Autor: Ju ancho.
Había un cine en mi barrio cuyos acomodadores eran mujeres. Ninguna joven. Entendámonos : para mis dieciocho años, cualquier persona de cuarenta era un viejo o una vieja. Ese extraviado sentido de la edad ajena lo hemos tenido todos. El cine era un “sesión contínua” y el precio de las localidades era muy razonable. Las acomodadoras no atendían el entresuelo, solo se ocupaban del patio de butacas.
A mí, que a esa edad estaba siempre con las hormonas revolucionadas y no paraba de “aliviarme” en la cama, las acomodadoras me parecían guapísimas. Sobre todo una, que siempre me sorprendía mirándola. Cuando era más chaval, nunca se había fijado en mí, pero ahora lo hacía. Nuestras miradas se cruzaban insistentemente ven su ir y venir por el patio de butacas. Nos sonreíamos al mirarnos. Debía tener ……unos cuarenta y cinco años, pelo negrísimo y muy abundante, ojos bonitos, de mirada algo triste; tetas generosas, pantorrillas gruesas, que hacían pensar en unos muslos poderosos. Tenía un culo abundante,sin exagerar y cintura que los años habían redondeado. También tenía tripita, lo que me hacía pensar que, debajo de ese montículo, habría otro más bonito y acogedor, cubierto de pelo negro muy abundante. Esto lo suponía por lo que oía hablar a mis tíos y a los chicos mayores del barrio,a los que nuestra presencia no impedía hablar de las cosas del sexo. Los mayores afirmaban que había una gran correspondencia entre el pelo de la cabeza y el del “chichi”, según aseguraba la frase popular: “si así está el llano ,calcula cómo estará la montaña”. Por los mayores sabíamos que la acomodadora que a mí me gustaba no le hacía caso a ningún hombre de los muchos que intentaban ligar con ella. Decían que estaba muy buena, que era viuda sin hijos y que tenía a su cargo a su madre, que era portera de una casa en la calle Montesa. Por supuesto, estoy hablando de Madrid. En cierta ocasión, sin estar yo presente, uno de los mayores dijo que había observado que la acomodadora y yo nos mirábamos frecuentemente e intercambiábamos sonrisas. Afirmó que, estando cerrada a ligues y no permitiendole a nadie confianzas, era claro que le gustaban los chavales, especialmente yo, que era al único al que miraba y sonreía. Dijo a los otros chicos que me lo contasen y que siguiese al pié de la letra sus consejos. Me lo contaron y, a partir de ese momento, fingiendo molestias oculares por la excesiva proximidad de la pantalla, comencé a pedir que me dejase sentarme en la última fila, segunda butaca de la derecha. Ella, mi guapísima acomodadora, cuando ya no entraban espectadores, se sentaba en la primera butaca. Es decir, a mi lado. Así lo hice durante varios sábados. Y aunque no pasó nada, noté que, al volver a sentarse tras acomodar a algún rezagado, su pierna, como al descuido, se apretaba contra la mía.
Comentado el caso con los mayores, me aconsejaron ir al último pase, hacerme el encontradizo en alguna de las calles por las que iba a su casa y….esperar acontecimientos.
Cierto jueves, en Agosto, el de los mayores que había observado las miradas y las sonrisas, llegó al banco donde nos sentábamos y me soltó:
Mañana tienes que ir de entierro. Se ha muerto la madre de la acomodadora. Si la das el pésame y vas al entierro, te ganarás su afecto. Ese es un gran comienzo.
Siguió diciéndome, punto por punto, todo lo que debería hacer para conseguir mis propósitos. Me recomendó sobre todo paciencia.
Hazme caso. Si haces con habilidad lo que te he dicho, darás el paso definitivo. ¿Tu has hablado con ella cuando estabas sentado a su lado?.
Si, mucho. Es muy simpática.
Será contigo. ¡Ah!, otra cosa: Si, como es costumbre en las mujeres, no fuese al entierro, ofrécete a recoger los papeles y llevárselos a casa después del entierro y a acompañarla cuando quiera ir al cementerio, para evitar que no encuentre la sepultura. Vaya, en pocas palabras, ofrécete para todo lo que necesite. vTe aseguro que, si haces lo que digo al pie de la letra, eres su novio antes de un par de meses y te metes en su cama. Te aseguro que, cuando las mujeres se sienten solas y aparece un amigo que la ayuda en lo que haga falta, sin buscar nada, sólo queriendo ayudar, ese se lleva el gato al agua. ¿Me has entendido?.
Si, perfectamente. Y muchas gracias, Pepe, eres un amigo.
De nada,hombre, para eso están los amigos del barrio. Si eres listo y la haces como te he dicho, te metes en su cama. Imagino que es lo que buscas,¿no?.
Claro.
Pues….suerte, vista y al toro. Vete mejor a las diez, así tienes más tiempo de ayudarla en las muchas cosas que hay que hacer. ¿Lo harás?. ¡Ah!, se me olvidaba: si te presenta como su primo o sobrino, ya está todo hecho. Con eso, justifica tus futuras visitas sin que levanten sospechas entre las vecindonas, que todo lo cotillean. Sólo hay que dejar que pase el tiempo, sin prisas, con paciencia. Mañana por la noche nos cuentas cómo ha ido todo. ¿Sabeis vuestros nombres?.
Si.
Vale. Bueno, mañana hablamos.
Para sorpresa de la familia, me levanté a las siete de la mañana. Como hacía
(4
calor, me duché con agua fría. Después de desayunar y tras lavarme a conciencía la boca, usé un elixir. Había observado que en entierros y funerales abundaban las alitosis (mal olor de boca). Supuse que daría algún que otro beso y era imprescindible evitar mal aliento. Me vestí con pantalón gris y cazadora y corbata negras. A las nueve estaba cogiendo en Lista el trolebús hasta Montesa. Al llegar a la casa, me adentré hacia el fondo del piso bajo. La puerta estaba abierta y se oía el murmullo de oraciones. Nada más entrar, Amparo salió a mi encuentro. Al verla venir hacia mí, recordé haber leído en alguna parte que, ante la muerte, se hace más presente el deseo de vivir, de sentir la vida y que no es extraño que se refuercen la sexualidad, las ansias de amar y ser amado. Me besó ambas mejillas. Yo correspondí buscando la comisura de sus labios. Al darme ella el segundo beso, (¡oh, maravilla de las maravillas!), hizo lo mismo y nuestras comisuras se unieron. Nos abrazamos con fuerza. Sentí el calor de sus gruesos muslos y el corazón se me desbocó. Me tomó ambas manos.
Ju ancho, cómo te agradezco que hayas venido. No sabes el bien que me hace tu presencia. Sólo me acompañan las vecinas de la casa. ¡Me siento tan sola, tan sin amigos!
Eso no, Amparo, yo estoy aquí para acompañarte, intentar consolarte, servirte de ayuda….en lo que yo pueda hacer. Me ofrezco de corazón.
Se abrazó a mí sollozando y agradeciendo mi compañía.
¿Quieres verla, Ju ancho?. No impresiona, pobrecita mía, está como dormida.
Claro, vamos.
La tomé por la cintura y fuimos hacia donde estaba su madre. No impresionaba la pobre señora. Amparo, a la que, protector, seguía rodeando su cintura, se giró un poco, me abrazó de nuevo y sollozando con fuerza, reiteró su agradecimiento. La conduje a la cocina y pregunté:
¿Dónde tienes la tila, Amparo?.
Ahí, en ese armarito. Pero no te molestes, Juancho.
No es molestia alguna, he venido para ser útil. Mientras yo preparo la tila, sal al comedor y reza con las señoras.
Como estaba acostumbrado a preparar infusiones en mi casa, la tuve lista en un periquete y se la llevé al comedor.
Toma, aunque la he enfriado un poquito, bebe despacio, no te quemes.
Gracias, Ju ancho, eres muy bueno. Dirigiéndose a las vecinas, dijo: Es mi sobrino, hijo de una prima, ¿saben?.
Tras esta significativa presentación, me senté a su lado y la animé a tomarse toda la infusión. Entre sorbo y sorbo, fui enterándome de lo que tenía que hacer en su nombre.
¿Qué más puedo hacer, tía?.
Rezar conmigo, ¿quieres?.
Claro que si. Por su eterno descanso.
Me uní al rezo común. Mientras, observé que no estaba ninguna de las otras acomodadoras.
Y tus compañeras, ¿no han venido?.
Han llamado excusándose. Sólo son cuatro y como ya no voy a volver al cine………
¿Y eso?….. ¿Es que los dueños quieren reducir plantilla?…¿Has discutido con….alguien?.
No, cielo, es que el casero me ha ofrecido la portería. Ya te contaré cuando vuelvas otro día. Porque…….tu…volverás a verme, ¿verdad?. Te necesito, Juancho, me he quedado muy sola, muy abandonada. Mi mamá se ha ido y………¡no tengo a nadie!.
Sollozando, inclinó la cabeza sobre mi hombro. Yo, perfecto en mi papel de sobrino protector y cariñoso, la abracé por los hombros y besé su frente.
Volveré después del……entierro.
Volvía a sollozar con fuerza. La abracé por debajo de los brazos. Sin querer, palabra que fue sin querer, mi manov se apoyó en uno de sus pechos. La retiré al instante, ese momento era inoportuno y contraproducente. Me llevé una gran sorpresa: se cumplió al pie de la letra lo que había leído sobre las reacciones que la presencia de la Parca podía provocar entre los vivos.
Perdona, no he querido……..Perdona, ha sido sin intención.
No tengo nada que perdonar. Te estoy profundamente agradecida, Ju ancho, tu compañía es un gran consuelo para mí. Y si, en tus muestras de…..afecto…
De cariño, tía Amparo, de un cariño muy profundo y verdadero, te lo juro. ¿Me crees?.
No sólo te creo sino que …..te….aseguro ….que haces que aumente el consuelo que me das. Yo también te tengo mucho cariño, querido Ju ancho. Ese roce, ese tocamiento…
¡Te juro que ha sido sin intención!. Tienes que creerme, Amparo.
Te creo, Ju ancho, te creo. Se que eres muy buen chico. Por eso me atrevo a decirte que……..no es el momento de hablar de esto….pero…… Verás, no me ha molestado en absoluto, al contrario. Si hubiese sido intencionado……..quiero que lo sepas, para hoy y para el futuro, que tampoco me habría molestado. ¿Comprendes lo que te quiero decir, Ju ancho?.
Creo que sí, que cuando la vida siga su curso y a pesar de este dolor, quieras volver a rutinas, afectos, a……cariños verdaderos, Amparo, cariños sinceros……..
Te lo haré saber para…….
Ya sé, no hay prisa alguna, las cosas deben producirse de un modo natural.
Así es. Pero quiero que sepas, deseo que sepas, sin dudarlo, cielo, que este gran cariño que noto en tí es… correspondido. Pero, como bien dices, el tiempo nos llevará a donde debamos ir. ¿Me comprendes?.
(8
Si, Amparo. Oigo ruidos, deben ser los funerarios. Ven que yo te sugete, tía Amparo.
Volví a este tratamiento familiar porque dos vecinas estaban a punto de entrar en la cocina.
Amparo, ya están aquí (dijo una de ellas). Este momento es muy malo, debes tener valor. Cógete a tu sobrino y ven a decir adios tu madre.
Despedido el duelo parroquial, que recorrió unas pocas calles del barrio, la mayoría de las personas, sin medio de transporte, se marcharon a sus quehaceres.
Aceptado por todos como sobrino, subí al coche de duelo e invité a cuatro personas mayores. Cumplido todo el ritual mortuorio, que ahora sólo subsiste en pequeñas localidades, regresamos a casa de Amparo. Entramos los cinco a consolarla. Estaba abatida, con los ojos enrojecidos, carente de ánimo. Las señoras la besaron con afecto y alabaron mi actuación como representante de la familia. Cuando quedamos solos, tras darle los papeles de entierro y sepultura, la forcé a borrar las huellas de tanta lágrima, arreglarse mejor y salir conmigo a tomar el aire.
Soy consciente de que los lectores esperaban otra cosa, no este detallado relato del ceremonial mortuorio español del año 1953, pero entiendo que saber del pasado no estorba. No duden que lo sexual estará muy presente. Y no tardando.
Ya en la calle, tiramos hacia el bulevar del Paseo de Ronda. vAllí, con el poco tráfico rodado de la época y los muchos árboles, sentí que dejaba atrás el triste y algo depresivo ambiente funerario. Noté también que Amparo, que se aferraba a mi brazo como un náufrago a una tabla, respiraba a borbotones el aire del paseo, el aire del diario vivir. Notaba apretado contra mi brazo,la amorosa dureza de sus pechos. Sentí que ese deseado roce me emocionaba, me hacía sentir algo más que lo puramente sexual, que tanto deseaba.
Caminábamos por el bulevar, sintiendo el sol del verano, el calor de la vida. Amparo me miró con cariño, tomó mi brazo con ambas manos y lo apretó más fuertementew contra sus pechos. Sentí un enorme deseo de poseerla, de meter mi cuerpo en el suyo, de volverme loco con su amor. Sentí el comienzo de una erección. Inclinando la cabeza, besé la comisura de sus labios. Su reacción me sorprendió, emocionándome.Sus labios buscaron los míos y su lengua los rozó ligeramente. Me volví hacia ella y la abracé. Sintió mi erección y se apretó contra mi. Todo en cuatro o cinco segundos, aprovechando que el fuerte calor de las dos de la tarde hacía que la gente huyese de la calle. Volvió a cogerme del brazo con ambas manos, apretándolo con fuerza contra sus pechos. La vida siempre se abre paso.
Amparo lo había sentido al abrazarnos y notar mi erección, mi deseo de meter mi cuerpo en sus entrañas y disfrutar de su amor, de su pasión. Se sintió deseada, más mujer, más apasionada, más viva. Todo eso y mucho más lo expresaba su sonrisa. Apoyó la cabeza en mi hombro y continuamos nuestro paseo.
Amparo……yo……no quiero que pienses……No te enfades conmigo…te tengo mucho cariño y…. ese beso…….ese beso ha despertado todo mi sentimiento de hombre encariñado con una mujer.
Ya se que la culpa ha sido mía, cariño, pero es que, en medio de tanta tristeza, tu…….me has hecho………….
¿Qué te he hecho, Amparo?.
Pues….que me sienta de nuevo viva, más mujer que nunca. Y muy contenta de sentirme muy mujer por ser tu el hombre que está a mi lado. Puede que te parezca una atrevida, pero es…..
La interrumpí, besándola la mejilla.
Todo eso que me dices, Amparo, me hace pensar que…….
¿Qué, cariño?.
¿De verdad soy tu cariño?. Cuando me llamas cariño, ¿sientes lo que dices?.
Con todo mi corazón, cariño mío.
Me haces muy feliz, Amparo.
Ju ancho, ¿tu sientes lo que yo siento por tí?.
Si, mi amor.
Dímelo otra vez, cariño mío, ¿soy tu amor, tu amor de verdad?.
Si, cariño, eres mi amor verdadero, no una amor pasajero, una bonita aventura. Siento amor por tí desde que iba al cine. Iba sólo por verte, que conste, por sentarme a tu lado, por sentir que tu pierna presionaba la mía. Ya se que era una cosa casual, sin intención…….
Me besó la mejilla, apretó más aún mi brazo contra sus pechos y deteniendo nuestro caminar, soltandome el brazo y tomándome ambas manos, me dijo, mirándome a los ojos:
Si yo apretaba mi pierna contra la tu vya no era por casualidad, lo hacía a propósito, para que te dieses cuenta de que me gustabas. Yo sabía que te gustaba a tí y quería demostrártelo. vAl llegar hoy a mi casa, (no esperaba que vinieses), he sentido que llegaba el hombre de mi vida, que venía a consolarme, a hacerme sentir que no estaba sola, que había alguien que me quería y que me lo estaba demostrando. Por eso, al sentir que íbamos a vernos con mucha frecuencia, me inventé lo del sobrino. Las vecinas son muy cotillas y así se justificaba el venir a verme. Tu me seguiste la corriente enseguida, amorcito. Ya que estoy contando todo lo que siento, déjame hablar sin interrumpirme. Mira, yo soy viuda, por lo tanto, lo que ocurre entre un hombre y una mujer no es una novedad para mí. Yo sé, amor mío, lo que estás sintiendo por mi, lo que deseas que nos hagamos…..con mucho cariño. Lo he sentido al abrazarnos. Y me ha gustado darme cuenta de lo mucho que deseas que nos queramos con…….locura, sí, con locura. ¿Tu lo deseas o me equivoco?.
No, no te equivocas, me muero por ti, por tu amor de mujer, por tu cariño. Eres preciosa y te quiero.
Y yo a tí, amor mío. Se que vas a ser el amor de mi vida. Se que me quieres no sólo por eso que tu y yo sabemos y que tu cuerpo me ha hecho notar, se que hay entre los dos un gran cariño. Por eso, no dudo en pedirte que tengas paciencia, que me dejes salir de tanto dolor. ¿Lo haras, mi vida?.
Si, mi amor, sin ningún esfuerzo. Miento, con mucho esfuerzo, pero aceptándolo como algo natural entre tu y yo, que nos queremos de verdad. ¿Será por mucho tiempo, cariño?.
No, mi amor, porque yo tampoco podré esperar demasiado. Pero hay cosas que obligan. ¿Lo entiendes,b mi via, lo aceptas?.
De corazón, cariño mío. ¿Sabes que me has hecho muy feliz?.
Me alegro, cariño, tu a mi también.
Mira, vamos a ir a comer a una casa de comidas que yo conozco. Lo hacen muy bien y muy barato. No admito negativas.
Después de comer, cuando regresamos a su casa, la cara de Amparo cambió, tornando a sus ojos la tristeza y el desaliento. Tras cerrar la puerta, se abrazó a mi con fuerza.
Ju ancho, amor mío, dame tu fortaleza, tus ganas de vivir……¡Dame todo tu amor!.
Mis manos hicieron lo que siempre desearon hacer: desabrochar el cinturón, subir la camisa, quitársela, desabotonar el sostén y acariciar sus pechos.v Mis dedos pellizcaron suavemente los pezones. Mi boca chupó ansiosa sus vtetas. Amparo suspiró, su respiración se hizo entrecortada, jadeante. Aflojé un botón lateral y la falda cayó al suelo. Me separé ligeramente de ella para ver sus muslos, sus bragas, su vientre, los pelillos que escapaban rebeldes del borde de las bragas. Era preciosa, ¡cómo me gustaba, cómo la deseaba!. Nuestras bocas y lenguas se unieron para chuparse, lamerse incansablemente y provocarnos más jadeos, más ansias de fundirnos en un sólo cuerpo. Amparo, abrazándome más fuertemente, me pidió, con infinito cariño:
Hoy, no, vida mía. Ya ves que te quiero con toda mi alma y que estoy deseando que entres dentro de mí, de tu novia. Te ruego, vida mía que tengas un poquitín de paciencia. ¿La tendrás?. Yo,si lo haces, te querré más y sólo estaré pensando en ser tuya. Si tu deseas otra cosa, si no puedes esperar, nos acostamos ahora mismo y nos fundimos en un sólo cuerpo. Luego, cuando te vayas, me sentiré mal. No necesito decirte por qué. ¿Qué deseas hacer, amor mío?. Yo haré lo que tu quieras.
Mira, cariño, eres mi novia y te respeto muchísimo. No voy a negarte que sólo sueño con sentir que mi cuerpo entra despacio y profundamente en el tuyo, que me mojas al sentirme dentro de ti, que te corres y que yo me corro contigo, inundándote, dándote todo mi amor de hombre. Te quiero mucho, Amparo y me cuesta esperar, pero sabré hacerlo, sabré complacerte.
Gracias, amor mío.
Se abrazó a mí y su lengua se metió hambrienta en mi boca. Yo no pude resistirlo y la bajé las bragas. Sentí sus pelos entre los dedos. Tenía una selva en la entrepierna. Dí un paso atrás para verla a placer. Entendió lo que quería y se quitó las bragas, dejándome ver la gloria de su coño, el más bonito y con más pelo que nunca había visto. Lo acaricié con la emoción del que acaricia algo sagrado. Porque sagrado es para el hombre enamorado el coño, el cuerpo todo de la mujer amada. Su coño echaba fuego. Y así se lo dije.
Claro, mi amor, porque estoy loca por tí y mi único deseo es que me entres, que me entres hasta lo más profundo de mis entrañas. Sólo me siento mujer contigo, por tí, para tí, Ju ancho mío, que has entrado en mi vida y has hecho que me sienta más mujer.
Tu coño es precioso, Amparo.
¿Te gusta?, ¿te gusta mucho?.
El que más me gusta del mundo. Estoy deseando comérmelo.
Si,vida mía, yo estoy deseando que me lo hagas. Y yo comerme tu…..tu cosa.
¿Te da vergüenza decir el nombre?.
Un poco, pero por tí…..lo que sea. Estoy deseando comerme tu polla, mi amor.
Como sigamos diciéndonos estas cosas tan cariñosas, vamos a acabar metiéndonos en la cama. Y yo quiero esperar hasta que tu te sientas dispuesta.
Lo estoy, amor mío, estoy dispuesta para que nos lo hagamos ahora mismo, pero me enamora más de tí el que seas capaz de esperar. Sólo unos dias, amor mío, que yo estoy loca perdida por tí. Ya tendrás ocasión de comprobarlo.
Vamos a vestirnos, porque cómo sigamos así…….Mira, tu necesitas distraerte y luego nos vamos a ir al cine. Si, si, ya sé que te parece………que te parece que está mal, pero necesitas volver a la rutina diaria y a cambiar la expresión de tus ojos.
Lo que tu digas, amor mío. Si quieres que vayamos la cine cogidos del brazo como ……como lo que somos, dos novios….. pues……haremos lo que tu quieras.
Estupendo. Yo me voy a casa, me ducho y cambio de ropa. Y vengo a por tí a las nueve. En casa deben estar preocupados. Te recojo, cenamos unos bocadillos y al cine. Luego te dejo en el portal y cada uno a su cama. ¿De acuerdo, cariñín?
Me abrazó y besó con ansia. Las lenguas se unieron con ansia, deseando comerse la una a la otra.
Gracias, cariño. Eres muy bueno. Cada minuto que pasa te quiero más.
Nuestra relación, nuestro noviazgo se mantuvo estable y afianzándose durante las dos semanas siguientes. Un sábado-noche fui a buscarla para ir al cine, como hacíamos todos los sábados. Amparo me esperaba en bata. Cuando cerré la puerta se la quitó y quedó ante mí sólo con una combinación muy corta, tres dedos por debajo de las bragas. Sus muslos eran gruesos, espléndidos, de los que enamoran perdidamente. No pude resistir la tentación y la abracé y, buscando la humedad de su boca, hice que cayera al suelo su combinación. ¡Madre mía!….¡Estaba desnuda, sin sosten y sin bragas!. Su coño era una selva de pelos ensortijados que me encendían la sangre. Me quedé sin aliento, apenas podía respirar y mucho menos hablar. Haciendo un esfuerzo logré decir:
Amparo, amor mío, no me hagas esto, no lo puedo resistir.
Yo tampoco, cariño de mi vida, yo tampoco quiero esperar más, quiero ser tu mujer.
Desabrochándome el cinturón, me bajó pantalones y calzoncillos. Su boca, ansiosa de mí, de nuestro amor, buscó mi polla y comenzó a lamerla. Jamás pensé que aquello pudiera hacer sentir tantas cosas. Las piernas me temblaban cuando me desembaracé del pantalón y los calzoncillos. Amparo, con infinita suavidad, despacio, recreándose en ello, fue metiendo mi polla en su boca. La pedí que nos fuésemos a la cama, que se me doblaban las piernas. Fuimos hacia su dormitorio. Lo hicimos muy despacio porque Amparo, la locura de mi vida, no se sacó la polla de la boca. Agachada , sin dejar de mover en círculos la boca, llegamos a la cama, yo me di la vuelta y me dispuse a comerla el coño, algo de lo que tanto hablaban los mayores del barrio y que yo nunca había probado. Cuando sentí que mi boca se llenaba de rizos, de los rizos del adorable coño de Amparo, la mujer que me enamoraba, creí que ya había logrado lo que en sueños había intuido.
Juancho, te quiero, amor de mi vida, te quiero muchísimo.
No pude contestar, tenía la lengua ocupada en lamer su adorable coño, tomando entre mis labios los de su coño, que succioné con infinito cariño. Debió sentirlo profundamente porque sacándose la polla de la boca, me dijo con voz ronca:
Te quiero, ¡ay como te quiero, vida mía!.
Siguió chupándome con ansía metiéndose toda la polla en la boca, chupando y lamiendo incansable. Yo, habiendo sentido que succionando con mis labios los de su coño se volvía loca de gusto, seguí gozando del más fabuloso sesenta y nueve. ¡Cómo me gustaba chupar y lamer su coño!, ¡qué delicía, cuánto gusto me daba sentir sus chupetones mientras mi lengua se metía en su coño. Gritó levemente y separándose dijo con voz entrecortada:
¡Me corro, mi vida, me corro, nunca he sentido tanto gusto!. ¡Te quiero, Ju ancho mío!.
¿Por qué te has quitado?. Yo quería sentir tu leche en mi boca.
Ha sido por si te desagradaba. Otro día. Ahora te vas a meter dentro de mí.
Dándose la vuelta, me cabalgó y, de un sólo empujón, se metió toda la polla en su abrasador coño. ¡Cómo quemaba ese coño!, ¡cómo destiliba jugos, leche de hembra cachonda, enamorada, que me volvía loco metiendo y medio sacando mi polla de sus entrañas!. ¡Qué coño tan suave, cómo me envolvía la polla en un abrazo ardiente, apretado y lleno de jugos que me llegaban al vientre y me empapaban el vello!.
¡Qué maravilla de mujer, cuánto la quería, qué enamorado me tenía!. Mi amadísima Amparo inició un jadeo más fuerte. Sentí que ahogaba los gritos que pugnaban por salir de su garganta, que habrían escandalizado a las vecinas de la casa. Creí necesario advertirla:
No grites, vida mía, que yo tembién me estoy muriendo de gusto.
¡Es que me matas, Ju ancho, me matas de gusto, nunca he sentido este gustazo!. ¡Me he corrido cuatro veces, amor de mi vida y me voy a volver a correr!. ¡Te quiero, te quiero…..!. ¡Ay, aaaaayyyyy, me corro otra vez, aaaaayyyyyyyy!.
¡Yo también me corro, mi vida, te quiero!….¡Aaaaahhhhh, me viene, qué gustazo!. ¡Toma, toma mi leche, tomaaaaa!.
¡Sí, vida mía, dámela, es mía, de tu Amparo, de tu novia, dáme tu leche!.
¡Toma, mujer mía, mujer de mi vida, me corro, te quiero!.
¡Marido, esposo de mi alma, me vuelvo a correr……..dos veces….. dos veces seguidas …… me vas a embarazar……marido mío, marido de mi alma!.
Sí, esposa mía, sí…….me corro, quédate embarazada, ¿me corro, aaayyyy.
Una niña, una niña, Ju ancho, mi amor, una niña.
¡Ah!, ¡ya , ya, qué gustazo, cuánto te quiero!.
Me descabalgó y permanecimos abrazados, besándonos y lamiendo nuestras lenguas un largo rato. Fuimos al baño y nos duchamos, saboreando el inmenso placer de enjabonarnos mutuamente. Al volver a la cama, Amparo cambió la sabana , que estaba muy empapada. Nos besamos de nuevo. Amparo, separándose un poco, me miró largamente a los ojos y, acariciando con infinita suavidad mi polla, me preguntó:
Todo lo que me has dicho, amor mío, ¿ha sido por apasionamiento o lo sentías realmente?. Me gustaría que, por encima de cualquier consideración, fueses muy muy sincero. ¿De verdad quieres que tengamos un hijo?.
Tu has dicho una niña, cariño, una niña. Aunque estaba muriéndome de gusto contigo, amor mío, mujer de mi vida, he oído perfectamente que decías una niña.
Ju ancho, no confundas el juego amoroso con la realidad de los sentimientos …….permanentes. ¿Me consideras tu mujer, tu esposa?
Sí, amor mío, sin papeles, sin bendiciones, sin …..nada de lo acostumbrado, yo te consi- dero mi esposa, mi mujer queridísima, la que quiero que esté conmigo toda la vida, ¿sa…
Me interrumpió con un beso húmedo, lleno de pasión, de profundo amor.
Yo me siento tu esposa y quiero darte un hijo, una hija, marido mío.¿De verdad quieres dejarme embarazada, mi vida?.
Sí, si quiero, amor mío. Y ojalá sea pronto.
Rió con ganas y dijo:
Si existe una relación entre la cantidad de leche recibida en el coño y la maternidad, te puedo asegurar, vida mía, que ya me has embarazado.
Ojalá sea así.
Puede que ocurra así. Nunca he sentido con con tanta fuerza el amor de un hombre. Te quiero y estoy deseando hacerte papá. Piénsalo bien, amor mío, que una vez que se pone en marcha ya no se puede parar. ¿Estás seguro, pero seguro, seguro?.


