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La aprendiz de masajes tantricos

Les voy a contar algo que me ocurrió hace muy poco, fruto de ser paciente y saber esperar el momento oportuno.
Todo comenzó hace más de un año cuando la conocí, primero a través del face y después en persona. Ella había hecho un curso de masajista pero no trabajaba de eso. Charlamos bastante y se interesó por los masajes tantricos. Obvio que se interesó porque yo me encargué de publicitarselos de una manera especial, contándole que iba a sentir una sensación especial, de lo maravilloso que es experimentar el placer en todo el cuerpo, de lo profundo que iba a gozar cuando el masaje llegara a sus zonas más erógenas, que no había ni punto de comparación con el famoso masaje con final feliz, etc….
Todas verdades, si, tan verdades como lo que yo quería, garchar con ella!
Llegó el día y llegó el masaje. Y los dos tuvimos nuestro premio.
No voy a ahondar en detalles porque este no es el tema principal de este relato pero ella tuvo su placer a través de mis manos y mi lengua hasta alcanzar varios orgasmos y yo tuve el mío al acariciar su cuerpo, beber los jugos que me regalara con cada espasmo de su afiebrada conchita y terminar en una gran cogida que hacia crujir las patas de mi camilla hasta acabar juntos.
Seguimos en contacto pero por problemas personales de ella pasó más de un año en volvernos a encontrar.
Ahí me enteré que se había separado y estaba buscando el sexo que hace mucho no tenía.
Esa segunda sesión de masajes fue más especial que la primera. Ella, más suelta, me indicaba donde le gustaba que los masajes sean más intensos y por lo tanto gozó más. Y después me regaló ella a mi una sesión de sexo muy profundo. Gozamos mucho.
Al final, ya relajados, me pidio que le enseñara a hacer masajes tantricos a un hombre.
Obvio que le dije que si y que tenía un amigo para que fuese modelo y yo le pueda mostrar en el la técnica. Pero le aclaré : lo vamos a poner muy loco y vamos a terminar garchando los tres.
Ella me dijo que preferirá que no. Que conmigo cogía pero con los dos no se animaba.
Bueno, le dije, voy a hablar con mi amigo y no va a haber problema, igual lo vas a hacer acabar con el masaje y se va a ir satisfecho.
Se quedó conforme y aceptó.
En ese momento comencé a planear como hacer para que afloje y garcharla entre los dos.
Hable con mi amigo y le expliqué todo. Obvio que aceptó y de última, si no cogiamos al menos iba a acabar.
Llego el día y nos reunimos en mi gabinete.
Una breve explicación y nos pusimos los tres en bolas, el masaje tantrico se hace desnudos, ambos dos, es fundamental el contacto de los cuerpos.
Mi amigo se acomodó boca abajo en un futon de masajes, una especie de colchoncito muy cómodo en el piso para tal fin .
Comencé a mostrarle la técnica. Y ella a repetirla.
Con los tres en bolas flotaba en el ambiente una energía sexual muy fuerte. Ella y yo estábamos uno a cada lado de mi amigo, enfrentados, Ella podía verme totalmente al palo y yo miraba su concha húmeda y brillante, señal que estaba tan caliente como yo.
A mi amigo no lo podía ver porque estaba de espaldas pero conociendolo, seguro estaba agujereando el futon!
Ya con mi amigo boca arriba y con su palpitante pija apuntando al techo seguí con la explicación y las prácticas de ella. Llegando el momento del masaje lingham o sea el masaje en su pija, se la agarré y le mostré como hacer ese suave y superexcitante masaje. No tengo historia en hacerlo y no me quita hombría el masajear de esa manera la pija de otro hombre. Mente abierta o como quieran llamarlo, se muy bien donde estoy parado y como me permito gozar.
Ella lo repitió muy bien y mi amigo no paraba de suspirar.
Después recorrió con su lengua y labios su cuello, su pecho, su panza hasta volver a llegar a su pija y comenzar a lamerla. Yo me había corrido y estaba a su lado y mientras ella se la chupaba yo comencé a acariciarte la espalda y su cola muy suavemente. Ella me dejo hacerlo.
Lentamente fui acercandome a su concha, se la acaricie y ella suspiró de gusto. Mis dedos se iban bañando en sus cuantiosos jugos y yo seguí jugando con su clítoris y sus labios hasta que llegó hasta donde yo quería estallando en un orgasmo.
La acaricie suave y se calmó un poco y acercandome a su oído le dije: Montalo!
Mientras ella se acomodaba le calce un forro a mi amigo y ella lo montó.
Se sentía a sus anchas en esa posición y se movía cabalgandolo lento y acompasadamente.
Mi amigo me miraba con una cara de éxtasis como diciendo Lo logramos! …. pero aún faltaba yo.
Mientras ellos cogían yo la acariciaba, jugaba con sus tetas, estimulaba su clítoris con mis dedos, rozaba su culo hasta mandar suavemente un dedo dentro. Ese culo estaba a punto y ahora venía mi parte. Me calce un forro y fui tirando suavemente a ella sobre el para que levantara su culo y muy despacio fui entrando en el. Cuando me sintió adentro ella dio un profundo suspiro de placer. Una vez que estuve seguro y bien ubicado comencé mi vaivén. Lento. Acompasado. Como gozabamos los tres! Mi amigo acariciaba a ella y a mi y ella estaba en un éxtasis tal que entrecerraba los ojos y gemia como en voz baja teniendo varios orgasmos.
La cosa termino estando ella acostada y nosotros arrodillados uno de cada lado siendo pajeados por ella y bañandole todo su cuerpo de nuestro copioso esperma.
La limpiamos con una toalla y nos tendimos uno a cada lado de ella. Mientras nos reponiamos la acariciabamos y ella lo hacía con nosotros.
Nos confesó que era la primera vez que la penetraban dos hombres. No sólo nunca había hecho una doble si no que jamás había estado con más de un hombre a la vez, por eso le daba un poco de miedo y más que no conocía a mi amigo. Nos agradeció que la trataramos tan bien.
Mientras hablaba sus manos fueron bajando por nuestros cuerpos y cuando llego a nuestras pijas estas comenzaron a reaccionar.
-Me gustó tanto que podríamos tener un segundo round, No?
Como contarles lo que comenzó a suceder en ese momento…. difícil traducirlo en palabras…
Caricias, besos, lamidas compartidas entre los tres sin mirar quien con quien, sólo el placer mandaba en ese momento, un placer puro que no sabía de diferencias, un placer compartido entre los tres.
Dos bocas lamiendo un sexo sin importar de quien era el sexo y de quien eran las bocas.
En un momento mi amigo la agarra por la espalda y le dice: ahora yo quiero probar esta cola! y le da la mejor chupada que haya visto. Ella ya gritaba de placer y el la acomoda, le levanta el culo con un almohadon y la empieza a culear.
Hermosa imagen para ser espectador pero yo no me conformaba con eso así que comencé instintivamente a lamer el culo de mi amigo y muy despacio lo penetre.
Mis embestidas manejaban toda la acción. Era como si mi pija atravesara a los dos. Con cada empujon gozaban los dos. Me los estaba cogiendo a los dos. Y así seguimos un largo rato hasta acabar. Creo que mi amigo acabo primero pero por logica no pudo abandonar su posición.
Caímos los tres desplomados. Descansamos un rato, nos fuimos a lavar y entendimos que por ese día ya estaba.
No volvimos a hacerlo los tres juntos aún y con mi amigo no hablamos de lo que pasó entre nosotros. Los dos lo tomamos como algo natural y como decía al principio los dos sabemos donde estamos parados y que eso fue porque nos permitimos gozar a lo grande.
Ella aprendió bien la técnica y ahora trabaja conmigo. Atendemos juntos a hombres y mujeres y sabemos como hacerlos relajar.

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Mi hijo me penetró el culo

Hola a todos, mi nombre es Montse y cuento con 43 años, estoy divorciada y soy asidua visitante de esta página de relatos y gracias a una persona muy especial, que hace muy poco escribió su historia, hoy puedo yo misma escribir la mía. Tengo que agradecer a Rachel y a su hijo Eduardo la ayuda que me han brindado, ya que gracias a una intensa correspondencia que he mantenido con ellos he podido ver cumplida mi más íntima y secreta fantasía. Todo empezó cuando leí la historia llamada Victoria, en la que una madre mantiene relaciones sexuales con su hijo, esta mujer dejaba su dirección de e-mail para que pudiéramos ponernos en contacto con ella, así pues yo lo hice.

Le conté la verdad y nada más que la verdad, algo que les pasa a muchas mujeres, que mi hijo me excita y que no me disgustaría en absoluto mantener sexo con él, es mas, lo deseaba y no dejaba de masturbarme pensando en él. He llegado al extremo de espiarlo, mi hijo tiene un pene bastante grande, le mide cerca de 19cm y de un grosor importante, y eso a ninguna madre se le pasa por alto. Soy una mujer alta y que se sabe cuidar, nuestra condición económica no esta nada mal, vivo con mi hijo Jorge de 23 años y con mi hija Patricia de 18 años.

Todo comenzó por culpa o gracias a internet, he leído casi todos los relatos de incesto que ha publicado esta página y la idea de poder llevarme a mi hijo a la cama cada día era más obsesiva, pero no se me ocurría ningún plan verdaderamente eficaz para llevarlo a mi terreno, en otras palabras que no me atrevía a dar ese paso adelante, quería darlo pero también quería tener toda la seguridad de triunfar y de que me saliese bien, así que escribí a Rachel para que me aconsejara con ello, y me contó algo que he llevado a la práctica y ha dado todo el buen resultado que yo misma hubiese querido.

Rachel me contó que a la vez que se escribía conmigo también se escribía con otras mujeres y que una de ellas le contó un método, con el cual había conseguido follar a su hijo, lo había provocado de tal manera que era el propio hijo quien daría ese paso adelante sin apenas saberlo, ya que ningún hombre podría resistirse ante aquello. Yo le conté a Rachel que mi hijo entre otras cosas tiene un cursillo de primeros auxilios, así que me animó a que lo hiciera, me escribió una carta de cerca de cinco hojas explicándome todo lo que tendría que hacer y decir, también me puso en contacto con la mujer que había tenido la certeza de hacerlo primero y tras haber intercambiado unos cuantos e-mails ambas mujeres me animaron a que lo hiciera, y así acabó todo, cumpliendo mi incestuosa fantasía.

También agradecer a Eduardo, el hijo de Rachel, que me ha pasado a limpio este relato, enriqueciéndolo con un vocabulario menos repetitivo del que pudiera usar yo misma, mi hijo Jorge no sabe nada en absoluto de esto, ya que quiero enseñárselo una vez esté publicado en la sección de relatos de amor filial.

No era la primera vez que me paseaba por casa en bragas, tal y como me dijeron Rachel y la otra mujer, la cual no voy a decir su nombre por respeto, eso comenzaría a calentar el ambiente, me ponía unas braguitas de esas que apenas tapan nada y me las metía bien dentro de mis carnes, tengo una figura bonita y una buenas piernas, además soy una mujer alta y creo tener el peso más o menos justo para mi estatura y mi edad, tengo unas buenas tetas y unos pezones hermosísimos, también tengo un culo muy bien puesto que más de un chaval se ha dado la vuelta por la calle para vérmelo, sobre todo cuando me pongo unos pantalones tejanos. Y esa iba a ser la principal arma que usaría contra Jorge, mi culo, lo iba a provocar con mi culo.

Pues bien, yo andaba por casa en braguitas, me las metía bien adentro de mis labios vaginales, de mis cachetes culeros, me las metía entre las nalgas, dejándomelas casi al aire, no me cortaba en absoluto a la hora de agacharme ante el y poner mi culo en pompa ante sus ojos, me ponía camisetas holgadas y sin sujetador para que mis tetas se balancearán de un lado a otro, a su antojo.

Todo esto me ponía terriblemente cachonda y debía de masturbarme a diario un par de veces, ya que me imaginaba a mi hijo masturbándose con su enorme polla en la mano mientras se imaginaba que me follaba, y la verdad es que en más de una ocasión lo pillé mirándome casi a escondidas mientras yo me agachaba y levantaba mi trasero para que el me lo viese a todo esplendor, también anotar que Jorge se había metido en su habitación en más de una ocasión tras alguna de mis exhibiciones, yo deseaba que fuese a masturbarse, eso sería síntoma de que su propia madre lo podría calentar hasta el extremo de pajearse, y así era.

Una vez me senté frente al televisor, en un sillón que tenemos un poco ladeado del sofá central, solo llevaba puesto un albornoz, totalmente desnuda debajo, Jorge estaba viendo la tele y yo tras salir de la ducha me senté y me puse a cortarme las uñas de los píes con auténtico descaro, levantando una pierna y enseñándole disimuladamente todo mi coño, recién depiladito, Jorge no hacía más que mirarme de reojo y yo le abría aún más las piernas para que pudiera contemplar con gusto el conejo de su madre, un conejo moreno y rasurado por los lados, un coño tentador, al final Jorge se levantó con un tremendo bulto en su paquete y se metió en su dormitorio, iba a pajearse, yo también me masturbé sin más preámbulos allí mismo, deseando que Jorge saliese y me pillara, para ver sobre todo su reacción ante el cuadro que le presentaba su madre, pero no salió.

Todo esto duró una semana hasta el día que iba a dar el paso adelante y proponerle algo que no rechazaría.

Me fui a una farmacia y hablé con el farmacéutico, quería unos supositorios para la fiebre, pero los quería para niños, de esos más pequeñitos, la cuestión es que quería automedicarme pero que no me sentarán mal, no quería que el simple hecho de ponerme unos antibióticos sin receta pudieran hacerme daño, así que el farmacéutico me propuso unos supositorios casi nocivos para un adulto, así que los compré y me los llevé a casa.

(sí alguna mujer lo quiere intentar que no lo haga nunca sin consultarlo antes con un médico o con un farmacéutico).

Aquella misma tarde le dije a Jorge, -¡! Jorge, vas a querer ponerme unos supositorios, cariño!!- mi hijo se quedó un poco parado ante mis palabras, -¡! Y eso mamá?? te sientes mal??estas bien??- ¡! Si hijo, no te preocupes, lo que pasa es que tengo una ligera infección en el recto y el médico me ha recetado unos supositorios pero como tengo el recto delicado me ha dicho que es preferible que antes me de un masaje en el ano, para que no me dañe al entrar!-¿y quieres que te los ponga yo, mamá??- ¡!no hijo, sí lo digo porque tendrá que venir una enfermera hacérmelo, y he pensado que como tu tienes un curso de ATS, pues así nos ahorramos el que tenga que venir esa mujer, además, y sí fuese un enfermero, no sé, me da cosa que me toque el culo un tío que no conozco, por muy enfermero que sea, además tampoco es seguro que vengan a casa, igual tengo que desplazarme yo misma hasta el ambulatorio.!!!- le dije yo un poco haciéndome la victima.

-¡!tranquila mamá, que ya te los pongo yo mismo, ya te haré el masaje yo mismo sí hace falta!!- ¡!gracias cariño, eres un sol!!- ¡!!mira mamá, voy a salir a la calle sí quieres compro unos guantes de látex para que no se te infecte nada mas, vale??!!- ¡!si cariño, por favor, quiero tener mucho cuidado con esto!!-, Así fue como Jorge se fue a la farmacia a por un paquete de guantes de látex para hacerme unos masajes en el culo, el plan estaba funcionando a las mil maravillas, no me lo podía creer. Tengo que decir que con solo imaginármelo ya me estaba poniendo cachonda y no tuve más remedio que meterme en la ducha y masturbarme bajo un agua calentita.

Aquella misma noche antes de acostarnos, le dije que me pusiera el primero, esperé a que Patricia se fuese primero a la cama y después invité a mi hijo a mi habitación, me duché por segunda vez, para estar totalmente limpia, no quería que mi hijo sacara su dedo de mi culo con alguna clase de mancha, me moriría del disgusto.

Cuando entró Jorge,

yo ya estaba con mi camisón puesto, me bajé las bragas delante de el, pero de espaldas, dejando todo mi culo al aire, me subí a la cama y me puse de rodillas, con las bragas a la altura de las rodillas y el camisón levantado por la cintura, aupé mi trasero y empiné todo mi culo, estaba totalmente cachonda, estaba expuesta ante mi hijo, para mi no iba a ser un masaje, para mi iba a ser una masturbación anal y tenía pensado disfrutarla.

-¡!Caramba Jorge, me da vergüenza que me veas así, con el culo al aire!!- le dije yo tímidamente, -¡!tranquila mamá, no te preocupes, sabes una cosa, voy a traer de mi dormitorio un flexo para así verte mejor, no quiero hacerte ningún daño!!- ¡!gracias cariño!!-, le dije yo, mi hijo trajo de su cuarto un flexo y con la luz de mi dormitorio y el flexo apuntando a mi ano se puso un guante de látex y me colocó en la misma entrada de mi culo una pomada de vaselina para facilitar la entrada de su dedo y del supositorio.

Mi hijo comenzó a repartir la pomada por todo mi ano, cosa que yo respondía con unos pequeños escalofríos voluntarios y movimientos de mi trasero, -¡!está frío mamá, te molesta?- ¡!no hijo, no, tu tranquilo, tu sigue, que lo haces muy bien!!- poco a poco Jorge fue apuntando la pomada hacía mi agujero pero sin meter ningún dedo dentro, yo consciente de lo que hacía y de mi extrema calentura abrí un poco más las piernas, dejando mi coño un poco más levantado, a la vista de mi hijo. Entonces Jorge con una mano me separó los glúteos, yo con una mano le separé también el otro glúteo, en ese momento empiné mi culo un poco mas, mi coño también se abrió un poco, mi hijo tenía una panorámica estupenda de mis cuartos traseros, totalmente expuestos ante el.

Jorge comenzó a introducirme un dedo en el ano, nada más sentir como entraba me corrí con un estremecimiento muy notable que mi hijo no pasó por alto, -¿¿estas bien mamá?? te hago daño??- ¡!no Jorge, cariño, sigue, sigue, me gusta mucho como lo haces!!!-, entonces mi hijo empujó un poco más su dedo y consiguió meterlo hasta la mitad, fue ahí cuando solté un gemido y empujé mi trasero hacía la mano de mi hijo, como haciéndole entender que me metiera más dedo, -¡!mamá, de verdad que no te molesta, seguro que no te duele esto??- ¡!no hijo, sigue, sigue, hazme un masaje bien profundo, cariño!

Jorge siguió metiendo y sacando dedo y yo mientras cerraba mis músculos anales para atraparlo dentro, mis movimientos eran descarados, le seguía con mis caderas, me doblaba mientras mi hijo me hurgaba el culo con auténtica maestría, -¡!!ahhhhh…aahhhhh…Jorge, cariñoooooooo!!!- ¡!!dime mamá. te duele???- ¡!no corazón, no, me gusta mucho, lo haces muy bien, mi vida!!!- le decía yo con la voz entrecortada, abriéndome más de piernas y levantando el trasero a más no poder. Nos tiramos casi 10 minutos en aquella posición, estaba deseando que mi hijo se emocionara y que comenzara a meterme otro dedo, que me tocara el coño, que se sacara la polla, pero creo que eso era pedir demasiado, así que le pedí que me pusiera el supositorio.

Jorge me lo metió suavemente acercando el flexo más a mi ano, y cuando este estuvo bien adentro, me dijo, -¡ya esta mamá, ya lo tienes dentro, no te ha dolido, ¿verdad?- ¿dolerme, cariño, pero sí no me enterado de nada, ha sido incluso placentero, mi vida, eres un buen enfermero, el mejor del mundo!- diciendo aquello, mi hijo se quitaba el guante de látex y sin decir nada más me propinó un par de besos en las nalgas, uno en cada una, unos besos muy sonoros, -¡!y esto para que te cures pronto, hay que mimar este culo, mamá! Jorge salió de la habitación riendo y con un impresionante paquete hinchado en su entrepierna, quedamos a que al día siguiente repetiríamos la operación. Esa noche tras ir al lavabo y expulsar el supositorio por la vía más fácil, me masturbé como una loca sobre la cama, con el culo aún húmedo del dedo de mi hijo, Jorge también se masturbó, porque lo escuché ir al lavabo a los pocos minutos de haberse metido en la cama.

A la mañana siguiente mi hijo me preguntó sí había sentido molestias en el ano, yo le respondí que todo lo contrario, que ahora lo tenía más tranquilo que nunca, entre bromas le dije, -¡!sí al final vas a tener que darme masajes todas las noches, y sí no ya lo verás, hijo mío!!- ¡!sí eso te hace feliz, mamá, yo te haré todo lo que me pidas!!-.

Aquellas palabras me sonaron a que Jorge sabía lo que decía, eran palabras con una clara segunda intención, lo tenía todo preparado, aquella misma noche, iba a provocarlo más aún, iba a disfrutar del todo con el masaje de mi hijo, iba a dejarle bien claro que era lo que necesitaba dentro de mi, además era viernes y posiblemente Patricia cenaría con una amigas aquella misma noche. Solo de pensarlo me estaba poniendo cachondísima perdida, como deseaba la polla de Jorge, más que nunca.

Solo pensaba en aquella mujer con la que me había escrito y me había aconsejado esto, me la imaginaba de rodillas sobre la cama y con el coño abierto a las manos de su hijo, me imaginaba como su hijo se sacaba la polla y comenzaba a penetrarla sin poder evitarlo, víctima de una súper excitación y también me la imaginaba gozando mientras su hijo le arremetía su preciosa polla hasta lo más hondo de ella, sintiendo el placer, el inmenso placer que siente una madre al alcanzar un orgasmo tras otro con su hijo, es la cosa más morbosa y más emocionante que jamás pudiera haber imaginado ni experimentado.

Amigas lectoras, no podéis ni imaginaros lo que puede llegar a sentir una mujer mientras su hijo la sodomiza, es algo increíble, he tenido relaciones via e-mails con algunas mujeres incestuosas y todas dicen lo mismo, que no hay nada como la penetración anal por parte de tu hijo, muchas madres no habían probado el sexo anal hasta que sus hijos las habían desvirgado. Intentar cerrar los músculos del recto mientras tu hijo eyacula dentro de ti es algo que no tiene precio, escuchar sus gemidos y escuchar como te llama “mamá” mientras se corre con convulsiones es algo maravilloso, lo aconsejo a todas las madres que tengas incesto con sus hijos, y las que estáis aún con dudas os aconsejo que hagáis lo que yo hago, provocar un encuentro que ningún hombre podría rechazar.

Llegó la noche y antes de que pudiera darme cuenta Patricia ya se había ido con sus amigas, cenamos Jorge y yo solos, viendo la televisión, cuando mi hijo me asombró con un comentario que me dejo fuera de sitio, no eran ni las diez de la noche cuando me dijo, -” bueno mamá, vamos a por ese masaje o no?? “- ” caramba Jorge, sí que tienes ganas de tocarme el culo, hijo, yo pensaba que hasta que no nos fuéramos a dormir no me pondría el supositorio”-, mientras le decía esto entre risas, mi hijo se estaba levantando del sofá e iba hacia el cuarto de baño, poco después sacó el bote de vaselina y los guantes de látex, -” para que esperar mas, mamá, estamos solos, Patri no está y como tengo que ponértelo que más da ahora que más tarde”-.

Así que nos dirigimos a mi dormitorio y sin más preámbulos me subí la bata de estar por casa hasta la cintura y me quité unas bragas blancas que tenía puestas, mi hijo me miraba como impaciente, con ojos de deseo, acto seguido me puse de rodillas sobre la cama y con la bata remangada en la cintura puse mi culo en pompa, totalmente ofrecido a Jorge, -“nada hijo, aquí tienes mi culo, tócamelo a tu gusto, que estamos solos, intenta no hacerme daño, mi vida”- “tranquila mamá, que no te haré ningún daño, al contrario, hoy te voy a dar un masaje más largo y delicado que ayer”-, esa respuesta era mi oportunidad, así que sin ningún tipo de miramientos ni escrúpulos le respondí con total cara dura -” pues recuerda nene, que soy una mujer además de ser tu madre, y que no soy de piedra, no sea que me toques demasiado bien y no quiera separarme de ti en toda la noche”- ” eso es lo que voy a intentar mamá, tocarte tan bien que no me pidas nunca que lo deje”-. La conversación estaba llegando demasiado lejos, estábamos diciéndonos las cosas muy claras y aquello tenía pinta de acabar como yo quería.

Jorge le propinó dos besos a mis glúteos, y comenzó a repartir la crema de vaselina por todo mi ojete como el día anterior, yo me movía a su compás mientras comenzaba a penetrar su dedo dentro de mi, un grito por mi parte lo alarmó y me dijo -” te hago daño, mamá, o es que te gusta demasiado ¿??”- “cariño, mi niño, te he dicho que no soy de piedra, tu que crees ¿?, sí me estás metiendo un dedo por un sitio en que nunca ha

entrado nada”- “¿¿ eres virgen mamá, eres virgen por aquí?? “- ” si cariño, nunca he tenido sexo por aquí, ni con tu padre ni con nadie”- ” pues no lo sabía mamá”- “¿ y tu Jorge ¿?, has tenido alguna relación con alguna chica por atrás ¿?- “tampoco mamá, nunca le he dado por el culo a ninguna chica, pero tengo unas ganas enormes de hacerlo con alguna”-.

Al decirme esto, me di la vuelta y observé que los ojos de mi hijo se clavaban en los míos, su paquete estaba a punto de reventar dentro del pantalón, así que le dije, sabiendo como acabaría la cosa, -” y te gustaría estrenarte ahora mismo ¿?, te gusta mi culo, te parece sexy, cariño ¿? “- en ese momento mi hijo se bajó el pantalón y sacó su enorme herramienta de amar, -“mira mamá como me tienes, a ti que te parece, estoy deseando cambiar ese dedo que te meto en el culo por esto, te deseo mucho mamá, deseo hacerte al amor, por delante y por detrás. “-.

Yo estaba asombrada, mi hijo me estaba diciendo todo lo que yo quería oír para empezar a gozar, supongo que no tengo que contar nada más, solo que en ese preciso momento nos desvirgamos el uno al otro, mi hijo me penetró el ano con maestría y yo lo acepté con la misma maestría que el estaba empleando para penetrarme. Nunca he conseguido tantos orgasmos en mi vida, el acto sexual con mi hijo va cada vez mejor y yo me encuentro cada día más feliz y bonita, más satisfecha, más sexy y más activa.

Solo darles las gracias a esas dos mujeres que me han enseñado a gozar, porque a partir de ese día mi hijo Jorge y yo hacemos el amor cada día, y nos hemos vuelto unos expertos en el sexo anal, nuestro preferido. Besos. Gracias Rachel, gracias TiffanyTambién gracias a vosotros por sus votos….

Autor: Montse

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La batalla de Maragogi

Maragogi es una playa en el centro norte de Brasil. Cuando buscamos una playa con mi esposa para ir en familia nos la recomendaron.

La ciudad es pobre, pero hay dos hoteles all inclusive muy recomendados. Y así fue como terminamos yendo a uno de esos dos, hotel grand Oca.

Los días fueron pasando con total normalidad hasta que un día encuentro a mi esposa observando continuamente a un joven (27 años tendría) brasilero sin ningún miramiento.

Ella tenía en aquel momento unos 35 años al igual que yo, al ver la situación le digo si lo estaba mirando o escaneando de tanto mirar, ella se sonrió con un poco de vergüenza y me dijo viste la espalda que tiene?

La verdad que el pendejo era un pibe digno de ser observado, medía 1,75 aproximadamente, una espalda grande con un tatuaje que le recorría toda la espalda, piernas y brazos marcadas, y cara de recio.

Llevaba puesto zunga y lentes de sol nada más…

claramente mi señora tiene buen gusto.

Después de haberla atrapado mirándolo ese día, ella disimuladamente en cada oportunidad que tenía miraba al pendejo, sin lugar a dudas lo estaba apreciando.

Esta actitud de mi esposa lejos de molestarme me excitaba, no suelen mirar tan descaradamente a nadie pero este pibe la calentaba y se le notaba.

Todo el día la misma situación hasta que por la tarde ella se acerca a la barra del hotel para buscar algo de tomar, pasa por al lado del pendejo y el se da vuelta para observar en detalle el culo de mi señora, ella es de contextura baja, castaña, piel bronceada, unas hermosas piernas y una cola muy llamativa, que lo mueve con total destreza.

Cuando volvió de la barra le comento que se mire el culo para ver si tenía los ojos del pendejo porque se lo había mirado en detalle, ella sonrió y continuó tomando su trago.

Parte 2

Al día siguiente la situación empieza a tomar más color, consciente o inconscientemente mi esposa decide ponerse La bikini más chica que tenía a disposición.

Toda la mañana en la playa fue normal, Mar, arena, comida y bebida hasta llegar el horario de la siesta, como yo no soy muy adicto al sol prefiero ir a mi habitación y descansar por un rato, me despido de ella con un beso y ella me dice por la tarde seguramente este por la pileta, guiñando un ojo y con sonrisa pícara.

Eso activo un poco más mi morbo, al dirigirme a la habitación paso por la pileta y ahí estaba el pendejo.

Me fui a mi habitación, y no concilié el sueño producto de la excitación o la imaginación, el juego me gustaba y me causaba placer ver a mi señora en esa actitud pajera, mil pensamientos se me cruzaban por la cabeza, celos, excitacion, morbo, todo junto.

A las 2 horas volví para la playa y tal como lo prometió ella estaba en el sector de la pileta bajo una cascada, tomando sol.

Me acerco y como siempre le digo lo hermosa que está, ella me agradece y me dice que no soy el primero que lo nota.

Mira a mi alrededor y el pendejo no estaba en la pileta, ella me dice si lo estas buscando está jugando al voley en este momento…

Bueno parece que lo tenes bastante custodiado al brasilero!

Risa pícara acompañaba cada comentario, y con el correr de las horas sentía que ella se anima a comentarme más…

Bueno, aclaró, de alguna forma tengo que divertirme en tu ausencia, y que mejor que mirar ciertas cosas.

Y mejor que mirar es hacer, le respondo para seguirle el juego.

Ella me miró en forma pensativa, y respondió con un suene dulce y beso caliente.

Ese día en el hotel después de la cena iba a haber baila, a ella le gusta mucho bailar y habías quedado en ir a divertirnos un rato, se había puesto un pantalón ajustado, que le marcaba perfectamente su diminuta tanga y unos zapatos con tacos.

En el baile a medida que pasaba la noche y la bebida nos íbamos poniendo cada vez más caliente, obviamente entre la gente estaba el

Pendejo bailando, como todo brasilero se movía muy bien muy sensual y muy seguro de todos sus movimientos.

Mi señora detectó enseguida su presencia y me lo hizo notar, diciéndome mira qué bien se mueve, se moverá tan bien en todos lados?

Viste lo que dicen? Los que bailan bien cogen bien, le digo subiendo la apuesta. Ella se rió y me dijo, habría que ver si es cierto, tocándome mi pene muy erecto… a la cual correspondí con un mano en su concha y me digo esta para recibir cualquier cosa está hoy.

Acto seguido terminamos en la habitación cogiendo como dos animales en celo.

Parte 3

Al día siguiente y después de la noche pasional que pasamos, aceptamos que el juego estaba dando sus frutos, ella cada ocasión que tenía para hacer algún comentario lo hacia, se iba soltado cada vez más, y yo asumí que la situación me gustaba y me calentaba.

Mi señora fue agarrando confianza y ya miraba al pendejo con deseo, no había dudas que la calentaba, ese día en la playa ella buscaba sin éxito encontrarlo con la mirada. Media desilusionada pasaba la mañana mientras hablábamos de que le podría haber pasado, era obvio que había estado trasnochado y seguramente haya tenido una noche agitada…

Te pensas que sos la única pajera que lo mira le pregunte?

Y ella me claro que no si está para comerlo todo! Ja ja

Y tiene mucho para comer? Le pregunto

A lo qué ella responde por lo que pude ver tiene mucho.

Estás hablando de su espalda? Le pregunto ingenuamente y ella responde no precisamente!

Hija de puta te gusta ponerme dura la pija le dije…

Y ella respondió, me encanta!

Voy a buscar algo a la barra para tomar le digo! Y fui caminando hacia la barra, en eso aparece el pendejo de frente a mi, solamente con una zunga blanca, mostrando descaradamente un terrible bulto que yo había pasado por alto y evidentemente mi mujer no.

Vuelvo con dos tragos a donde estaba ella y lo primero que le comento es lo que había visto!

Ella se echó a reír y le dijo zunga blanca? A qué hora vas a hacer la siesta hoy? Me pregunto…

Hoy me parece que no me muevo de al lado tuyo le dije riéndome.

Al rato me dice voy a buscar algo para comer a la barra, y la vi irse moviendo sugerentemente su cola, caminando segura, la notaba caliente y segura en sus paso.

Volvió más excitaba, claramente vio al pendejo y no disimuló su comentario sobre sus atributos.

Y encontraste algo para comer? Le pregunto, a lo que responde lo que encontré parece que no me entra en la boquita.

Y por lo que vi, no creo que te entre en ningún lado, le respondo adrede.

Y debería probarla para sacarme la duda.

Me parece que ese pendejo si te agarra te mata bombón, le digo excitado.

Y ella orgullosa responde, hay que ver si aguanta mi ritmo.

Uff mano a mano? Argentina Vs Brasil guiñando el ojo le digo.

El juego cada vez se volvia más calienta…

Y ese día nos fuimos a dormir juntos la siesta, seguíamos muy caliente y nuevamente garchamos, me tenía ella boca arriba y mientras montaba mi pija dura y excitada me entréname la concha que tiene una dura batalla, así de duro le voy a dar al pendejo, toda la leche le voy a sacar, y demás cosas que me ponían cada vez más caliente!

Hasta que me hizo acabar de forma increíble! Casi sin aliento quedamos esa tarde.

Parte 4.

Mentalmente el pendejo se metió en nuestra cama, y como consecuencia habíamos pasado grandes momentos sexuales con mi esposa, físicamente aún no, pero el ambiente estaba dado.

Más cuando al día siguiente ella estaba paseando por el hotel y mientras yo la miraba fijamente desde la barra, una voz me dice en una clase de portuñol “se ve muy sabrosa su mujer” cuando giró mi cabeza veo al pendejo sonriéndome. Pensé que desubicado pero agradecí el cumplido con un simple “gracias” mientras pensaba por mi adentro ella opina algo parecido de vos.

Mi nombre es marquinhos, se presenta con mucha confianza, extendiendo la mano, sin dejar de mirar a mi esposa a la distancia.

Conversamos algunos minutos de cosas del momento de donde éramos, que hacíamos, temas varios, agradable y entrador como todos brasilero pero a mi gusto demasiado creído o seguro de sí mismo.

Al despedirnos el me dice en forma socarrona, envíale mis saludos a tu señora. A lo cual respondí con una sonrisa.

Al llegar donde estaba mi señora, me sonríe y me dice, así que tenes un nuevo amigo?

Si, le respondo. Me mando saludos el cancherito.

Ay, podría habérmelos dado personalmente que descortés.

Si le dije, bastante agrandado el pendejo.

Y la verdad, no te enojes pero tiene con que! Responde mi señora.

Si me dejaste bastante claro que tiene con que y hasta lo pude ver, pensaba yo entre molesto y excitado.

Le vendría bien que alguien lo ponga en su lugar, le comenté.

Me estás insinuando que queres que lo ponga en su lugar me dice ella picara.

La idea me calienta mucho pero con lo que tiene y si lo sabe usar no creo que seas la adecuada para ponerlo en su lugar amor, le digo.

Veo que no me tenes fe, pero te puedo sorprender me dice orgullosa

Pensas que vos podes con el? Pregunto seriamente.

Creo que tranquilamente puedo darle batalla, me tengo fe.

La conversación se iba poniendo cada vez más seria y caliente.

Mientras Brasil no termine rompiéndole el culo a Argentina.

Tranquilo no te voy a hacer quedar mal…

Parte 5

Más allá del juego, había dos cosas claras que a mí me excitaba la situación y que a ella la excitaba el pendejo. Daría el paso para sacarse las ganas? Hasta ese momento creía imposible que fuera a pasar algo.

Pero de a poco se iba a animando un poco más, ese día en el horario de la siesta yo fui a mi habitación y ella se quedó en la plata tomando sol. Al volver a la playa como dos horas después ella me dijo, que había tenido una agradable visita en mi ausencia, obviamente con el tono que lo dijo, no fue necesario preguntarle quién la vino a visitar.

Tenías razón me dice, agradable pero agrandado, un poco soberbio y se mandaba bastante la parte.

Te dije me dio esa sensación, cuando hablé con el.

Ella me interrumpió diciendo igual todo le queda bien! Ja ja

Sigues pensando que yo no voy a poder con el? Me pregunta

Y la verdad que no lo sé, se lo ve en estado, se le nota que te tiene ganas, pero bueno… no sé qué decirte.

Cual es tu sensación al respecto?

Ella me dice sabes que tengo mucha confianza en mi conchita

Eso me puso muy caliente… si lo sé pero, tengo mis dudas que tu conchita soporte todo eso!!

Tenes ganas de hacerlo? Le pregunto intrigado y excitado.

Si fuera soltera lo haría, responde sin dudarlo.

Yo pregunté si te gustaría hacerlo? Podemos negociar un permiso especial, le digo.

Bueno, que deberíamos negociar me dice? Que queres a cambio de ese permiso?

Primero quiero por lo menos mirar un rato. Quiero saber con lujo de detalle todo lo que hicieron y por último quiero que lo mates en la cama, que quede totalmente acabado, poder verlo al otro día al canchero y decirle mucha hembra para tan poco macho…

Totalmente excitados por la conversación salimos corriendo a la habitación y nuevamente garchamos como locos.

Parte 6

Ya faltaban 2 días para irnos esa mañana nos despertamos más caliente que de costumbre, el calor, las excitantes vacaciones y toda nuestra imaginación hicieron lo suyo… hoy es el día me dice, estoy preparada para la batalla me dice mientras yo toco su conchita empapada, mientras le hablo oído le toco suavemente el clitoris, te vas a comer toda esa pija? Movía la cintura y sus gemidos eran más fuertes… está muy mojada deseosa tu conchita!! Mientras introduzco un dedo, y sus gemidos cada vez son más fuertes.

Dos dedos y siento como su concha cada vez está más empapada.

Entre gemidos me decís viste cómo está? Le entra cualquier cosa, mete más me dice casi desesperada.

Tenía 4 dedos introducidos en lu concha, entraban y salia, su cuerpos estaba arqueado, sus pezones duros como una piedra, sus gemidos eran gritos de placer, extasiada y a punto de acabar gritando me dice dilatada toda así me entra la del pendejo, fue lo último que dijo cuando tuvo un orgasmo tan intenso que le vibró todo el cuerpo, acabando toda.

Lejos de agotarla ese inteniso orgasmo la encendió por completo.

Creo que hoy en la siesta vas a tener que préstame la habitación dijo ella muy confiada.

Así que tenes pensado? Le respondo.

Tengo una dura batalla pendiente para la cual me siento muy preparada.

Mi mujer sonaba confiada y muy caliente, me ponía loco verla así y me excitaba cada vez más la situación.

Bueno por lo visto tenes todo bastante pensado le pregunto.

Puede ser que lo traiga a nuestra habitación y cumpla con la fantasía, si vos me dejas claro. Pregunta aunque ya sabía mi respuesta.

No podía evitar excitarme, y mi mujer parecía endemoniada, me vio totalmente erecto y se acercó con su mejor cara de trola diciéndome parece que te caliente mucho…

Y se arrodilló ante mí metiéndose toda mi pija dura en la boca cm a cm se la introducía mientras me miraba, yo estaba fuera de si, en un clima de extasía mientras observaba con la maestría que me realizaba sexo oral…

Saco toda mi pija y me miro y me dijo tengo que práctica si entra toda en mi boquita y nuevamente se la tragaba entera.

Hasta el punto que explote de lleno en su boca, llene su boca de mi orgasmo mientras ella lo tomó todo sin que se le derrame una sola gota.

Y con total soltura me dijo, listo por ahora pero estate listo porque si el pendejo no me satisface sigo con vos.

Parte 7

Tenía la estrategia armada, en su cabeza vaya uno a saber desde cuando, ir a almorzar y después de eso en vez de ir a la playa volver a la habitación acompañada…

Poseía por completo, cara lujuriosa, parecía prendida fuego, esa imagen mientras se ponía la tanga más chica dejando aprenciar por completo ese hermoso culo que tiene, se miraba al espejo, me miraba y me preguntaba cómo le quedaba.

Un infierno! Muy sexy!! Y se puso encima una pollera corta que rozaba el límite de lo permitido de ver, se podían observar todas sus hermosas piernas, y un poco más también. Se puso unos tacos para levantar más aun su culo y arriba una remera simple apenas escotada, la mejor cara de perra en celó y así fue al restaurante del hotel a almorzar, cada paso que daba atraía todas las miradas, movía más de lo costumbre el culo, un vaivén que hipnotizaba.

Así ella fue atrayendo miradas aunque sólo había una que le interesaba que obviamente no iba a tardar en llegar.

La seducción es un arte sin dudas, una cacería y ahí estaba ella esperando a su presa, al verla sola obviamente no perdió oportunidad de acercase, ella se había transformado en lo mismo que el dos depredadores que se buscan, observaba la situación sin perder detalle. El se le acero y se sentó junto a ella, charla iba y venía… miradas, debo confesar que se la veía muy segura a ella, desafiante, a su altura diría.

Algunas risas, algunas miradas serias, quizás alguna insinuaciones y de repente ella se levanta de la mesa, el le clavo los ojos en sus piernas mientras la veía alejarse.

Yo quede medio desconcertado hasta ver el mensaje en mi teléfono que decía textual.

“Vos querías una batalla en media hora la vas a tener” yo no podía verla, no sabía de donde me escribía, solo veía al pendejo que seguía sentado muy tranquilo en su silla.

Me estoy preparando para recibir a tu candidato, ya que no me tenías fe. Me tenía totalmente excitado, estaba como loco, con un montón de pensamientos por mi cabeza, me excitaba, me asustaba, me ponía celoso, un tsunami de sensaciones literalmente.

Otro nuevo mensaje. “Debo decirte que me buscaste un buen contrincante, voy a tener que esmerarme al máximo para ganar esta batalla”.

Ufff mi cabeza explotaba, mi pija volaba de Calentura, no podía verla ni sabía donde estaba y ella estaba jugando en mi cabeza.

Parte 8

Ahí estaba el pendejo caminando hacia mi habitación, sin ninguna prisa, yo lo seguía con mi mirada, explotaba de excitacion pero también de celos, el pendejo se había salido con la suya.

Espere hasta que ingreso a mi habitación, yo tenía que esperar dos horas, una eternidad para ir a mi habitación, recordé que había una ventana trasera en mi habitación y me dirigí ahí para ver si podía espiar algo de lo que estaba pasado dentro de mi habitación.

Ahí estaba mi señora arrodillada, con una mirada asombrada delante de ese pedazo de carne, tomándolo con ambas manos, y por introducirlo lentamente en su boca.

Desde mi posición podía ver claramente la situación, cuando ella se mete la verga en la boca, que con mucho esfuerzo y esmero pudo introducirse un poco menos de la mitad, entraba y salía la pija por su boca, le pasaba la lengua por toda la pija, como admirándola, y nuevamente introduciéndose dentro algún centímetro más, tenía los ojos encendidos, y la situación bastante dominada, la verga que quedaba fuera de su boca la pajeaba con la mano. Nuevamente se la saco de la boca y con ambas manos la pajeaba, ahí recién pude ver esa piba en su máxima expresión, terrible ancha y larga, que hijo de puta que pija pensé, cuando nuevamente la estaba recibiendo en la boca, aunque ahora entraba menos verga en su boca, el pendejo empieza a tomar más acción, hasta el momento estaba en una actitud bastante pasiva.

Toma la cabeza de mi señora y le empieza a introducir más verga en la boca, se la saca y se la mete, más intenso, introduce más… cada vez mas, verga en la boca. Y comienza a cogerle la boca a mi señora que recibía ese pedazo de carne cada vez más rapido, ya sus ojos estaban medios dispersos y sus manos intentando frenar un poco los embales de esa verga que estaba haciendo cada vez más lugar en su boca.

Se quedaba adentro el tiempo que él deseaba y cuando la sacaba salía llena de saliva, se la mostraba diciéndole algo, y nuevamente adentro de su boca, mi pija estaba que explotaba, me estaba volviendo loco, la situación.

Cuando termino de cogerla por la boca, la levantó del piso, ella solo tenía su mini tanda puesta, y el no tenía absolutamente nada puesto.

Desde mi posición veo que se acercan hasta donde yo estaba espiando, el coloca a mi señora apoyada contra el respaldo de un solo boca hacia abajo y se pierde entre sus piernas, mi señora estaba con los ojos cerrados disfrutando sin lugar a dudas de una chupada de concha, se alcanzaban a escuchar sus gemidos, cada vez más fuertes

Su cara estaba pegada a su cola, sus manos tenían sujetada sus piernas y su boca hundida en su concha y cada vez más adentro.. ya los gemidos eran cada vez más fuertes.

Retira su cara de la cancha y mi señora recuperando un poco de energía alcanza mirar hacia atrás y ver cómo pendejo viene directo a su concha con esa pija en su máxima expresión, se venía una pija imponente, el de la paseaba por su concha de arriba hasta abajo sin penetrarla, disfrutando del momento, mi señora estaba fuera de si, presa de la calentura, gemia, la quería sentir adentro toda ese pedazo de carne, se lo estaba pidiendo, y el pendejo hacia cómo que no escuchaba el pedido de mi mujer que estaba al borde de explotar de calentura.

Dale hijo de puta métela de una ves la alcanzo a decir mi señora, cuando él pendejo la tomo de la cintura y de un solo golpe le metió mitad de la verga, provocando un grito desgarrador de mi señora.

No hizo ningún movimiento más, como disfrutando el momento, mientras que mi señora tenía los ojos fuera de órbita, sus piernas vibraban y sus manos intentaban aferrarse a algo.

El pendejo saco su verga muy suave, centímetro a centímetro, para volver a atacar la concha de mi señora nuevamente de un solo golpe, pero esta vez más profundo, mi señora quedó en el aire, sostenida por la pija del pendejo, con su cara casi desencajada, su mirada perdida y un primer orgasmo indescriptible entre gritos, gemidos, insultos fuera de control.

Ahora ya el pendejo entraba y salía cada vez más rápido, mi señora estaba gozando, en un estado de climax casi constante, gritaba que pija hijo de puta me estás abriendo toda, dame más!!

Yo no podía más de la calentura, el la seguía montando cada vez más fuerte y ella acabando como una perra en celó, era un orgasmo tras otro, cada golpe de esa pija la hacía quedar en el aire, así fueron varios los minutos en los cuales el pendejo entraba y salía, le azotaba las nalgas, le tiraba del pelo, le aumentaba la intensidad, y mi señora acababa, gritaba, lo insultaba.

El pendejo saco la verga por completo de la concha de mi señora, y se recostó en el sillón, ahora te toca a vos montarme,

Ella fue caminando con dificultad hasta donde estaba el, seguramente buscando recuperar un poco de energía, hasta sentarse sobre su verga, despacio fue bajando por ese mástil cada vez más duro, parecía que le crecía segundo a segundo más esa pija.

Hasta meterse todo en su concha, yo tenía la imagen en primer plano de su cara, y mientras subía y bajaba por la pija, ella entre gemidos le decía que pija por Dios,

Lentamente subía y bajaba, el le chupaba los pezones, mientras ella seguía subiendo y bajando, el golpeaba cada tanto sus nalgas y ella aceleraba el ritmo.

Creo que en ese momento nuestras miradas se cruzaron o fue producto de mi imaginación, pero ella entró en un estado de excitacion plena producto del orgasmo que estaba llegando, se movía de forma salvaje, violenta, como desquiciada cuando le gritaba me estas haciendo acabar otra vez hijo de puta!! Cuanta leche me vas a sacar.

Y ella cae sobre su cuerpo producto de un orgasmo intenso.

Se queda quieta, buscando un poco de aire, cuando el pendejo se levanta y con sus brazos agarra las piernas, y empieza un salvaje penetracion de parados, el tenia las manos en su cola y rebotaba su pelvis contra la del el, con una intensidad y rapidez digna de película porno, entraba y salía la pija del pendejo erecta y ella lo abrazaba desde la nuca mientras gritaba por cada embestida.

Yo ya había perdido la cantidad de orgasmos que tenía mi mujer, mientras el pendejo seguía penetrandola en distintas posiciones sin acabar y manteniendo su pija en su máxima expresión, un semental era el pendejo, había pasado más de una hora y no había terminado, y mi señora ya había tenido al menos 10 orgasmos.

Se estaban yendo para la habitación, para la cama seguramente, lugar donde yo ya no podia ver desde la ventana, faltaba menos de una hora, de las 2hs que me había pedido, pero no quería perderme ni un solo minuto. Total desde la habitación no podían verme entrar, así que di la vuelta y entre sigilosamente, los gritos y gemidos de mi señora seguían siendo fuertes.

Cuando llegó a la habitación, ahí estaba mi señora en la cama, en 4 siendo penetrada en forma salvaje, el pendejo detrás de ella con una mano tomándola del pelo y con la otra golpeándole la cola.

La cara de mi esposa era increíble, totalmente desencajada, gritos, insultos producto de la excitación, en el punto máximo del climax, producto de la cantidad de orgasmos.

Mi señora me miró con cara de vicio, era evidente el disfrute, mientras me miraba pasaba su lengua por sus labios.

Cuando el pendejo noto mi presencia, me miró y se sonrió, la dejo ensartada hasta el fondo, mientras mi señora tenía otro orgasmo al grito de “hijo de puta estoy acabando otra vez!!”

Fue un orgasmo tan intenso que dejó desplomada a mi esposa en la cama boca abajo, totalmente agotada, exhausta.

Mientras que el pendejo se estaba pajeando, terminando, tirándole una cantidad de leche impresionante en la cara de mi esposa, que aún estaba intentando recuperarse.

Al irse el pendejo, me saludo como si nada diciéndome muy sabrosa, la próxima le rompo el culo también.

Me acerco a mi señora que aún tenia leche del pendejo en la cara, porque no se podía ni mover y le pregunto qué tal la batalla.

Me respondió me mato, quede nocaut.

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Los amigos de mi marido prueban mis tetas.

Estabamos cenando en la casa de Sebastian.
Estaba Sebastian con su mujer, Lucas con la suya, Julian y yo.
La noche era ideal, por lo que decidimos cenar en el balcón terraza. Era verano pero no hacia mucho calor. Me había puesto ropa liviana por el calor. Unas bermudas blancas, unas sandalias sport, y arriba una musculosa gris media suelta sin corpiño.

El estar en esa mesa, compartiéndola con los amigos de mi marido con quienes nos enfiestamos, y que estuviesen sus mujeres ahí me causo mucho morbo. Un morbo que me excitaba.
A medida de que avanzaba la noche, y el alcohol empezaba a hacer efecto, me sentí mucho más liberada.
Hacía pocos meses que me había operado las tetas, y con los primeros calores me gustaba mostrarlas. Desde que me había operado aun no habíamos hecho ninguna “fiesta” con los amigos de mi marido por lo que aún no tenían la suerte de conocerlas.

Obviamente en medio de la sobremesa salió el tema de mis tetas, y enseguida la mujer de Sebastian pidió permiso para tocarlas y ver como habían quedado. Me deje y delante de todos me toco un poco las tetas. Es una mujer bastante asexuada, en mi opinión, por lo que no me genero nada el hecho de que me tocara. Es más, se que lo hizo realmente para sentir como estaban sin ninguna connotación sexual. La mujer de Lucas hizo lo mismo y lo tome de la misma manera. Enseguida vi los ojos de los amigos de mi marido. Los dos querían hacer lo mismo que sus mujeres pero era evidente de que no podrían. Es más, Lucas pregunto tímidamente “puedo?”, a lo que la mujer le respondió, “solo si queres perder la mano”. Nos reimos todos y quedo en eso.

En un momento la mujer de Sebastian estaba hablando con Lucas y mi marido, y la de Lucas se había ido al baño. Yo estaba apartada mirando mi celular y se me acerca Sebastian quien me dice disimuladamente que se moría de ganas por tocarme las tetas. Yo lo mire, me reí y le conteste, “en un rato me voy para adentro, vos hacete el boludo y anda atrás mío”. Me volví a sentar a lado de mi marido, y en eso Lucas empieza a preparar unos tragos. La mujer de Sebastian se levanta de la mesa y ahí aprovecho para decirle a mi marido lo que me había dicho Sebastian. Mi marido me mira y me dice, “me estas pidiendo permiso?”. – le digo, “yo que se, te digo porque no se que hacer”. – “si gorda, no hay drama, que aprovechen. Eso si, ojo que están las chicas dando vueltas”. Listo, ya tenía el ok de mi marido. Solo tenía que encontrar el momento y tener cuidado. Como estábamos afuera, el ventanal que daba al interior del departamento estaba siempre cerrado para que no entraran bichos ni el calor. Por eso cada vez que alguien entraba o salía tenía que abrir o cerrar ese ventanal. Era bastante ruidoso y llevaba unos segundos, lo que servía como una especie de alarma.

Con la excusa de levantar la mesa empiezo a llevar cosas adentro, el problema fue que todos quisieron colaborar y entraban y salían conmigo. Podía ver la cara de Sebastian como frustrado. Entonces tuve una idea, me ofrecí a lavar los platos. Obviamente tuve que insistir porque las otras dos mujeres también se ofrecieron. Como me les adelante y agarre la esponja me quede con el “premio” de tener que lavar los platos. La luz de la cocina estaba apagada. Solo iluminaba la del bajo alacena que era más tenue. La del living también estaba apagada, por lo que la luz en la cocina era realmente baja. Alcanzaba solamente para lavar los platos. Todos salieron y se fueron a sentar al balcón nuevamente. En eso siento que se abre el ventanal y enseguida lo cierran. Dentro mío imagine que sería Sebastian que venía por su premio. Los pocos metros que hay desde el ventanal a la cocina se recorren en menos de 5´´, pero como hay que doblar en un momento, desde el balcón no se ve el interior de la cocina. Mi sorpresa fue cuando apareció Lucas en lugar de Sebastian, y tenia la hielera en la mano. Habia entrado a buscar hielo para los tragos. Falsa alarma.
Se va y yo sigo lavando. Trataba de lavar lo mas lento posible para darle tiempo a Sebastian viniese. En un momento vuelvo a escuchar el ventanal. Enseguida me doy vuelta y veo que era Sebastian. Me mira riéndose, le devuelvo la sonrisa y me dice, “puedo?”. Le agarro la mano y se la pongo sobre mi teta derecha. La agarra tímidamente y mueve un poco la mano. Le digo que la agarre de verdad, que no era la primera vez que me tocaba una teta. Era evidente de que el morbo de saber que estaba todos a pocos metros nos excitaba mucho. En eso siento que mis pezones se estaban endureciendo y Sebastian también, porque con sus dedos empieza a pellizcármelo. Habremos estado asi alrededor de 1´, pero decidimos cortar la situación por las dudas.

Ni bien termina de tocarme entra la mujer de Sebas para decirme que deje de lavar y que vaya afuera con ellos. Insisto en que me quedaban unas pocas cosas y de mala manera acepta y se va.
Enseguida escucho que mientras abre el ventanal para salir intercambia unas palabras con Lucas. Se cierra el ventanal y aparece Lucas nuevamente con la hielera. Esta vez me dice, “no vengo a buscar hielo, yo también quiero tocar”. Me causa gracia y mientras me mete una mano en cada teta le pregunto, “y como sabes que Seba me estaba tocando las tetas?.”, “porque me dijo Julian”. El hijo de puta de mi marido me estaba mandando a los amigos para que vinieran a tocarme. Lucas es un poco más lanzado que Sebastian. Si bien con Sebastian tuvimos muchísimos más encuentros y experiencias, siempre se mostró más tímido o respetuoso. Como que no toma la iniciativa sin que Julian o yo le demos el ok. Lo entiendo, debe ser difícil manosear y mucho más garcharse a la mujer de un amigo. En cambio Lucas es más lanzado. Las pocas veces que estuvimos siempre fue de tomar la iniciativa.
Al poco tiempo de tocarme las tetas por arriba de la musculosa, baja una mano y me la mete por debajo de la misma, empezando a tocarme la teta pero directamente sobre la piel. Yo me estaba calentando y en un momento amague a tocarle la pija. Pero enseguida me di cuenta que era peligrosísimo y desistí. Medio que lo tuve que cortar porque si era por el seguíamos un rato más, pero entendió, agarro un poco de hielo y se fue. Yo sali detrás de él y me senté al lado de mi marido. Mi marido me pregunta delante de todos, “todo bien Nati?”. – “si, todo bien gordo”. El hdp estaba disfrutando todo.

Lucas empezó a sacar tragos y empezamos a tomar bastante. Sumado a las cervezas ya estaba bastante tomada. Creo que todos estábamos iguales. En un momento entro de nuevo para ir al baño y veo que Lucas se para agarrando de nuevo la hielera. Por lo que entramos los dos juntos. El resto se quedó afuera charlando como si nada pasara. Una vez adentro, lejos de donde alguien pudiera vernos, nos estampamos un beso enorme. Volvió a meterme la mano por debajo de la musculosa y esta vez levantándomela empezó a chuparme las tetas. Yo me moría por agarrarle la pija, pero sabía que era peligroso y volví a desistir. A los 45´´ lo corto, me voy al baño y lo dejo ahí. Cuando salgo del baño ya había salido y estaba sentado con el resto afuera. Cuando salgo y me siento al lado de mi marido, la mujer de Sebastian me dice, “nati te mojaste toda”. Al principio me asuste con el comentario, porque tranquilamente podía estar refiriéndose a mi vagina que estaba empapada. Pero se refería a mi remera. Tenía en la zona de la teta derecha una mancha de agua, pero lo que en realidad nadie sabía es que era saliva de Lucas. Me sentí un poco incomoda, pero me tranquilice cuando note que nadie se dio cuenta de la verdad.
El que estaba como loco era Sebastian. Quería a toda costa ir adentro y que lo acompañara. En mas de una oportunidad lo enganche mirándome, y cuando nuestras miradas se cruzaban me revoleaba los ojos como indicándome ir adentro. No le preste atención y me hice la distraída.

Al rato Lucas y su mujer se despiden y se van, ya que al otro día tenían un compromiso temprano.
La mujer de Sebastian se ofrece a bajar para abrirles la puerta, con la condición de que cuando nos fuésemos nosotros bajara Sebastian. Trato hecho le dijo Sebastian y me imagine que algo tramaba.
Ni bien bajo la mujer, le dice a mi marido, “Juli, le quedaron divinas. Las quiero tocar de nuevo”. Y acercándose viene a tocarlas pero como siempre tímidamente. En eso, Julian me levanta la musculosa y deja mis tetas al aire. Me quede un poco pero enseguida Sebastian empezó a tocarlas y me relaje. No habrá pasado ni medio minuto que cortamos la situación porque sabíamos que la mujer estaría subiendo.

Nos habremos quedado una hora más, hasta que decidimos irnos. Nos despedimos de la mujer de Seba y ni bien cerro la puerta del ascensor entre el y mi marido empezaron a tocarme y chuparme las tetas. Aproveche y les toca las pijas por arriba del pantalón, las cuales estaban muy duras. Los 8 pisos que hay hasta planta baja pasaron volando, por lo que nos despedimos y nos fuimos.
Esa noche con Juli cogimos como locos. Y quedamos en que pronto íbamos a armar una “fiestita”.

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Al fin ensarté a mi madrastra

El hecho sucedió un día, sin quererlo, entré al baño a tomar una ducha.

Como siempre, mientras me metía bajo el agua, me gustaba hacerme una buena paja, ya que las hormonas me tenían como loco. Teniendo la pija bien erecta, atrapada en la palma de mi mano derecha, cerraba los ojos y me imaginaba cualquier situación erótica, con una rubia y una negra bien putas las dos, chupándome los huevos, la pija y cogiéndomelas hasta por el culo a ambas. En ese veo que en el rincón donde dejé mi ropa, había ropa interior sucia de mi madrastra

Se pararon las rotativas, tomé la bombacha, era de color negro con algunos encajes. La observé con detenimiento, era lo más sensual que hubiera visto.

Automáticamente vi que entre los encajes delanteros de la braga había algunos pendejos negros enredados. Tome alguno de ellos, los observé detenidamente, los olí, y los chupe. Después miré la parte reforzada de la braga, que es la tela que hace contacto con la concha propiamente dicha, o sea los labios vaginales y el clítoris, y divisé unas manchas amarillentas, pegajosas, eran de seguro restos de flujos vaginales, mocos o algo parecido.

No pude evitarlo, acerqué el calzón a mi rostro, y aspiré como si fuera aire fresco los olores de esos restos de fluidos. Con mi mano izquierda inspiraba ese olorcito agrio, sentí el verdadero olor a concha, bien puro. Y puedo decir que ahora comprendo a los animales cuando se excitan, porque mi verga iba a reventar, y sin soltar la bombacha, que permanecía bien pegada a mi nariz, sostenida con mi mano izquierda, con la derecha reanudé la paja, esta vez con un loco frenesí sexual.

Mi cabeza se partía de erotismo, porque ya me imaginé que la mujer que me estaba cogiendo era mi madrastra. Aspiraba el olor de la braga usada , y con la lengua estirada, me animé a probar el sabor de esos restos pegajosos. Sabían saladitos y mi saliva los iba disolviendo poco a poco.

Hasta que no aguanté mas, y presionando la bombacha contra mi nariz y boca, de la pija salían borbotones impresionantes de semen. Era sin duda la acabada mas grande que jamás hubiera tenido, el piso del baño estaba lleno de leche. Rendido, sin fuerzas, caí de rodillas, aún con las bragas en mi cara, aspirando pausadamente ese olorcito a hembra, y sabiendo que esa hembra era mi madrastra

Minutos después, recuperado de esta paja apoteósica, dejé la braga en el rincón y me duché duramente, como tratando de sacarme este pecado. A partir de ahí me volvió loco las bombachas de mi madrastra siempre trataba de ver cual tenía puesta cada día, para luego ir al baño, agarrarla, chuparla, pajearme con ella, etc. Y cada día hacía cosa mas osadas, a veces me las ponía, y sacando la polla por entre las piernas me hacía una paja. Adoraba aquellas bragas que tenían hasta tres días de uso, ya que juntaba bastantes flujos y cremitas, a veces algo de suciedad de excremento. Otras veces me envolvía la verga en sus bragas, me masturbaba violentamente, acabando entre sus bragas, las cuales inmediatamente las limpiaba con papel higiénico, tratando de no dejar rastros de leche, y así no ser descubierto.

Me gustaban mucho unas blancas, las cuales esas si se las dejaba llena de semen, las metía mi madrastra en el lavarropas y ni cuenta se daba que estaban sucias de esperma. Llegué a extremos inimaginables, ya que un día le requisé una de las bragas, esas de alto corte, que se calzan en las caderas, bien sucia de flujos vaginales, y en un acto de locura me las puse y estuve todo el día con ellas puestas.

Me mataba el morbo de saber que en la hora de el almuerzo, sentados a la mesa, mi madrastra no se imaginaba que tenía puesto en ese momento una de sus bragas, sintiendo el roce de mi escroto en el mismo lugar que ella había rozado sus labios vaginales, dejando flujos, restos de orina.

Incluso tuve hasta un catálogo privado de las bombachas que usaba, las negras, las blancas, las de encaje, etc. Sabía que bombacha usaba cada día, desde cuando las tenía puesta, y por supuesto salía corriendo cada vez que ella se las cambiaba para olerlas y cascarme una paja. Descubrí que había días que aparecían unas mas sucias que otras, hasta sabía de aquellas que usaba cuando le bajaba la menstruación, porque se le notaba el resto de pegamento de la toalla higiénica en la bombacha.

Y cada día era peor, ya que las situaciones eran más arriesgadas que nunca, empecé a tratar de espiar en cualquier situación: cuando entraba a su cuarto por cualquier excusa y verle la ropa interior que llevaba puesta, si entraba al baño observar por el ojo de la cerradura y verla desnuda en la ducha o si se sentaba en el inodoro a hacer sus necesidades. Llegué incluso a oler sus toallas higiénicas usadas, y pajearme encima de ellas, mezclando mi leche con los restos sangrantes de su regla. Así estuve tres años, elevando mi morbo al máximo.

Incluso cada vez que salía de putas, trataba de estar con aquellas prostitutas parecidas en edad y físico a mi madrastra, y cuando me las cogía me imaginaba que lo hacía con ella. Era una fiera en celo permanente, cada vez me acercaba mas a mi madrastra, físicamente hablando, yo la tocaba, la besaba en sus mejillas mas seguido, olía su cuello. Mi madrastra siempre decía que me ponía mimoso, como apoyándola en los momentos duros que estaba pasando.

Siempre pensé que mi madrastra era joven y que tal vez tendría algún macho por ahí, pero la verdad es que no tenía ninguno. Entonces por algún lado tenía que desahogar, y se me ocurrió con la masturbación, pero nunca pude averiguarlo, llegando incluso a tratar de espiarla y ver si se pajeaba, no obteniendo resultados positivos. pasó el tiempo y llegó el día en que me descubrieron, en forma inapelable. Ese día mi madrastra tenía que ir a la ciudad a hacer unos mandados. Yo estaba en casa, era sábado por la tarde.

Antes de salir mi madrastra se dio un baño. Sabía que ella estaba usando unos sostenes rosados y una braga del mismo color, un poco más chica que las otras, sin llegar a ser una tanga Apenas se fue, corrí como loco al baño, producto de la excitación, a oler y degustar las recién usadas bragas. Cuando las tomé y acerqué mi nariz, se podía sentir aún el calor de su piel, algunos pendejos enredados, incluso uno canoso, sus olores al máximo, llena de flujos amarillentos, pegajosos. Pasé la lengua y saboreé esa cremita, bien saladita, mezcla de flujos y orina. Había un poquito de suciedad de excremento, seco, pero sin olor a mierda. No pudo resistirme y me desvestí, quedando en pelotas total dentro del baño, tomé el soutien rosado y me lo puse. Me quedaba flojo, ya que mi madrastra esta bien tetuda y yo tengo algo pero músculo nada más.

Después, con mi pija bien dura, con el glande asomado en su esplendor, calce mi pie derecho en el correspondiente al de la braga, y luego el izquierdo.

Comencé a subir despacito esa bombachita rosada, sintiendo como me recorría los muslos hasta que su parte sucia hizo contacto con mi escroto. Seguí subiéndola un poco más, hasta que me calzara en la cadera, pero no mucho más, ya que era una tanga. Ni hablar que mi polla, parecía un mástil, y sobresalía por la parte delantera de la braga, por lo menos la mitad de su tamaño. Mis pendejos se salían por los bordes del calzón, y mis huevos los sentía bien apretaditos como si fuera un suspensor deportivo.

Liberé un poco más mi verga y comencé a pajearme, despacio, disfrutando de la bombacha , imaginándome a ella cogiendo conmigo, hasta sentir que la leche me recorría el tronco de la pija, vaciando mis henchidos huevos, alcanzando el clímax y en el medio del orgasmo, al tiempo que emitía gritos y gemidos de placer, gozo y satisfacción, escupiendo mi pija torrentes de esperma caliente a borbotones sobre el lavabo, en el piso y cualquier otro lado, cuando de repente ¡zas!

Se abre la puerta del baño de improviso: quedé petrificado, y en la misma puerta, sosteniendo aún en su mano derecha el picaporte, mi madrastra con los ojos bien abiertos, helada con la imagen que estaba viendo: su hijastro vestido con ropa interior femenina, teniendo un orgasmo infernal, llenando de leche el baño, gozando imaginariamente con ella. Fueron los segundos más largos de la historia, atiné a sacarme las bragas a toda velocidad, dándole la espalda a mi madrastra, incluso en el apuro las rompí, ya que me quedaban un poco chicas.

Sólo recuerdo que oí que la puerta se cerró fuertemente. Imaginé que mi madrastra había salido disparada de allí, pero me equivoqué, porque cuando me di vuelta para ver, estaba del lado interior del baño, recostada contra la puerta. Seguía observándome, sin emitir palabras.

Continué desvistiéndome, hasta quedar desnudo. Yo tampoco podía pronunciar palabra alguna. ¡Qué iba a decir! Sentía que me desmayaba de la vergüenza. Mi madrastra  rompió repentinamente el hielo: ¿qué estas haciendo? – me preguntó pausadamente. La miré a los ojos, y solo alcancé a decir:

¡Lo siento! ¡Es qué no se que me pasó! – agregué de inmediato. ¡Vístete de inmediato! – me ordenó calmadamente.

Tomé mi ropa, amontonada sobre el rincón y me vestí rápidamente. Mi madrastra mientras tanto, bajó la tapa del inodoro y se sentó en el a modo de asiento. Pude adivinar que sabía de mi secreto desde hace un tiempo, no sé, era una intuición que percibía.

¡Estás en problemas jovencito! – dijo, ¡hace tiempo que noté una conducta extraña en ti! – agregó de inmediato.

Yo no abría la boca, solo escuchaba y bajaba avergonzado la cabeza.

¿Qué te sucede? ¡Confía! – dijo en un tono más alto.

Levanté mi cabeza, debía confiar en ella, ¡Es que desde hace años que me gustas! – respondí se reincorporó, me tomo de los hombros, me abrazo y comenzó a llorar.

La abracé en respuesta a su abrazo, y así me mantuve por unos minutos.

Salimos del baño, ella conduciéndome a la sala con su mano tomada de la mía. Supe ahí que todo era una emboscada de ella para descubrirme en mi acto fetichista.

¡Desde hace unos meses he notado que te estas masturbando con mi ropa interior! – dijo ¡Te equivocas, hace tres años que lo vengo haciendo! – repliqué de inmediato, la sorpresa fue grande.

¡Tengo que confesarte algo! – dijo, ¡yo también desde hace unos meses me pasan ideas horrendas por la cabeza! – agregó al qinstante.
¿qué quieres decirme? – preguntó mansamente. ¡Es que me excita saber que te masturbas con mis bombachas! – respondió la mamá. Su madrastra le abrió el corazón y le dijo que un día mientras ponía ropa a lavar en la máquina, una de sus bragas, cuando las tocó sintió humedad en sus manos.

Se detuvo a mirarlas detenidamente, y noto que estaban sucias de algo pegajoso y blanquecino. Supo al instante, por su experiencia matrimonial que era semen. Una sensación de miedo y morbo le recorrió, y lo que el insistía en espiar surgió una especie de contraespionaje de su madrastra, ya que a propósito dejaba sus bombachas bien sucias para que el las disfrutara.

Para confirmar su tesis, fue sorprendido cuando su madrastra sacó de la cartera, el catálogo privado del que hablo anteriormente. El día D había llegado, porque todo lo que pasó hoy fue orquestado por su mamá, la excusa de ir a la ciudad, y la entrada intempestiva al baño para hallar in fraganti , como prueba irrefutable de lo que era una realidad. Pero lo que no sospechaba era que su madrastra  venía por más.

¡Mira , he estado pensando que te tengo que ayudar! – dijo la madrastra ¿Cómo, a qué te refieres? – ¡Pienso que si tu deseo es de alguna manera poseerme, debería acceder a que observaras mi cuerpo, tal como soy! – respondió su madrastra La táctica de la madrastra era que tal vez viendo su “afeado” cuerpo, se le iban a ir las ganas o lo que sea.

No podía creer lo que escuchaba de boca de su madrastra. Y se apresuró a decirle: ¡no ! ¡No sería correcto! ¡Insisto, es una forma de curarte! – ordenó su madrastra, al tiempo que lo tomaba de la mano y lo conducía al dormitorio de ella. Cuando hubieron entrado, cerró la puerta
Presentía lo que se venía. Su madrastra, encendió la portátil de la mesa de luz.

¡Ponéte cómodo, te curare! – dijo la mujer.

Llevaba puesto un vestido de media estación floreado, unas medias calzas y unas sandalias muy sugestivas. Su cabello castaño, semi lacio, estaba anudado en la parte posterior de la cabeza con un broche de carey. Se quitó eróticamente su vestido, y se lo sacó por los pies. Su madrastra quedó en ropa interior frente a sus ojos. Pudo observar que llevaba una de sus bragas favoritas, las negras de encaje, además de un soutien semitransparente, que permitía vislumbrar unos pezones muy bonitos.

Se quitó las sandalias. Luego vino el tiempo de sacarse las medias calzas. Lo hizo despacito y provocativamente. Se sonreía, y estiraba sus labios como enviando besos a distancia. El silencio era cortado por los ruidos de los roces de las prendas.

El notaba como su polla comenzaba a crecer. ¡Qué se iba a curar! Su madrastra de pie frente a él, se pavoneaba, acercando su pelvis al rostro de el.

Acercó su monte de Venus cubierto por la bombachas, al rostro del joven. Se notaba claramente a través del encaje de la prenda los pendejos de la concha. Algunos se salían, asomando fuera de su encierro. Era bien peluda, y eso ya lo sabía, gracias a su espionaje cuando se duchaba la madrastra. Estiró su nariz, quería sentir el olor de su madrastra. Su madrastra se retiró unos metros hacia atrás, como provocándolo en deseo desenfrenado.

¡Desvístete! – dijo secamente su madrastra.

El obedeció y rápidamente quedó totalmente desnudo frente a su progenitora. Sus músculos eran exultantes, y su pija mostraba todo el esplendor de su erección. El glande parecía uno capullo de rosa morada, a punto de explotar. Su madrastra abrió levemente la boca, Era la pija más grande que había visto, ya que la de su esposo no se acercaba siquiera a ese tamaño. El tomó con la palma de su mano derecha, esos dieciocho centímetros de largo por cuatro de diámetro, de pura carne excitada, para empezar lentamente a cascarse una paja.

¡Veo que te excito! – dijo su madrastra. ¡Mira tengo estas bragas de encaje, las favoritas tuyas y las mías también! – agregó de inmediato. ¡Lástima que no tienen “cremita”, porque recién me las puse! ¡Quítatelas, quiero verte desnuda! – pidió

Su madrastra como gata en celo obedeció, y comenzó con su sostén. Quebró sus brazos tras su espalda y desenganchó el broche, dejando caer la prenda a sus pies. Las tetas eran bien gordas, con unas aréolas café oscuro que cubría una buena parte de la teta, y unos pezones gordos y en erección, producto de la excitación que tenía su madrastra en ese momento. El seguía pajeándose en cámara lenta, gozando de tan maravillosa exposición. Se puso de pie, caminó acercándose a su madrastra, y el rostro de ella le llegaba a su pecha. Sintió en su alto vientre los pechos y notó como los pezones acariciaban su piel.

Se agachó y tuvo necesidad de degustar estos pechos, y con su lengua ensalivó el pezón de la teta izquierda de su madrastra, al tiempo que masajeaba la derecha. Metió en su boca esa deliciosas tetas. Su pija emanaba jugos preseminales, los cuales en el roce su trayectoria había marcado un camino que nacía en el ombligo escondido de su madre, pasaba por encima del encaje de la bombacha, y terminada entre los muslos de tan adorable hembra. Su madrastra levantaba la cabeza al cielo, gozando de tan hermosas caricias, devolviendo mimos sobre la nuca de el, presionando a éste para que nunca dejara de chupar sus tetas.

El cambiaba de una para otra, como si se le fuera la vida en ello. Con sus manos las juntó, y trató inútilmente que ambos pezones le entraran en su boca. Perdido entre las tetas de su madrastra, bajos los brazos y calzando sus dedos pulgares a los lados de la cadera de su madrastra, comenzó a bajarle las bombachas, las cuales se arrollaban en su elástico, dejando paso al esplendor de la negra pelambrera que poseía su vigorosa madrastra. No llegó a las rodillas, por lo que tuvo que desatender las tetas, para dirigirse a través de las estrías del vientre de su madrastra , hasta alcanzar los negros pendejos, con algunos canos entreverados, anunciando la madurez de la mujer.

Enterró repentinamente su nariz y boca en este bosque prohibido, olfateando la concha y supo reconocer ese olor que tenía grabado en su mente. También reconoció el sabor, ya que estiró su lengua y entre pendejos entreverados en su boca descubrió su prominente y gordo clítoris, logrando que su mamá se arqueara de placer al simple contacto.

¡Espera , déjame quitarme la bombacha! – pidió su madrastra, al tiempo que se retiraba un poco.
Se terminó de quitar la braga, dejando todo su cuerpo en esplendor.

Estaba pasada un poquito de peso, su vientre un poquito abultado, sus piernas rollizas con un poco de celulitis, sus brazos con cierta flacidez, propias de la edad. Se quitó el broche de carey que sostenía su cabello, dejando ver una hermosa cabellera que caía sobre sus hombres. Era una mujer madura pero bonita. Desnudos como animales en celo se abrazaron. Las manos de el  recorrieron cada centímetro de la superficie del cuerpo de su madrastra, como queriendo apoderarse de ella para siempre. Había pasado del infierno de ser descubierto pajeándose con las bragas de su madrastra, al paraíso de cogérsela.

Porque era seguro que lo iba a hacer, era su máximo deseo. Y era el mismo deseo de su madrastra, alimentada por años de abstinencia, masturbaciones y el morbo del fetichismo de el. Se dejaron caer desnudos sobre la cama, abrazados, besándose ya en los labios, intercambiando fluidos a través de la lucha titánica de sus lenguas. La madrastra estaba dispuesta a todo, porque amaba con todo su ser, y meses de morbo explotaron en un intenso paroxismo sexual.
El quería disfrutar al máximo, y en un instante de reflexión, colocó a su madre boca arriba, con la cabeza sobre la almohada, e instintivamente se dirigió a su concha, para saborear directamente de ese surtidor las cremas y jugos vaginales de su madrastra.

Ella se abrió de piernas, permitiendo que le lamiera su peluda vagina. Con los dedos hurgó, hasta exponer su clítoris y parte de sus gordos labios vaginales, y los labios y lengua de el se incrustaron en su sexo. Ya desde varios minutos destilaba jugos deliciosos como el néctar de las flores, el lamía con fruición, degustando tan delicioso manjar.

Sentía que la boca se le llenaba de esos jugos, el mismo olor y color que acostumbraba a saborear en las bragas usadas, pero ahora eran directamente de “fábrica”. Saladito, con olor agrio, incluso trató de saborear la salida del meato, por donde su mamá orina, sentir el gustito del “pipi” de su mami.

La habitación era una mezcla de gemidos y resoplidos sexuales. La madre estiró sus brazos hacia el respaldo de la cama, permitiendo que el la hiciera suya a su placer. De vez en cuando bajaba alguna mano, presionando la cabeza de el para que chupara bien profundamente su concha peluda. Para el estas actividades sexuales eran conocidas, ya que con alguna mujer las había hecho, pero para su madrastra, una mujer clásica y sencilla era la primera vez que entraba en este tipo de ejercicios, propios de estás épocas liberales y permisivas.

Siempre había sido una mujer sencilla, coger a lo simple y gracias. Su hijo le chupaba la concha con fruición, y ella paulatinamente iba entrando en un orgasmo bestial.

Los líquidos salían de su cavidad como agua de manantial, el los sorbía como si fuera elixir de la vida. Incluso hasta un poquito de orina se le escapó, pero su hijo no hizo caso de ello, al contrario hurgaba por más. Hasta que lo inevitable llegó, y atrapando con sus piernas la cabeza de su hijo, se acabó como una yegua alzada, gozando como nunca lo había sentido.

¡Me acabo, me acabo, me acabo, me acabooooooooo! – gritó sin prejuicios. ¡Chupa, chupa, chupa, chupaaaaaa, lame mi coño! – volvió a gritar desaforadamente.

El tenía la cara empapada en los jugos maternos, nunca una mujer había acabado de esa forma. Su madrastra respirada agitadamente, y con los ojos cerrados, acarició la nuca de el. Este quiso compartir con su madre los jugos que tenía mojado en sus labios, así que acerco los suyos a los labios de ella, y permitió que los saboreara bien despacio. Abrió su boca y la lengua materna degustó sus jugos vaginales y el producto de su corrida de la propia boca de el.

Era el tiempo que le devolviera el favor a  el tenía que chuparle la pija. Era la primera vez que hacía una cosa así. Y el lo adivinó, por lo que aún con su madrastra boca arriba, se colocó encima de ella con sus piernas a ambos lados del cuerpo, permitiendo que su verga se instalara entre las tetas. Apretó estas y comenzó a follarlas, haciendo lo que aquí se le llama cubana o paja rusa. Su madrastra acomodó el cuello, y con su lengua apenas tocaba la cabeza del glande. Estuvieron así unos minutos, hasta que su madrastra imploró para poder chupar la pija como se debe.

¡Quiero chuparte , quiero hacerlo, quiero sentir el sabor de tu verga cariño! – dijo en éxtasis su madrastra ¿Es tu primera vez?

Sintiéndose de alguna manera descubierta, su madrastra contestó afirmativamente con un movimiento de la cabeza. La verga se puso más erecta aún, como si tuviera vida propia, queriendo meterse en esa boquita virgen, sentir el paladar de la madura madrastra.

Sentándose, recostada su espalda al respaldo de la cama, esperó con la boca abierta que la verga  se metiera dentro de ella. Este se paró sobre la cama y colocó el enorme cipote de carne entre los labios. Esta con los ojos cerrados, abrió la boca, permitiendo que entrara en su cavidad. Al mismo tiempo extendió su mano izquierda atrapando el tronco de la verga, mientras que con la derecha acariciaba los huevos peludos de su -hombre.

La polla se incrustó en el fondo de la garganta, hasta tocar la úvula, provocándole una pequeña arcada. Empezó a chupar como si fuera un helado, el acompañaba ese movimiento con el de su pelvis, cogiéndose tácitamente la boca de su madrastra. Esta chupaba la pija como una diabla, parecía que tuviera experiencia, pero realmente era su primera vez. Se podía sentir el chapoteo de la lengua materna en el glande y tronco de la verga.

Cada tanto sacaba esa verga fuera y ella jugueteaba con su lengua en el glande, lo que provocaba que el se arqueara y sus rodillas se aflojaran del placer que alcanzaba.

¡Asiiiiii, mami, así, ahhhhh, que me acabo puta! – gritó gustoso .

Su madrastra sonreía, sabiendo que estaba disfrutando algo nunca soñado. Siguió con su faena hasta que el pobre muchacho se iba a ir en leche, pero se demoró porque estaba recién acabado cuando lo descubrió intencionadamente en el baño. La madura mujer quería sentir esa pija en la concha, anhelaba sentir la verga en lo profundo de su ser. Lo deseaba desde que el morbo la corrompió, necesitaba una polla que se la cogiera como nunca . Sentir el semen caliente dentro suyo, hacerla acabar como una mujer que era.

Terminó la faena de chupar la polla, y con una sonrisa maliciosa fue indicándole que era hora del placer supremo. Apretando la base de la verga, impidió y retuvo que no se fuera a acabar.

Resbalando, se volvió a acostar, quedando boca arriba, al tiempo que paulatinamente iba abriendo sus piernas, logrando que sus labios vaginales se fueran desplegando, permitiendo ver a pesar de la espesa pelambrera, el orificio vaginal.El fue tomando posición, mientras la besaba, masajeaba sus tetas, haciendo que su falo erecto rozara con los pendejos del pubis de su madrastra.

Intentó penetrarla sin ayuda, pero no le fue posible, por lo que su diligente mamá, con la mano izquierda sujetó esa barra de carne entre sus dedos, y lo fue dirigiendo hasta que un pedacito de la cabeza de la verga entró en el orificio.

¡Métemela ahora , coge a tu madrastra de una puta vez! – ordenó su madrastra.

La pija entró centímetro a centímetro, en cámara lenta, fue resbalando hasta que sus huevos hicieron tope con los labios de la concha. ¡Tenía ensartada a su madrastra! Su madrastra gimió como una cerda, gustosa de sentir después de unos años una verga en su chocho.

¡Ahhhh, así papi, así mi niño, cógete a la guarra de tu madrastra, ahhhhh, uhhhh, qué bueno! – gemía la perra de su madrastra.

Al sentir este tipo de frases obscenas, El comenzó un mete saca como si se fuera a ir la vida en ello.

¡Plop, plop, plop, chaf, chaf! era el ruido que emitía la zona genital, producto del encharcado coño de la madrastra y los líquidos preseminales .El se alzó y sosteniendo su cuerpo sobre sus estirados brazos, observó como su verga entraba y salía de la concha de su madrastra, viendo también como sus pendejos juveniles, se entrelazaban con los de su madura madrastra.

Frotaba con su pelvis el clítoris de la hembra, lo que motivó que esta aullara de placer. Era sin dudas un punto G. Pero tanto dale que te dale, le llegó la hora de acabar a ambos, y por cosas del destino lo harían simultáneamente.

¡Ahhhh, ahhhhh, ahhhhh, me viene, me viene la leche, me corro, me acabbooooooooooo! – gritó en éxtasis . ¡Si mi amor, si mi amor, dame la leche, me corrooooo, me corrooo, me acaboooooooo! – contestó fuera de sí su madrastra.

Parecía que una lluvia de fuegos artificiales hubieran lanzado en el dormitorio, por que acabaron al unísono.

Al instante una descarga de leche seminal, caliente, espesa y llena de vida inundó el aún fértil útero de su madrastra. Ella nada dijo, permitió e incluso aseguró, apretando con sus piernas en la espalda de el, que ese elixir se derramara en su interior. Fueron largos segundos de orgasmo , El cayó rendido sobre el cuerpo flojo de su madrastra, llenos ambos de sudores y otros humores, aún con su verga erecta palpitante en el coño de su madre.

Respiraban agitadamente, su madrastra en un esfuerzo levantó un brazo y acarició agradecida la nuca de su hombre. Era el mejor orgasmo que hubiera tenido, y el de el también. Levantó el macho su cabeza, sonrió agradecido y besó a su madrastra como ella se lo merecía. Estuvieron así largos minutos, no tuvieron remordimiento ni vergüenza, era un secreto que sin prepararlo lo mantendrían para siempre.

¡Te amo ! ¡Te quiero mucho, gracias por este regalo! – dijo el. ¡Te adoro ,siempre soñé con hacerlo, pero es mejor aún que en mis sueños! – le contestó llena de felicidad su madrastra.

Se besaron, y al instante volvieron a hacerlo nuevamente, y esa tarde estuvieron horas cogiendo, llenándose ambos de felicidad. A partir de ese día la relación de el  y su madrastra fue de macho y hembra entre las paredes del dormitorio.

De su fetichismo se curó el, ya que ahora tiene a su madrastra a disposición. Aunque de vez en cuando, su madrastra le regala una de sus bombachas usadas, y ambos se masturban intercambiando ropa interior. También dentro del secreto entraron en algunas perversidades de pareja, muy íntimas, como el sexo anal, ya que la madrastra se hizo adicta a él.

Le gusta como su madrastra grita mientras le coge el culo, y sobre todo cuando saca su verga llena de esperma. Otra perversidad es cogerla cuando su madrastra está menstruando, adora ver como la sangre de la regla se mezcla con los jugos y el semen. Quedan ambos sucios, sudorosos y olorosos. Y para disfrutar ambos de esta última depravación, se rasuran los vellos púbicos, para gozar al máximo de los líquidos de sus sexos.

La madrastra durante un tiempo tuvo cuidado de no dejarse preñar, no quería quedar embarazada, aunque el si lo deseaba. Hasta que llegó el día en que ella aceptó, aun sabiendo que le sería difícil explicar el producto de ello, cumplió el deseo de el.
A pesar de estar preñada, la madrastra  aún quería seguir cogiendo, pero el accedió a hacerlo solo por el culo

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Con el puerco de mi jefe.

Miguel, mi esposo, había quedado sin trabajo y, con el pasar de los dias, semanas y meses, empezamos a vislumbrar, a corto plazo, problemas para cubrir las necesidades impostergables para la familia.
Sólo contábamos con mis ingresos, por un mar de trabajitos, precarios y en negro. Estábamos angustiados, en particular, por nuestros hijitos.
Un amigo de un amigo de mi esposo me ofreció un empleo,formal. Un puesto de secretaria, era muy apetecible, dadas las circuntancias, aunque el sueldo no era muy alto, pero muy superior a lo que recaudaba en mi deambular por el mencionado, mar de trabajitos. Además tenía el valor agregado de la cobertura por plan de salud.
Acepté, entusiasmada, sin sospechar, ni yo mi mi marido, que mala calaña era (es) Mauro.
Delante de testigos, empleados o clientes, se comportaba como pulcro, elegante y, hasta parecía, algo tímido.
En corto espacio de tiempo después de mi ingreso en la empresa, a solas conmigo, pasó de osadas apreciaciones sobre mi cuerpo, a intentar introducirse mañosamente en mi vida íntima para, obviamente, ganarse mi disposición.
Eligió la ostentación de su supuestas hombría y facilidad para pergeñar amoríos.
Rapidamente dejó de lado toda sensatez y tacto. No hacía más que hablar de sus conquistas, del hecho que intimaba, en promedio, hasta con tres mujeres distintas por semana, su esposa incluida. Llegó a ufanarse que no usaba nunca preservativos, y no haber provocado ningun embarazo, porque tenía perfecto control sobre su pistola: cuando tenía que “salpicar” lo hacía en el vientre, en el seno o en la boca de la chica.
Yo estaba siempre callada y pensaba “éste, con seguridad, cuenta boludeces al por mayor”. Temía ser despedida, si reaccionaba a su trato deshonesto. Eso si tenía la precaución de, a la hora de salida, irme puntualmente para no quedarme en la oficina, a solas con él y darle la chance de no sólo hablar, sino obrar.
Creía sentir antipatía y aversión hacia Mauro, cuyo mal deseaba.
Sin embargo, un día, luego de la enésima evocación de sus, supuestas, gestas amatorias:
-Laura ¡que lindos labios carnosos tenés!! ¡Seguro que sos una mamadora fantástica!!-
Me enceguecí y le di una violenta cachetada.
-¡Ahiii! ¿Te volviste loca?-
-¡Acabala, boludo!!- le dije fuera de mi.
-¡Tenés que tener respeto por mi! El hecho de que sea tu subordinada no te habilita a permitirte abusos. Si trabajar con vos, significa soportar todo esto, renuncio, ¡Yaaa!!-
Me miró con una sonrisita burlona:
-¡Entendí!! Te excito demasiado y, sabes, que tarde a temprano vas a aflojar. Si te querer ir para no cuernear a tu marido, vos decidís, pero me gustaría que te quedaras. Total, tarde o temprano, lo que debe suceder sucederá-
-¿Queeee?? ¡Estás de la nuca!! ¡Yo contigo, nuncaaa!! Las que levantas por la calle, por 1000 pesos, te dan bola. Yo no me vendo-
-Para que sepas las mujeres que me cojo, lo hacen gratis, no nececito pagar a ninguna-
-¡No te creo, sos sólo un falso fabulador!-
Recojí mi bolso y mi campera y me fuí.
No me atreví a mencionarle a Miguel lo ocurrido y menos aún que estaba decidida a renunciar al empleo, que tanto necesitábamos, por el momento. Tuve una pésima noche.
El día siguiente en la oficina me esforcé en mostrarme impasible y calma, pero Marcos, aprovechaba cualquier ocasión para hacerme guiños o señas con los ojos, boca y manos.
A última hora, me demoró con un pedido de último momento y quedamos solos. Me enfrentó y susurró:
-Veo que recapacitaste y viniste por más!-
-¿Que puta queres de mi? ¿Se puede saber?- le grité como una poseida.
-Sólo quiero que te dejes llevar. Sólo una vez. No lo sabrá nunca nadie, menos tu marido-
Me arrinconó contra una pared, él avanzando yo retrocediendo.
Lo atajé con las palmas de las manos en su pecho, pero no fui capaz de irme.
Recordé que, Miguel, me había dicho que demoraría en llegar a casa esa noche, tenía una entrevista, en un barrio alejado de nuestra casa.
Me dobló los brazos me abrazó, besó primero en el cuello luego en la boca.
Me soltó, retrocedió un paso, se bajó el cierre del pantalón y sacó una vergotota larga y gruesa.
Se evaporó mi supuesta adversión, lo único que supe hacer, es arrodillarme.
-¡Excelente, muy bueno! Metétela en la boca y chupala, dalee..-
Sin tomarla con las manos me llené la boca y, con alguna dificultad, visto que era larga y gruesa, comencé a mamársela.
Estaba encantada, sentía su olor, su dureza y sus ganas.
Mientras mamaba, expontaneamente, una mano se me fué dentro de la braguetta a manosearle las bolas, la otra, levantando la pollera, a mi bombacha, la aparté ligeramente y comencé a “dedear” con el dedo medio, el clítoris.
-¡Asíiii … muy bien! ¡Tocate mientras me la chupas como una diosaa!- mientras gemía se aflojó el cinto, se bajó los pantalones. Después de un buen rato, sacó mi mano de dentro del slip y la verga de mi boca, y se bajó el canzoncillo, maniobrando
para de dejar ambas prendas en el piso. Alcancé a darle una última lambeteada al glande. Me obligó a erguirme, levantó mi pollera, me sacó la bombacha y, levantándome de las nalgas, me llevó y sentó en el escritorio, y me abrió bien las piernas:
-¡Uhiiii … lo veo tesoro …. tu clitoris está hinchado como una pijita!!! … Ahora es mi turno- me hizo un guiño de ojos.
-Te prometo que no te vas a arrepentir-
Sin pudor, separé, al límite, mis piernas:
-¡Hacelo ya …. cogeme. Hacé de cuenta que no soy yo, cogeme –
Y era verdad, no era más yo, sino una perra en celo …
Me penetró sin gran dificultad, me pareció que se abría en dos la concha, pero estaba totalmente lubrificada y, su vergota, se introdujo dentro de mi, sin hacerme daño.
Me cogío por un tiempo indefinido: despues de cada empujón, quería muchos más, le manoteé el culo y tiraba hacia mi para inducirlo a meterla más, a desfondarme la vagina.
Gemía y gemía sin ningun recato.
-Ahorita te riego con leche-
Él comenzó a bombearme sin tregua y más rápido. Mi placer iba en aumento, crecía y crecía, me hacía temblar, por fin acabé.
-Te salpico toda ¿Queres mi leche?-
-¡Siii …acabá en mi concha, dejame la concha toda llena de esperma, ensuciame entera-
Fiel a sus relatos, Marcos, sacó su pijota, con apenas el tiempo para eyacular y salpicarme concha, piernas y aledaños, con chorros de semen caliente. Me nsució toda.
Fue una rapidita maravillosa, una de las cogidas más gratificantes de mi vida.
Me besó en los labios y me dijo que quando quiesese podía divertirme con él sin recelo, discreción garantida.
Me repuse de los temblores y enajenación del orgasmo, me limpié el semen con pañuelitos de papel, me puse la bombacha y salí disparada hacia casa.
Luego de esa tarde-noche no pasó más nada.
No niego que, más de una vez, estuve tentada a quedarme fuera de hora, para que él me sentara en su ecritorio y me cogiera, intensamente, de nuevo.
Por fin, Miguel, consiguió reinsertarse en el mercado laboral, con muy buena remuneración y cobertura de salud para todos nosotros.
Yo renuncié a la empresa y me liberé del contradictorio estado de ánimo: compartir horas con el puerco de mi jefe y, simultaneamente, desear que me cogiera.

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Mi cuñada pagando sus deuda en mi auto con su delicioso culo

Las mujeres son mi gran debilidad y debo confesar que a pesar de estar casado -todavía sin hijos- le he metido los cuernos a mi esposa. Lo he hecho con putas y amigas que conocí en el trabajo, con alguna amiga de mi mujer Maira y últimamente con mi cuñada. A esta última le tenía muchas ganas y quería aprovechar esa belleza y su lindo culo. La verdad es que ella estaba muy buena. Era una hembra bien puesta que además me debía bastante plata.
Una noche mi mujer me avisa entre lágrimas que mi cuñada, o sea su hermana, tenía un problema grande. A lo cual yo le pregunte de qué se trataba.
Yo: ¿Qué le pasó ahora a tu hermanita?
K: Le debe mucha plata al banco y no tiene con qué pagar su hipoteca. Pobrecita dicen que le van a desalojar del departamento…
A lo que yo le contesto:
– ¿y qué puedo hacer yo mi amor?
M: mmm… ¡no sé Carlos! ¿La podríamos ayudar?
Yo: Bueno ¿Cuánto necesita Karen? (Me puse serio)
M: Creo como 20 mil pesos (ella sonrió levemente)
Fui y busqué entre mis ahorros 20 mil pesos. Era mucha plata pero la verdad es que tenía muchas ganas de ver a mi cuñada. Mi mujer podría haberle dicho que venga a buscar el dinero a casa pero me dijo que se lo llevase yo personalmente. Luego leería en el whatsapp de Maira, que yo estaba llevándole la plata y que mejor se vistiera muy sexy para recibirlo (debo decirles que Karen estaba mejor que mi mujer y que encima era soltera) Eso me levantó sospechas de que ambas sabían de que yo estaba obsesionado con mi cuñada.
Cuando estacione el auto, ella me esperaba en la puerta de su casa con una mini elastizada y bien pintada. Me emocioné de tan solo verla así y le di un beso en su mejilla. Tenía un perfume que hacía de Karen una venus con un espléndido aroma a flores.
Entramos a su departamento y me invitó un trago, al que yo accedí. Mientras me mostraba sus preciosas piernas me dijo y me repitió unas dos veces que me agradecía mucho el favor, a lo que yo le respondía siempre con una mirada penetrante y una sonrisa.
Finalmente Karen me dice que tenía que salir con unas amigas esta noche, pero yo no podía esperar más en decirle lo que yo sentía ante su presencia y cuando estoy por ofrecerle algo, ella me para en seco.
K: ¡Sabes que!… cuñadito, invítame a tomar unos tragos en un boliche.
A lo que yo respondí: “¡dale!”
Fuimos hasta mi coche y ella se subió en el asiento del acompañante. Observé como Karen apoyaba ese hermoso culo en el asiento. Ella ya había guardado la plata en su casa y yo tenía que decírselo.
Tomamos unas copas y ella me dijo:
– Me agarró sueño cuñado, ¿me llevas a casa? (Ella decía esto mientras usaba su dedito índice para tocarse la boquita)
Desde luego yo le respondí que sí. Cuando aceleré le dije que estaba dispuesto a no cobrarle la mitad de la plata si ella accedía a unos favores. Karen me miró sorprendida y no accedió a la indecente propuesta, pero ella avizoraba que eran unos favores sexuales.
Le repliqué que estaba loco por ella, la miré a los ojos y paré el auto. Me miró a los ojos con temor, pues puse una cara de pocos amigos. Y me dijo perpleja: “¡Vos estás loco Rubén!”
Le respondí: -“¡Si de amor y deseo por vos!”
Ella me volvió a mirar y del miedo pasó a sonreír para seguirme la corriente. Mordió sus hermosos labios rojos como un gesto de que no aprobaba lo que yo quería de ella.
Le dije sin rodeos: -¡Quiero coger con vos! ¡Me gustas!
K: mmm… no! (Dijo con vos entrecortada)
Mis manos se posaron sobre sus perfectas tetas, ella intentó sacármelas sin éxito. Seguí amasándolas mientras acercaba mi boca sobre la suya. Karen parecía dejarse llevar por mi ímpetu (y mi propuesta) y se quedaba inmóvil sintiendo mis sucias manos sobre sus senos. Del beso en la boca luego asomó mi lengua, que la movía rápido sobre su lengua. Quería probarla toda a mi cuñadita, pero ella no corría como yo, con las hormonas al palo. En un momento dice: – “¡Como me gusta lo que haces Rubén! Mmmm!”
Yo: – ¡Vistes que te dije que te iba a gustar! ¿Te pensaste que no me di cuenta que te vestiste así para cautivarme?
Ella no dijo nada y seguí besándola en sus tetas, saboreando cada centímetro de esos bellos pechos. Se las chupé pasando mi lengua por sus pezones, hasta acabar bajándole su tanga hasta sus tobillos, esta vez saboreando su clítoris. La verdad es que me la estaba pasando en grande con mi cuñada. Mi lengua humedeció su rica y cálida cueva mientras Karen se deshacía de placer.
Mientras yo saboreaba sus ricos jugos mi cuñadita me sacó la verga de mi pantalón y se tiró a mi pija como una desesperada. Saboreo y lamió mi virilidad como si fuera a devorársela. ¡Cómo me la chupó la muy puta!
Cuando la zorra de mi cuñada estaba preparada para el coito, la penetré despacio, Karen abría la boca por el dolor que le producía mi falo. Cuando por fin entre, la bombee un buen rato y los dos cogimos con gusto. Mi cuñada no me miraba a los ojos pero yo si veía su carita de placer. Parecía estar agradeciéndome por darle una buena penetrada. De a ratos me miraba y me decía todo con sus hermosos faroles. Parece que no quería que paremos ni por un minuto.
Me la jugué y al excitarme de sobremanera, – cuando vi su precioso culito ya sudado -, le propuse algo que cuando ni bien saque mi vergota de su vagina no tarde en preguntar:
– ¡Qué tal si te hago el orto cuñada!
K: Noo!! Por favor! Por ahí no que ni mi ex-novio tuvo ese privilegio!
Yo: ¡Mirá! Yo te perdono la mitad de la deuda si te hago la cola.
Y Karen aprovechando su astucia, que por cierto le valió mucho me hizo una contra-propuesta.
K: Mira cuñadito, si hacemos trato pero me saldo con toda la deuda.
No tuve otra que aceptar, porque realmente deseaba ese culito y empecé a buscar su agujero hasta que di con él. Mi glande se buscaba colar en su ano. Unos segundos después entró la cabeza y buena parte de mi falo. Allí empecé el coito anal con mi pija lubricada, con sus jugos y mi semen. Penetré y penetré ese preciado culito suyo por un rato mientras ella jadeaba de placer, hasta que sentí que iba a acabar y queriendo sacarla de su ojete, ella puso su mano para impedirlo susurrándome al oído:
-“¡Dejala ahí cuña, quiero sentirla toda dentro de mi cola!”
Mientras le acababa dentro de su ano, le metía mis dedos por su concha. Ella se envolvía de placer. Luego me dijo que quería que la lleve a su casa y así lo hice.
Cuando llegamos a su casa ni siquiera me dio un beso de despedida. Solo me dijo que mañana vendría a ver a su hermana. Al otro día estuvo ahí, se puso muy sexy, con un shorcito corto que dejaba que se le vean los cachetes del culo. Mientras charlaba con Maira, Karen sonreía al verme y noté como mi mujer también se reía. Ninguno de los tres sabíamos de que nos reíamos ¿o si sabíamos?
FIN

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Tocando a mi hijo

Mi hijo dormía como un angelito tumbado a mi lado en la cama. Estaba estirado boca arriba con las piernas abiertas y su cabeza apoyada sobre mi brazo. Con el cuerpo inclinado hacía él, yo aprovechaba la cercanía de su cuerpo para acariciarle el pelo y contemplarle. Estaba estirado boca arriba, vestido únicamente con una camiseta que se le había subido hasta el ombligo y unos calzoncillos ajustados de esos que se llevan tanto ahora. Sus piernas, fuertes y robustas, estaban ligeramente cubiertas de pelillos dorados. Su estómago, algo tostado por el sol del verano, se movía arriba y abajo tranquilamente al ritmo de su respiración. Le veía completamente tranquilo, seguro de que nada le iba a ocurrir allí.
Mientras le miraba, no podía dejar de pensar que era un sol. Siempre estaba cerca de mí para darme cariño, como esa vez, que se había tumbado conmigo a ver la tele y hacerme compañía. Desde que su padre se largó con otra cuando faltaba poco para que él cumpliera los dieciocho, había intentado suplir el hueco que dejó esforzándose el doble, intentado ser a la vez padre e hijo. Aquello me hizo darme cuenta del verdadero valor de mi hijo y, si todavía era posible, me hizo apreciarle aun más. Yo, por mi parte, con casi cincuenta años, pasé de todo hombre que no fuera él. Se convirtió en el pilar maestro de mi vida y asumí que no necesitaba de ningún otro que me dejase tirada en cuanto una jovencita se le abriera de piernas.
Sergio, mi hijo, gimió en sueños y cambió de posición. Se colocó de lado, con las piernas ligeramente flexionadas y con una sobre la otra. Uno de sus brazos había quedado aprisionado por su cuerpo y el otro quedó colgando sobre su pecho. Estaba precioso. Retiré el mío de debajo de su cabeza porque empezaba a quedárseme dormido y me dediqué a contemplar su cara. Tenía la frente ancha y cubierta por un flequillo de pelo castaño. Sus cejas eran finas y su nariz, algo pequeña y aguileña. Su boca era ancha y estaba bordeada por unos labios carnosos que seguro que provocaban deseos muy lujuriosos en las mentes de las chicas de su edad y, probablemente, en las que eran algo más mayores.
Desde que se había girado, podía notar en mi cara el tacto de su aliento. Era bastante cálido y me trajo recuerdos de la última vez que estuve tan cerca de un hombre hacía, por aquel entonces, un montón de tiempo. Cerré los ojos y me dejé llevar por la sensación y los recuerdos. Recordé lo que era que me acariciasen, que me tocasen, que me besasen. Recordé lo que era sentirse deseada por otra persona. Una sonrisa se dibujó en mis labios cuando, sin saber por qué, recordé también como mi pequeñín, siendo un niño en los albores de la adolescencia, me espiaba mientras me duchaba y se masturbaba creyéndose escondido por la puerta .Mi época de encandilar hombres debía de haberse pasado. Pensé que me había convertido en una vieja y que, como tal, tendría que olvidarme del sexo. Sin embargo, no podía. ¡Deseaba tanto acercarme a un tío! Poder tocarle, lamerle, deseaba hacer cualquiera de las cosas que pasaban por mi cabeza.
Un resoplido de mi hijo me distrajo de mis pensamientos. Le miré y algo se movió en mi interior. Por primera vez me había fijado en él como el hombre que era y no como mi hijo. No había visto al niño que se quejaba porque las lentejas no le gustan, sino al hombre fuerte y varonil capaz de devolverme el placer perdido. El cambio que se produjo en mi manera de percibirle fue tan fuerte que hasta su olor me pareció distinto. Le olfatee bien y ya no percibí el olor de la colonia antipiojos que le ponía cuando era un crío sino el aroma de un adulto.

Mi respiración se agitó un poco y la parte de mi piel acariciada por el aire de la respiración de mi hijo se volvió más sensible. ¡Era tan guapo! No sabía que me pasaba pero no podía dejar de mirarle. Sus labios eran lo que más llamaba mi atención. Tenían que ser tan blanditos y suaves que acariciarlos debía ser todo un placer. Mis ojos no miraban otra cosa y pude ver como los movía de la manera más sensual posible, escapándosele un poquito de saliva que quedó atrapada en la comisura de su boca. Eso fue lo que colmó el vaso.
Sin pensar en lo que hacía, sin tener en cuenta quién era, estiré un dedo para limpiarle los labios. El contacto fue electrizante. Pude sentir cosquillas en la nuca y mis párpados se volvieron momentáneamente pesados. ¡Eran tan suaves! No pude evitar acariciárselos. Pasé el dedo por toda la piel, extendiendo la saliva que había pretendido limpiar. Mi dedo se deslizaba perfectamente por su boca y no lo podía quitar. Hice un poco de presión, muy poca, y mi dedo entró en su boquita. Las cosquillas de la nuca aumentaron y mi atrevimiento también. Mi dedo, acolchado en sus labios, volvió a moverse para explorarlos por el interior. Poco a poco, mi piel se llenó de la saliva que usé para lubricarle los labios, que quedaron jugosos y brillantes. Quise entrar más adentro pero sus dientes, ligeramente separados, no me dejaron hacerlo.
Con mucho esfuerzo de voluntad, aparté el dedo. Sergio continuaba dormido y yo seguía sin apartar los ojos de su boca. ¿Qué pasaría si le besaba? ¿Se daría cuenta? Estaba jugando a un juego muy peligroso pero yo era incapaz de enterarme. Como un niño que juega con un mechero, levanté mi cabeza de la almohada y lentamente, muy lentamente, la acerqué a su cara. La separación se hacía cada vez menor, su respiración se notaba más fuerte en mi piel, mi corazón latía más deprisa y, finalmente, la pesadez de mis párpados me venció. ¡Qué suavidad! Había posado mis labios sobre los suyos y había sido como dejarlos descansar sobe un colchón de plumas. Dejé que la puntita de mi lengua se abriese paso entre mis dientes y que participase de aquel contacto. Acaricié toda su boca con ella, desde una comisura hasta la otra y, llevando a cabo el mayor esfuerzo de mi vida, la devolví a su sitio para dar un último beso a mi hijo antes de retornar mi cabeza al lugar de donde no debía haberse movido.
Pero mi temeridad no acabó ahí. Envalentonada por el éxito de lo que había hecho y sin ningún atisbo de sentido común, la mano que antes había abusado de la boca de mi hijo se dispuso a profanar el resto de su cuerpo. Con mucho cuidado, para evitar alguna brusquedad que lo pudiese despertar, cogí el borde de su camiseta y se la levanté todo lo que pude. Pero no fue mucho porque la tenía pillada con su torso. Aún así, bastó para dejar al aire todo su abdomen y permitirme deslizar por él la yema de mis dedos. Los posé primero sobre el borde de sus calzoncillos donde la fila de pelillos de su tripita se ensanchaba para dar lugar al vello púbico. Muy despacio, fui subiéndolos permitiendo que jugaran con aquella minúscula selva y permitiendo que me dejaran notar el contorno de sus abdominales. No se le marcaban mucho, sólo un poco, pero a mí me gustaban así mucho más porque no tenían ese aire de irrealidad y de producto sintético que se veía en los culturistas. Dejé que mis dedos se paseasen por los surcos que formaban y metí uno en el agujerito de su ombligo. Aquello debió hacerle cosquillas porque noté como un ligero espasmo recorría su barriga. ¿Se habría despertado? Dejé el dedo quieto y miré su cara atentamente. Estaba igual que antes, con la misma expresión de tranquilidad, con los ojos igual de cerrados y con la misma respiración suave.
Esperé un pequeño rato y volví a mi tarea. Mis dedos continuaron subiendo, delimitando con las yemas cada uno de los músculos que se encontraban. Subieron hasta topar con su camiseta, que no representó ningún obstáculo para ellos. Con toda la facilidad del mundo, se metieron debajo y pude acariciar su esternón. Aquello era tan suave como sus labios. Desde que había abandonado el ombligo, no había encontrado ningún pelo y no lo hice hasta que llegué a su tetilla derecha. Cuatro o cinco, casi imperceptibles, me estaban esperando allí. Mi índice los acarició de la misma manera que acarició su pezón. Le di varias vueltas y noté que se ponía algo duro. Aquello me provocó una nueva sonrisa. Me gustaba que el cuerpo de mi hijo reaccionase a mis caricias. Afortunadamente, aun podía gustar a alguien.
Tal como había subido, descendí a la barriga de mi hijo de nuevo. Allí, con la palma abierta, se lo acaricié todo hasta que mis dedos rozaron el borde de sus calzoncillos. El contacto con la tela me hizo retirar la mano. ¿Debía seguir? Aquello podía convertirse en un desastre pero hacía tanto que no tocaba nada igual que deseaba hacerlo. Volví a mirar su cara y volví a ver que dormía. Como una insensata muy temeraria, decidí proseguir con aquello. Devolví mi mano al lugar del que la había quitado y, con mucho cuidado, colé mi dedo corazón bajo la goma. Hurgué por allí dentro hasta que di con el pene de mi hijo, que estaba colocado hacía un lado y completamente flácido. Estiré el brazo un poco y conseguí cogérselo con la mano. ¡Qué tacto! En ese estado no era muy grande pero yo estaba segura de que podía crecer mucho más. Coloqué mis dedos corazón e índice en su prepucio y lo retraje para dejar al aire su glande. Pasé los dedos por él, posándolos en la punta, deslizándolos por sus paredes y metiéndolos en el espacio donde se une con el tronco del pene. Aquello era genial.
Volví a cubrirlo con el pellejo y alargue un poco más la mano para dejar atrás su pene. Toqué con mis dedos la suave bolsa que protegía sus testículos. Sus piernas cerradas me impedían agarrarlos por lo que, con muchísimo cuidado, empujé la pierna que me impedía llevar a cabo mi propósito hasta obligarla a retroceder un paso. Sus testículos se amoldaban a la perfección al hueco de mi mano cerrada sobre ellos. Mientras los acariciaba, mi muñeca y mi antebrazo tocaban su pene, friccionándolo y aprisionándolo contra su pubis. Pude notar como, poco a poco, se iba poniendo tieso e iba cambiando de dirección hasta apuntar directamente a la cabecera de la cama. Casi sin respirar, a punto de sufrir una taquicardia, fui levantando mi mirada. Un sudor frío recorría mi espalda mientras miraba su pecho, su cuello y, finalmente su cara. La sangré se me heló y me preparé para lo peor. Mi hijo, al que tanto quería, se había despertado.
Sergio me estaba mirando y, para mi desconcierto, me sonreía. No dijo nada pero la mano que descansaba libre sobre el colchón se movió hasta mí y tocó uno de mis pechos. Me quedé estupefacta. ¡Mi hijo me estaba tocando una teta! Cuando fui capaz de darme cuenta de lo que verdaderamente estaba ocurriendo ahí, pasé del terror más absoluto a borrar de mi mente cualquier tipo de preocupación. Me separé de mi hijo y me senté sobre la cama para quitarme el camisón y el sujetador que llevaba puesto. Sergio, igual que cuando era pequeño, no apartó su vista de mí en ningún momento. Dejé que me contemplara unos segundos, que se deleitara conmigo, y pasé a la acción tumbándole boca arriba. El se dejó hacer y yo me senté a horcajadas sobre sus piernas. Agarré sus muñecas y se las coloqué encima de la cabeza. Él, mientras yo manipulaba su posición, aprovechó que mi gesto me obligó a agacharme sobre él para levantar la cabeza y besarme un seno. Aquello me hizo muy feliz. ¡Al fin un hombre deseaba besarme!
Cuando estuvo colocado en la posición que yo deseaba, le levanté la camiseta todo lo que pude y contemplé lo que había creado. Mi hijo, con el pecho descubierto y la punta de su pene asomando por el borde de su calzoncillo, me miraba aguardando a lo que yo pudiese hacer. Podía sentirme orgullosa de tener un hijo así y, sin ningún tipo de dilación, me abalancé sobre él. Chupé sus dos tetillas, lamí su esternón e introduje mi lengua dentro de su ombligo. Esto último, hizo que su barriga se contrajese y que se escuchase un resoplido. Aquello era genial, estaba haciendo que mi hijo disfrutase de una manera que jamás pensé que yo podría lograr. Mi columna no me dejaba seguir bajando debido a la postura en la que estaba por lo que me aparté a un lado. Pasé la lengua por la hilera de pelos que antes me había marcado el camino a seguir para llegar al pene de mi hijo. Esta vez, en cambio, no tuve que franquear ningún trozo de tela y mi lengua se encontró con la punta del pene de mi hijo. Menudo gemido se le escapó, menos mal que no había nadie por allí cerca que lo pudiese oír. Lamí todo lo que quedaba a mi alcance, ensalivando bien su frenillo y recogiendo con mi lengua la saliva que sobraba. ¡Qué sabor! Cuando aquello me pareció demasiado poco, dejé de lamer e introduje mis dedos índices bajo la goma de la prenda que tapaba su cintura. Tiré hacía bajo y su pene quedó libre. Quería quitárselos por completo por lo que seguí tirando hasta que salieron por sus pies. Volví a mirarle y, además de maravillarme por su belleza, me percaté por su expresión de que estaba deseando que continuara con mi tarea.
Separé sus piernas lo suficiente como para que mi antebrazo se posase en el hueco dejado por ellas y mi mano alcanzase sin problemas sus testículos. Se los acaricié con ternura de nuevo, rozándolos con mis dedos. Acerqué mi boca a la base de su pene y, con la puntita de mi lengua, lo lamí muy despacio hasta llegar a su otro extremo. ¡Qué delicia! Nunca antes había tenido entre mis labios un miembro de hombre que supiese tan bien. No puedo decir a que sabía, simplemente era indescriptible. Encantada por lo que estaba probando y decidida a dar un mayor placer a mi hijo, agarré su pene con la mano que me quedaba libre y cubrí su glande con mis labios, envolviéndolo suavemente con ellos. Sergio suspiró y yo, sin sacármelo, posé mi lengua sobre él. Se lo lamí de arriba abajo, de un lado al otro y de todas las maneras que se me ocurrieron. Noté como mi hijo inhalaba un poco más de aire de lo normal y yo lo aproveché para dejar que entrase en mi boca algo más de él.
Poco a poco, mis labios fueron bajando por su pene hasta que conseguí que mi nariz se posase sobre su ingle. Me costó un poco lograr que entrase tanto pero, con un poco de autocontrol, lo conseguí. Cuando me hube acostumbrado a tener el pene de mi hijo en la garganta, me lo saqué de la misma manera que me lo había metido, lentamente y dejando que mis labios se deslizasen sobre él hasta tocar con ellos el meato urinario. Otra vez, igual de despacio, volví a abrir la boca y a dejar que entrase en ella hasta que mi nariz volvió a posarse sobre su ingle. Olí la entrepierna de mi hijo y me embriagué con su olor antes de levantar de nuevo la cabeza.

Repetí aquello muchas veces, cada vez más rápido. Mi hijo suspiraba y yo disfrutaba sabiendo que él se lo estaba pasando bien. Estaba dispuesta a seguir con aquello hasta que él se corriera pero, cuando los suspiros comenzaban a parecer gemidos, se incorporó con toda la delicadeza del mundo y me impidió continuar. Me levanté para mirarle sin saber por qué había hecho eso y lo que me dijo me llenó de cariño. -Tú también tienes que pasártelo bien. Túmbate.
Si todo hubiese terminado en aquel momento, sin necesidad de que ocurriese nada más, yo habría quedado totalmente satisfecha y feliz para el resto de mi vida. Sin embargo, aquel día descubrí que todavía podía estarlo más. Preguntándome qué era lo que iba a pasar, le hice caso y me tumbé. Me quitó las bragas y se colocó entre mis piernas. -Cierra los ojos mamá.
Volví a hacerle caso. Noté como apoyaba sus manos en mis muslos y me separaba un poco las piernas. Imaginé que iba a penetrarme pero me llevé una sorpresa. En lugar de sentir su miembro abriéndose paso por mi vagina., sentí el tacto de sus dedos en los labios de mi vulva. Sentí que lentamente los separaba y sentí la humedad de una lengua que se metía allí dentro. ¡Qué gusto! Muy despacito me lo lamió todo por allí abajo. Su lengua iba de un lado para otro, lamiendo todos los pliegues y rincones que aparecían a su paso. Cuando hubo terminado de explorar todo el territorio, se centró en lamer mi clítoris. ¡Qué placer! Me encantó sentir su lengua moviéndose en ese punto, pero todavía me gustó más cuando, sin dejarla quieta, unió a la tarea a sus propios labios que se abrían y cerraban sobre mí. ¡Qué delicia! Estaba en el paraíso y quería que aquello durase para siempre.
Sergio estaba haciéndome algo que mi exmarido pocas veces se atrevió a hacer y estaba provocando que oleadas de placer invadiesen todo mi cuerpo. Sin esperármelo, noté como mi querido hijo metía su lengua dentro del agujero de la vagina y acariciaba con la lengua sus paredes. ¡Qué gusto! Sentir la suavidad de una lengua deslizándose por allí dentro mientras uno de sus labios acariciaba mi vulva era una experiencia sensacional. Si seguía haciendo eso durante mucho tiempo, no tardaría en llegar al mejor orgasmo de toda mi vida. Pero, de la misma manera que él había hecho conmigo antes, cuando mis suspiros comenzaban a parecerse más a gemidos, me senté sobre la cama y le impedí continuar con aquello. Como había hecho yo, él levantó su cabeza y pude ver como su boca brillaba por la humedad de la saliva y mis fluidos. -Métemela.- Le pedí recostándome de nuevo sobre la cama.
La idea pareció gustarle porque se dibujo una nueva sonrisa en sus labios. Le dio una última lamida a mi entrepierna y se preparó para hacerme caso. Con sus piernas estiradas, se recostó sobre mi pecho. Su cara estaba a la altura de la mía y sus antebrazos, sobre los que se apoyaba para no aplastarme, los había puesto en el hueco dejado por los míos. Mientras se colocaba, su pene, completamente tieso, se frotó con mi pubis y mi vulva aumentando mi deseo por tenerle dentro. Cuando se hubo colocado, agarró su pene y lo apuntó al agujero por el que él había salido hacia veintidós años. El contacto fue electrizante. Poco a poco, fue metiéndomelo hasta que nuestros cuerpos quedaron completamente unidos. Me sentí colmada como nunca antes lo había hecho y no pude reprimir la tentación de darle un beso en los labios. Un beso que él me correspondió metiéndome la lengua casi hasta la campanilla.

Comenzó el bombeo. Poco a poco, la sacaba y la volvía a meter. Cuando entraba del todo, Sergio empujaba un poco más comprimiendo nuestros cuerpos y haciéndome gemir de gusto. Podía ver su cara desencajada por el placer y no quise perder la oportunidad de volver a besarle. ¡Qué beso! Hacía muchísimo tiempo desde la última vez que me besaba con alguien de esa manera. Esa vez no lo dejamos y seguimos besándonos mientras él llevaba el ritmo de la penetración. Mientras me la metía y me la sacaba, mis manos no se quedaron quietas. Las coloqué sobre los hombros de mi hijo y, poco a poco, fui acariciando toda su espalda hasta que llegué a las nalgas. ¡Qué culo! Redondo y duro, como a mí me gustan. Movida por la lujuria y por el deseo de más, aproveché la posición de mis manos para aumentar el ritmo. Cuando iba a empalarme con su verga, empujé con todas mis fuerzas sobre sus glúteos. ¡Qué placer! Con el impulso adicional, había llegado más adentro y a los dos se nos escapó un grito de gusto. Aquello me gustó tanto que tomé por norma hacerlo cada vez que me penetraba.
En pocos minutos, el placer se volvió continúo. Podía sentir como su pene salía rozándome entera y podía sentir como entraba con fuerza de nuevo. ¡Qué gusto! Seguía deseando que aquello durase para siempre pero sabía que se acercaba el final. Oleadas de placer me anunciaban que no podría retrasar mucho más la llegada del clímax. El gustito se hacía más intenso y yo obligaba a mi nuevo amante a empujar más. Deslicé uno de mis dedos por la separación de sus nalgas e hice presión con mi dedo índice sobre su ano. El dedo encontró un poco de resistencia pero entró. Sergio adoptó un ritmo frenético. La metía y la sacaba, la volvía a meter y la volvía a sacar a una velocidad inimaginable. Sin previo aviso, mi hijo me besó y clavó su pene con más fuerza de la habitual. ¡Qué gusto! Las oleadas se convirtieron en una ola perpetua e intensísima que poseía una fuerza devastadora. Sacudidas de placer contraían mi cuerpo. ¡Qué placer! Mis músculos se agarrotaron y mi boca quedó completamente abierta. ¡Menudo orgasmo estaba teniendo! Mi mente quedó completamente en blanco y, por unos momentos, me sentí en comunión con el mundo. Había sido el mejor de toda mi vida, casi como una experiencia mística, y había sido gracias al ser que más quería en este mundo.

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Frío, Calor…

 

Tiritaba de frío, envuelta en la más gélida atmósfera… De pronto la sorprende su calor… Manifestado en una preciosa erección… Qué dejaría ansiosa a la más apática de las mujeres. Estaba muy consciente de la lentitud del tiempo antes de ese instante luego no supo nada más, esas manos buscaban, y se deslizaban sobre su erizada piel de la forma más apropiada, justo donde debían estar… Y las respuestas fueron inmediatas… Sus labios encontraron esa boca caliente y dispuesta, esos dientes listos para mordisquear sus muslos ansiosos, empezó a jugar con su lengua, saboreando succionando, mientras por fin sus manos se posaron justo sobre el objetivo de su deseo y se sobresalto ante esa deliciosa presencia, era grande, caliente una exquisites a sus sentidos…. Resbaló sobre su piel, por su pecho, dejando a su lengua saborear cada centímetro hasta su abdomen… Su pulso rápido y regular delataba ganas ansiedad, bajo un poco más y lo encontro… Con sus manos con su boca y supo que no podría evitar comérselo, absorberlo sin medida! Cuando colocó la punta de su lengua en su glande el éxtasis la consumió, la dejo explorar encontrando más y más placer, lo introdujo lentamente hasta el final de su boca, y aún había más, y lo quería todo… Todo dentro… Hizo un esfuerzo y se sintió ahogada de gusto… Chupo, succionó una y otra vez, mientras sentía el gustoso dolor de un mordisco ansioso en su hombro, y quería más… Empujó una vez y más sintiendolo cada vez más grande, más caliente, más delicioso y continuo, mientras esas manos la recorrían, la acariciaban, la extasiaban… Había exceso de placer entre esos dedos que se habrían paso en su interior… Y mordisco tras mordisco se sintió llegar al cielo y continuar más arriba, ahí estaba lo que tanto deseaba, y no sólo queria tragarlo, quería saborearlo, sentir su calor, su textura, su olor, lo saco de su boca, y continuo tocando, deslizando sus manos sobre el, hasta que llegó el momento y lo sintió sobre su boca, su cara..  saco su lengua y sintió su espesor, su calor y el mejor de los sabores… Sabor a sexo, a placer hubo un mordisco más que la llevo al éxtasis total… Y callo en cuenta, que era capaz de soportar cualquier frío buscando exactamente ese calor!!!

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Apuesta lésbica

Ana era una joven estudiante de medicina de veintidós años recién cumplidos, media 1.70 de estatura, su cabello era largo, lacio y color castaño claro, sus tetas eran grandes y bien formadas, sus pompas eran grandes, paraditas y duritas, y sus piernas eran bien formadas Ana estudiaba medicina y estaba por acabar la universidad a Ana le encantaba apostar pues le encantaban los juegos de azar e incluso le gustaba el futbol y llegaba a apostar, una vez aposto con su amiga Lorena en un partido de futbol donde iban a jugar los equipos favoritos de ambas y Ana gano alrededor de 2000 pesos. Lorena era una chica de diecinueve años de edad, media 1.75 de estatura, su piel era trigueña, sus tetas eran grandes y bien formadas, sus pompas eran grandes, paraditas, duritas y bien formadas, su cabello era largo, ondulado y color negro azabache. Lorena era lesbiana y su amiga Ana era la única que lo sabía entonces ambas chicas se enteraron de que los equipos de futbol favoritos de ellas jugarían nuevamente enfrentándose Ana no lo pensó dos veces y decidió apostar con Lorena –Acepto la apuesta pero ya no quiero dinero-dijo Ana –Si no quieres dinero amiga ¿Qué es lo que quieres apostar?-le pregunto Lorena a su amiga –Bueno tú me has dicho que eres lesbiana no–dijo Ana –Si yo gano me dejaras verte encuerada es más yo misma te encuero y quiero también que me regales la tanga que lleves puesta ese día-contesto Lorena –Acepto pero si yo llegase a ganar harás lo que te pida-le dijo Ana Lorena sin pensarlo acepto. El día del partido llego el juego al principio fue muy reñido pero entonces la ventaja la empezó a llevar el equipo de Ana y eso le disgusto mucho a Lorena quien en ese momento pensó que no podría ver desnuda a Ana finalmente el equipo de Ana gano el juego y Lorena se disgustó más –Lore  espérame-le dijo Ana a su amiga Lorena se detuvo para que Ana la alcanzara entonces el celular de Ana sonó –Diga-contesto Ana –Ana hija vente para la casa porque yo voy a salir con tu padre y tu hermana y la casa no puede estar sola-le contesto la madre de Ana por el otro lado de la línea –Si mami no te preocupes ya voy para allá-le contesto Ana y su madre le colgó –Lore acompáñame a mi casa es que voy a estar sola durante unas horas y me encantaría tu compañía-le dijo Ana a Lorena –Va te acompaño-le contesto Lorena después ambas partieron a la casa de Ana en el auto de Lorena después ambas entraron a la casa –Bienvenida a mi casa Lore-dijo Ana después ambas se sentaron en el sillón de la sala –Dime ¿Quieres algo de tomar? Tengo agua, refresco, agua mineral-le pregunto Ana a Lorena – ¿Tienes cerveza?-le contesto Lorena –Claro. Ahorita las traigo-dijo Ana y después se marchó a la cocina Lorena le veía las pompas a su amiga cuando caminaba a la cocina. Mientras tanto Ana preparo dos vasos con hielo y en ellos vertió dos cervezas después volvió a la sala con su amiga –Toma amiga-dijo Ana –Gracias-le contesto Lorena –Lore ¿Aun quieres seguir con la apuesta?-le pregunto Ana a Lorena –Bueno una apuesta es una apuesta así que si dime ¿Qué es lo que deseas?-le contesto Lorena entonces Ana se puso de pie tomo a Lorena de ambas manos y también la puso de pie –Dime ¿Aún deseas verme desnuda?-dijo Ana con tono seductor Lorena solamente asintió con la cabeza –Encuérame-dijo Ana entonces Lorena comenzó a besarle el cuello a Ana mientras sus manos recorrían su cuerpo haciendo que Ana se encendiera luego ambas comenzaron a besarse en la boca entonces Lorena le quito la blusa a Ana dejando al descubierto un brasier morado con rayas negras luego el quito el pantalón de mezclilla dejando al descubierto una tanga de hilo morada con rayas negras –Me gustas Ana. Me gustas desde que te conocí-dijo Lorena para luego volver a besar a Ana –Tú también me gustas Lore y mucho. Eres la primera mujer que me gusta. Tú has despertado mi curiosidad y mi lado lésbico-le contesto Ana después ambas comenzaron a besarse con pasión Ana comenzó a masajearle las tetas a Lorena quien se excito más luego Lorena le quito el brasier a Ana y comenzó a chuparle, lamberle y a morderle los pezones a Ana mientras su mano la metió dentro de la tanga y comenzó a masturbar a Ana excitándola más Ana comenzaba a gemir de placer luego de estar un buen rato en las tetas de Ana Lorena comenzó a besarla desde en medio de las tetas hasta el ombligo y Lorena estando de rodillas le quito la tanga a su amiga con la boca para después olerla Lorena arrogo la tanga al suelo y comenzó a lamber la vagina de Ana primero de arriba abajo para después hacerlo a los lados –Oohhh-gemía Ana de placer después Lorena comenzó a meter y a sacar su lengua de la vagina y el clítoris de Ana quien ya estaba gritando y gimiendo de placer -¡Loreeeeeeeee! ¡Siguee! ¡Sigueeeeeeeeeeeee!-gemía Ana luego la joven tuvo cuatro orgasmos intensos y se vino en la boca de su amiga luego Lorena puso a Ana a cuatro patas en el suelo y comenzó a lamber su ano hasta dejarlo húmedo para después comenzar a meter y a sacar sus dedos del ano de Ana y de la vagina de Ana quien era penetrada, doblemente Ana gritaba de placer y al ser su primera experiencia lésbica estaba fascinada gozándolo bastante Ana ya había tenido otros seis orgasmos intensos luego ambas volvieron a besarse en la boca Ana le quito la blusa a Lorena dejando al descubierto un brasier rojo de encaje luego el quito el pantalón de vestir dejando al descubierto una tanga de hilo roja de encaje Ana metió su mano en la tanga de Lorena para comenzar a masturbarla mientras le besaba el lóbulo de la oreja y con su otra mano nalgueaba a Lorena la joven lesbiana estaba ya bastante excitada luego Ana junto con la ayuda de Lorena le quito el brasier a Lorena para después comenzar a lamberle a chuparle y a morderle los pezones a Lorena y mientras la joven heterosexual hacia esto Lorena le acariciaba el cabello y la cabeza una vez que Ana acabo con las tetas de Lorena le beso desde el cuello hasta el ombligo para después quitarle la tanga con la boca y dejarla caer al suelo después Lorena se acostó en el sillón y Ana comenzó lentamente a lamber la vagina a los lados y hacia arriba y hacia abajo a Lorena pues era la primera vez que Ana probaba la vagina de otra chica después Ana empezó a meter y a sacar su lengua de la vagina de Lorena –Aana sigueeeeeeee no pareeeeeeees-gimío Lorena luego Lorena tuvo seis orgasmos intensos y se vino en la boca de su amiga quien disfruto los jugos de Lorena luego Ana comenzó a meter y a sacar sus dedos de la vagina de Lorena le estaba masajeando el clítoris Lorena gemía de placer y estaba gritando también de placer Lorena tuvo otros dos orgasmos y se vino en los dedos de Ana quien los chupo y le encanto el sabor de los jugos de Lorena después Lorena se acostó boca abajo y Ana comenzó a lamberle el ano hasta dejarlo súper húmedo después comenzó a meter y a sacar sus dedos del ano de Lorena y con su otra mano las masturbaba Lorena gozaba el sexo con Ana después de un largo rato Lorena alcanzo más orgasmos después ambas hicieron las tijeras y mientras lo hacían ambas se agarraban las tetas después Ana y Lorena comenzaron a hacer el 69 Ana estaba acostada sobre Lorena ambas gemían de placer hasta que ambas alcanzaron más orgasmos intensos después de esta sección de sexo ambas volvieron a besarse en la boca –Te quiero mucho Lore-dijo Ana –Y yo a ti Ana-contesto Lorena entonces Ana tomo la tanga que traía puesta y se la entregó a Lorena –Toma. Es tuya-le dijo Ana con la tanga en la mano y Lorena la acepto para después olerla y guardarla en su mochila –Ana ¿Quieres ser mi novia?-le pregunto Lorena a Ana –Si Lore, me encantaría ser tu novia-le contesto Ana después ambas volvieron a besarse después ambas se metieron a bañar juntas y tuvieron más sexo durante unas horas más. La relación marcha excelente para ambas ya llevan tres años juntas y las familias de ambas las apoyan.

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