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El burdo rumor

Juani y yo nos conocimos en una discoteca un sábado a las tantas. Yo andaba buscando rollo, uno de esos rollos ocasionales de sábado por la noche. De esos precisamente, que se me dan tan mal. Yo soy un chico bastante normalito, 19 años, sin destacar en nada, y menos en el físico. Y para que engañarnos, para un rollete de un sábado por la noche tipo aquí-te-pillo-aquí-te-mato hay que tener un físico, cuando menos, destacable. Juani, de 18, la hembra que mi instinto de procreación había captado, estaba con un grupo de gente que yo conocía, así que pude acercarme a ella con naturalidad. Pero su séptimo sentido, ese que avisa cuando uno que se la quiere follar anda cerca, captó mis intenciones enseguida. A diferencia de mí, ella si que es una chica muy resultona. De las que apetece tirarse un sábado por la noche, vamos. Y claro, pasó de mí completamente. Así que tuve que cambiar un papel estándar de ligón ocasional de discoteca e improvisar un poco, porque estaba cantado que se me escapaba la pieza, como siempre. Así que, dándola ya por perdida, le dije que no se preocupara, que se relajara, que estuviera tranquila porque no trataba de ligar con ella. Ante su sonrisa escéptica tuve que insistir:

-De verdad, el rollo con las tías no me interesa.

Eso, al menos, era un mensaje diferente al que ella esperaba y despertó mínimamente su curiosidad.

-¿Que pasa, que eres gay?

-No, es otra cosa, pero déjalo que no me gusta hablar de eso.

Así que hablamos de cosas varias, todas ellas banales, siempre teniendo presente que acabábamos de dejar una conversación a medias. Hasta que Juani volvió sobre el tema.

-En serio, ¿por qué no te interesan las tías?

-¡Qué mas da!- dije yo- Tú solo piensa que yo soy como una ameba, completamente asexual

Juani sonrió. Lejos de satisfacer su curiosidad todavía la encendió mucho más.

-¿Sabes que creo? Que te estas marcando un farol – dijo para picarme.

-Si prometes no contarlo, te digo algo, pero ten en cuenta que para mi no es fácil contar estas cosas – mi mente se puso a trabajar rápidamente para inventar algo que estuviera a la altura de las expectativas creadas

Después de prometerme que seria una tumba, y totalmente entregada ya a mi conversación, le conté que mi desinterés por el mundo del sexo estaba motivado por dos hechos indiscutibles: el primero, que desde hacía tiempo no conseguía que se me pusiera tiesa, y el segundo, que las tías con las que había estado, apenas un par de ellas, pensaban que yo la tenía pequeña.

-Yo creo que las tías ya no me ponen. Pero ojo, los tíos todavía menos. Vamos, es que no me imagino haciéndomelo con un tío.

-Pero tú por ejemplo ves una tía en pelotas delante de ti, ¿y no te empalmas?

-Hace tiempo que no veo una, pero no, no me empalmo. Estuve saliendo con una chica durante un año, y en los últimos meses ya note que no se me levantaba. La situación era muy incomoda para mí, y termine dejando la relación y entendiendo que era mejor no volver a intentarlo. Además, siempre me insistía en que yo la tenía pequeña, y la verdad, estoy algo acomplejado con el tema. Y si habláramos de otra cosa, pues mejor.

Esa explicación consiguió su efecto, pues por un lado su curiosidad iba en aumento y por otro notaba cierta solidaridad hacía mi. Me preguntó si yo estaba seguro de que el problema era mío y no de la última chica con la que estuve.

-Quizás ella no sabe excitarte. Por ejemplo, ¿te la chupaba?

-No, la verdad es que casi nunca me han hecho eso – conteste yo de manera inocente.

Ella me dijo que estaba segura de que el problema era de la chica, y no mío. Me dijo que para demostrármelo se iba a abrir un poco el escote para que yo mirara y le dijera si eso me excitaba. La verdad es que apenas vi nada, excepto un poco de la tela del sujetador, pero era más que suficiente para que mi pantalón hiciera tienda de campaña

Aclaro nuevamente que yo ni soy impotente ni espero serlo nunca, pero estaba tan metido en el papel que casi me lo estaba creyendo yo. De todos modos, con esa conversación yo ya la tenia mas tiesa que el palo de un velero. Así que en un momento en que ella fue al servicio, poco después de abrirse ligeramente el escote, yo también fui y me hice una paja, con la única intención de descargar la pistola y que no se notara tanto que lo que acababa de decir era una completa estupidez. Aunque tardé un poco, ella no se dio ni cuenta porque la cola en el servicio de chicas era tan larga como suele ser normalmente, y llegó a la barra después que yo.

Cuando volvimos ella me dijo que en el servicio se había quitado el sujetador, para que pudiera verlo mejor. Se desabrochó un par de botones y allí ví por primera vez ese par de tetas tan precioso que tiene Juani. Yo miré dentro de ese escote, y a pesar de las vistas espléndidas, como acababa de hacerme una paja rápida aquello no se levantó.

-¿Ves? Nada, le dije yo, tomando con disimulo su mano y llevándola hasta mi paquete, que lucia la flacidez propia del que se acaba de correr.

-¿Y si me las tocas tampoco se te pone?

-De verdad, no insistas, ya te he dicho que soy como una ameba. Pero vamos si quieres te las toco y lo ves. Eso si, después no insistas, porque entiéndeme, yo lo paso mal

-Pobrecillo, que majo- me dijo Juani, de forma sincera y lastimosa, como si yo fuera un perrito pequeño.

Nos alejamos de la barra y nos fuimos a unos asientos situados en una zona más oscura. Justo a nuestro lado una pareja se daba el lote. Yo metí la mano por su escote, disfrutando de ese pecho tan magnifico que tiene, mientras ella me daba besos por el cuello diciéndome:

-Perdona que te bese, pero es que si me tocas el pecho así, sin más, me resulta muy frío todo esto.

Y cuando ya me comía la boca de forma libinidosa e irresistible, bajó su mano hacia mi bragueta, me saco el pene como la cosa más normal del mundo y empezó a jugar con el. O a comprobar si aquello reaccionaba. Claro, con el juego comenzó una leve reacción y se puso morcillón.

-Qué raro, ¿no?. En general a los tíos les pone mucho tocarme las tetas, porque dicen que las tengo muy…vamos, está mal que yo lo diga…pero dicen que las tengo muy bien… Y una cosa: no la tienes pequeña, de verdad. Eso es lo que te han hecho creer. No es que yo sea una experta, pero vamos, herramienta no te falta.

En ese momento, con el ego engrandecido por los halagos que estaba mereciendo mi muy mediocre instrumento, tuve que decidir si aquello era una carrera de velocidad o de fondo. Si era de velocidad, seguíamos el juego de esa forma, aquello se pondría más tieso que un chorizo reseco, acabaríamos follando en cualquier esquina de la disco o en el coche y al día siguiente, si te he visto no me acuerdo. Si en cambio era una carrera de fondo, era mejor dejarlo ya. Y yo, como soy un gilipollas, decidí carrera de fondo (con el buen polvo que podía haber echado). Así que recogí velas, fui a por otra copa para ambos y pasamos el resto de la noche hablando de astronomía, estrellas, galaxias, vamos, todo eso de lo que no tengo ni puta idea pero que queda tan bien, y hasta salimos de la discoteca para dar un paseo contemplando la noche estrellada. Me inventé la mitad de las constelaciones y puse nombre a varias galaxias. Y como lo decía en serio, pues se lo creía todo. La de mentiras que nos deben contar en los museos…

Cuando nos despedimos me dio un suave beso en los labios, diciéndome que lo había pasado muy bien, muy raro todo, pero muy bien. Le di mi teléfono apuntado en el único papel que tenía a mano: escrito en la parte trasera de una foto de carné de fotomatón que no quisieron aceptarme cuando fui a renovar mi D.N.I. Las posibilidades de que me llamara eran tan grandes como la honestidad del asesor de urbanismo de Marbella. ¿Qué tía en su sano juicio se pondría en contacto con un chaval que manifestaba tenerla pequeña, que había demostrado que no se le empinaba y que encima había dejado la faena a medias cuando había conseguido que ella, mottu propio, le sacara el pene en plena discoteca y se pusiera a manosearlo?. El caso es que ella se fue a casa satisfecha, lo que son las cosas, sin follar pero satisfecha, y yo me fui con tremendo dolor de huevos, pensando si de nuevo me había comportado como el perfecto gilipollas que siempre he sido, sin saber rematar una faena cuando el toro ya estaba lidiado y solo faltaba meter la estocada (nunca mejor dicho).

Al día siguiente, sorprendentemente, me llamo para saber si tenía planes. Evidentemente mis planes eran tirármela, pero no lo iba a soltar así. Un rato antes de nuestra cita me hice una paja, y justo a continuación, otra. Con la segunda paré varias veces antes de correrme, sujetando la corrida, de forma que cuando por fin me permití a mí mismo eyacular, esta fue especialmente abundante. Tenía que asegurarme de que no me quedaba ni una gota en la reserva, para que mi plan pudiera funcionar a la perfección

Después de una conversación sin trascendencia en el bar en que nos citamos me dijo que había estado pensando en mí toda la noche, en mí y en mi ‘problemilla’. Le dije que no le diera vueltas, que las cosas eran así y que lo mejor era aceptarlo. Me criticó por ser tan derrotista y por dejarme vencer sin luchar. Me dijo:

-Lo que pasa es que has estado con tías que se lo hacían mal, y te hacían pensar que eras tú el que tenía un problema. Tías que encima te hacían pensar que la tenías pequeña y cosas por el estilo. Por ejemplo: ¿a ti te han hecho una buena mamada alguna vez?

Mi corazón dio un alto, y mi polla otro. Sentí una fuerte punzada en la boca del estomago, y como de los 5 litros de sangre que fluían en ese momento por mi cuerpo, cuatro y medio se dirigían hacia mi pene para tratar de despertarlo del sueño en que lo habían sumido las dos pajas que me había cascado unas horas antes.

-Claro que sí- respondí yo de manera inocente- Una vez una chica se metió en la boca toda la punta, y la lamió así tipo chupa-chups

-¿Solo eso? – me dijo ella

-Sí, me dijo que sabía mal y ya no me atreví a pedirle que lo repitiera.

Entonces, acercando su boca a mi oído de forma sensual me dijo:

-Entonces, ¿nunca te la han chupado metiéndose la polla entera la boca, acariciándote los huevos con suavidad, y metiéndola y sacándola de la boca con calma, sin prisas, hasta que te corres en su boca, mientras con tus manos tu acaricias sus tetas desnudas?

Había que conservar la calma. El plan tenia que seguir igual, aguantando al máximo. Lo malo es que parecía que el máximo se acercaba. Es que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. A mi es que al oído no me dicen esas cosas todos los días, joder. Aun así, sacando fuerzas de donde no había, le dije:

–Buen intento, pero no ha servido – me podrían haber dado el Oscar al Mejor Actor Protagonista por esta frase

Y tomando su mano la acerque a mi paquete, que se portó como un campeón luciendo una pequeñísima erección que en cualquier otra circunstancia hubiera sido muy preocupante, pero en las condiciones actuales era la mejor noticia posible. Ella se regodeó un poco con mi paquete, sin ninguna discreción. Había conseguido ponérmela morcillona, aunque ella interpretó de nuevo que ese el tamaño normal de mi pene

-Joer, pues te aseguro que cualquier chico me hubiera violado aquí mismo si le digo eso. ¿No será algún medicamento que estas tomando?

-No, no estoy tomando nada-dije, acordándome de las dos pajas que llevaba encima- y además, apenas tomo alcohol. Es, como te he dicho, una disfunción eréctil. Es mejor no ‘menear’ mucho el tema, en el mas estricto sentido de la palabra

Los dos reímos, descargando un poco de tensión. Ella abandonó el trabajo manual y volvimos a hablar de cosas divertidas pero intrascendentes. Pero unos 20 minutos más tarde ella ya estaba de nuevo a la carga, señal de que no había dejado de darle vueltas al tema. Dijo:

-Mira, a mi esto no me ha pasado nunca. Eso de ponerme en plan calentón con un tío y que a él no se le ponga, eso es lo último.

Yo estaba tranquilo. Había pasado una prueba de fuego y mi chiquitina ni se había inmutado. Fuera lo que fuera lo que a Juani se le estuviera pasando por la cabeza, yo lo resistiría como un valiente.

-¿Tienes coche?- me pregunto

-No- fue mi respuesta sincera

-No pasa nada. Vete a la puerta y nos esperas allí.

Ese ‘nos’ me sonó raro e inesperado, pero como la situación podía salir por cualquier lado me deje llevar. Me planté en la puerta del pub y allí esperé 15 o 20 minutos. Entonces llego Juani con Lorena, una chica a la que conocía de vista. Lorena es una preciosa morena delgadita, de cara aniñada pero con un pecho abultado que no se corresponde con su delgadez, y que además ese día lo mostraba espléndido sin sujetador bajo una fina camiseta de tirantes. El coche era de Lorena, un viejo Peugeot 505 seguramente heredado de su padre el día que éste compró uno nuevo. Monté en el asiento trasero. Era amplio.

-¿Donde vamos?- pregunté

-A las afueras, al camino viejo de la piscina

-¿No habrás contado nada? – dije yo preocupado por el efecto que podría tener en mi reputación esa ocurrencia tonta de que yo era ‘manso’.

-Nada de nada, no te preocupes

Me dijo esto último con tan poca convicción que ese día aprendí que si quería divulgar algo, mucho mejor que publicarlo en prensa o salir en televisión era decírselo a una chica y hacerle prometer que no se lo diría a nadie

El camino viejo de la piscina era una carretera en desuso, en mal estado, por la que ya no pasaba nadie. Por eso era el camino viejo, porque había un camino nuevo (aclaración innecesaria). Lorena, que hasta ese momento no había dicho nada, me aclaro, con cierto tono de enfado.

-Mira, a mi las tías no me van, ¿vale? Yo esto lo hago porque me lo pide Juani.

Todavía no sabía que tramaban, aunque empezaba a imaginarlo. Cuando llegamos al camino viejo, pararon el coche y pasaron las dos atrás. Me dejaron en un extremo, y Juani se puso en el centro del asiento trasero.

-Si esto no te pone, es que eres un caso perdido

Y sin más, se dieron un beso de lo más sensual en la boca. Ese día descubrí que eso en mí tiene un efecto aplastante. Ver como se lo montan dos tías es lo más de lo más. Era la primera vez que veía eso, y para decir verdad, las posibilidades de repetirlo no parecen muy altas.

-¿Y tú por qué crees que verte así, morreando con Lorena, me va a poner? –dije yo medio atragantándome, dando un nuevo paso en mi candidatura al Oscar

-Porque a todos los tíos les pone. En esto sois todos iguales. Una vez nos pusimos a bailar las dos en plan provo en una fiesta y los tíos hasta nos hicieron corro, con una cara de salidos que no veas, para ver si nos metíamos mano. Así que si quieres poner a un grupo de tíos a cien, te pones en plan lésbico y el calentón esta asegurado. Lore, enciende la luz para que lo vea bien- dijo mientras le bajaba las tirantas de la camiseta y le dejaba esas tetas de tamaño generoso al aire

-Tía, córtate un pelo – le pidió Lorena – que tú me dijiste que era solo unos besitos, unos toqueteos y ya

-Déjame hacer, anda – pidió Juani, mientras acercaba su boca a uno de sus pezones.

De repente dejo de chupar, se volvió a mí y me dijo con su irresistible voz sensual:

-¿Ves bien como le como las tetas o quieres que me eche un poco para atrás para que lo veas mejor?

-No no, veo bien, veo bien -dije intentando creerme aquello

-¿A que tiene una tetas preciosas, la Lore?

Y sin esperar mi respuesta engullo de nuevo ese pezón rosado, grande, que coronaba la espectacular protuberancia de Lorena. Mi respuesta, aunque nadie la oyó, fue: ‘Preciosas’

Lorena daba pequeños suspiros. Era evidente que los besos, las caricias y las lamidas de Juani no la dejaban indiferente. Ella tímidamente toqueteaba los pechos de Juani, hasta que ésta dijo:

-Espera

Entonces se desprendió de su camisa con lenta y desesperante parsimonia mirándome a los ojos, después hizo lo mismo con su sujetador blanco y me obsequio con el espectáculo de aquellas dos hembras con las tetas al aire sobándose

-¿Qué? ¿A que esto te pone?

-Ya sabes que no, me resulta curioso, pero ya ves… -fue mi estúpida respuesta

-Joer que tío mas duro, si es que me estoy poniendo hasta yo – dijo Lorena

Entonces Juani metió su mano por debajo de la faldita de la amiga, que más que faldita era un cinturón ancho, y llegó con toda facilidad a su entrepierna.

-Juani, no hagas eso, que estoy fatal- dijo Lorena, con la respiración algo agitada

-Lore, no seas estrecha – dijo Juani, y separando las piernas de su amiga sin apenas resistencia y metiéndose el dedo en la boca para ensalivarlo bien, lo dirigió a continuación derechito derechito al clítoris de su amiga

-Juani, tu sabes que a mi no me gustan las tías y que esto lo hago por tu amigo, ¿verdad?

-Ya lo has dicho, tía no te repitas tanto

Y se enredo con ella en un acalorado beso, que no hizo mas que aumentar las convulsiones de Lorena.

-¿Y si tu amigo me la mete un poco? –sugirió Lorena- No es por nada, yo lo digo por el muchacho…

-Deja al chico, que mire

No se. Me pareció notar como un pequeño tono de celos, de posesión, en aquel comentario. Como si ella quisiera reservarse el pastel (osea, yo) para ella solita. El caso es que fuera como fuera, Lorena no hacia más que moverse en el asiento y suspirar de forma profunda, agarrándole la mano a Juani mientras esta volvía a comerle las tetas

-Para, tía, para, contrólate un poco que yo los pezones los tengo muy sensibles, y si me los empiezas a comer así es que…bueno…tu sabes…

-¿Cómo? ¿Así? – decía Juani haciéndose la tonta

-Para, para, que yo no me sujeto…

Y ya no pudo decir mas. Empezó a venirle tal orgasmo que en la Enciclopedia Británica para definir ‘orgasmo’ van a tener que citar como ejemplo el que tuvo Lorena en aquel coche de la mano (de los dedos, mejor dicho) de Juani. Qué gritos, qué suspiros, parecía que se quedaba sin aire. Estábamos en mitad del campo y era imposible que no nos hubieran oído en el pueblo de al lado.

Ya más calmada, y todavía sujetando la mano de Juani en su clítoris, le dijo

-Jo tía, es que tu venga dale y dale, y claro, al final pasa lo que pasa. Pero que quede claro que a mi las tías no me van. Lo que pasa es que has empezado a tocarme, y venga y venga, y encima ahí comiéndome las tetas, y claro, pues eso…

-Lore, no te justifiques, te has corrido y ya está, no pasa nada. Seguro que a mi amigo le ha encantado verte así, tan explosiva como te pones cuando te corres

-Pues el podría haberme hecho algo, digo yo…-yo también pensaba exactamente lo mismo

-Y a ti, ¿te ha gustado lo que has visto? –dijo Juani, refiriéndose a mi

-Curioso-dije yo fingiendo una naturalidad que distaba mucho de ser real

-O sea, nada, ninguna reacción

-Bueno, un poco – dije yo tratando de ser condescendiente

Y después de una pausa dijo:

-Pues mira hay tres cosas que a un tío le hacen explotar: que le hagan una buena mamada, ver a dos tías montándoselo y meterla en un culito como este -y girando un poco a Lorena me mostró su falda alzada y su tanguita tipo hilo dental que difícilmente tapaba algo de aquel precioso culo – A la Lore se lo meten mas por detrás que por delante

-No exageres – dijo ella, haciendo un gesto con la mano

-Si te da por el culo to’dios, Lore

-Es que yo creo que tengo el agujero muy dilatado, no sé, y no me cuesta –dijo ella justificándose – Así que si no hay preservativo, pues por detrás

-¿Quieres darle por culo a la Lore? –me propuso así, de forma directa y franca

Todavía no me creo mi respuesta, aunque ya hace unos días de aquello. Recordé esos pequeños celos que me había parecido notar minutos antes, recordé que mi carrera era de fondo y no de velocidad y dije:

-Cualquier cosa que haga prefiero hacerlo contigo. No es por Lorena, de verdad, que es monísima de la muerte y muy sensual, pero contigo me siento muy a gusto – con ese comentario acababa de ganarme el cielo.

-Antes te dije que todos los tíos erais iguales, pero no es cierto –dijo, mientras me clavaba un beso en la mejilla

Claro, que me voy a pasar el resto de mi vida machacándome a pajas pensando en aquel culito que dejé pasar. Y no solo aquel culo: la posibilidad de hacérmelo con esas dos Venus salidorras a la vez, que estaban dispuestas a hacer cualquier cosa que les hubiera pedido para ver si se me levantaba, es algo que machacará mi conciencia el resto de mis días.

El caso es que tres días mas tarde, un martes que amenazaba ya con ser intrascendente, y cuando ya pensaba que por haber tensado la cuerda demasiado había perdido mi oportunidad, Juani me llamo por teléfono.

-¿Tienes algo que hacer esta tarde? Mira, una amiga de mi hermana trabaja en Pfizer, en la compañía farmacéutica que hace la Viagra. Mi hermana me ha conseguido cinco de estas pastillas por la cara

-Si en realidad yo creo que no…-iba a decir que no me iban a hacer falta, pero no me dejó hablar

-Sí, ya se que me vas a decir que no merece la pena intentarlo, pero ya me conocerás, yo soy muy cabezota. Tú, a tus 19 años, no puedes renunciar así alegremente a tu vida sexual, sobre todo si tenemos en cuenta que está clarísimo que la culpa de lo que te pasa no es tuya sino de esas simplonas amargadas con las que has salido. Así que le he pedido a mi hermana que si podíamos ir a su casa. Tranquilo, no le he contado nada de lo tuyo, no te preocupes. Te prometí que no se lo contaría a nadie y eso he hecho. Bueno, nada nada… Digamos que le he hecho un resumen rápido. Apenas le he contado que tú estás muy acomplejado porque te crees que la tienes pequeña, que es lo que te han dicho algunas pánfilas que no saben para que sirve lo que tienen entre las piernas. Y encima, ni siquiera han sido capaces de hacer que tu ‘soldadito’ se pusiera firme. Y claro, le he dicho que eso lo arreglo yo en un pis pas. Ella nos presta su habitación de matrimonio con cama grande. Total, no la usa nada más que para dormir porque se está separando… No se lo digas a nadie, que me hizo prometer que no lo contaría. Así que tenemos toda la tarde para lo que queramos. Mira, no debería decirte esto, pero desde que te conocí y sé de tu ‘problemilla’, cada intento que hemos hecho me ha ido calentando más, y me podía haber hecho algo yo solita para aliviar cada sofocón, pero no he querido, porque quiero correrme contigo, te lo digo como lo siento. El caso es que estoy mas caliente que Sevilla en Agosto, estoy que exploto. Y vamos, con la Viagra esto no falla…

No me dejo hablar. Colgó el teléfono justo después de darme la dirección de la casa de su hermana, de asegurarse que la había tomado bien, y justo antes de que yo pudiera decir nada más

A las 8 en punto me abrió la puerta Clara, la hermana, con una sonrisa de oreja a oreja que evidenciaba que lo sabía todo.

-Estás mejor que en la foto –me dijo, y recordé la estúpida foto en la que apunté mi número de teléfono

Clara se parecía mucho a Juani, pero con diez años mas, que añadían a los atributos de ésta el atractivo de haber pasado ya la tontería que tenemos los adolescentes. Después de cambiar algunas palabras en el salón, Clara, con enorme sentido práctico, nos señaló la habitación de matrimonio y nos dijo:

-Bueno, vosotros a lo vuestro que yo tengo que hacer algunas cosas – Juani y yo nos miramos y nos dirigimos sin más a la habitación.

Una vez dentro y después de asegurarme de que la puerta estaba cerrada, Juani me dio una pastillita azul de forma romboédrica, pastillita que simule tomarme pero que guardé disimuladamente en un bolsillo. Apenas Juani se quito el sujetador liberando aquellas dos bellezas casi-simétricas, coronadas por un pezón pequeño y rosado, mi pene dió un ultimo respingo y se colocó tan tremendamente erecto que me costo un enorme trabajo quitarme mis vaqueros ajustados. Juani, que ya estaba totalmente desnuda y tan impaciente como yo, al ver mi pene más tieso que una cuenta bancaria a mediados de Enero me dijo:

-Oye, pues de pequeña, nada. Chico, que alegría. Ese complejo tuyo es una tontería. Ay que ver, además, que rápido hace efecto la viagra, ¿verdad? Si te la has tomado hace apenas un minuto…ya sabia yo que esto no fallaba.

Y después de darme una caricia de lo más sensual en la polla con sus manos calientes, me dijo, señalando su coño:

-Me lo he afeitado del todo, porque a muchos tíos les gusta.

Una preciosidad ese coño depilado. Un vientre plano, que todavía conservaba algo del moreno del verano, marcando la zona blanca que dibujaba el bikini, se antojaba irresistible para mí.

-Mira, lo primero – añadió – te voy a hacerte una mamadita, porque yo creo que a ti te faltado sobre todo eso. Sólo para que vayas sabiendo quien es la Juani. Pero no te corras, eh, que tú y yo tenemos que hacer un par de cosas más esta tarde.

Qué cabrona, que suspense sabía darle al tema. Empezó a besarme los pezones y el cuello, y bajo besando y lamiéndome hasta el pubis. Justo entre el ombligo y el pubis se entretuvo de forma mas sensual de la cuenta, tanto que ante el temor de que la polla me explotara mentalmente grite: ‘¿me la vas a comer o no?’

Parece que mis gritos mentales fueron escuchados, porque enseguida empezó a juguetear con sus labios en mi glande, y poco después se metió la punta en la boca de 18 años. Metía y sacaba y cada vez se atrevía a ir introduciendo un poco más. Casi la mitad de mi pene estaba dentro cuando empezó a acompañar sus ejercicios bucales con la mano, y tuve que decirle:

-No hagas eso, que llevo mucho tiempo sin hacer nada y estoy muy sensible

Mi súplica que fue totalmente desoída. Así que tuve que tratar de autocontrolarme. Joder, como la mama esta Juani. Donde coño habrá aprendido a hacerlo así. Cada vez que el juego se me hacía insoportable y la eyaculación inminente amenazaba, tenía que hacer un tremendo ejercicio de autocontrol mental y pensar en algo anti-erótico, como tratar de recordar la inflación anual acumulada del último mes, o la subida del tipo de interés de las hipotecas. Funcionaba, pero como todo ejercicio, suponía un notable esfuerzo.

Para entretener mi mente fui girando mi postura hasta que su clítoris depilado quedo al alcance de mi mano, y empecé a juguetear en esa zona. Al principio solo con un dedo, pero después dejaba deslizar el dedo corazón en el interior de la vagina mientras con el pulgar acariciaba su botoncito, bastante hinchado, por cierto. Empezó a mover su culo al ritmo de mis dedos, con lo que tuve la seguridad de que aquel juego le gustaba.

Creo que fue entonces cuando mire a la puerta, y vi que estaba medio abierta. Yo recordaba perfectamente haberla cerrado. Era raro. Observé por primera vez la habitación en la que estábamos mientras Juani me la chupaba, y descubrí un espejo grande que tenia su propio pie de apoyo. El espejo estaba ligeramente girado. Una lástima, porque habría sido muy excitante ver nuestra imagen reflejada, sobre todo ver como Juani me hacía esa mamada de efectos devastadores. Me fijé en el espejo y descubrí…unos ojos. El espejo estaba deliberadamente girado hacia la puerta, y allí, en la penumbra, alguien observaba nuestra imagen reflejada en él. Intente concentrar la vista en aquella silueta en la penumbra: era Clara, la hermanísima. Tenía el pantalón desabrochado, y una de sus manos dentro de él. Con la otra se acariciaba el pecho por encima de la ropa. Joder, se estaba masturbando mientras nos espiaba. La primera y única vez en mi vida en la que una chica, una mujer bastante presentable, se masturba mirándome, se masturba porque yo la excitaba. Mi pene en realidad no podía estar ya mas tieso, pero si hubiera podido estarlo sin duda habría aumentado su rigidez. La imagen del espejo debía ser muy excitante: un primer plano de Juani mamando mi pene, viendo como entraba y salía de su boca.

Yo no sé si es que el ritmo de mi mano se hizo constante y tenía la velocidad adecuada, o que Juani ya estaba demasiado caliente, pero tardó escasamente 3 minutos en empezar a gemir. Joder, la Juani se estaba corriendo en mi mano, así, sin más. Y que forma de gritar. Si no fuera porque su hermana sabía exactamente lo que estaba pasando allí, seguro que habría acudido a la habitación pensando que estaba sometiendo a Juani a salvajes torturas. Traté de buscar con la mirada la imagen del espejo. Y lo que encontré era espectacular. Se había subido la blusa y mostraba uno de sus pechos; se había bajado ligeramente los pantalones, y tenía el coño al aire. Y su mano lo frotaba, siguiendo un ritmo frenético, nada discreto. Y la boca… la tenía muy abierta, señal de que o se estaba corriendo o iba a empezar a hacerlo.

Juani continuó magreándome el pene. Yo advertí:

-Ya sabes que así, tan bien, no me lo han hecho nunca. No me gustaría correrme en tu boca, y como sigas así no sé si voy a poder controlarme…

Pero siguió. No disminuyó el ritmo ni un ápice. La mano, la boca, todo estaba perfectamente sincronizado. Y yo, la verdad, ya no podía más. Tenía que haber aguantado, porque lo que en realidad quería era penetrarla; era eso lo que me pedía el cuerpo. Pero por desgracia no aguanté. Si a alguien se la han mamado de esa forma, sabrá exactamente de lo que estoy hablando. Si encima a la chica no parece importarle seguir así hasta el final, entonces es casi imposible resistirse. Y claro, pasó lo que pasó. Eyaculé salvajemente, me vacié en el interior de su boca. Tenía que haberla avisado, pero no tuve fuerzas. Me corrí, y ella seguía chupando mientras me corría. Hasta que me sacó la última gota de semen que había en mis testículos.

Ella, con la boca llena, salió disparada hacia el baño. Yo temí que se diera de frente con su hermana, pero ésta ya había desaparecido.

Cuando volvió me besó en la boca, y me dijo:

-¿Te ha gustado?

-Joder, me ha encantado. Qué pregunta. Es lo más excitante que me han hecho en mi vida.

-Por eso no he dejado que me la metieras. Así iremos poco a poco, no hace falta correr. La próxima vez tenemos que intentar lo mismo, pero sin viagra. Y si va bien, pues otro día lo hacemos así, desnudos, solos tú y yo, y me la metes entera…por donde quieras…

Pues el plan no estaba mal. Joder, no estaba nada mal. Como que me apetecía empezarlo en ese preciso momento, vamos.

Nos vestimos y salimos de la habitación, y por allí estaba Clara, la espía. No podía dejar de imaginármela de pie, con los pantalones bajados y la blusa subida, pajeándose como loca y con la boca muy abierta, mirándonos por el espejo. Juani fue al servicio, y Clara aprovechó para acercarse a mi, y me dijo a toda velocidad:

-Mira, mi hermana es jovencita, y no ha estado con muchos chicos. Fíjate, piensa que con los chicos hay que ir poco a poco, y claro…Yo no pienso así. Yo he estado con muchos tíos, y además he estado tres años casada, imagínate si le llevo ventaja. Mira, te voy a dar mi teléfono y un día me llamas, quedamos aquí, salimos por ahí a tomar algo, o nos quedamos aquí a charlar, ya veríamos. Tú recuerda que yo puedo ayudarte. Pero de esto no le digas nada a mi hermana que… -y dejó de hablar, porque Juani llegaba en ese momento del servicio

-¿Qué hablabais? –dijo Juani con naturalidad

-De la casa, que es muy cómoda –dije yo para disimular

Esto no podía creérmelo. Una mujer, medianamente atractiva, me citaba de forma clara para que tuviéramos un rollete ocasional, con la excusa de ‘ayudarme’. Una vez fuera de la casa Juani me explicó:

-Mi hermana, en realidad, se está separando, como te dije antes. No digas nada, no se lo cuentes a nadie, pero la verdad es que su marido hace meses que no viene por casa. Así que la pobre debe tener más picores que un manco con lombrices, debe tener más ganas de marcha que Roldán el día antes de que le soltaran…

Hace tres días que me hicieron esa mamada tan salvaje, y ahora estoy en casa pegado al teléfono. Nunca pensé que esa mentira piadosa, esa pequeñez dicha en una noche de sábado con la única intención de probar suerte con una nenita de 18, pudiera dar tanto de sí y tener tanto éxito

Hace un rato me ha llamado Juani, para que quedáramos de nuevo. Ya me explicó su plan: una nueva mamada, hasta el final, pero esta vez sin la viagra que nunca me tomé. Eso ya estaba calculado. Pero poco después, justo después de colgar, me ha llamado una tal Vicki, amiga de Lorena, y me ha dicho que si yo quisiera, podríamos quedar. Que ha visto mi foto, se ha enterado de mi problemilla, y que tiene clarísimo que lo que ocurre es que la Lore, mucho hablar mucho hablar, pero luego no se lo sabe hacer. Que ella sí que sabe como hacer las cosas. Y que no me preocupe, que seguro que es cosa de las chicas con las que he estado, incluida la Lore, que son unas simples. Pero en el buzón de voz de mi móvil tengo una llamada de Antonio, amigo de Juani, y me dice en el mensaje que si quiero que nos veamos un día para charlar. Qué probablemente haya una explicación muy sencilla por la que las tías no me ponen, y que él está dispuesto a demostrármelo. Vamos, que si me agacho a coger algo me hace un taladro. ¿Y si pruebo?

Así que aquí estoy mirando por la ventana, y sin saber que hacer. ¿Sigo con esto o no? ¿Cuento de una puta vez que lo de que no se me pone tiesa es un cuento chino? Vaya estupidez si lo hiciera, porque la verdad es que no me ha ido nada mal. De ser un chico bastante normalito que a sus 19 años apenas se ha comido alguna que otra rosca he pasado a ser un reto para unas cuantas (y algún cuanto). Y si sigo adelante, ¿a quién llamo? ¿Merece la pena que me enrolle de nuevo con Juani? Porque me parece que ésta va en serio, y me veo casado y con tres niños. O mejor ¿y si me lo hago con su hermana, que tiene pinta de saber Latín? ¿Y si me lo monto mejor con la Lore, y le doy lo suyo a ese culito que se escapó?

No tengo ni puta idea de lo que hacer. Así que, lo más probable, es que la acabe cagando, como siempre y aflore una vez más el imbécil que llevo dentro

gibraltar

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8 comentarios en “El burdo rumor

  1. Buena, te doy un 100, espero escribas la continuación y si tienes una foto de juani publicala ;.)

  2. muy buena tu historia, bastante entretenido en la forma como la cuentas y muy sugerente, y como dice el jack, si tienes fotos de las chavas estas, publicalas, ah y tambien quiero conocer la segunda parte, ya que es obvio que decidiste seguir con esto, a menos que…. bueno lo que sea, publica las fotos si las tienes.

  3. que buen relato pon la segunda parte y como todos dicen publica las fotos de esa niñitas jejejejej

  4. Que buennnnn relato, me estruje de la risa…”TODOS PEDIMOS LA 2ª PARTE” jajajajajajajajajajajajaajajaj

  5. Excelente, tienes talento para esto de la escritura, buena mezcla entre lo sexy y lo ocurrente, te felicito y espero la segunda parte

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