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Nuevo encuentro con Leticia (continuación de “Dulce menú”)

continúa de “Dulce menú”
Jueves a la noche. Sólo en casa. Calor. Me acordaba de Leticia. Sabía donde encontrarla. Salí de casa. Cogí el coche con la única idea de tener una noche de sexo con ella. En la oficina del restaurante habíamos tenido nuestro primer escarceo. Una mamada y sexo anal.
Me dirigí hasta la playa, y entré en el restaurante. Allí estaba ella. Con su sonrisa infantil y su mirada de ingenua. Me vio pero no dijo nada. UUUHHHH malo, pensé. ¿Habrá quedado con alguien? ¿no se acordará de mí? Lo que tenía claro es que fuera lo que fuera yo de allí no me movía hasta no estar seguro de que no iba a follar con ella.

Me senté en la barra y pedí una copa. Había una puerta que daba acceso a la zona de restaurante y siempre estaba abierta. Perdí la mirada por aquella puerta Leticia pasaba constantemente por delante moviendo su hermoso culo de forma muy sensual. Me miraba pero cuando se percataba de que yo la miraba se hacía la despistada.
Quedaba muy poca gente cenando así que pronto se descubriría el entuerto.
Se marchó el último cliente del restaurante y en la barra ya no quedaba nadie más que yo. Habían barrido todo el local y una chica me indicó que iban a cerrar. Salí fuera y me senté en un pequeño muro a ver el mar. Estaba precioso. De pronto noté como alguien me abrazaba por detrás envolviéndome con una mano a la altura de los hombros y llevando la otra directamente a mi paquete.
– Creías que no te iba a hacer caso, eh?
– ¿Y si me llego a marchar?
– Sabía que no lo harías. Tienes tantas ganas de follarme como yo a ti. Vamos a mi casa.
Me cogió de la mano y anduvimos unos 100 metros. Sacó la llave y abrió un portal acristalado.
– No hay ascensor. Y vivo en el último.Ella iba abriendo el camino y yo detrás como hipnotizado mirando ese culo que me gustaba tanto y que estaba siendo violado por sus pantalones vaqueros sumamente ajustados. Su camiseta de tirantes también ajustada dejaba al descubierto los tirantes de un sujetador azul.
Por fin llegamos. Habíamos subido siete pisos por una escalera bastante antigua. Entramos y me indicó donde estaba la sala.
– Ponte todo lo cómodo que quieras. Tienes para hacerte una copa si quieres, pon música si te apetece, o la tele. Si quieres estimularte o hacerte una paja hay alguna peli porno en la balda encima de la tele. Yo voy a ducharme.
Hacía mucho calor así que me quité la camiseta. Me quedé sólo con las bermudas. Encendí la cadena de música, y me puse una copa. Mientras tarareaba la canción „obsesión „ que era el éxito del verano, miré entre las pelis porno que Leticia me había dicho. Por supuesto no con idea de masturbarme sino por simple curiosidad.
Tenía la carátula de una en la mano cuando Leticia entró.
– Esa está muy bien. Hay una tía que se folla a un tío por el culo con uno de esos cinturones que tienen una polla de látex. ¿Te han follado alguna vez ese culito precioso?
– No. A veces me lo he acariciado pero nunca me lo han follado.- ¿Y nunca has tenido pensamientos homosexuales o bisexuales?
– Pues no.- Yo sí. De hecho he follado con tías. Pero no me gusta hacerlo a no ser que haya un tío en la cama con las dos.
– Esa es una fantasía que aún no he conseguido realizar.- Pues no te preocupes. Otro día llamo a una amiga y la hacemos realidad. Mi
fantasía es follar con dos tíos bisexuales, y que a la vez que me dan caña a mí se la den también entre ellos. Y últimamente me masturbo pensando en esa idea y tú eres uno de los tíos que están conmigo en la cama. Aunque últimamente siempre que me masturbo pienso en ti.
Leticia estaba de pie junto a mí, con tan sólo una camiseta amplia puesta. La ducha había dejado sus pezones duros y se le marcaban. La prenda tapaba su zona púbica y no alcanzaba distinguir si llevaba algún tipo de bragas o no. Tenía su pelo rubio natural mojado y peinado hacia atrás. Hablando de su fantasía se había puesto caliente y estaba acariciándose en interior de los muslos. La conversación y la estampa me estaban poniendo muy cachondo. Estaba erecto y se notaba un bulto en mis cortos pantalones.
– Veo que te ha gustado mi fantasía.
– Pues no lo sé. Ahora sólo estamos los dos.
Ella soltó mis bermudas y agarrándolas junto con mis pantalones las bajó hasta el suelo.
– Parecía que se te iba a estrangular. Así mucho mejor. Ponme una copa como la tuya.
Fui desnudo hasta la mesita camarera y se la preparé. Cuando me di la vuelta para llevársela, la vi sentada, casi tirada en el sillón con las piernas muy abiertas, la camiseta subida hasta el ombligo y masturbándose. Hacía círculos acariciándose el clítoris. Se metía los dedos en su coñito rapado. Despacio, muy despacio. Los sacaba y volvía a sobarse el clítoris. Yo me quedé parado viendo la estampa. Mi pene estaba muy duro. Me acerqué me arrodillé entre sus piernas y mientras ella seguía acariciándose por fuera, yo le lamí entre sus labios. Los abrí con mi mano y chupaba dentro.
Se levantó la camiseta por encima de sus tetas. Tenía los pezones muy duros. Se los masajeaba, y pellizcaba, dejando su sexo sólo para mí. Gemía de placer mientras se retorcía sin quitar su sexo de mi boca ni un instante.
Seguí follándole con mi lengua. Su flujo era tremendo y se mezclaba con mi saliva. Su gemidos ganaron en intensidad su respiración era agitada y noté que se estaba corriendo. Se convulsionaba y estiraba de sus pezones que parecía que se los iba a arrancar.
– Jodeeeeeeeeerrrr, Como te pares te matooooo. Sigue, sigue, sigue.
Su corrida me inundó. Ella se quedó quieta. Como si le hubieran quitado las pilas. Gemía mientras recuperaba su ritmo normal de respiración. Me cogió de la barbilla y apartó mi cara de su sexo. Se levantó, estaba sudada como si hubiera corrido la maratón. Caminaba hacia la puerta cuando se quitó la camiseta. Yo la seguí. Mi polla estaba durisma. Me pegue a su espalda, y le daba besos en el cuello, mientras mis manos abarcaban y sobaban sus tetas que eran bastante grandes. Ella se inclinó hacia atrás agarrándome de la nuca y dejándose hacer. Mi polla estaba introducida en la raja de su culo.
Salimos del salón y fuimos a su habitación. Tenía una luz en la mesilla de noche encendida con una tela roja por encima, y muchas velas prendidas. Me hizo tumbar en la cama. Ella se puso encima fuera del alcance de mi polla. Su coño aún tenía los líquidos de su anterior corrida. Le agarré de las nalgas y se las amasé. Pero ella me cogió las manos separándolas del culo y llevándolas junto a mi cara. Se inclinó hacia la mesilla. Yo estaba como loco. Intentaba sobar todo lo que podía y besar y lamer todo. Pero ella hacía fuerza con sus piernas y yo podía moverme muy poco. Sacó de un cajón un pañuelo grande. Me iba a atar esa era otra fantasía.
– Estate quieto que ya sabes lo que va a ocurrir. Y te va a gustar. Pero no te corras antes de que yo te monte, eh? Que igual te estas excitando demasiado, jajajaja.

Me ató a los barrotes de la cama a lo que yo no puse ninguna objeción. Ella tenía los movimientos muy controlados. Pasaba sus tetas muy cerca de la cara pero por mucho que yo lo intentara no podía chumárselas. Lo que si me dejó fue lamerle el ombligo. Ella se recostó sobre el cabecero, mientras se volvía a masajear las tetas y se las llevaba a la boca ella misma. Miraba como me iba excitando con la visión. Ella hacía movimientos pélvicos de tal forma que su sexo estaba llenándome de flujo a la altura de mis pezones. Bajó sin dejarme chupar sus tetas. Me lamió entero. Desde la cara hasta mi estómago, pasando por los pezones, y restregando sus tetas por mi cuerpo. Cuando llegó a la zona pélvica, pasó por la cadera y lamió mis muslos. Se dio la vuelta poniendo su sexo a la altura de mi cuello, tampoco llegaba a lamerlo por mucho que estiré la lengua. Pero podía olerlo. Me ató también los pies de forma que no podía cerrar las piernas. Las tenía muy abiertas. Ella me acarició el interior de mis muslos, olvidándose de mi pene. Llegaba hasta mis nalgas, y me tocó el ano. Siguió acariciándolo y yo me agité un poco, más por defender mi masculinidad que porque no me gustara. No quería que leticia pensara que era gay.
– Uhy, quieto!!! No tienes que demostrar nada sólo disfrutar del sexo. Esto te va a gustar. Tienes que probar de todo.
Y volvió a los menesteres que había empezado. Y a mí me gustaba.
– Buen chico como veo que te estás portando bien te voy a dar una recompensa.
A la vez que seguía con una mano en mi ojete, con la otra me masturbaba, a la vez que me chupaba el capullo. Consiguió introducir un dedo en mi ano.

– ¿Ves como te gusta?
– Sí.
– Pues sólo disfruta.
Se echó un poquito para atrás dejando de nuevo su coño a la altura de mi boca. Y como era lo único que podía hacer para darle placer se lo lamí lo que pude. Estuvimos así un rato y cuando me iba a correr ella se dio cuenta y paró. Para entonces tenía dos dedos en mi ano.
Volvió hacia la mesilla y sacó unas bolas chicas. Me miró con su sonrisa de pícara cachonda.
– No, no me metas eso por el culo.
– Confía en mí.La situación realmente era excitante. El miedo a lo desconocido junto con la sensualidad con la que Leticia llevaba la operación a cabo, me estaba haciendo desear que me metiera lo que quisiera por donde quisiera.

Se volvió a poner sobre mí introduciendo me las bolas por el ano. Y de espaldas a mi agarro mi polla y se la clavó de un golpe en su coño, lubricado por sus flujos y mi saliva. Empezó a moverse despacito. Mis sensaciones se centraban en mi pene aunque con el movimiento también sentía placer en mi ano. Ella se movía como los ángeles. Su coño estaba caliente como el fuego, y húmedo como el vapor. Lo estaba haciendo muy despacio. Moviendo su culo en círculos para que el placer de ambos fuera mayor. De pronto se salía y se masajeaba la entrada de su vagina con la punta de mi pene. Y volvía a introducirla de golpe. Noté como su respiración volvió a cambiar. Ella soltó la atadura de mis pies. A esas alturas yo ya me dejaba hacer. Siguió montándome cada vez más rápido. Sus tetas se movían al compás que sus espasmos marcaban. Doblé mis rodillas dejando el culo más en exposición.
Ella estaba a punto.
– Vamos a corrernos juntos, vamos, vamos.
– Sí, sí.
Al ver que me estaba corriendo ella sacó las bolas chinas mi despacito , una a una. A la vez que nos corríamos los dos a la vez. El orgasmo fue intenso, como nunca en mi vida lo había sentido, me corrí dentro del coño de Leticia. Ella siguió moviéndose, recurando la respiración. Con mi pene dentro. Notando como se relajaba mi cuerpo.
Salió. Me soltó. Mi cuerpo quedo relajado. Boca arriba.
– ¿Te importa que me duche?
– Por supuesto que no. Pero ¿te quedarás hoy conmigo?
– Por supuesto que sí.
Cuando salí de la ducha ella se había dormido. Me tumbé pensando en lo que había pasado. Y estuve como una hora reviviendo el momento. Había tenido dos sesiones de sexo con Leticia muy especiales y veía que si teníamos otra me volvería a sorprender. Eso me gustaba y me fiaba de ella al cien por cien.

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