondillo de Wendy.

Mientras Amy y Wendy estudiaban para los exámenes finales del semestre, Suzanne pasó los días en su laboratorio revelando las fotografías. Éstas son buenas, pensó Suzanne. Estaba muy contenta con las fotografías del primer día de Amy y Wendy juntas, pero las fotografías del primer día no se comparaban en nada con las fotografías del segundo día. Suzanne mostró algunas de las mejores fotografías a sus modelos que estaban sorprendidas de que ellas mismas fueran los personajes de esa colección. Suzanne, en su acostumbrada manera de tratar a sus modelos, les ofreció a Amy y Wendy la mitad de la ganancia de las fotografías, esta vez para dividirse en partes iguales entre Amy y Wendy.

Suzanne pidió que Amy y Wendy firmaran contratos de modelo y fue a visitar a su redactor en jefe con todas las fotografías de los dos sesiones. Por largo rato el redactor miró las fotografías en silencio. Quedó muy impresionado con la colección, se veía claramente en su rostro. Llamó a dos asistentes para que revisaran las fotografías mientras Suzanne, sentada, los miraba nerviosa. Ninguno decía nada, pero cada tanto intercambiaban miradas asintiendo. Al salir los ayudantes de la oficina, el redactor enlazó sus manos y miró a Suzanne.
“Suzanne, ¿te das cuenta de lo que tienes aquí?”

“No muy bien. Tomé las fotografías sin tener planeado nada. No sabía como saldrían.”

“Pues te digo que así como salieron estas fotografías te pondrán entre los mejores fotógrafos de Nueva York. Estas fotografías serán controvertidas, te lo aviso. Yo soportaré la furia que causará la colección, pero tú también recibirás fuertes críticas.

“No… no entiendo”

“Voy a promocionar tus fotografías al máximo. Son muy atrevidas, muy audaces. Lo que me gusta de estas fotografías es que no querías que fueran tan audaces, pero lo son. Sería irresponsable hacia esta empresa si yo dejara pasar la oportunidad de promocionar tu trabajo lo más posible.” El redactor pausó y continuó: “Una pregunta, pura curiosidad, ¿de verdad castigaste a tus modelos?, ¿no fue maquillaje?”

“Sí, las castigué, quería que brotara de ellas toda la emoción en la sesión, y no sabia de qué otra forma lograrlo. La idea de azotarlas me llegó al terminar el primer día en el estudio, porque yo quería forzarlas hasta sus límites. Además yo no utilizaría maquillaje para esto. Se notaría fácilmente diferencia.”

“Pues tuviste éxito, tus fotografías tienen esa emoción que buscaste. En cuanto a la controversia que despertarán, prepárate. Cada artista que hace el trabajo de calidad que tú hiciste tiene que aguantarla.”

Suzanne y el redactor pasaron varias horas escogiendo las fotografías para el libro. Suzanne quedó un poco asombrada del entusiasmo del redactor, y aun más al ver cuantas fotografías él había querido incluir en el libro. El sacó unas más para promoción de la colección y otras para mandar a revistas de fotografía artística. Aun más asombrada se quedó Suzanne cuando vió el borrador de su contrato. Se dio cuenta de que había sido bastante generosa con Amy y con Wendy. El dinero que cada una recibiría por las sesiones de fotografía, fácilmente pagaría todos los gastos de ellas para el resto del tiempo en la Universidad.

“Suzanne, tu novio es abogado ¿cierto?” Ella asintió. “Muéstrale el contrato, háblenlo, quiero estar seguro de que estarás completamente satisfecha con nuestro acuerdo.”

ecclip@quik.com – pagina web

La sorpresa

Lunes, enero 8th, 2007

La llamada me dejó intranquilo, “Querido, cuando llegues a casa. prepárate para una sorpresa”, me dijo.

Aunque ya estaba bastante acostumbrado a sus “sorpresas”, nunca dejaban de inquietarme.

Continué trabajando hasta tarde y cuando deje la oficina ya me había olvidado del tema. Casi antes de llegar, lo recordé, me detuve en un puesto de flores y elegí un ramo de rosas muy rojas. Luego en un market y me lleve un buen Chardonnay y muy contento conmigo mismo, seguí camino a casa.
Al llegar, abrí sigilosamente la puerta, mire en el living: nadie. Muy despacio seguí a la cocina: vacía y a oscuras. Puse el Chardonnay a enfriar. Revise toda la casa y no estaba. Desilusionado volví a la cocina prendí la luz y entonces vi la nota:

- He salido. Quiero que me esperes en el sótano, desnudo y con los ojos vendados. A las 10 en punto. – firmado . ¡Yo!

- ¡Pues mira con la Señora! – me dije – bien, veamos que me tiene preparado.

Me tome mi tiempo, faltaba una hora. Me prepare lentamente, tome una cerveza, y cuando se acercaban las 22, baje al sótano y cumplí con su pedido. Me desnude, me puse el pañuelo vendando mis ojos y así en total oscuridad, me senté en una silla a esperar. Sentí ruido en la cerradura y sonido de pasos arriba. Los tacos iban y venían y mi inquietud comenzaba a crecer, se tardaba demasiado. Pasaron largos minutos, hasta que finalmente los tacos dejaron de escucharse. Pero aun así, no bajaba. Un roce de manos en mi rostro me sobresalto, ni cuenta me había dado de su presencia … claro, estaba descalza.

Willy

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Llegue a casa, poco antes de las 10 de la noche, estaba muy nerviosa, no sabia si él había llegado, pero ambos nos conocíamos muy bien, y seguramente estaría esperando en el sótano, nuestro refugio. Aunque no se por que se me ocurrió decirle que bajara al sótano, ya que estábamos solos ese fin de semana, debe ser por que hacía mucho que no bajábamos, lo que me hacia añorar aquel lugar, mudo testigo de nuestras fantasías hechas realidad, de nuestro amor, y por sobre todo, nuestro secreto, la afición por el spanking.

Me aligeré de ropas, baje con algo muy sensual, muy seductor, esperando que le gustara, lo había comprado esa tarde, pensando en su cara al verme.

Baje muy despacio, descalza, y tratando de no hacer ningún ruido, abrí la puerta que daba al sótano, me quedé allí un rato para acostumbrar la vista a la semi oscuridad, ya que llevaba una vela encendida, para no tropezar, me acerque a la mesa, puse en lugar seguro la vela, me acerque a él, que se notaba muy intranquilo por la espera, es tan impaciente este hombre mío, si solo debían ser las 22,4 minutos.

Toque muy despacio y suave su cara, se sobresaltó, realmente no había hecho ruido alguno, me acerqué lentamente y le besé, un beso tierno, dulce, que me devolvió de inmediato, toqué su pecho, acaricié muy lentamente su vellos, sus hombros, luego me fui con las manos a su espalda, a la vez que me sentaba sobre el a horcajadas, le volví a besar, un beso ya mas apasionado, me abrazó, le abracé con fuerza, como si la vida se me fuera en ese beso y ese abrazo, que sensación sentía, siempre como si fuera la primera vez, siempre con la misma adrenalina, siempre esa electricidad que me traspasa hasta los huesos.

Sentí de inmediato su erección, y seguramente él mi humedad, cuando creí que era suficiente, le destape los ojos, y le miré, sus ojos estaban desorbitados, cuando me vio, cuanta pasión salía de su mirada, le besé nuevamente, sin embargo, comencé a sentirme nerviosa, ya que debía confesarle algo, me había portado mal, muy mal, y necesitaba decirlo, a él no le oculto nada, jamás.

Terminé el beso nervioso ya al final, cosa que el noto, me tomo por los hombros, me separó un poco de el y me dijo, que te pasa, ¿no será que tienes algo que decirme?, ¿no será que te has portado mal?

Bajé la mirada, hasta la cabeza bajé, se me hizo un nudo en la garganta, no me salía la voz.

Bueno – me dijo con un tono suave, pero firme a la vez- responde, ¿que pasa.?

Comenzó a impacientarse, pues ahora ya estaba dictando sentencia, dijo “dime que pasa, o voy a tener que nalguearte para que me digas”

Respondí con la voz que ni me salía: amor si te digo… igual lo vas a hacer.

Entonces no me equivoco, hiciste algo malo, pues dilo de inmediato o el castigo será peor.

Comencé por bajarme de sus piernas, volví a besarlo, comencé a acariciarlo, pero el ya sabia mis jueguitos, me soltó y volvió a preguntar, por última vez o me dices o hago que me lo digas.

Rommy

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Cuando se me acostumbró la vista a la penumbra, pude verla, con la lencería nueva estaba hermosa y super sexy. Daban ganas de comérsela toda. Pero me sobrepuse al impulso. Además, tenerla a horcajadas, ya me había puesto a mil, a eso se sumaban los besitos, mimos, caricias y sentir su humedad, y para completar la escena, me estaba confesando una travesura. Más no se podía pedir!

- Vamos nena – dime de una vez – cuanto más tardes peor.

- Es que yo … yo … sabes que te amo ¿no?

- Si, amor, lo se y yo también, muchísimo, pero eso no tiene nada que ver. Vamos, que se me acaba la paciencia!

Se puso roja por un segundo y luego pálida de inmediato.

- Bueno mi niña, se me acabo la paciencia – dije subiendo un poco la voz – Se me va ya mismo al rincón y se queda allí sin moverse hasta que yo le diga. Y guay con moverse.

Me miró por un momento como si no entendiera. Luego se levanto como un resorte, y cabeza gacha fue a ubicarse. Dejé transcurrir unos 15 minutos, pero la observaba, cargaba el peso en una pierna, luego en la otra, sabía que quería mirarme, pero no lo hacía por no dar el brazo a torcer. Finalmente, tomé el paddle que estaba colgado en la pared y la llamé.

- Rommy, veni aquí –

Giró, me miró, y amagó venir, pero se quedó donde estaba.

- Creo que mejor me quedo aquí – dijo con una sonrisa.

- Y yo creo que mejor es que vengas prontito – dije frunciendo el ceño.

- Mmm , no amor, mejor me quedo, estoy bien en el rincón

- Pues yo creo que mejor vienes ya … si debo ir a buscarte será peor!

- Nooo… no te molestes en venir …. – pero al ver que me levantaba de la silla, bastante enojado, no terminó la frase, y se agazapo como gato, lista para saltar.

- Por última vez, ven aquí … YA ! – No se si fue el tono o que se asustó pero se dirigió hacia mi, volví a sentarme y cuando estuvo a mi lado, la tome del brazo y sin muchos miramientos, la tumbe en mis rodillas.

- Ahora verás cómo es cuando me enojo de verdad. –
Sin más tramite le di dos bastante fuerte con el paddle, Se le escapó un gemido (cosa rara) que me hizo ver que dolió. Bueno, esta vez se lo buscó.

- Ahora me vas a decir o no me vas a decir? – le pregunte.

- Hum …– dijo

- ¿Hum? ¿hum? – bueno, cinco fuertes y seguidos la hicieron dar un respingo.

- Es que … yo .. auch … sabes … ay … – Mientras intentaba una excusa, interpuso su mano libre entre la paleta y su cola, pero sujetándola con mi otra mano la inmovilice a su espalda.

- No te escucho … y sigo esperando – cinco paletazos mas cayeron rápidos y sonoros. Sin ser uno de mis elementos favoritos, debo reconocer que el sonido es muy simpático y especial.

- Dime de una vez Rommy! – dije terminante – o te va a quedar el trasero más rojo que nunca.

Willy

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Ya era el momento de confesar, no podría dejar que siguiera enojándose, ya que se su tono de voz subía , la intensidad de los azotes y la regularidad y si bien es cierto disfruto mucho con eso, sin embargo, no me gusta cuando ya deja de ser placentero para pasar a ser algo más parecido a un castigo real.
Respiré profundo, me puse de pie, y comencé a hablar.

Muy despacio ya que vi que se acercaba a mi cara para escuchar bien.

Comencé por decirle que hace unos días me había entrado un poco de ansiedad, de una pena inexplicable, llegando a lo común en mí que es la depresión, y que siendo frecuente ya había aprendido a sobrellevarla como también a prevenirla o pararla haciendo cosas que me subían el ánimo, como también a simularla siendo lo habitual que nadie se percate de ello.

El caso es que haciendo aquellas cosas que me levantan el animo están el irme de compras, llevarme lo que encuentro aunque no lo necesite, ni nadie lo necesite y había hecho humear las tarjetas, lo que nos hacia salirnos del presupuesto sin que esto tampoco llegara a ser algo que nos arruine, tampoco soy una irresponsable. Al tiempo que decía esto comencé a llorar, y me abracé a el, esperando su comprensión y consuelo. Estaba muy consciente que lo que había hecho estaba muy mal, pero ya estaba, no había vuelta atrás, por eso había tratado de pasar el trago amargo haciendo de esto un juego.

El respondió a mi abrazo, muy dulcemente, y se quedó en silencio largo rato, que daría yo por saber que piensa en esos largos silencios.
Lloré , llore, hasta que comencé a tranquilizarme, cosa que el notó, y me tomó por los hombros, me ayudo a secar la cara de las lagrimas, me miró largamente, pero aún en silencio, para por fin pronunciar …

Rommy

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Sinceramente me enterneció hasta el alma, la senté en mis rodillas y le hice muchos mimos para consolarla un poquito. Pero no debía dejar que los sentimientos profundos que ella me provocaba interfirieran con el castigo.

Abrazándola fuerte, muy fuerte y acariciando su cabello, secando sus lagrimas le dije al oído con la voz mas dulce pero firme que pude:

- Rommy, ve al rincón, te quedas quietecita mientras pienso que haré contigo. Como comprenderás, debo castigarte.

Con los ojitos llorosos y haciendo mohines se fue al rincón. Mientras se dirigía allí giró para mirarme y con su mirada trataba de adivinar que pasaba por mi mente … la conozco tanto! Mantuve mi rostro inexpresivo, tratando de aparentar severidad.

- Rommy, esta vez te has pasado de la raya, te advertí que fueras cuidadosa en el uso de las tarjetas, que no prestaras atención al llamado que “escuchas” de las vidrieras. Pero veo que no puedes con tu genio.

- Siii, me cuide, te juro, pero es que … ¡¡¡había unas ofertas!!!

- Ahh, lo reconoces , bien … te daré 20 con cinturón, y 10 mas por hablar estando en el rincón, que nadie te autorizó. ¿Estamos de acuerdo?

- Si , mi amor –

Me acerque despacio por detrás, saque mi cinturón del pantalón que estaba en la silla, lo doble convenientemente y comencé la serie despacio, casi una caricia, subiendo la intensidad de a poco con cada azote. Sus nalgas fueron tomando ese color tan especial, primero rosa, luego mas rojo y expandiéndose a medida que iba alternando las zonas. Pronto toda su cola estaba colorada. Me detuve al llegar a los primeros 20 y la sobé un poquito ya que los últimos 5 habían sido bastante fuertes.

Hasta ese momento había estado en silencio y bastante quieta, pero en los ultimo comenzó a moverse y gemir.

- Rommy ve a la mesa e inclínate . Le ordené pero sin gritar.

- ¿Por qué? ¿qué me harás?

- Los próximos 20 serán en la mesa y atada de pies y manos.

- Noo, no, ¿por que? – protesto – Además solo faltaban 10 –dijo sonriendo

- Si, pero hablaste … así que 10 mas.

- No, por fa … porfa.

- ¿Sigues? Que sean 30 entonces.

- Mmm .. – iba a seguir pero tomo conciencia y se callo.

Até sus tobillos a las patas de la mesa y sus muñecas al otro extremo. Luego coloqué un cojín bajo su vientre para que estuviera cómoda (como me preocupo por ella ¿no?)

La verdad que la sola vista en esa posición ya me había puesto muy caliente, pero debía contenerme, lo que no es fácil. Aproveché para constatar su estado tocando su genitales, y … mmm … pero no, luego, sigamos con los azotes.

Comencé nuevamente muy suave para luego ir in crescendo. Sus movimiento por estar atada eran muy limitados, de todas formas, se retorcía bastante y dejaba escapar algún que otro “uh” “ah”. Cuando llegue a la cuenta, solté el cinto y la consolé con muchas caricias y mimos … y mas.

- Amor mío, me encantó tu sorpresa, espero que a ti también

Willy: willyzep@yahoo.com.ar Rommy: rommy_fernanda2@yahoo.es

Esclava de mi jefe

Lunes, enero 8th, 2007

Por fin estaba de vacaciones, lejos de la oficina y el odiado jefe. Me llamo María y trabajo como secretaria en una multinacional. Mi jefe es un tipo gris, siempre vestido correcto, siempre serio, no dedica ni medio minuto al día para mostrarse amable.

Me extrañó que me diera las vacaciones en los días que pedí pero bueno supongo que se estaría volviendo humano.
Decidí ir a la playa, y como quería estar sola y relajada no dije nada a mis amigas. Ya alojada en el hotel, mi sorpresa fue cuando veo a mi jefe llegar y pedir habitación. Casi me muero del susto. Se acerco a mi, y me miró de arriba a abajo de una manera que jamás había notado en él.

Me puse como un tomate, pero él, al contrario que en la oficina, me saludó. Eso si se le notaba esa superioridad que demostraba en el trabajo.

Estaba hay que reconocerlo muy guapo con ropa informal, y pese a que tendría unos 40 años se conservaba muy bien.
Yo seguí con mi rutina de playa y lectura, y ahí estaba tumbada tomando el sol, cuando se acercó a mi y me dijo que si aceptaba una invitación para comer. Yo no me lo podía creer el jefe y ligando conmigo. No sabía que hacer pero me atraía mucho así que dije que si.

En la comida me dijo que estaba celebrando su divorcio, que su mujer se había vuelto muy aburrida en la cama, que a él le gustaba cierto tipo de juegos.

Yo le pregunté “¿Qué tipo de juegos?”

El se rió, y me dijo que eran juegos de perversión.

Noté que miraba mi cuerpo de una forma que me hacía poner cachonda.

El me dijo, mira te habrá extrañado que te diera las vacaciones justo cuando las pediste. Yo le dije que si.

El me dijo te las di porque quería estar contigo, porque quiero que juegues conmigo a esos juegos perversos que tanto escandalizaban a mi mujer.

No se porque no me sentí violenta ante la situación, en mis fantasías mas ocultas también había soñado con probar mas cosas en el sexo.

Le pregunté que tipo de perversiones quería practicar y el me contesto diciendo que tendría que someterme a él como esclava.
Me dijo que el se ocuparía de mi entrenamiento y doma, pero que para ello tenía que aceptar. Yo no sabía que decir, y él me dijo, no hace falta que me contestes ahora, si quieres te haré una sesión de prueba y tras ellas decides. Entonces me dijo que tenía unos asuntos urgentes que tratar y que me fuera a su habitación a las 9 de la noche.

Sentía la adrenalina correr por mi cuerpo, estaba ansiosa y temerosa a la vez por probar algo que me excitaba pero que me daba miedo a la vez.

Por la tarde fui al salón de belleza del hotel y me puse guapa para el que sería mi amo y señor. Llegué puntual a la cita, llamé y me abrió la puerta vestido con una bata de seda.

Me invitó a pasar y me dijo que encima de la mesa tenia un escrito con una serie de normas que tenia que seguir a rajatabla.
Leí la hoja, en ella se me exigía dirigirme a el como Amo, se me prohibía estar en cualquier posición que superase en altura a la de mi amo, se me indicaba que no debía mirarlo a los ojos, y que no debía hablar si mi amo no lo ordenaba.

Me ordeno que me desnudara y me colocó un collar de perra. Mi excitación iba en aumento, el me dijo que hoy como era de prueba no iba a ser muy duro conmigo pero que debía saber que si aceptaba ser su esclava en un futuro lo sería.
Yo asentí con la cabeza en señal de que estaba de acuerdo.

Me dijo que me iba a azotar tanto por su placer como para mi educación, y dicho esto me mandó poner a cuatro patas y con una fusta me golpeo las nalgas.

Deje escapar gritos de dolor, entonces se puso furioso y me dijo que le iba a costar mucho educarme, y que si volvía a gritar me azotaría en el sexo.

Yo luche por contener los gritos pero intensificó los fustazos y se me escapó un grito.

Me dijo “lo siento querida pero ahora deberás ponerte de espaldas y abrirme bien esas piernas, he de aplicarte tu castigo”.
Estaba muy excitada y pese al grito aguanté bien los fustigazos en las nalgas, pero me asustaban demasiado los azotes en el sexo y se lo dije.

Me dijo que había aceptado libremente una sesión de prueba y ese castigo debía cumplirlo, que luego era libre a aceptar ser su esclava o no, y me dijo que me daría 4 fustigazos por el castigo anterior y 2 mas por hablar sin su permiso. Dicho esto me puso una mordaza en la boca y me dijo que contase, ya que recibiría 6 fustigazos en el sexo.

El dolor fue casi inaguantable, pero cuando acabó me sorprendió su ternura y me dijo querida lo has aguantado muy bien estoy orgulloso de ti, me acarició suavemente los pechos la cara y me penetró con mimo ya que mi sexo estaba magullado.
El placer sustituyó al dolor y mi amo me llevó a un orgasmo bestial, y digo, si, mi amo, pues ya había decidido ser su esclava.

continuara…..

Las mujeres también desvirgamos culos

Lunes, enero 8th, 2007

Era una linda noche en la que estaba lloviendo, así que no había mucho que hacer por lo que le comente a mi novio que me gustaría cojer con el haciendo, pero esta vez haciendo uno del otro lo que quisiéramos, ambos accedimos sin saber que era lo que nos esperaba.
Una vez que nos habíamos bañado, teníamos cada uno todo preparado, me dijo que el empezaría primero así que me ato a la cama boca abajo, y quede en forma de X, empezó dándome un delicioso masaje en la espalda, en ocasiones pasaba sus dedos por mi clítoris los cuales me hacían estremecer, a veces se hincaba junto a mi y me jalaba los cabellos para que le cogiese su verga con mi boca, cada vez era mas salvaje conmigo, ya que de repente entro en el tanta excitación que cada vez era mas brutal.
El siempre quiso que hiciéramos sexo anal, pero a mi eso no me convencía mucho, por lo que esa situación de tenerme amarrada boca abajo el muy cabron no la iba a desperdiciar.
Después de que había pasado su verga por todo mi cuerpo se vino descaradamente en mi boca, para después empezar a darme de nalgadas, supongo que me dejo las nalgas rojas porque me ardían un poco, mientras el recuperaba una nueva erección, me dijo al oído “vamos a desvirgar ese culito mi amor” y le dije: “que sabia que eso no me gustaba, por lo que tomo una corbata y me la amarro a la boca de manera que hiciera lo que hiciera solo se oirían mis gemidos.
Yo no quería que me hiciera sexo anal, por lo que empecé a moverme demasiado para desanimarlo, pero al parecer lo éxito mas ya que me puso almohadas debajo del vientre para tener mi culo a su disposición, tomo uno de los penes de silicón que tenemos para jugar, me lo metió por la vagina y lo dejo ahí dentro, mientras uno de sus dedos lo metía suavemente untado de vaselina dentro de mi culo, yo sentía muy extraño cuando me metía el dedo, sentía como que me daban ganas de hacer del baño pero al mismo tiempo sentía cosquillitas por dentro, de manera que sin querer mi ano hacia contracciones que le succionaban su dedo.
Después de que acabo de untar la crema dentro de mi culo, tomo el pené de plástico y empezó a meterlo y sacarlo rápidamente de mi vagina hasta que casi me vengo, pero me estaba castigando, pues cuando vió que me estaba viniendo se detuvo y me dijo “te vendrás cuando yo quiera”, entonces volvió a dejar el juguete en mi vagina y me dijo “ahora si mi amor, flojita y cooperando” yo no sabia si resistirme o disfrutarlo, así que deje que pusiera su verga en la entrada de mi ano y metió y saco la puntita varias veces, eso se sentía divinooooo hasta que me tomo de los cabellos y justo cuando me dio el jalón hacia atrás MADRESSSSS que me deja ir toda su vergota dentro de mi culo, fue tal la contracción que tuve que expulse el pene de juguete que tenia en mi vagina, pero empese a gemir como una perra y mientras me daba unas deliciosas embestidas, con la otra mano me estaba acaricio el clítoris como nunca, hasta que me vine como loca, creo que tuve una eyaculacion femenina pues sentía mi vagina mas mojada que de costumbre, era delicioso escucharlo como gemía, pues con semejante venidon que me había provocado le estaba haciendo unas contracciones deliciosas a su vergota, hasta que sentí como regaba su leche dentro de mi, acompañado de un silencioso aagghhh!!!! y aunque me dolía un poco el culo, la sensación que se siente adentro del ano al tener un pene no la cambio por nada.
El quedo exhausto así que era mi turno, por lo que lo ate de la forma en la que el me había amarrado, su verga la tenia ya toda aguada y morada de la cogida que habíamos dado, así que parársela seria una de mis tareas favoritas.
Empecé a excitarme tanto al verlo amarrado que en lo único que pensaba era en romperle el culo como el lo había hecho conmigo, así que empecé a meterle suavemente el dedo a su ano,pero empeso como que a molestarse pues me dijo: “NO SOY PUTO, no me metas nada” eso me puso a milllll, por lo que así como el me tapo la boca se la tape yo a el, se movía bruscamente, así que tenia que apurarme para que se dejara coger, por eso le metí un dedo y le dije: “si no te estas quieto te voy a meter el pene de silicon” esto lo asusto por lo que se dejo acariciar, meter y sacar el dedito en su ano, entonces continué haciéndolo mientras le masajeaba sus enormes huevos, esto creo que empezó a gustarle pues de vez en cuando dejaba escapar uno que otro gemidito, y como por arte de magia la verga se le empezó a poner dura pero como estaba boca abajo casi no podía pajearsela.
Entonces hice lo que jamás había hecho, unte de vaselina al pene de silicón y poco a poco le fui untando con el dedo vaselina en su ano, hasta que le dije: “ahora si mi amor, me desvirgaste el culo, pues ahora vas tu”… le metí la puntita en su culo y al ver su verga, la tenia parada casi a punto de reventar. Con una mano le tome su verga y la jale hacia atrás para que quedara cerca de mi y con la otra mano MMMMMmmm…. que le dejo ir el pene de silicón en su ano…. gimió como puto el cabron, mientras yo sacaba y metía el pene de silicón y mientras mi otra mano jalaba por atrás de sus huevos su verga, se vino como nunca, pero había derramando mucha leche antes por lo que nada mas vi como su pene goteaba unas cuantas gotas de semen el cual con gusto chupe.
Desde esa vez me gusta meterle el dedo en el ano mientras el se masturba o a veces también nos metemos diferentes cosas hasta que nos venimos y las expulsamos con las contracciones anales.
Felices Pajas…

sinamigos

Natalia

Lunes, enero 8th, 2007

Natalia era una bonita chica. A sus 21 años ya había acabado la carrera de enfermería y se había colocado en un hospital cercano a su apartamento.

Con tan solo 18 años decidió marcharse a estudiar fuera de su ciudad y la verdad es que no le había ido nada mal. Compartía piso con dos chicas que estudiaron en su misma universidad, una de ellas biología y la otra derecho.

Su cabello largo y moreno y sus ojos verdes hacían recordar que tenia ascendencia italiana y sus largas y firmes piernas eran un punto fijo de mira para todos los hombres. Tenia un cintura delgada, fruto del ejercicio que hacia cada día desde bien pequeña y sus pechos, todo y no ser muy grandes, eran redondos, duros y estaban en su sitio.

Su nuevo trabajo le apasionaba, cuando estudió la carrera no pensó que a la hora de llevar todo lo aprendido a la practica le fuera a ser tan satisfactorio, el único inconveniente que le veía era que aún no se sentía integrada con sus compañeros ya que apenas hacia una semana que había empezado pero pensó que eso con el tiempo cambiaría y decidió concentrarse en realizar a la perfección ese empleo que tanto le gustaba.
Un viernes a eso de las 3 de la tarde fue llamada al despacho del director del hospital donde acudió con nerviosismo preguntándose si había hecho algo mal.

Al llegar allí se dio cuenta de que todo iba bien, básicamente por la gran sonrisa que le dedicó el Sr. Director mientras la invitaba a tomar asiento.

En la sala había también otro hombre, supuestamente medico ya que llevaba una bata blanca, con quien cruzó una primera mirada.

— Buenas tarde señorita Monrroy, antes de nada, déjeme interesarme por su estancia aquí, esta contenta con el trabajo? Le tratan bien?
— Estoy muy contenta Sr. Director, poco a poco me voy integrando en la plantilla.
— Bien, verás, te he hecho venir para presentarte al doctor Arenas, Alejandro Arenas, a partir de ahora trabajareis juntos en una de las consultas de urgencias nocturnas.

El doctor Arenas tendió su mano hacia Natalia y esta se la estrecho con firmeza puesto que de pequeña le habían explicado que este hecho inspiraba seguridad en uno mismo y denotaba firmeza.

— Encantada- dijo dirigiendo una amplia sonrisa a su nuevo compañero. En ese momento se dio cuenta de lo alto que era. Por debajo de su bata se adivinaba un cuerpo musculoso, sin duda también producto del ejercicio físico. Era moreno pero empezaban a aparecer algunos mechones blancos por las patillas y la perilla. Sus ojos oscuros inspiraban respeto y serenidad ˆ Cuando empieza este nuevo turno?

— Mañana mismo, empiezan a las 8— aclaró el Director del centro— confío en que formarán un gran equipo.

De camino a casa Natalia pensaba en su nuevo compañero. Ese hombre debía tener unos 45 años pero todo y la notable diferencia de edad lo encontraba muy atractivo. Le apetecía trabajar con el y deseaba que llegara el día siguiente pero se prometió a si misma que se fijaría en el únicamente como profesional ya que era de las personas que pensaba que el salir con gente del trabajo era un error, además, muy probablemente estaría casado.

A las 8 de la tarde del día siguiente Natalia estaba puntual como un clavo en el hospital. Puesto que era un servicio de urgencias no tenia que preparar los historiales de los pacientes con antelación y se alegraba de ello puesto que lo detestaba.

Al entrar en su nueva consulta se encontró al Dr. Arenas sentado en su mesa, intentando descifrar unos papeles que el mismo había escrito el día anterior.

— Buenas tardes Doctor- dijo con un tono totalmente inexpresivo.
— Hola señorita Monrroy. Preparada para una larga noche?

Natalia asintió. No podía dejar de mirar esos ojos negros ni esa dentadura blanca que se apreciaba en la sonrisa del medico.

Alejandro también se había dado cuenta de la belleza de su nueva enfermera. Sin poder evitarlo y mientras ella preparaba la sala para empezar a recibir pacientes sus ojos recorrieron sus piernas quedando fijos en su trasero, el cual se movía insinuante con cada paso de la diplomada.

La noche pasó rápida, parecía que a todo el mundo le había dado por enfermar a la vez. Alejandro era más exigente de lo que parecía.
Exigía la máxima perfección en todo hecho que provocó en Natalia una gran inseguridad puesto que hacia tan solo dos semanas que se había integrado en el mundo laboral y aun le quedaban muchas cosas que aprender y muchas técnicas que perfeccionar.
Conforme los días fueron pasando esta inseguridad fue en aumento.

Alejandro no dejaba de regañar a Natalia constantemente ya que no se daba cuenta de su inexperiencia y esta todo y ser bastante eficiente y realizar correctamente su trabajo (al menos para cualquier otro medico) no conseguía actuar de manera que su compañero se sintiera satisfecho.
Fuera del hospital todo era distinto, cuando quedaban todos los de la planta para salir a tomar algo Alejandro era un encanto con Natalia, era el más amable, el mas atento, el más legal, pero ella no podía dejar de verle como su jefe, su superior, y sentía muchísimo respeto hacia él.

Una noche la sala de espera estaba llena, no dejaban de llegar más y más pacientes, muchos de ellos con un mismo mal, al parecer se habían intoxicado por unos huevos en mal estado.

Era verano, hacia muchísimo calor y Alejandro y Natalia no daban abasto para atenderlos a todos, sudaban, corrían, pero no dejaban de llegar.

Por fin se acabaron, y con ellos su turno. Mientras el Doctor apuntaba en la historia del último paciente el proceso seguido Natalia recogía la sala. Se sentía débil, cansada, le dolía la cabeza y solo deseaba meterse en la cama.

— Natalia, está bien? — dijo Alejandro dándose cuenta del estado de su enfermera.

— Estoy un poco mareada, eso es todo, se me pasa en cuanto me de una ducha y me acueste.

Alejandro se levantó e insistió en que Natalia se echara un rato en la camilla, por lo menos hasta que se le pasase el mareo. Cuando tocó su brazo para ayudarle a subir se dio cuenta de que la chica estaba ardiendo.

— Natalia, esta muy caliente, déjeme que le tome la temperatura, sin duda tiene fiebre, y me temo que bastante.

Natalia asintió con la cabeza. Normalmente el trabajo de tomar la temperatura seria el suyo así que supuso que el Dr. Arenas llamaría otra enfermera para que lo hiciera, pero no, quiso hacerlo el.

Mientras Alejandro cogía el termómetro no puedo evitar imaginarse reconociendo a su atractiva enfermera, joven, como una niña para el, y todo y que le pareció una actitud poco profesional no le dio mas importancia.

— Tenga, pongase este camisón, quiero ver a que se debe esa fiebre y ponerle el termómetro.

El doctor dejó sola a Natalia para que se cambiase y cuando tuvo puesto el camisón se dio cuenta de lo poco discreta que era esa prenda, todo abierto por detrás y de que no quería que le viera con ella Alejandro, pero demasiado tarde, en ese momento entro en la sala.

— Tumbese boca abajo Natalia, voy a ponerle el termómetro.

¿Boca abajo? ¿Por qué? Tomar la temperatura analmente solo se hacia en los niños, y ella no era una niña, ¿Porque no podía hacerlo en la axila como a todo el mundo? Natalia se ruborizo pero no quiso desobeceder al doctor y lo hizo.

Alejandro miró ese culo duro, terso y no puedo evitar una tremenda erección, la cual pasó desapercibida para la chica.

— Ahora relájese, ya sabe que solo notara una leve molestia y que en 5 minutitos se lo retiro.

Sin más dilaciones separó las nalgas de la joven y apoyo la punta del termómetro en su orificio anal contrayéndose este nada mas tocarlo.

— Vamos, no me lo ponga difícil mujer, que ya es mayorcita.

Natalia se sonrojó, no podía evitar contraer el ano con el contacto del termómetro.

— Lo siento doctor, no lo hago aposta — dijo con voz tímida.

Alejandro no dijo nada, se dirigió a un armario y cogió un tubo de vaselina.

— Esta bien, voy a relajarle un poco la zona, cuando note el mas mínimo daño avíseme vale?

Volvió a separar las nalgas de la joven y apoyo el tubo de vaselina en la entrada de su culo introduciéndole dentro un buen chorro de lubricante. Natalia dio un respingo y apretó las nalgas pero un azote inesperado del doctor hizo que las relajara. Alejandro puso en su dedo meñique un poco mas de crema y empezó a hacer movimientos circulares en la zona anal de la chica. Natalia se puso roja como un tomate y hundió su cara entre sus brazos para que el doctor no pudiera verle. Seguido de estos movimientos circulares Alejandro metió la puntita de su dedo y consiguió un gemido como respuesta.

— Le he hecho daño? Lo estoy haciendo con sumo cuidado
— No doctor, esta bien, acabe pronto por favor.

Alejandro observó que ya no tendría ningún problema en introducir el termómetro:

— Bien y ahora respire hondo… así… muy bien, ve? No era tan difícil, ahora estése quieta no siendo que se rompa el termómetro en su interior y tengamos problemas, entendido?

Su voz sonaba autoritaria, a Natalia le parecía que le estaba hablando su padre, así que asintió con la cabeza e intento relajarse.
Al cabo de un rato, tiempo que a ella le pareció interminable, el doctor se acerco y retiro cuidadosamente el termómetro del ano de la joven.

— Mmm… 39′3… tiene idea de a que se puede deber esta fiebre? Se ha encontrado mal últimamente?

Natalia negó con la cabeza y tras un reconocimiento rápido el doctor determino que era una simple gripe producto de los cambios de temperatura de los sitios con aire acondicionado y el exterior.

— Le voy a recetar unos supositorios para la fiebre que se la quitará en seguida, ya verá que bien le van.

Natalia le pidió a Alejandro que se lo recetará en otro formato alegando que odiaba los supositorios desde bien pequeña pero este no le hizo ni caso y le dijo que el mismo controlaría que se los fuera poniendo o no.

Tras 15 días de “control” Natalia ya estaba curada del todo y empezaba a estar un poco harta de que el doctor la tratase como a una niña y pensó en revelarse…

(CONTINUARÁ)

XX xxx_xxxxy@yahoo.es

Pablito y el sexo

Lunes, enero 8th, 2007

A los 14 años, mi vida era de todo menos normal para un adolescente, los chicos de mi edad se divertían jugando al fútbol en la plaza, comenzaban a tener sus primeras novias y alguno incluso, comenzaba a practicar sexo. Yo, obligado a permanecer en cama debido a una extraña enfermedad pasaba los días leyendo a Tolkien, escuchando música y envidiando a mis amigos y todo lo que ellos podían hacer y yo no.

Los primeros días lo de mi enfermedad había sido una novedad y todos ellos habían venido a verme y a darme ánimos, incluso Laurita, la chica de clase que me gustaba se había acercado a mi casa una tarde para ver cómo estaba. Luego, a medida que avanzaban las semanas y yo no mejoraba las visitas se fueron reduciendo, se fueron espaciando hasta que un par de meses después ya nadie pasaba por casa. Ellos, mis amigos, habían seguido con sus rutinas, con sus juegos, con sus estudios, con sus idas y venidas, y yo, que formaba parte de su grupo hacía tan sólo unos meses, había descubierto que no era una parte indispensable para nadie, que la vida seguía sin necesidad de que yo siguiera allí. Eso me hizo entristecer, y mi estado empeoró. Cada día que pasaba estaba más débil, cada día tenía menos ganas de comer, dormía mucho y casi no hablaba. No respondía bien a los medicamentos y mis padres comenzaban a desesperar.

Una de mis primas hacía poco que había acabado la carrera de medicina y mis padres le habían pedido que viniera a verme. Isabel, mi prima, vivía a más de 200 kms. De nuestra ciudad pero al ver la preocupación de mis padres y que yo no mejoraba decidió venirse a vivir una temporada con nosotros. Hacía varios años que no veía a Isa, y la encontré algo cambiada. Había adelgazado y su cuerpo era mucho más estilizado. Se había teñido el pelo de rubio y llevaba lentillas de color azul cuando todos sabíamos que sus ojos eran marrones.

Se instaló en la habitación que quedaba al lado de la mía, cerca del cuarto de baño. Nada más llegar a casa y después de hablar durante un buen rato con mis padres vino a verme.

Pablitooo, hola cariño

Hola prima

Hola guapo, ¿cómo te encuentras?

No sé, no muy bien.

Bueno, tú no te preocupes, mañana te voy a hacer un reconocimiento y ya verás como te curo.

No sé prima, estoy muy cansado, no tengo ganas de nada.

Sí, ya sé, por eso ahora descansa, y mañana vengo a verte ¿vale?

Vale prima, como quieras.

Mi prima se agachó para darme un beso en la mejilla, y al hacerlo tuve una visión maravillosa de sus pechos, los cuáles asomaban en parte por el escote de la blusa. Me parecieron muy grandes, al menos en comparación con los de Laurita, que apenas se marcaban en sus jerseys anchos. Me sentí turbado y excitado y cuando se disponía a salir de la habitación volví a llamarla.

Prima…

¿sí?

Estás muy guapa.

Gracias Pablo, tú también.

Esa noche dormí bastante mal, aunque desde hacía unos días eso solía ser lo habitual. Soñé que andaba por un camino estrecho y que a los lados había un lago de agua turbia. En un momento dado yo caía al agua y comenzaba a chapotear para intentar mantenerme a flote pero el agua me apretaba hacia dentro con fuerza y poco a poco me estaba hundiendo. Entonces aparecía mi prima, rubia y esbelta, que me agarraba de un brazo cuando ya casi me había hundido y estiraba de mí hacia fuera. Luego ya no recuerdo cómo seguía el sueño, sólo recuerdo a mi madre poniéndome trapos de agua fría en la frente para bajar la fiebre.

Por la mañana la fiebre solía desaparecer pero mi cuerpo quedaba cansado y seguía dormitando hasta prácticamente el medio día.

Debían ser las 11 de la mañana cuando mi prima entró en mi habitación cerrando la puerta al hacerlo.

Pablo, ¿estás despierto?

Sí.

Vengo a reconocerte, esta noche tuviste fiebre.

Sí, ya sé, algunas noches me pasa eso. Luego la fiebre se va sola.

Sí, es muy extraño, en fin, veamos. ¿puedes incorporarte?

Me senté en la cama y mi prima comenzó a oscultarme la espalda y el pecho. No encontró nada extraño. Luego examinó mis ojos, mis oídos, mi boca y mi garganta con similar resultado. Encontró una leve irritación de garganta y dijo que la fiebre podía venir por ahí. Me pinchó para sacarme una muestra de sangre que más tarde llevaría a analizar y volvió a mirarme la fiebre. Estaba normal.

Entonces me pidió algo que no esperaba. Retiró las sábanas que cubrían mis piernas y me pidió que me quitara el pantalón del pijama. Ella misma me ayudó a hacerlo y luego, como si fuese la cosa más normal del mundo me bajó el calzoncillo. Yo enrojecí de inmediato pero ella no dijo nada. Palpó mis testículos buscando algún tipo de anomalía que no encontró y luego hizo lo propio con mi pene. Mi corazón comenzó a latir con fuerza y mi polla en manos de mi prima comenzó a ponerse dura. Me sentía avergonzado viendo como mi berga crecía entre los dedos de mi prima pero la naturalidad con que ella seguía examinando mi miembro hacía que no me sintiera incómodo. Cuando mi prima advirtió que mi pene estaba completamente erecto bajó la piel un par de veces.

Parece que mi primito ya es todo un hombre –dijo ella- tienes un pene muy hermoso.

Mi polla no era muy grande todavía, unos 14 cms. Pero mi prima con ese comentario me había hecho un gran cumplido. Ella era la primera mujer, además de mi madre, que veía mi miembro y el hecho de que le pareciera hermoso me halagaba y me dio mucha confianza en mi mismo.

Mi prima soltó mi pene erecto y me subió de nuevo el calzoncillo.

Necesito una muestra de orina, ten, utiliza este botecito.

¿tiene que ser ahora? –pregunté yo- pues sabía que con la erección que tenía en aquellos momentos no iba a resultar sencillo que saliera ni una gota de allí.

Bueno, cuando puedas o cuando tengas ganas, estoy en mi habitación ¿vale?

Vale.

Fui al baño y después de unos minutos pude orinar. Llené el botecito y se lo entregué a mi prima que me animó con sus palabras.

Fantástico, ya verás como a partir de ahora la cosa va a mejor.

Pasé el resto del día recordando lo que había sucedido con mi prima y cada vez que lo hacía tenía una buena erección. Entonces me di cuenta que hacía muchos días que no me masturbaba. Al principio de encontrarme mal lo hacía un par de veces a la semana pero en las últimas semanas no lo había hecho, me encontraba demasiado cansado y sin ganas. Me toqué la polla bajo el pijama. Me pareció que había crecido en los últimos días. De hecho en los últimos meses mi cuerpo cambiaba velozmente y a veces, hasta yo mismo me sorprendía de los cambios. Pensé en masturbarme pero finalmente no lo hice, me quedé dormido.

Al día siguiente mi prima entró de nuevo en mi habitación con la cara seria.

Hola Pablo, ¿cómo has descansado hoy?

Algo mejor, parece que no tuve fiebre.

Sí, creo que la fiebre era por la irritación de la garganta y con los medicamentos que te di la cosa irá mejor, ya verás.

¿ya sabes qué me pasa, Isa?

Bueno, estoy en ello. Los análisis son normales, todo es aparentemente normal.

Eso era exactamente lo que habían dicho todos los médicos que me habían visitado y tan sólo me habían recetado descanso y reposo, en unos días se encontrará mejor, pero los días pasaban, incluso los meses, y no mejoraba.

¿te importa que te vuelva a reconocer? Quiero asegurarme que no tienes nada.

Como quieras, prima.

Mi prima repitió paso por paso el reconocimiento del día anterior, todo excepto la parte que yo quería que repitiera.

¿me quito los pantalones, prima? –le sugerí yo cuando acabó de oscultarme.

Ella dudó unos instantes, parecía que en principio no tenía intención de examinarme más pero ante el ofrecimiento cambió de opinión.

Esta vez yo ya tenía el pene erecto, incluso antes de que ella lo agarrase entre sus dedos. Mi prima me tocaba la polla y los huevos, pero noté que no lo hacía como el día anterior, no los estaba examinando, sencillamente los estaba acariciando. Era una sensación muy agradable y placentera y mi prima estaba alargando esas caricias voluntariamente. Luego tomó mi polla con una mano y comenzó a moverla arriba y abajo lentamente pero sin pausa. No podía creerlo, mi prima, que me doblaba en edad, me estaba haciendo una paja fantástica. Fue demasiado para mí. El orgasmo me vino sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo y ante mi bochorno, chorros de semen caían sobre la mano de mi prima y entre mis piernas empapándolo todo. Yo, que sólo había podido emitir un ruido gutural semejante a un gruñido de placer enrojecí violentamente. Luego intenté disculparme.

Yo, prima, verás, lo siento.

Pero ella, con toda la naturalidad del mundo me dijo que no pasaba nada, que era normal a mi edad, que tenía las hormonas en plena ebullición, y al decir esto quedó callada unos instantes y luego sonrió.

Claro, ¿porqué no se me habrá ocurrido antes?

¿el qué prima?

Nada, creo que sé lo que te pasa.

¿ah sí?

Sí, pero antes será mejor que te asee un poco. Bueno, yo también necesito limpiarme. –dijo ella mostrándome las manchas de semen de la mano.

Regresó del baño con una esponja y un orinal con agua. Me limpió con suma delicadeza los restos de semen de mi cuerpo y mientras lo hacía mi polla volvía a endurecerse.

Vaya, vaya con Pablito. Parece que hace muchos días que no te desahogabas ¿no?

Yo no contesté pero no hizo falta. Mi prima volvió a agarrarme la polla con una mano y comenzó a masturbarme de nuevo, esta vez con mayor energía. Yo comenzaba a sentirme ya algo fatigado. La respiración se me hacía entrecortada y notaba el corazón muy acelerado. Mi prima acompañó el loco frenesí de su mano con caricias en mis testículos y comprendí que pronto volvería a correrme. Así fue, pero esta vez mi prima se anticipó y antes de que mi semen se esparciera por toda la cama, acercó sus labios a mi polla y recibió en su boca mis descargas. Pese a haberme corrido hacía tan sólo unos minutos solté tanta leche que mi prima tuvo que dejar escapar algunas gotas, que se vertían de sus labios por su barbilla. Luego escupió en el orinal la mayor parte de mi corrida.

Creo que por hoy ya has soltado bastante leche, primito. Ahora será mejor que te quites esos calzoncillos y te pongas unos limpios. Las sábanas te las cambio yo ahora mismo y me llevo estas para que tu madre no vea lo que has soltado.

Yo hice lo que me dijo mi prima y 20 minutos más tarde dormía apaciblemente en mi camita recién hecha.

Al día siguiente desperté antes de lo habitual. Tenía unas ganas terribles de orinar así que me levanté y me acerqué al baño. Al pasar por la habitación de mi prima tuve la intención de abrir su puerta y entrar en su habitación. Después de lo que había pasado el día anterior mi prima se había convertido en una de mis fantasías recurrentes y quería verla desnuda. Abrí con muchísimo cuidado la puerta de su dormitorio y busqué a mi prima en la cama. Lamentablemente la cama estaba vacía y sin deshacer, como si nadie hubiese dormido allí esa noche. Entré y comencé a rebuscar en los cajones. La mayoría estaban vacíos, al parecer mi prima no había traído muchas cosas consigo. Encontré algunos pantalones y algunas blusas en el armario y en uno de los cajones de la mesilla de noche encontré varios conjuntos de ropa interior. Cogí unas braguitas de color negro que se veían diminutas e intenté imaginarlas puestas sobre el cuerpo de mi prima. Aquello me provocó de nuevo una erección. Pero escuché una voz lejana, al otro lado del pasillo y decidí salir de allí rápidamente. Dejé todo en su sitio y salí de la habitación y entré en el baño. Me costó lo mío orinar con esa tremenda empalmada que llevaba.

Durante toda la mañana estuve esperando la visita de mi prima a mi habitación pero esta no se produjo. Al medio día, cuando mi madre me trajo la comida a la cama le pregunté por ella.

¿y Isa no viene a verme hoy?

No, se fue ayer por la noche a pasar el fin de semana a su casa, dijo que tenía que hacer algo.

¿hacer algo?

No sé, no me dijo el qué, imagino que querrá ver a su novio.

Eso me sentó como un mazazo. Mi prima se había ido con el novio, y yo, tonto de mí, emocionado pensando en que mi prima estaría deseando volver a tocar mi polla. Se puede decir que en cierta manera me puse algo celoso, estúpidamente celoso. Comí muy poco y por la tarde volví a sentirme cansado.

Mi prima regresó el lunes por la mañana y lo primero que hizo al verme fue darme dos besos. Venía contenta, se le notaba en la cara, y traía unos medicamentos que según ella iban a curarme. Yo en cambio no estaba tan de buen humor y no mostraba ninguna alegría por lo que me decía Isa.

¿sabes? Creo que ya sé lo que te pasa. Tus hormonas andan disparadas y han provocado lo que nosotros los médicos llamamos un síndrome de fatiga crónica…

¿y eso qué significa?

Pues que creo que ya sé porqué te encuentras mal y ya podemos iniciar la medicación para que te mejores.

¿y cómo sabes que es eso? Los otros médicos no dijeron nada, no sabían lo que era.

Creo que los demás no dieron importancia a los niveles hormonales de tus análisis, que como digo son altos pero claro, a tu edad, no tienen porqué ser extraños.

Ya, ¿y si no es lo que tú crees?

¿te pasa algo primo? –me preguntó al fin al verme serio y de mal humor.

¿tienes novio? –le pregunté yo.

Sí, ¿porqué me preguntas eso?

¿te gusta?

Sí, claro, es mi novio, estás muy rarito hoy ¿eh Pablo?

¿entonces porqué lo hiciste?

¿porqué hice el qué?

Lo del otro día, yo pensaba que lo hiciste porque te gustaba yo.

Jajajaja, ¿así que es eso? Vaya, no sé qué decir. Eres mi primo, y te quiero mucho, ya lo sabes, y lo del otro día fue, no sé cómo explicarlo, un accidente.

¿un accidente?

Bueno, quiero decir que no debes darle tanta importancia, yo sólo quería aliviarte un poco, lo estás pasando mal aquí todo el día encerrado y pensé que no te vendría mal un pequeño desahogo. Es algo normal, la gente se masturba ¿sabes? Todo el mundo lo hace de vez en cuando.

¿tú también?

Sí, claro, yo también. Y no pasa nada, es normal.

¿normal? Me hiciste una paja, prima.

Bueno, de acuerdo, quizás me pasé un poco, no creía que te ibas a enamorar de mi por eso. –mi prima me sonrió y me acarició la cara.

¿lo volverías a hacer?

¿el qué? ¿masturbarte?

Sí.

Bueno, no sé, depende.

¿de qué?

Estoy dispuesta a volver a hacerlo siempre y cuando me prometas un par de cosas.

¿cuáles?

La primera que no le dirás nunca a nadie esto, será un secreto de los dos ¿vale?

Vale, prometido. ¿y la otra?

Que vas a tomarte los medicamentos que traje y no volverás a ponerme esa cara de enfado.

Prometido.

¿de verdad?

De verdad.

Entonces déjame ver qué tal anda mi paciente.

Mi prima metió una mano bajo las sábanas y la llevó hasta mi paquete. Nada más notar el contacto de sus dedos con mis genitales mi polla se puso dura de golpe. Introdujo la mano bajo mi pijama y bajo el calzoncillo y me agarró el pene que ya había alcanzado su máximo tamaño.

Veo que mi paciente tiene que seguir con el tratamiento. –dijo Isa que comenzó a retirar las sabanas y a bajarme la ropa.

Mientras lo hacía yo la miraba encantado al canalillo de su escote. Llevaba un sujetador negro, quizás el mismo que yo había visto el otro día en su habitación, quizás incluso llevaría puestas aquellas pequeñas braguitas que tanto me excitaron.

Hoy, Pablito, te voy a enseñar a controlar tu eyaculación.

¿a controlar qué?

A controlar cuando te corres. El otro día me llenaste la mano, ¿recuerdas? Tienes que aprender a dominar tus sensaciones. A las chicas no les gustan los hombres que se corren nada más tocarlos, tienes que aprender a dominarte, a controlar el momento.

Mi prima me decía todo esto mientras seguía acariciando mi polla y mis huevos con la mano.

Verás, voy a hacer algo que estoy segura te va a gustar mucho, y lo que quiero es que aguantes sin correrte todo lo que puedas y cuando ya no puedas más quiero que me avises, pero avísame antes de llenarme entera ¿de acuerdo?

De acuerdo.

Entonces Isa se agachó sobre mi estómago y comenzó a besarme dulcemente alrededor del pubis, también en los muslos, luego en los huevos, los cuáles lamía cuidadosamente metiéndose uno y luego otro en la boca para acabar subiendo por el tronco de mi nabo y lamer sólo la puntita. Aquello era fantástico, nunca había sentido algo así, y me pareció que en cualquier momento me iba a correr así que avisé a mi prima quién con un par de dedos me apretó la base del pene con fuerza.

Cuando creas que ya no tienes ganas de correrte me avisas.

Unos segundos después mi prima aflojó la presión.

2 minutos –dijo ella mostrando su reloj de pulsera.

No es mucho ¿verdad? –dije yo.

No, pero es normal a tu edad.

¿has hecho esto muchas veces?

Bueno, sí, algunas, es algo que le gusta mucho a los chicos.

¿y a ti, te gusta hacerlo?

Si, claro, pero me gustan más otras cosas.

¿qué cosas?

Jejeje, bueno, eso te lo diré otro día primo.

Con el palique mi polla había perdido algo de su dureza y mi prima me dijo que íbamos a repetir la operación y que debía aguantar un poco más.

Piensa en algo aburrido o algo que no te guste –me aconsejó Isa.

Yo le hice caso y comencé a pensar en las clases de historia que siempre me habían aburrido considerablemente, y pensé también en las tareas de casa, no me gustaba nada ordenar mi habitación ni arreglar el jardín. No obstante, esos pensamientos no eran lo suficientemente fuertes para distraerme de lo que mi prima me estaba haciendo. Había vuelto a meterse mi polla en la boca, ahora casi por completo, y en varias ocasiones me pareció que tocaba con la punta del nabo las paredes de su garganta. La visión de mi prima subiendo y bajando su cabeza sobre mi miembro me estaba calentando aún más así que decidí cerrar los ojos para no verla pero entonces eran sus pechos los que venían a mi cabeza, y también Laurita, a la que me imaginaba desnuda y haciéndome una paja. Aquello era demasiado para mí. Avisé de nuevo a mi prima y ésta nuevamente detuvo mi corrida en el último momento. Esta vez tuvo que mantener la presión durante más tiempo e incluso sus dedos apretando mi berga estuvieron a punto de hacerme terminar.

4 minutos. –dijo ella finalmente

¿eso está mejor, no prima?

Sí, pero debes aguantar un poco más aún.

¿más? Creo que eso será complicado.

Sí, eso creo yo también –dijo mi prima riéndose.

Después de dejarme descansar unos minutos me dijo que lo íbamos a intentar por última vez. Me dijo que esta vez yo podría correrme, que ella no iba a hacer nada para evitarlo, pero que debía aguantar como antes todo lo que pudiera. Yo asentí. Mi polla estaba casi totalmente dura, ni siquiera en esos minutos en los que había dejado de estimularme había conseguido destremparme. Una vez más mi prima engulló mi polla y una vez más yo intenté pensar en otras cosas. Y durante unos minutos lo conseguí, conseguí abstraerme de lo que me hacía mi prima, de las sensaciones que me provocaba y pensaba en otras cosas pero en un descuido abrí los ojos y lo que vi me dejó totalmente extasiado. Mi prima, mientras seguía con la mamada, se había desabrochado los vaqueros y había introducido una mano dentro de sus braguitas negras, las mismas que yo había tenido en mis manos unos días antes. Podía ver cómo sus dedos se movían por dentro de la tela y cómo ella se abría de piernas mientras se tocaba y suspiraba y jadeaba de placer.

Entonces, sin que pudiera hacer nada por evitarlo, todo el semen que había ido acumulando salió disparado a chorros dentro de la boquita de mi prima, quien intentaba retenerlos como podía, pero que dada la gran cantidad de esperma tuvo que desistir de ello y dejar que algunos chorros impactasen en su cara y en su cuello. Al mismo tiempo vi como aceleraba también los movimientos de la mano en su entrepierna y cómo poco después se contraía su cuerpo y dejaba escapar una especie de quejido entrecortado.

6 minutos –dijo finalmente Isa cuando se recuperó y mientras se apresuraba a recomponer su ropa-.

Mejor ¿no? –dije yo.

Sí, pero mira cómo me has puesto. Si llego a saber que ibas a soltarme tanta leche me hubiese apartado antes –dijo ella mientras se limpiaba como podía con un pañuelo-.

La verdad es que mi prima mostraba el aspecto de una puta. Tenía restos de semen en la mano, el cuello y la cara.

Lo siento, prima.

Ya, ya, tú siempre lo sientes pero siempre acabas pringándome. El tono de las palabras de Isa no era el de alguien enfadado, si no más bien el de alguien divertido.

Bueno, no volverá a pasar. –dije yo.

No, es cierto, no volverá a pasar.

¿qué quieres decir con eso?

Nada, que no volverá a pasar.

Mi prima me dio un beso en los labios y salió de la habitación. La escuché entrar al lavabo, probablemente para limpiarse bien y quizás para acabar con su paja.

En los siguientes días mi prima y yo no volvimos a tener nada. En parte porque los medicamentos que me dio hicieron su efecto y pronto comencé a sentirme mejor y ya no pasaba tantas horas en la cama. Recuperé de inmediato el apetito y poco a poco fui notando como las fuerzas regresaban a mí.

La noche del miércoles al jueves me desperté sobresaltado. Alguien me estiraba del brazo y me tapaba la boca con la mano. Fue un segundo de terror, un segundo hasta que mi prima encendió la luz de la mesilla de noche y vi su rostro cerca del mío.

Ssssssssssshhhhhhhhhhhhhhhh, no grites o nos escucharán.

Yo estaba todavía medio dormido y no sabía bien lo que estaba viendo. Mi prima estaba sentada en mi cama junto a mí. Llevaba una camiseta blanca y unas braguitas de color rosa. Me miraba cariñosa y sonriente mientras yo acababa por reaccionar.

¿pasa algo, prima? –dije yo.

No, sólo vine a ver cómo estaba mi paciente.

Mi prima me palpó el paquete por encima de las sábanas. No creo que llegara a notar gran cosa pues aún estaba en reposo.

Isa comenzó a retirar las sábanas lentamente mientras su cara se acercaba cada vez más a la mía hasta unirnos en un beso. Su lengua buscó a la mía durante unos instantes maravillosos. Yo podía sentir sus pechos contra el mío, podía percibir la suavidad de su piel y su estimulante aroma a mujer.

La mano de mi prima consiguió alcanzar su objetivo y agarró mi polla con fuerza. Fue entonces cuando me percaté de los dos granitos que marcaba su camiseta, eran sus pezones que me provocaban con su erección. Quise ir un paso más allá con mi prima y empecé a levantarle la camiseta. Quería verle las tetas, quería tocarlas y estrujarlas, lamerlas, morderlas, olerlas y chuparlas.

Ella advirtió mis intenciones, y lejos de oponerse, me ayudó a sacarle la camiseta. Entonces los vi perfectamente, eran dos pechos generosos, no enormes pero sí bastante grandes, culminados en una roja aureola con unos pezoncitos duros y redonditos. Los acaricié. Sentí por primera vez el tacto de unos pechos de mujer y la sensación me encantó. Estaban duritos, tersos pese a su tamaño. Los exploré una y otra vez, apretándolos, sintiendo su dureza y su consistencia, los recorrí de tal manera que sin llegar a verlos podría haberme hecho una imagen mental de sus tetas.

Y mientras tanto, la mano de mi prima se había convertido ya en una prolongación de mi polla. La sentía suave en ocasiones, cuando me acariciaba los testículos, fuerte en otras, cuando la agarraba con toda la mano como si quisiera arrancármela de un tirón, pero nunca daba ese tirón, sólo la agarraba fuerte, y la movía de abajo a arriba, de arriba abajo una y otra vez, y yo, era consciente que pronto acabaría todo, que pronto volvería a llenarle la mano de semen a mi prima, y que luego ella se iría para acabar la faena en la soledad de su habitación.

Eso hizo que me decidiera a dar el siguiente paso, y abandoné uno de sus pechos para buscar el centro del placer de mi prima. No me fue muy difícil introducirme dentro de sus bragas y encontrar su sexo ardiente. Me sorprendió la cantidad de bello que tenía, pero eso no fue un obstáculo para que pudiera encontrar su gruta secreta.

Primo, tienes las manos muy largas.

¿no te gusta?

Sííí, sigueeeee.

Mi prima separó las piernas todo lo que pudo para facilitar mi toqueteo a la vez que detenía el movimiento de su mano en mi pene.

¿porqué paras? –le pregunté yo.

No quiero que te corras aún y sé que estás a punto de hacerlo.

Era cierto, el tacto de su coño me había puesto a mil. Me sorprendió encontrar el interior de su sexo húmedo. Luego Isa me lo explicó, me dijo que cuanto más se excitaba una mujer más mojadito quedaba su sexo. Pues mi prima debía estar bien caliente porque mis dedos podían chapotear en su chochito.

Mi prima me guiaba en mis movimientos, mis dedos eran al principio tentáculos torpes, no tenía ni idea de cuáles eran los lugares que debía estimular. Isa me enseñó, me enseñó a localizar su clítoris, a conocer su delicadeza, su sensibilidad pero al mismo tiempo su gran potencial. Me guió hasta su vagina, y una vez en ella me pidió que le introdujera un dedo, luego otro, y luego otro… De vez en cuando yo me desviaba del objetivo, acariciaba sus labios externos, su delicado bello púbico, y ella ponía de nuevo su mano sobre la mía para reconducirme hacia su orgasmo.

Sólo entonces, cuando supo que su orgasmo llegaría pronto reanudó la paja que me estaba haciendo y esta vez sus movimientos eran más frenéticos, más duros, más fuertes, y yo sentía como el semen subía por mi polla y que de un momento a otro me iba a correr irremediablemente. Y mi prima también lo sabía, sabía que nuestros orgasmos estaban a punto de llegar, que ya estaban ahí y apuntó mi berga hacia mi estómago justo en el momento en que los primeros chorros salían disparados impactando contra mi barriga.

Isa entonces me obligó a estimular su clítoris y poco después alcanzaba también su orgasmo.

Es mejor que me vaya antes de que tus padres se despierten y nos pillen.

No prima, quédate un ratito más.

No, déjame, tengo que irme ya.

A regañadientes tuve que abandonar el cuerpo de mi prima. Ella salió de mi habitación y yo, todavía desnudo sobre la cama pensaba en que quizás esa era la última vez que estaba con mi prima, pues yo ya estaba casi recuperado y ella marcharía pronto a su casa.

Sin embargo, esa semana aprendí que la vida da muchas vueltas y nunca puedes saber hacia qué lado gira la ruleta. El viernes por la mañana mis padres recibieron una llamada telefónica inquietante. Un familiar de mi padre había caído gravemente enfermo, hasta el punto de que era muy probable su muerte. Eso hizo a mis padres plantearse la posibilidad de viajar a la ciudad de ese familiar y le pidieron a mi prima si podía alargar unos días más su estancia en su casa para cuidar de mí durante el fin de semana. Mi prima dijo que no había ningún problema en ello y yo estaba encantado con la idea de quedarme a solas con ella durante todo el fin de semana.

Mis padres marcharon esa misma tarde y yo pensaba que en cuánto salieran por la puerta mi prima y yo íbamos a tener sexo pero no fue así. Dado que me encontraba mucho mejor me obligó a ayudarla con las tareas de casa y con la cena.

Yo de vez en cuando le tocaba el culo o le soltaba alguna indirecta para ver si mi prima se animaba pero nada de nada, ni siquiera un leve roce. Después de cenar estuvimos un rato viendo la tele pero cada uno de nosotros estaba en un rincón del comedor.

Yo ya me había puesto el pijama resignado y decepcionado pensando que esa noche no iba a haber nada cuando mi prima me dijo que se iba a dar una ducha antes de acostarse.

Aquello me parecía raro pues nunca antes la había visto ducharse a esa hora pero no le di más importancia. Me quedé ojeando una revista en el sillón cuando a los pocos minutos mi prima me llamó.

Pablitooo!

Yo acudí de inmediato a su llamada y aunque mi prima había dejado la puerta del baño semiabierta llamé antes de entrar.

Dime Isa.

¿puedes entrar y acercarme la toalla? Me olvidé de cogerla.

Sí claro.

Entré al baño y lo primero que vi fue el magnífico culazo de mi prima, con sus dos blancas nalguitas bien redonditas. Yo abrí el cajón de las toallas y saqué una de las mas grandes. Al girarme para darle la toalla a mi prima me la encontré en una pose que me excitó sobre manera. Se había dado la vuelta, y posaba con una pierna sobre el mármol de la bañera. Tenía algo en la mano, un espejo, comprendí rápidamente y lo que hacía era mirarse el sexo en él. Entonces caí en la cuenta. Mi prima se había pelado el chochito, se lo había afeitado entero, y en el desagüe aún quedaban restos de agua, jabón y bellos.

¿te vas a quedar ahí mirando o piensas acercarme la toalla?

Sí, claro, ten.

Le ofrecí la toalla a mi prima desconcertado aún por haberla visto totalmente desnuda por primera vez y en una pose tan insinuante. Bajo el pantalón de mi pijama mi sexo comenzaba a desperezarse a gran velocidad.

¿me ayudas a secarme?

Estaba claro que mi prima había decidido jugar otra vez y yo no la iba a defraudar. Le ayudé a secar su espalda y su trasero y le ofrecí la toalla para que se secara ella por delante pero mi prima no la cogió.

¿porqué no sigues tú? Me gusta cómo lo has hecho.

Así que le pasé la toalla por los pechos con mucho cuidado. Tenían aquel maravilloso tacto que tanto me había gustado la otra noche. Luego fui bajando por su abdomen hasta llegar a su sexo, en el que me detuve algo más de lo necesario, y continué secando sus piernas y sus pies, para lo cuál tuve que agacharme. Cuando estaba acabando con sus pies sentí que mi prima me tomaba de la cabeza con sus manos y me acercaba a ella. Al alzar la vista me encontré cara a cara con su coño. Esa imagen se me quedó grabada en el cerebro para siempre y aún hoy me excita al evocarla.

Recuerdas lo que hiciste la otra noche con tus deditos ¿verdad? Pues hoy quiero que lo repitas pero con la lengua. Es algo que nos encanta a las mujeres, tendrás ocasión de comprobarlo.

Pero… no sé cómo hacerlo. Dije yo.

Tranquilo, yo te voy a ir guiando.

Y mientras decía eso apretaba mi cabeza contra sus labios depilados. Yo me agarré a su culo y comencé a lamer con la lengua el exterior del sexo de mi prima.

Bien, sí, así esta bien, sigue así, chupa mi rajita, vamos, méteme la lengüita, sí, así, muy bien, ahora más arriba, si, así muy bien, aaaaaah, sí eso es, aaaaaaah, muy bien, eso es, y ahora por aquí, sí, así, muy bien, aaaaaaah.

Mi prima guiaba mis movimientos con sus indicaciones y pronto comprendí cuáles eran las zonas que debía estimular para darle más placer. En realidad acabé lamiendo todo su sexo pero cada vez que rozaba su clítoris con la lengua a mi prima se le escapaba un gemido de placer que a mí me ponía tan cachondo que mi polla estaba ya a punto de reventar.

Aaaaaaah, síiiiiii, aaaaaaaaaah, eso es, asíiiiiii, Pablitoooooooooo, síiiiii,, aaaaaaaaah, aaaaaaaaaaah, aaaaaaaaaaah, aaaaaaaah, aaaaaaaaah.

Finalmente Isa se corrió de gusto expulsando gran cantidad de fluidos que me impregnaron toda la cara. Tuve que sujetarla para que no se cayera al suelo pues al dejarse llevar en su orgasmo los músculos de su cuerpo se relajaron demasiado.

Esta vez has sido tú la que me has manchado –dije a Isa cuando ésta ya se había repuesto de su corrida.

Sí, jejeje, es mi venganza por las veces que tú me llenaste con tu esperma.

Pero a mí no me importa, prima, me encanta hacer esto, podría hacértelo otra vez si quieres.

¿otra vez? Vaya, eso suena tentador, pero no, tengo otra idea, además viendo la erección que llevas será mejor que tú también descargues tu lechita.

¿otra idea? –pregunté yo.

Sí, sígueme.

Mi prima salió totalmente desnuda del baño y entró en su habitación. Yo la seguía justo detrás acariciándome por encima del pantalón del pijama la espectacular erección que tenía. Isa se agachó para coger algo de uno de los cajones del armario. Le pegué el paquete contra su culo para que notase bien fuerte mi empalmada.

Hmmmmm, qué rico lo tienes Pablito. Vas a hacer feliz a muchas mujeres.

Isa se incorporó de nuevo. En una de sus manos llevaba un condón.

¿me dejas ver como está mi paciente? –dijo ella sentándose en la cama y comenzando a bajarme el pantalón del pijama.

Mi polla se escapaba ya por el lateral de los calzoncillos y en cuanto que se sintió libre saludó a mi prima con una reverencia para ponerse luego mirando al cielo. Yo había vuelto a agarrar los pechos de mi prima con los que comenzaba a tener una sensación de familiaridad. Isa tenía los pezones duros, como acostumbraba siempre que andábamos jugando.

Ella repasaba con la mano y con la lengua toda la extensión de mi berga, la cuál palpitaba de excitación y se endurecía aún más.

Creo que ya estás preparado. –dijo mi prima y comenzó a colocarme el preservativo con la boca.

Yo no sabía para qué estaba preparado pero sí, lo estaba, de eso no había duda. Mi prima me recordó lo que me había enseñado durante esos días, me dijo que ahora debía ponerlo en práctica. Luego se tumbó en la cama y separó bien las piernas mostrándome muy claramente qué era lo que quería que yo hiciese.

Yo apunté mi polla a su entrada y me eché sobre ella pero mi puntería no fue tan buena como esperaba y no penetré a mi prima. Fue ella misma quién me agarró la polla y la dirigió hasta la entrada de su vagina. Fue una sensación extraordinaria sentir las paredes del coño de mi prima apretando mi polla con fuerza mientras ésta se deslizaba adentro y afuera una y otra vez. Por fin estaba dentro de ella, por fin estaba follando, follando con mi prima. Entonces me di cuenta que si seguía pensando en eso me iba a correr de inmediato así que comencé a pensar en cosas desagradables. Mi prima se movía conmigo, subía su cadera para que mis penetraciones fueran cada vez más profundas. Se acariciaba el clítoris con una mano, con la misma con que de vez en cuando me agarraba los huevos como si quisiera exprimirlos. Comencé a sudar, mi respiración era ya fatigosa y comenzaba a sentirme cansado. Mi prima lo estaba disfrutando, y yo también, claro está, pero cada vez me resultaba más complicado pensar en otras cosas que no fueran las tetas y el coño de mi prima. Isa alcanzó su orgasmo y lo hizo de una forma muy ruidosa. Yo llevaba ya más de 15 minutos bombeando en su interior y tuve la certeza de que no aguantaría mucho más.

Me corro. –le dije a mi prima avisándole de mi inminente orgasmo.

Córrete primo, córrete, lo has hecho muy bien.

Entonces sentí como los músculos de la vagina de mi prima se contraían aún más y cómo mi sensibilidad aumentaba provocando un placer inaguantable y finalmente me dejé ir. Un tremendo orgasmo hizo que me derrumbara exhausto sobre el cuerpo de mi prima y que durante unos minutos no pudiera casi ni moverme.

Cuando advertí lo que había pasado estaba ya sólo en la cama. Tenía el pene flácido y manchado de semen. Mi prima no estaba allí. Regresó a la habitación tan desnuda como había estado todo el rato. Traía unas porciones de chocolate en la mano y me ofreció a mí la mitad.

Fui a tirar el condón y aproveché para coger un poco de chocolate, ¿quieres?

Gracias, pero ni siquiera noté cuando me lo sacaste.

Jejejejeje, sí, ya me di cuenta.

Comimos el chocolate y permanecimos tumbados sobre la cama.

¿te has acostado con muchos hombres, prima?

Bueno, con algunos, ¿por qué?

¿lo hice bien?

Si, jejejeje, muy bien para ser tu primera vez, jejejeje.

¿podemos repetirlo?

¿cómo? ¿quieres volver a hacerlo? ¿ahora?

Bueno, sí, porqué no.

Mi prima se reía.

¿has visto cómo se te ha quedado la polla? AAsí no podemos hacer nada.

Si me la chupas seguro que se pone dura otra vez, prima.

¡Pero Pablitoooo! ¡qué confianzas son esas!

Vamos prima, si tú también quieres.

Mi prima me miraba sorprendida por que fuera yo quién tomaba la iniciativa pero luego, sin mediar más palabra, llevó su boca a mi pubis y después de tontear un poco se llevó mi pene a la boca. Mientras lo lamía se movía de tal manera que me colocó el culo justo delante de mi cara. Yo podía ver los labios de su coño desde atrás y decidí imitar a mi prima. La agarré de las piernas y la obligué a descender su culito sobre mi cara de tal forma que su sexo quedó justo sobre mi boca. Comencé a lamerlo encantado por la mamada que mi prima me ofrecía y procurando no excitarme demasiado para no correrme. Mi prima en cambio no se cortaba para nada y con cada lengüetazo que le daba en sus bajos ella gemía y se retorcía de placer.

Creo que volvió a correrse con mi mamada. Yo también estuve a punto de hacerlo pero mi prima me lo impidió como ya había hecho en otras ocasiones.

Todavía no, primo, ahora te toca follarme.

Con una facilidad pasmosa mi prima giró su cuerpo sobre el mío y acabó sentada sobre mi polla. Mi pene se introdujo en su chochito sin ninguna dificultad y mi prima daba pequeños saltitos sobre ella introduciéndosela más y más con cada uno de ellos. Cuando la tuvo toda dentro de si, se echó hacia delante ofreciéndome sus tetas y entonces comenzó a moverse como en círculos. Al principio me costó cogerle el truco a esa postura, me sentía más cómodo siendo yo el que estaba arriba pero luego me resultó incluso más cómoda y descansada. Era mi prima quién guiaba mis movimientos acompasándolos con los suyos y era ella quién marcaba el ritmo. Después de un rato en esa postura decidimos cambiar y mi prima se colocó a cuatro patas. Yo me situé tras ella y desde atrás la penetré con fuerza por el coño. Aquella era una posición mucho más excitante para mí y agarrado a sus tetas la penetraba fuertemente.

Mi prima gemía y me animaba a que la follara, a que le siguiera dando fuerte, a que le partiera por la mitad y todas esas cosas hacían que cada vez estuviese más excitado. Además, en esta ocasión no llevaba puesto preservativo y las sensaciones eran aún más fuertes.

Antes de que te corras –dijo mi prima- métemela en el culo.

¿en el culo? –pregunté yo sorprendido-

Sí, en el culo, vamos, métemela ahora.

Yo saqué mi berga de su cálido chochito y lo puse contra su ano. Empujé pero mi pene no entraba.

Debes dilatarlo. –dijo ella- Mójalo con tu saliva y con mis flujos, luego prueba con un dedo y luego con dos.

Yo hice lo que me dijo mi prima. Le lubriqué el ano tanto como pude y después introduje en él un dedo que aceptó sin problemas y luego otro. Por último volví a intentar introducir mi polla. Costó un poco al principio, quizás por mi inexperiencia, pero al fin entró la puntita, y luego poco a poco fue entrando todo.

Aaaah, cuidado, me haces daño. –decía mi prima-

Yo empujaba con cuidado al principio pero costaba entrar dentro del culo de mi prima así que dejé de prestar atención a sus quejas y comencé a bombear con fuerza.

Aaaaah, me matas, animal, aaaah, con cuidado, aaaah.

Mi prima gritaba y gemía, no sé si de dolor o de placer, el caso es que yo andaba ya tan excitado entre unas cosas y otras que no tarde en llenarle el culo de leche.

Mi polla salió de su ano con un sonoro plof y parte de mi semen le chorreó por las piernas. Mi prima, que había comenzado a masturbarse al sacar mi polla seguía a cuatro patas sobre la cama. Era delicioso verla así, manchada de mi leche y alcanzando al fin un nuevo orgasmo.

Por esa noche dimos la fiesta por finalizada. Después de ducharnos y asearnos nos fuimos a dormir.

¿puedo quedarme a dormir contigo? –le pregunté a mi prima-.

Bueno, quédate si quieres.

Mi prima se puso únicamente unas braguitas y se metió en la cama. Yo, totalmente en bolas me acosté a su lado. Dormimos abrazados toda la noche.

Cuando desperté ella ya no estaba conmigo en la cama. Mi pene volvía a tener una hermosa erección y tenía unas enormes ganas de orinar. Me levanté de la cama y me dirigí al baño. Me costó pero finalmente pude orinar. Luego fui hasta la cocina. Tenía un hambre terrible y allí encontré de nuevo a mi prima. Llevaba sólo las braguitas con las que había dormido y sus pechos se le bamboleaban con cada movimiento que hacía. Yo, que seguía totalmente desnudo y con una media erección me acerqué a Isa que ahora estaba de espaldas a mí. Cuando estuve a su lado le bajé las braguitas para ver su hermoso trasero una vez más.

¿qué vas a querer desayunar? –me preguntó ella como si no pasara nada especial-.

Quiero tu culito.

Mis manos bajaron totalmente las braguitas que cayeron al suelo junto a sus pies. Acerqué mi polla a sus nalgas y la restregué contra ellas hasta que la tuve totalmente dura de nuevo. Mientras tanto mis manos se habían perdido ya en el interior de su coño comenzando a masturbarla como había hecho ya anteriormente.

¡Pablitoooooo!

¡Te quiero primaaaa!

Comencé a besar el cuello y la espalda de mi prima que se erizaba con el contacto de mi lengua e intenté abrirme paso entre sus piernas con mi polla. Isa se agachó un poco para facilitar mi maniobra a la vez que separaba las piernas e intentaba alcanzar el tarro de la mantequilla.

Mi polla se fue adentrando poco a poco en su coño y comencé a follarla como había hecho la noche anterior pero esta vez sólo pensaba en lo delicioso que era sentir mi berga dentro de su chochito apretado.

No te vayas a correr –dijo mi prima- no me gustaría que me dejaras preñada

Tranquila prima, que ya controlo.

No, no me fío de ti pequeño granuja, será mejor que me la vuelvas a meter en el culo. Ten, usa esto.

Me acercó la mantequilla y al principio no sabía bien que debía hacer con ella. Luego lo entendí. Saqué una mano de su sexo y con los dedos agarré un poco de mantequilla que la deposité en el ano de mi prima. La esparcí bien por todo su recto y probé a introducirle un dedo para ver si funcionaba. Y funcionó, mi dedo entró en su culito sin problemas resbalando con el aceite de la mantequilla. Entonces dejé la caliente madriguera en que se había convertido el coño de Isa para introducirme una vez más por la puerta de atrás. Esta vez mi polla entró sin grandes problemas y Isa parecía disfrutarlo también. Yo me agarré a sus pechos para coger impulso en mis embestidas y ella continuó el masaje en su sexo que mis dedos habían dejado a medias.

¿tu novio también te folla el culo? –le pregunté mientras penetraba con fuerza su ano una y otra vez-.

No. Mi novio nunca entró por ahí.

La revelación que me hizo mi prima me excitó aún más. Estaba claro que el ano de Isa no era virgen y que seguramente más de un hombre había descargado ya allí su semen, sin embargo, el saber que su novio no había disfrutado aún de ese abujerito me proporcionaba un pequeño coto privado de propiedad sobre mi prima.

Yo acabé por descargar toda mi leche con un par de embestidas rápidas mientras ella aceleraba su orgasmo en una frenética masturbación.

Ese día ya no volvimos a follar, de hecho sólo lo hicimos una vez más antes de que ella regresara a su casa. Fue el mismo día en que se marchó. La vi haciendo la maleta y se me partió el alma. Me puse a llorar desconsoladamente pidiéndole que no se marchara.

Pablitoooo, lo siento, pero yo tengo mi vida en otro lugar, ¿entiendes?

No, no lo entiendo.

Sí, si lo entiendes, y sabes que estoy haciendo lo que debo. Mira, lo de estos días ha sido maravilloso y espero que tú lo hayas disfrutado tanto como yo pero algún día iba a acabar y ese día es hoy.

¿y qué voy a hacer yo a partir de ahora?

¿qué vas a hacer? Pues lo que hacen todos los chicos, salir por ahí, divertirte, encontrar a una chica de tu edad y pasarlo bien.

Pero yo no quiero una chica de mi edad, te quiero a ti.

Jejejeje, sí, ya, lo que pasa es que estás enchochado.

¿el qué?

Enchochado. Es lo que les pasa a algunos hombres con su primer chocho, creen que la mujer que lo tiene es la mujer de su vida, pero no, ya verás que en tu vida van a haber muchos otros chochos, hazme caso, te has convertido en un buen amante y cuando esto se sepa te lloverán las novias.

Te quiero, prima, lo digo en serio.

Anda, ven y dame un beso y cállate de una vez.

Yo besé a mi prima apasionadamente y ella me devolvió el beso.

Pablitooooooo, te voy a echar mucho de menos.

No te vayas, quédate una semana más, puedo fingir una recaída.

Pero qué dices tonto, cómo vas a hacer eso.

Prima, te quieroooooo y no quiero que te vayas.

Anda tontorrón, deja de decir tonterías y déjame ver a mi paciente una última vez.

Entonces comenzamos a desnudarnos con la misma ansiedad con que se desnudan el uno al otro dos novios primerizos y tumbados en su cama volvimos a hacerlo, pero esta vez, a diferencia de las anteriores, Isa me pidió que me corriera dentro de su chochito y ese momento lo conservo aún hoy como el mejor y el más intenso de mi vida. Luego, después de hacerlo me pidió que la dejara sola para terminar de hacer la maleta. Yo me fui a mi habitación y ya ni siquiera volví a verla. Al día siguiente, cuando me levanté mi prima ya no estaba allí y supe que todo había acabado.

El teléfono! / Segunda parte

Lunes, enero 8th, 2007

Como podrá sobreentenderse, no siempre que se recibe una azotaina resulta placentera. Por muchos motivos. Si bien es cierto que, después, con el recuerdo de aquella, uno pueda registrar evocaciones o sentimientos excitantes, como sería éste el caso, en el preciso instante de estar recibiéndola, maldita la gracia que te hace.Algo así me sucedió, con el teléfono como preámbulo, en una ocasión. Mi madre y mi tía, habían salido por la mañana hacia el hospital, con el objeto de realizarse, mi madre, una revisión de su dolencia hepática y dejaron aviso a nuestras vecinas, para que nos “echaran un ojo”, en su ausencia. La cuestión es que, nosotros tres (mi hermana, mi hermano y yo), estábamos en un periodo de “investigación” –por así decirlo- con cualquier cosa que cayera en nuestras manos y, aquella mañana decidimos investigar las cerillas y los papeles, para ver cómo ardían y cómo quedaban después.

Estábamos muy entretenidos hasta que el sonido del teléfono nos “descuadró” el experimento. La llamada resultó ser para mi vecina Angelines, y yo fui el encargado de avisarla. En nuestra inocencia, no le dimos importancia al olor a quemado que había por toda la casa, quizá porque ya nos habíamos acostumbrado a él. Es más, en nuestro entusiasmo con el experimento del fuego e ignorantes por completo del pavor que le producía a nuestra vecina, mientras ésta estuvo al teléfono, nosotros continuamos a lo nuestro. La verdad es que la mano de un ángel protector debió estar cubriéndonos constantemente porque, una vez que lo analizas, te das cuenta del gravísimo accidente que podíamos haber causado. Estábamos utilizando cerillas de madera, cuya caja ya casi habíamos agotado, para quemar papeles de periódicos y revistas que mi madre guardaba en una pequeña despensa, junto a la cocina. Los estábamos quemando en una especie de papelera de plástico gris y no logro entender cómo no salió ardiendo también. Además, para mayor delito, la habíamos situado, por ignorancia, junto a una de las botellas de gas butano, muy cerca de la cocina y de las gomas de conducción del gas.

Al poco de la conversación telefónica de mi vecina, la escuchamos decir:

-¡Hay!¡Aquí huele a quemado! Espera un momento, que no me fío de éstos. Voy a ver qué están haciendo. –Soltó el teléfono y preguntó- ¿Qué estáis haciendo, que huele a quemado?

A lo que los tres respondimos al unísono:

-¡No!¡Nada, nada!

-¿Nada? –Volvió a preguntarnos, al tiempo que se acercaba hasta la cocina-.

Cuando llegó hasta nuestra posición, su cara se tornó pálida, luego roja de ira, después, otra vez pálida y soltó un grito estremecedor.

-¡¡¡Aaaahhh!!! ¡¡¡Yo, os mato!!!

Inmediatamente, se dio media vuelta y, con paso muy ligero, se acercó hasta el teléfono, de nuevo.

-¡Oye! Ya te llamaré, que estos sinvergüenzas le van a prender fuego a la casa. -Colgó el teléfono y se dirigió hacia nosotros hecha una verdadera furia-.

En el corto espacio de tiempo que duró su vuelta al teléfono, nosotros, por supuesto, intentamos recoger y limpiar todo, lo más rápido posible, para luego pretender negar la evidencia. Aunque, ya era demasiado tarde. Todos sabíamos que la paliza, a base de zapatillazos, que nos iba a dar nuestra vecina, iba a ser memorable y nada, ni nadie, podría remediarlo. Ni qué decir tiene que intentamos huir, escondernos en cualquier rincón, pero la sentencia estaba dictada y la señora Angelines no iba a desperdiciar la oportunidad de desahogarse con nosotros. Esta vez, tenía la razón y la suerte de su parte. No iba a necesitar ninguna excusa con mi madre, ni con mi tía, en caso de dejar marcada su zapatilla en nuestros muslos, como así sucedió.

En un alarde, mezcla de rapidez y maña, giró bruscamente su tobillo derecho, para descalzarse, saliendo su zapatilla disparada un metro más allá y, sobre la marcha, sin perder un instante, se agachó, rauda, veloz como una gacela, para asirla con gran fuerza y comenzar dar gritos, alaridos e improperios hacia nosotros y nuestro acto.

-¡¡La madre que os parió!! –Gritó- ¡¡Hoy os mato!!¡¡Os mato!! ¡¡Os voy a moler a zapatillazos!! –Nos imprecaba despavorida, una y otra vez-. ¡Os voy a dar tal paliza, que vais a estar llorando una semana! ¡Venid aquí!

Salimos todos, corriendo como los ratoncillos, cada uno hacia un lado… A la primera que alcanzó, fue a mi hermana. La agarró por las trenzas y comenzó a darle zapatillazos con tal rabia que mi hermana daba saltos. Se dejó caer al suelo con el ánimo, supongo, de protegerse de la zapatilla, pero fue en balde. Allí mismo, con mi hermana en el suelo, la vecina se inclinó un poco hacia delante y siguió azotándola, una y otra vez, una y otra vez, en las nalgas, los muslos, las piernas… Mi hermana seguía retorciéndose, pero daba igual. Ella seguía blandiendo la zapatilla y golpeándola contra mi hermana, sin compasión, levantándole la faldita, cuando podía, para llegar mejor a su destino. Yo estaba paralizado ante aquel espectáculo. No sabría decir cuántos zapatillazos le dio. ¡Muchos!¡Muchísimos! Y estuvo “liada” con ella un buen rato. Hasta que le parecieron suficientes, o se cansó.

Se tomó un ligero respiro de unos segundos y se avalanzó sobre mí, que estaba inmóvil, aturdido, ante la soberana paliza que acababa de presenciar, resignado por la que a mí me esperaba.

-¡Y ahora, tú! –Me dijo-.

-¡No, Angelines!¡No, por favor!¡No!¡No me pegues!¡¡¡Noooo!!!¡¡¡AAAAAHHHH!!!

De poco sirvieron mis peticiones. Me cogió por el pecho y me arrastró hacia ella, sujetando mi cabeza entre sus muslos, para que no pudiera escapar o revolverme, y comenzó a caerme encima, un alubión de zapatillazos duros, crueles, hondos, impecables e implacables. Con la fuerza que utilizó para azotarme, en uno de los rebotes, la zapatilla se le cayó al suelo. Resoplé aliviado, creyendo que la azotaina se había terminado, pero estaba en un error. Para poder alcanzar la zapatilla, hubo de soltarme un instante de entre sus piernas, pero me mantuvo sujeto por el brazo, firmemente. Vi cómo se agachaba, cómo recogía su chinela y cómo la sujetaba por la zona delantera, dejando libre el talón, con el que continuó azotándome. Al ser más gruesa la goma, y más dura, aquellos zapatillazos que siguieron, retumbaron como cañonazos y, además, siendo la parte de la suela mucho más flexible, fácilmente podía sujetarla con mayor firmeza y golpearme con más fuerza y más seguridad. Aquellos zapatillazos fueron unos de los más numerosos y dolorosos, que jamás nadie me propinara.

Sonó el timbre de la puerta. Automáticamente, los zapatillazos cesaron. No puedo precisar el número. ¡Incalculables! Dejó caer al suelo la zapatilla, se la calzó rápidamente y se acercó hasta la puerta principal, para abrirla. Me había salvado la campana –nunca mejor dicho-, pero las marcas que me dejó, permanecieron varias horas. Mi otra vecina, “Aure”, sabiendo que, ni mi tía, ni mi madre, habían vuelto aún a casa, pues éstas solían avisarla a su regreso, alarmada por los ruidos de los golpes, los gritos y los llantos, que salían del interior, llamó a la puerta para interesarse por lo que estaba sucediendo. Tras las explicaciones recibidas, se echó las manos a la cabeza y comenzó a regañarnos y zarandearnos, muy nerviosa, muy alterada. Pensé que también nos iba a azotar, pero no. Ella, siempre fue más consecuente y -a la vista estaba-, estábamos recibiendo un gran escarmiento, por lo que no hizo más que enfadarse con nosotros.

A todo esto, mi hermano pequeño, que había permanecido, escondido, debajo de una cama, salió hacia el comedor, donde nos encontrábamos, dando por sentado que todo había terminado. Estaba muy equivocado. Al verlo salir, mi vecina, Angelines, dijo:

-¡Ah! ¡Si faltabas tú! ¿No pensarías librarte de la zapatilla?¿Verdad?

Dicho y hecho. Levantó su pie derecho, doblando la pierna hacia atrás, alcanzando el talón de su zapatilla con la mano derecha y sacándola lentamente hacia delante. En ese instante, me miró. Sabía que aquella escena, pese a sentirme muy dolorido por la azotaina que me había propinado, me excitaría. Ver su pie desnudo, a media altura. Contemplar la planta de su pie, descalzo, lentamente, a medida que la zapatilla iba saliendo y lo iba descubriendo, era una escena que desataba un morbo especial en mí, y ella lo sabía. Ella fue una de las que me “descubrió”, cuando estaba al teléfono y por ello me provocaba, cada vez que tenía ocasión. El tiempo se hizo eterno en esa escena. La otra vecina nos miraba, sin comprender. Todo parecía transcurrir a cámara lenta. Parecía como si me estuviera brindando los zapatillazos que le iba a propinar a mi hermano. Sabía que aquello me excitaba. Bajó su mirada, cómplice, hacia mi henchido pene, recordando alguna otra situación y se acercó hasta mi hermano, que se había quedado inerte, después de recibir su sentencia. Apretó a mi hermano contra su cuerpo y, en presencia de mi otra vecina, sin importarle que estuviera, comenzaron los zapatillazos de rigor.

El pequeño se revolvió al quinto o sexto zapatillazo, aunque de nada le sirvió. La experiencia y la maestría de la azotadora, se impusieron ante la bravura de mi hermano. Le agarró por el brazo izquierdo y continuó con los zapatillazos, algo más enfadada por haberse zafado de su fijación. Así que, ahora, la azotaina continuaría en círculo, sin darle una sola oportunidad. De vez en cuando, cada cuatro o cinco zapatillazos, intentaba cubrirse con el otro brazo pero, además de recibirlos en éste, el resultado era peor. Los cuatro o cinco zapatillazos siguientes, solían ser más fuertes que los anteriores. Su cuerpo se arqueaba hacia delante en un intento de esconder las nalgas y ofrecer el menor ángulo posible a la zapatilla, en vano. Si no podía azotar sus nalgas, azotaba sus muslos. Nada se podía hacer, ante la sapiencia de aquella catedrática en zapatillazos.

Siete u ocho veces, sucedió lo mismo, sumando un total aproximado de unos cuarenta zapatillazos. Menos, sin duda, que a los demás. Hasta que la otra vecina se interpuso y a poco, no se llevó ella, también, unos cuantos. Me volvió a mirar. De nuevo, había conseguido excitarme. El bulto provocado por la erección, no le pasó desapercibido y, con mucho disimulo, después de azotar a mi hermano, hizo el gesto inverso al anterior. Volvió a levantar su pie derecho, ofreciéndome la escena de costado, para que yo pudiera presenciarlo en un primer plano, doblando la pierna hacia su espalda y, lentamente, volvió a introducir su pie en la zapatilla, de tal forma que yo pudiera ver su pie, la planta de éste y su zapatilla, sin perder detalle. Me hizo un guiño extraño…

Mientras Aure consolaba a mis hermanos, ella aprovechó para acercarse a mí, con la excusa de hacer lo propio conmigo. Me abrazó tiernamente, acercándome a su regazo, hasta rozar mi pene con sus piernas. Con la mano derecha me frotó las nalgas, apretándome un poco más y, con la otra, ocultada a la vista por mi cuerpo, apretó mi pene y lo frotó, al compás de las nalgas. Dijo alguna frase cariñosa, pero no la recuerdo. Y, como mi otra vecina estaba pendiente de los demás, que se habían marchado a la cocina, nadie podía descubrir ahora nuestro secreto. Continuó por unos minutos acariciándome, abrazándome y frotando mi pene con sus largos dedos, mientras yo, me dejaba hacer.

-Ahora… suave, ahora… fuerte, ahora… rápido, ahora… suave, ahora… otra vez fuerte, ahora… –Me susurraba al oído, en voz muy baja-

Así, hasta que alcanzara un orgasmo y que me derrumbara de placer. Casi me desmayé. Tantas y tan distintas emociones, en tan poco tiempo, debilitaron mi cuerpo por un instante, cuando se produjo la semental erupción. Ella me sujetó, cuando mis piernas flaquearon y se doblaron. Apretó mi pene y lo agarró, por última vez, fuertemente, junto con la tela del pantalón.

El precio que había pagado por aquella eyaculación, había sido caro; pero más caro resultaría, cuando mi madre y mi tía regresaran a casa.
Continúa en El teléfono – 3ra parte

JOSEMAVIG@terra.es

El teléfono! / Primera parte

Lunes, enero 8th, 2007

El primer aparato de éstos que se instaló en nuestro edificio, fue el de nuestra casa. Desde luego, el revuelo que se armó entre las vecinas y las amigas de mi madre, resultó ser escandaloso. Había que verlas a todas, parloteando, cuchicheando y cotilleando entre ellas. La reunión era de lo más informal. Allí estaba la vecina de enfrente, la señora Aurelia, una mujer encantadora, inteligente, culta y bastante atractiva, aunque su vida se había limitado, como las vidas de las demás esposas y amas de casa, a las tareas típicas del hogar. Tenía su genio –todo hay que decirlo-, pero siento un gran cariño por ella, a pesar de que alguna que otra vez, me atizara también con la zapatilla, pero era una gran mujer y mejor persona. Tenía dos hijas: Tere, la mayor, unos tres años menor que yo, rubia, de pícaros ojos azules, revoltosa y rebelde, que con los años se ha convertido en una enfermera eficiente y en una más que atrayente mujer. Y Ana Mari, la más tímida en apariencia, pero la que peor humor tenía. Poco he vuelto a saber de ella.

Entre ambas hermanas siempre existió, además de celos, una gran rivalidad, que terminaba convirtiéndose en verdaderas peleas y, la madre, no tenía más remedio que quitarse una zapatilla y sacudirles unos cuantos zapatillazos para separarlas. No había otra manera. Su terraza lindaba con la nuestra y he sido testigo en muchas ocasiones de aquellas peleas, cuyo resultado final, implacablemente, eran los zapatillazos que les propinaba su madre. Por supuesto, cuando las oía pelear, procuraba estar cerca de ellas, pues no quería perderme la escena que solía poner el punto final. Mi excitación comenzaba al escucharlas e iba en aumento, progresivamente, a medida que escuchaba a su madre advertirlas: “¿Ya estáis otra vez? ¡Como me quite la zapatilla…! ¿Voy?”

Esto solía repetirlo varias veces, lo que conseguía que yo me excitara más y más, esperando ver cómo se quitaba la zapatilla. Hasta que la mujer no lo aguantaba más y la veías salir por el pasillo, hacia el salón, se detenía un instante, levantaba el pie derecho, se quitaba la zapatilla con la mano izquierda, la acomodaba en la derecha y reiniciaba la marcha, con mucho brío, hacia sus dos hijas y comenzaba a soltar zapatillazos a diestro y siniestro, apartándolas con la mano izquierda y procurando levantarles la faldita para llegar bien a sus nalgas. No siempre lo conseguía, porque mis vecinitas se revolcaban y la mayoría de las veces, los zapatillazos iban a parar a sus muslos. La escena de ver a mi vecina inclinada hacia delante, sacudiendo zapatillazos primero a una, luego a la otra y vuelta a empezar, me ponía frenético de placer.

La señora Aurelia –“Aure”, como le gustaba que la llamásemos- era muy paciente. Hay que reconocérselo. Y no tenía mala intención cuando te sacudía con la zapatilla. Además, se ponía muy nerviosa, como si no quisiera pegarte pero, a la vez, como si no tuviera más remedio que hacerlo. La prueba es que, cuando ocurría, solía darte unos diez o doce zapatillazos, muy deprisa, como si quisiera terminar rápido, te regañaba muy alterada y te volvía a sacudir otros diez o doce zapatillazos, tan rápidos o más que los anteriores. Te regañaba de nuevo, dejaba caer la zapatilla al suelo y, antes de reintroducir su pie en ella solía advertirte: “¡No me obligues a quitármela otra vez!” Al poco rato, solía acercarse a quien hubiera recibido la azotaina, le acariciaba, le calmaba y le daba explicaciones. Casi siempre fue así, pero no todas las veces, como comprobaremos más adelante.

No puedo decir lo mismo de la vecina de abajo porque, ésta, disfrutaba de verdad cuando golpeaba a cualquier niño con la zapatilla. De verdad, disfrutaba. ¡Claro! ¿Cómo iba ella a perderse la pequeña fiesta? Estaba en su salsa. Aunque hemos seguido manteniendo el contacto porque, en el fondo, también tengo un sentimiento de cariño hacia ella. La señora Angelines, mi vecina extremeña, de carnes prietas y movimientos acompasados de nalgas, sentía verdadero placer sexual desde que comenzaban sus advertencias, hasta que tenía la zapatilla en la mano. En ese momento, su excitación era tal, que se convertía en frenesí, llegando al éxtasis, cuando te azotaba con ella. No puedo aseverar que llegara al orgasmo en el transcurso de sus azotainas pero, a juzgar por los gestos que hacía, sus movimientos, y los sonidos que emitía, juraría que sí. Máxime, si el receptor de sus zapatillazos era un chico y si, además, como era en mi caso, veía o notaba una erección. Por ese motivo, aunque comenzara una azotaina en la forma más espontánea –de pie, semi-agachada o similar-, al cabo de un rato, procuraba por todos los medios, o bien mantenerte pegado a ella, para obligarte a rozar con sus zonas íntimas, o bien sentarse y arrastrarte hacia sí para, colocándote entre sus muslos, además de rozarte, sentir la erección del receptor de sus zapatillazos, en aquellos.

Habitualmente, sus azotainas duraban entre siete y ocho minutos, desde el momento de la amenaza, hasta el final, por lo que calculo no menos de noventa o cien zapatillazos, en dosis muy bien ponderadas y con un ritmo creciente, que acortaba, concienzuda y progresivamente, la distancia en el tiempo, entre zapatillazo y zapatillazo, a medida que se acercaba el final. No se trata de una exageración. He podido comprobarlo en mis propias carnes, además de verlo en los demás. Incluso mi tía, que solía actuar de una forma muy similar a esta vecina, en lo que se refiere a las azotainas, en alguna ocasión, con motivo de una verdadera paliza que la vecina le estaba propinando a uno de sus hijos, con una zapatilla, tuvo que sujetarla y decirle: “¡Angelines, para ya! ¡Que lo vas a matar!” Yo fui testigo presencial de más de una.

A diferencia de la anterior, ésta, sólo te advertía una vez –cuando lo hacía-. No solía “perder el tiempo”, ni siquiera en levantar el pie para quitarse una zapatilla. Lo más habitual en ella, era detenerse ante ti, levantar rápidamente el pie derecho y, a la vez, girarlo bruscamente, de tal guisa, que la zapatilla solía salir disparada hacia delante. Inmediatamente, sobre la propia marcha, se agachaba y la recogía, asiéndola fuertemente con su mano derecha y, apretando los dientes, se dirigía hacia tu lugar. Una vez te tenía bien sujeto, comenzaba a golpearte con ella, lentamente, con zapatillazos fuertes, alternándolos de nalga en nalga, a la par que te regañaba entre azote y azote.

Después alternaba las nalgas con los muslos, sabiendo muy bien lo que hacía. Siempre dominaba la situación. Sabía muy bien dónde golpear y cómo hacerlo, procurando no dejarte marcas. En muy pocas ocasiones, muy contadas veces, se atrevía a dejarte con el culo al aire, para colmarlo de zapatillazos. Gozaba con esas situaciones. Las conocía a la perfección. Dominaba cada movimiento que tú pudieras hacer para zafarte de ella, anticipándose. Normalmente, cuando llevabas recibidos no menos de quince o veinte zapatillazos, estando ella levantada, solía arrastrarte, sin parar de azotarte, hasta una silla o el sofá –preferiblemente, la silla, porque le gustaba más “abrazarte” con sus muslos y sentir tu pene erecto rebotar, con el impulso de sus zapatillazos, que tenerte tumbado encima, sin que los roces llegasen a su destino predilecto-.

Una vez allí, te acomodaba a su gusto. Su postura preferida era la de apoyarte el bajo abdomen sobre su muslo izquierdo, de tal manera que el resto del cuerpo quedaba colgando hacia un lado y, levantando su pierna derecha, apoyada en las puntas de los dedos del pie descalzo, colocaba tus muslos, como sentados, dejándote, necesariamente, las nalgas empinadas hacia arriba. Era imposible escapar de aquella situación y era la que más utilizaba. Con la que más disfrutaba. Parecía tenerlo todo muy bien calculado. Entonces comenzaba de nuevo a regañarte y azotarte otra vez. Sus frases podían hacerse eternas pues, entre zapatillazo y zapatillazo, te soltaba una o dos sílabas de la palabra final. Sus zapatillazos eran tan contundentes, que no sería la primera vez que se le caía la zapatilla al suelo, por no poder sujetarla con los impulsos. Cuando esto sucedía –bastante a menudo-, se enfurecía más y, como tenía que agacharse para recogerla del suelo, después de hacerlo, retomaba la azotaina con mayor velocidad. Sus zapatillazos, entonces, eran más rápidos y más violentos que los anteriores. Dejaba de regañarte entre dientes y se limitaba a golpearte con la zapatilla, más deprisa, como queriendo recuperar el tiempo perdido.

Era entonces cuando yo gozaba de verdad. El dolor desaparecía paulatinamente, convirtiéndose primero en escozor e inmediatamente después, en placer. Ella lo intuía, lo sabía. Ya me conocía… Por eso, como anticipándose a mi orgasmo, para retrasarlo y, seguramente, alcanzarlo ella también, solía darle la vuelta a la zapatilla y me azotaba con la zona del tacón, en lugar de la suela. Sabía que, al ser más gruesa la goma por esa zona, el escozor desaparecería, tornándose en dolor. De esta forma –nunca supe cómo lo adivinó-, mi orgasmo se retrasaba por unos instantes, tiempo más que suficiente para que ella llegara al suyo y, para finalizar, me daba los últimos diez o doce zapatillazos, de nuevo con la suela de la chinela, de una forma muy rápida, terminando con tres o cuatro más, muy lentos, profundos, confirmando el final de la azotaina y levándome, la mayoría de las ocasiones, al éxtasis…

Acto seguido, me retiraba de encima de ella, como con desprecio, regañándome de nuevo –para quedar bien, supongo-. Dejaba caer la zapatilla al suelo de una forma despectiva pero que, al llegar al final, producía un eco maravilloso. Se levantaba, se estiraba la bata, dándose unas palmaditas en la zona delantera y volvía a meter el pie en la zapatilla, removiéndolo para que encajase en tan maravillosa herramienta. Si era una chinela o una chancleta, por lo general, en verano, no había más ritual; pero si se trataba de una zapatilla cerrada –generalmente, en invierno-, el ritual continuaba levantando el pie hacia atrás e introduciendo su dedo índice por la zona del talón, hasta acomodar definitivamente su pie, dentro. Esa escena, sigue creando mucho morbo en mí. Tanto, como la de descalzarse, amenazarte con ella y dirigirse hacia ti.

La llegada de aquel teléfono, incomprensiblemente, me iba a regalar momentos gratísimos y algunos otros, no tanto en un principio, pero sí al final. Me explicaré.

Como quiera que era el único aparato de todo el edificio, mi madre, enseguida se prestó a que las vecinas, sobre todo las más cercanas a casa, le comunicaran nuestro número a sus familiares para que les pudieran llamar en caso de necesidad. Al principio no presté atención, pero a medida que las llamadas se iban recibiendo y mis vecinas subían a casa, en bata y zapatillas, para atenderlas, se produjo en mí un fenómeno fetichista, mayor del que podía haber tenido hasta entonces. Ver a aquellas mujeres, la mayoría jóvenes, de entre veinticinco y treinta años, cómo se relajaban al teléfono, con la tranquilidad de no ser observadas, ni escuchadas, más que por mi madre –su vecina y amiga-, o por nosotros, unos críos inocentes, y se descalzaban…

Primero aflojaban una pierna. Luego dejaban salir de la zapatilla parte del pie. Después, se ponían a juguetear con los dedos del pie, queriendo sujetar la zapatilla; ésta se caía al suelo y, con el propio pie, sin mirar, más atentas a la conversación telefónica que a otra cosa, buscaban la zapatilla por uno y otro lado, hasta dar con ella e intentar reintroducirlo de nuevo. Muchas veces, debían girarla, también con el propio pie, porque le habían dado la vuelta durante el jugueteo y no podían introducirlo.

En otras ocasiones, directamente, sacaban el pie fuera de la zapatilla y comenzaban a rascarse primero, la otra pierna, con la planta del pie y, posteriormente, auto-acariciársela. Esos movimientos me excitaban mucho. Tanto, que cada vez que alguna de ellas recibía una llamada, enseguida me prestaba para ir a avisarla a su casa y volver a la nuestra detrás de ella, observando muy atentamente su caminar, el balanceo de sus nalgas, las plantas de sus pies con la subida de cada escalón, el chancleteo, el sonido… ¡En fin! Una verdadera delicia, cuya continuación se hacía maravillosa.

Una vez en casa, me marchaba disimuladamente y procuraba colocarme detrás de la puerta que daba justo al teléfono para, con ella entreabierta, agacharme y mirar, tan de cerca y descaradamente como me fuera posible, sus piernas, sus nalgas, sus zapatillas… y, sobre todo, sus pies y sus jugueteos, sus plantas… Debo reconocer que, en más de una ocasión, llegué a masturbarme sin que lo notaran, con aquellas visiones celestiales. Lo que no entiendo es cómo no me descubrió ninguna vecina. O quizás sí lo hicieran y me dejaran hacer. Al menos una de ellas, notó lo que estaba sucediendo y llegó a ruborizarse; pero siguió con el juego, como provocándome. Siempre les caí bien a las amigas de mi madre. Incluso decían que era un niño muy guapo y que “me las iba a llevar de calle”. Nunca fue para tanto.Continúa en El teléfono – 2da parte

JOSEMAVIG@terra.es

Master en sexo

Lunes, enero 8th, 2007

Todo comenzó de forma casual, en la primavera en que cumpli los 16 años.

En el Instituto nos habian dado una charla sobre educación sexual y nos habian entregado un libro-folleto en el que venia una amplia descripción de todo lo que nos habian explicado.

Todas las formas de practicar sexo, metodos anticonceptivos, prevención de enfermedades venereas, distintas practicas y opciones sexuales, etc.

El libro venia profusamente ilustrado, con dibujos y fotografias, para mejor comprensión.

A mi edad, todos estos temas eran apasionantes, ya que, para un chico de 16 años, todo lo relativo al sexo tiene mucha importancia.

A esa edad, me excitaba con cualquier cosa y me masturbaba con mucha frecuencia.

La charla que nos dieron y el libro, me aclararon muchas dudas y conocí cosas de las que no tenia la menor idea, pero algunas de estas cosas, simplemente no las entendia o no me hacia a la idea de cómo podian ser.

A esa edad, no solo era virgen, sino que ni siquiera habia tocado nunca a una mujer, puesto que era bastante timido y retraido, como buen hijo unico.

Mi madre siempre habia sido muy cariñosa conmigo, besos y abrazos cada vez que la apetecia, cosa que a mi me encantaba, me mimaba y me consentia mucho. Era la unica mujer, con la que no me ponia nervioso, porque yo no la veia como una mujer.

Por aquel entonces, tenia 36 años, se habia casado muy joven, a los 19 años, con mi padre, diez años mayor que ella.

Mi madre era una mujer de constitución pequeña, 1,55 m de altura y 50 Kg. de peso, de buen ver, aunque no era una belleza, tenia buen tipo y se conservaba bastante bien para su edad, a base de gimnasio y dieta rigurosa, que nos imponia tambien a mi padre y a mi.

Yo por aquel entonces, media sobre 1,75 y pesaba en torno a 70 kg, de cuerpo atletico, debido a los distintos deportes que practicaba y a la sana dieta que nos tenia sometidos mi madre.

Cuando mi madre descubrió el dichoso libro sobre el sexo, supongo que lo comentaria con mi padre y de mutuo acuerdo, decidieron que fuera ella la que abordará el tema conmigo, ya que con ella tenia mas confianza.

Asi es que me preguntó al respecto y yo le conté lo de la charla y lo del libro.

Ella me dijo, que le parecia muy bien, que había “ojeado” el libro y lo encontraba muy adecuado e instructivo, pero que si tenia alguna duda se la planteara, a ella o a mi padre, según los temas, a mi criterio.

Ella sabia perfectamente, que yo con quien mas confianza tenia era con ella, ya que me sacaba absolutamente todo lo que queria con la habilidad y celo propios de madre de hijo unico.

Por mi parte, lei y relei varias veces el susodicho libro, pero habia cosas que efectivamente no acababa de comprender y ademas eran de las que mas me interesaban.

No entendia muy bien los procesos de excitación de las mujeres, en cambio los de los hombres los tenia muy claros y ademas en nuestro caso, cuando nos excitabamos se veia a simple vista, mientras que no alcanzaba a comprender como se sabia cuando una mujer estaba excitada.

El libro explicaba los resultados de la excitación femenina, pero no decia nada respecto a como se podian saber estos resultados a simple vista, que era lo que a mi me interesaba.

No me veia preguntandole semejante cosa a mi madre, pero por otra parte, tampoco queria perder la oportunidad de enterarme al maximo sobre los distintos aspectos de la sexualidad femenina, que tanto me apasionaban en aquel momento, asi es que decidí hacerme el inocente y empezar por hacer a mi madre preguntas faciles, para ver como reaccionaba y en función a su actitud, ir avanzando con preguntas mas atrevidas.

Después de varios dias de darle vueltas al tema y dejando siempre el libro visible, para que mi madre fuera consciente de la importancia que le estaba dando al tema, decidí dar el primer paso.

Le dije a mi madre que habia decidido hacerle algunas preguntas sobre los temas que no entendia, pero que tenia que prometerme que no se lo iba a contar a mi padre, porque me daba mucha vergüenza, que si no era así, pues que preferia quedarme con las dudas.

Ella me prometió que todo lo que hablaramos al respecto, seria nuestro secreto.

En esto quedamos y yo le dije que le haria las preguntas, cuando lo tuviera claro y en el momento oportuno, en lo cual ella estuvo de acuerdo.

Por fin, se presentó lo que yo consideré como el momento mas oportuno, ya que mi padre se marchaba de viaje durante varios dias, por motivos de trabajo, con lo que tendriamos tiempo suficiente para hablar todo lo que quisieramos, sin ningún problema.

Al dia siguiente de marcharse mi padre, cuando regresé a casa por la tarde, le dije a mi madre que después de cenar podriamos hablar sobre “lo que ella ya sabia”.

Mi madre me contestó que le parecia muy bien.

Todas las noches, después de cenar, nos poniamos ropa comoda y nos sentabamos en el salon a ver la televisión, normalmente en pijama o similar, según la epoca del año.

En este caso como estabamos a finales de primavera, yo me ponía un pijama de pateras y mangas cortas y mi madre uno de identicas caracteristicas, pero de mujer, que tienen las calzonas mas cortas y mas amplias.

Como no estaba mi padre, nos sentamos los dos en el sofá y encendimos la tele, como siempre.

Mi madre inició la conversación, diciendome en un tono como de complicidad que comenzara con mis preguntas cuando quisiera.

Yo le contesté que a pesar de que me daba mucho corte, estaba dispuesto a hacerlo, siempre que respetara la confidencialidad, con respecto a mi padre.

Ella me contesto en el mismo tono de complicidad que todo lo que hablaramos seria un secreto entre los dos.

Yo por mi parte añadí que si alguna de mis preguntas le resultaba violenta, pues que la dejabamos sin mas.

Ella me respondió que se habia concienciado de que el tema que ibamos a tratar, dada mi edad y visto el contenido del libro que nos habian facilitado, seria escabroso, pero que estaba dispuesta a resolver todas mis dudas, siempre y cuando ella supiera las respuestas, dado que tampoco era una experta en sexo.

Me habia llevado el libro, como guión y para facilitar mis preguntas, usando en algún caso las imágenes y fotografias del mismo.

La dije si le parecia bien que comenzara explicandole cuales eran mis experiencias respecto al sexo.

Supongo que con lo cotilla que era respecto a todos mis asuntos, este, del que hasta ahora no sabia nada, despertaba su mas absoluta curiosidad, asi es que me apremió para que comenzara cuanto antes.

La dije que era virgen, que no habia tenido ningún tipo de relación con ninguna mujer, y que mi unico contacto con el sexo femenino eran los besos y abrazos que ella me daba.

Ella, me dijo que lo de mi virginidad era normal a mi edad, y luego en tono de broma añadió que al menos con los achuchones que ella me daba, habia podido sentir el contacto con el cuerpo de una mujer….

Yo la contesté, tambien en tono de broma, que ella no contaba, porque era mi madre y los besos y abrazos que nos dabamos no tenian ningún interes sexual y añadí … al menos para mi….

Ella me dijo siguiendo con la broma que efectivamente los besos y abrazos que nos dabamos no tenian ninguna intención sexual consciente por parte de ninguno de los dos, pero que según Freud, las madres eran el primer referente sexual de los hijos, aunque en la mayoria de los casos, de forma inconsciente.

Yo la contesté ya mas en serio que efectivamente algo de eso habia leido en el libro. Lo buscamos y alli estaba todo lo referente al complejo de Edipo….

Mientras mi madre leia lo que ponia el libro al respecto, yo comence a mirarla y creo que por primera vez, a verla como era en realidad, primero su cara sonriente con sus labios moviendose, unos labios carnosos y humedos, después baje mi vista a sus pechos….. sin sujetador….. con los pezones marcandose a traves de la fina tela de su camiseta….. (Nunca me habia fijado en que los pechos de mi madre tuvieran pezones), seguí con sus piernas….. tenia unos muslos preciosos… a traves de la fina tela de su calzona, se marcaban claramente sus bragas…

Por un momento, perdí la nocion del tiempo y del espacio, mis ojos se clavaban en cada parte del cuerpo de mi madre….. mi mente estaba traduciendo cada una de esas partes a objetos de deseo, tenia todo lo que me atraia sexualmente de las demas mujeres y ademas estaba alli, a escasos centímetros de mi.

Por primera vez veia a mi madre como una mujer y ademas ¡Estaba buenisima…! Casi de forma automatica noté como me excitaba y con gran preocupación, vi como un pequeño bulto comenzaba a hacerse visible en el pantalón de mi pijama. Instintivamente traté de taparlo, poniendo mis manos encima.

Mi madre me sacó de mi atontamiento, finalizando la lectura y diciendome que las teorias de Froid a pesar que eran muy discutibles tenian un fondo de realidad, ya que los hijos con la primera mujer y como en mi caso hasta cierta edad, con la unica mujer que se relacinan es con su madre, por lo que en muchos casos, son su unico referente del sexo contrario.

En el mismo capitulo del libro, yo sabia que seguia hablando sobre el incesto, pero mi madre, al llegar a ese punto habia dejado de leer, por lo menos en voz alta, ya que como yo me habia quedado como alelado, pues no habia apreciado el tiempo que habia trascurrido.

Pero de alguna manera, lo que habia leido tambien afectó a mi madre, su voz ya no era tan distendida como antes y su cara se habia puesto seria.

Estaba claro que el contexto habia cambiado, desde luego para mi totalmente, mi intención inicial de aclarar dudas, habia dejado paso a una nueva perspectiva, la de sacar el mayor provecho posible de la situación.

Las preguntas ahora las haria con una doble intención, por una parte la de aclaración y por otra la de ver la reacción de mi madre, el morbo se habia convertido en mi principal objetivo.

Mi madre, con ese sexto sentido de las madres, intuyó que algo habia cambiado y tambien de forma automatica se puso en guardia.

Cerrando el libro, dijo que nos estabamos saliendo del tema, instandome a que comenzara a plantearle mis dudas.

Yo como si no hubiera pasado nada, seguí con el tema de mis experiencias sexuales… la dije que me masturbaba….

Mi madre, tratando de adoptar una actitud de normalidad, me preguntó que si lo hacia muy a menudo.

La contesté que si, que con bastante frecuencia.

Estaba claro que el tema habia despertado su interes, me miraba con cara de comprensión y siguiendo con el tema, me preguntó con que me excitaba para masturbarme.

La contesté que con revistas, con paginas de Internet que tratan temas de sexo y con mi profesora de lengua, que era mi fantasia sexual preferida.

Como yo soy mas alto que ella, la observaba con ventaja, ya que ella tenia que levantar un poco su cabeza cuando queria mirarme directamente, mientras que yo la podia observar desde mi posición normal.

Me dí cuenta que en varias ocasiones habia dirigido su mirada hacia mi entrepierna, donde seguian apoyada mis dos manos, tratando de ocultar el bulto que cada vez era mayor.

Ella para dirigirse a mi de nuevo levanto su cabeza, momento que yo aproveché para colocarme el pene, que al ponerse duro se habia quedado atravesado, poniendolo en posición normal, esto hizo que el bulto se hiciera mas evidente, puesto que mi pene casi se salia por la parte superior de mi pijama, dado el tamaño y grosor que estaba adquiriendo.

Mi primera reacción fue de nerviosismo, puesto que habia empeorado la situación, pero de pronto, de forma instintiva movi mis manos y dejé de tratar de ocultar lo que ya no tenia remedio.

Mi madre, ajena a todo esto, me dijo en tono preocupado, que mi profesora de lengua era una mujer casada y muy mayor para mi (La conocia muy bien, ya que vivia en nuestra misma calle), que podia ser mi madre….

De pronto se quedó callada, su cara se puso roja, desvio su vista de mi cara y supongo que sin pretenderlo, la posó sobre mi “paquete”, todo ocurrio en un instante…

En su cabeza supongo que se estaban agolpando las ideas, … me gustaban las mujeres mayores….. lo del complejo de Edipo y mi mas que evidente excitación…

Sin decir nada, se levantó, salió del salón y se dirigió a la cocina, donde vi como se tomaba un baso de agua, supongo que para tranquilizarse y ordenar sus ideas.

Yo aproveché para levantarme y colocarme bien mi pene, que de momento habia perdido su dureza y se habia quedado morcillon.

Cuando regresó, yo estaba sentado mirando distraidamente la televisión, como si no hubiera pasado nada.

Ella se sentó, mirandome con una sonrisa un tanto forzada y me dijo, tambien tratando de aparentar serenidad, que a mi edad todo lo que le habia contado era normal, miró hacia mi entrepierna y se percató de que esta parte tambien se habia tranquilizado, aunque seguia habiendo un perceptible bulto.

A mi cada vez me estaba gustando mas la situación, asi es que decidí echarle un poco mas de leña al fuego…, como sin darle ninguna importancia, mirandola a la cara y poniendo cara de niño bueno, la dije que tenia un problema con lo de la masturbación, pero que me daba mucho corte explicarselo.

Mi madre me dijo que habiamos quedado en que la iba a contar todos mis problemas, asi es que por ella que no me preocupara, fuera lo que fuera, que no me diera vergüenza.

Yo ya, dominando la situación, la dije como en voz baja, que no sabia si tenia fimosis y que mi pene tenia una especie de pliegue en la parte baja del glande que tampoco sabia si era normal.

Mi madre se removió como inquieta y su vista se fue directamente a mi paquete, que de nuevo habia comenzado a crecer, se dio cuenta y desvio la mirada hacia otro sitio, sin saber muy bien donde mirar.

Finalmente, me dijo que si no lo habia comparado con las fotos del libro.

Cogí el libro y lo abrí por el capitulo en el que describian el pene, todo estaba clarisimo y ademas los dibujos eran muy explicitos.

Yo la señale en uno de los dibujo a lo que me referia y ella me dijo que eso era el frenillo y que como podia ver por el dibujo era normal.

Yo que lo que queria era meterle morbo al asunto, la contesté que a mi no me salia el glande como en el dibujo y que me dolia mucho cuando intentaba forzarlo.

Ella me dijo que eso si que podia ser fimosis, que tendriamos que ir al medico para que me lo viera.

Yo en ese momento, decidí dar un paso mas y sin ningún rodeo, la dije que ya que estabamos, porque no me lo miraba ella, que me daba mucho corte tener que enseñarle mi pene a un medico.

Mi madre se echó hacia atrás en el sofá, como sopesando mis palabras y tardó bastante en contestarme.

Finalmente me dijo que preferia que me lo viera un profesional, ya que ella no tenia experiencia y podia equivocarse en el diagnostico, tratando de salirse por la tangente.

Yo insistí, pidiendoselo por favor y diciendola para tratar de convencerla, que al fin y al cabo estabamos hablando de un problema fisico y que ademas estaba seguro que si se tratara de cualquier otra parte de mi cuerpo no tendria ningún inconveniente.

Ella trató de explicarme que no era porque fuera esa parte del cuerpo en especial, sino porque consideraba que no tenia suficientes conocimientos al respecto.

Yo, tratando de forzar el tema, la coaccioné diciendola que lo que pasaba era que le daba corte verme el pene y que no podia entender su actitud, ya que ella era la que habia insistido para que la expusiera mi problema…

Ella visiblemente nerviosa y con su cara como un tomate, me dijo que estaba bien, que se lo enseñará, pero que no podia prometerme nada al respecto.

Yo sin mas preámbulos, me puse de pie delante de mi madre y me bajé a la vez el pijama y los calzoncillos. Mi pene que en ese momento estaba totalmente tieso, saltó como un resorte y quedó apuntando al techo, a la altura de la cara de mi madre.

La cara de mi madre era un poema, sus ojos abiertos como platos, su boca tambien abierta y su cara totalmente roja, incapaz de reaccionar….

Yo para tratar de relajar la tensa situación, la dije, que con la conversación me habia excitado un poco, pero que eso era bueno, porque asi podria apreciar mejor mi problema.

Ella balbuceando sus palabras me dijo que se habia quedado sorprendida, tanto por mi estado de excitación, como por el tamaño del pene, ya que creia que a mi edad, seria bastante mas pequeño.

Yo para seguir relajando la situación, la pregunté como estaba de tamaño, comparandolo con el de mi padre.

Ella ya asumida la situación, me contestó que poco mas o menos, pero que dada mi edad, me tendria que crecer algo mas, con lo que seguro que lo llegaria a tener mas grande que el de mi padre (Lo dijo como con cierto orgullo, por ser ella mi madre)

Yo la dije que observara mi problema, para lo cual traté de sacar el glande del prepucio, sin ningún interes en forzarle, quedandolo solo asomando un poco, sin que se viera el frenillo.

Ella, ya poniendo todo su interes, me dijo que lo forzará un poco mas, pero sin hacerme daño.

Yo la dije que porque no lo intentaba ella, esperando una negativa airada por su parte, pero lo tenia que intentar.

Mi sorpresa fue cuando mi madre, ya totalmente metida en su personaje de experta, tomo mi pene con su mano derecha y comenzó a tratar de sacarme el glande, mas suavemente incluso que yo lo habia echo, supongo que por miedo a hacerme daño.

Como no salia, subio la piel hacia arriba y volvio a bajarla un poco mas y siguió con este movimiento, subiendo y bajando la piel de mi pene, lentamente…. en realidad, supongo que inconscientemente, por lo menos al principio, me la estaba meneando y yo estaba empezando a disfrutar con este inesperado meneo.

En cada movimiento hacia abajo, mi glande aparecia cada vez mas, totalmente brillante e incluso ya comenzaba a verse tambien el frenillo, de pronto mi madre, animada por el éxito y deseando conseguir su objetivo, me dijo que no salia mas porque estaba seco y que habia que lubricarlo.

Se mojo un dedo de su mano izquierda con saliva mientras que con la otra mano seguia meneandomela lentamente, con el dedo de su mano izquierda esparcia saliva en la punta de mi prepucio, asi una y otra vez, poniendo todo su empeño, pero con mucho cuidado de no hacerme daño.

Mi madre estaba excitada con la idea de que iba a conseguir resolver un importante problema a su querido hijo y ya no reparaba en medios para conseguir lo que se habia propuesto, pero tambien se estaba excitando sexualmente, inconscientemente al principio, pero a partir de un determinado momento el instinto sexual comenzó a actuar y mi madre empezó a darse cuenta de la situación.

Su ojos no se separaban de mi polla, que estaba apunto de reventar y cada vez la costaba mas trabajo mojarse el dedo, puesto que su boca se le secaba….constantemente humedecia sus labios con la lengua y su respiración se entrecortaba….

Yo que ya estaba haciendo verdaderos esfuerzos para no correrme, la dije como para tratar de ayudarla en su empeño, que porque no me lo mojaba directamente con su lengua.

Mi madre sin decir ni una palabra al respecto, acercó su boca a mi polla y comenzó a ensalivarmela con la lengua….

Aquello fue demasiado… sentí la inminencia de mi eyaculación y sin pensarmelo dos veces, sujeté con mis dos manos la cabeza de mi madre y suavemente introduje mi polla en su boca, comenzando inmediatamente a correrme dentro de ella.

Mi madre, consciente de lo que estaba sucediendo y ya totalmente dominada por su instinto sexual, me comia literalmente la polla, tragandose todo el semen que podia, mientras seguia meneandomela, ahora ya sin contemplaciones.

Ella, que tambien debia estar teniendo un tremendo orgasmo, chupaba y meneaba mi polla desesperadamente, me acariciaba los huevos, apretaba mis nalgas…. Yo seguia corriendome, no se cuantos chorros lance dentro de su boca….

Finalmente solté su cabeza. Ella ya sin ningún reparo, siguió chupando y lamiendo mi polla un rato mas, hasta que por fin, tambien comenzó a relajarse. Sacó mi polla de su boca y me miró con las facciones desencajadas, mientras el semen que no habia podido tragar, la escurria por la comisura de los labios.

Se dejó caer hacia atrás, con la mirada nublada, la boca abierta, jadeando…., sus pechos subian y bajaban al ritmo de su agitada respiración…., supongo que apurando los ultimos estertores de su orgasmo.

Yo me habia quedado alli, de pie, con mi polla colgando y sin saber que hacer, era la primera vez que me la chupaban y habia sido mi madre…..

En aquel momento mi mayor deseo hubiera sido tirarme encima de ella, abrazarla, besarla, comerme sus pechos…. esos pechos, que con los pezones totalmente marcados, se movian al ritmo de su agitada respiración…

Pero la prudencia se impuso, me subi el pijama y los calzoncillos, me incline y la dí un beso en su mejilla, como todas las noches, me acerque a su oreja y le dije: – Buenas noches y gracias por todo mama, que descanses y hasta mañana.

Ella sujetó mi cabeza con sus dos manos, mientras me besaba repetidamente y con su voz entrecortada me susurro al oido: – hasta mañana cariño….

Me metí en la cama, con la cabeza hecha un lio, al momento, sentí como mi madre entraba en el servicio y se daba una ducha, supongo que para relajarse.

A la mañana siguiente, cuando me levanté mi madre ya esta en la cocina, asi es que después de ducharme, fui a desayunar.

Como todas las mañanas, me acerque a mi madre y la dí un beso, diciendola: -Buenos dias mama.

Ella siempre aprovechaba ese primer beso de la mañana, para darme un fuerte abrazo y comerme a besos y esta vez tambien lo hizo, lo que pasa es que para mi y supongo que tambien para ella, aunque tratabamos de actuar con toda normalidad, todo era distinto.

Cuando me abrazó y comenzó a besarme en la cara, yo por primera vez sentí sus pechos presionando sobre mi pecho (Ella seguia en pijama y sin sujetador) y al corresponder a su abrazo, mis manos presionaron en su espalda, para conseguir un mayor contacto con sus pechos.

Otras veces yo trataba de zafarme de sus abrazos, diciendola que me dejara en paz y que no fuera tan pesada, pero en esta ocasión, no solo no hice tal cosa, sino que traté de prolongar el abrazo y ademas comence a besarla tambien en la cara y en el cuello, haciendo como que me la comia.

Ella finalmente y con mucha habilidad, se separó y me sirvió el desayuno.

Mientras desayunaba, se sentó a mi lado y con una expresión de complicidad en su cara, me dijo: – Supongo que el problema que me planteaste ayer debió quedar resuelto ¿No?

Yo sin mirarla a la cara, simulando una vergüenza que desde luego no estaba sintiendo la contesté: – Si mama, totalmente resuelto y ademas no se como expresarte mi agradecimiento, por tu inestimable ayuda.

Ella me contestó que todo se habia producido de una forma natural y que desde luego de esa forma nos habiamos ahorrado una, para mi violenta visita al medico.

Siguió argumentando que en realidad no habiamos hecho nada malo, pero que no obstante, tal y como habiamos acordado, todo lo ocurrido tenia que ser nuestro secreto.

Yo le conteste que por supuesto que todo lo que habia ocurrido seria nuestro secreto y añadí que igual que todo lo que trataramos sobre el mismo tema en adelante, puesto que por mi parte tenia la intención de seguir planteandola mis dudas y mis problemas sobre el sexo, tal y como habiamos acordado.

Ella me dijo que se alegraba de que no le diera mayor importancia a lo que habia sucedido y de que siguiera teniendo la misma confianza con ella, para seguirle planteando mis dudas y problemas sobre el tema.

Asi quedó la cosa, yo me marché al colegio, como un hombre nuevo, me sentia seguro, parecia como si mi timidez hubiera desaparecido, estaba claro que lo sucedido con mi madre estaba afectando positivamente a mi personalidad.

El dia trancurrio con normalidad, yo habia estado dandole vueltas todo el dia a lo sucedido la noche anterior y no me lo acababa de creer, mi madre me habia masturbado, me la habia chupado, me habia corrido en su boca y por los síntomas y lo que habia leido en el libro, ella habia tenido tambien un orgasmo…

Y lo mejor de todo es que aparentaba no darle ninguna importancia, con lo que implícitamente me estaba animando a seguir por ese camino, como si fuera algo normal.

Pensé que habiamos iniciado un juego, con unas reglas tacitas, que no debiamos romper, yo en mi papel de hijo ingenuo y apocado, con mis problemas e ignorancia sobre el sexo y ella como madre experta y dispuesta a resolver todos mis problemas con metodos expeditivos.

Ella evidentemente no iba a tomar ninguna iniciativa, por lo menos de momento, era yo el que tenia que seguir avanzando, pero sin pasarme, para que ella pudiera seguirme el juego con cierta comodidad, sin hacerla sentirse violenta.

Yo tenia claro que una vez puestos y sucedido lo sucedido, lo queria todo, queria sus pechos, acariciarlos, sobarselos, comermelos…. Queria su coño, tocarselo, comermelo, como habia visto en las revistas y sobre todo meterme dentro de el… follar con mi madre… hacerlo todo con ella y ademas queria hacer todo esto con su consentimiento y colaboración.

Lo que no tenia claro era como ni por donde empezar, pensé que después de chuparmela, el conseguir sus pechos no debia ser difícil, asi que opté por empezar por ellos.

Por la noche, después de cenar, cuando nos sentamos en el salon, los dos sabiamos que teniamos una conversación pendiente, asi es que, supongo que para animarme, fue mi madre la que dirigiendose a mi en tono como de broma, me dijo: – Bueno, si quieres podemos seguir por donde lo dejamos ayer, porque supongo que tendrá mas dudas y problemas que plantearme.

Yo la contesté con total descaro, que dada la forma en que habia solucionado el primer problema que la habia planteado, estaba loco por plantearle el resto de mis problemas.

Ella se sonrojo y se puso un poco nerviosa, creí que me habia pasado, pero mirandome directamente a la cara, para demostrarme su determinación, me dijo: – Pues bien cuando quieras me puedes plantear el siguiente problema.

Ella habia dicho “problema”, no “pregunta”, con lo que de alguna manera me estaba facilitando o induciendo a que la plantease casos practicos, mas que preguntas teoricas, asi es que sin pensarmelo mucho la dije que aunque lo habia leido en el libro y visto en las revistas, no acababa de comprender para que servian los pechos de las mujeres en las relaciones sexuales, puesto que no les veia ningún tipo de función clara.

Ella me dijo que ejercian un gran atractivo para los hombres, que su función era puramente sicologica y que ademas estaba claro que sus pechos ejercian una gran influencia en mi, puesto que se habia dado cuenta de la forma que se los miraba.

Yo la dije que efectivamente sus pechos me gustaban mucho…., que si me dejaria tocarlos para comprobar lo que se siente.

Ella me dijo que no tenia nada de malo, que se los tocara, que lo podia hacer para comprobar lo que me habia dicho.

Como estabamos sentados el uno al lado del otro, me volvi hacia ella y deslice mi mano derecha por debajo de su camiseta hasta alcanzar uno de sus pechos, lo empece a acariciar… su pezon estaba erecto… se lo pellizque con delicadeza….

Ella comenzó a subirse la camiseta, yo pense que era para facilitarme el acceso, pero continuó subiendosela hasta que se la sacó por la cabeza, echandola aun lado.

Sus dos pechos quedaron asi a mi entera disposición… lance mi otra mano y comence a sobarle los dos pechos a la vez, mi madre se habia recostado un poco para facilitarme mi labor…

De pronto me dijo que parara un momento, yo me quedé quieto, con mis dos manos en sus pechos, ella me las separó y me dijo: – Bueno veamos el efecto que han tenido mis pechos en ti….

Dirigió su mirada hacia el enorme bulto que tenia entre mis piernas y dijo con cierta ironia: – Como puedes observar, parece que el efecto es evidente, supongo que ya lo tienes bastante claro.

Yo la conteste que efectivamente, tenia toda la razon, como siempre, pero que ya que estabamos en esta situación, porque no me dejaba seguir para desahogarme, como tan amablemente habia hecho el dia anterior.

Ella me contestó que la parecia bien, pero que a ella como era facil suponer, tambien le afectaban las caricias, que yo tenia que comprender que esto era normal y no interpretarlo de ninguna otra manera.

Yo la contesté que lo tenia claro y que lo logico es que los dos nos excitasemos y nos desahogasemos como habiamos hecho el dia anterior.

Ella como dandome su autorización, se recostó hacia atrás, ofreciendome los pechos en todo su esplendor.

La pregunté si podia chuparselos tambien, a lo que me contestó, que los pechos estaban a mi disposición para hacer con ellos lo que mas me gustara, que lo que queria era que disfrutara al maximo, ya que ella iba a hacer lo mismo.

Como un poseso, me lance a por su pechos y comence a comermelos literalmente… los chupaba, los mordia, los acariciaba….

De vez en cuando sacaba mis fauces de sus pechos y sin dejar de manosearselos, la miraba a la cara, ella tenia los ojos entornados y jadeaba suavemente, cuando volvia a meter mi cabeza entre sus pechos, ella me acariciaba el pelo…

Después de un largo rato de comerme sus pechos, me di cuenta que me gustaba mirar su cara, mientras se los acariciaba, con sus ojos entornados, sus labios entreabiertos y su respiración entrecortada….

De pronto, sentí que me iba a correr inminentemente, asi es que sin ningún tipo de preámbulo, mientras apretaba sus dos pechos con ambas manos, me lance hacia su entreabierta boca y comence a besarla apasiandamente, metiendola mi lengua hasta dentro, ella recibio mi lengua con la suya, mientras que con una de sus manos apretaba mi cabeza, para que no pudiera separarme.

Yo instintivamente, saque mi mano izquierda de su pecho y busque su mano libre, se la cogí y la metí dentro de mis calzoncillos, inmediatamente noté como apretaba con ella mi polla y en ese mismo momento comence a correrme….. su mano se movia, tratando de menearmela y llenandose de mi semen…

Sentí como su cuerpo se tensaba… deje por un momento libre su boca y comence a comerme su cuello, mentras ella comenzaba a gemir e incluso a soltar algun que otro grito de placer, una vez mas, los dos nos estabamos corriendo a la vez.

Ella habia sacado mi polla fuera y seguia apretandola y meneandola, mientras seguia soltando borbotones de semen, de pronto me apartó un poco, con ternura, pero con decisión, yo me eche hacia atrás, sin saber muy bien lo que pasaba… ella echo su cabeza hacia delante y se metio mi babeante polla en su boca, comenzando a chuparmela, con verdadera pasión…

Después de un buen rato de chuparme la polla, hasta que me la quedó totalmente limpia, se echo hacia atrás en el sofá y los dos nos quedamos como muertos, su cara tenia una expresión de relajación y de satisfacción, se la veia preciosa, el amor que sentia por mi madre, habia subido de grado, me dí cuenta que me habia enamorado de ella… la amaba, la queria, la deseaba, la necesitaba, no queria seguir jugando, queria que ella supiera cuales eran mis sentimientos…

Pero tenia miedo a estropearlo todo, asi es que ya que los dos aceptabamos las reglas del juego y lo estabamos jugando sin ningún tipo de trabas, decidí seguir por ese camino, para conseguir mis objetivos, pero tenia que ser ya, no queria esperar mas, mi madre tenia que ser mia cuanto antes, queria estar dentro de ella, tenia que follarmela….

Asi es que sin darle tiempo a reaccionar, la pregunté que si se lo habia pasado bien, ella, todavía con la voz entrecortada, me respondió: – Maravillosamente ¿Y tu?

Yo la respondí que en mi caso era evidente, como habria podido comprobar por la cantidad de semen que habia expulsado y añadí, que en su caso no era tan evidente.

Ella en un gesto de sinceridad total, dado el contexto en el que estabamos, me dijo que si hubiera tocado su sexo como ella habia hecho con el mio, que tambien lo habria notado, ya que aunque las mujeres no eyaculan como los hombres, su sexo se lubrica con un liquido similar, llegando según la fuerza del orgasmo a salir de la vagina y mojar las bragas.

Inmediatamente la contesté, que me encantaria poder comprobar lo que me estaba diciendo, si la parecia bien.

Ella me dijo que si y se reclinó un poco mas en el sofa, para facilitarme el acceso.

No me lo podia creer, iba a tocarle el coño a mi madre…

Con decisión, introduje mi mano derecha por dentro de sus bragas… lo primero que toque fueron los pelos de su pubis, segui avanzando hacia dentro hasta llegar a su coño, apreté un poco con el dorso de mi mano en sus bragas para separarlas y con la punta de los dedos, comence a acariciarla…. Efectivamente todo estaba humedo… mis dedos entraban y salian en aquel maravilloso sitio…

Mi polla se habia puesto de nuevo a cien por hora…. Miré la cara de mi madre y su expresión era maravillosa, evidentemente la estaban gustando mis caricias.

Con voz temblorosa, me dijo, que como podia ver, estaba bastante mojada, porque habia tenido un maravilloso orgasmo y a continuación me pregunto si me gustaba lo que estaba haciendo.

Yo la contesté que me encantaba, que si no la importaba que siguiera acariciandola un poco mas.

Me dijo que por ella no habia ningun inconveniente, pero que si seguia, la iba a producir otro orgasmo, ya que estaba acariciando la parte mas sensible de una mujer.

La contesté que a mi tambien me gustaba mucho y que seguro que volveria a correrme de nuevo.

Ella me dijo, que ya que habiamos empezado este nuevo capitulo de nuestras clases de sexo, que deberiamos hacerlo bien, para que ambos lo disfrutaramos al maximo y me sirviera de experiencia….. para ello, era necesario que ella se quitase las bragas, por lo que, dado que no queria que mancharamos el sofá, lo mejor seria que nos fueramos a su dormitorio…

Yo no me lo podia creer, lo bien que me estaba saliendo todo… cada vez tenia mas claro que mi madre estaba dispuesta a colaborar en todo cuanto la planteara y llegue a la conclusión de que posiblemente tuviera los mismos objetivos y la misma estrategia que yo.

La contesté que me parecia muy bien y que ademas en la cama siempre estariamos mas comodos, para cualquier otra duda que se me pudiera plantear.

Ella me dirigió una mirada de complicidad, con una sonrisa, que a mi se me antojó de total entrega.

Nos levantamos y nos dirigimos a la habitación ella desnuda de medio cuerpo, con sus preciosos pechos al aire y yo de tan solo pensar en lo que se me venia encima, totalmente empalmado, sin preocuparme por ello y sin tratar de disimularlo.

Cuando llegamos a su dormitoria, ella retiró la colcha, poniendola encima de un sillon y sin mas preámbulos, se despojó de su calzona y de sus bragas, quedandose totalmente desnuda delante de mi.

Viendo mi cara, que debia ser un poema, me dijo, que si antes de nada, no me gustaria abrazarla desnuda, para añadir esa experiencia a mi repertorio sexual.

Entre incredulo y atontado, me dirigí hacia ella, para abrazarla, pero cuando lo iba a hacer, me dijo que seria mucho mejor si yo tambien estaba desnudo.

Como un automata, sin darme apenas cuenta de lo que estaba haciendo, me despoje de tota mi ropa y me quedé totalmente en cuero, en ese momento me percaté de que mi polla apuntaba directamente al techo.

Mi madre que se habia dado cuenta de mi situación, se acerco a mi y me abrazó, quedando mi polla pegada a su vientre, dado que soy mas alto que ella.

La rodee con mis brazos y ambos comenzamos a acariciarnos, yo la besaba en el cuello y ella a mi en el pecho, asi estuvimos un buen rato, hasta que de pronto ambos nos miramos fijamente a los ojos y nos fundimos en un apasionado beso en la boca.

En un momento que aflojamos nuestros labios y nuestros cuerpos, mi madre se giró en redondo, ofreciendome su espalda, mi polla quedó apollada en la parte superior de su trasero y mis manos se fueron directas a sus pechos, tenia el espejo de la coqueta delante y en el pude ver reflejada nuestra imagen.

Mi madre tenia una cara de placer, con sus labios entreabiertos y sus ojos entornados, mientras yo acariciaba sus pechos, de pronto me dí cuenta que en esa posición, podia acceder fácilmente a su sexo, asi es que dirigi mi mano derecha a el, consiguiendo mi objetivo con gran facilidad.

Con mi dedo corazón comence a acariciar lo que supuse era su clítoris y dado los gemidos que comenzó a emitir mi madre, estaba claro que habia acertado.

Metia y sacaba mi dedo en su lubricado coño, acariciando y frotando por todas partes.

Mi madre me confirmó entre jadeos, que eso era el clítoris, que se lo siguiera acariciando, puesto que ese es el sitio mas sensible de las mujeres.

Yo por mi parte, me habia agachado un poco y habia conseguido meter mi polla entre media de sus muslos, con lo que la veia asomar por delante, en el espejo.

Mi madre entre gemidos me preguntaba si me gustaba yo la decia que si, que era maravilloso.

Ella se inclinó hacia delante, apollandose en la coqueta, mis manos quedarón apolladas en sus caderas, no sabia muy bien que es lo que esperaba que hiciera, pero instintivamente me separé un poco, y mi polla se colocó automáticamente en la entrada de su coño, me agaché un poco mas para conseguir el angulo adecuado y sin apenas darme cuenta, mi polla comenzó adeslizarse dentro de su lubricado coño.

Ella para facilitarme la labor estiró su cuerpo y apretó su culo hacia atrás, con lo que mi polla se introdujo hasta dentro… mis testículos quedaron pegados a su trasero.

Mi madre pegó un grito de placer y yo, sin dar credito a lo que estaba sucediendo, comence a correrme dentro de aquel maravilloso agujero… apretaba con fuerza sus caderas, intentando traspasarla con mi polla…

Pasados los primeros segundos de desconcierto, instintivamente, comence a moverme dentro de ella, al principio despacio, acompasando el ritmo a los latidos de mi polla, que seguia bombeando semen, después mas deprisa, como si quisiera que no se acabara nunca.

Pendiente de mi mismo, hasta ese momento no me habia percatado de que mi madre estaba gimiendo y dando verdaderos gritos de placer, mientras tenia un maravilloso orgasmo, sentí como su coño se contraia y literalmente succionaba mi polla una y otra vez, yo me habia vuelto como loco, seguia metiendo y sacando mi polla en un coño cada vez mas dilatado y chorreante.

Finalmente los dos nos quedamos parados, nos separamos y casi al unisono, nos desplomamos sobre la cama, totalmente exhaustos.

Mi madre me habia ofrecido una nueva clase de sexo y la habiamos culminado con sobresaliente.

En realidad los dos dias que duraron las clases de sexo con mi madre, equivalieron a un master y desde entonces mi vida cambio radicalmente.

Abusando de una mujer preocupada por su hijo

Lunes, enero 8th, 2007

Lo que voy a relatarles a continuación es una experiencia 100% real que me ocurrió el pasado verano del 2003. Me había desplazado de vacaciones a la bellísima ciudad de Málaga para olvidarme del estrés de Madrid, y disfrutar de la playa. A la vez que aprovechaba para visitar a mis tíos. Me alojaron como es costumbre en su casa. Los dos primeros días fueron de lo más tranquilos, alegría por ver a mis tíos. Jornadas intensivas de playa y un poco de pachangueo por las tardes.

Discúlpenme cachondos lectores pues olvidaba presentarme. Digamos que me llamo Manuel (es mi auténtico nombre, aunque muchas veces he leído en este tipo de confesiones que la gente se cambia el nombre), tengo 31 años, practico varios deportes y para ser fiel a la historia me veo obligado a ser presumido admitiendo que físicamente estoy bastante bien. Una vez presentado prosigo con mi experiencia que deje en la mañana del tercer día de vacaciones. Preparé como de costumbre lo necesario para pasar una buena jornada de playa. En el portal del edificio coincidí con una señora cuarentona con su hijo adolescente, equipados también con aperos playeros. Tuve suerte consiguiendo aparcar en sombra, y más aún hallando un lugar espacioso libre en la arena de la abarrotada playa.

Apenas había tenido tiempo de instalarme cómodamente y darme mi primer chapuzón cuando de regreso a mi sombrilla veo que la mamá y el chico que apenas hacía una hora había saludado estaban poniendo sus esterillas junto a la mía. En cierta forma no era casual pues era como dije antes el único sitio vacío que quedaba a esas horas. La mujer me reconoció también y me ofrecí galantemente para montar su sombrilla. Rápidamente el chico marchó a nadar, quedando yo conversando con Pilar, pues este era su nombre (este si lo he cambiado pues no me veo en el derecho de jugar con la intimidad de otras personas). Me contó que era viuda desde hacía 3 años, que vivían en San Sebastián y que era el primer año que veraneaban en Málaga. Por su conversación supe que me encontraba ante una mujer correcta, agradable y un poco chapada a la antigua. Cosa que me confirmó cuando se decidió a quitarse su camisa mostrando un traje de baño bastante anticuado y recatado. A pesar de lo cual no pudo evitar que se adivinase un cuerpo con unas formas generosas bajo la tela. Enseguida intuí los enormes pechos y el rotundo culo de Pilar. Pero por sus modos la valoré de una forma fría y no me despertó el morbo. Por ello no miento si digo que realmente fue la cortesía lo que me llevó a ofrecerles mi coche para regresar a la casa. Incluso la convencí para llevarla por la mañana al día siguiente, no sin reticencias por su parte. Al día siguiente tal como habíamos convenido llegamos todos juntos a la playa. Yo había notado que el hijo de Pilar era un poco introvertido, incluso a veces tenía la sensación de que me observaba mientras tomaba el sol. “Este niño me tiene realmente preocupada” me confesó una de las veces Pilar, aprovechando que Luisito se hallaba en el agua. “¿Por qué dice eso, Pilar? “Le pregunté. Entonces me confesó que llevaba tiempo observando a su hijo comportarse extraño, vamos que tenía la terrible sospecha de que Luisito podía sentirse atraído por los hombres. Por supuesto que mi primera intención era la de haberle dicho que no se preocupará por ello que la sexualidad de Luisito podía ser igualmente satisfactoria siendo gay o siendo hetero, que formaba parte de su libertad. Pero como ya tenía calada la manera de pensar de Pilar me contuve y me limité a consolarla diciendo que no lo sabía seguro, que quizás se equivocaba. Además mi sexto sentido me decía que siendo astuto podría conseguir algo de la preocupación de aquella mamá. Me basto un chapuzón a solas para tramar mi plan. Me volví a sentar a su lado y comencé a trazar mi red.

“¿Sabe, Pilar? creo que antes de tomar alguna medida, necesitaría cerciorarse sobre si realmente esas son las inclinaciones de su hijo “ – le comenté. Ella estuvo completamente de acuerdo con esta apreciación mía, pero se lamentaba de que no se le ocurría ninguna forma de averiguarlo. “A mi sí” – le dije. Ella me miró expectante. Le comenté que era un plan algo descabellado que se me había ocurrido, que mejor lo olvidase. Tras mucho insistirme le hice ver que lo mejor era observar la reacción de Luisito al ponerlo en contacto con la belleza de una mujer. Si la naturaleza cumplía su función debería excitarse. Tan sólo necesitábamos una voluntaria que intentase provocar los instintos del chico. “Y, ¿cómo vamos a encontrar a una chica que se preste a nuestro plan?, eso es casi imposible”- se lamentaba. “No si la voluntaria es usted misma. Tan sólo tiene que mostrarse un poco más sexy de lo normal. Enseguida veremos la reacción de su hijo”.

Después de muchos razonamientos conseguí convencer a Pilar para ir a comprar esa misma tarde un bikini algo más sugerente para ella. Que no sintiese vergüenza pues al día siguiente escogeríamos una cala alejada de curiosos para llevar a cabo nuestro experimento. Sólo estaría ella y su hijo, y por supuesto yo también pero simplemente como un amigo dispuesto a ayudarla con sus preocupaciones. Tal como habíamos quedado a la tarde la llevé a una tienda de trajes de baño. Le gustó un conjunto bastante clásico, pero enseguida le hice ver que era necesario elegir algo bastante más insinuante, que por el bien de su hijo dejara por una vez de lado su recato. Tras muchas pruebas elegimos un bikini amarillo con poquita tela. Aunque lo cierto es que en la tienda los había mucho más subiditos de tono. Pero no quise forzarla más por miedo a que se echase para atrás. Me daba por contento con haberla podido ver en el mostrador luciendo un cuerpo mucho más jamón de lo que había podido imaginar hasta entonces, además aún le guardaba otra jugada que ella ignoraba. Pues justo después de dejarla en su casa me regresé a la tienda y descambié el modelo por el mismo pero con dos tallas menos. Ahora sí que le quedaría como el más atrevido de todos y ella no sospecharía de mi celada. A la mañana siguiente le dijimos a Luisito, ya en el coche, que pensábamos ir un poco más lejos para probar aguas más limpias lejos de la ciudad. Llegamos a una cala preciosa y solitaria. El niño y yo llevábamos ya puestas nuestros bermudas, así que saqué la bolsa con su bikini del maletero y le dije a Pilar que podía cambiarse en el auto mientras nosotros íbamos instalándonos en la orilla. Como a los 15 minutos llegó Pilar con una camiseta holgada y una toalla alrededor de su cintura. “la verdad no sé como pudimos escoger este bikini ayer me sienta realmente pequeño”, yo puse cara de circunstancias y le dije que no empezase de nuevo, que era la oportunidad de apartar las dudas que la embargaban, y que se quitase la camisa y la toalla.

“Pero es que me da muchísima vergüenza“ – se excusaba. “Si ya te vi ayer con él puesto “.

Éste era un argumento que traía preparado. Dado que pensó que era cierto y además que no disponía de otra cosa para ponerse, termino quitándose la camiseta.

¡Dios mío ¡aquellos pequeños triangulitos de tela apenas le tapaban los pezones, y aún así parte de sus aureolas quedaban al descubierto cuando se movía.

“Vamos, Pilar, ahora la toalla, no sea tan tímida, ¿no ve que estamos solos en la playa? “. Aquella parte sin ser un tanga acababa forzosamente incrustándose entre sus nalgas, haciendo el mismo efecto. Mientras que por delante guedejas de su enorme coño quedaban expuestas a la vista. Yo fingí una naturalidad e indiferencia falsa, pues lo cierto es que había conseguido una erección espantosa que a duras penas lograba disimular con mis amplias bermudas. Le hice notar la debilidad de la piel expuesta por primera vez al sol, para lo que me apresure a prestarle mi crema protectora de alta graduación. Tras aplicársela ella misma por delante le advertí que su espalda también lo necesitaba. Se puso bocabajo y yo por primera vez toque las formas generosas de aquel cuerpo. Conforme iba masajeando su cuerpo pude notar la incomodidad de Pilar y cuando le tocó el turno a sus nalgones se puso completamente colorada. Luisito salió del agua y vino a por sus gafas de buceo. Apenas prestó atención a su mamá (creo que el chico era en realidad gay, pues aquella prueba no la hubiese superado ni Santo Tomás), tomó sus gafas y regresó al mar. “¿Lo ve usted, Manuel? Ni siquiera se ha fijado, y lo cierto es que estoy vestida como una auténtica puta!” Yo le dije que quizás necesitase un poco más de estímulo y como el chico estaba cerca de nosotros y podía verla perfectamente, que lo mejor era que me permitiese darle más crema de una forma insinuante. Se volvió a poner de espaldas y esta vez me centré sin reparos en su culazo. Mientras Pilar miraba de soslayo hacía su hijo para ver si reaccionaba ante el sobeo que yo le propinaba. Animado pues parecía que Pilar por fin se había tomada en serio su papel le pedí que contonease un poco el trasero al ritmo de mi masaje. Así lo hizo, ofreciéndome no sólo la visión de sus reales posaderas sino también su suave tacto. Aparte con una mano la tirilla que cubría su ojete y lo comencé a untar con crema, siguiendo un recorrido hasta su vulva que sorprendentemente hallé mojada. “Vaya, Pilarcita, parece que se ha tomado usted su papel en serio” -le dije. Ella no respondió se limito a seguir contoneándose, para entonces había introducido un dedo en su ano. Ella protestó pero se callo cuando le indiqué que mirase con disimulo hacia la playa pues luisito por fin nos observaba excitado por el espectáculo que dábamos. “Creo que es hora de que le demos una lección practica de sexo, ¿no esta de acuerdo conmigo Pilar?” Antes de darle tiempo a reaccionar ya me había quitado mi bermuda y apunte mi polla hacia su coño. La penetre desde atrás, pues seguía bocabajo. No me costó metérsela de un solo envite, pues se hallaba lubricado por la loción solar y por sus propios jugos. La agarré fuerte de las muñecas y comencé un metisaca violento hasta que Doña Pilar empezó a gemir, a balbucear. Tras notar su primer orgasmo saqué mi polla y la encañone esta vez hacia ese culo que me obsesionaba. “No por favor, nunca lo hice antes por detrás”. Con esta confesión lógicamente no solo no me hizo cambiar de intenciones sino que me motivó aun más. Conseguí introducir laboriosamente la cabeza, provocando quejidos de Pilar. Me deje caer y con mi propio peso la polla se hundió imparable hasta tocar con los huevos en la vulva. Pilar dio un grito que debió escucharse en las calas vecinas. A los pocos minutos mi polla entraba y salía de aquel agujero como el pistón de un motor engrasado. Pilar comenzó a gemir de nuevo. “¿Sigue queriendo que saque mi polla de su culo, Doña Pilar?” “No, por favor no pares ahora, es realmente delicioso lo que se siente”. “Esta bien, zorra, seguiré dándote por el culo sólo si te pones a cuatro patas como la perra que eres y me pides que te rompa el culo” -le dije a la vez que me salía de tan delicioso lugar y la dejaba suelta. Pilar con la cara desencajada por el placer se limito a ponerse a cuatro patas.

“Por favor, rómpeme el culo, te lo ruego”. Paremos un momento querido lector para contemplar esta situación absolutamente real que me paso: Una señora respetable de 42 años, a cuatro patas en la arena de una cala suplicándome que le diera caña por el culo, mientras su hijo nos contemplaba atónito a apenas 20 metros de nosotros. Y todo esto lo había conseguido con un poco de astucia y decisión. Paremos en esta bella postal que conservo en mi memoria pues para mí la existencia no son más que estos momentos cumbres de morbo que decoran nuestra monótona vida de cuando en cuando… “Prepárate, zorra” – le dije mientras le daba unos azotes fuertes en el culo antes de volver a penetrarla de un golpe. Continuamos la enculada salvajemente hasta que notando que me iba a correr la tomé por el pelo y la obligué a tragarse toda mi leche. En el camino de regreso tras un silencio de plomo Pilar le inquirió a su hijo “¿Te gustó lo que viste, Luisito?” “…Sí….mucho”.

El rostro de Pilar se desembarazó de una tensión acumulada. Las duchas de la playa pasaban veloces por la ventanilla. El mar comenzaba a teñirse de melancolía tardía. El sol se estaba ahogando. Mire a Pilar sus pechos casi desnudos a dos colores…me sonrió y su sonrisa me pareció otra ola más… y sus dientes quedaron a la misma altura de las espumosas y blancas crestas de las olas que rompían.