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¡Por la puerta trasera!

Como fue mi primera experiencia Anal?

Mi primera penetración Anal me trae placenteros recuerdos.

Quizás tuve el compañero adecuado, para tan sublime momento.

Yo me encontraba cursando el ultimo año de preparatoria, cuando conocí a Ernesto, un chico blanco de cuerpo muy bien formado, pero que usaba frenos, que en un principio no me agradaron, hasta que descubrí que con esa boca hace maravillas. Yo sabia por mis compañeras que le gustaba a él, así que no pedía oportunidad para coquetearle en el salón o donde fuera, cruzaba mis piernas en cuanto lo veía, dejando al descubierto mis muslos o le sonreía pasando mi lengua por mis labios o me paraba frente a él ofreciéndole mis senos.

Una ocasión, buscando a un maestro en el pasillo, entre a un salón segura de que allí encontraría al profesor, pero quien me recibió fue Ernesto que estudiaba para un examen, comenzamos a platicar y poco a poco se acerco a mi, hasta que finalmente me beso con desesperación enredando su lengua con la mía, succionando con impaciencia, despertando mi sexo, sentí sus manos rozando mis nalgas y así toco todo mi cuerpo, deteniéndose en mis pezones endurecidos, apreté su trasero repegando mi pubis y sentí como su miembro se ponía tieso.

Ernesto mordisqueaba mi cuello con esos frenos que ahora me producían escalofríos de placer, sus dedos se enredaban en mi cabello, yo lo dejaba sometiéndome a su voluntad. Acaricie su pene por encima del pantalón y gimió, pidiendo que se lo chupara.

Nos acostamos en el escritorio y su verga quedo en mi cara y mi vagina en sus labios, comencé a lamer toda la miel que brotaba de su interior mientras el lamía mi clítoris como un experto, de pronto sentí en la entrada de mi vagina esos frenos, que me excitaron, por el temor de que me lastimaran, pero no sucedió, movía su lengua con maestría como una serpiente buscando su refugio.

Chupaba todo mi jugo, rozándome sin lastimarme sus fierros de su boca, que me hacían estremecer. Y todo mi ser anuncio un gran orgasmo, mientras que el no dejaba de meter y sacar su lengua en mis entrañas, lo que ocasiono que yo terminara entre gemidos y desesperación.

Me recargo en el escritorio y boca abajo con mis senos sobre algunos documentos, sus dedos empezaron a husmear en la cavidad más estrecha de mi cuerpo, metió un dedo, la impresión fue desagradable, al principio, pero a pesar de mis temores, la sensación poco a poco me gustaba, sentir como su dedo entraba y salía de mi colita, después ya no era uno sino dos de sus falanges en mi ano.

Sin prisa, introdujo su dureza en mi ano aumentando un poco el embate de sus arremetidas, hasta que me la metió toda! El dolor fue inmenso, me quede paralizada, pues temía moverme un solo milímetro, él metía y sacaba su verga de mi culo con suavidad, acrecentando el dolor, pero también el placer, por la nueva experiencia. Afortunadamente no tenia muy grueso el miembro.

Él besaba mi espalda y su mano acariciaba mi clítoris, me dieron ganas de moverme, así que comencé a hacerlo delicadamente, entregándome de manera total a la lujuria, abandonando mi cuerpo! A su disposición y acudió a mi mente, la imagen de los animales en celo.

Mi segundo orgasmo fue muy intenso y quede sin aliento, el final se desarrollo sin prisas, incluso cuando eyaculó en mi túnel, lo hizo lento y delicado. Por mis pies escurrió todo el semen de tan apasionante experiencia.

El dolor perduro un par de días más, pero a partir de entonces, me encanta el sexo anal!

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2 comentarios en “¡Por la puerta trasera!

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