Crea tu cuenta gratis y disfruta de una semana de videos de primera calidad en PornHub Premiun

Natalia

Natalia era una bonita chica. A sus 21 años ya había acabado la carrera de enfermería y se había colocado en un hospital cercano a su apartamento.

Con tan solo 18 años decidió marcharse a estudiar fuera de su ciudad y la verdad es que no le había ido nada mal. Compartía piso con dos chicas que estudiaron en su misma universidad, una de ellas biología y la otra derecho.

Su cabello largo y moreno y sus ojos verdes hacían recordar que tenia ascendencia italiana y sus largas y firmes piernas eran un punto fijo de mira para todos los hombres. Tenia un cintura delgada, fruto del ejercicio que hacia cada día desde bien pequeña y sus pechos, todo y no ser muy grandes, eran redondos, duros y estaban en su sitio.

Su nuevo trabajo le apasionaba, cuando estudió la carrera no pensó que a la hora de llevar todo lo aprendido a la practica le fuera a ser tan satisfactorio, el único inconveniente que le veía era que aún no se sentía integrada con sus compañeros ya que apenas hacia una semana que había empezado pero pensó que eso con el tiempo cambiaría y decidió concentrarse en realizar a la perfección ese empleo que tanto le gustaba.
Un viernes a eso de las 3 de la tarde fue llamada al despacho del director del hospital donde acudió con nerviosismo preguntándose si había hecho algo mal.

Al llegar allí se dio cuenta de que todo iba bien, básicamente por la gran sonrisa que le dedicó el Sr. Director mientras la invitaba a tomar asiento.

En la sala había también otro hombre, supuestamente medico ya que llevaba una bata blanca, con quien cruzó una primera mirada.

— Buenas tarde señorita Monrroy, antes de nada, déjeme interesarme por su estancia aquí, esta contenta con el trabajo? Le tratan bien?
— Estoy muy contenta Sr. Director, poco a poco me voy integrando en la plantilla.
— Bien, verás, te he hecho venir para presentarte al doctor Arenas, Alejandro Arenas, a partir de ahora trabajareis juntos en una de las consultas de urgencias nocturnas.

El doctor Arenas tendió su mano hacia Natalia y esta se la estrecho con firmeza puesto que de pequeña le habían explicado que este hecho inspiraba seguridad en uno mismo y denotaba firmeza.

— Encantada- dijo dirigiendo una amplia sonrisa a su nuevo compañero. En ese momento se dio cuenta de lo alto que era. Por debajo de su bata se adivinaba un cuerpo musculoso, sin duda también producto del ejercicio físico. Era moreno pero empezaban a aparecer algunos mechones blancos por las patillas y la perilla. Sus ojos oscuros inspiraban respeto y serenidad ˆ Cuando empieza este nuevo turno?

— Mañana mismo, empiezan a las 8— aclaró el Director del centro— confío en que formarán un gran equipo.

De camino a casa Natalia pensaba en su nuevo compañero. Ese hombre debía tener unos 45 años pero todo y la notable diferencia de edad lo encontraba muy atractivo. Le apetecía trabajar con el y deseaba que llegara el día siguiente pero se prometió a si misma que se fijaría en el únicamente como profesional ya que era de las personas que pensaba que el salir con gente del trabajo era un error, además, muy probablemente estaría casado.

A las 8 de la tarde del día siguiente Natalia estaba puntual como un clavo en el hospital. Puesto que era un servicio de urgencias no tenia que preparar los historiales de los pacientes con antelación y se alegraba de ello puesto que lo detestaba.

Al entrar en su nueva consulta se encontró al Dr. Arenas sentado en su mesa, intentando descifrar unos papeles que el mismo había escrito el día anterior.

— Buenas tardes Doctor- dijo con un tono totalmente inexpresivo.
— Hola señorita Monrroy. Preparada para una larga noche?

Natalia asintió. No podía dejar de mirar esos ojos negros ni esa dentadura blanca que se apreciaba en la sonrisa del medico.

Alejandro también se había dado cuenta de la belleza de su nueva enfermera. Sin poder evitarlo y mientras ella preparaba la sala para empezar a recibir pacientes sus ojos recorrieron sus piernas quedando fijos en su trasero, el cual se movía insinuante con cada paso de la diplomada.

La noche pasó rápida, parecía que a todo el mundo le había dado por enfermar a la vez. Alejandro era más exigente de lo que parecía.
Exigía la máxima perfección en todo hecho que provocó en Natalia una gran inseguridad puesto que hacia tan solo dos semanas que se había integrado en el mundo laboral y aun le quedaban muchas cosas que aprender y muchas técnicas que perfeccionar.
Conforme los días fueron pasando esta inseguridad fue en aumento.

Alejandro no dejaba de regañar a Natalia constantemente ya que no se daba cuenta de su inexperiencia y esta todo y ser bastante eficiente y realizar correctamente su trabajo (al menos para cualquier otro medico) no conseguía actuar de manera que su compañero se sintiera satisfecho.
Fuera del hospital todo era distinto, cuando quedaban todos los de la planta para salir a tomar algo Alejandro era un encanto con Natalia, era el más amable, el mas atento, el más legal, pero ella no podía dejar de verle como su jefe, su superior, y sentía muchísimo respeto hacia él.

Una noche la sala de espera estaba llena, no dejaban de llegar más y más pacientes, muchos de ellos con un mismo mal, al parecer se habían intoxicado por unos huevos en mal estado.

Era verano, hacia muchísimo calor y Alejandro y Natalia no daban abasto para atenderlos a todos, sudaban, corrían, pero no dejaban de llegar.

Por fin se acabaron, y con ellos su turno. Mientras el Doctor apuntaba en la historia del último paciente el proceso seguido Natalia recogía la sala. Se sentía débil, cansada, le dolía la cabeza y solo deseaba meterse en la cama.

— Natalia, está bien? — dijo Alejandro dándose cuenta del estado de su enfermera.

— Estoy un poco mareada, eso es todo, se me pasa en cuanto me de una ducha y me acueste.

Alejandro se levantó e insistió en que Natalia se echara un rato en la camilla, por lo menos hasta que se le pasase el mareo. Cuando tocó su brazo para ayudarle a subir se dio cuenta de que la chica estaba ardiendo.

— Natalia, esta muy caliente, déjeme que le tome la temperatura, sin duda tiene fiebre, y me temo que bastante.

Natalia asintió con la cabeza. Normalmente el trabajo de tomar la temperatura seria el suyo así que supuso que el Dr. Arenas llamaría otra enfermera para que lo hiciera, pero no, quiso hacerlo el.

Mientras Alejandro cogía el termómetro no puedo evitar imaginarse reconociendo a su atractiva enfermera, joven, como una niña para el, y todo y que le pareció una actitud poco profesional no le dio mas importancia.

— Tenga, pongase este camisón, quiero ver a que se debe esa fiebre y ponerle el termómetro.

El doctor dejó sola a Natalia para que se cambiase y cuando tuvo puesto el camisón se dio cuenta de lo poco discreta que era esa prenda, todo abierto por detrás y de que no quería que le viera con ella Alejandro, pero demasiado tarde, en ese momento entro en la sala.

— Tumbese boca abajo Natalia, voy a ponerle el termómetro.

¿Boca abajo? ¿Por qué? Tomar la temperatura analmente solo se hacia en los niños, y ella no era una niña, ¿Porque no podía hacerlo en la axila como a todo el mundo? Natalia se ruborizo pero no quiso desobeceder al doctor y lo hizo.

Alejandro miró ese culo duro, terso y no puedo evitar una tremenda erección, la cual pasó desapercibida para la chica.

— Ahora relájese, ya sabe que solo notara una leve molestia y que en 5 minutitos se lo retiro.

Sin más dilaciones separó las nalgas de la joven y apoyo la punta del termómetro en su orificio anal contrayéndose este nada mas tocarlo.

— Vamos, no me lo ponga difícil mujer, que ya es mayorcita.

Natalia se sonrojó, no podía evitar contraer el ano con el contacto del termómetro.

— Lo siento doctor, no lo hago aposta — dijo con voz tímida.

Alejandro no dijo nada, se dirigió a un armario y cogió un tubo de vaselina.

— Esta bien, voy a relajarle un poco la zona, cuando note el mas mínimo daño avíseme vale?

Volvió a separar las nalgas de la joven y apoyo el tubo de vaselina en la entrada de su culo introduciéndole dentro un buen chorro de lubricante. Natalia dio un respingo y apretó las nalgas pero un azote inesperado del doctor hizo que las relajara. Alejandro puso en su dedo meñique un poco mas de crema y empezó a hacer movimientos circulares en la zona anal de la chica. Natalia se puso roja como un tomate y hundió su cara entre sus brazos para que el doctor no pudiera verle. Seguido de estos movimientos circulares Alejandro metió la puntita de su dedo y consiguió un gemido como respuesta.

— Le he hecho daño? Lo estoy haciendo con sumo cuidado
— No doctor, esta bien, acabe pronto por favor.

Alejandro observó que ya no tendría ningún problema en introducir el termómetro:

— Bien y ahora respire hondo… así… muy bien, ve? No era tan difícil, ahora estése quieta no siendo que se rompa el termómetro en su interior y tengamos problemas, entendido?

Su voz sonaba autoritaria, a Natalia le parecía que le estaba hablando su padre, así que asintió con la cabeza e intento relajarse.
Al cabo de un rato, tiempo que a ella le pareció interminable, el doctor se acerco y retiro cuidadosamente el termómetro del ano de la joven.

— Mmm… 39′3… tiene idea de a que se puede deber esta fiebre? Se ha encontrado mal últimamente?

Natalia negó con la cabeza y tras un reconocimiento rápido el doctor determino que era una simple gripe producto de los cambios de temperatura de los sitios con aire acondicionado y el exterior.

— Le voy a recetar unos supositorios para la fiebre que se la quitará en seguida, ya verá que bien le van.

Natalia le pidió a Alejandro que se lo recetará en otro formato alegando que odiaba los supositorios desde bien pequeña pero este no le hizo ni caso y le dijo que el mismo controlaría que se los fuera poniendo o no.

Tras 15 días de “control” Natalia ya estaba curada del todo y empezaba a estar un poco harta de que el doctor la tratase como a una niña y pensó en revelarse…

(CONTINUARÁ)

XX xxx_xxxxy@yahoo.es

Mejora la calidad y duracion de tus erecciones con Vigrax


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*