|
| |
![]() | |
|
|
|
|
Doña Mariana |
|
|
Hace unos 35 años, cuando yo tenía 17, en una época
en la que el despertar de los jóvenes era después de los
18, vivíamos en los alrededores de Santiago, vecinos de un matrimonio
amigo de mis padres, Don Mario y Dña. Mariana. Los Jueves, tardes
libres en el liceo, la "tía Mariana" me pedía
la acompañara cuando oía la radionovela metida en su cama.
Yo me tendía a su lado sobre las tapas y ella bajo la frazada en
enaguas. Un día le vi parte de los senos apenas cubiertos y me
calenté. Se dio cuenta pero nada dijo. Solo sonrió y ofreció
me metiera junto a ella bajo la ropa, con la condición que me sacara
el pantalón para no arrugarlo. ¡Yo cierro los ojos mientras
lo haces! me dijo y abrió la cama. Me demoré en entrar porque
me entusiasmó la visión de su enagua subida a media pierna
y sus gruesos muslos desnudos. Apenas estuve a su lado, me hizo almohada con su brazo y nuestros cuerpos
quedaron en contacto. Entonces me atreví a abrazarla por la cintura
y apoyé la cabeza en su seno. Con una mano jugueteó con mi pelo y con la otra me acarició
el torso bajando hasta llegar al elástico del slip. Respondí
sus caricias acariciándola desde el borde de los senos hasta la
cadera. Su cuerpo presionó mi bulto duro y yo la clavé con
fuerza junto con poner mi mano en su champa sobre la ropa . Ella dio un
suspiro y abrió las piernas lo que me indicó había
dado en el blanco. Junto con meter la mano bajo la enagua, mi boca se
apoderó del pezón sobre la tela. Ella se sacó el
seno y metió su mano por el slip agarrándome el pico. Mis
dedos se colaron por el borde del calzón encontrando una raja mojada
y caliente. Mudos aceleramos el ritmo de las caricias hasta que no aguantó
mas. Tiró la ropa hacia atrás y mientras desesperada se
sacó el calzón abrió las piernas y se levantó
la enagua. ¡Venga m' hijito, hágame gozar! De pié
en la cama me saqué el slip quedando con la lanza lista. Al verla,
ella se sentó y se lo llevó a la boca dándome una
chupada de miedo y me pidió ¡Métamelo mi amor!. Al arrodillarme entre sus muslos, separó los labios mostrándome
la roja hendidura y con una mano agarró el manguaco y lo pasó
como pincel por toda la raja, deteniéndose en el clítoris
lo que le provocó escalofríos de placer. Luego, aupando
el culo, lo colocó entre las chorreantes labias y pidió
¡métamelo todo m' hijito! Y me agarró del culo clavándome
de tal manera, que entré hasta los testículos de un solo
golpe. ¡asíiii, lo quería, asiiii m' hijito! ¡muévase
y hágame gozar! La bombié con fuerza hasta que me vacié
en su interior junto con sentir que sus músculos vaginales me estrujaban
el pico en un prolongado orgasmo que la llevó a epilépticos
movimientos ¡que riiicooo, que riiicooo! me decía gimiendo
mientras me ponía los senos para que se los besara. Su orgasmo
fue largo, de nunca terminar hasta que desfallecidos quedamos abrazados.
Pero mi pico se mantuvo casi igual dentro de su vagina llegando otra vez
a su máximo tamaño. ¡me encantan los picos jóvenes
porque no se cansan! Me dijo y empecé a bombearla de nuevo. Esta
vez ella se masturbó rogando que esperara su orgasmo. Cuando lo
logró gritó como loca ¡pico, pico, pico, quiero mas
pico, asíiiiiiiiii! Al poco rato. quise ir a la tercera, pero ella
estaba cansada. Entonces me lo chupó y acarició con sus
manos, hasta que me hizo acabarle en su garganta. Se tragó todo
el semen como si fuera manjar. Esa tarde salí de su casa con la esperanza de repetir el jueves
próximo. Esa vez me esperó desnuda y abierta de piernas.
¡m' hijito, quiero que hagamos cositas ricas! ¡venga páseme
la lengua! y me ofreció su zorra abierta. El olor penetrante me
calentó y solo por instinto, le hice una buena minée. Ella
giró en la cama hasta apoderarse de mi pico e iniciamos un exquisito
69. Mientras se engolosinaba chupándomelo, yo le pasaba cada vez
mas rápido la lengua hasta que acabamos tragándonos mutuamente
los jugos. A partir de entonces, cada Jueves me enseñó algo
distinto. Conmigo realizó todas sus fantasías sexuales,
que el marido no aceptaba por degeneradas. Fue así como un día
se tendió de bruces en la cama, con un almohadón bajo el
vientre y su culo bien envaselinado. Increíble pero cierto, a su
edad aún tenía el culo virgen. Solo había aventurado
con algunas velas y similares. Luego de llenarme el pico con vaselina también, lo ubiqué
en el prieto orificio y empujé. A ambos nos dolió cuando
entró la cabeza pero, ya mas relajada, el pico se fue colando en
su recto hasta que desapareció quedando solo las bolas muy pegadas
a sus nalgas que ella abría para recibirlo mas adentro. Entonces
empecé a bombearla suave y luego mas rápido hasta que acabamos.
Ella masturbándose y gritando ¡Que riiiicoooo, que riiicooo!
¡No sabía que era tan rico tener un pico por el culo! ¡Dele
fuerte m' hijito y acábeme en el fondo! Como primerizos ambos, quedamos adoloridos de esa primera experiencia,
pero deseosos de repetirla. Así fue cada semana. Al menos una cacha
era por el culo y llegamos a tal acostumbramiento, que lo hicimos en distintas
posturas. Me sentaba en una silla y ella de espaldas y se clavaba solita
hasta que se lo comía entero por el culo. Igual se colocaba mirándome
y lo hacía con su champa tan pegada a mi, que el ano quedaba al
alcance del pico y así se lo tragaba. Con ella llegué a grados de calenturas extremos. Un Domingo que
su marido jardineaba, me llamó para decirme que su mujer quería
conversar conmigo. Estaba en el living, luciendo un amplio y delgado vestido
que se traslucía todo. ¡Ven! me dijo y se arrodilló
en un sillón mirando a su marido a través de las cortinas
mientras se levantaba el vestido y me ofrecía el culo desnudo.
La situación me calentó al tener esa dosis de peligro y
parado, con los pantalones abajo, primero se lo mandé a guardar
por la zorra y luego por el culo. Para no gritar su placer, ella mordía
el respaldo del sillón mientras se agitaba como epiléptica.
Entre sus dientes apretados y dirigiéndose a su marido, decía
¡Viejo, este si que es pico y me gusta como me hace gozar! Y cuando
estaba acabando, ¡Mira como me hace acabar y como me llena la vagina
de abundante moco joven! Recién habíamos acabado, cuando
sentimos que el viejo entraba a la casa. Rápido me metí
en el baño y ella se fue a la cocina como si nada. Cuando salí,
él se tomaba un café en el comedor y ella me llamó
a la cocina. Entrando me tomó la mano y se la metió bajo
el vestido para que comprobara como le chorreaba el semen por las piernas.
Mis dedos untados en los jugos, se los llevó a la boca y los chupó
con ganas. Todo lo que aparece en el Kama Sutra y en las publicaciones de sexo lo
hicimos mas de una vez agregándole algunas veces, el sabor del
peligro de ser sorprendidos por el marido. Para volver a SEXYCUENTOS, haga click aquí |
|
|
|
|
![]() |
|
|
¿Escribes
relatos eroticos? Mándamelos
por mail y los publicaré
|
|