Visita al médico

Mi nombre es Luis, y ahora que ya no ejerzo la medicina me vienen a la mente muchos de los recuerdos que han dejado huella en mí durante los muchos años de profesión. Situaciones, muchas de ellas agradables, como la que ahora voy a relatar, y de la que guardo un muy grato recuerdo.

Era una tarde de Agosto, estaba a punto de coger las vacaciones, tenía pendiente únicamente la visita de una paciente, y la verdad estaba ansioso por terminar y así comenzar mí merecido descanso. La cita la tenía para las cinco de la tarde, y faltando unos minutos llamaron a la puerta, solícito me dirigí y abrí la puerta. De verdad que quedé gratamente sorprendido por la visión. Ante mi estaba Marisa Sánchez la paciente que esperaba, era encantadora, llevaba unos zapatos de tacón beige, una faldita de tablas blanca y una camisa color rosa que marcaba su busto, no muy grande pero bien formado, iba pintada y su pelo negro azabache le llegaba a los hombros, aparentaba unos 35 ó 40 años muy bien llevados. Irradiaba hermosura, su rostro, aunque bonito, mostraba preocupación y malestar. Pasados los primeros segundos de sorpresa, y una vez repuesto le pregunté ¿es usted Marisa Sánchez?, a lo que ella con voz un poco tenue respondió, exacto, pero por favor podemos tutearnos, ya que me encontraré mucho más cómoda. Por supuesto – respondí – Haga el favor de pasar a mi consulta.
El taconeo de sus zapatos fue resonando por el pasillo hasta llegar al despacho. Ella iba unos pasos por delante de mí, por lo que podía contemplarla en toda su plenitud, verdaderamente tenía un cuerpo precioso, vestía con gusto e incluso el perfume que llevaba era el broche perfecto para una imagen así.

Le indiqué que se sentara frente a mi mesa. El despacho de corte moderno se componía de unos cómodos sillones muy próximos a mi mesa también de línea moderna con cristal en lugar de madera. Al sentarse Marisa cruzó sus piernas y no sé si fue a propósito o circunstancial, que entreabrió sus piernas y puede ver a través del cristal y de manera fugaz el color blanco de sus braguitas. Le invité a que me contara su problema y el motivo por el que se le notaba nerviosa y alterada. Como tenía el aire acondicionado puesto, a Marisa se le pusieron los pezones tiesos y se le marcaron con total claridad en la blusa, siendo un maravilloso espectáculo para la vista.

El tema, me dijo, es que tengo mucho estrés en el trabajo y llevo ya mucho tiempo nerviosa y duermo poco, desde hace tiempo voy bastante estreñida, y concretamente hace cinco días que no voy al aseo, me siento hinchada, molesta, y eso hace que tenga mal humor, incluso creo que hasta tengo algo de fiebre, ya que noto un calor y un malestar que no es fruto del verano.

Bien, respondí, vamos a ver todos los síntomas, te haré una revisión completa y luego veremos cómo solucionar todo esto, pero ten tranquilidad que todo es solucionable. Pasa por favor a esta habitación donde te haré un examen exhaustivo.

Mira Rafael, a mí me dan pavor los médicos, las pruebas y todas esas cosas, lo único que admito muy bien son las inyecciones, pues entre otras cosas la medicación así va mucho más rápida, pero de lo demás me pongo muy nerviosa.

Perfecto, pero no todo en la medicina se soluciona con inyecciones y parches, hay otros medios y otras alternativas. Vamos a solucionar lo de tus nervios, que eso sí, con unas inyecciones que ahora te pondré seguro que se soluciona todo, pero también hay que ver ese poco de fiebre y el tema del estreñimiento, ya que tener el intestino limpio es muy importante. Pasa por favor a la habitación contigua, quítate la falda y la camisa para así poder auscultarte, revisar el vientre y ponerte el termómetro y las inyecciones para tranquilizarte. En unos instantes entraré yo.

Marisa, descruzó las piernas, se inclinó levemente hacia delante y se levantó, como yo estaba sentado frente a ella pude contemplar, ahora con buena visión, unas piernas estilizadas que al abrirse dejaron paso a unas braguitas que ahora podía ver con total claridad. Su imagen se perdió tras la puerta. A continuación me levanté, cogí el estetoscopio, la libreta de apuntes y me acerqué a la otra habitación donde Marisa se estaba desvistiendo.

La habitación, de estilo similar al despacho, tenía una camilla, un perchero, tres sillas, varias estanterías con cristales donde guardaba los utensilios de uso en la consulta, inyecciones, algunos medicamentos comunes, tensiómetro, termómetro, lavativas de varios tamaños, un irrigador con su goma y diversas cánulas, vendas y otros objetos diversos más.

Marisa no hizo ningún gesto de rechazo al entrar yo en la estancia mientras ella se desvestía, hasta quise pensar o imaginar que le gustó el que yo la viera mientras se desnudaba, lo hacía con soltura, con total naturalidad.
Le indiqué que se tumbara en la camilla para proceder a revisar el vientre, comencé por apartar un poco las braguitas para de esta forma tener mejor acceso a vientre, observando que el pubis lo tenía afeitado y retocado, lo que le daba un aspecto muy sensual y agradable a la vista. Todo el cuerpo desprendía un agradable olor a perfume, que no supe identificar, pero que hacía las delicias del sistema olfativo. Procedí con delicadeza a palpar toda la zona del vientre, observando que tenía los típicos nodos de la materia fecal retenida, y al hacer esta operación arrancaba ciertos gemidos de molestia, por lo que al finalizar dicha operación ratifiqué rotundamente, – Marida, tengo que administrarte una o dos lavativas para poder limpiar perfectamente todo tu intestino y así liberarte de todo el material que ahí tienes retenido.
Nada mas escuchar esto, Marisa se sonrojó y muy enérgica respondió que no deseaba recibir ningún enema, que eso no se lo habían practicado nunca y que le daba cierto miedo y desconfianza, a lo que yo respondí que era la única forma de limpiarla por dentro, que no le iba a doler lo más mínimo, y que con toda seguridad encontraría placer al recibir el agua calentita, ya que hay personas que les agradan esas sensaciones, que yo me ocuparía de que no sintiera ninguna molestia ni dolor, todo lo contrario, que la administración de la lavativa fuera lo más agradable y placentera posible. Algo más tranquila, Marisa asintió con la cabeza aunque manifestó que se encontraba muy nerviosa por todo, a lo que respondí que antes que nada le pondría dos inyecciones intramusculares para relajar sus nervios y tranquilizarla, por lo que se bajara o quitara las braguitas mientras yo preparaba los inyectables.

Marisa con gesto muy sensual, se levantó de la camilla y haciendo un gesto muy propio de una vedette, comenzó a bajarse las braguitas mientras yo de reojo contemplaba extasiado la escena. -¿no me harás daño al pincharme verdad? Inquirió Marisa con voz muy suave y sensual. Su voz resonó dentro de mis oídos como canto celestial, verdaderamente era magnífica esta mujer, por supuesto que no, respondí, voy a conseguir que esta visita sea provechosa en todos los aspectos Marisa e intentar también que sea para ti inolvidable. Ahora sube por favor a la camilla y estando de rodillas hunde la cabeza entre los brazos dejando el trasero hacia arriba, así podré inyectarte más cómodamente y será en esta posición como te aplicaré la lavativa, y de esta manera el agua te limpiará mucho más pues irá mucho mejor por todo el intestino. Marisa asintió, y quise apreciar que se le notaba como un poco excitada, tal vez por la curiosidad de recibir el tratamiento, o bien por las dulces palabras de ánimo y dulzura con que yo le hablaba, lo que si era cierto que confiaba mucho más en mí que cuando entró en la consulta.
Los inyectables estaban ya preparados, me acerque, con el algodón impregnado en alcohol, froté en la nalga izquierda y con destreza clavé la aguja con tanta maestría que tan solo notó el palmetazo que siempre se da para despistar, ya que ni se movió apliqué lentamente la jeringuilla y poco a poco fue entrando el líquido que desaparecía dentro de ella. Al finalizar quité enseguida la aguja y froté nuevamente el lugar del pinchazo para evitar posibles moratones y a su vez distribuir el líquido uniformemente. Dejé la jeringuilla y procedía coger la segunda para el nuevo pinchazo, esta vez en la otra nalga para así repartir los pinchazos. Procedí con la misma destreza y una vez puesta la aguja Marisa comentó con voz tenue, – en verdad pinchas muy bien, espero que el resto del tratamiento sea igual de agradable que lo que estás haciendo ahora – a lo que le respondí, que todavía lo sería mejor ya que al ser una cosa nueva para ti el tema de las lavativas haría que resultase lo más agradable posible.
Marisa rápidamente respondió – en ese caso tendré que corresponderte con la misma amabilidad con la que me trates.
Será mucho de agradecer, respondí, señal de que habrás disfrutado de todo el tratamiento.
Hasta ese momento sentía como un cosquilleo en el estómago, pero desde ese instante y sin proponérmelo noté como el pene comenzaba a tener cambios, se estaba despertando como consecuencia de las insinuantes palabras que mi paciente había pronunciado.
Al fin de evitar mostrar la erección que ya se notaba en mis pantalones blancos de médico, le rogué a Marisa que no cambiara de posición, que se relajara mientras preparaba rápidamente la lavativa que le iba a administrar.
Mientras lo hacía le comenté que en principio le pondría una y que en función de lo que expulsara y vaciara le administraría una segunda, aunque visto como estaba el tema lo más probable es que le pusiera las dos.
-Estoy en tus manos doctor, y sé que me vas a tratar muy bien y con dulzura, y te puedo asegurar que se agradecer el buen trato. Ahora sí que tenía ya una erección considerable, sus palabras habían calado hondo y mientras sacaba el irrigador de la vitrina, lo enjuagaba y llenaba con agua caliente, pero que no quemara lo más mínimo, mi mente no dejaba de pensar que tal vez con esta mujer tendría un feliz encuentro. Ciertamente hacía mucho que no tenía una relación de pareja satisfactoria, ya que con mi esposa hacía mucho que no realizábamos ninguna actividad sexual y francamente, esta promesa me hizo volver a la realidad y a imaginar una situación que desde hacía mucho que no tenía.

Ya preparada la lavativa, la cogí en una mano y con la otra acerqué hasta la camilla un perchero que en situaciones como la presente, hacía las veces de soporte para lavativas, sueros, y cualquier otro objeto que necesitara mantenerse en alto. La colgué, puse la goma sobre el depósito descansando sobre él, fui nuevamente a la vitrina y me coloqué sendos guantes de látex finos, cogí también la crema suavizante para dilatar el ano, un tapón anal para luego colocarlo dentro del ano e impedir que durante unos minutos no se saliera el agua, aunque posiblemente lo utilizaría en la segunda lavativa ya que en la primera lo que importaba era quitar el fecaloma que tenía Marisa y que tanto le molestaba. Mientras preparaba todo, la cánula de la lavativa goteaba sinuosamente, como indicando que estaba ansiosa por entrar en el cuerpo de la paciente. Ya todo estaba preparado, me senté en un taburete justo detrás de Marisa para proceder a la dilatación del ano y a la administración del agua. Unté mi dedo índice de la mano derecha con el lubricante y comencé por la parte externa del ano a acariciar suavemente la zona, pues la tenía contraída por lo que era imposible intentar la introducción de la cánula, y para relajarla, con la mano izquierda comencé a acariciar su vagina por la parte externa y comenzar a rozar levemente el clítoris para así conseguir que por el placer que le administraba abriera la zona anal. Su vagina estaba bastante lubrificada, tal vez aun estando nerviosa, esta situación le excitaba. Con la mano derecha hacía círculos exteriores en sentido de las agujas del reloj y con la izquierda, justo al contrario, cosa fácil de realizar y muy efectiva. Poco a poco esa tensión que mantenía Marisa fue disminuyendo por lo que con un simple resbalón entró parte del dedo índice en el ano, a lo que ella exhaló un suspiro y un leve jadeo, ciertamente esas caricias estaban surtiendo efecto. Ya que tenía el dedo dentro del ano, ahora lo movía de izquierda a derecha a la vez que lentamente lo introducía poco a poco logrando así como el efecto taladradora pero con tal suavidad y dulzura que nuevamente escuché unos gemidos ahora mas profundos. Su pelvis, antes un tanto rígida y sostenida, ahora se había relajado y ya no ofrecía ninguna resistencia a la entrada de mis dedos. La vagina estaba totalmente lubrificada y ya podía introducir hasta tres dedos superpuestos con total libertad, cosa que combinaba con caricias intermitentes en el clítoris, pero lo que pretendía era estimularla, no que tuviera un orgasmo, ya que eso lo dejaba para cuando ya tuviera el agua dentro, pues si llegaba al clímax final posiblemente hiciera reparos a recibir su primera lavativa.
Como ya todo estaba totalmente relajado, saqué los dedos de ambos orificios, me limpié las manos con toallas desechables, me levanté y cogí la cánula que todavía goteaba ligeramente. Con el lubricante lo pasé suavemente por toda la extensión de la cánula y dado que el ano estaba lo suficientemente preparado la paciente no iba a notar absolutamente nada cuando entrara la cánula por el ano. Y así fue, una vez en la entrada del ano con la otra mano la acerqué al clítoris y empecé a masajearlo, y con el estremecimiento de dicha acción el ano se entreabrió y suavemente entró la cánula hasta más de la mitad, entonces abrí la llavecita del paso del agua y comenzó ésta a inundar las entrañas de Marisa.
Durante los primeros instantes no ocurrió nada, pero no había transcurrido ni medio minuto cuando Marisa exclamo con una voz tenue, – ya noto como me entra, está calentita, que sensación más agradable, me inunda todo el vientre, mmmmm, tenías razón, no duele y unido a esas manos que acarician todo mi sexo te aseguro que estoy como en una nube, cuando todo esto termine, cumpliré la promesa de saber recompensarte debidamente.

Al tener el intestino ocupado tardó en notar la sensación del agua un poco, en caso contrario la sensación habría sido inmediata.
Ahora el deposito está lleno pero tan solo te cabrá medio litro o tres cuartos, ya que el vientre lo tienes totalmente ocupado, intentaremos que lo aguantes un poco de tiempo para que se reblandezca todo y enseguida evacuarás, a continuación te masajearé el vientre a ver cómo va y nuevamente te colocaré otra lavativa para limpiar totalmente, ese sí que te hará expulsar, y haré que te coincida con un buen orgasmo, verás que sensación más agradable notas. – Tu eres el médico y voy a seguir todo el proceso que me indiques al pie de la letra, dejando aparcados temores y reparos.

Mientras hablábamos ya habíamos llegado a los 700 cc de agua por lo que Marisa comenzó a indicar que tenía ya ganas de expulsar, era lógico tenía el intestino muy ocupado, por lo que cerré el grifito y lentamente le saqué la cánula del ano, pese una toallita en el mismo, se la aguanté para evitar escapes, y le sugerí que se levantara lentamente y fuera al aseo a expulsar el agua, mientras yo preparaba la segunda lavativa.
Así fue y al instante desde la consulta se escuchaba como expelía el agua acompañada del ruido producido por los gases que liberaba. También escuché, pues no intentaba disimular las exclamaciones, frases en las que decía, ¡ por fin me libero de este maldito tapón ¡
Con toda esta situación mi pene había duplicado su tamaño y se apreciaba un bulto en el pantalón, cosa que intentaría disimular ya que en unos instantes saldría Marisa y no era la situación más apropiada.
Durante ese cruce de pensamientos, preparaciones y arreglos, se abrió la puerta del aseo y apareció Marisa, ahora tenía el semblante más alegre, no exento de una excitación propia del momento. Solo llevaba puesto el sujetador y los pezones se le había marcado totalmente, motivado por la excitación, el aire acondicionado y todo lo ocurrido hasta ese momento, no llevaba nada bajo, ya que lo que hubiera intentado tapar lo había mostrado minutos antes, la visión de su imagen era espectacular.
¿Cómo te encuentras tras el primer enema?, pregunté, – de maravilla contestó pero todavía me noto ocupada y pesada. Así es respondí, por eso voy a reconocerte, por tanto túmbate nuevamente boca arriba, y posteriormente procederé a ponerte otro enema, pero voy al aseo un momento si me disculpas. A lo que ella respondió – te aseguro que olerá mal ahí dentro, y yo dije a continuación, – es algo a lo que estoy acostumbrado y no me importa lo más mínimo, salgo enseguida.
Mi intención no era otra que lavarme y bajar un poco la tensión pues estaba totalmente excitado.

Minutos después aparecía yo y me acerqué a la paciente para reconocer su vientre, palpé y observé que todavía molestaba al tocar diferentes zonas del mismo, y mientras realizaba todo eso Marisa comentó con voz suave pero contundente – Cuando he salido del aseo te he notado muy excitado, ¿ha sido por mí?. Ciertamente ese comentario me pilló desprevenido pero rehaciéndome de la sorpresa respondí afirmativamente, y lo que ocurrió entonces fue una experiencia que no olvidaré nunca, Marisa levantó su mano izquierda y la depositó sobre mis pantalones y a la altura del pene y susurró, me encantaría acariciarte mientras masajeas mi vientre y así aliviar un poco tus tensiones.
Sin dudarlo bajé la cremallera, me bajé los pantalones y un miembro erecto apareció en escena, Marisa me pidió que me subiera en la camilla pues no tenía acceso a mi pene en esa posición, por tanto y sin pensarlo dos veces me subí y quedamos en la posición del 69, ella comenzó a succionar mi pene y yo a besar, lamer y comer toda la zona de su vagina. No habían pasado muchos segundos cuando se comenzaron a escuchar por parte de ambos jadeos, y quejidos de placer por parte de ambos, y así transcurrieron unos segundos, hasta que fue la propia Marisa la que me indicó, sacando mi pene de su boca, – Creo que sería mejor que me aplicaras la lavativa y mientras me entra el agua me penetres, seguro que el placer será mayor al notar la doble penetración – No tengas la menor duda, respondí, ya que posiblemente hasta tengas un orgasmo antes de expulsar el agua.
Con los pantalones quitados, el pene del tamaño de un mástil de bandera y una excitación por parte de ambos tremenda, me levantaba del cuerpo de Marisa y procedía a la colocación de la segunda lavativa.

Nuevamente Marisa adoptó la postura anteriormente adoptada y como el ano lo tenía ya dilatado de la vez anterior, tan solo fue necesario lubrificar ligeramente y la cánula se deslizó suave hasta su interior una vez la cánula dentro se puso de espaldas y boca arriba con los pies levantados y que los apoyé sobre mi pecho, nuestras miradas desprendían sensualidad, vicio, sexo, y deseo ferviente de placer.
Antes de llegar a la penetración me coloqué un preservativo y acerqué lenta y sinuosamente mi pene a su vagina, que receptiva y lubricada se encontraba, y tan solo rozarnos entró hasta su totalidad en la vagina lo que hizo que Marisa se estremeciera con un grito de placer inmenso, ya que el agua estaba haciendo su trabajo y mis movimientos pélvicos hacían que a cada empuje hasta mis testículos tocaban su cuerpo, ya que tenía sus piernas sobre mi pecho y hombros, quedando el cuerpo de Marisa en ángulo recto con respecto a mí.
Ella jadeaba, y mis manos fueron directamente a sus pechos, sacándolos con mucho cariño del sujetador y pude comprobar que sus pezones estaban totalmente tiesos y erectos, por lo que ya que no podía besarlos ni chuparlos, comencé a realizar el ritual de acariciar los pezones, los pechos, el cuerpo e incluso llegar mis manos al clítoris y tocarlo.
Mientras todo esto ocurría, observé el depósito de la lavativa que ya llevaba casi un litro vaciado, y Marisa no experimentaba ninguna molestia al respecto, fruto de la excitación y de que ya había recibido la primera y ya su organismo aceptaba el agua y hueco había hecho la expulsión del primer enema.
No dejaba de jadear y agitarse y con voz entrecortada dijo, voy a correrme enseguida, estoy muy caliente, a lo que respondí, -aguarda un instante que aún ahora viene lo mejor.
Yo también estaba casi a punto de tener un orgasmo por lo que retiré mi pene de su vagina, acto seguido cerré la llavecita de paso del agua de la lavativa y para que no se saliera el agua le inserté con dulzura el plug anal, el cual entro con suavidad dada la dilatación ya existente.
Tendí mi mano a Marisa para que se levantara, y sin dejar de jadear se abrazó a mí y mientras acariciaba sus pechos y besaba la por el cuello, nos dirigimos al aseo
Nada más sentarse en él, comencé a masturbarla y casi al instante le vino el orgasmo y para que pudiera expulsar libremente y sintiera la combinación de ambas cosas, le pedí que levantara un poco el trasero y saqué de golpe el plug anal, cosa que le produjo un escalofrió por el cuerpo del gustazo que representaba la extracción del plug, la salida del agua y la caca más el orgasmo, todo a la vez, ahora si que se corría con gusto. Como acto reflejo cogió mi pene que permanecía erecto y comenzó a masturbarlo con energía, como todavía llevaba el preservativo cuando me sobrevino el orgasmo todo el semen se depositó en él.
Ambos gemimos de placer, jadeamos hasta el límite y el sudor del placer unido al calor reinante se hizo notar. Sonreímos, nos besamos, nos acariciamos, y cuando ya Marisa dio por finalizada la evacuación del agua, se levantó y ambos nos dirigimos a la ducha para lavarnos, quitarnos el sudor y seguir acariciándonos bajo los chorros del agua que inundaban nuestros cuerpos. Besos por el cuello, la espalda, pechos, caricias en la vagina, ano, pene, fue un cúmulo de placer que disfrutamos bajo el agua.
Una vez salimos y nos secamos, volví a revisar a Marisa y ya su vientre se encontraba perfectamente.
Se terminó de vestir, y me preguntó ¿Qué te debo de la consulta?, a lo que yo respondí, ha sido un placer compartir contigo estas horas, y me has proporcionado una alegría en el cuerpo que hacía muchísimo que no tenía. ¿te volveré a ver? Pregunté, a lo que ella respondió, – No lo sé ya que no soy de esta ciudad, pero todo es posible, ya que eres un encanto. Se despidió con un largo beso en mis labios y salió por la puerta.
Meses después recibí una breve carta en la que me decía: Gracias a ti he descubierto otra dimensión del placer, todo lo que me enseñaste lo realizo ahora con mi actual pareja. Gracias por tus consejos.
Todavía recuerdo aquélla tarde Agosto y nunca se me borrará de la mente.

rafaelespain@yahoo.es

Castigada por mi novio

Hola, voy a comenzar diciendo que me llamó María, y mi novio Hector, vivimos juntos en Bogotá, Colombia hace al rededor de tres meses. Yo soy castaña, mido 1,70 y tengo 17. Él es un poco más alto que yo, morocho y tiene 27.

Todo comenzó un día que estábamos ahí conversando, y mi novio ya hace tiempo venía diciendo que me tenía que corregir, por lo tanto me dijo que teníamos que implementar un método de castigos para cuando me porté mal o me saque malas notas. Yo no entendía mucho lo que quería decir pero me interesó mucho. El intento explicarme pero yo aún no entendía, entonces me tomo la mano, me llevo a la habitación y se sentó en el borde de la cama.
Hector: María sácate el jean y las bragas
Yo lo miré atónita y me quedé inmovilizada por un minuto que me pareció eterno. Él se levanto, se acercó a mí, me bajo el jean y luego las bragas hasta la pantorrilla. Sin decir nada me tomo y me coloco en su regalo, boca abajo, dejando mi cola totalmente expuesta. Ahí recién entendí de que castigo estaba hablando. Yo estaba totalmente mojada ya que cual tipo de contacto con su piel me pone a mil.
Plaf! Siento que cae su mano fuertemente sobre mis nalgas, tuve que apretar los dientes para no gritar, al segundo caen dos más súper fuerte en diferentes lugares de mi cola. Me dolió muchísimo pero quede súper caliente.
Héctor me empezó a hacer mimos para que se me pase el dolor y me dijo “Mi vida, esta vez son solo tres porque no haz hecho nada malo, solo te estaba mostrando, pero ni bien te portes mal, te voy a nalguear hasta que me duela la mano”
Dicho eso nos quedamos un rato juntos sin decís nada.
El resto del día transcurrió con normalidad

Al día siguiente estábamos charlando amenamente, cuando me decidí a decirle: “Hector, te acordas aquel escrito que me te dije que me había ido medio mal”
Héctor: si, por?
María: mmmm me dieron la nota, me saque 4
Héctor: vale, lo arreglamos de noche
Todo estuvo bien, pasamos el día, cenamos y cuando nos fuimos a acostar yo ya no recordaba lo ocurrido, hasta que veo que él se sienta en el borde de la cama.
Héctor: María sácate el jean y las bragas ahora y sentate como lo hiciste ayer
Dijo en modo de orden
Yo con algo de miedo lo hice automáticamente
Cuando ya estaba en esa humillante posición como si fuera una cría, ya me dolía sin que me hubiera pegado la primera nalgada, pero también me sentía totalmente caliente de no podes hacer nada para evitar lo que venía
Antes que me diera cuenta callo la primera nalgada, intente mantear la compostura pero después de las diez primeras le pedí por favor que parara, que ya había entendido, que iba a estudiar más
Héctor me ignoro completamente y siguió nalgueándome como por media hora más, mientras tanto yo gemia suplicándole que pare
Cuando terminó yo estaba totalmente adolorida y me árida muchísimo pero también estaba muy mojada, me encantaba este nuevo Héctor autoritario.
Héctor: vamos a dormir, ya es tarde y mañana tenemos que madrugar

Cuando ya estábamos acostados platicado, le dije:
María: che, cuanto era que te dije que me saque en el escrito?
Héctor: 4
María: aaaa me confundí, me saque 8
Héctor: que dijiste María? Me mentiste?
——–silencio——–
Héctor: esto no lo vamos a poder arreglar con nalgadas
Se paró, prendió la luz de la habitación, me ordenó quedarme quietecita, salió de la habitación y volvió a los 5 minutos con una cinta paro en la mano. Me ordenó desnudarme y poner las manos detrás de la espalda y me dio varias vueltas con la cinta hasta que quedaron inmovilizadas.
Héctor: esto te lo ganaste vos sola mintiéndome, así que no quiero ni una queja de tu parte
El me tumbo boca arriba y me abrió las piernas a la fuerza, yo todavía no sabía que me esperaba. Hasta a que me dio un azote muy fuerte en mi parte delantera. Me dio 15 más fuertísimos que me dejaron palpitando del dolor y una lagrima me caía por la mejilla. Yo me moría de vergüenza y le pedía que parara y luchaba intentando cerrar las piernas.
Cuando me alivie porque pensé que había terminado me di cuenta que lo peor no había llegado.
Me volvió a abrir las piernas pero para mí total sorpresa me empezó a hacer sexo oral, yo no entendía nada pero lo estaba disfrutando muchísimo, me retorcía y gemia bajo su boca; me sentía totalmente extasiada, estaba a punto de venirme cuando paró. Entre jadeos le pedí que por favor siga, que ya casi terminaba. Semi me ignoro y dejó pasar 10 minutos
Antes de volver a hacerme sexo oral me dijo: “hoy no tenes permitido venirte”
Volvió a hacerme llegar al climax y en ese momento se detuvo. Le supliqué que siga, que me la meta por favor
María: Hectoooor, por favor, metemela, quiero sentirte.- dije como una niña chiquita suplicando
El me ignoro y volvió a dejar pasar 10 minutos
Repitió ese proceso durante un rato hasta que se dio cuenta que si lo volvía a hacer me iba a venir.
En ese momento se fue de la habitación y me dejo sola con mi calentura y las manos inmovilizadas.

Gracias por leerlo, por favor mándenme sus comentarios y/o anécdotas a mi mail
relato.caliente@outlook.com

Cuando empecé a sentir como mujer

Mi historia empieza en mi casa a mis 14 años. Mis padres tuvieron que viajar a otra ciudad por dos semanas y me dejaron al cuidado de una prima de 25 años que aunque le gustó el dinero que le dieron por hacerme de comer y limpiar la casa quería salir a divertirse el fin de semana ya que su novio y amigos la invitaron a pasar de viernes a domingo en la playa. Entonces ella me dijo que me daba parte del dinero si no decía nada, a lo que acepté.
Apenas ella se fue corrí a su cuarto a cumplir el objetivo real de por qué acepté el trato: su ropa. Desde niño me llamó la atención la ropa de chicas y cómo yo parecía niña si cruzaba las piernas frente al espejo o si me peinaba de manera coqueta. Claro todo esto a escondidas.
Bien, ya en el cuarto de mi prima me puse todo lo que ella tenía: calzones, tangas, sostenes, blusas, jean, faldas, vestidos, me puse labial, yo estaba explotando de emoción a tal punto que estuve hasta las 3 am jugando a ser mujer. Para que se hagan una idea yo medía 1,65 m delgado, caribonito, semilampiño y nalgón así que todo lo que me puse me hacía ver como una mujer sexy.
Al siguiente día en la mañana un muchacho del barrio llamado Carlos, que me acostumbraba a molestar por mi trasero, llamó a mi casa porque quería saber si le podíamos compartir frutas del patio de mi casa. Cuando me asomé me dijo:
Él: Heeeey que sorpresa no sabía que vivías aquí, mira disculpa por las bromas pero sólo ha sido eso, bromas, sabes que somos amigos, ¿me das unos mangos y limones?
Yo: Ok, está bien pero no lo vuelvas a hacer (era verdad, me hacía bromas pero nunca fue abusivo ni malo y eso que en ese tiempo tenía 17 años de aspecto fuerte y grande).
Luego me preguntó que qué estaba haciendo y le dije que jugando Street Figther a lo que dijo que si podíamos jugar y bueno como no tenía nada que hacer le dije que espere un momento. Como andaba caliente por el día anterior, me sentía como una nena sexy así que busqué unas pantalonetas de cuando tenía 12 años que luego de dos años ya me quedaron cortitas y pegadas al trasero y una camiseta celeste, quería parecer lo más seductora posible.
Cuando entró le dije que espere que iba a ver unas bebidas a refrigeradora cuando regresé no dejaba de mirarme las piernas y me dijo “¡qué bueno que no sales así a la calle te molestarían mucho porque esa ropa te hace ver como mujer! incluso yo te daría unas nalgadas jajajaja”. Yo me sonrojé y le dije que no bromeara a lo que él dijo ok ok juguemos en el PS3. Luego de unas horas de jugar y yo levantarme y agacharme varias veces mostrándole el trasero mientras buscaba bebidas en la refrigeradora me propuso algo que cambiaría mi vida. Me dijo que el que ganaba el último torneo se vestía de mujer y sería la novia del otro por el resto del día. Yo quedé en silencio, es decir, era mi oportunidad de vestirme de mujer y que un hombre me trate como una. Así que acepté luego de disimular risas. Me di cuenta que yo jugaba mejor así que llevé el torneo hasta el final y en el último momento él ganó (obviamente).
Al principio me negué y me hice el que no quería hasta que acepté. Me dijo vamos a ver qué tiene tu mamá y le dije que no que respete a mis padres, el pidió disculpas. Le dije que una prima se estaba quedando y quizás ella tenga algo a mi talla. Buscamos y me escogió en vestido morado cortito con espalda descubierta pero cerrado al frente hasta el cuello y también escogió un labial color púrpura y una diadema entonces salió del cuarto y me dijo “te espero princesa no demores”, esas palabras me hicieron temblar las piernas y agitar el corazón. Ya en el cuarto me saqué todo y me puse una tanga negra con encaje que se me metía entre las nalgas y un sostén del mismo color que rellené con unos calcetines. Me puse el vestido, unas sandalias muy femeninas, el labial, me puse algo de rubor, me delineé los ojos y me puse la diadema, al verme al espejo parecía una prostituta hermosa a tal punto que tuve una erección y tuve que masturbarme para que no se notara.
Cuando empezó a golpear la puerta diciendo que me estaba tardando mucho, abrí. Se quedó boca abierta pero como si hubiese visto un fantasma. Yo dije que me veía como un payaso ***mentí me sentía regia*** y él me dijo noooo estas linda mi vida y me plantó beso que tuvo que forcejear unos segundos porque trataba de evitarlo hasta que me entregué. Nunca había besado con lengua y se sentía muy rico como la punta de nuestras lenguas se presionaban y se envolvían hasta que le dije “ya ya ya ya suficiente, tampoco exageres” él sólo sonrió. Fuimos a la cocina y preparé algo de comer mientras él no dejaba de mirarme sobre todo el trasero y las piernas.
Luego de comer empezamos a conversar un rato en el sofá mientras me tomaba de la mano como novios. De vez en cuando me decía “habla más femenino como una novia enamorada” a lo que yo trataba de meterme en el papel. Luego de un rato me vi con las piernas cruzadas y moviendo las manos como una chica a lo que él sonrió y se abalanzó sobre mí, pero esta vez me manoseaba, me decía princesa, mi vida, mi amor y cada vez me sentía más atrapada en sus besos y menos fuerte frente a su hombría. Intentaba escapar, lo empujaba, me ponía de pie y entre besos y risas terminamos en la pared, no me dejaba escapar. Yo le decía que ya fue suficiente que mucha mariconada mientras evitaba que me vuelva a besar, cuando miro a mi izquierda mi reflejo en un espejo grande de la casa: era una mujer sexy delgada en un mini vestido pegado al cuerpo que se le levantaba un poco atrás por mi trasero redondo dejando ver mis femeninos muslos, el rostro maquillado y un macho tratando de besarme.
¡Me derretí con esa escena!
Dejé de forcejear y me entregué a sus besos y caricias, me estrujaba apasionadamente y yo le rodeaba el cuello con un brazo y con el otro acariciaba su fuerte pecho, él me agarrada el trasero por encima del vestido y me manoseaba las piernas, y eso me tenía mil. Si no fuera por la tanga ajustada mi pene ya hubiese brincado a escena. Me levantó como a novia y me llevó al cuarto de mi prima y me acostó en el colchón. Yo empecé a sentir miedo y le dije que por favor traiga el espejo de la sala y lo ponga al lado del colchón, y al otro lado puso el espejo del cuarto de mi prima. Así podía ver cómo me comía a besos ese hombre.
Me besó hasta llegar a mis nalgas en donde empezó a usar la lengua. Yo trataba de no gemir pero era imposible, suspiraba, respiraba fuerte y gemía suavemente. Me bajó un poco la tanga y se comió mi ano a besos y lengüetazos a tal punto que no aguanté más y eyaculé. Estaba como loca, ¡literalmente loca! Ya le decía papacito, mi rey, etc. Él se paró y se sacó la ropa dejando que mire su varonil cuerpo y su pene duro como una piedra. Nunca había tenido sexo y mucho menos sexo gay, pero recordé escenas de sexo oral de vídeos porno y, de rodillas, me metí su pene a la boca. Fue una sensación difícil de describir: mi corazón bombeaba con fuerza, sentía una especie de dolor y contracción en la zona de mi ano y un poco detrás de mis testículos, me dolía la barriga de los nervios y las manos me temblaban y, a pesar de haber eyaculado hace unos minutos seguía excitado pero sin erección, bueno a esas alturas, mejor dicho excitada. Seguí comiéndome su pene envolviéndolo con mi lengua, chupando sus líquidos pre-seminales, lamiendo sus testículos hasta que Carlos empezó a rugir y explotó con fuerza en mi boca, yo no lo podía creer, me sentía una mujer al 100% con la boca siendo llenada por un pene que me bombeaba semen mientras intentaba tragar todo y entonces sentí un orgasmo inmenso, eyaculé nuevamente a pesar que no tenía erección, me saqué el pene de la boca y gemí como gata mientras algo de semen rodaba de mi boca hacia el cuello hasta el pecho.
Nos quedamos casi un minuto respirando y nos miramos a los ojos, vi su pene y seguía duro. No lo pensé, era una perra su perra, me puse en cuatro y con el semen con saliva que tenía en mi boca me lubriqué el ano y le dije “¡mi amor hazme tuya, hazme mujer!”. Él metió su lengua en mi ano y me hizo estremecer de placer, la sacó y me puso su cabeza en la entrada y empezó a empujar suavemente mientras yo decía “¡dámelo, dámelo, dámelo yaaa!” y entonces ocurrió lo inesperado. Escuché la voz de mis padres llamando desde la calle, quedé en blanco unos segundos y de un brinco me puse de pie y fui sigilosamente a la ventana. ¡Eran ellos y venían con mi prima! Se supone que ellos estaban en otra ciudad y ella en la playa.
Lo que sigue les contaré en la próximo lectura. Besos.
Si quieren escribirme: compufoxy@yahoo.com

Despido o acción disciplinaria, tú eliges


NOTA: Este relato expone una fantasía entre dos adultos que consienten. Salvo esto el lector es libre de poner cara a los protagonistas e imaginarlos como mejor le parezca, más o menos jóvenes, con el color corto o largo, pelirrojos, morenos, rubios. Les animo a que llenen con su imaginación de olores, colores y sonidos el relato. Espero que os guste.

– El vestido te queda muy bien – dijo Don Carlos.

Elvira tardó en reaccionar un par de segundos. Acababa de entrar en el despacho de su jefe y esperaba una bronca por haber respondido a un cliente de manera áspera. El cliente le había acusado de poca profesionalidad y Elvira no se había mordido la lengua. Nada más responder se había dado cuenta de su error, pero había tardado algo más en pedir disculpas y para entonces ya era demasiado tarde. Le costó a Carlos más de una hora convencer al cliente de que todo había sido un pronto de su empleada que no se volvería a repetir.

– Gracias – respondió la muchacha algo desconcertada.

Don Carlos se levantó del sillón, y sin alterar el tono suave y neutro de su voz dijo.

– Reclínate sobre la mesa, levántate el vestido y bájate las bragas –

Elvira se quedó sin palabras… Habría oído mal, estaría soñando.

– perdón… ¿Qué ha dicho? – alcanzó a responder sonrojándose levemente.

De repente estaba muy nerviosa, las “mariposas” de la expresión revoloteaban en su estómago como locas y tubo que contraer involuntariamente el trasero para evitar que se le escapase un pedete.

Don Carlos tardo unos interminables segundos en responder, se había dado cuenta de que su empleada le había llamado de usted cuando en la empresa todos se tuteaban. Lo que había dicho Elvira al cliente, su comportamiento nada profesional, era causa de despido fulminante.

Carlos había estado realmente cabreado con todo este asunto, en su mente había dedicado todo tipo de insultos hacia la muchacha. La humillación de tener que disculparse ante el cliente y compensarle económicamente con horas de trabajo a mitad de precio le había puesto de muy mal humor. Pero todo eso había pasado ya, no habían perdido al cliente y enfrentarse a su empleada verbalmente no solucionaba nada, incluso despedirla sería una mala opción… Elvira no era una mala empleada, se había equivocado, eso era todo, un mal día lo tiene cualquiera. Sin embargo había que hacer algo con ella, de eso no cabía la menor duda, esto no podía volver a repetirse.

– Dije que tienes dos opciones – respondió serena pero firmemente su jefe.

– recoger tus cosas e irte a casa para no volver más. –

– o que olvidemos este tema a cambio de aplicarte una medida disciplinaria… Digamos, Contundente. –

– Quiere.. Quieres decir que… Eh… Que-

– que tienes dos opciones… Que te despida o que te ponga el culo colorado. –
– Sabes, comprendes… Me he tenido que “bajar los pantalones” y compensar al cliente… No es solo la pasta que eso supone, si no también la imagen… Ya es hora de que la responsable ponga de su parte. ¿Crees que es plato de buen gusto hablar con un cliente y decirle perdón un millón de veces? Esto no se va a volver a repetir y tú vas a pagar por ello. Porque yo no me voy a \”poner vaselina en el agujero del culo\” más veces para que la tipa esa u otro cliente cualquiera me la meta otra vez, ¿está claro? – terminó Carlos alzando la voz mientras tomaba asiento nuevamente.

A pesar de la calma que mostraba externamente y de pensar en todo este asunto de manera \”profesional\”, Carlos era de carne y hueso y consciente o inconscientemente, la idea de exponer el culo de Su empleada y azotarla “le ponía” y su pene, muy a su pesar, se hacía grande bajo sus pantalones.

“Tienes un minuto para darme a conocer tu decisión… Yo optaría por la azotaina que sabes te mereces… Pero eres libre, tú decides.” Dijo mientras se ajustaba con una mano, amparado por la privacidad del escritorio, el miembro, tratando de tranquilizarlo para que volviese a su tamaño original.

Elvira se puso roja del todo. Las palabras de su jefe, tan directas y sin tapujos, no por esperadas, hicieron menos mella en su ánimo… Se vio a si misma expuesta y desnuda mientras la tocaban… No, peor aun, la golpeaban el trasero. Apoyó el peso de su cuerpo primero sobre su pierna derecha y dos segundos después sobre la izquierda. En ese momento, deseaba más que nunca estar sentada o mejor aun, acostada y sola en su habitación, con el fin de tener tiempo para pensar y asimilar todo esto.

Don Carlos, pareció leer la mente de la mujer que tenía enfrente y deseoso de terminar con el tema cuanto antes, la apremió.

“Elvira, ya pasó el minuto… Necesito una respuesta ya. Sabes, te lo he dicho muchas veces, que considero que eres una persona que vales mucho y que tienes un gran potencial para llegar muy lejos en lo que te propongas. Pero esto no puede, por más que me duela tomar estas decisiones, quedar impune. Si optas por los azotes, mi recomendación, será rápido, unos minutos más y todo habrá acabado. Se que no es fácil, pero realmente necesitamos cerrar esto ya, ¿qué me dices?”

Elvira presto a medias atención a las palabras de su jefe. En su mente, mezclándose con mil y una sensaciones que intentaban abrirse hueco, intentaba desesperadamente buscar una salida, una respuesta al dilema… No entre ser despedida o castigada, la opción de ser despedida la había descartado instantáneamente. Si no entre como mitigar un castigo que le resultaba inaceptable… Bueno, si fuese en un sueño, como fantasía erótica… Pero allí… Como iba a…

– pero yo no quiero enseñarle el trasero… Yo, no me eh, no puede castigar con la ropa puesta. – se oyó incrédula a sí misma responder en voz alta.

Carlos suprimió su sorpresa. Había aceptado, de alguna manera, había dicho sí a los azotes más rápidamente de lo que el creía.

– No. El culo al aire forma parte del castigo por dos razones… Para controlar la intensidad y efecto de los azotes en la piel y para dar esa pizca de humillación y humildad que se necesita. –

Y sin dejar tiempo a que Elvira replicase se levantó del sillón y se acercó a ella.

-Vamos, sobre la mesa – dijo mientras apoyaba su mano en la espalda de la chica, invitándola a cumplir la orden.

Hay algo curioso en esto de las órdenes. De alguna manera nuestros cerebros están hechos a ellas y en ciertas condiciones, cuando no sabemos que hacer, tendemos a obedecer a aquel que nos “soluciona” el problema y nos ahorra el trabajo de pensar.

Elvira fue pues hasta la mesa y se reclinó sobre ella, extendiendo las manos y agarrando con ellas el otro extremo del mueble.

– Ahora descubrimos el culo.- Dijo Carlos, procediendo a arremangar el vestido de Elvira y dejando a la vista su culo. La raja había atrapado parte de la tela de las bragas de la empleada, dando al conjunto un toque de lo más sensual.

-bragas abajo.- continuó Carlos metiendo ligeramente los pulgares entre elástico y piel y tirando de la prenda íntima para exponer el culete de la chica.

Ante esto, Elvira salió del estado semi-hipnótico en el que había permanecido durante más de un minuto y llevándose una mano a los glúteos, intento impedir, de manera algo torpe y totalmente ineficaz que su jefe la desnudase.

– Pórtate bien Elvira y mantén las manos en la mesa. Si no me obedeces, el castigo durará más y será más severo. –

– ok. Obedeceré. – prometió Elvira con la voz del que acepta resignado lo que le espera.

– empezamos –

Y sin esperar respuesta, la mano abierta de Carlos golpeó las nalgas de Elvira.
Lentamente al principio, y con más ritmo poco después, los azotes caían sobre las posaderas de la empleada, quién, valientemente, aguantaba la compostura mientras la mano de su jefe caía aleatoria y rítmicamente sobre nalgas y parte superior del muslo. Pasados unos pocos minutos de esta guisa, que a Elvira le parecieron una eternidad, Carlos retomó la palabra.

-Incorpórate- dijo.

La empleada se incorporó y Carlos, tras inspeccionar el trasero ya colorado de Elvira, añadió.

– Te has portado muy bien y ya casi hemos acabado. – dijo con tono conciliador. – Para terminar, te daré diez azotes con una regla de madera. –

Y tras decir esto se dirigió hacia la mesa y abrió el cajón, mientras los ojos de Elvira no perdían detalle de los preparativos.

– ¿Eso duele? – preguntó tímidamente.

– Supongo – respondió Don Carlos. – pero seguro que lo aguantas bien.-

– No hace falta que te inclines sobre la mesa. – dijo mientras la agarraba por la cintura.

– lista-

-sí- respondió Elvira apretando las nalgas.

Y un instante después la regla cayó justo en mitad de su culo.

-auf- alcanzó a decir. -uno- contó aunque nadie le ordenó que lo hiciera.

– ya falta menos. – dijo Don Carlos mientras descargaba el segundo reglazo sobre el pompis de su empleada, cuya respuesta fue doblar un poco las piernas, lo que hizo que su jefe la sujetase más firmemente contra su cuerpo.

Y como todo inicio tiene su fin, también, los diez azotes terminaron para alivio de Elvira, quien frotó sus nalgas con dedicación durante unos segundos.

– gracias Carlos y perdone… Perdona por todo, lo siento de verás. – dijo recuperando de alguna manera su voz. – No le dejaré quedar mal. Se lo prometo –

– Lo sé. Puedes retirarte. – respondió Carlos.

Y tras subirse las bragas y bajarse el vestido, abandonó el despacho.

Carlos esperó unos instantes a oír el ruido de la puerta al cerrarse. Luego se dirigió al cuarto de baño. Allí se desabrochó el cinturón y bajándose los calzoncillos comprobó que estaban impregnados con unas gotas de semen. Agarró el pene, totalmente erecto,con una mano y con la otra exprimió la punta ligeramente para que cayeran dos gotas amarillas de semen y entonces empezó a frotarlo y menearlo rápidamente mientras apretaba a intervalos su ano y visualizaba, en su imaginación, el culo encarnado de su empleada. Segundos después, una ráfaga de semen salió disparada del miembro de Carlos, iniciando un rápido orgasmo. Poco después, tras esperar unos segundos, el pis salió al fin y se estrelló con fuerza en la taza, mientras nuestro protagonista tiraba, con una mano algo pegajosa, del papel higiénico.

Fin

Firmado: El Zorro 333.

Mi vida en los cines

Me fui aislando de mis amigos heterosexuales, de vez en cuando charlaba con un vecino, Huguito, un moreno achocolatado,mayor que yo , por las noches pasaba por mi casa,y saliamos, yo era como un amig@ , una vez me dejo ver su superioridad, estabamos en su casa, en su habitacion, y muestra tremenda pija, gruesa ,negra, hermosa pija. Pero nunca le mostre mi gusto bisexual.En las tardes me iba para los cines triple x , eran mi escape a mi reprimida sexualidad, un día salir del cine con un señor mayor, me llevo a una residencia, Allí desnudos, como par de camarones no hicimos sino acariciarnos,culo,verga, pero no quisimos penetrarnos. Otra tarde en otro cine, se iba uno a los baños, allí había una filita ,el motivo un joven gordo,pelirrojo,se dejaba penetrar,muy guapo, logre mi turno, hasta el jadeo meto mi pija, dejando mi leche. Ya con mas experiencia, iba a los cines, me sentaba, buscaba un señor que me agradara, siempre los buscaba mayorcitos,junto a alguno,sentado,la sala oscura,empezaba un@ a poner la mano sobre sus piernas, buscando el bultico de las pijas, si no me rechazaban, bajaba las cremalleras del pantalón, me enfrentaba al obstáculo del calzoncillo,y a veces con la ayuda del señor, tomaba mi mano las calurosas pijas, generalmente eran pijas pequeñas, y empezaba a másturbarlos,ellos al rato hacían lo mismo conmigo,y así los brazos cruzados, y en movimiento nos desarrollabamos. Y así ya roto el temor, algunas pocas veces, al sacar la pija en vez de masturbarlo, me agachaba y me llevaba a mi boca las pijitas, hasta hacer de su semen parte de mi liquido bucal. Fue una epoca buena,el olor de los baños, el olor a semen de los cines, el uso del tacto en la oscuridad, una de mis ultimas entradas a estos cines,no me sente, parado en un corredor lateral de la sala, empece a tocar culos,vergas,cuando de repente me vi rodeado de varios señores, que no veía, pero si sentía sus manos que me acosaban por todo el cuerpo, culo,pija,me bajaron los pantalones,me acariciaron…

Deseo insaciable

Para Alex…

Este hombre despertó en mí una pasión sexual difícil de controlar, luego de decidir escribirle e incluso haber logrado vernos y echar una rica culiada, pues este deseo por el aumentó.

No había probado ni sentido una verga tan rica como esa, de muy buen tamaño, hermosa en apariencia, rica muy rica, caliente, provocaba chuparla y chuparla hasta que dejara esa rica leche calientica en mi boca.

Con tan solo cerrar mis ojos puedo imaginármelo conmigo, el recostado en la cama deliciosamente desnudo, con su espalda sobre algunas almohadas, ligeramente inclinado, yo con mi cabello suelto me voy acercando a él desde el extremo inferior de la cama, muy sensualmente voy acariciando su cuerpo con mi cuerpo y mi cabello, sus piernas, sus caderas, al tener su verga rica frente a mi cara no puedo evitar lamerla, darle una probada y metérmela completa, pero me retiro y sigo subiendo, quiero probar su boca, pero antes beso su abdomen, su pecho, llego al cuello, chupo, beso, mordisqueo suavemente, voy a sus orejas, que me encantan por que le da un cosquilleo cuando me acerco a ellas y les doy una rica y sutil chupadita, me dirijo a su boca, en mi abdomen sentía su verga clavándoseme, paradísima, dura, caliente, al llegar a su boca surgió aquel beso tan excitante que hacía que todo se mojara mas, que todo se endureciera mas, aquella lengua que se enlazaba con la mía, comunicándose ellas entre sí, haciéndose saber que el placer aumentaba. No pude mas y tuve que bajar a metérmela en la boca, quería chupársela, quería que él me agarrara el cabello dirigiéndome el movimiento según su gusto, que rico sentir esa dominación, la chupo completa, le paso la lengua, le chupo la cabecita, sigo lamiendo todo, completa, el agarrándome del cabello me guía el movimiento, rápido, arriba, abajo, más lento, completa, que sintiera que me llagaba mas allá de la garganta. Qué rica verga tienes mi amor, le digo, quiero comérmela toda, es que toda todita te la vas a comer, me dijo… pasado los minutos le dije, quiero que me la metas, cógeme, pero cógeme duro, el toma acción y me agarra y me baja rápido la ropa y antes de metérmelo me da aquella rica mamada, chupándose toda la humedad que ya mi cuerpo había dejado salir, que rico, sigue, no pares, le decía… El seguía haciendo maravillas con esa lengua, su verga estaba parada, caliente, métemela le dije, el lo hizo, embistiéndome con toda aquella fuerza y pasión que el también acumulaba, al cabo de unos minutos dándome duro le dije “quiero cabalgarte” se me quedo mirando con aquellos ojos libidinosos, me lo saca, pero sin soltar mis caderas se acuesta montando mi cuerpo encima de su verga ¡Que rico! Le dije, de verdad, que rica verga, con ese tamaño, haciéndome sentir dolor, pero dolor de placer, ya que me llena completa, moviendo mis piernas y caderas podía sentir como entraba y salía, su cara era demasiado excitante, provocaba moverme más rápido solo de ver su cara de placer. “Te quiero poner en cuatro” me dijo, “ponte, así como una perra en celo, pidiendo verga” bien abierta y en cuatro sentí como su verga me seguía penetrando, “que ricura” era todo lo que yo pensaba, me jalaba el cabello con aquella bestialidad mezclada con sensualidad. “dame rico, no pares” le decía, el introdujo un dedo en mi boca, chupándoselo me sentía más aún como una perra, una puta, toda una puta para mi amante, dándome una que otra nalgada, dolor que se volvía placer, sintiendo como su verga entraba y salía, que placer el que yo sentía… “quiero que me des por el culo” le dije, eso aumentó más el placer, me lo sacó, me volteó, me besó metiéndome la lengua a más no poder, su respiración estaba aceleradísima, chupando mi cuello, mordiendo suavemente las tetas, lamiéndome la vagina por unos segundos, todo rápido, el necesitaba metérmelo rápido por el culo, yo estaba muy excitada, acostados de lado, solo hizo falta aplicar el lubricante, mas nada, “métemela”… Uyyy que rico, dame mi amor, soy tu puta, de nuevo jalándome el cabello, “méteme dos dedos por delante” le dije “así que me sienta bien puta”, que rico era sentir mis dos zonas totalmente llenas, sentirme cogida por todos lados, a los minutos sacó los dedos y me hizo chuparlos me agarraba las tetas, apretándomelas, me mordía la espalda, “ponte en cuatro me dijo” lo hice, obedecía a cada una de sus ordenes, metiéndomela de nuevo, haciéndose notar con una rica nalgada, “vamos, muévete bien rico, bien culiona” me dijo, “no pares” le dije, “quiero que me llenes el culo de leche”, el me seguía dando, rico, muy rico, aquella rica verga entraba y salía, yo no podía mas de placer, las piernas me temblaban, gemía de placer, “vamos, sigue, como a una puta” le dije, siguió dándome, hasta que dejo mi culo todo lleno de leche, mas besos, aun las respiraciones aceleradas y yo, con más ganas de seguirle dando culo, menos mal, que este, mi amante, Alexander, es todo un macho alfa y su tenacidad da para seguir y seguir.

Que rico imaginar estas cosas y de solo imaginarlas y escribirlas, mi cuerpo se despierte todito.

mariajose220988@gmail.com

sexuales.confesiones (Instagram)

Mi cita odontologica

El era un doctor moreno,alto,y yo su joven paciente, ya era el fin del tratamiento, nunca sospeche,el tan apuesto,tan en su sitio. Yo por eso dias, no pasaba de ser un@ pajeadora, me masturbaba por todo, al levantarme, me pajeaba y dejaba ese semen derramado sobre la sabana, mi mama siempre me preguntaba que porque me sonaba (la verga) en la sabana. Tenia un amiguito iba a su casa, nos encerrabamos,acostados en su cama juntos leiamos libros,yo lubricaba mi pija de lo lindo,hasta que su mama nos llamaba,y parado vestido con su suavidad me hacia venir,con solo verla. El doctor me puso cita a las 6 de la tarde, fui, y me hizo sentar, algo de la boca me miro, y me dijo ” levantate, ven al baño y sacate la pija ” lo hice, en silencio, pero estaba esa pija mia empequeñecida,el la tomo en sus manos y la sacudió sin pronunciar palabra. Yo nervios@, por respeto seguia con curiosidad sus indicaciones,me hizo subir a la camilla ,mi bragueta abierta,mi pija inerte y flacida, yo acostad@,el bajo su lujoso pantalon y saca tremendo palo,una súper pija morena,dura,y montado sobre mi,me la frota primero suave, después con intensa pasion, mi doctor gozandome,y yo por primera vez con un hermoso señor haciendome entre feliz ,e indignado ,pues nunca me la pensé. Así tome gusto por las pijas, y aprendí, a tener sexo con las pijas,ay…como quisiera una pija lechuda…entre mi culito….lastima doctor, que no volví a su consultorio, pero siempre recuerdo mi primera vez.

Extraña atracción

Esto es veridico. Hace unos años tuve un accidente y me rompi una vertebra. Estoy en una silla de ruedas, no tengo sensibilidad ni movilidad. Soy independiente y no necesita ayuda del terceros. Tengo una discapacidad y eso no me acompleja en absoluto.

Pero me sigue gustando el sexo, y cómo no me corro, duro un montón de tiempo, dale que te pego, en la lesión medular es muy corriente la espasticidad, qué es un daño en el sistema nervioso central, esos son los síntomas, las pierna se mueven como si tuvieras un ataque epiléptico de cintura para abajo, con convulsiones y la polla en cuánto la toco un poco, se pone dura como una piedra. A todo esto.

Tuve una relación con una mujer de lo mas flipante. Parecia una mosquita muerta y agüita.

Su aspecto era normalito, no era fea, ni guapa tampoco. Pero tenía un buen culo y un buen par de tetas, tenía un cuerpo para comérsello. De comploxion delgada

Al principio normal, un buen polvo, pero segun la fui conociendo y en especial sus puntos erógenos. La cosa ya fue a mayores, descubrí que le gustaban los juguetitos caseros, en especial los calabacineses. no solo eso, también tenía orgasmos vaginales y clitorianos, ademas, cuando le comía el cuello se corría como una loca, multiorgasmica y cada vez que se corría le daban convulsiones (Hay que ver, voy a omitir mas detalles que no vienen al caso e ir al grano).

Recuerdo una noche que no olvidaré jamás, empezamos charlando y bebiendo una botellita de vino, al rato entre una cosa y otra, terminemos hiper-cachondos. Y empecemos con el ritual, yo me fui a la cama, y ella a la nevera a por el juguete, lo peló y lo calento en el microondas y vino conmigo. Empece comiendole la boca, y cuando llegue al cuello se fue como una loca, yo aún disfrutaba acariciándole y viendo como convulsionaba de lo sensible que tenía el cuerpo reaccionaba aún más cuando la tocaba jejjejej.

Luego me metí entre sus piernas, .le comía la cara interior de los muslos y la hacía sufrir pasando mi lengua cerca de donde ella quería jajajaj al final le daba lo suyo, la recompensa óooooooooooh My God!!! ( así suena mejor ).

Seguíamos echando un polvito, yo abajo y ella cabalgando, y segun se corría, la convencía para que volviese, una y otra vez, para que no parará, terminó esplotando de placern. Hasta cinco lo conté una vez.

Terminemos con el calabacín, pero en esta primera ocasión, todo cambio. Ya había notado que le gustaba el sexo anal y como estaba como estaba, la convencdiciéndole que se metiera el calabacín en el coño y que se metiera mi polla poco a poco en el culo, cuando la tuvo dentro y bien encajada empezamos el trote, fue como estar en el cielo.aAntes de acabar le dije que me cogiera la pierna y la echara fuera de la cama, que la dejara en el aire vamos, claro la pierna empezó a moverse arriba y abajo, de un lado a otro y a temblar de tal manera que eramos los dos dando botes sobre la cama. Claro no duró mucho la cosa y plaff, tanto fue el gusto que tuvo que arquearse bastante, para salir del temblequeo y de mi polla en su culo. De tal manera que mostró al amiguito olvidado y salió disparado hacia mi cara con tanta fuerza que me dejo un chichón en la frente.
Alguna pensará que me lo he inventado. Me da igual pero mucha imaginación tendría que tener para inventarme algo así, el caso es que nos seguimos viendo y las cosas fueron fueron a mayores, pero para bien, aún sigo pensando en ese día. Donde el sexo se convirtió en culto y ella en mi altar. Con el tiempo, no sé porque dejó de verme sin mediar palabra, pero creo que llego a un límite, en el que cogió miedo.
Después de eso no he encontrado nada, solo sexo tradicional. Y aun sigo buscando algo que me saque de esta rutina sexual . No dudéis en mandarme un correo electrónico, acompañada de una foto si me queréis conocer en persona, claro.
Pues estaría muy agradecido si queréis hacer un comentario Gracias a todos.

La pasión de Josito Maura

Toda mi historia empezó a finales de 2004, cuando conocí a Josito Maura. La primera que le vi estaba tomando café con un conocido mío que me lo presentó y me quedé a tomar café al final con ellos.

Mi amigo se fue al trabajo (eran las 5 de la tarde), yo me tenía que ir a la biblioteca a seguir estudiando la oposición que me estoy preparando pero Josito insistió en que me quedase a tomar otro café y seguir charlando, el trabajaba, en una tienda de zapatos propiedad suya por lo que no tenía hora de abrir, parecía simpático por lo que me quedé un rato más con él.

A los 15 minutos ya me había contado toda su vida, al parecer había sido una persona de mucho dinero que lo había perdido todo y que solo mantenía la tienda de zapatos y mucha labia, que tenía que vivir en el piso de su novia Lourdes a la cual detestaba (esto me lo confesó cuando pasamos del café a las cañas) por ser demasiado barriobajera y no tener su clase social, pero lo que al le gustaban eran las chicas con clase como yo.

Yo me divertía mucho con lo que me contaba, no sabia si iba en serio o en broma, pero me sentía halagada porque notaba como me miraba, y él también me empezaba a gustar sobre todo físicamente, aunque no era fuerte si tenía unos ojos verdes penetrantes y vestía muy bien, pero no quise seguir adelante sabiendo que tenía novia.

El hecho es que los siguientes días no me lo quitaba de la cabeza, me enteré por gente (y es que Cáceres donde vivo es muy pequeño y a Josito lo conocían demasiadas personas) que ya había puesto los cuernos a su novia varias veces, no muchas, pero si algunas, y eso me animó a dar el paso.

Me presenté una mañana en su zapatería vestida muy elegante con una chaqueta oscura, blusa blanca y vaqueros, mi mejor baza siempre ha sido mi elegancia, mi altura y mi pelo, y supe que en cuanto me vio quiso desnudarme, pero quería hacerle sufrir y dejé que me invitara a un café.

Al cabo de un rato viendo que no se animaba le invité yo a un par de cañas, y entonces confesó estar mal por una discusión con su novia Lourdes porque le dio mucha caña porque al parecer ella es muy histérica, nerviosa e insegura, por lo que se encontraba de capa caída, esa aptitud de niño pequeño hundido le enterneció ante mis ojos y me insinué un poco acariciándole el brazo.

No hizo falta más, estaba necesitado de amor y de sentirse deseado, todo fue muy frenético, unos besos apasionados y porque le paré diciendo sutilmente: “deja un poco para otro día”, y es que desde el primer día el no dejaba de jactarse una y otra vez de “la famosa pasión sexual de Josito Maura”, era un bocazas y un niñato pero yo me sentía muy atraída por él.

Me estuvo llamando varias veces al móvil los siguientes días, y al final no alargué más su agobia, y quede con él, no quiso quedar en la zapatería sino en un bar (evidentemente para que la gente no le viera), yo me puse mis mejores vaqueros, jersey de cuello abierto y camisa, fue pija, como él me había comentado que le gustaba.

Desde un primer momento me soltó muy prepotente: “Yo quiero a mi novia osea que no busques más que amistad conmigo, lo del otro día fue un error, y yo no pienso dejar a mi novia ni por ti ni por nadie”, indudablemente era el dinero de su novia el que hablaba por él y la necesidad de tener un techo donde dormir.

Es gracioso en que quedaron esas palabras, pues en menos de un par de horas su pasión por querer tocarme y desnudarme no había quien le parara, sobre todo en cuanto se tomó unas cañas y una copa que le invité, de él no salía nada por lo que le invité a mi casa que estaba sola, y ya allí todo fue imparable, yo di el primer pasó pero el resto fue todo suyo.

Me sobó por todo el cuerpo antes de desnudarme, le encantaba el tacto de mi ropa hasta que finalmente me quitó violentamente el vaquero y las bragas y me penetró, fue increíble, la erección no era excesivamente grande pero el ímpetu y las ganas fueron arrolladoras, no exagero si digo que estuvo 15 minutos sin coger aliento venga a follarme y a penetrarme, ni siquiera pudo desnudarme del todo, lo tuve que hacer yo.

Según pasaban los minutos más se aceleraba, y más fuerte empujaba, tenía que levantarle la cabeza de mis tetas para que recobrara el aliento, era todo un toro, un animal en celo, con unas ansias locas de follar y de comerme todo. Ese primer día me estuvo follando ininterrumpidamente 40 minutos, y luego me echo otro polvo de 10 minutos, fue apoteósico.

Me quedé totalmente prendada de él y con ganas de más y ahí si que me cortó pues los siguientes días volvió con el arrepentimiento venga a decirme que lo que había pasado había sido un desliz y que él quería a su novia y que no cortaría con ella, me quedé flipada, menudo golfo y sinvergüenza, aunque claro, esa era la tónica habitual de Josito Maura.

Le dejé en paz unos días, y aparecí de nuevo en la zapatería, como siempre vestida como a él le gustaba, tardo poco en volver a caer, y esos ojitos verdes estuvieron de nuevo entre mis tetas venga a follar y follar como ningún otro mortal puede haber follado nunca, no duró tanto como los primeros días pero desde luego compensaba por el tremendo derroche de energía sexual que desprendía cada vez que follaba. No me extraña que su novia, la desgraciada Lourdes, no le dejase pues si follaba así en todas las situaciones era para tenerlo a su lado aunque le pusiera los cuernos constantemente.

Me encantaba por una parte ese aparente genio y carácter que tenía pero también como contrarrestaba con ese crío niñato que no paraba de hablar, y es que desprendía tal magnetismo que era adictivo.

Nuestros encuentros siguieron durantes los siguientes días, incluso un día al entrar en la tienda me encontré a la famosa novia y tuve que hacer el tonto de que iba a comprarme unos zapatos para disimular.

El caso es que al cabo de unos meses me cansé de ser la otra, no me importaba, de hecho me gustaba la clandestinidad de nuestra relación, le daba más morbo a nuestras cada vez más brutales relaciones sexuales, pues con él descubrí el placer en todos los rincones de mi cuerpo, y esa mezcla de entusiasmo infantil al follar (como si llevase años sin follar) hacían de Josito una tentación suprema.

Por lo que un día quise pegarle un susto y le dije estar embaraza, a lo que el cabrón al principió se puso tristón aparentando que le afectaba para ir dejando ver poco a poco su incomodidad ante el tema diciéndome en un momento dado: “ese no es mi problema, yo no asumo nada, si quieres dinero no tengo nada”

Eso me cabreó mucho pero planee mi venganza (como buena mujer vengativa muy lentamente), le mande un sms desde una cabina a su novia diciendo algo así como “Tu novio te pone los cuernos, síguele el jueves por la tarde y verás”, solo que no pude llevarlo a cabo pues ese jueves no pillé a Josito, pero sabía que a partir de entonces iba a ser esto una tremenda relación de sexo bestial con maquiavélicas consecuencias.

Él astutamente me esquivó durante semanas, incluso me llegaron a decir que se estaba liando con otra tía que conocía a su madre y se aprovechaba de esa conexión para tirarse a Josito, pues él hacía siempre lo que decía su madre.

Yo dejé que pasaran los meses y no volví a aparecer por la zapatería, rehice mi vida y aunque siempre me quedaba en el subconsciente el tremendo morbo de follar salvajemente otra vez con él y me carcomía un poco los celos que se estuviese tirando en esos meses a su “novia oficial” o a cualquier otra que me hubiera sustituido.

Finalmente fue él que atacó, estaba tomándome un café con una amiga, y apareció él junto a su novia en el bar, me saludo muy tímida e indiferentemente, casi como avergonzado y supongo que temeroso de que Lourdes (su novia) se diese cuenta de que había algo entre los dos. Estuve tentada de ponerle en un compromiso pero sabía muy bien que Josito a pesar de ser un débil ante todo jamás me perdonaría haber interferido en su vida y entonces ya si que se acabaría todo. Por lo que pasé de todo y seguí de charla con mi amiga.

Pero gran sorpresa que en menos de una hora recibí una llamada suya simplemente para charlar, y así fue, incluso me convenció de que solo quería eso, pero como siempre su debilidad se hizo patente, y fui muy franca diciendo: “¿a quien quieres engañar con esa aptitud de persona honesta, integra y fiel a tu novia?, si te derrumbas siempre en cuanto ella no está”, él callo como queriendo que siguiera hablándole así, le eché una bronca pero lo cierto es que esos ojos verdes pseudo llorosos me enternecieron bastante y le di de todo corazón un beso en los labios que él agradeció.

Ese día me di cuenta que Josito a pesar de tener más de 30 años es y siempre será un niño necesitado de amor que lo buscaba tanto en otras chicas desesperadamente, y era ese niño dentro de cuerpo de hombre el que le hacía follar siempre tan intensamente como si la vida le fuese en ello, una mezcla de amor/sexo sea con quien fuese, su tremenda carencia afectiva le hacía vulnerable ante cualquier mujer, y eso me atraía más todavía, y ese día desembocó todo bestialmente.

Fuimos a mi casa, y ya dentro nos empezamos a besar lentamente al principio pero luego más pasionalmente, llevaba yo una camiseta de tirantas y unos vaqueros y me besó las tetas por encima de la camiseta con una dulzura y ternura que jamás le había visto nunca antes, era como si un niño de 14 años besará por primera vez unas tetas a través de la ropa, con mucho tacto, ternura, curiosidad y deseo, todo un cúmulo de placer por lo lento que fue todo, tremendamente lento.

Yo ya notaba la erección en su pantalón pero no fue directamente al grano, al contrario, siguió acariciándome por encima de la ropa, primero mis pechos, luego mi culo, mi entrepierna y mi cuello, me encantó, no tengo otras palabras que decir como me encantó, era la ternura personificada, como si su vida dependiese de eso. Jugueteo con todo mi cuerpo durante más de 10 minutos.

Ya todo fue un manantial de pasión, me desnudo con mucha suavidad pero con ferviente deseo en su mirada, sabía que había estado con muchas chicas y que con otras muchas chicas le quedaría por estar, pero ese día notaba que yo para él era la persona más especial y deseada del mundo. Me folló como siempre con fuerza, con mucha energía, con ese aire de ingenuidad de que estaba descubriendo que grande es follar, y duró, duró, incluso le llamaron al móvil y no se dio cuenta, fue un torrente de deseo puro, duro y muy natural, acrecentándose según pasaban los minutos, no se ni cuanto duro, solo se que tuve un orgasmo que duró muchísimo, más de 20 segundos, yo que se, fue como llegar al cielo y quedarme en él, no quedan palabras en el mundo para describirlo, una pasión sexual pseudo infantil repleta de energía, ilusión y entusiasmo por follar como nunca.

El se vistió y me dijo lacónica y muy seriamente: “Esta es la última vez que nos vemos” y se fue. Y desde entonces lo ha cumplido a rajatabla. En el fondo intenta ser fiel a su novia pero le es imposible, y en cierta manera es justo que sea así, pues un hombre tan dulce, tierno y sexualmente impecable está predestinado a satisfacer a muchas chicas, y eso él no lo sabe, pero por eso cada cierto tiempo cae contra toda su voluntad en las redes de una nueva chica, y es que la pasión de Josito Maura es una de las cosas que nunca se olvidan y que compensan de haber sido mujer.

Leche rosa

Rey era de esos machos mexicanos que no dejaban mujer sin haberla probado enterita, y ninguna dama podía resistir al encanto de un comandante militar en uniforme.
La historia que voy a contarles se remite a sólo hace algunos años, en esa época la novia en turno de Rey era una chica menudita, con sus proporciones bien deliciosas, senos grandes y nalgas bien paraditas, una delicia al ojo masculino que osara contemplarla, pero como todas las mujeres, tenía sólo un defecto: creía en el terrible concepto de la abstinencia.
Rey y Lucía llevaban ya 5 meses de novios, la urgencia del sexo comenzaba a pesar en la dureza y el color enegrecido de los testículos del comandante cada vez que le acariciaba las curvas a Lucía, quien pretendía que no pasaba nada, aunque muy dentro de ella ardía el deseo y muy fuera sus genitales se humedecían con tan sólo imaginar la sangre hirviente que mantenía erecto el gran miembro de su novio y que al acercarse podía sentir con lujo de detalle a través de la ligera tela de sus diminutos vestidos que tanto le gustaban.
¿Porqué Lucía creía en la abstinencia? Todos sus días 28 le resultaban sumamente dolorosos. Sentía a través de los inmensos cólicos el movimiento vomitivo del ovario en turno expulsando el óvulo muerto, el arrastre de la célula inservible a través del desgarre del útero, los vasos sanguíneos que dejaban brotar grandes chorros y el pequeño orificio vaginal adolorido por dejar pasar la muchísima menstruación del primer día. La compañera del cuarto de Lucía, Dulce, observaba éste espectáculo cada mes y cada mes le repetía lo mismo: “Lucy, tu tienes la culpa cariño, sí tan sólo dejaras que alguien te abriera la conchita no sentirías tanto dolor”. Lucía sólo la contemplaba con un profundo gesto de dolor, entonces se atrevió a preguntar, “¿Tu crees que el sexo me va a quitar los cólicos?”, “sin duda”, le respondió segura Dulce.
Lucía tomó el teléfono determinada a solucionar dos cosas, el sexo y los cólicos. Le pidió a Rey que se encontrara con ella en un motel del centro, no muy lujoso pero famoso por los buenos desayunos que servían en el restaurante, que lo estaría esperando muy “dispuesta” y que no se preocupara en llevar preservativos. Rey tuvo una erección inmediata al colgar el teléfono.
Cuando Rey llegó al Motel preguntó a la recepcionista por Lucía García, la indicación fue habitación 25. En cinco minutos Rey se encontraba frente a Lucía, que tenía puesto un diminuto y muy ligero vestido rojo que contrastaba con su piel blanca como semen almacenado por mucho, mucho tiempo. Rey usaba ropa muy holgada nada sexy, él no importaba, él estaba a punto de convertirse en un falo, no más, un falo gigante que iba a hacerle el amor a Lucía por todas partes hasta dejarla convertida en una mujer completa, llena, blanca por dentro y por fuera, y quizás en unos meses más la botaría, la dejaría como cuando se libera a un animal cautivo.
Lucía le dijo, “quiero que me penetres”, Rey no conocía a la mujer que le pedía directamente esto, a la mujer que durante cinco meses había resistido la calentura dentro de sus pantalones, hizo un gesto de duda alzando una ceja y ella volvió a hablar, “quiero que me hagas el amor porque la verdad me ayudaría mucho, la estrechez de la virginidad me provoca fuertes dolores menstruales y hoy que estoy reglando me gustaría que me ayudaras a agrandarme por dentro”. Rey no supo si sentirse incómodo o caliente, cachondo quizás porque su verga comenzaba a palpitar lentamente y a prepararse lubricando la tierna cabeza de su miembro.
“No digas más amor, no digas más” y entonces le subió el vestido hasta las nalgas, le bajó hasta las rodillas el bikini brasileño que ya se encontraba manchado de líquido menstrual, entonces la tiró a la cama con una agresividad respetable, como sólo un comandante entrenado puede tenerla, y el espectáculo de su velluda puchita fue indescriptible. Del orificio vaginal colgaba un hilito, Lucía traía puesto un tampón, claro, estaba reglando. Rey jaló delicadamente el hilito y para su sorpresa, el líquido fue tan abundante que le salpicó la cara y parte del pecho. Rey se quitó entonces la ropa, sólo los calcetines quedaron prendidos en los largos pies. “Ahora sí mi frigidita, ahora sí”, y le mostró la enorme verga chorreante que parecía enfurecida por las venas azules y saltonas. La sangre no paraba de salir, entonces penetro sin rodeos y de una buena vez a Lucía que gritaba similar a los graznidos de patas en celo, “Ajjjjfajjaaaa, ohj, ohj, ayyyyyjiiiahhh” salían de su tierna boca. No voy a mentir, al principio le costó tanto trabajo a Rey meter por la estrechez su gran aparato, pero la sangre ayudó mucho a facilitar la penetración, en cinco minutos Lucía se convirtió en toda una perra sexual, se dilató tanto por la exitación como una puta experimentada y no tardo en mostrarle sus senos al comandante, en tocárselos al ritmo de la cúpula, en chuparlos con su lengüita de niña perversa, en mordisquearlos para subir el tono del buen ensangrentado sexo que estaban teniendo.
Rey observaba gustoso el espectáculo, era la primera vez que se lo hacía a una mujer menstruando, entonces se distrajo por algo que le pareció repugnante. Pequeños tejidos, diminutas costras se le había adherido al pene, comenzó a preguntarse que era eso, él no sabía nada de menstruaciones ni de ginecología. El hecho le disminuyó la erección y Lucía no tardó en notarlo, “ya no te siento, ¿qué pasa?, dame más, hazme un agujero del tamaño de Nueva Cork, cójeme, no seas puto, anda ma…”, y Rey se concentró para recobrar fuerzas y hacer chillar a la recién putilla.
Lucía no aguantaba el calor, las nuevas sensaciones de el otro dentro de ella, ya no había vacío ni dolor, sólo la calentura que se movía en ella y ella que se movía en la calentura. Los impulsos la llevaron a sentarse, entonces el pliegue de la vagina le añadió presión al gigantesco miembro de Rey, él no pudo aguantar, por más experimentado, y como siempre lo hacía antes de venirse, le dio lo más duro y fuerte dentro de la calientísima muchacha
Ambos terminaron al mismo tiempo, ella suspiró un tierno gracias y él le dijo, “no seas tonta, lo mejor está por venir”, mientras pronunciaba estas palabras ella pudo sentir algo aún más caliente que su sangre siendo expulsado dentro, la sensación riquísima de la leche de vida le aumentó el orgasmo, gritó, y entonces cuando el líquido la invadió expulso lentamente la verga de Rey. Hubo un espectáculo más maravilloso que cualquiera que yo pudiera describir, el blanquizco líquido de la chorreante pija se mezcló con la menstruación de Lucía, por todas partes, entre las cavidades, mezclándose con el sudor de los cuerpos, una leche rosa invadió el lecho de los amantes.
Lucía tuvo en su primer coito el mejor acto sexual de su vida, nunca superado por ningún otro hombre. Rey en realidad nunca lo dijo pero hasta hoy la leche de fresa le provoca asco, recordar aquella leche rosa que en realidad lo repugnó, lo traumatizó al punto que, al día siguiente de haber cojido a Lucía, mientras ella dormía en la cama de la habitación, él se metió al baño, talló con jabón 6 veces su pene para poder retirar los tejidos y las costras sangrientas que la regla de su novia le había dejado de recuerdo.
Hoy no puedo decir que Rey haya cambiado el hábito de comer mujeres, como buen mexicano sigue su filosofía de entre más mejor, prueba de eso es lo que la otra vez me dijo, “con Lucía no fue agradable, pero ya caliente, ¿qué le hacemos?”.